Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Frecuencia de Colisión
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9: Frecuencia de Colisión 9: Frecuencia de Colisión El sótano del ciber-médico en la Zona Libre olía a desinfectante industrial y cables quemados.
Hazel descansaba en una camilla de operaciones improvisada, su respiración finalmente estable gracias a los nanobots de regeneración que el doctor —un hombre huraño de pocas palabras— le había inyectado.
Yo, por mi parte, no podía permitirme el lujo del descanso.
Estaba sentado frente a una terminal de transmisión satelital que parecía sacada de una era de preguerra, pero con un núcleo de procesamiento de última generación.
Ethan: —”Mis dedos todavía tienen las marcas de la descarga eléctrica de la barcaza, pero no me duelen.
Siento una frialdad mecánica recorriendo mis venas.
El Protocolo Fénix está aquí, en este disco de estado sólido, palpitando como un corazón de código.
Es hora de que el mundo deje de ser una edición de Silas Thorne”.— Ethan: —Doctor, necesito todo el ancho de banda de su enlace pirata.
Voy a realizar una inyección de señal en la red troncal de la ciudad.
No será una descarga discreta; será un grito digital.
Ciber-médico: —(Sin levantar la vista de los monitores de Hazel)— Si haces eso, Oracle quemará este nodo en menos de cinco minutos.
Tendré que evacuar a la chica mientras tú juegas a ser el salvador del mundo.
Hazel: —(Abriendo los ojos, su voz débil pero cargada de una voluntad inquebrantable)— No irá a ningún lado sin mí.
Ethan…
hazlo.
Quémalo todo.
Hazel: —”Lo veo frente a la pantalla y ya no reconozco al editor de videos que conocí en aquel apartamento.
Hay una sombra de poder en sus hombros.
Silas cree que ha creado un monstruo conmigo, pero no se dio cuenta de que despertó a un gigante en Ethan”.— Empecé el proceso.
Mis manos se movían sobre el teclado con la cadencia de un director de orquesta.
Primero, salté los cortafuegos de la periferia.
Luego, usé una vulnerabilidad de “día cero” que había descubierto en los servidores de la subestación 9 para entrar en el nodo central de noticias de la ciudad.
Ethan: —”Cargando archivo: ‘Fénix_Realidad_Sin_Filtros.exe’.
Objetivo: Cada pantalla, cada implante ocular, cada valla publicitaria de la metrópoli.
Tres…
dos…
uno…
Transmitir”.— De repente, todas las pantallas de la sala se volvieron blancas.
No fue el inicio de mi transmisión.
Fue un bloqueo de respuesta.
Una ventana de video se abrió de forma forzosa en mi monitor principal.
En ella, sentado en una oficina de cristal que parecía flotar sobre las nubes, estaba Silas Thorne.
Se veía impecable, sereno, sosteniendo una copa de cristal con un líquido ambarino.
Silas Thorne: —Ethan.
Debo admitir que tu persistencia es fascinante.
Has llegado más lejos que cualquier otro ‘editor’ que haya contratado.
Pero, ¿realmente crees que voy a permitirte ensuciar mi obra con tu pequeña verdad?
Ethan: —(Apretando los dientes, mientras mis dedos seguían tecleando bajo la mesa, buscando una ruta de escape para el código)— No es mi verdad, Silas.
Son tus registros.
Son los nombres de los disidentes que borraste, los contratos de esclavitud neural, el origen del Protocolo.
La gente tiene derecho a saber que su ‘paz’ es una simulación.
Silas Thorne: —(Riendo suavemente, un sonido que me erizó la piel)— La gente no quiere la verdad, Ethan.
La gente quiere seguridad, comida y que sus implantes no les den dolor de cabeza.
Yo les doy eso.
Tú…
tú solo les das caos.
¿Sabes qué pasará si sueltas ese código?
La red colapsará.
Los sistemas de soporte vital de los hospitales fallarán.
La economía se evaporará en nanosegundos.
Serás el mayor asesino de la historia, no un héroe.
Ethan: —”Está tratando de entrar en mi cabeza.
Usa la lógica del miedo porque sabe que mi ética es mi punto débil.
Pero Silas comete un error: cree que sigo jugando bajo sus reglas de orden”.— Ethan: —Prefiero un mundo roto y real que una prisión perfecta y mentirosa, Silas.
Y por cierto…
mientras hablabas, no estabas bloqueando mi transmisión.
Solo estabas bloqueando la vista previa de este monitor.
Silas Thorne: —(Su sonrisa se congeló por un milisegundo)— ¿Qué has dicho?
Ethan: —Mirá hacia afuera de tu ventana, Silas.
En la pantalla de video, vi cómo Silas giraba su cabeza hacia el gran ventanal de su oficina.
Abajo, en la ciudad, las luces de neón de los rascacielos empezaron a parpadear.
Las pantallas gigantes de la Plaza Central dejaron de mostrar publicidad de Oracle para mostrar una cascada de documentos, videos de ejecuciones y gráficos de control poblacional.
El Protocolo Fénix estaba al aire.
La verdad estaba inundando las retinas de millones de personas.
Silas Thorne: —(Volviéndose hacia la cámara, su rostro ahora una máscara de furia contenida)— Has cometido un error fatal, Ethan.
Ahora no solo te cazaré por el código.
Te cazaré porque me has obligado a reconstruir el mundo desde las cenizas.
Y empezaré por borrarte a ti y a esa anomalía que llamas Hazel.
Ethan: —(Cerrando la conexión con un golpe seco)— Inténtalo, Silas.
Ya no estamos en tu edición.
Me desplomé en la silla, empapado en sudor.
El ciber-médico ya estaba guardando su equipo de forma frenética.
Hazel se levantó de la camilla, sosteniéndose el costado, pero con una mirada de triunfo que iluminaba toda la habitación.
Hazel: —”Lo hizo.
El cielo de la ciudad está gritando su nombre, aunque nadie lo sepa.
Ahora somos los enemigos públicos número uno, pero por primera vez en mi vida, siento que el aire que respiro me pertenece”.— Ethan: —Tenemos que movernos.
El pulso de respuesta de Oracle llegará en cualquier momento.
Hazel: —(Tomando mi mano, sus dedos entrelazándose con los míos)— Ya no tenemos que huir más, Ethan.
Ahora sabemos dónde vive el dios de esta ciudad.
Y ahora él sabe que podemos sangrarlo.
Salimos del sótano hacia la noche de la Zona Libre.
Arriba, en el cielo contaminado, las pantallas seguían mostrando la caída de Oracle bit a bit.
La guerra ya no era en las sombras; ahora era un incendio forestal que nadie podía apagar.
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