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PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 11

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11: Capítulo 10.

Encubrimiento 11: Capítulo 10.

Encubrimiento En la radio del auto se escucha una noticia; la voz grave del locutor transmite la nota con solemne seriedad: Una fábrica de químicos ha explotado en una ciudad remota al oriente.

Los medios especulan que la causa pudo haber sido algún compuesto volátil mal almacenado.

Docenas de habitantes han sido reubicados, mientras los expertos evalúan los daños ambientales.

Las autoridades aún trabajan en la zona del desastre.

En otras noticias… Dentro del vehículo, Pentrix guarda con cautela el expediente que Pretzelman le entregó.

El auto se detiene frente al edificio de la Frente Unido.

El chofer, al abrir la puerta con gesto ceremonioso, anuncia: —Hemos llegado, señor.

El asiente, desciende del auto y se dirige al elevador que lo conducirá a los cuarteles del Frente unido.

Finalmente, llega al lobby e intenta pasar inadvertido entre el personal que entra y sale con prisa.

Está a punto de entrar al elevador cuando siente que alguien lo abraza por la espalda.

—¡Pempi!

¡Has llegado!

—exclama Anya, estrechándolo con fuerza.

Luego se suelta y lo abraza de frente.

El padre de ella los observa a la distancia, con una mezcla de reserva y curiosidad.

La joven lo mira a los ojos, su rostro iluminado por la alegría.

—¿Cómo estuvo tu viaje?

—Cansado y largo —responde él con voz monótona, casi mecánica.

Juntos avanzan hasta llegar su habitación.

Pero ella lo conoce mejor que nadie.

Su mirada le revela que oculta algo.

Sin decir palabra, lo acompaña hasta la puerta de su morada.

Antes de entrar, él la mira fijamente, con una expresión de culpa, y la abraza con fuerza.

Esta vez, ella no pregunta.

Comprende que lo sucedido es algo que hablarán en su momento, pero no ahora.

En el interior del destartalado barracón de los héroes de Xtream, el Coronel Soul observa la pantalla iluminada de su Smartphone, donde se despliegan las impactantes imágenes de la devastación de lo que alguna vez fue la sucursal de La Corporación.

Al mismo tiempo, sostiene una conversación telefónica cargada de tensión.

—Sí, lo estoy viendo —dice con voz áspera, mientras sus ojos recorren las fotos del caos—.

Esos malnacidos lo están ocultando.

La vocecita apenas audible emana del altavoz del teléfono.

El Coronel frunce el ceño, escuchando con atención.

—¿Lo confirmaron?

¿El chico fue visto cerca?

Bien, entiendo —responde finalmente, con un tono que mezcla sorpresa y satisfacción.

Deja escapar un resoplido, como si liberara parte de la presión acumulada.

—Es interesante… finalmente esos bastardos recibieron un duro golpe —murmura con desdén hacia La Corporación.

Con la mirada fija en la pantalla, añade con firmeza, casi como un dictamen: —Que lo estén ocultando es señal de que están desesperados.

En las modernas y pulcras oficinas centrales de La Corporación, la fachada de calma y control se sostiene, aunque una tensión apenas perceptible flota en el aire.

Un joven agente, con aspecto oficinista y el rostro ligeramente pálido, entrega un grueso archivo en la entrada de una amplia sala de juntas.

Dentro, varios hombres trajeados, con expresiones graves y preocupadas, se reúnen alrededor de una larga mesa de cristal.

El silencio es interrumpido por el roce de papeles, las pisadas de quienes entran y salen, y el carraspeo nervioso de alguien al fondo.

Todo anuncia que el informe que está por recibir será devastador.

Una gran pantalla desciende lentamente del techo, iluminando los rostros ansiosos de los ejecutivos presentes.

Comienza el informe: —Nuestra sucursal oriente fue completamente destruida —informa una voz neutra y fría, mientras en la pantalla se suceden imágenes impactantes de la devastación: un lago de magma aún enfriándose—.

Todo activo dentro de la base se perdió.

Los dos niveles superiores y los sótanos… no queda absolutamente nada.

Las pérdidas fueron cuantiosas: años de información y datos se han desvanecido, investigaciones cruciales se redujeron a cenizas.

Un ejecutivo de alto mando, miembro de los Doce, un anciano de cabello blanco y rostro tenso, pregunta con urgencia: —¿Ya entró la directriz de limpieza?

El hombre que presenta el informe asiente con firmeza: —Así es, señor.

Se está manejando la situación como una explosión de químicos, tal como se acordó.

—Bien, bien —responde una voz grave desde el extremo de la mesa, oculta en la penumbra—.

¿Qué hay de la población cercana?

—Reubicados, señor —contesta el informante sin titubear.

—¿Qué pasó con las imágenes y videos de “Él”?

—pregunta el anciano, con un tono que denota creciente irritación, sus dedos tamborileando sobre la mesa de cristal.

Un ejecutivo más joven toma la palabra con cierta vacilación, la voz quebrándose apenas: —Señor… parece que alguien las eliminó de nuestro sistema.

Como si supieran exactamente dónde buscar.

La voz grave del alto ejecutivo resuena en la sala, cargada ahora de un peligro latente que hace que varios presentes contengan la respiración: —Así que tenemos un traidor dentro.

Pero lo encontraremos.

El silencio posterior es denso, casi sofocante, como si cada palabra hubiera dejado una sombra flotando en el aire.

En las oficinas del Frente Unido de Evos, Víctor observa fijamente la pantalla de su computadora personal, donde se repiten las imágenes de la explosión en la supuesta fábrica de químicos.

Su rostro refleja una mezcla de preocupación y comprensión.

Sabe perfectamente que la versión oficial difundida por los medios es una farsa.

Aunque su lucha contra La Corporación no es directa ni violenta, su red de informantes le permite ver más allá del velo de mentiras.

Intuye, con una certeza fría, que Pentrix fue el responsable de la devastación.

Sin embargo, más allá de la destrucción, Víctor comprende que el chico liberó a un grupo de Evos y personas comunes que permanecían prisioneros en ese lugar.

Para Víctor, esa acción humanitaria basta para justificarlo.

Se levanta lentamente de su escritorio, cierra la tapa de la computadora y, con un suspiro, camina hacia el ventanal de su oficina.

Desde lo alto contempla el bullicio de la ciudad que se extiende hasta el horizonte.

Observa a la gente allá abajo, ciudadanos comunes que siguen su rutina diaria, ajenos a la verdad.

Para ellos, la noticia de la explosión es solo un evento lejano, una tragedia más que se desvanece entre otras.

Pero Víctor sabe lo que se esconde detrás de esa fachada: la oscura realidad que unos pocos conocen y contra la que luchan en las sombras.

Y en ese silencio, mientras la ciudad palpita bajo sus pies, reafirma su convicción de que la verdad, aunque oculta, siempre encuentra la manera de salir a la luz.

✦ Fin de capítulo ✦

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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