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PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 9

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9: Capítulo 8.

Salvando al defensor 9: Capítulo 8.

Salvando al defensor Al concluir una gran conferencia, Nelson K.

Xparks —defensor de los derechos evos y neoevos— y su secretario subieron a un automóvil lujoso conducido por su chofer.

Mientras el vehículo avanzaba por las calles de la ciudad, Dentro del auto Nelson y su acompañante repasaban los puntos más relevantes del encuentro, centrados en la defensa de su comunidad y la próxima fecha de una nueva conferencia.

Nelson K.: —Fue un gran evento.

Expusimos los argumentos necesarios para nuestra gente.

Secretario: —Debemos llegar al aeropuerto; la conferencia tomó más tiempo del que esperábamos.

De pronto, el chofer advirtió con voz urgente: —¡Sujétense!

Un enorme camión embistió el automóvil y lo arrastró hasta un terreno en construcción.

El impacto los lanzó contra unas mangueras, que comenzaron a expulsar agua a presión.

El suelo se volvió resbaladizo y el auto derrapó, provocando que el camión perdiera el control y se estrellara al fondo del sitio.

El vehículo de Nelson quedó completamente deformado.

El chofer y el secretario, inconscientes por el golpe, y Nelson atrapado entre los restos, aguardaban el desenlace de aquel brutal accidente.

Desde el interior del automóvil destrozado, aún aturdido, intenta hablar con sus acompañantes.

No obtiene respuesta, pero alcanza a comprobar que ambos respiran, aunque permanecen inconscientes.

Atrapado entre el metal retorcido, se siente impotente para auxiliarlos.

A través de las ventanas quebradas, distingue cómo varios vehículos se detienen bruscamente en la calle.

De ellos descienden hombres con el rostro cubierto, portando armas de alta tecnología que relucen bajo el sol de la ciudad.

Se desplazan con una coordinación siniestra, rodeando el automóvil deformado y acercándose cada vez más.

El defensor de los derechos evos y neoevos solo puede observar, con un temor creciente, cómo los atacantes se aproximan con siniestras intenciones.

Desde su perspectiva, atrapado dentro del amasijo de metal.

De pronto se escucha el repentino estallido de un conflicto.

Gritos furiosos y ráfagas de disparos rompen el silencio.

Golpes secos retumban contra la carrocería deformada del vehículo.

Intenta desesperadamente girar la cabeza, forzar la vista, pero los movimientos de quienes combaten afuera son demasiado veloces y caóticos para distinguirlos.

De pronto, un zumbido eléctrico agudo atraviesa el aire, seguido de alaridos de dolor de algunos de los hombres armados.

Por un instante, todo queda suspendido en un silencio expectante.

Entonces, por una de las ventanas destrozadas, se asoma el rostro angelical de una joven.

Con mirada decidida, lo saluda con una pequeña sonrisa.

—Hola, me llamo Elecktrizide (Anya).

No tema, lo ayudaré.

El activista, confundido pero aliviado, logra preguntar con dificultad: —¿Eres una Evo?

La chica asiente con firmeza: —Igual que usted.

Solo deme un minuto.

Vine a escuchar su conferencia y estaba cerca.

El sonido eléctrico, semejante al de una soldadora, retumba acompañado de chispas que saltan del metal retorcido.

Nelson, con dificultad, logra girar la cabeza y alcanza a ver cómo llegan más vehículos, de los cuales descienden hombres armados.

—¡Están llegando más!

—advierte con esfuerzo a la joven.

La chica, sin dejar de trabajar sobre la carrocería, responde con firmeza: —Ya los vi.

Permanezca tranquilo.

Estoy intentando cortar el metal.

Al contemplar a sus compañeros derrotados, los recién llegados corren hacia el automóvil donde Anya trabaja, disparando ráfagas de sus armas de alta tecnología.

La joven salta con agilidad desde atrás del vehículo de Nelson y los enfrenta de nuevo, sus manos resplandeciendo con energía eléctrica.

Uno de los atacantes arroja una granada directamente hacia la joven.

Anya la percibe en el último instante y, con sorprendente destreza, logra patearla lejos.

La explosión sacude el aire, aturdiendo a todos los presentes, incluida la propia Anya, que tambalea.

Aprovechando su desconcierto, un hombre corpulento y mal encarado se aproxima con rapidez y le coloca un arma en la cabeza.

Su voz áspera y amenazante retumba: —Esto se acabó, muñeca.

El hombre que amenazaba a Anya lanzó un grito desgarrador y cayó al suelo, rayos de energía emanando de sus ojos.

Sorprendida, la joven volteó y distinguió a Elektrobyte (Lía), Rook y Kage, todos con sus uniformes de héroes.

XTREAM había llegado.

Sin distraerse, Anya volvió al vehículo de Nelson.

Se concentró, canalizando la energía en su dedo, que chisporroteaba con electricidad, e intentó cortar el metal retorcido una vez más.

Desde el interior, Nelson preguntó con voz débil: —¿Qué pasó?

Anya respondió sin dejar de trabajar: —Algunos héroes han llegado.

—¿Héroes?

—replicó Nelson, confundido.

Mientras tanto, Rook, Kage y Elektrobyte se enfrentaban a los atacantes, sometiéndolos con rapidez gracias a sus habilidades.

Concentrada en cortar el metal, Elecktrizide (Anya) siente de pronto cómo alguien la toma bruscamente de la mano, interrumpiendo su labor.

Elektrobyte (Lía) la empuja contra el costado del automóvil destrozado.

—No sé qué tramas, pero esto se acabó aquí —espeta Elektrobyte con desconfianza.

Anya la fulmina con la mirada, furiosa: —Estúpida arrogante.

Hay tres personas atrapadas dentro y no pueden salir.

Rook, acercándose al vehículo, confirma lo dicho por Anya: —Es verdad, jefa.

Están atrapados.

La Heroína, renuente, observa la cantidad de atacantes derrotados que yacen alrededor del automóvil.

Con un gesto de impaciencia, concede: —Está bien, muévete a un lado y déjanos hacer el trabajo.

Pero casi de inmediato, una ráfaga de disparos los sorprende desde la retaguardia.

El cuarteto se lanza a cubrirse tras el vehículo destrozado de Nelson.

Más hombres armados llegan corriendo desde la dirección opuesta.

—¿Lo ves, maldita arrogante?

—Reclama Anya con rabia a Lía, mientras las balas perforan el metal—.

¡Ya habría terminado si me hubieras dejado!

Elektrobyte, con una determinación renovada, da órdenes rápidas a su equipo: —Kage, eres más veloz que Rook.

Corre y distráelos.

Rook, cuando te avise, salta y toma ese pedazo de concreto.

Yo te cubro.

Cuenta con firmeza: —Uno…

dos…

tres…

¡Ahora!

Kage se lanza con una velocidad impresionante, moviéndose como una sombra entre los atacantes y atrayendo el fuego hacia ella.

Rook se prepara, listo para desatar su fuerza bruta.

Lía concentra energía en sus manos, generando potentes descargas eléctricas para ofrecer cobertura.

Anya observa la coordinación del equipo XTREAM, con una mezcla de sorpresa y resentimiento reflejada en su rostro.

Justo cuando Rook está a punto de saltar hacia el bloque de concreto, algo aterriza con una fuerza descomunal cerca de ellos.

El estruendo ensordecedor sacude el suelo, que tiembla violentamente, lanzando lodo y escombros por el aire.

El impacto derriba a todos, atrapándolos en un instante de desconcierto.

El repentino ataque los ha tomado por sorpresa.

En el centro del cráter recién formado emerge una figura imponente: Maxman.

Héroes, atacantes y Anya lo observan con asombro.

La poderosa presencia del veterano, con su capa ondeando suavemente pese a la conmoción, domina la escena.

Su uniforme en tonos vinos y gris.

—¿Maxman?

—murmura Rook, aún cubierto de lodo—.

Es un héroe de La Corporación.

El recién llegado comienza a levitar, su mirada escrutando cada detalle.

Los atacantes, confundidos y aterrados, abren fuego contra él, pero las balas y ráfagas rebotan en su piel como si fueran nada.

Elektrobyte y los demás contemplan cómo Maxman, con fuerza descomunal, hace volar a los agresores por los aires, dejándolos inconscientes al caer.

Anya, sin perder tiempo, retoma el corte del metal del automóvil.

Desde el interior, Nelson pregunta con urgencia: —¿Qué está ocurriendo?

—Los sacaré en un minuto —responde ella, sin detener su labor.

Lía, dejando de lado su conflicto con Anya, se une para acelerar el proceso.

Finalmente, logran abrir un hueco lo bastante amplio, pero en ese instante una sombra los cubre: Maxman flota sobre ellos, con la mirada seria.

—Ahora siguen ustedes —declara con autoridad.

—¡Somos héroes también!

—se apresura a decir Rook, intentando explicar la situación.

Maxman los observa de arriba abajo, cubiertos de lodo y rodeados por lo que parece una emboscada fallida.

No les cree.

Sin pronunciar otra palabra, toma a Rook y lo lanza con una fuerza impresionante hacia un costado, haciéndolo volar varios metros.

Antes de que Rook impacte contra el suelo, una figura borrosa lo intercepta en pleno vuelo, deteniéndolo en seco.

Rook gira con sorpresa y alivio, reconociendo el rostro familiar de Pentrix.

—Ayuda a tus amigos —ordena Pentrix con seriedad—.

Yo me encargo del tipo con los calzones de fuera.

Confundido por la repentina intervención, Maxman se lanza contra el chico recién llegado a gran velocidad, descargando un poderoso puñetazo.

Con agilidad sorprendente, Pentrix detiene el golpe sujetando firmemente el puño de su adversario.

El choque entre ambos genera una onda expansiva que levanta escombros y lodo, haciendo temblar el suelo bajo sus pies.

Todos sienten el impacto.

—El chico lindo llegó —murmura Kage, observando la escena con incredulidad.

Lía y Anya abandonan por un instante su labor en el automóvil y giran la mirada hacia el enfrentamiento, la tensión se siente en el aire.

Rook, aun recuperándose del brutal lanzamiento, contempla la escena con asombro.

—¡Santo Dios!

—exclama, con reconocimiento y admiración.

Mientras Pentrix y Maxman se enfrentan, Anya y Lía continúan cortando el metal del automóvil.

Lía comprende la situación: —el héroe apareció de repente y, sin conocer lo ocurrido, actúa según lo que cree que es correcto.

Maxman logra zafarse del agarre de Pentrix y dispara su poderosa visión láser.

El rayo carmesí alcanza a Pentrix, pero se detiene al chocar contra un campo de energía azul que lo rodea como un escudo.

Finalmente, Anya y Lía abren suficiente espacio y logran sacar al secretario, aún inconsciente.

Kage y Rook se apresuran a atenderlo, mientras las dos mujeres regresan al vehículo y liberan también al chofer, igualmente desmayado.

Lía observa a Anya con seriedad: —Tú y yo, aún tenemos algo que arreglar.

—¿Todavía estás enojada porque ayudé a ese vagabundo?

—responde Anya con tono desafiante.

—¡Era un ladrón!

—replica Lía.

—Era un vagabundo que robó un poco de comida —contrarresta Anya.

En ese momento, logran liberar finalmente a Nelson, quien tose y se incorpora con dificultad.

Pentrix y Maxman permanecen en guardia, observándose mutuamente.

Nelson corre hacia ellos con los brazos en alto: —¡Paren!

¡Paren, por favor!

Es un malentendido.

Ellos son héroes, vinieron a ayudarme.

Maxman fija su mirada en Nelson, analizando cada una de sus palabras.

Luego, con una expresión de repentina comprensión, asiente levemente: —Oh…

entiendo, buen trabajo chicos.

Sin decir nada más, Maxman se eleva en el aire y se aleja volando, dejando al grupo confundido y exhausto en medio del terreno de construcción.

Nelson, apoyándose en un oficial de policía se aferra ligeramente y observando el rastro que dejó Maxman en el cielo y luego baja la vista hacia lo jóvenes héroes, reconociendo cada herida y cada mancha de barro.

Con voz queda, pero firme, murmura: —Él ve una misión cumplida desde las alturas; yo veo la voluntad de quienes se niegan a caer.

Esta es la verdadera razón por la cual lucho: por la vida que late debajo de todo este lodo.

A lo lejos, se oyen las sirenas de la policía y las ambulancias acercándose.

Los vehículos policiacos escoltan a Nelson, mientras los paramédicos atienden y trasladan al chofer y al secretario, aún inconscientes.

La policía arresta a los villanos y los sube a las patrullas.

Rook se acerca a Anya y Pentrix con una sonrisa cansada: —Todo está bien.

No se preocupen por la policía.

Mientras los miembros de XTREAM esperan junto a su destartalado camión militar, Rook se aproxima a Pentrix y le da una palmada en el hombro en señal de agradecimiento.

Pentrix solo asiente levemente con la cabeza.

El equipo se aleja un poco, observando cómo Anya y Pentrix se funden en un abrazo enlodado.

Kage, con una sonrisa pícara, comenta a Lía: —¿Ves, jefa?

Te dije que dejaras las proteínas tus ABS definidos no impresionaron al chico lindo.

Lía pone los ojos en blanco, ruborizada, con una mezcla de exasperación y cansancio: —¡Santo cielo, Kage!

¿Vas a empezar ahora?

Tendré que soportarte toda la semana.

✦ Fin de capítulo ✦

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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