Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Privilegios - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Privilegios
  3. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 Con esto habían pasado ya varios alumnos.

Algunos fueron derrotados de forma contundente, terminando desmayados y dejando el honor de sus casas manchado.

Otros apenas lograban mantenerse en pie, evidenciando que dominaban el ALCO solo de manera superficial.

Ulvar, que había observado cada combate con atención creciente, alzó la mano con decisión.

—Bien, Kaellid… es mi momento de lucirme —dijo con una sonrisa cargada de entusiasmo contenido.

—Ten cuidado y suerte —respondió Kaellid—.

Estos no son Varde.

No van a usar espadas contra ti.

Lo dijo con una risa breve, casi despreocupada.

Elaine lo notó, pero decidió no intervenir.

—Todos se comportan como magos clásicos —añadió Kaellid—.

Apenas se mueven.

Le dio unas palmadas firmes en la espalda.

—¿Y tú qué harás?

—preguntó Ulvar tras un instante—.

No quiero insultarte, pero aún no sincronizas bien la magia con tu cuerpo al moverse.

—Tú enfócate en lo tuyo —replicó Kaellid con una risa confiada—.

Al final, esto es solo una prueba que puedo superar.

Las imágenes del orbe mostraron el final del combate anterior.

—Siguiente —ordenó Elaine, con voz fría.

Su mirada se posó directamente en Ulvar.

Asintió una sola vez.

Kaellid observó entonces a la otra participante que avanzaba.

Aquella joven de cabello castaño, portadora del símbolo de la espada junto a las estrellas.

No mostró reacción visible; simplemente comenzó a analizarla.

Elaine aguardó a que ambos tocaran el orbe.

—Inicien.

Dentro del orbe, Ulvar dio un salto para comprobar si todo podía sentirse con normalidad.

Y así fue.

El viento golpeó su rostro, el bastón respondió con peso real en sus manos, sus zapatos simples se afirmaron contra el suelo, sintió la tela del pantalón negro, la camisa blanca y la túnica de mago ondeando levemente.

—Esto sí que es una sensación nueva… —murmuró.

A la distancia divisó a su oponente.

El terreno era irregular, con zonas elevadas y depresiones suaves, cubierto de césped.

Desde tan lejos apenas podían distinguirse.

La joven tomó algo de la parte trasera de su atuendo: parecía una pequeña rama.

Un segundo después, esta se desplegó y se transformó en un bastón completamente funcional, cubierto de runas y luces que se filtraban por sus aberturas.

Ulvar se mostró genuinamente sorprendido.

No esperaba un artefacto tan compacto y versátil.

La mujer repentinamente inició el combate.

—Jord och knuffa.

Ulvar reconoció el hechizo, al menos en parte, aunque no sabía cómo sería dirigido.

El suelo bajo sus pies tembló de forma leve pero inmediata.

Reaccionó rápido y se apartó del lugar.

Su cuerpo era delgado, sí, pero el entrenamiento con Kaellid y Varde lo había vuelto mucho más perceptivo, eficaz al momento de moverse.

Recuperó el equilibrio y respondió: —Jord och Vass.

Desde la tierra surgieron picos afilados, como estalactitas invertidas, que se lanzaron contra la joven de forma abrupta y sofocante.

Ella chasqueó la lengua, como si hubiera sentido una amenaza real.

—Sköld och energi… ¡SKYDDA MIG!

Los filos no lograron atravesar el escudo.

Ulvar notó que este solo se volvía visible al ser impactado, revelando una estructura transparente alimentada por una energía que no parecía completamente elemental.

Intuyó que se trataba de una magia basada en energía pura.

Ulvar corrió trazando una línea amplia, intentando flanquearla, aunque ya comenzaba a sentir el cansancio.

La magia defensiva de su oponente le estaba cerrando el camino a la victoria.

Entonces ella gritó algo que lo dejó en duda: —¡Olov och Ansamling… RUNDBRÄNNA!

Ulvar alzó la vista y vio una sombra circular formarse en el cielo, semejante a un sol artificial.

—Oh… vaya suerte la mía —murmuró—.

Justo me toca alguien con talento nato.

Calculó frenéticamente durante unos segundos y, con una risa forzada, exclamó: —¡Jord och Sköld!

Se agachó y una cúpula de tierra se elevó a su alrededor.

El impacto fue brutal.

La esfera descendió con violencia, sacudiendo todo el terreno.

La joven quedó exhausta, respirando con dificultad tras liberar tanta energía.

Desde fuera del orbe, Kaellid observaba con los brazos cruzados, sereno, convencido de que Ulvar no caería tan fácilmente.

Una nube inmensa de polvo, tierra y césped quemado cubrió el campo.

Los espectadores contenían la respiración.

Algunos nobles rieron, convencidos de que Ulvar había sido aniquilado.

Kaellid, en cambio, permaneció tranquilo, con una sonrisa hipnótica.

Elaine, aunque inexpresiva, estaba atenta.

El cuerpo de Ulvar fuera del orbe no se había desmayado.

—Interesante… —murmuró.

Cuando el humo se disipó, Ulvar no estaba allí.

Desde la lejanía, entre los árboles fuera del campo, algo brilló.

La joven apenas alcanzó a percibirlo.

—Olov Vågor.

Una oleada de fuego se lanzó hacia ella.

Ulvar presentía su victoria, pero de repente…

—¡Sköld och energi!

¡Reflektera!

El ataque fue reflejado.

Las manos de la joven se quemaron grotescamente en el proceso: carne negra, zonas enrojecidas.

Ulvar vio su propia magia regresar hacia él.

—Mierda… Ulvar Brenn había perdido.

No por falta de talento, sino de conocimiento.

Ya fuera del orbe, Ulvar cayó de rodillas, exhausto pero consciente.

Para sorpresa de todos, la ganadora terminó desmayada.

Kaellid aplaudió.

No era burla: era orgullo.

Elaine mostró una sonrisa casi imperceptible.

—Perdiste como los mejores, Ulvar —dijo Kaellid acercándose rápidamente al ayudarlo a incorporarse—.

Aprende de esto.

Aún tenemos mucho camino por recorrer.

Ulvar rió, cansado.

—Gracias.

Elaine no quería admitirlo, pero estaba visiblemente sorprendida.

¿Cómo era posible que alguien de tan poco valor hiciera algo así?

Moverse con su bastón, encadenar el desplazamiento con un hechizo apenas unos segundos después…

No tenía sentido.

No era posible que alguien proveniente de una región tan asquerosa pudiera convertirse en un mago con talento real.

Rió internamente.

Ulvar la irrito.

La intrigo.

Quería exprimirlo, llevarlo al límite, hacerlo sentirse como una rata de laboratorio sometida a experimentos forzados.

Ver hasta dónde podía romperse…

o evolucionar.

Por desgracia, aún seguía siendo alguien importante dentro de la academia.

El vicerrector notaría cualquier exceso.

Elaine lo sabía, y eso la contenía.

Aun así, Ulvar había despertado algo incómodo en ella: fascinación y asco al mismo tiempo.

Y lo peor de todo…

era que lo necesitaba.

Kaellid, mientras intercambiaba unas pocas palabras con Ulvar, observó de reojo a aquella mujer.

La analizaba.

No era difícil notar el cambio en su mirada: la forma en que ahora se “fijaba” en los estudiantes, aunque aquello no fuera más que una excusa visual para seguir observando a su amigo.

En ciertos instantes, esa atención se tornaba claramente en desprecio.

Kaellid pensó para sí: —Al parecer llamó demasiado la atención.

Acto seguido, Elaine volvió a centrar su mirada en los dos últimos estudiantes.

—Kaellid Corven —anunció—.

Con esas palabras, Kaellid avanzó hacia el orbe.

Su oponente sería la representante de la balanza: la misma chica morena de antes.

Ahora, con mayor detalle, podía apreciarse su túnica bien cuidada y el cabello trabajado en múltiples trenzas, formando caminos y patrones precisos.

Sus ojos eran negros, profundamente oscuros, y su piel se veía pulida, casi intacta, como si jamás hubiese sido rozada por el combate.

Kaellid la observó con calma y la saludó desde la distancia con un leve gesto.

Ella, en respuesta, lo recorrió de arriba abajo con la mirada, sin ocultar el juicio en sus ojos, y luego giró el rostro para concentrarse únicamente en el orbe, apoyando la mano sobre él.

Kaellid suspiró y dejó escapar una risa baja, apenas audible.

Con eso, quedó claro: Kaellid sería el siguiente y el ultimo en someterse a la prueba.

Dos representantes peleando ahora mismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo