Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 13
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Capítulo 13: Cambios
“Cada acción es una semilla que puede generar un bosque”
–Libe Gloze
Tanya
El pueblo estaba silencioso. Cada local estaba cerrado. No había un solo ruido en aquel pueblo; parecía un pueblo fantasma. No había un alma en Hidetown. Moñas negras adornaban cada puerta. Una larga fila de siluetas negras seguía el camino que llevaba a la mansión. Eran las personas del pueblo, todas vestidas de negro, de luto por la noticia que se había dado aquella mañana.
Imagínate despertar y que la primera noticia que recibes sea que murió la persona que los cuidaba. Muchas reacciones serían diferentes, el sentimiento sería distinto, el impacto en cada persona sería diferente. Muchos de ellos lloraban, no por Dalia en sí, sino porque dependían de ella. ¿Qué sería de ellos ahora? Algunos esperaban su turno para entrar a la mansión y dar el pésame, mientras que otros solo llegaban por respeto.
Aquella mansión recibía a la gente del pueblo. Los empleados, completamente vestidos de negro, iban y venían atendiendo a la gente, haciéndolos sentir cómodos en sus treinta minutos de estancia. Noah, usando lentes negros para ocultar sus ojos rojos e hinchados de tanto llanto, era el guía para la gente del pueblo, llevándolos a un gran altar que se encontraba en el segundo salón, más grande que el primero.
El altar contenía una foto de Dalia, rodeada por los diversos ramos de flores que traía cada persona: girasoles, margaritas, orquídeas, rosas, tulipanes. Toda clase de flores rodeaban la foto, todas menos las hortensias. Tanya esperaba con algo de desesperación que aparecieran ellos, más que nada, a él. Lo quería ver. Tanya, ahora con su libertad, estaba más que feliz, celebrando cada noche con aquella botella de agua que le robó a Jared, pero sentía que no era suficiente.
En ese momento, ella estaba perdida en sus pensamientos, preguntándose cuándo vendría la familia Hagen a darle el pésame y así poder ver a Jared.
Pero lo que no se percató es que se quedó observando las flores que adornaban la foto de su supuesta madre. Las personas se acercaban a ella y le daban el pésame. Todos estaban preocupados. “Tan joven y se quedó sola. Ha sufrido una pérdida completamente grande. ¿Qué estará pasando por su cabeza? ¿Estará extrañando a su madre? ¿Se preguntará qué fue lo que pasó? ¿Por qué está recibiendo tal castigo?”
En realidad no. Ella solo pensaba en Jared. Pensando en las peticiones que sabe que son de él.
“¿Qué petición haré primero? ¿Dónde los haré? ¿Hará más peticiones una vez cumpla con todas las que dio? ¿Se pondrá feliz?”
Un ramo gigantesco de hortensias se posó en el altar mientras pensaba en eso en silencio. Azules y rosas. Tanya posó su mirada en la familia. El padre con ojeras debajo de sus ojos. La madre luciendo algo pálida. Ella tomaba de la mano a una niña, se veía algo grande. Según ella recordaba, estaba en el vientre de la madre de Jared hace tres años, pero parecía de cinco o seis años. “¿Cómo es eso posible?” Ella ignoró todo eso cuando lo vio a él, a la par de ellos estaba Jared. Vestía un traje negro. Camisa negra, corbata negra, saco negro, pantalones negros, cinturón negro, hasta sus zapatos de vestir eran negros.
“Se ve jodidamente sexy vistiendo de negro…”, pensó Tanya.
Tanya podía sentir que se le caía un poco la baba al verlo. Se veía tan perfecto. Su piel con su toque bronceado la volvió loca, hacía juego con el traje. Ese traje parecía estar hecho a la medida. Se veía tan… perfecto y caliente.
“Esto ayuda a mis fantasías…”
La familia se acercó a Tanya. El padre de Jared le tocó su hombro cuidadosamente. Seguido de su esposa. La niña, al ser algo pequeña, no alcanzaba su hombro, así que la tomó de la mano. Y por último, Jared. Cuando Jared tocó su hombro, sintió que podía seguir con esa fachada de lucir triste las otras tres horas que le hacían falta.
—Cómo lo sentimos, Tanya -habló con voz floja aquel hombre de traje.
—Todo sucedió tan… rápido. Primero el accidente y luego su repentina muerte -la pesadez en la voz de la madre de Jared era palpable. Tanya comprendió que algunos del pueblo sí la querían, después de todo.
Tanya no habló. Solo soltó una lágrima que había estado reprimiendo. Cuando se forzaba a llorar, tardaba un poco. Así que guardó esa lágrima para completar su papel ante aquella familia. Tanya respiró hondo, fingiendo que contenía un llanto que jamás existió.
—Haré mi mejor esfuerzo para cuidarlos a todos, para seguir cuidando al pueblo -Tanya actuó tan bien que Jared frunció las cejas, angustiado al verla tan… vulnerable.
Jared se acercó a ella sin previo aviso y la rodeó con sus brazos. Un brazo rodeaba su espalda y el otro su cintura.
“¡¿Qué?! ¡Él me está abrazando! ¡Jared me está abrazando! Ja, mi plan funcionó mejor de lo que planeé”, exclamó Tanya en sus pensamientos.
—No llores, me destroza que llores, Tanya -La apretó aún más contra él.
Tanya sentía que podía desmayarse. Su plan funcionó demasiado bien. No había tomado en cuenta que Jared la abrazaría. Pero demonios, no se quejaba para nada. Podía quedarse en esos cálidos brazos para toda su vida. El aroma a hortensias se intensificó aún más. Su corazón martilleaba dentro de su pecho ante el momento. Apenas pudo mover los brazos para rodearlo. Descansó sus manos en su ancha y fuerte espalda, una espalda que le gustaría arañar y besar hasta el amanecer.
Recostó su rostro contra ese pecho suave y fuerte a la vez. Le entró el impulso de besarlo, pero se contuvo a duras penas. Además, tragó fuerte para no noquearlo frente a todos y llevarlo a su habitación. Tomó mucha fuerza de valor para no besarlo en ese momento. Se estaba tratando de controlar. Pero ese brazo en su espalda y cintura… encajaban tan bien que supo que su cuerpo fue creado para encajar en los brazos de Jared.
“Solo por esta vez te agradezco, doctor… por crearme para Jared. ¡Bendito seas!”, pensó Tanya con una mezcla de gratitud y deseo.
Sintió su estómago revolverse en todas las formas posibles. Sus mejillas se calentaron demasiado. Esta era una sensación demasiado agradable y, de algún modo, excitante. Deseaba con todas sus fuerzas que la tomara en ese momento, a la vista de todos, para que supieran que él era solo suyo y ella solamente suya.
Pero no podía dejar volar su imaginación. Estaba en esa edad complicada en la que sus hormonas lograban controlarla, y no debía perder la lucha. Con gusto la perdería en la noche, donde tenía completa privacidad, pero no en ese momento. Así que, con todo su interior reclamando a gritos que no lo dejara ir, se alejó de él lentamente cuando Jared la soltaba de sus brazos.
—No llores, pequeña -El hombre mayor se acercó a ella y con su mano libre, la extendió hacia el rostro de Tanya y limpió aquella lágrima que se quedó a mitad de su mejilla-. Todos estamos aquí para ayudarte en lo que necesites.
“Ahg… hubiera deseado que Jared hiciera eso, arruinó el momento, gracias viejo”, pensó Tanya con un matiz de fastidio.
La mujer, quien fue abrazada por su esposo en forma de apoyo, y ella, abrazando a su hija, miró a Tanya con detalle.
—Por alguna razón, siento que ya te he conocido con anterioridad -confesó, y el cuerpo de Tanya se tensó de inmediato. Ahora le convenía demasiado que jamás la recordaran.
—Perdón, pero la primera vez que los vi a ustedes fue el día de mi presentación en el pueblo. Hace tres años -afirmó Tanya. La mujer asintió lentamente con su cabeza, tratando de hacer memoria de dónde le resultaba familiar su presencia.
—Entiendo. Cualquier cosa que necesites, pídelo sin pena, Tanya. Te ayudaremos en cualquier cosa.
“Quiero a su hijo, quiero a Jared. ¿Se puede?”, pensó Tanya con descaro.
—Entendido -sonrió Tanya-. Gracias por su ayuda. Me ayudará de mucho.
—Recuerda, Tanya. Tienes un hermano mayor que te ayudará en cualquier cosa -recordó Jared, brindándole una sonrisa amigable a Tanya
¿Cualquier cosa? Entonces quédate hasta el amanecer… a mi lado y calma esta ansiedad en mi
—Lo agradezco mucho, Jared -Tanya le devolvió la sonrisa, su mente ya en otros lugares.
Después de que Tanya recibió el pésame de otras dos familias, logró escabullirse entre los invitados hasta llegar a un gran ventanal. Jared observaba el pueblo a través del cristal, su semblante serio era tan intimidante como atractivo. Parecía otra persona ese día, una que logró encantar aún más a Tanya.
Ella se acercó a su lado lentamente, detallando cómo aquel pantalón se ajustaba muy bien a las caderas de Jared. Este, al ver a Tanya en el reflejo, se volteó y le regaló una hermosa sonrisa.
—Tanya…
—Jared…
—Tanya repitió su pregunta, ya ensayada desde hacía dos días-. ¿Puedo pedirte un consejo? -Jared asintió al instante.
—Claro, dime en qué tema quieres mi consejo.
Tanya dio un paso más, quedando cerca de él. El aroma a hortensias la embriagó de nuevo.
—He recibido algunas peticiones de las personas acerca de la situación del pueblo -empezó a hablar, mirando a los invitados de reojo, tal y como lo había ensayado-. Son tantas que no sé por dónde comenzar. ¿Puedes decirme con cuál puedo empezar?
Jared se quedó pensativo ante su pregunta. Él miró un punto fijo en el suelo.
“¿Qué dirás, Jared? ¿Dirás una de tus peticiones? ¿O dirás algo que ayude al pueblo?”, pensó Tanya, expectante.
A ella no le importaba si eso ayudaba al pueblo; quería complacerlo en sus deseos. Jared asintió levemente con la cabeza, estando de acuerdo con sus propios pensamientos, y su vista se posó en Tanya.
—Lo mejor sería empezar con construcciones que beneficien al pueblo -afirmó Jared, seguro de sus palabras-. Algo que ayude al aprendizaje de los estudiantes. Como una librería o más escuelas.
Tanya vio lo encantador que era Jared al ser tan ingenioso. Combinó su pedido con las peticiones del pueblo. Tanya asintió con la cabeza, estando de acuerdo con las palabras de Jared.
—Qué gran consejo. Me has ayudado mucho a despejar mi mente -comentó Tanya dándole una sonrisa-. Eres muy amable y de gran ayuda, Jared.
El mencionado sonrió ante las palabras de Tanya. En cambio, ella estaba asombrada por sus propias palabras. Ni siquiera había halagado así a Noah en sus tres años y ocho meses a su lado ayudándola en todo. Pero no se arrepintió de sus palabras. Jared merecía eso y más, solo por existir.
“Yo le daría todo…”, pensó con una devoción creciente.
—Muchas siempre me dicen eso -soltó Jared con un tono de voz divertido.
Mientras Jared se sentía halagado porque la alcaldesa de su pueblo lo halagaba por ser de ayuda, Tanya empezaba a llenarse de ira. Y frunció levemente su ceño.
“¿Muchas? ¿Quiénes son esas ‘muchas’?”, la pregunta se clavó en su mente.
Tanya tuvo que morderse el interior de la mejilla con fuerza. Le molestó que dijera eso. “Muchas”. Eso quería decir que no era la única que le había dicho esas palabras. No era la única que hablaba con él. No era la única para él.
Esos pensamientos lograron que Tanya aumentara la fuerza de su mordida en el interior de su mejilla. La fuerza era tanta que logró herirse con sus propios dientes. Y empezó a sentir cómo el sabor metálico invadía su paladar rápidamente.
Tanya inhaló y exhaló lentamente, tratando de mantener la compostura. No podía enojarse por algo que no era de su incumbencia… aún. Aún no. Tragó duro, la rabia que la invadía. Puso su mejor sonrisa en su rostro y lo miró a los ojos.
— ¿Muchas? ¿Tus amigas te lo dicen muy seguido? -El tono de Tanya era amigable y hasta relajado, contrario a lo que sentía en el interior.
—Diría que sí, son mis amigas. Oh el término correcto serian compañeras de clase. Me regalan cartas con ese tipo de frases motivadoras -comentó alegre Jared-. Muchas escriben que soy alguien amigable y que las he ayudado en muchas cosas.
Tanya podía sentir cómo quería darle un tic en su ojo, justo como le pasaba a Noah cuando estaba nervioso. Siguió con sus ejercicios de respiración para no dejarse llevar por la ira. El solo hecho de pensar que él recibía cartas de muchas chicas la enojaba, la quemaba, la destrozaba. Pero debía fingir.
—Y tienen razón. Qué suerte conocerte, Jared -añadió Tanya con su voz tranquila. Estaba al borde del colapso.
—Es mi deber ayudarlas, ser presidente del consejo estudiantil no es tan fácil como pensé -confesó Jared, pasando su mano por su nuca en señal de que trataba de aliviar la tensión y el estrés que sentía por ese cargo.
“Eso no me lo habías contado por las cartas…”
Tanya soltó una exhalación, sintiendo un poco cómo la rabia se reducía a mera irritación. Ahora comprendía por qué estaba rodeado de chicas en todo momento. Pero no fue suficiente para liberarla de toda ira.
—Sueno como un tonto. Tú tienes más responsabilidades que yo. Y aquí estoy yo diciendo esas cosas. Perdóname -Su disculpa logró que la atención de Tanya se centrara en él de nuevo.
Tanya negó ligeramente con la cabeza, lo que alivió a Jared, en señal de que no había problema por sus palabras.
—El papel que asumes es muy importante. Estoy feliz de saber que eres presidente del consejo estudiantil. Ahora comprendo aún más por qué eres tan bueno dando consejos y escuchando a los demás.
Jared ocultó sus manos en los bolsillos de sus pantalones, su sonrisa seguía en su rostro y miró a los ojos de Tanya.
—Nadie me había dicho eso antes.
Y esas simples palabras lograron que el corazón de Tanya se acelerara velozmente. Ella fue la primera en decirle esas palabras. Y deseaba con todo su corazón que fuera la única.
Un silencio cómodo se instaló entre ellos. No hacían falta las palabras; de alguna manera, se entendían en algunos aspectos. Ambos compartían una gran responsabilidad: escuchar y ayudar a los demás. Tanya podía sentir cómo un vínculo se creaba entre los dos, un vínculo que iba más allá de los sentimientos. No sabía cómo explicarlo, pero podía sentirlo, y eso era más que necesario. El sentimiento de vacío que cargaba en su pecho desapareció cuando lo vio, y ahora, hasta había olvidado que existía.
—Noto que visitas más seguido el pueblo. Es más, creo que no te había visto desde el día en que te presentaron ante todo el pueblo -Las palabras de Jared la tomaron por sorpresa-. ¿No te estás ahogando en trabajo y estrés, verdad? -Tanya ladeó levemente su cabeza de un lado a otro y juntó sus manos para jugar suavemente con ellas.
“Está preguntando algo sobre mí. Le intereso, se preocupa por mí. ¡Wuju! Eso ya es un gran avance”, celebró Tanya internamente.
—Desde que mi madre había caído en silla de ruedas tuve que encargarme del pueblo. Ya sabes, ver el bienestar y muchas cosas más para mejorar al pueblo -mintió tan bien que Jared le creyó cuando asintió con su cabeza en señal de entendimiento; el negocio del narcotráfico era lo que la ahogaba-. Mi madre confió en mí para darme esta gran responsabilidad, y no pienso decepcionarla, aunque ya no esté más con nosotros.
—Comprendo -Se acercó un poco a ella-. Entonces debo asumir que no has escuchado sobre la leyenda del lago, porque no te asusta vivir cerca de este.
Esto llamó la atención de Tanya. Siempre estuvo tan ocupada en muchas cosas que jamás se dio tiempo de investigar acerca del pueblo.
—Tienes razón, no la conozco -aceptó Tanya, disfrutando del olor a hortensias que desprendía Jared-. Cuéntamela, por favor.
—La leyenda dice que en esta montaña, justo donde vives, está completamente cerca del lago Moonlight -comenzó a relatar con entusiasmo.
Tanya empezó a detallar el rostro de Jared. Tenía un lunar tan pequeño bajo su labio inferior que podía pasar desapercibido por los demás. Sus pestañas eran largas y voluminosas. Estaba poniéndole atención a lo que decía y, de paso, estaba apreciando su hermosa belleza encantadora que lograba hipnotizarla.
—El antiguo dueño que estaba creando esta mansión una noche quedó apreciando el lago bajo la luz de la luna llena. Y sus ojos notaron que algo había en el lago. Era más bien alguien, nadando en el lago a altas horas de la noche.
Tanya tomó nota de ese dato. El fundador de la mansión estaba en la leyenda. La mansión que ahora le pertenecía.
—El señor bajó de la montaña con dirección al lago, pero al acercarse ya no había nadie. Pero cuando se dio la vuelta, el fantasma del lago lo empujó al interior de este y lo ahogó hasta la muerte -concluyó la leyenda con un tono misterioso y terrorífico-. Se dice que aquel hombre ahora nada junto a aquel fantasma en el lago por haberla visto sin su permiso.
—Así que aquel fantasma lo ahogó en el lago porque la vio sin su permiso -resumió Tanya, asombrada.
—Desde entonces, cuando las personas van a nadar al lago, escuchan voces y ven siluetas, no importa si es de día o de noche. Algunos valientes se animan a ir al lago a altas horas de la noche para comprobar la existencia de este fantasma. Pero hasta la fecha, nadie ha regresado.
“¿Desaparecen? ¿Solo así? Qué misterioso…”, Tanya se preguntó.
— ¿Nadie? -preguntó Tanya, creando varias teorías acerca de la verdad de ese lago, o más bien, leyenda.
—Nadie -confirmó Jared-. Se dice que si nadas a la medianoche en el lago, verás al espíritu que hechizó el lago y te llevará con él para la eternidad.
—Interesante Tanya estaba curiosa por esa leyenda-. La leyenda es muy misteriosa e interesante.
—Lo es. Así que por favor, Tanya. Si ves a alguien nadando en el lago a medianoche, jamás bajes a comprobar -Su tono divertido y amigable fue suficiente para hacer sonreír a Tanya una vez más.
—Trataré de no hacerlo.
Jared y Tanya soltaron pequeñas risas. Pero estas se vieron interrumpidas cuando algo, o más bien alguien, se aferró al saco de Jared. Una niña pequeña con un vestido negro, medias negras, zapatos de charol negro y su cabello recogido en una trenza holandesa.
—Denia -mencionó Jared, sorprendido por la repentina aparición de su hermana menor.
La pequeña niña pasó de estar aferrada a su saco a ser abrazada en los brazos de su hermano mayor.
—Tanya, ella es mi hermana menor. Denia. Denia, saluda a Tanya -pidió amablemente Jared a su hermana, y la niña alzó su mano y la movió en forma de saludo, pero no habló.
“Sí, esta niña es más grande. No puede ser capaz de tener ese tamaño y tener solo tres años, es imposible”, pensó Tanya, extrañada.
—Qué linda es -mintió Tanya. Sería su cuñada, pero aún así le desagradaba que estuviera tan apegada a él.
—Señorita Tanya -llamó Noah, acercándose a ellos tres-. Ya pasaron treinta minutos y más familias han llegado.
“¡¿Ahora?! ¿En serio? Maldición, apenas intercambié unas palabras con él”, se lamentó Tanya en su pelea interno.
Y como si fuera una clase de hechizo, más y más familias llegaron hacia ella. A Tanya se le había olvidado por completo que no era un día cualquiera. Era el funeral de su supuesta madre. Jared, con su hermana en brazos, dio unos pasos atrás para dar espacio a la nueva familia que se acercaba a ella.
La familia Duvor… conformada por los padres, un hermano mayor y ella. La sanguijuela.
—Señorita Malka, lamentamos su gran pérdida -habló la sanguijuela, mirando de reojo a Jared, quien solo se incomodó por esto y dio unos pasos para alejarse.
“¿Qué demonios?”, pensó Tanya, confundida y molesta.
—Muchas gracias por llegar -comentó Tanya, ocultando su tono de decepción al ver cómo Jared ya no la miraba a ella, sino a la sanguijuela esa mientras se alejaba.
Tanya empezó a recibir los comentarios de ayuda de la familia Duvor, incluso aquel chico se acercó y le tocó el hombro levemente en señal de apoyo, logrando incomodar a Tanya. No era Jared. No era su toque. Así que le incomodaba demasiado.
—Discúlpenme -La sanguijuela se alejó, ignorando los leves regaños de su padre.
Tanya sabía adónde se dirigía. A los segundos, la vio hablando con Jared, quien aún tenía a su hermana a un lado. Denia solo alternaba la vista entre Jared y la sanguijuela. Pero Tanya no tuvo más tiempo para seguir observándolos al tener más familias a su alrededor que lograban bloquear su vista.
“Tsk, qué molestos”
El funeral terminó con una sensación agridulce. Estaba feliz y emocionada al tener más contacto con Jared, pero también estaba enojada por cómo Jared se fue con aquella chica Duvor entre pláticas. Esa chica sí que tenía agallas al hacer algo así frente a ella.
“A Jared no se le ve, ni se le habla, sin mi permiso.”
Ya era más de medianoche. Tanya se encontraba en un pasillo silencioso de la mansión, observando los ventanales hacia el bosque donde se podía apreciar aquel gran lago. Unos pasos inseguros y pesados se acercaron a ella. Supo de inmediato quién era y habló, con la cabeza en orden.
—Noah, quiero hacer algunos cambios.
Noah se quedó a unos pasos lejos de ella. Tenía la mirada perdida y sus ojos ya no estaban hinchados gracias al consejo de Tanya de ponerse hielo y descansar lo suficiente.
— ¿A qué tipo de cambios se refiere?
—Quiero remodelar algunas habitaciones y pasillos de la mansión -Noah dudó un poco, pero aceptó las órdenes de Tanya; ahora trabajaba para ella.
Tanya quería despejar su mente. Ahora ella era la única máxima autoridad en el negocio. Era la dueña del pueblo y la última con el apellido Malka. Así que ahora su mente estaría muy ocupada. Pero gracias a que iba a remodelar, tenía pretextos para ir al pueblo y verlo a él. Esto le sería de mucha ayuda; así podría vigilarlo de cerca y alejar a todas las chicas de su lado.
Jared
La madre de Jared no ha estado de buen ánimo desde el funeral de la alcaldesa Dalia. Él ha tratado de animarla haciendo todo lo que a ella le gusta, pero aun así no ha sonreído como siempre lo ha hecho. A su padre parece no afectarle de la misma manera que le afectó a su madre, pero ha estado trabajando hasta tarde. Incluso, hay veces en que no llega a dormir y Jared debe asumir el rol de hombre de la casa en su ausencia.
“No quiero sospechar de mi querido padre”, pensó Jared, el peso de la preocupación en su pecho.
Jared ha notado que cuando su padre se va a “trabajar”, siempre lleva una ropa normal de trabajo y, cuando llega al otro día, en las pocas veces que lo ha visto, trae una ropa completamente diferente. Jared ama a su padre; sospechar de él le quema y le hace sentir un pésimo hijo. Pero sería injusto para toda la familia, no solo para su madre, si su padre está haciendo lo que piensa que hace.
Hace unos días atrás, escuchó a su madre y padre discutir, ya que su padre tiene unas supuestas marcas en el cuerpo. Y justo la noche anterior, cuando regresó tarde de hacer su trabajo, su madre, quien le tenía la bañera lista para que él se bañara, ya que a veces viene con algo de tierra y hojas en el cuerpo y ropa, le notó una marca en el lado del pecho izquierdo.
“¿Qué haces cuando te vas a supuestamente trabajar, papá?”, la pregunta martilleaba en su mente.
—Jared, hijo -llamó su madre al comienzo de las escaleras del primer piso.
Jared en ese momento estaba en su habitación, sentado en su escritorio estudiando para los exámenes finales que se avecinaban. Pero en el momento en que escuchó la voz de su madre, dejó todo de lado y se levantó para ir hacia ella.
Jared salió de su habitación, que daba directamente a la escalera. Desde el segundo piso, la vio al pie de las escaleras; ella lo llamó con la mano y se fue por un pasillo de la casa. Jared solo suspiró, sabía lo que significaba esa señal. Bajó con disgusto las gradas, como si fuera un leve berrinche, y tomó el pasillo por donde se había ido su madre. El paso lo condujo a una hermosa cocina y a la vez comedor, donde tenían unas puertas de cristal que daban a su pequeño jardín donde crecían hortensias sin parar. Su madre estaba en la isla de la cocina. Se acercó a ella y la vio escribir algo en un papel.
—Por favor, ve y compra esto en el supermercado -le extendió la lista de compras y él la tomó leyendo su contenido.
“Lista de compras: Leche, un cuaderno, sogas, tijeras de jardín, bolsas de basura y ¿una sábana?”
— ¿Una sábana? -arqueó una ceja con diversión ante el último artículo de la lista.
—El frío está empeorando. Denia se quejó de frío otra vez, así que lo mejor es protegerla del frío para que no se enferme y la llevemos al hospital -respondió en un leve tono lastimero, algo que Jared no pasó por alto.
Su padre no estaba en casa porque estaba “trabajando”. Denia era muy apegada a él y a su madre, pero cuando ella dormía, su madre podía tomar un respiro de lo asfixiante que es la maternidad. Su madre notó cómo Jared se mostró algo decaído por el estado de ánimo de ella misma. Su madre posó su mano en su mejilla derecha y la acarició con ternura y suavidad.
—Ve, cuando regreses te tendré tu café listo para que sigas estudiando como el buen estudiante que eres -Jared asintió, disfrutando de la caricia de su madre. Tomó su mano entre las suyas, notándola fría.
Claro que sus manos iban a estar frías. Eran inicios de diciembre, el frío era infernal para algunas personas. Besó el dorso de su mano suavemente, ganándose una sonrisa de parte de su madre.
—Volveré rápido -anunció, soltando su mano suavemente y caminando hacia la salida de su hogar.
Mientras salía, pudo escuchar cómo su hermana menor bajaba las gradas adormilada y lo primero que hizo fue preguntar por su mamá, quien le habló desde la cocina. Jared siguió su camino por el pueblo. Algunos conversaban, aún vestidos de negro; el funeral había sido hace pocos días, pero el pueblo aún no se recuperaba de la despedida. Algunos locales permanecían cerrados, adornados con la moña negra, mientras que otros ya estaban abiertos, pero sin quitarla.
“Nadie se esperaba que muriera de repente, fue un golpe duro para todos”
La imagen de Tanya soltando esa lágrima llegó a su mente; un sentimiento de preocupación y dolor lo invadió. No le gustaba ver a mujeres llorar. Lo hacía sentir extraño. Una sensación de querer protegerla y ayudarla se instaló en su interior. “Está sola, sin apoyo, cuidando a varias personas de un pueblo. La ha de tener muy difícil.”
“¿Qué puedo hacer para animarla? ¿Visitarla? No, no creo que me dejen entrar sin una cita previa. ¿Regalarle algo? Eso sí es una buena opción. ¿Pero qué le puedo regalar?”, se preguntó, mientras su mente divagaba en ideas.
Se le ocurrieron varias cosas. Las cosas que más les gustan a las chicas son cosas lindas, suaves y con un buen aroma. Pero lo más importante es la intención con la que lo regalas o lo haces, si es que llegara a ser algo a mano. Rosas de origami, hacerle un peluche; para eso debería conseguir los botones, la tela y el algodón. O cartas de apoyo.
— ¡Jared! -una voz femenina muy familiar lo llamó, y rápidamente se tensó por completo. Volteó a ver al otro lado de la calle. Ahí estaba, Jessica.
La miró de nuevo. Ese cabello algo rubio que sobresalía de su gorro de lana para protegerse del frío, se lo había hecho él. Jared siguió su camino, ignorando que la había visto, pero Jessica cruzó la calle para estar a su lado.
—Hablemos -pidió, con la respiración algo agitada por correr al cruzarse la calle.
—No tenemos nada de qué hablar, ese día vi suficiente para saber que lo nuestro se acabó -habló firme, dándole a entender que no la escucharía o cambiaría de opinión.
—Jared -Jessica lo tomó del antebrazo, deteniéndolo-. Por favor, lo estás malinterpretando.
Jared frunció el ceño ante sus palabras; él lo había visto todo, cómo ella se dejaba manosear por el sub-presidente del consejo estudiantil. Eso no se podía justificar, para nada.
—No malinterpreto nada. Mira, no estoy enojado por el hecho de que lo vi en primera fila. Lo que me molesta es que no lo hablaste primero conmigo y rompiste la relación de una forma adecuada, pero tenías que engañarme -resopló quejumbroso.
Jessica hizo una mueca de disgusto ante las palabras de Jared, pero se quedó callada porque Jared tenía razón. Él se soltó de su agarre y siguió caminando con tranquilidad por la acera, mirando a lo lejos el supermercado abierto.
—Jared… le diré a todos ese secreto -amenazó ella y Jared se congeló.
“¿Qué ella qué?”, pensó Jared, estupefacto.
Jared se volteó y la miró molesto. Regrese sus pasos hacia ella y quedó frente a ella. Miró hacia abajo, ya que ella era un poco más baja que él. Jessica tenía una sonrisa arrogante en su rostro, algo que logró que Jared tensara la mandíbula.
—No te atreverías -mencionó, serio.
— ¿Quieres ponerme a prueba? -Jared se quedó callado, pero no despegó su mirada de ella-. Le diré todo, desde lo de…
Jared puso su mano en la boca de ella para callarla y evitar que hablara. Pudo sentir cómo en su mano, contra la boca de ella, se fue formando una sonrisa. Lo tenía acorralado.
— ¿Qué quieres para quedarte callada?
—A ti -respondió ella rápidamente-. Vuelve conmigo y estaré callada.
Jared lo pensó dos veces antes de darle una respuesta. Lo sabía, ella lo sabía todo. Si tan solo no hubiera llegado ese día, no tendría con qué chantajearlo ahora mismo. Pero no se puede regresar en el tiempo, así que asintió con la cabeza.
—Bien, regresaré contigo, pero que quede claro que fue en contra de mi voluntad -aclaró rápidamente, logrando borrar la sonrisa de Jessica. Él alejó su mano de su boca y la limpió contra su suéter, sintiendo asco.
—Está bien, eso es suficiente para mí -afirmó Jessica, sonriendo de nuevo.
Jessica se acercó a Jared y acercó sus brazos a su cuello, rodeándolo y acercando sus labios suaves y finos a su mejilla, algo fría por la estación del año en la que se encontraban. Ella le mostró su sonrisa, esperando que Jared hiciera lo mismo, pero al no recibir nada de él, se alejó algo ceñuda.
—Te veo en clases -Y dicho esto, se alejó por donde vino.
“Genial, un problema con el cual lidiar”, pensó Jared, su buen humor desvaneciéndose.
Jared siguió su camino malhumorado, tomó una carretilla y recorrió los pasillos, tomando las cosas de la lista. Pero cuando llegó al área de hogar para tomar una sábana, se topó con dos rostros familiares.
— ¿Tanya? -pronunció incrédulo.
Tanya volteó su rostro hacia él y logró observar cómo sus ojos mostraban aquel brillo encantador que solo mostraba con él. El hombre algo mayor al que llamó Noah le dijo que podía adelantarse con las compras necesarias, y este se fue por otro pasillo. Se le veía algo demacrado, se veía algo mejor desde el funeral, pero no era mucho progreso.
— ¿Qué haces aquí, Jared? -Su dulce voz logró que el mal humor que Jessica había dejado se fuera de él.
—Lo mismo que tú, de compras -respondió con un leve tono burlón.
Jared disfrutó cómo las mejillas de Tanya tomaban ese tono rojizo que solo él lograba crear en ella. Le gustaba el efecto que tenía en ella. Tanya se aclaró la garganta, claramente nerviosa, y miró otra sección del área, fingiendo ver con interés algo.
—S-Sí, desde que mi madre ya no está… decidí arreglar algunas cosas en la mansión -mencionó Tanya, mirando de reojo a Jared.
Él dejó su carrito de compras a un lado y se acercó a Tanya; por alguna razón, quería molestarla un poco más.
— ¿En serio? ¿Y qué piensas arreglar? -Jared tomó unas sábanas que estaban a su lado y empezó a buscar el color favorito de su hermana menor, el morado.
—Algunas habitaciones y el comedor. Además de mi oficina -señaló Tanya, mirando de reojo el carrito de compras de Jared-. ¿Una tijera de jardín?
Jared miró con diversión a Tanya mientras tomaba la sábana morada en sus manos.
—Sí, hay malas hierbas en el jardín que están afectando las hortensias de mi jardín -murmuró suavemente y dejó la sábana en el carrito de compras. Le dio toda su atención a Tanya.
—Te gusta mucho la jardinería, no me sorprendería si terminas con una jungla en tu casa-Brome ella con un toque de diversión
—Debo admitirlo, es un buen pasatiempo. Ya ansió ver una jungla en mi casa -confesó Jared, siguiéndole la broma mientras se cruzaba de brazos y observaba a detalle a Tanya.
“Linda… es muy linda”, pensó Jared.
—En ese caso, debería contratarte como mi jardinero –siguió bromeando Tanya.
—Estaré más que encantado de ayudarte -Jared se acercó a ella y con su mano izquierda, removió un mechón de su cabello para ponerlo detrás de su oreja, logrando observar mejor las hermosas pecas que tenía en su rostro.
Jared notó cómo la respiración de Tanya se agitó ante su acción y cómo sus orejas se ponían algo rojas. Miró las pupilas algo dilatadas de ella. Le agradaba hablar con ella; parecía que estaba superando la muerte de su madre, si no es que ya lo había hecho.
“Es alguien fuerte, digna de admirar”, pensó Jared.
—Puedes visitarme -soltó Tanya, haciendo contacto visual con Jared, mientras este alejaba su mano de ella y ocultaba sus manos en los bolsillos de su suéter.
“Cielos… no resistí el impulso de tocarla, debo ser cuidadoso, no quiero incomodarla” pensó Jared casi arrepintiéndose de sus acciones
— ¿Puedo? No lo sé, no quiero distraerte, además que necesito cita previa para visitarte en la mansión.
—Eso no hace falta -señaló ella, cruzándose de brazos-. Les diré a todos en la mansión que te dejen entrar con o sin cita, no importa la hora o día.
Jared se sorprendió por las palabras de Tanya. “¿En serio haría eso por él?”
—Qué amable de tu parte, Tanya. En ese caso, espera mi llegada y veré cómo está tu jardín -añadió con un tono bromista-. Mis habilidades son un gran don, puedo con lo que sea.
Noto como Tanya abría un poco sus ojos ante sus palabras que fácilmente podían malentenderse ¿O ese era el objetivo?
—Es un caos -Tanya le siguió la broma-. Necesitarás más de un día para arreglarlo por completo.
—Ejem, ¿Señorita? -se escuchó una voz algo mayor detrás de ellos.
Ambos voltearon a ver quién era; era su mayordomo, con la carreta algo más llena con la que lo había visto antes. Tanya frunció el ceño, tal vez inconforme con su aparición.
—Ya tenemos todo -anunció el hombre mayor, mirando de reojo a Jared, quien solo le dio una sonrisa algo nerviosa.
“¿Por qué me mira como si fuera una mala persona? ¿Acaso hice algo mal?”
El hombre mayor pasó a un lado de ellos, no sin antes lanzarle otra mirada acusadora y de desconfianza hacia Jared, quien solo se quedó confundido por cómo lo vio.
—Creo que este es el adiós -llamó su atención Tanya-. Te veo otro día, Jared.
—Claro, te veré otro día, Tanya -le respondió amablemente y dedicándole una sonrisa amigable.
Tanya se quedó unos segundos viéndolo para luego caminar hacia el final del pasillo. Pero el cuerpo de Jared se movió solo, la tomó del antebrazo y la atrajo hacia él. Jared sintió el olor de Tanya, un suave y agradable aroma a libros y a ¿Rosas? Tanya se había quedado congelada sin entender el comportamiento de Jared. Él deslizó su mano desde el antebrazo de ella hacia su mano, y rozó sus labios por su frente, dejándole un casto beso en esta.
—Espero verte pronto -se despidió, soltando suavemente su mano y tomando su carrito de compras para irse primero, dejando a una Tanya colorada y confundida en ese pasillo.
“Eres hermosa, Tanya…”, pensó Jared.
Jared caminó con el carrito de compras a la caja, donde el mayordomo de Tanya lo esperaba pacientemente. Y de nuevo, cuando lo vio, otra mirada de desconfianza y advertencia fue lanzada hacia él, quien solo le devolvió una mirada confundida por su actitud. Jared pagó las compras, tomó las bolsas y salió del supermercado para ir directo a su casa.
Al llegar, notó que su hermana y madre estaban en la sala mirando televisión; las caricaturas favoritas de su hermana. Su madre, al notar su presencia, se levantó, dejando a Denia en el sillón. Le ayudó tomando una bolsa y caminaron hacia el comedor, donde dejaron las bolsas y sacaron cada cosa.
—Gracias, Jared, sabes que Denia no puede quedarse sola mucho tiempo.
—Está bien, mamá, entiendo.
—Ten -su madre dio unos pasos hacia la derecha y llegó a la cocina, donde tomó una taza humeante y se la ofreció a Jared.
“Café, huele delicioso”, pensó.
—Gracias, mamá -le agradeció, tomando la taza en sus manos, que las calentó de inmediato y dio un trago.
La bebida lo calentó; no se había dado cuenta de que venía algo helado por salir a hacer unas pocas compras. Pero el café le ayudó. Caminó por el pasillo hasta llegar a las escaleras y, cuando estaba a punto de subir, alguien lo detuvo tomándolo del suéter. Supo quién era.
— ¿Qué pasa, Denia? -le preguntó, posando una de sus manos en su cabello y alborotándoselo con cariño.
—Quédate -le pidió con su voz chillona de niña pequeña.
Jared se lo pensó un poco; debía estudiar, pero honestamente no quería seguir. Vio que su madre regresó al sillón con la sábana nueva para Denia, y decidió acceder. Ambos caminaron hacia la sala y se sentaron en el sillón.
—Te atrapó -sonó más a una afirmación que a una pregunta de parte de su madre, con un toque de diversión.
—No puedo decirle no a mi hermana -fue su única respuesta.
Los tres se sentaron en el sillón. La madre, con ayuda de la sábana, los tapó a los tres para evitar sentir frío. Y ahí se quedaron los tres, mirando caricaturas, compartiendo tiempo en familia. Pero la mente de Jared regresó a las reacciones de Tanya. Y se dio cuenta de que disfrutaba molestarla y tener ese tipo de reacciones solo con ella… O más si son posibles…
“No sé por qué la besé, fue un impulso, pero lo disfruté… espero que se vuelva a repetir”, pensó Jared, una sonrisa fugaz en sus labios.
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