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PENTRIX "El camino del heroe" - Capítulo 6

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6: Capítulo 30.

La gran batalla 6: Capítulo 30.

La gran batalla El sol comienza a apretar en la mañana, mientras los integrantes de Xtreme cumplen una misión peculiar: pintar el barracón.

Con cada pincelada de esa capa blanca, la palabra “viejo” se desvanece y el edificio adquiere una nueva vida.

Pentrix y Rook, con una eficiencia silenciosa, reemplazan las partes dañadas de la estructura.

Kage, Elektrobyte, Réflex e incluso el coronel pintan, cada uno absorto en su tarea, con una concentración que rara vez muestra en el campo de batalla.

Tras varias horas, con las manos y los rostros manchados de pintura y el cansancio reflejado en sus expresiones, todos se detienen para contemplar el fruto de su esfuerzo.

Observan su barracón.

Y aunque no es una base en la luna, ni en el espacio, ni una instalación de alta tecnología, es algo que, por primera vez, pueden llamar base y, más aún, hogar.

El tiempo vuela y el sol comienza a descender.

Pentrix, en su jardín meticulosamente ordenado, medita como de costumbre en su espacio zen.

De pronto, algo lo hace abrir los ojos.

—Kage, ¿qué pasa?

—pregunta sin girar la cabeza.

La traviesa ninja, sorprendida, intentaba avanzar de puntillas usando su característico sigilo, pero al ser descubierta solo alcanza a decir: —¡Eso es impresionante!

¿Cómo supiste que venía?

—Amm… yo sentí cuando entraste en mi campo —responde Pentrix con su habitual sencillez.

—¡Eso es aún más extraordinario!

—exclama Kage, todavía más asombrada.

Pentrix, sin inmutarse, añade: —También tú, Raf —usando el nombre real de Réflex—.

Estás oculto detrás de esas cajas.

El héroe sale de su escondite, apenado, con una sonrisa nerviosa.

Pentrix comenta a su compañera: —Nadie pensaría que fuera algo “inseguro”; quizá solo cuida de su novia.

Réflex se retira avergonzado por el comentario.

Pentrix intenta cerrar los ojos nuevamente, buscando la paz de su meditación.

Sin embargo, la chica ninja, con su característica falta de tacto, se sienta a su lado.

—Me gusta tu posición en flor de loto.

¿Desde cuándo practicas yoga?

—pregunta con genuina curiosidad, rompiendo el silencio del atardecer.

Antes de que su compañero pueda responderle, un sonido inconfundible interrumpe la calma: el estómago de la ninja ruge.

Pentrix la observa con una ceja arqueada, y ella, algo incómoda, coloca la mano sobre su vientre, el rostro ligeramente sonrojado.

—Sabes, no quiero apresurarte —dice, intentando sonar casual—, pero es la hora de la cena y todos te estamos esperando.

Pentrix se levanta, una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios.

—Kage, solo tenías que decir que la cena estaba lista.

Más tarde, todos reunidos en el comedor disfrutan de un momento de camaradería tras un largo día de trabajo.

Entre pláticas animadas y bromas, el barracón se siente, más que nunca, como un verdadero hogar.

Al otro día, en el corazón de la ciudad, la rutina cotidiana se rompe por un estruendo metálico que retumba como presagio de caos.

La tierra se estremece con cada golpe; la gente huye desesperada de sus hogares, alejándose del desastre inminente, mientras el chirrido del metal retorciéndose llena el aire con un grito agudo.

Las siluetas de un par de héroes anónimos se alzan, pero luchan en vano contra una fuerza invisible que los supera.

Trozos de metal, arrancados y desgarrados de la propia infraestructura urbana, los rodean, envolviendo sus cuerpos como grilletes y arrastrándolos con una fuerza irresistible hacia el pavimento, dejándolos inmovilizados, literalmente pegados al suelo.

Desde las alturas, una figura imponente se lanza en picada.

Es Maxman, el héroe legendario, un rayo de esperanza en medio de la destrucción.

Se dirige veloz hacia el epicentro del enfrentamiento.

Allí, suspendido en el aire, se revela el villano: Gravity Wave, levitando dentro de una burbuja de energía que distorsiona el aire a su alrededor.

Fragmentos de metal giran en un ballet macabro, aguardando su próxima orden.

Maxman se detiene, su capa ondea con el viento, y su rostro se convierte en un estudio de determinación.

—¡Prepárate, villano!

—su voz resuena con la fuerza de un trueno.

Gravity Wave, con una sonrisa arrogante, acepta el desafío y lanza los fragmentos de metal que lo rodean.

Maxman reacciona al instante, golpeándolos con furia y haciéndolos añicos con cada puñetazo, pulverizándolos en el aire.

—¿Eso es todo lo que tienes?

—pregunta el veterano héroe con cierta satisfacción, en tono desafiante.

El evo magnético suelta una carcajada: —¡JAJAJA!

Aún hay más, de donde salieron los primeros.

De inmediato, comienza a lanzar más fragmentos: una lluvia metálica que Maxman sigue destrozando con sus puños, convirtiéndolos literalmente en polvo.

Sintiendo la invencibilidad recorrer su cuerpo, se burla de su rival: —¿Ya se te acabaron?

Gravity Wave le sonríe con malicia.

—Mira a tu alrededor.

Solo entonces el héroe percibe los fragmentos de metal que lo rodean, silenciosos, suspendidos en el aire.

En un segundo, se adhieren a su cuerpo, atrapándolo sin remedio.

Aprisionado, es lanzado con brutal fuerza contra el suelo.

El impacto es estruendoso: abre un cráter en el pavimento, levanta escombros y nubes de polvo, arroja autos por los aires y hace temblar los edificios cercanos.

Maxman, con pura fuerza bruta, logra liberarse del amasijo metálico que lo aprisionaba.

Con determinación, se levanta.

Gravity Wave observa cómo los ojos del héroe se iluminan con un carmesí intenso.

Un poderoso rayo láser se dispara, dirigido directamente hacia el villano.

Sin embargo, para su desgracia, el ataque solo choca contra el escudo de energía magnética que lo rodea, generando un estallido de chispas al contacto.

De inmediato, los fragmentos de metal, como si tuvieran voluntad propia, se transforman en cuerdas que se enredan alrededor del veterano héroe y lo arrastran implacablemente por el pavimento, abriendo una zanja profunda.

En la base de los Xtreme, la alarma resuena con una urgencia que no admite demora.

El coronel Soul irrumpe en la sala, donde los jóvenes realizan sus actividades cotidianas; su rostro es grave y su voz, cortante: —¡Pónganse sus uniformes, hay problemas en la ciudad!

—ordena.

En cuestión de segundos, el viejo camión militar cobra vida, rugiendo al atravesar la puerta principal y lanzándose hacia el corazón de la urbe, llevando a los jóvenes héroes listos para el combate.

Dentro del vehículo, el nerviosismo es palpable.

Elektrobyte, con el rostro serio, traza un plan de acción: —La prioridad son los civiles y despejar las calles para los servicios de emergencia —dice con firmeza.

Las miradas de todos se dirigen a Pentrix, recordando el desastre de la última vez.

Elektrobyte, con la voz firme de una líder, lo observa directamente a los ojos: —Tú y yo nos encargaremos del villano, ¿entendido, Pentrix?

Él responde con una sonrisa que es, al mismo tiempo, un gesto de confianza y complicidad: —Sí, está bien.

En la ciudad, el combate continúa.

Maxman revienta las cuerdas metálicas que lo arrastraban con una explosión de fuerza pura.

Con un grito de guerra, logra arrancar un enorme trozo de columna de una construcción cercana y lo arroja con toda su potencia.

El proyectil avanza como un misil hacia Gravity Wave, pero en su interior lleva varillas metálicas.

Con una risa maníaca, el villano la atrapa sin esfuerzo y, con un simple movimiento de muñeca, la devuelve con igual o mayor fuerza.

El héroe recibe el impacto brutal de la misma columna que había lanzado; el golpe lo hace retroceder y caer pesadamente al suelo.

El malvado evo se burla con una risa estridente que resuena en la calle: —¡Jajajaja!

Estúpido héroe… muchos músculos, pero nula inteligencia.

El camión de los jóvenes héroes llega a la zona de batalla con un chirrido de frenos, y todo el equipo desciende con una urgencia evidente.

El coronel, con gesto severo, les transmite la información clave: —Es Gravity Wave.

Sus poderes son magnéticos.

¡No lleven nada metálico!

—ordena, su voz grave resonando.

Elektrobyte, asumiendo su rol de líder, se dirige a Rook, Kage y Réflex: —Ya saben qué hacer.

Extremar precauciones, ¡nada de metales!

Pentrix y yo iremos directo al centro del combate.

Con la determinación reflejada en sus rostros, corren hacia el lugar donde se encuentra el villano, mientras el resto del equipo se dispersa por la zona, cumpliendo sus respectivos objetivos.

Elektrobyte y Pentrix, al llegar a la zona cero, observan a la distancia al villano: Gravity Wave, levitando en lo alto, concentrado en el malherido y exhausto Maxman.

Abajo, el veterano héroe se retuerce, intentando liberarse desesperadamente de la masa de metal que lo aprisiona.

Ambos se ocultan detrás de un auto dañado.

Ella, instintivamente, intenta apoyar la mano sobre el vehículo, pero Pentrix la detiene con firmeza: —No lo toques —advierte en voz baja—.

Sentirá cualquier perturbación en el metal del auto.

Ella comprende de inmediato y, frustrada, responde: —Está demasiado alto para poder atacarlo.

Entonces algo atrae su mirada: repara en los otros héroes atrapados en un amasijo de restos metálicos.

—Tenemos que ayudarlos a ellos primero —dice, con urgencia en la voz.

Pentrix la mira, procesando la situación: —Trataré de rodearlo.

Te daré la señal y tú correrás hacia ellos.

Déjame lo demás.

Con un asentimiento, el chico se aleja por otro camino, dejando a su compañera sola, con la mirada fija en el evo magnético y en los héroes atrapados.

Maxman, con un rugido de furia, forcejea intensamente hasta liberarse de las ataduras metálicas.

Con velocidad supersónica, se lanza directo hacia Gravity Wave, que ya lo observa venir y, con una sonrisa de desprecio, exclama: —¡Héroe estúpido, aún no entiendes nada, ¿verdad?!

Yo te haré aprender.

Haciendo gala de su inmenso poder, Gravity Wave hace levitar todos los autos cercanos.

Elektrobyte ve cómo el vehículo que la cubría comienza a elevarse y, justo a tiempo, logra esconderse detrás de una pared derrumbada.

Mientras tanto, en otra parte lejana al campo de batalla, el coronel Soul contempla con impotencia cómo el viejo camión del equipo Xtreme comienza a elevarse hacia el cielo.

—¡¿Qué rayos está pasando?!

—grita, desconcertado.

Rook, Réflex y Kage, trabajando en las calles, se detienen al ver con asombro cómo su querido camión vuela por los aires junto con otros vehículos, un espectáculo surrealista en medio del caos.

Maxman, con la furia reflejada en sus ojos, observa cómo los vehículos se dirigen hacia él y comienza a esquivarlos con su velocidad supersónica en pleno aire.

Pero son tantos, una avalancha metálica imparable, que decide cambiar de táctica: empieza a golpearlos, destrozándolos uno tras otro en el aire.

Sin embargo, la cantidad lo rebasa.

Los autos, impulsados por la fuerza magnética ineludible, comienzan a adherirse a su cuerpo, aprisionándolo sin remedio.

En un espectáculo aterrador, todos los vehículos —incluido el camión del equipo Xtreme— se fusionan, formando una colosal esfera metálica que encierra por completo al héroe.

Gravity Wave sonríe triunfante y, con un simple ademán, lanza la gigantesca bola hacia un lago cercano que vislumbra en el horizonte.

Inmerso en su sonrisa de triunfo, la ve desvanecerse abruptamente al llegar al lago.

Entonces, un rayo de energía azul emerge desde la tierra y golpea su esfera protectora, obligándolo a retroceder varios metros en el aire.

Se escuchó un grito desgarrador: —¡Ahora, Elektrobye!

La líder corrió, observando cómo la energía azul recorría las ataduras metálicas de los cautivos, liberándolos al instante.

Los ayudó a incorporarse y les ordenó con firmeza: —¡Corran, pónganse a cubierto!

—instó, mientras se alejaban del lugar.

El villano, desconcertado, vio emerger a un joven con apariencia de simple humano.

Intrigado, descendió levitando hasta plantarse frente a él.

—¿Acaso eres un héroe?

—preguntó Gravity Wave, escaneando al recién llegado con absoluto desdén.

Sin apartar la vista, mostró un desprecio evidente mientras una sonrisa cruel se dibujaba en sus labios.

—No hay nada que puedas hacer.

Derroté a un héroe mucho más fuerte que tú, al campeón de esta patética ciudad.

Conquistaré este mundo y nadie podrá detenerme…

—añadió con arrogancia—.

Ya nadie puede dete…

El chico lo interrumpió con una carcajada clara y resonante: —¡Jajaja!

Es el plan más estúpido e incoherente que he escuchado en toda mi vida.

Con una confianza que rozaba la insolencia, avanzó hacia el villano, acortando la distancia hasta quedar frente a él, desafiando cualquier lógica.

Gravity Wave se quedó gélido, incapaz de reaccionar.

Aquel supuesto humano, que debería estar paralizado de pánico ante su abrumadora demostración de poder, simplemente se reía de forma descarada en su propia cara.

Con una sonrisa que desconcertó aún más al EVO magnético, el joven le habló con un tono burlón y condescendiente: —Ah, otro villano idiota creyendo que su poder bastará para conquistar y doblegar a un mundo entero.

Seguro ya te imaginas en un trono, con tu corona de joyas y un gran cetro dorado.

Pero no te veo sentado ahí, paranoico, vigilando enemigos imaginarios que conspiran en tu contra.

No te imagino capaz de imponer una sola fe, ni de diseñar un plan estratégico para equilibrar las caóticas economías entre naciones.

¿Serías capaz de algo tan simple como unificar las diferentes culturas, las lenguas o las religiones?

El villano, con la furia hirviendo en sus venas ante tal insolencia, bramó entre dientes: —¡Cállate de una buena vez!

Pentrix continuó su provocación, logrando crispar los nervios de su oponente: —Y si llegas a tener éxito —prosiguió—, entonces tú te convertirás en el héroe y tus enemigos, en los villanos.

El malévolo EVO, perdiendo los estribos, estalló: —¡Cállate de una maldita vez!

En un arranque de ira, lanzó un trozo de metal directamente al rostro del joven, intentando silenciarlo por la fuerza.

Pero, para sorpresa de Gravity Wave, el proyectil se detuvo abruptamente en el aire, justo frente a su objetivo.

Observó, atónito, cómo el material flotaba inerte mientras una energía azul brillante comenzaba a manifestarse a su alrededor.

Este orbe de energía retorció el metal en su interior, comprimiéndolo con una presión inmensa hasta reducir su tamaño drásticamente.

El calor lo puso al rojo vivo.

Finalmente, el fulgor desapareció y el metal fundido cayó a los pies del villano.

Gravity Wave contempló incrédulo a quien tenía enfrente; este, con una sonrisa enigmática, sentenció: —¿Ves lo que un “simple humano” puede hacer?

En un punto alejado, Xtream observaba con una mezcla de asombro y preocupación el singular enfrentamiento.

Mientras tanto, Kage y Réflex se apresuraban a asistir a los dos NEOEVOS heridos, brindándoles los primeros auxilios entre los escombros.

—No se muevan, sus heridas no son graves —indicó Kage con presteza—.

Réflex, dame una venda de tu botiquín.

Rook, con la voz cargada de ansiedad, preguntó: —¿Qué hay de Maxman?

Elektrobyte respondió con la mirada fija en el horizonte, llena de incertidumbre: —No lo sé…

El villano lo arrojó demasiado lejos; pudo haber caído a varios kilómetros de aquí.

Mientras tanto en el campo de batalla, Gravity Wave, humillado y con el orgullo herido, se elevó nuevamente en silencio.

Su rostro se contrajo en una mueca de odio puro.

Con un ademán furioso, hizo emerger todo el metal del entorno: coches destrozados, vigas retorcidas y farolas caídas.

Todo se entrelazó y compactó, formando una gigantesca mano metálica que descendió con furia implacable sobre Pentrix, quien permaneció inmóvil, observando sin hacer el menor intento de apartarse.

El impacto fue tan brutal que la tierra tembló; las construcciones cercanas, ya debilitadas por el combate, terminaron de colapsar, levantando densas nubes de polvo y escombros.

El grupo de héroes, arrastrado por la onda expansiva, cayó al suelo con violencia.

—¡Tenemos que salir de aquí, estamos demasiado cerca!

—advirtió Elektrobyte con urgencia.

Rook y Réflex ayudaron a los dos heridos a incorporarse.

Lía y Kage y el resto del equipo, al levantar la vista, observaron con una mezcla de asombro y horror cómo más manos de metal emergían del suelo, apilándose una sobre otra hasta erigir una colosal estructura metálica.

Desde las alturas, el EVO magnético rugió con furia: —¡Lo pagarás con tu vida, insolente!

¡Nadie me humilla de esa forma!

¡Contempla mi máximo poder!

De pronto, un silencio sepulcral se apoderó del lugar.

Solo se escuchaba el crujir del metal retorciéndose en aquella construcción titánica.

Concentrado en su ataque, Gravity Wave percibió algo extraño.

La masa metálica comenzó a chirriar una vez más; el villano apretó los dientes con fuerza, intentando mantener el control sobre el metal, mientras la confusión y la frustración se marcaban en su rostro.

La enorme estructura comenzó a retorcerse y expandirse, transformándose ante sus ojos en un domo perfecto, como si se tratara de una extraña y alienígena obra arquitectónica.

Aterrorizado, el EVO contempló cómo Pentrix emergía caminando del interior del domo, sin un solo rasguño.

—¡No!

¡No puede ser!

—exclamó con voz trémula e incrédula.

Desde lo alto, observó cómo una luz azul comenzaba a intensificarse en la mano del joven.

El villano se cubrió apresuradamente con su escudo de energía.

Pentrix realizó un movimiento fulminante y disparó ráfagas de energía que impactaron contra la barrera, obligándolo a retroceder varios metros en el aire bajo la fuerza de los impactos.

Gravity Wave sonrió, convencido de tener la situación bajo control.

Sin embargo, el fulgor en la mano de su contrincante volvió a intensificarse.

El ruin EVO apretó los dientes, reforzando su protección con un esfuerzo maníaco.

En ese instante, ráfagas más voluminosas y potentes golpearon su escudo magnético, sacudiéndolo violentamente.

La sonrisa se borró de su rostro; ahora realizaba un esfuerzo titánico para sostener su defensa.

En otra parte del campo de batalla, ya en un sector considerado seguro, el equipo de héroes continuaba atendiendo a los heridos.

Sus miradas se dividían entre la asistencia médica y el duelo que se desarrollaba a la distancia.

Lía y Kage observaban el enfrentamiento con una mezcla de asombro y una creciente preocupación.

—¡Rápido, tenemos que ayudarlo!

—exclamó la líder, con la voz tensa y cargada de urgencia.

Rook respondió con una calma que desentonaba con el caos: —Pentrix tiene la situación bajo control.

—¡No, torpe!

—exclamó Lía con los ojos desorbitados, mientras una realización gélida cruzaba su rostro—.

¡Pentrix va a matar a ese pobre diablo!

Todos se miraron entre sí, impactados por la implicación de sus palabras.

Sin dudarlo un segundo más, corrieron hacia el lugar del combate, dejando a los heridos al cuidado de la retaguardia.

Un dentro de su capullo protector.

El villano, exhausto pero aún resguardado por su escudo, reflejaba en sus facciones un cansancio extremo.

Al ver el brillo que generaba Pentrix por tercera vez, realizó un último y desesperado intento: fortaleció aún más su barrera protectora, con la piel empapada en sudor por la sobrecarga.

El joven sonrió con una expresión fría y calculadora, murmurando para sí mismo: —Te tengo.

Gravity Wave percibió el destello, pero esta vez no fue una ráfaga ancha.

Fue un hilo de energía azul, tan delgado como una aguja y tan concentrado que logró atravesar el escudo y el pecho del villano sin destruir la barrera, perforándolo con una precisión quirúrgica.

El EVO se encogió por el dolor; un grito ahogado escapó de sus labios al sentir la energía lacerando sus órganos.

En ese momento, el escudo se desvaneció y él comenzó a desplomarse; su invencibilidad se había roto y su arrogancia estaba desmoronada.

Impactó contra el suelo con un golpe sordo que irradió dolor por todo su cuerpo.

Se retorció, gimiendo, mientras su respiración se volvía dificultosa y entrecortada.

Con un esfuerzo agónico, logró ponerse de pie; sus piernas temblaban y una mano presionaba su pecho en un intento inútil por contener el sangrado.

Entonces, escuchó pasos rítmicos detrás de él y vio a Pentrix avanzar con una calma inquietante.

Gravity Wave retrocedió con dificultad, con el cuerpo sacudido por el dolor y el pánico.

En un último destello de rabia y desesperación, invocó su poder: levitó el pesado motor de un auto destrozado y, con un grito que resonó entre los escombros, lo arrojó contra su oponente.

Pero el motor, ante su incredulidad, rebotó contra el chico como si fuera una simple pelota de playa.

Mientras una energía azul comenzaba a envolver a Pentrix, el villano exclamó con los ojos desorbitados: —¡Santo Dios!

Pentrix no respondió.

Se limitó a proyectar un escudo de energía azul que rodeó al EVO, atrapándolo en su interior.

—Ya vi tu poder —sentenció con voz fría y controlada—.

Ahora tú sentirás el mío.

El escudo comenzó a comprimirse, lenta e inexorablemente.

En el interior, el villano empezó a sofocarse; sus huesos crujieron y sus gritos de agonía se ahogaron en el aire enrarecido de la esfera.

Sin embargo, Elektrobyte (Lía) apareció justo a tiempo, su figura proyectando una sombra salvadora.

—¡Basta!

—le gritó a Pentrix, con la voz cargada de desesperación—.

¡Ya está derrotado!

¡Basta, por favor!

Él reaccionó.

El orbe de energía se disipó y el villano cayó al suelo, jadeando y buscando llenar sus pulmones de oxígeno desesperadamente mientras se retorcía de dolor…

pero vivo.

El coronel llegó corriendo al epicentro del enfrentamiento y contempló al malvado EVO vencido.

Kage y Réflex se acercaron de inmediato para asistirlo, brindándole primeros auxilios bajo la atenta mirada de Pentrix, quien permanecía en silencio con una expresión ilegible.

Rook también presenció la escena, manteniéndose alerta y tenso.

Personal de emergencia y bomberos arribaron al lugar, mientras las fuerzas policiales acordonaban la zona para asegurarla.

No hubo víctimas civiles; solo quedaban los daños materiales masivos provocados por Gravity Wave.

La batalla había terminado.

Al caer la tarde, el equipo Xtreme llegó en dos taxis a su refugio.

Descendieron agotados, mientras el conductor se despedía con una sonrisa amable: —¡Que se diviertan en su fiesta!

—exclamó, convencido de que asistían a una celebración de disfraces debido a sus atuendos.

Los vehículos se alejaron y los exhaustos héroes se internaron en su cuartel general, aguardando con ansias la hora de la cena.

Horas después, Pentrix, como era su costumbre, se encontraba en el jardín sumido en un silencio concentrado.

De pronto, Kage apareció corriendo y, con una risa traviesa, colocó una prenda íntima en las manos de su compañero antes de alejarse velozmente, perdiéndose tras el barracón.

Lía apareció poco después, molesta y exhausta, respirando con fuerza mientras buscaba a la traviesa ninja con la mirada.

Pentrix dejó escapar un suspiro; sin necesidad de abrir los ojos, intuyó la situación y “vio” la agitación de la chica.

Justo en ese instante, Lía descubrió su prenda en las manos de Pentrix.

Su rostro se encendió en un sonrojo incontenible.

Pentrix se la ofreció sin decir palabra, manteniendo una expresión neutra.

—Pequeña cretina…

me la vas a pagar, lo juro —susurró Lía, furiosa pero profundamente avergonzada.

—¿Supongo que es hora de la cena?

—preguntó Pentrix con calma.

—S…

sí —respondió ella, todavía trémula.

La joven tomó la prenda y la guardó con rapidez.

Pentrix se puso de pie para dirigirse al cuartel, pero se detuvo un momento y añadió en voz baja: —Gracias, Lía.

Ella comprendió de inmediato que se refería a la misión y a su intervención para evitar que él cruzara la línea.

—¿Estás bien?

—preguntó con cautela.

—Ahora sí —respondió Pentrix.

Ambos comenzaron a caminar juntos.

Él, observando a una incómoda y sonrojada Lía, comentó con una ligera sonrisa: —Pensé que usabas cosas más diminutas.

Lía se cubrió el rostro, completamente mortificada.

Al ver su reacción, Pentrix añadió: —Es broma, tranquila, no es para tanto.

Ella, entre el alivio y la vergüenza, le propinó un golpe juguetón en el brazo, cerrando el momento con un gesto que mezclaba complicidad y pudor.

✦ Fin de capítulo ✦

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