Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 15
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15: El Descanso al Inframundo 15: El Descanso al Inframundo La Torre Oracle ya no era un refugio, era una diana brillante en el cielo de la metrópoli.
Ethan no esperó a que llegara la segunda oleada de Splicers.
Activó un protocolo de borrado térmico en el ático, destruyendo cualquier rastro de su ADN y sus datos personales, mientras arrastraba a Hazel hacia el hueco de un ascensor de carga que no figuraba en los planos oficiales.
Ethan: —”Siento el pulso de la ciudad gritando en mi mente.
Malphas ha inyectado un virus en los nodos periféricos, cegando mis ojos en la superficie.
Estamos a oscuras.
Mi mano aprieta la de Hazel con una fuerza desesperada; ella está pálida, pero sus ojos verdes brillan con esa luz de cazadora que nunca se apaga”.— Descendieron cientos de pisos en un silencio sepulcral, solo roto por el roce de sus cuerpos y el jadeo pesado de Hazel.
Cuando las puertas se abrieron, no había mármol ni luces cálidas.
Estaban en el Nivel Cero, el subsuelo olvidado donde el vapor de las tuberías y el olor a metal oxidado eran los únicos dueños.
Hazel: —(Sujetándose el vientre, su otra mano empuñando una pistola táctica)— Conozco este lugar, Ethan.
Aquí es donde Silas enviaba lo que no podía reciclar.
Si queremos sobrevivir, tenemos que encontrar a “El Remendador”.
Es un viejo contacto de mis días de entrenamiento…
un hombre que odia a Oracle tanto como nosotros.
Caminaron por túneles estrechos, esquivando a sombras humanas que se ocultaban al ver el brillo de la terminal de Ethan.
La humedad se filtraba por las paredes, y el frío del subsuelo calaba hasta los huesos.
Ethan se quitó su chaqueta de seda, ahora manchada de sangre verde, y envolvió con ella los hombros de Hazel.
Ethan: —”Miro su perfil bajo la luz intermitente de los cables expuestos.
Se ve tan frágil y tan letal al mismo tiempo.
El niño…
nuestro hijo…
está en el centro de esta tormenta.
No puedo permitir que este lugar sea su cuna, pero por ahora, es nuestro único escudo”.— ____ Llegaron a una cámara oculta tras una pesada puerta de esclusa.
Era el taller del Remendador: un caos de piezas de drones, monitores de tubo y mantas sucias.
El hombre no estaba, pero el lugar era seguro, protegido por inhibidores de frecuencia que incluso a Ethan le costaba penetrar.
La adrenalina del combate empezó a disiparse, dejando paso a una necesidad mucho más antigua y voraz.
Hazel se dejó caer sobre un colchón viejo cubierto de pieles sintéticas, soltando un gemido de puro agotamiento.
Ethan se arrodilló frente a ella, revisando sus heridas con manos temblorosas.
Ethan: —Hazel…
déjame verte.
Ese Splicer te golpeó fuerte.
Hazel: —(Tomando las manos de Ethan y poniéndolas sobre sus pechos, su respiración acelerándose)— No quiero que me revises, Ethan.
Quiero que me hagas sentir que sigo aquí.
Que sigo siendo tuya y no una propiedad de Malphas.
El deseo explotó entre ellos con una violencia casi desesperada.
En la penumbra del taller, rodeados de chatarra y cables, la ropa fue arrancada con urgencia.
Ethan la poseyó allí mismo, contra la pared de metal frío, sus manos sujetando sus muslos con una fuerza que dejaría marcas.
Hazel: —”Sus embestidas son erráticas, cargadas de la rabia y el miedo de casi haberme perdido.
Me encanta esa oscuridad en él.
Sus dedos se entierran en mi carne, y yo arqueo la espalda, gritando su nombre contra el metal.
En este agujero infecto, su cuerpo es el único cielo que necesito.
Siento cómo se corre dentro de mí, caliente y profundo, como si quisiera dejar su marca en cada célula de mi cuerpo y del bebé”.— Ethan la abrazó después, ambos envueltos en una manta vieja, escuchando el goteo constante del agua en algún lugar del túnel.
El contraste entre el lujo de la torre y la suciedad del subsuelo era absoluto, pero su conexión era más fuerte que nunca.
Ethan: —(Susurrando contra su frente)— No dejaré que te toquen de nuevo.
Mañana encontraré a Malphas y borraré su existencia de la red.
Hazel: —(Quedándose dormida, con la mano de Ethan todavía sobre su vientre)— Lo haremos juntos, Administrador.
Somos el error que él no puede corregir.
Capítulo 32: La Marca de Scylla Mientras ellos descansaban en su nido de sombras, una figura delgada y elegante caminaba por el ático destrozado de la torre.
Scylla, la mano derecha de Malphas, recogía un fragmento del vestido rojo de Hazel con sus dedos mecánicos.
Se llevó la tela a su máscara de porcelana, aspirando el rastro de feromonas y miedo que aún flotaba en el aire.
Scylla: —(Hablando por un comunicador integrado)— Señor…
el rastro térmico se pierde en el Nivel Cero.
Han bajado a las ratas.
Malphas: —(Desde la pantalla de su laboratorio)— Deja que crean que están a salvo.
Inunda el Nivel Cero con el gas ‘Lethe’.
No los mates…
solo quiero que sus mentes se vuelvan contra ellos.
Quiero que Ethan vea a Hazel como un monstruo, y que ella vea a su hijo como una carga.
Que empiece la verdadera disección.
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