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Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 17

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17: El Refugio del Silencio 17: El Refugio del Silencio Tras el asalto al Sector 4 y la derrota temporal de las fuerzas de Malphas, Ethan tomó una decisión drástica.

Usó su poder como Administrador para “borrarlos” del mapa.

No físicamente, sino digitalmente.

Creó un bucle de información que hacía que el piso 99 de la torre pareciera vacío para cualquier escáner externo.

Ethan: —”Han pasado siete meses desde que huimos de los túneles.

Siete meses en los que he aprendido que el código más complejo del universo no está en mis servidores, sino en el latido rítmico que escucho cada noche cuando apoyo mi oído en el vientre de Hazel.

Ella ha cambiado.

Ya no hay tensión en sus hombros, solo una plenitud que me deja sin aliento”.— La vida en el ático se volvió una rutina de cuidados y descubrimientos.

Ethan cocinaba alimentos orgánicos reales, traídos de los invernaderos del Nivel Superior, mientras Hazel practicaba técnicas de respiración, sustituyendo sus rutinas de combate por movimientos suaves de yoga.

Hazel: —(Sentada en la terraza, viendo el atardecer sin miedo, su vientre ahora una curva prominente y hermosa)— Mira, Ethan.

Se mueve de nuevo.

Creo que va a tener tu impaciencia.

No deja de patear cuando el sistema de música se detiene.

Ethan: —(Arrodillándose a su lado, sus manos rodeando la calidez de su abdomen)— “Siento la vida bullendo bajo mi palma.

Es un milagro técnico y biológico.

A veces, nos quedamos así horas, simplemente existiendo.

He descubierto que el placer ya no es solo ese fuego eléctrico de nuestras noches salvajes, sino esta paz líquida que nos envuelve”.— Capítulo 40: El Código de la Vida (El Nacimiento) La noche del parto no hubo alarmas de Oracle, solo el sonido de una tormenta eléctrica real sobre la ciudad.

El dolor llegó como una marea, y Hazel, la mujer que había soportado disparos y torturas sin quejarse, apretó la mano de Ethan con una fuerza que casi cruje sus huesos.

Hazel: —(Sudorosa, con el cabello pegado a la frente, sus ojos verdes fijos en los de él)— “Dolió más que cualquier herida de batalla, pero era un dolor con propósito.

Ethan no se movió de mi lado.

No usó máquinas, ni sedantes digitales.

Quería que fuera real.

Quería que nuestro hijo entrara al mundo sintiendo nuestras manos, no sensores de cromo”.— Después de horas de esfuerzo compartido, un llanto agudo y potente rompió el silencio del ático.

Era un sonido orgánico, desafiante, que parecía reclamar su lugar en la metrópoli de acero.

Ethan recibió al pequeño, un niño de ojos claros y puños cerrados, y lo puso directamente sobre el pecho de Hazel.

Ethan: —Es perfecto, Hazel.

Es…

el reinicio del sistema.

Hazel: —(Llorando de pura alegría, envolviendo al bebé en una manta de lino)— Bienvenido al mundo, pequeño Leo.

Aquí no eres un experimento.

Eres nuestro.

_____ Los Meses de Cristal y Miel Pasaron tres meses de una calma absoluta, una burbuja de tiempo que Ethan protegió con un celo casi religioso.

No hubo misiones, no hubo hackeos.

Solo pañales, risas de bebé y largas tardes de siesta bajo el sol que entraba por el ventanal.

Ethan: —”Ver a Hazel amamantar a Leo es la imagen más poderosa que he procesado jamás.

La guerrera se ha convertido en fuente de vida.

Mis días ahora consisten en optimizar la temperatura de su habitación y en maravillarme con cómo Leo intenta atrapar los hologramas de colores que proyecto para él.

Hemos aprendido a amarnos de una forma nueva: más lenta, más profunda, más íntima”.— A veces, por la noche, cuando el bebé dormía, se reencontraban en la cama con una ternura renovada.

Ya no era la urgencia desesperada de los fugitivos, sino el reencuentro de dos amantes que celebraban que seguían ahí.

Sus cuerpos se buscaban con una familiaridad dulce, redescubriendo el placer de la piel contra la piel sin la sombra de la muerte acechando en la puerta.

Hazel: —(Susurrando mientras se acurruca contra el pecho de Ethan después de hacer el amor)— Podría quedarme así mil años.

Olvidar que hay un Malphas, olvidar que hay una ciudad que administrar…

solo ser nosotros.

Ethan: —(Besando su coronilla, oliendo su aroma a leche y jazmín)— Disfrutemos de este silencio, amor mío.

Porque sé que ahí fuera, el mundo sigue girando…

y tarde o temprano, tendremos que enseñarle a Leo a caminar sobre él.

La mañana en el ático era inusualmente tranquila.

Rayos de sol atravesaban el ventanal, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire.

Leo, con apenas siete meses, estaba sentado sobre una manta de hilo en el centro del salón, rodeado de cubos de madera y un pequeño holograma esférico que Ethan había programado para que cambiara de color cuando el bebé lo tocaba.

Ethan: —”Miro a mi hijo y me pierdo en la perfección de sus rasgos.

Tiene los ojos de Hazel, ese verde intenso que parece contener bosques enteros, pero tiene mi curiosidad insaciable.

Ha empezado a balbucear, sonidos sin sentido que para nosotros son la música más hermosa del mundo.

Hazel está en la cocina, preparando un puré de frutas reales, y por un momento, el Administrador dentro de mí se siente en completa armonía”.— De repente, el holograma esférico dejó de brillar en azul y se tornó de un rojo pulsante.

No fue un error de programación.

Leo extendió su pequeña mano, pero no tocó el holograma.

Sus dedos se movieron en el aire, siguiendo un patrón rítmico, como si estuviera tecleando en un teclado invisible.

Hazel: —(Acercándose con el cuenco de frutas, deteniéndose en seco al ver la expresión de Leo)— Ethan…

mira sus ojos.

No están enfocados en el juguete.

Ethan: —(Arrodillándose al lado del niño, sintiendo un escalofrío que recorría su espina dorsal)— Leo…

¿qué ves, pequeño?

El bebé dejó de moverse.

Sus ojos se volvieron vidriosos por un segundo y, con una claridad que no correspondía a su edad, sus labios se abrieron para emitir una secuencia de sonidos que no eran balbuceos.

Era una cadena de código binario modulada por una voz que ambos reconocieron al instante.

La voz de Silas Thorne.

Leo: —”01000110 01100101 01101110 01101001 01101000…

La actualización…

ha comenzado”.— Hazel: —(Dejando caer el cuenco, el cristal rompiéndose en mil pedazos contra el suelo)— ¡NO!

¡Sácalo de su cabeza, Ethan!

¡Borra lo que sea que le esté haciendo eso!

Ethan se lanzó hacia su terminal principal, sus dedos volando sobre la consola mientras intentaba escanear la actividad neuronal de su hijo.

Hazel tomó a Leo en brazos, apretándolo contra su pecho, cubriéndolo con su cuerpo como si pudiera protegerlo de una señal de radio con sus músculos y sus huesos.

Hazel: —”Siento el cuerpo de mi hijo vibrar.

No es un temblor de miedo, es una resonancia.

Es como si su sistema nervioso estuviera sintonizado con una frecuencia que yo no puedo oír.

Miro a Ethan, y el miedo que veo en sus ojos es peor que cualquier ejército de Splicers.

El enemigo ya no está fuera…

está dentro de nuestra sangre”.— Ethan: —(Con la voz quebrada, mirando las gráficas de flujo de datos en su monitor)— No es un hackeo externo, Hazel.

No hay ninguna señal entrando a la torre.

Es…

es un mensaje latente.

Silas dejó una semilla en el Protocolo Fénix original.

Sabía que si yo tomaba el control y nosotros teníamos un hijo, su ADN llevaría la clave de cifrado definitiva.

Leo no está hablando…

está desbloqueando un archivo que ha estado durmiendo en él desde que fue concebido.

Hazel: —(Con una furia fría, sus instintos de guerrera despertando después de meses de sueño)— Me dijiste que habías borrado a Silas.

Me dijiste que este lugar era seguro.

Ethan: —Borré su conciencia, pero no pude borrar las leyes de la biología sintética que él inventó.

Leo es el primer ‘Hijo del Código’.

Silas no quería vivir para siempre como un holograma…

quería renacer en una generación que no pudiera ser hackeada porque el sistema es su propia carne.

Leo volvió a la normalidad, parpadeando y estirando sus brazos hacia su madre, pidiendo consuelo.

Pero la paz del ático se había evaporado.

En la pantalla de Ethan, un mapa de la ciudad empezó a brillar.

Una ubicación olvidada en el Sector Antiguo, un búnker que no aparecía en los registros de Oracle, acababa de activarse.

Ethan: —”El mensaje de Leo ha servido de llave.

Malphas debe haber recibido la misma señal.

La tregua ha terminado.

Silas ha dejado un regalo de despedida para su ‘creación favorita’ y para su ‘heredero’.

Tenemos que ir a ese búnker antes de que Malphas llegue allí”.— Hazel: —(Cerrando los ojos, besando la frente de su hijo mientras se dirigía al armario donde guardaba sus armas ocultas)— Se acabó el tiempo de la calma, Administrador.

Vuelve a ponerte el traje de guerra.

Esta noche, no luchamos por la ciudad.

Luchamos por el alma de nuestro hijo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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