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PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 14

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14: Capítulo 13.

El Terror Oculto 14: Capítulo 13.

El Terror Oculto Es de noche.

En una bodega abandonada en las afueras de la ciudad, varios agentes de la corporación trabajan con prisa.

Empujan a varios Evos amordazados, con dispositivos que restringen sus habilidades, hacia un enorme camión.

Entre ellos viajan también un par de niños con poderes.

Todos están encadenados, avanzando con dificultad.

El agente a cargo, con voz áspera por el cansancio y la frustración, les grita sin piedad: —¡No tenemos toda la maldita noche!

¡Muévanse, escoria!

Otros recolectores ayudan a subirlos al transporte.

El camión engulle a los últimos cautivos, y un agente cierra de golpe la puerta metálica de la caja.

El líder de la operación golpea la estructura con su puño: —¡Lleno!

—grita al chofer—.

Haz mover de una vez esa chatarra con ruedas.

El motor ruge, y el vehículo comienza a avanzar lentamente, cargando su valiosa y miserable mercancía hacia la oscuridad.

El agente, aliviado de que la tarea esté casi concluida, saca un cigarro arrugado de su bolsillo, dispuesto a encenderlo y disfrutar de un breve respiro.

En ese mismo instante, un estruendo a sus espaldas lo obliga a girar bruscamente.

Una camioneta oscura y robusta ha embestido con violencia la cabina del camión, deteniéndolo de golpe.

El conductor, visiblemente conmocionado —aunque el vehículo apenas muestra daños— sale tambaleándose de la cabina y huye en dirección contraria.

El agente, con el cigarro cayendo de sus labios, se lleva una mano al comunicador pegado a su oreja.

Su voz, tensa y cargada de alarma, retumba en el silencio de la bodega: —¡Alerta de seguridad!

¡Tenemos un… un…!

De repente, figuras emergen ágilmente por encima y a los costados del camión.

No llevan uniformes relucientes ni posan heroicamente: visten ropa civil.

Son miembros del Frente Unido.

Los agentes de la corporación, sorprendidos, empuñan sus armas de energía avanzada y comienzan a disparar ráfagas de plasma en defensa propia.

Elecktrizide (Anya) lidera el ataque con agilidad felina.

Sus descargas eléctricas impactan contra los agentes, derribando a los primeros que intentan reaccionar.

Sin dudarlo, toma a uno por el cuello; su mano chispea, produciendo un zumbido eléctrico que llena el aire.

El agente grita de dolor y cae al suelo, fulminado.

Becca, otra joven Evo integrante del equipo, demuestra una habilidad de combate impresionante.

Golpea a varios enemigos con puños veloces y firmes agarres, lanzándolos contra las paredes de la bodega.

En la parte trasera del camión, Pentrix aparece como una sombra y, con fuerza bruta, destroza los candados de la puerta.

El Neoevo conocido como Bum Bum surge a su lado, trepa de un salto al interior y comienza a liberar a los prisioneros.

Con herramientas improvisadas quita los anuladores y corta cadenas y esposas, liberando primero a los niños, a quienes tranquiliza con una sonrisa amable: —No se asusten, los pondremos a salvo.

Mientras tanto, Becca toma al agente que intentaba fumar, lo levanta sin esfuerzo y lo estampa contra el suelo.

El golpe seco resuena en la bodega, pero sorpresivamente el hombre comienza a reír con histeria: —¡Idiotas!

—Grita entre carcajadas—.

¡Ahora sí que están en problemas!

Anya se acerca con determinación y lo patea en la cara con fuerza, silenciando su risa y dejándolo desmayado junto a sus compañeros.

—Dulces sueños, idiota.

Con los prisioneros liberados y aún temerosos, los integrantes del Frente Unido se disponen a salir de la bodega.

Pentrix marcha al frente, su mirada escaneando el entorno en busca de nuevas amenazas.

El resto del equipo revisa el estado de los niños y de los Evos, asegurándose de que estén a salvo.

De repente, un rugido de motor rompe el silencio.

Una camioneta negra irrumpe a través de una de las paredes, embistiendo de lleno a Pentrix y tomándolo completamente desprevenido.

El impacto es brutal: el vehículo se estrella contra él y se detiene con un estruendo que retumba por todo el lugar.

Polvo y escombros llenan el aire.

Justo antes del choque, tres figuras saltan ágilmente desde la parte trasera de la camioneta.

Bum Bum, reaccionando de inmediato, toma a los prisioneros liberados y los guía apresuradamente hacia una salida lateral: —¡Vamos, muchachos!

Corran, no se queden atrás.

Mis compañeros detendrán a esos cazadores.

Mientras tanto, Becca y Anya se interponen con valentía entre el trio de cazadores que emerge del vehículo y Bum Bum con los recién liberados, dispuestas a ganar tiempo para que el Neoevo pueda huir con ellos.

El Equipo Nest ha llegado: los tres cazadores de élite.

La líder, experta en lucha cuerpo a cuerpo, Eagle, observa con una mirada fría y evaluadora a ambas chicas, quienes se han plantado firmemente frente a ellos.

—No son héroes —dice Eagle con desdén, su voz resonando en la bodega—.

Solo son un grupo de villanos inútiles.

Terminemos con esto de una vez.

Vulture, la integrante más agresiva y despiadada, con una expresión de sed de sangre en el rostro, se dirige a su líder: —Déjeme asesinarlas de una vez.

Pero Owl, robusto y pesado aunque sorprendentemente ágil, interviene con tono perspicaz: —Son Evos.

Podrían valer algo, no las descarten aún.

Becca, la joven Evo que acompaña a Anya, les dedica una seña obscena con el dedo medio y les espeta: —Esto es lo que pienso de ustedes, imbéciles.

Anya, con la mandíbula apretada y los ojos llenos de determinación, le dice a su compañera en voz baja: —Prepárate, demos tiempo a Bum Bum.

Becca, impulsiva, toma la iniciativa y corre hacia Vulture, intentando conectar una patada.

Vulture sonríe con gesto psicópata y bloquea el ataque con facilidad.

Ambas jóvenes Evos se enzarzan en una pelea cuerpo a cuerpo, intercambiando golpes y patadas con agilidad y ferocidad.

Mientras la atención de Vulture se centra en Becca, la líder de Nest, Eagle, se aproxima a Anya con una mirada desafiante: —Veamos de qué eres capaz, niña bonita —dice con sorna, antes de lanzar una ráfaga de puñetazos rápidos y precisos.

Elecktrizide (Anya) logra esquivar la mayoría de los golpes, moviéndose con gracia, pero en un instante de descuido Eagle la sorprende y la atrapa con fuerza por la espalda.

—¡Te tengo!

—grita, apretando su agarre.

Sin embargo, Anya reacciona con rapidez.

Una potente descarga eléctrica emana de su cuerpo, electrocutando a Eagle y obligándola a soltarla, arrojándola momentáneamente hacia atrás.

En otro punto del almacén, Becca consigue derribar a Vulture con una maniobra ágil.

Justo cuando intenta incapacitar a su rival, una sombra se cierne sobre ella: Owl, aprovechando su sigilo y habilidad para saltar, se abalanza desde lo alto.

La chica alcanza a verlo descender, pero unos metros antes del impacto, un trozo grande y retorcido de la camioneta negra, lanzado con fuerza, golpea a Owl en pleno vuelo, desviándolo de su objetivo.

Pentrix emerge de entre los escombros del vehículo que lo había golpeado y se suma a la batalla.

Owl cae aparatosamente unos metros más adelante, aturdido por el impacto del metal.

Eagle, observando a Vulture en el suelo recuperándose y a Anya plantada firmemente frente a ella, decide cambiar de táctica.

Con una mirada fría y calculadora, y decide usar su poder da un fuerte aplauso.

El sonido es ensordecedor: un golpe sónico que retumba por todo el lugar, expandiéndose como una onda invisible.

Anya y Becca son lanzadas hacia atrás, cubriéndose los oídos con dolor ante la intensidad del ataque.

Justo en ese instante de vulnerabilidad, Vulture se incorpora con agilidad sorprendente a pesar de haber sido derribada.

En un movimiento rápido y brutal, abraza a sus oponentes por la espalda, colocando cuchillos afilados en la garganta de cada una.

La hoja helada presiona contra su piel.

Eagle fija la mirada en Anya, con una sonrisa cruel dibujada en el rostro: —Si usas tu poder —sentencia con voz venenosa—, electrocutas a tu amiguita también.

Finalmente, Eagle dirige su atención hacia Pentrix, que observa la escena con expresión sombría: —Ríndete, chico —ordena con autoridad.

Vulture, con una risa maníaca que retumba en la bodega: —¡Jajajaja!

Estúpidas villanas, creyeron haberme vencido con facilidad.

Con desprecio, arroja a Anya y Becca al suelo.

Ambas tosen y jadean buscando aire.

Ahora, ella se planta frente a ellas, arrodillándose para mantener las puntas de los cuchillos firmemente presionadas contra sus gargantas.

Una fina línea de sangre comienza a brotar en sus pieles.

Eagle, con la misma mirada fría y calculadora, vuelve a dirigirse a Pentrix, que permanece inmóvil observando la escena: —No te lo repetiré otra vez —sisea con impaciencia—.

Ríndete de una maldita vez.

En ese instante, Owl, recuperándose rápidamente del golpe, se acerca sigilosamente a Pentrix por la espalda, moviéndose con sorprendente agilidad a pesar de su tamaño.

Por un breve momento, la postura de Pentrix, inamovible y silenciosa, podría interpretarse como una señal de rendición.

Eagle, con una sonrisa de superioridad, estudia la aparente inmovilidad de su oponente: —Buen chico —comenta con tono condescendiente—.

Esa es la diferencia de nuestros poderes: yo domino la situación, tú no tienes opción.

Vulture, con los cuchillos aún presionando las gargantas de Anya y Becca, se inclina hacia Becca y le susurra con una risa cruel: —Te haré sufrir bastante, pequeña cretina… me la pagarás.

Pero la calma de Pentrix se rompe abruptamente.

—¡NO!

—grita con una voz cargada de intensidad palpable—.

¡No te atrevas a hacerles daño!

La sádica cazadora se detiene un instante, sorprendida por la repentina explosión de furia, y luego comienza a reír con fuerza, inundando la vieja bodega: —¡Jajaja, estúpido villano!

—exclama, disfrutando visiblemente de la angustia de sus prisioneras.

Owl, ya muy cerca de Pentrix, se prepara para sujetarlo y someterlo.

Sin embargo, en ese preciso momento, todos los presentes —tanto los miembros de Nest como los del Frente Unido— perciben una extraña alteración en el ambiente.

Una sensación sutil pero innegable, algo que no pueden ver ni explicar, retumba en el aire y detiene momentáneamente la acción.

Los vellos de sus brazos se erizan, y un escalofrío helado de terror recorre sus espaldas.

Miran a todas partes, buscando desesperadamente la fuente del peligro que sienten en sus cuerpos.

De repente, notan cómo una energía azul brillante comienza a emanar de Pentrix, rodeándolo.

Al principio, la energía fluye de forma tranquila y silenciosa, como una corriente de agua, pero en cuestión de segundos empieza a moverse con violencia, crepitando y emitiendo un zumbido profundo.

Owl, que se acercaba sigilosamente al chico, quedó congelado en su lugar.

—¡Santo cielo… qué es este poder!

—fue lo único que alcanzó a decir.

En ese instante, una ráfaga de energía azul lo golpeó con tal rapidez y violencia que no tuvo tiempo de reaccionar.

Ambos brazos se desintegraron y, al mismo tiempo, la fuerza lo arrojó contra una pila de cajas al fondo de la bodega, dejándolo fuera de combate.

Vulture, que segundos antes sonreía con gesto psicópata, ahora mostraba una expresión de pánico absoluto.

Al mirar hacia abajo, vio cómo a sus pies se formaba un círculo brillante iluminado por la misma energía azul.

Sin tiempo de reacción, cientos de ráfagas emergieron del círculo, golpeándola de lleno y destrozándola por completo.

Su cuerpo se disolvió en una nube de fragmentos rojizos, dejando tras de sí un grito ahogado e inconcluso.

Eagle, con el corazón acelerado y viendo a sus compañeros ser aniquilados en segundos, intenta golpearlo con un aplauso sónico.

Pero la onda de choque se desvanece al impactar contra la energía que lo rodea.

Pentrix, con una mirada gélida, hace aparecer un orbe de energía azul en la palma de su mano.

Esta comienza a levitar lentamente hacia el rostro de Eagle.

—¿Hablas de poder?

—pregunta Pentrix, su voz es un susurro apenas audible pero cargado de una ira aterradora—.

Yo te mostraré lo que es el verdadero poder.

Justo cuando la esfera está a punto de golpear a Eagle, Anya, reaccionando con valentía, lo toma por el hombro: —¡Basta!

—le suplica—.

Por favor, basta.

Al escuchar su voz , la energía azul que rodea a Pentrix se desvanece tan repentinamente como apareció, como si un interruptor se hubiera apagado.

El ambiente en la bodega cambia de golpe: la sensación de terror se disipa, dejando un silencio tenso y pesado.

Eagle se deja caer, con las manos cubriendo su cabeza, temblando incontrolablemente.

Agachada en el suelo, alza la mirada hacia Pentrix con los ojos desbordados de miedo: —¿Qué clase de monstruo ocultas?

—pregunta con voz entrecortada.

Anya se acerca a Eagle con una mirada fría y decidida.

Se inclina y coloca un dedo sobre el cuello de la cazadora, justo donde el pulso late débilmente: —¿Monstruo?

—replica con desdén—.

El único monstruo está justo bajo mi dedo.

Una descarga eléctrica fluye de su dedo al cuerpo de Eagle.

El rostro de la cazadora se contorsiona por la electricidad que recorre su cuerpo, dejándola momentáneamente inconsciente.

Se desploma sobre el suelo de la bodega, derrotada.

Horas después, los niños rescatados corren y juegan en los departamentos de la base del Frente Unido.

Tranquilos y a salvo, ríen mientras reciben atención y cuidados.

Pentrix permanece de pie, ensimismado en sus pensamientos, observando la escena en silencio.

De repente, una pequeña pelota rebota hasta detenerse a sus pies.

Él la recoge mecánicamente y se la entrega al niño que corre hacia él.

Antes de regresar con sus compañeros, el niño se detiene y lo abraza con fuerza.

Pentrix solo atina a sonreírle con dulzura mientras el pequeño se aleja corriendo.

Anya se acerca, su rostro reflejando preocupación: —¿Estás bien, Pempi?

—pregunta suavemente.

Él asiente levemente, aunque su mirada distante sugiere lo contrario: —Sí, lo estoy —responde con un hilo de voz.

Anya lo mira directamente a los ojos, transmitiéndole una profunda sinceridad: —Yo estaré ahí siempre que lo necesites —dice, abrazándolo con calidez.

✦ Fin de capítulo ✦

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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