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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 15

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Capítulo 15: Emboscada pt1

“Dicen que el amor es ciego, pero a veces también es emboscador. ¡Cuidado con tropezar con el amor de tu vida! “

–Libe Gloze

Tanya

La paciencia es una virtud, pero Tanya no era nada paciente. La curiosidad mató al gato, pero la curiosidad de Tanya no se podía apagar con simples palabras. Y quien mucho espera, poco acierta; la pobre Tanya no estaba soportando muy bien sus nuevos pensamientos.

Después del exitoso plan de aquella cena nocturna con sus “nuevos amigos”, no había tenido muchos problemas… o eso era lo que pensaba. Su mente estaba más de un lado que del otro. Hace una semana, unos campistas encontraron el cuerpo de una mujer desconocida en estado de descomposición cerca del lago Moonlight, un lugar muy cercano al pueblo y, por ende, a su mansión. Las personas del pueblo se sentían inseguras e inquietas, evitando ir a lugares solos y oscuros.

Tanya tuvo que tomar cartas en el asunto, contratando guardias y agrandando la comisaría de su pueblo. Estas personas comenzaron a hacer turnos, vigilando las calles después de que el sol se ocultaba. Y, gracias a estas noticias, Jared le confirmó a Tanya que ya no sería posible visitarla como antes. Algo que la destruyó. No se esperaba que la dejara así, como si nada; que le importara más su familia que ella.

“Todo gracias a ese maldito asesino desconocido… Te encontraré y te haré pagar por todo esto, lo juro.”

Pero por más que buscaran pistas o algún indicio que los llevara a sospechosos, no había nada. La teoría era que, posiblemente, el asesino o asesina era alguien de fuera del pueblo; tal vez por eso las víctimas eran extranjeras. Gracias a la luna, aún no había habido víctimas del pueblo, y eso era lo que Tanya debía evitar. Sin embargo, el personal que había puesto a cuidar el pueblo, más específicamente a Jared (porque también se preocupaba por él; era atractivo y tal vez podía ser el objetivo de este asesino desconocido), le contó que una chica de cabello rubio visitaba la casa de Jared y parecían muy… cercanos.

“¿Acaso Jared volvió con esa sanguijuela? ¿Me dejó por ella? ¿Así de fácil de reemplazar soy?”

Tanya se sentía levemente devastada por estos pensamientos. Pensó que algo especial estaba creciendo entre ella y Jared. ¿Los roces físicos, las pláticas agradables y los momentos que pasaron juntos en el jardín, no habían significado nada? Ella solo pensaba en Jared, en lo bien que se veía con la ropa que había comprado en la tienda que ella construyó especialmente para él, en lo cariñoso que era con su familia.

“Yo también deseo eso…”

Noah le había dicho que pusieran cámaras de seguridad en el pueblo, ya que tener a los pobres policías y al personal vigilando un pueblo que se iba extendiendo poco a poco era un trabajo agotador. Así que habían conseguido estas cámaras de seguridad, y cuando las probó, el pueblo se veía algo borroso, pero era algo. Debía mantener a su pueblo seguro, algo que las personas apreciaron y la adoraron aún más. Se estaba ganando la confianza y el apoyo del pueblo en cuestión de días, y esto iba en aumento, como los últimos cinco años.

Pero en ocasiones especiales, ella vigilaba las cámaras cuando aparecía Jared. No importaba si estaba en la esquina, enfrente, al fondo, o si simplemente se veían un poco de su ropa o mechones de su cabello. Tanya no podía parar de pensar en que sus ojos eran bendecidos por poder verlo día a día sin necesidad de ir al pueblo. Lo extrañaba y no podía negarlo.

Y a veces, cuando no soportaba su ausencia, iba disfrazada al pueblo para que nadie la notara, y vaya que lo lograba cada vez que iba. Nadie le prestaba atención, ya que era diciembre y casi todos estaban cubiertos de pies a cabeza. Era como si fuera invisible, algo que agradeció completamente cuando tomó las fotos a escondidas de todos. Noah le había reclamado y regañado cuando la descubrió, gracias al personal que vigilaba el pueblo de vez en cuando y gracias a las cámaras. Pero en las noches más oscuras y frías, cuando Tanya estaba repleta de estrés y ahogada en papeleo asfixiante, o en sus noches de insomnio, ella abría su cajón “de la esperanza”, como decidió nombrarlo, donde guardaba las cosas que había recolectado de Jared como sus cartas que ya no le mandaba seguido si no mensual, si es que tenia suerte, y ahora había fotos de él, claro, sin que él las notara. Apenas podía contener sus impulsos de verlo.

Así que, para saciar temporalmente su impulso, Tanya se escapaba por las noches, asegurándose de que nadie la viera, para ir a la casa de Jared. Trepaba el árbol junto a su ventana y lo observaba dormir. Aunque hacía un frío infernal, valía la pena solo por verlo unos segundos. Jared mantenía su ventana cerrada por el frío, dejando a Tanya sin oportunidad de entrar. Pero cuando lo veía mal tapado por sus sábanas, usaba su poder para arroparlo correctamente y protegerlo del frío. Ella juraba que podía escuchar su respiración tranquila cuando llegaba al lado de su ventana, y verlo dormir tan plácidamente la calmaba.

“Está bien, está a salvo. ¿Soñará conmigo? Espero que así sea, porque yo sí sueño contigo en todo momento. Jared, ¿qué me hiciste para tenerme de esta manera?”

Tanya también aprovechaba para ver por otras ventanas el interior de su casa, pero le sorprendió cómo algunas noches su padre llegaba de trabajar a altas horas de la noche o de madrugada. Nunca había corrido el riesgo de ser descubierta, pero fue un detalle que no pasó por alto.

Además de estar en el jardín de Jared, al verlo, recordaba vívidamente cómo él la sostuvo en sus brazos cuando fue el funeral de su fallecida madre. Sus mejillas se calentaban, su corazón se alteraba, su respiración se entrecortaba y la fuerza en su cuerpo la abandonaba al recordar ese día. O como cuando la sostuvo cerca de ella en el supermercado, o las veces que topaban sus manos y hombros cuando ella arreglaba su jardín de la mansión. Esas sensaciones serían eternas en su mente y cuerpo. Pero sabía que debía esperar. Solo un poco más. Debía estar segura de que todos sus planes habían salido a la perfección y que no habría más problemas futuros.

“Debo cuidar que esos idiotas no me traicionen y atrapar a ese loco asesino suelto. Y acabar con tu familia… o secuestrarte para tenerte en la mansión para siempre.”

Había veces en que su mente se debatía entre solo ir a la casa de él y contarle cómo se sentía al verlo y recordarlo. Pero la otra parte de su mente seguía preguntándose por qué se sentía así con él y solo con él. ¿Cuál era el detonante? ¿Por qué solo con él? ¿Por qué? Esas preguntas le robaban el sueño algunas noches, y algunas mañanas como ahora. Pero sabía que había pasado desde que lo conoció por primera vez, en aquel río. “¿Será el destino?”

Su mente jamás estaría en paz. Así que en ese momento, Tanya disfrutaba de su delicioso desayuno en el gran comedor vacío. Algunas empleadas merodeaban cerca de las paredes, atentas a sus necesidades. Y también, Noah, a su lado. Masticaba lentamente el huevo tibio que tenía frente a ella, saboreando cada bocado. Pero algo la molestaba: el tic nervioso de Noah. Ya lo tenía estudiado por completo. Esa misma mañana se había tomado cuatro tazas de su té para calmar los nervios, lo sabía porque el olor a té había sido demasiado fuerte, llegando hasta su habitación. Y ahora había desarrollado otro tic nervioso: apretar sus dos manos juntas frente a él, haciendo un ligero ruido con sus guantes blancos. Decir que Tanya era sensible al ruido no era del todo cierto. Pero podía jurar que en el gran silencio del comedor, se podían escuchar dos cosas: ella masticando suavemente su desayuno y el roce de los guantes blancos de Noah cuando los apretaba.

Sabía por qué Noah no le decía todo de una vez. No era una cuestión de confianza; era de miedo. Noah sentía miedo de ella algunas veces, cuando algo había pasado y no sabía cómo reaccionaría. Ya no la miraba como a una niña que crió por algunos años. La veía como una villana cruel y despiadada a la que había que temerle cuando no se sabía cómo reaccionaría ante algo. Esto había empezado desde la muerte de Dalia y se solidificó en la cena con los demás narcotraficantes. En el fondo, Tanya sabía que Noah conocía la verdad detrás del accidente de Dalia, pero que, al no querer aceptarlo, se había convencido de que la empleada fue la culpable. Pero eso no le importaba. Si le tenía miedo, le daba igual. Si él sospechaba sobre la muerte de Dalia, le daba igual. Siempre y cuando él no se metiera con sus temas personales. En este caso, con Jared.

Tanya dejó sus cubiertos a un lado, dejando su desayuno a medias. Tomó una servilleta y limpió delicadamente su boca, quitando algunos restos de comida.

— ¿Tienes algo que decir, Noah? -Tanya se volteó a verlo, ofreciéndole una mirada tranquila, brindándole seguridad.

—Sí, es decir, no… bueno, es solo una preocupación.

— ¿Una preocupación sobre qué tema? -preguntó de nuevo, volviendo su vista a su desayuno y prosiguiendo a seguir llenando su estómago.

—Sobre los negociantes. Sé muy bien que no se tomarán nada bien todo esto. Solo es cuestión de tiempo que empiecen a atentar en contra de su vida.

Tanya bufó divertida ante las palabras de Noah; parecía un padre preocupado porque su hija había hecho algo malo y esperaba las consecuencias.

— ¿Y tú sabes por qué no se han rebelado aún?

Noah abrió la boca, pero la cerró al instante, temeroso de decir la respuesta. Tanya lo miró de reojo por su silencio.

—A ellos no les importa mi negocio, solo querían algo extra de las millonadas que ganan día a día. Les importa el dinero, y siempre y cuando ellos salgan ganando algo, no les importan los demás -respondió Tanya a su propia pregunta-. ¿Qué les interesa a ellos una chica que creen que usa magia negra?

Noah asintió, estando de acuerdo con la respuesta. Él había pensado lo mismo por unos momentos, pero no le quitaba la preocupación. De igual forma, trató de relajarse, exhalando e inhalando lentamente.

—Se llegarán a revelar si hay bajas en algún momento y si eso llega a afectarles; es en ese momento donde empezarán a mover sus fichas. Pero lo he tenido bajo control. Así que ya no te preocupes por ese tema. No pasará nada estando yo al mando en todo.

—Aun así, señorita, de esos seis hombres, solo tres me preocupan demasiado, y uno de esos tres es el más probable a atentar en contra suya -siguió hablando Noah, ahora sin nerviosismo y con completa seguridad.

—Ashkenazi —mencionó Tanya con rencor.

“Nunca me olvidaré de sus palabras. Jamás.”

—Lo humilló -Tanya sonrió orgullosa-. No sonría, esto es serio.

—Le di una cucharada de su propia medicina, Noah. Debe comprender que él no es el único que sabe jugar bien sus cartas.

—Tratará de vengarse ante la humillación que le hizo pasar. No se quedará quieto -advirtió Noah, caminando hacia uno de los ventanales abiertos.

—Lo esperaré para dar lucha -contestó Tanya, mirándolo de reojo-. No me quedaré quieta esperando su siguiente movimiento. Y no me congelaré ante sus amenazas, soy fuerte. Más que todos.

—Espero que tenga razón en lo que dice, señorita.

—La tengo -aseguró Tanya, su voz llena de convicción.

—Que Dios los ampare en ese caso.

Tanya sonrió ante sus palabras. Noah no dudaba de ella, o eso creía al menos. Si ella hubiera aceptado el estúpido contrato que le ofrecieron esa noche, ¿qué le hubiera asegurado que no sería asesinada?

—Los tengo en la palma de mi mano.

—Fue inteligente al rechazar su contrato, de igual forma si lo hubiera considerado unos segundos. Hubiera roto ese contrato en mil pedazos.

— ¿Estabas preocupado?

—Demasiado. Pero… estoy orgulloso de que manejara la situación con calma y no los asesinara en ese mismo instante.

—Estuve a segundos de hacerlo -Tanya devolvió su vista a lo último de su desayuno-. Pero los necesito vivos.

Noah caminó de nuevo hacia ella y la ayudó a levantarse de la silla, moviéndola ligeramente hacia atrás al verla terminar su desayuno.

—Prepárate, Noah, saldremos -anunció Tanya.

— ¿A dónde?

—Daremos un pequeño paseo -Tanya caminó hacia su habitación para arreglarse; quería verse bien para Jared-. Además, ordena que preparen una habitación de invitados.

Noah se quedó confundido por la orden y, con total seguridad y cero miedos, habló detrás de Tanya.

—Esa habitación, ¿Es para aquel muchacho que siempre ve y que llegó a estar aquí? -Noah preguntó, su voz inusualmente directa. Tanya se detuvo en seco, sus ojos se abrieron de par en par-. ¿Al joven Hagen?

La mente de Tanya generó varias respuestas para esta situación, pero mientras las organizaba una por una, no encontró ninguna que no insinuara el hecho de observarlo y de robar algunas de sus cosas mientras él estaba fuera de su casa. Noah, al notar el silencio de Tanya, se tornó serio.

—No crea que no sé lo que hace en las noches, señorita -soltó, su tono grave y con un deje de amenaza.

Tanya frunció el ceño ante su comentario.

—Me has estado vigilando, ¿cierto?

—No crea que no noto cuando sale de la mansión a altas horas de la noche y se dirige a la casa de ese muchacho -Tanya apretó las manos en puños ante las palabras de Noah.

No le molestaba haber sido descubierta; sabía que en algún momento sucedería. Lo que le irritaba era que Noah ya supiera quién era la persona que le robaba el sueño algunas noches. Noah ya sabía que Jared era un punto vulnerable para ella.

—Se llama Jared, no muchacho -corrigió Tanya, su voz tensa.

—Está bien, se llama Jared. Pero creo que él no es el indicado para usted.

La humilde opinión de Noah hizo enojar a Tanya. ¿Por qué se entrometía en ese tema? Era algo privado; la última palabra la tenía ella y solo ella. Nadie podía decirle a quién escoger y a quién no.

—Esa ya es mi decisión, Noah -la voz de Tanya era amenazante, el ambiente tan tenso que se podía cortar con una simple regla sin filo.

—Lo entiendo. Pero tenga cuidado con lo que hace. Él es del pueblo, y si se llega a enterar de la verdad, no solo lo perderá a él, sino a todo el pueblo. Es un precio alto por un simple muchacho, perdone, es un precio alto por Jared. ¿Piensa correr ese riesgo por él?

—Lo que siento por él es como una llama que consume todo a su paso. Si me pides que incendie todo el mundo por él, lo haré. Ningún precio será demasiado alto para tenerlo a mi lado y poseerlo eternamente, Noah -Tanya pronunció, sus palabras profundas y cargadas de una intensidad que sorprendió al nombrado.

—Tanya…

—Haría cualquier cosa por él, Noah. No importa si me pides que renuncie a todo. Ni tú, ni nadie que se interponga en mi camino para tenerlo me hará dudar de mis acciones. Renunciaré a todo si es lo que tengo que hacer para tenerlo a mi lado. Me desharé de cualquiera que se interponga entre mi camino para tenerlo y yo. Vendería mi alma por él, aunque sea lo último que haga.

Noah se dio cuenta de que esto no era amor. Incluso Tanya lo sabía, lo comprendía y lo aceptaba. Lo quería a él. Lo necesitaba a él. Lo elegía a él sobre todas las cosas. No se imaginaba seguir viviendo si él no estaba cerca de ella. Tanya ya había cruzado el límite de esta obsesión enfermiza. Había mentido por él. Había cruzado medio maldito país por él. Había asesinado por él. Había tomado un maldito negocio de tráfico de drogas por él. Arregló un pueblo de mierda por él. Estaba más que dispuesta a hacer más cosas por él si era necesario. Su mente solo pensaba en él. Incluso un plan completamente bizarro había cruzado por su mente una y mil veces, y se había negado esas una y mil veces. Porque ese plan también podría lastimar a Jared en muchos sentidos. No había querido ponerlo en marcha por ese detalle. Pero no detendría esta obsesión por él solo porque Noah se lo advirtiera. No se detendría aun si Jared llegara a enterarse de todo, del negocio y del riesgo de que su vida terminara. Incluso si Jared llegara a odiarla, ella lo encerraría y lo tendría solo para ella. No comprendía por qué estaba dispuesta a todo eso. Pero le valía una mierda.

“Lo quiero por sobre todas las cosas…”

—Está bien, esperemos que el joven Jared jamás se entere de todo esto. Por el bien de todos -Noah aceptó la realidad, derrotado. Aunque la advirtiera o la amenazara con algo, él sabía muy bien que el que terminaría perdiendo muchas cosas sería él.

Una interferencia de algo llamó la atención de los dos. Provenía del otro pasillo, justo de la oficina de Tanya. Ambos caminaron hacia ese lugar. Noah metió su mano en el interior de su saco y sacó un arma lista para usar. Pero Tanya levantó una mano en señal de que la guardara y abrió las puertas de su oficina, encontrándola vacía, pero el sonido continuaba.

— ¿Qué es ese sonido? -preguntó Noah, su voz teñida de extrañeza.

—Hay movimiento de alguien -informó Tanya, caminando hacia su oficina entrando y yendo directa una estantería. Removió unas cubiertas de libros falsos, dejando a la vista un walkie-talkie.

— ¿Un walkie-talkie? -Noah guardó su arma, sorprendido por el artefacto; no recordaba haberlo pedido-. ¿De dónde los sacó?

—Los “Búhos” me dijeron que necesitaba uno. Dijeron que era mejor que un teléfono, así no podrían rastrearlo.

Tanya lo tomó y configuró la frecuencia. Una voz masculina grave salió del artefacto.

—Malka, movimientos sospechosos -la voz del hombre habló con total confianza, sin miedo a Tanya, algo que ella respetaba.

—Especifique las cosas, lo quiero tal y como lo dije en el contrato junto con los demás Búhos -ordenó Tanya, sentándose en su silla de escritorio.

Noah comprendió que se trataba de los Búhos, personas que vigilaban a alguien cada segundo, informando de cada movimiento. Supo que había ordenado traer a uno o dos Búhos, pero no supo a quién había mandado a vigilar. “¿Era a ese muchacho Hagen? ¿A él lo mandó a vigilar?”

—Tan cariñosa -bromeó el hombre, y su risa grave resonó del artefacto-. Solo hay malos informes por el momento.

—Habla -ordenó Tanya, su voz impaciente.

—Tu amigo Ashkenazi no ha estado tranquilo desde hace dos días -informó el Búho-. Ha estado saliendo mucho de su gran mansión, además que no he visto a su primer hijo los últimos días. Y lo más triste es que ya no trae a sus “chicas” por las noches. Es una lástima, era un show casi digno de ver por las noches -rió nuevamente por su propio comentario.

— ¿Has entrado a su casa? -preguntó Tanya, ignorando su último comentario, su atención centrada en la información crucial.

—Negativo, parece una cárcel de máxima seguridad. La seguridad aumenta con cada noche. Ha estado muy paranoico. ¿Qué demonios le hiciste para que se comporte de esta manera?

—Esa información es clasificada -regañó Tanya, molesta. Había acordado con él y los otros cinco Búhos que no pidieran información innecesaria-. ¿Qué más has notado?

—Desde el ángulo en que estoy me puedo morir de frío y posiblemente por la caída tan alta, gracias por preguntar cómo conseguí la información. Pero gracias a mis hermosos binoculares he estado observando que ha estado haciendo algunas llamadas. Además, Búho Tres me ha dicho que su objetivo ha recibido algunas llamadas, las horas coinciden.

—Stern -Tanya ató cabos rápidamente-. ¿Por qué Búho Tres no me ha avisado de esos movimientos? -El tono de Tanya demostraba su descontento.

—Chica, soy el Búho Número Uno, el líder de todos. Cada movimiento pasa por mí primero. Y pensé que eso no sería de gran importancia. Búho Tres dice que no hay mucho movimiento con su objetivo.

—Me da igual quien seas. De ahora en adelante, diles a todos los Búhos que cualquier movimiento de sus objetivos se me haga saber de inmediato, no importa la hora.

—Entendido -el tono de voz del hombre era divertido; le agradaba la actitud de Tanya.

—Dime la ubicación exacta.

—El sur de Hidetown, casi en la frontera con The Land of Sun.

“El mismo lugar donde se han visto la mayoría de casos de cadáveres encontrados… ¿Será una coincidencia?”

—Bien, sigue atento a tu trabajo.

— ¿Ni siquiera un elogio? -reprochó juguetonamente el hombre.

—Sigue con tu trabajo -ordenó Tanya sin diversión en su voz.

—Una chica fría, y yo que ya me puse caliente -bromeó el hombre.

Tanya negó con la cabeza, cansada por el humor retorcido de aquel hombre. La risa grave del Búho siguió resonando desde el walkie-talkie. Noah la miró orgulloso de sus acciones. A él no se le había ocurrido vigilarlos, un punto a favor para Tanya y su astucia. Ahora comprendía la confianza de hacía unos minutos.

—Escucha bien, ven a la mansión. Tu pago te estará esperando -señaló Tanya, mirando a Noah. Él comprendió al instante que sería el encargado de pagarle al Búho.

—Un gusto trabajar bajo su mando, lindura.

Noah ahogó una pequeña risa. El pobre hombre estaba rozando el límite de la paciencia de Tanya.

—Ten cuidado, Búho Uno. Puedo parecer una lindura, pero puedo hacerte ver y conocer el mismo infierno si quisiera.

Tanya provocó una risa ronca del hombre.

—Así me gustan, rudas y dominantes.

Tanya cortó la comunicación del walkie-talkie, apagándolo de golpe.

—Debo decir que estoy impresionado -confesó Noah con sinceridad-. No se me había ocurrido vigilarlos con un Búho con anterioridad.

Tanya sonrió ante el halago de Noah. Se levantó de su silla y guardó el walkie-talkie en el mismo lugar, ocultándolo con las cubiertas falsas de libros. Pero segundos después, su sonrisa se borró.

—El paseo se cancela. Ahora debemos ir al sur de Hidetown. Nos iremos al anochecer, así no habrá tantas personas en el pueblo para vernos salir.

“No podré verte hoy, Jared, perdona.”

Noah se sorprendió nuevamente por la decisión de Tanya.

—Eso es un suicidio. Escuchó el informe del Búho. Esa mansión parece una cárcel de máxima seguridad. Ir a ese lugar nos asegura una muerte. ¿Qué planea hacer al ir a ese lugar? ¿Charlar cómodamente con él? ¿Amenazarlo aún más?

Tanya sonrió aún más ante sus preguntas.

— ¿Leíste el contrato que los hice firmar? -preguntó Tanya, mirándolo atentamente.

Noah asintió rápidamente, llevó una de sus manos a la nuca y la rascó levemente, a punto de decir algo.

—Sí, los leí, señorita. Pero me di cuenta de que había un error en el contrato. De acuerdo con sus órdenes, no debo decirle nada al momento de hacer contratos, así que no mencioné nada acerca de ese error.

Tanya le lanzó una mirada desaprobatoria ante la palabra “error”. Ella jamás cometía errores, y mucho menos en contratos. Abrió el cajón de papeles importantes en su escritorio y comenzó a buscar uno de los contratos.

—Recítame el error que notaste en mi contrato -pidió Tanya. Noah soltó un suspiro corto, pero acató la petición.

—Repitió una condición dos veces. Condición número catorce y quince, son las mismas.

Tanya sacó la hoja que quería y se la tendió de nuevo a Noah, quien la tomó y fijó sus ojos en esas condiciones.

—Tu vista está empezando a fallar, Noah. Tendré que comprarte un par de lentes para que notes la diferencia de esas dos condiciones.

Noah miró de nuevo aquellos dos puntos, leyendo detenidamente. Había unasegunda línea en letra pequeña.

En ese contrato había varias condiciones que respetar. El punto catorce decía: “Todos los miembros se comprometen a mantener la lealtad absoluta hacia el líder y la familia.” Y el punto quince decía exactamente lo mismo: “Todos los miembros se comprometen a mantener la lealtad absoluta hacia el líder y la familia”, con la diferencia de que debajo de esa misma línea había otra que pasaba desapercibida al tener una letra diminuta, fácil de pasar por alto. Pero la línea extra y casi imperceptible decía: “a menos que se vea amenazada la seguridad personal de alguno de los miembros con algún mínimo movimiento o acción sospechosa, en cuyo caso cada uno actuará por su propio interés.”

Noah, al terminar de leer esa línea casi invisible, miró asombrado a Tanya, quien ensanchó aún más su sonrisa. Noah había caído en la misma trampa que aquellos hombres que no habían leído el contrato, ya que temían por sus vidas y lo único que querían era escapar.

—Yo les recité el punto uno al catorce y del dieciséis al dieciocho, saltándome el punto quince a propósito. Quería verificar si alguno de ellos leyó el contrato con detenimiento, pero me doy cuenta de que logré engañarte hasta a ti. Significa que ellos cayeron directo a la trampa.

—Y-Yo pensé -Noah tartamudeó, aún en estado de shock, procesando que acababa de dudar de Tanya otra vez y que, incluso él, no se había dado cuenta de este truco.

—Ashkenazi ha roto el acuerdo quince; ha estado actuando de manera sospechosa, e incluso tú me has dicho que él sería el primero en poder rebelarse en mi contra. No hay más razones para acatar el punto número diecinueve -Noah miró el contrato de nuevo, sus ojos fijos en la letra.

—”En caso de que el acuerdo quince sea violado, todos los bienes, activos y propiedades, tanto tangibles como intangibles, pasarán a ser propiedad exclusiva de Tanya Malka. Esta disposición es irrevocable y no admite negociación” -recitó Noah, el asombro evidente en su voz.

—Exacto, así que es hora de tomar nuestros nuevos bienes, activos y propiedades -la sonrisa de Tanya se volvió malvada y sádica. Cruzó sus piernas y posó una de sus manos bajo su mentón, inclinando ligeramente la cabeza mientras miraba a Noah-. ¿Sabes qué significa eso, ¿no, Noah?

—Que su capital crecerá significativamente -Noah soltó una risa incrédula, arqueando una ceja, complacido de poder decir esas palabras-. ¡Maravillosa jugada, señorita Tanya! Ha demostrado que es la indicada para este negocio.

Tanya tomó el contrato y lo guardó de nuevo para que estuviera seguro y a salvo bajo su supervisión.

—Es momento de planificar la pequeña “Emboscada” para nuestro querido amigo -avisó Tanya, y Noah se sentó en una silla cercana para empezar a planificar todo.

Desconocido #1

—¡¡Fue una completa locura!! -gritó exaltado el hombre misterioso entacuchado, mientras le relataba a Johan todo lo que vivió esa noche-. ¡¡Abrió los putos ventanales con su mano!! ¡¡Con su mano, Johan!!

—Increíble, ha subido a un nivel sin identificar -comentó Johan, anotando cada palabra de aquel hombre frente a él.

Estaban en la misma habitación donde tuvieron la charla pasada. La chimenea crepitaba. El hombre misterioso caminaba de un lado a otro, todavía sintiéndose nervioso y asustado al recordar esa noche. Johan estaba sentado en un cómodo sillón con una libreta y pluma en mano, mientras el hombre frente a él caminaba de un lado a otro intranquilo.

— ¿Qué más sucedió? -preguntó tranquilo Johan, ganándose una mirada impasible del hombre frente a él-. Es para tener un seguimiento de A-12, por favor, continúa.

—Esa puta niña abrió los putos ventanales. Con. Su. Mano -repitió el hombre, sacando las últimas palabras con un tono hostil.

—Sí, ¿y luego? -repitió Johan, estoico, ignorando el gran impacto que esto tuvo en el hombre.

El hombre de pie miró a Johan, una mirada asesina, molesto por la indiferencia de Johan hacia él, pero terminó accediendo a su pedido.

—Ella nos amenazó, a los seis en ese lugar. Estoy seguro de que Ashkenazi se cagó encima -aseguró el hombre, caminando a un mueble donde había licor. Eligió una botella al azar, la abrió y bebió el contenido de esta.

— ¿Los amenazó? ¿A-12? ¿A ustedes? -habló incrédulo Johan, arqueando una ceja con diversión, algo que molestó aún más al hombre, quien dejó de beber de la botella para responderle.

— ¡Nos tendió una puta trampa! -Confirmó furioso, apretó la botella en su mano, casi a punto de romperla por la fuerza del agarre-. Nos amenazó diciendo varias cosas personales, matando a nuestros guardias y haciendo levitar los cristales rotos como si no fuera nada.

—Levitó cristales rotos con audacia. Los amenazó sin miedo alguno y asesinó a sangre fría a sus guardias. Típico de A-12, te sorprendería a cuántos guardias asesinó a lo largo de sus catorce años de vida —mencionó Johan con una sonrisa orgullosa—. Y eso que su corazón es blando; creó una perfecta armadura alrededor de su corazón delicado, ¡qué tierna!

El hombre de pie apretó una última vez la botella en su mano y la lanzó sin temor, con furia, hacia Johan. Aunque el otro no se inmutó, ya que la botella no lo alcanzaría. Y estaba en lo correcto: la botella se estrelló ferozmente contra la pared detrás de él. Los cristales rotos salieron volando por todos lados; el contenido de la botella manchó tanto la pared como el sofá y parte de la camisa trasera de Johan. Pero eso no logró quitarle la sonrisa de orgullo de su rostro. Los guardias de Johan alzaron sus armas hacia el hombre, que respiraba agitado, pero los guardias de aquel hombre reaccionaron apuntando hacia ellos. Johan, al ver esto, hizo una señal con su mano, y sus guardias bajaron las armas, al igual que los guardias del otro hombre.

— ¿Te estás burlando de mí, Johan? ¿Disfrutas cómo tu conejillo de indias me humilló? -frunció el ceño aquel hombre, su ira aún palpable.

—Lo disfruto en cierta forma -la respuesta de Johan logró que aquel hombre apretara sus manos en puños, volviendo sus nudillos blancos-. Aunque disfruto más el progreso de A-12. Cinco años en el mundo exterior lograron darle un gran avance en su don, y con claras señales del “despertar… a medias”.

Esto llamó la atención de aquel hombre, quien, soltando un suspiro, caminó hasta ponerse al lado de Johan.

— ¿A qué carajos te refieres con “despertar a medias”? ¿Y acaso se puede dormir de nuevo? -Su pregunta sonó algo terrorífica debido al tono de voz amenazante, pero Johan negó con la cabeza.

—No, no se puede “dormir”. Pero créeme, esto es lo mejor. Pasamos catorce años intentando que esos inútiles consiguieran despertar antes de deshacernos de ellos. Pero no lo lograron, salvo uno, pero ella… sí. Ella es la excepción.

El hombre entacuchado quería saber a qué se refería con ese uno pero quería venganza, su herido había sido herido. Y la haría pagar por esto

— ¿Tiene una debilidad ahora que ha despertado?

—Sí, la tiene. Es la persona que la hizo despertar. Si aún no ha completado el otro paso, aún podemos retenerla -murmuró Johan pensativo-. Aun que el despertar es a medias, esto puede cambiar y podríamos perder nuestra oportunidad

“¿La persona que la despertó? ¿Quién será? ¿En dónde está?” el hombre misterioso no pudo contener su curiosidad.

— ¿Otro paso? ¿Cuál es? -Johan inquirió con una sonrisa divertida.

—Dime qué sucedió después y te contaré lo demás. Así hicimos el trato, nos damos información a cambio de información.

—Tsk, mierda -se quejó el hombre, quien terminó sentándose de mala gana en el sillón-. Bien.

Johan se preparó para seguir anotando lo que diría el hombre ahora a su lado.

—Como te decía, entre los seis íbamos a tenderle una trampa con otro contrato. Pero ella nos amenazó. Primero nos dio la opción de saltar por los ventanales, pero no lo hicimos, era un suicidio. Luego nos congeló en nuestros asientos, siendo apuntados por esos cristales rotos que se acercaban hacia nosotros lentamente, y su última jugada fue asesinar a nuestros guardias -relató el hombre, posando su antebrazo sobre su rostro, sintiendo cómo el sudor frío comenzaba a molestarlo.

— ¿Y sus armas?

—Nos las arrebató moviendo su mano. Fue rápido, nadie se esperaba que supiera magia negra.

—Ya te dije que no es magia negra, es su don. El que obtuvo luego de que modificáramos su ADN doce veces, bueno en realidad fueron catorce, pero esos son detalles clasificados -corrigió Johan, una nota de orgullo en su voz.

—Cállate, la cosa es que todos terminamos firmando aquel estúpido contrato.

— ¿Lo tienes contigo? -Johan lucía emocionado, pero se desanimó un poco cuando aquel hombre negó con la cabeza.

—No, ella se lo quedó, el papel voló a sus manos.

—No solo les tendió una buena trampa, sino que logró manipularlos y usar la presión, asesinando a sus guardias. A-12 sí que se ha vuelto salvaje en mi ausencia. Debo tener eso en cuenta cuando la capturemos.

“Capturarla no será fácil…”

— ¿Cuándo lo haremos? -preguntó el hombre misterioso entacuchado, ahora en un estado de pánico y ansiedad.

—Debe ser lo antes posible; ahora con su despertar a medias es aún más peligrosa que antes, más ahora que se ha hecho cargo de un negocio de narcotráfico. Pero debemos estar listos. Si logra completar el despertar… será imparable

—Guardias, armas, redes de captura, sedantes -enumeró el hombre alzando sus dedos con cada cosa-. Además, tenemos que neutralizar el pueblo para que no sospeche nada.

—Sí, eso es cierto. El pueblo será un problema -estuvo de acuerdo Johan-. Hablaré con los altos mandos para que nos echen una mano con A-12.

Johan se levantó del sillón, dando por terminada la reunión de esa noche. Pero algo dentro de aquel hombre le decía que había firmado su sentencia de muerte esa noche, algo que no lo había dejado dormir tranquilo.

—Espera -lo detuvo el hombre, tomándolo del antebrazo, sorprendiendo a Johan y poniendo en alerta a los guardias.

— ¿Qué sucede ahora?

—Necesito que aumentes mi seguridad -exigió el hombre, logrando que Johan hiciera una mueca incrédula.

— ¿Qué?

—Ya me escuchaste, aumenta mi seguridad, los guardias y los vigilantes. Todo. Esa noche sé que firmé una trampa. Mi vida, no, la vida de mi familia también corre peligro.

Johan lo miró con algo de lástima. Ahora aquel hombre debía depender del cuidado del gobierno porque una niña experimental le había jugado una trampa.

“Soy un narcotraficante respetable, es humillante pedir esto, pero mi familia lo es todo…”

—Ahg, bien -suspiró cansado Johan y asintió con la cabeza-. Bien, bien, veré qué puedo hacer por ti y tu familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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