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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 17

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Capítulo 17: Nuevo Integrante

“El corazón tiene razones que la razón no entiende, y a veces, llega un nuevo amor sin avisar“

-Libe Gloze

Tanya

Emmet se quedó inmóvil, un torbellino de incredulidad y pavor arremolinándose dentro de él. ¿Había escuchado bien a aquella chica que apareció de la nada? ¿Quién es ella? ¿Cuál es su apellido? ¿Fue su familia quien emboscó a la mía? ¿Estarán a salvo? Mis hermanos menores… ¿están ilesos? ¿Soy el único sobreviviente? ¿Por qué me dice estas cosas? ¿Por qué está sola? ¿Cómo entró sin llaves? ¿Quién es? ¿Qué me depara el futuro?

Una ola helada de duda lo invadió. ¿Era una broma cruel antes de asesinarlo, o era real? Solo sabía del rugido ensordecedor de un ataque armado, la violenta onda expansiva de una explosión que lo había arrancado del sueño, haciéndolo correr a ciegas por la primera defensa que encontró: una silla, aferrada como un escudo. Este era el fin, había pensado. Su final. Sin embargo, en lugar de un hombre armado, se encontró con ella. Una chica. Lo absurdo de la situación le hizo dar vueltas la cabeza. ¿Libertad? ¿Libertad de qué? ¿De la tiranía de esa familia? ¿De poder comer sin estar encerrado todo el día? La oferta estaba envuelta en sombras, una trampa, una manipulación que no tocaría. Preferiría morir mil veces antes que ser esclavo de una familia que solo lo quisiera para tráfico humano, de órganos o algo mucho, mucho peor.

Tanya observó la tormenta que se desataba en los ojos de Emmet. Su vacilación, la palpable lucha mental, hablaba de una mente inteligente y cautelosa. No había mordido el anzuelo, la ambigüedad cuidadosamente construida de su oferta de “libertad”. Sí, le había tendido una trampa.

Emmet Ashkenazi. El primogénito, heredero de un formidable negocio y participante activo en la creación de sus productos de primera calidad en ese mundo del narcotráfico. Era un diamante en bruto, un chico con la mente repleta de fórmulas para creaciones revolucionarias. Si lograba tenerlo en la palma de su mano, no solo su propio capital aumentaría aún más, sino que la creación de nuevos productos, vendiéndolos primero a los compradores más influyentes del mundo, generaría una riqueza inimaginable.

Unos pasos resonaron de nuevo, secos y distantes, a través de los pasillos. Tanya se puso en alerta máxima, tensa, pensando que quizás era otro guardia que había sobrevivido. Emmet, por su parte, creyó que era su verdugo, listo para el golpe final. Pero ninguno de los dos estaba en lo correcto. Noah fue quien apareció, su silueta emergiendo de la penumbra mientras buscaba a Tanya. Cuando encontró la puerta abierta y la vio dentro, acompañada de alguien más, su sorpresa fue mayúscula. Al ver a Emmet, su primera reacción fue el asombro. ¿Lo iba a matar, o algo peor? Se quedó vigilando la espalda de Tanya, dispuesto a intervenir.

—Ya tengo lo que me pidió, señorita -informó Noah, alternando su mirada entre Emmet y Tanya.

—Entendido, Noah -Tanya lo observó por encima del hombro, y no pudo evitar que un atisbo de sonrisa se dibujara en sus labios.

Tenía los papeles del negocio. Lo tenía todo ahora. No le importaba si Emmet aceptaba trabajar para ella. El negocio ya no le pertenecía a él, sino a ella. Pero quería ver cuán bajo caía ahora que no tenía nada.

—Emmet Ashkenazi, el primer hijo del señor Ashkenazi. Un hijo no tan valorado como debería ser -Tanya se quedo observándolo fijamente. Emmet frunció el ceño ante sus palabras, una oleada de rabia hirviendo bajo su piel.

Noah, con disimulo, recorrió la habitación con la vista. Más que una habitación, parecía una celda. Su mirada se detuvo en la cadena que aún rodeaba el tobillo del chico. Una respuesta, al fin, a las misteriosas desapariciones de Emmet en su propio hogar, si es que podía llamarse así. Lo encerraban en esa habitación por días si así lo querían. Pero Tanya no sabía que también sufría abuso. Al final de todo, el mundo es una mierda, no importa tu vida.

— ¿Por qué estás aquí, Emmet? -preguntó Tanya, escudriñando la habitación. Las paredes mostraban golpes evidentes, marcas que habían intentado ser borradas con pintura fresca. Seguramente, producto de las cosas que lanzaba. Como la silla, por ejemplo.

Emmet no respondió. Solo apretó las manos con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, formando puños. Su ceño fruncido no desaparecía, y su mirada no reflejaba más que furia e inseguridad. A pesar de su situación vulnerable, no había pronunciado una sola palabra más. No confiaba en las intenciones de esos dos extraños frente a él, manchados de sangre. No se escuchaba un alma en aquella mansión, a excepción de ellos tres. Había algo en ellos que le inspiraba cero confianza.

—Está bien que desconfíes -Tanya notó la profunda brecha de desconfianza en los ojos de Emmet. Era normal, claro; en pocas palabras, ella había aniquilado a su familia y le había quitado todo. Tenía todo el derecho a ser desconfiado-. Pero ten en cuenta que solo te ofrezco mi ayuda. No soy la villana de tu historia.

La hostilidad en la mirada de Emmet cedió a una evasión. Giró el rostro y volvió a mirar la habitación, sus ojos fijos en las marcas. Tanya tenía razón. Ella no era la villana de su historia. En la vida, cada uno carga con su propio antagonista, pero también con su propio héroe.

Todos llevamos en nuestro interior una narrativa compleja, tejida con hilos de luz y sombra. A veces, los villanos que más daño nos infligen son aquellos a quienes más amamos, los que comparten nuestra sangre o nuestra historia. Y, paradójicamente, los héroes que nos rescatan del abismo pueden ser desconocidos, rostros fugaces en la multitud. La vida, con su cruel ironía, nos obliga a enfrentar esta dicotomía: la familia como fuente de dolor y extraños como faros de esperanza. Es en estos contrastes donde reside la verdadera profundidad de la experiencia humana, una realidad a menudo dolorosa, pero innegablemente cierta.

En ese instante, Emmet vio una luz tenue en Tanya. Podría haberlo matado cuando quisiera, pero en cambio, le ofrecía libertad. No sabía de qué manera, y estaba seguro de que podía ser una trampa. Pero prefería eso a continuar con una vida que no le había dejado más que dolor y malos recuerdos, cicatrices de por vida que muy pocas personas eran capaces de ver. La perspectiva de un futuro incierto, incluso si significaba arriesgarlo todo, era infinitamente más atractiva que la agonía conocida.

— ¿Asesinaste a mi familia? -Su pregunta, más una afirmación gélida que una interrogante, buscaba la confirmación final de que nada lo ataba ya a esa vida de sufrimiento.

—Sí -confirmó Tanya, sin asomo de arrepentimiento.

“Y los condene a una sentencia muy larga, la cual gozare como no tienes idea…”

— ¿También a mis hermanos?

—También a tus hermanos -Tanya asintió, su confirmación tan fría como su mirada. No había titubeo. “Sinceridad ante todo”, parecía decir cada fibra de su ser-. Las balas fueron la mejor salida. Fue rápida, no hubo dolor.

Noah observó a Tanya de reojo, una pregunta silenciosa clamando en sus ojos: ¿Por qué miente? La familia de Emmet aún vive, solo están encerrados. Les quedan días, un mes a lo mucho. Pero siguen vivos. ¿Qué se le está ocurriendo a Tanya? Ella levantó una mano en dirección a Noah, un gesto imperioso.

—Las llaves, por favor -pidió Tanya, su voz envuelta en una amabilidad inesperada que sorprendió incluso a Noah. Aun así, él se las entregó.

Tanya le mostró las llaves a Emmet, pero no se las lanzó ni se las dio. Con una cautela inusitada, caminó hacia él. Era como si se acercara a una mascota nueva, asustadiza, siempre alerta. Cuando llegó a Emmet, se arrodilló lentamente y extendió una mano hacia su pie, pidiendo permiso tácitamente para tocarlo. Emmet abrió los ojos desmesuradamente, impactado por esa muestra de gentileza. Lentamente, levantó el pie que llevaba la cadena. Con un cuidado exagerado, Tanya usó las llaves para quitar el grillete de su tobillo.

Libre.

Emmet sintió un peso inmenso quitarse de encima. Era como si Tanya no solo lo hubiera liberado de la cadena, sino de algo más profundo que, en ese momento, no pudo identificar.

Ella volvió a alzar la mirada hacia sus ojos café claro, deteniéndose en sus rasgos. Labios prominentes y delicados, con un color rojizo cautivante. Una nariz romana. Cabello rubio desordenado que le daba un aspecto atractivo. Sí, Tanya confirmó que Emmet era un chico apuesto, se podría decir que tan cautivante o hermoso como Jared. Una idea que la divirtió de alguna manera.

Tanya le extendió la mano derecha. Estaba totalmente segura de dar ese paso. La ambición de obtener muchos más ingresos de los que ya preveía la dominaba por completo. Veía a Emmet como una fuente de riqueza adicional. Y, posiblemente, un socio con el cual entablar una alianza duradera.

—Trabaja para mí y, a cambio, sé libre -repitió, su voz una promesa seductora. Emmet alternó la vista entre la mano extendida y el rostro impasible de Tanya, una lucha interna claramente visible en sus ojos. La duda lo carcomía.

— ¿Libertad en qué sentido? -Emmet necesitaba estar seguro de a quién le estaba entregando su vida, si a alguien igual a los demás o a alguien verdaderamente diferente. Tanya mordió el interior de su mejilla, consciente de que no tenía muchas cartas a su favor.

—En todos los sentidos. Sé tú mismo, sin restricciones ni límites -especificó Tanya, dando un paso atrás para ofrecerle espacio-. Serás libre, como debe ser.

Una de las comisuras de los labios de Emmet se elevó en una media sonrisa irónica. Se cruzó de brazos y fijó su mirada en Tanya, analizándola con una intensidad que la desnudaba. Noah no se libró; también fue objeto de su escrutinio. Sin embargo, el análisis era mutuo. A Noah, en general, no le gustaba que los chicos se acercaran a Tanya; no soportaba a Jared, y estaba claro que Emmet no era mejor.

— ¿No habrá cadenas ni trucos en este trato? -El tono distante de Emmet y su lenguaje corporal le dejaron claro a Tanya que ganarse su confianza sería un desafío. Podría ser de la noche a la mañana o tardar cinco meses, un reto que ella aceptó.

—No habrá cadenas ni trucos, lo juro -Su voz era segura, confiada y suave-. Te esperaremos en la entrada, treinta minutos. Si no sales en ese tiempo, entenderé y comprenderé que quieres seguir solo. Pero si sales antes, la decisión será tuya.

Emmet frunció el ceño de nuevo, sopesando las palabras. Noah arqueó una ceja, asombrado por la audacia de la chica a la que servía. ¿En serio? ¿De verdad lo había invitado a unírsele? ¿Al hijo de su mayor enemigo?

— ¿Adónde me llevarás?

—A mi casa. Serás mi aliado y compañero de negocios, así que lo más justo sería darte un lugar donde puedas vivir cómodamente -Tanya le sonrió, una calculada mezcla de cordialidad y promesa-. Puedes traer lo que quieras. Ya sabes dónde encontrarnos.

Tanya no dijo nada más. Se giró y caminó hacia la salida de la habitación, con Noah pisándole los talones. Unos pasos resonaron por los pasillos poco después de que ellos se alejaran. Emmet había salido de la habitación con una rapidez impulsiva, seguramente para verificar que no quedaba nadie vivo. Al llegar a la que una vez fue una hermosa entrada, Tanya sonrió de nuevo, mientras Noah hacía una leve mueca de asco. Cuerpos, sangre y la devastación de la explosión seguían allí, inmóviles. Pero tal como lo había dicho, se detuvo en la entrada, junto a Noah, esperando.

— ¿Conseguiste todo? -preguntó Tanya, su sonrisa se ensanchó, satisfecha. Noah asintió.

—Lo tengo todo. Desde las escrituras hasta los números y las conexiones de los proveedores y acreedores. Incluso la propiedad de esta mansión.

Tanya ladeó la cabeza, una expresión de puro contento. No había estado tan feliz desde que asesinó a Dalia para obtener el control total del negocio.

— ¿Todo estaba en una caja fuerte, bajo un suelo falso que ocultaba una alfombra en su oficina? -preguntó Tanya, con una certeza que hizo que Noah abriera los ojos, sorprendido.

— ¿Cómo lo supo?

—El Búho me había avisado sobre esa ubicación escondida -Tanya confirmó que El Búho jamás le había mentido sobre su trabajo. Definitivamente, debería contratarlo más seguido.

El silencio se instaló entre ellos. Era su primera emboscada, y había sido un rotundo éxito. ¿De qué se hablaba después de asesinar a tanta gente y robarle a uno de los hombres más poderosos del narcotráfico, saliendo vivos y victoriosos? Ni Tanya ni Noah sabían qué tema tocar. Habían pasado quince minutos en silencio. Quedaban otros quince. Emmet sí que se estaba tomando su tiempo. Pero a Tanya le daba igual su elección. Si venía o no, no le afectaba en nada. Sin embargo, más le valía aceptar su oferta; no le gustaría tener que destruir ese lindo rostro con su arma.

— ¿Puedo saber por qué le propuso ese trato al joven Ashkenazi? -Noah rompió el silencio, captando la atención de Tanya.

—Pensaba sacarle algo de provecho a su situación. Míralo desde su perspectiva: no tiene nada, no tiene a nadie. Crear una vida, si es que lo logra, le será muy difícil. Seguro tiene muchos enemigos que lo quieren muerto. Su vida corre peligro -Tanya rio levemente ante la situación-. Vendrá a mí, y tendré su vida en mis manos -El tono de su voz sonó tan temerario que logró inquietar un poco a Noah.

—Se ve muy segura de que vendrá.

—Lo hará. Si es inteligente, vendrá dentro de poco. Si decide quedarse aquí, estaría invadiendo mi propiedad, y no dejaré que eso pase.

— ¿Qué planea hacer con este lugar?

—Lo rentaré. Primero, enviaré a varias personas para que lo limpien. Pueden quedarse con lo que quieran: joyas, pinturas importantes, me da igual. Y después de arreglarla por completo y sellar la puerta al sótano, la rentaré. Tendré más ingresos de aquí. Así que, Emmet no se quedará aquí, eso es más que seguro.

—Y hará más construcciones en el pueblo para desviar la atención de este lugar -Noah complementó, anticipando sus planes.

Tanya asintió levemente. Sí, construiría muchas cosas, pero ya tenía algo más en mente. Poner a un guardia a vigilar a esa sanguijuela. No la había visto tan pegada a Jared desde el funeral de Dalia, y el informe del guardia que vigilaba a Jared confirmaba que se habían reconciliado.

“Qué tóxicos..”

Tanya sospechó que algo más estaba sucediendo entre ellos dos, ya que Jared no la había buscado para arreglar las cosas; de hecho, la estaba evitando a toda costa. Un sentimiento de orgullo se instaló en Tanya. Jared no debía buscar a esa chica, solo debía buscarla a ella. Pero aun así, no se sentía tranquila sabiendo que esa chica seguía allí, caminando libre, con la posibilidad de toparse con Jared. Ella seguía… viva. Y Tanya debía encargarse de ella para que no molestara a su Jared.

—Extenderé el pueblo hasta llegar a las carreteras principales que conectan con otras ciudades -Tanya pensó un momento-. Se está haciendo más pequeño gracias al bosque que no lo deja crecer. Hidetown será una ciudad y pasará a ser una gran novedad para las ciudades vecinas.

—Tiene razón -Noah estuvo de acuerdo-. Pasará de ser un pueblo a una ciudad en el mapa. Empezaré a buscar el personal para todo eso: albañiles, arquitectos, taladores. La gente del pueblo es común, pero necesitamos personas más “confiables”.

—Exacto -Tanya lo interrumpió, orgullosa de sus propias palabras-. No busques más desconocidos. Busca entre conocidos. A nuestro personal más fiable. Necesito reportes de todo lo que pasa en el pueblo y en el exterior del pueblo.

Noah arqueó una ceja, intrigado por esa última demanda.

— ¿Vigilar al pueblo, o vigilar aún más a Jared? -Noah soltó la pregunta con un deje de desafío. Tanya le lanzó una mirada desaprobadora, afilada como una cuchilla.

—Si ya sabes la respuesta, no preguntes. Odio que hagas eso -respondió Tanya con voz hostil, pero Noah no se inmutó. Al contrario, empezaba a encontrar divertido tener algo con lo que molestar a Tanya.

“Noah no me teme, algo admirable, pero a la vez irritante.”

—Además, es para poder estar con más seguridad en el pueblo y no solo en la mansión. Si alguien nota algo sospechoso, seremos informados de inmediato y no tardaremos en enterarnos. Ese asesino idiota está asustando a mi querido pueblo.

—Está bien, señorita. Buscaré a las personas necesarias para la expansión del pueblo y la construcción de todo.

—Además, necesito que alguien vigile a Emmet en la mansión. Págale el doble a alguien que creas eficaz en su trabajo y que sea bueno en la actuación para que Emmet no se dé cuenta de eso -El tono y la mirada de Tanya eran tan fríos y cortantes que Noah volvió a inquietarse.

Un pensamiento fugaz pasó por la mente de Noah: “No vengas, muchacho.” Esa frase resonaba en su cabeza. Aunque odiaba a muerte al señor Ashkenazi, su hijo era inocente en todo aquello. Y, aunque no sabía qué futuro le deparaba al chico en manos de Tanya, presentía que no era uno tan agradable. Pero unos pasos resonaron por los pasillos, y Noah se quejó en su mente al voltear junto con Tanya. Vieron llegar a Emmet con una valija al hombro, caminando hacia ellos con una expresión distante y desconfiada. Tanya cambió su rostro inexpresivo por una sonrisa fingida, perfectamente calculada.

— ¿No me matarás cuando tengas la oportunidad? -preguntó Emmet, deteniéndose a un metro de distancia de ambos. Tanya soltó un suspiro, la desconfianza del chico comenzaba a molestarla.

—No haré nada que atente contra tu vida. El contrato fue con tu padre; contigo tengo solo un trato -aclaró Tanya. Emmet asintió con la cabeza, una aceptación reticente.

—Acepto tu trato. Trabajaré para ti, pero tengo varias condiciones –su pedido asombro a los otros

La voz de Emmet, nítida e inquebrantable, rompió el silencio opresivo de la escena del crimen. Tanya y Noah intercambiaron una rápida mirada de sorpresa. La gran entrada de la mansión era un cuadro de horror: la sangre cubría cada superficie, el sabor metálico del hierro asfixiaba el aire y cuerpos mutilados yacían esparcidos como muñecos rotos. Sin embargo, Emmet permanecía en medio de la carnicería, completamente imperturbable. Su compostura, un escudo de confianza inquebrantable, resultaba casi… divertida para Tanya. Este joven estaba resultando ser bastante fascinante.

—Claro, adelante por favor -ofreció Tanya, con un sutil desafío en su tono.

—Primero, si noto algo extraño, me iré -sin preguntas Tanya asintió, cediendo el punto-. Segundo, si quiero o necesito algo, lo tendré, inmediatamente -la ceja de Noah se alzó, una protesta silenciosa ante la audacia de la segunda demanda-. Tercero, seré libre de ir a cualquier lugar, dentro o fuera de tu mansión. Y cuarto, ni tú ni nadie de tu personal pueden lastimarme. Cualquier herida, cualquier desaire, y me largo.

Las condiciones de Emmet fueron entregadas con la fuerza inquebrantable de un ultimátum. No había vacilación, ni fisuras en su resolución. Sus palabras no eran meras peticiones; eran declaraciones, respaldadas por una mirada feroz que hizo que Tanya viera no a un joven decidido, sino a un lobo dispuesto a mostrar sus colmillos. Pero un lobo no era nada para Tanya. Ella era algo mucho más antigua, mucho más depredadora.

—Muy bien. Respetaré tus condiciones, siempre y cuando trabajes diligentemente y cumplas tus horarios acordados -Tanya podía sentir la mirada de Noah clavada en ella, su desaprobación un peso palpable.

“Estoy segura de que me gané un regaño”

Noah fue el primero en salir a la noche helada. Tanya hizo un gesto con la mano para que Emmet los siguiera. Ella salió después, dejando a Emmet para ser el último. Mantuvo una distancia prudente, lo suficientemente cerca para seguirlos pero lo suficientemente lejos para huir si la situación lo exigía.

El frío de la noche los golpeó a los tres por igual. El incesante chirrido de los grillos era puntuado por el crujido de sus pasos sobre las hojas secas y el sordo golpeteo en el camino de concreto. Una ola de alivio invadió a Tanya; la existencia de un camino claro hizo que el creciente ataque de pánico dentro de ella fuera controlable.

—Tu nombre, repítemelo -Tanya arqueó una ceja ante la demandante pregunta de Emmet.

Gracias a que Tanya iba delante de él, el chico no logró observar su irritación que estaba lista para crecer si seguía con esa actitud.

—Soy Tanya Malka, y él -hizo un ademán con su cabeza señalando en dirección a Noah, quien iba de primero- es Noah, Noah Mor

—Tanya y Noah -se escuchó el susurro de Emmet repitiendo sus nombres-. ¿Qué papel tiene Noah en todo esto?

—Creo que lo más justo ahora es decirme también algo de ti a cambio de nuestros datos -Tanya estaba resistiendo el impulso de lanzarlo lejos-. Dime tu nombre

—Ya lo sabes -respondió cortante Emmet. Tanya apretó los dientes-. Soy Emmet Ashkenazi, ahora responde mi pregunta

“Tiene sentido de supervivencia, eso es bueno, le ayudará a seguir adelante y a tener cuidado con lo que dice.”

—Noah es mi mano derecha -declaró Tanya, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa al notar cómo Noah ladeaba la cabeza, estando de acuerdo con esa afirmación.

— ¿Cuál es la ubicación exacta a la que vamos?

—A la mansión Malka, en el pueblo de Hidetown.

— ¿Tu edad?

—Veinte años -miró por encima de su hombro, logrando observar a Emmet-. ¿Y tú?

—Veintiuno años

El interrogatorio paró cuando tomaron rumbo hacia el bosque para poder llegar más rápido al auto. Tanya se preparó mentalmente para eso y logró ocultar muy bien su pánico. Pero Emmet se detuvo de golpe. Ella lo miró y evitó reír ante su comportamiento.

—No pasará nada. Dejamos el auto al otro lado. Vamos o te perderás -el tono demandante de Tanya irritó a Emmet; se notó cuando apretó su mano alrededor del cinturón de su valija.

“No es agradable, ¿verdad?”

Emmet, a regañadientes, se adentró en el bosque y el interrogatorio continuó. Estatura. Familia. Origen. Tanya le mintió en muchas cosas, pero Emmet no sabía diferenciar si le decía la verdad o no. Noah, durante toda la conversación, se mantuvo en silencio, abriendo el camino de regreso al auto. Pero tampoco pudo resistir el pensamiento o el impulso de usar su arma contra Emmet. Era demasiado ruidoso; pocos empleados habían escapado de esa mansión, y seguramente aún estaban cerca de allí. Quería callar a Emmet, pero reprimió sus impulsos y siguió su camino.

Al llegar finalmente al auto, los tres sintieron un alivio mutuo. Noah ya no soportaba a Emmet. Tanya aún dudaba si deshacerse de Emmet o no. Y Emmet se había quedado sin preguntas. Noah abrió la puerta del auto para Tanya, quien subió y esperó a que Emmet hiciera lo mismo. Pero, de nuevo, Emmet dudó.

—Puedes caminar si quieres, ya sabes dónde es. Pero tardarás horas en llegar -avisó Tanya, al borde de su paciencia. Emmet la miró a los ojos-. Si te sientes incómodo o ya no quieres seguir, nos detendremos de inmediato y podrás bajarte

“Patojo cerote, sube de una vez o mi arma te obligará a hacerlo.”

Estas palabras lograron darle una chispa de confianza a Emmet y subió al auto. Noah cerró la puerta y se puso al volante, encendió el auto y emprendieron el camino de nuevo hacia la mansión. El trayecto de vuelta también era largo. Posiblemente eran altas horas de la madrugada; para confirmar su sospecha, Tanya sacó un reloj de bolsillo del interior de su saco y notó que, en efecto, eran casi las cinco de la mañana.

—Perdona tenerte despierto toda la noche y madrugada, Noah -habló Tanya guardando su reloj-. Tómate el día libre, yo me encargaré del personal para la expansión del pueblo

Noah gruñó en agradecimiento y siguió conduciendo. Pero lo que ninguno de los dos esperaba era que Emmet volviera a hablar.

—Tanya Malka, tu nombre me sonaba familiar y ya te logré recordar- Tanya lo miró por el retrovisor.

— ¿Ah, sí? ¿Y quién soy?

—Eres la hija no legítima de la difunta narcotraficante Dalia Malka. Mi padre se quejaba mucho sobre tu madre. Y después de su muerte empezó a quejarse sin parar de ti

— ¿En serio? Qué rápido te acordaste, has de tener buena memoria ¿No? – Tanya se burló, un desafío que claramente molestó a Emmet.

“Ja, tómala. Esto sí que sería más divertido, Emmet.”

Esa pequeña punzada logró dejar callado a Emmet, un silencio que Noah agradeció. Siguieron su camino hasta la mansión con el cielo iluminándose cada vez más, dejando en claro que ya era otro día, más cerca de Nochebuena, más cerca de terminar el año. Aún era lo suficientemente temprano para que casi nadie del pueblo los viera llegar a esas horas. Subieron la gran montaña y llegaron a la entrada de la mansión, donde algunos empleados ya los esperaban.

Los empleados se sorprendieron al verlos bajar del auto. Cansados, con sueño y con manchas de sangre. Además de un invitado inesperado: Emmet. Todos concluyeron que la habitación que prepararon era para él. Noah tranquilizó a todos avisándoles que ninguno de los tres tenía ninguna herida. Emmet, mientras tanto, observaba con atención y cautela tanto a los empleados como la mansión. Todos entraron a la mansión, y Emmet, al entrar de último, detalló el interior de la misma.

— ¿La habitación que pedí ya está lista? -preguntó Tanya mientras, con ayuda de un empleado, se quitaba el saco.

—Ya lo está, señorita -respondió una chica.

—Guía a nuestro invitado a su nueva habitación -ordenó Tanya, y la chica asintió.

La chica le pidió amablemente a Emmet que la siguiera. Él miró por última vez a Tanya antes de adentrarse por los pasillos de la mansión. Noah se despidió de Tanya y se fue a su habitación; Tanya también tomó la misma decisión. La sangre seca en su rostro y manos no era una sensación agradable. Empezó su camino por los pasillos hacia ese baño que tanto le encantaba, ese con vista al jardín.

—Señorita, su baño aún no está listo, si espera un poco más… -pidió con voz temblorosa una empleada a Tanya, pero esta negó con la cabeza.

—Lo haré yo misma, no hay problema -estas palabras tomaron a la mujer por sorpresa, pero aun así asintió estando de acuerdo.

Tanya tomó su baño, disfrutando de la sensación del agua tibia aliviando sus músculos tensos. El aroma a lavanda de su nuevo jabón corporal empezaba a impregnarse en ella. Finalmente, después de su baño, se cubrió con una toalla y caminó a su habitación, cambiándose y colocándose ropa nueva y limpia. Mientras terminaba de vestirse, un llamado a su puerta le avisó que el desayuno estaba listo. Tanya se encaminó al comedor y se encontró con la sorpresa de un Emmet aseado y con otra ropa, sentado a la mesa, aún sin tocar el desayuno frente a él.

“Wow, es jodidamente atractivo.”

— ¿La comida no es de tu agrado? -La pregunta tomó por sorpresa a Emmet, quien, algo sobresaltado, la volteó a ver.

—No comeré nada aún, podría estar envenenado

Tanya soltó un suspiro y, junto con otro empleado, se sentó a la mesa y empezó a desayunar sin problema alguno.

—Eres libre de hacer y decir lo que quieras. Pero lastimas los sentimientos del chef -Emmet suprimió una leve sonrisa que quería instalarse en su rostro.

Tanya siguió su desayuno; el choque de cubiertos y los movimientos de su mandíbula al masticar provocaron que el estómago de Emmet rugiera de hambre. No soportó tanto tiempo, tomó un cubierto y con toda cautela empezó a probar poco a poco la comida. Al notar que no empezó a retorcerse del dolor por el veneno, empezó a comer normalmente. Ambos terminaron de desayunar al mismo tiempo.

—Muy bien, para terminar de aclarar nuestro trato -mencionó Tanya, llamando la atención de Emmet quien se limpiaba con una servilleta-. Eres libre de ir a donde quieras, dentro o fuera de la mansión, como dijiste. Además, eres libre de ir al “sótano” que es un laboratorio y usar los productos que quieras para empezar a trabajar en el laboratorio. Si alguien fuera del pueblo te pregunta acerca de nuestra relación y a qué te dedicas, responde que eres un familiar lejano que vino a apoyarme a extender el pueblo

Emmet asintió tranquilamente, escuchando con atención. Pero su expresión seria decía claramente que algo lo molestaba. Quería decir algo. Tanya hizo un ademán con la mano mientras bebía agua, dándole a entender que había terminado de hablar y que ahora era su turno.

—No es nada. Es solo que… -miró con algo de picardía y diversión su plato vacío-. Ninguna chica se había esforzado tanto por tenerme a su lado

Tanya se ahogó un poco con su bebida ante las palabras de Emmet. Ya había tomado algo de confianza para hacerle ese comentario. Le había tomado muy poco, para ser honestos. Pensó que le tomaría meses o años como ella, pero él es diferente. Un Emmet sonrió con diversión al ver la reacción de Tanya.

—No es lo que piensas, es una relación profesional, solo eso -corrigió Tanya-. Trabajas para mí y eso es todo

En la mente de Tanya apareció Jared, como siempre, apareciendo en cada segundo para distraerla. Tanya sacudió levemente su cabeza, logrando hacer a un lado la hermosa sonrisa de Jared.

—Dime algo, ¿a qué te dedicabas cuando trabajabas para tu padre? -La sonrisa de Emmet desapareció y se transformó en una mirada seria.

—Participaba constantemente en la creación de varios productos. Aunque todo es prueba y error, la mayoría de mis experimentos y creaciones terminan en éxitos muy cotizados.

“Un cerebrito. Me alegro no haberlo asesinado en aquella habitación.”

— ¿De qué porciento estamos hablando cuando fallas? -preguntó Tanya. Emmet apretó ligeramente su mandíbula y se recostó contra el respaldo de la silla en un intento de aliviar la tensión que crecía en sus hombros.

—Se podría decir que está entre el veinte y el cuarenta por ciento -comentó Emmet con un toque ligero de molestia en su voz-. Cuando sucedía un error en el laboratorio de mi padre, él…

Emmet se quedó en silencio mirando al techo de aquel gran comedor. Tanya comprendió su silencio; no tardó nada en asociar esa habitación y las cadenas con sus fallos en el laboratorio. Tanya se vio a sí misma en Emmet por unos fugaces segundos. Ella en ese laboratorio fallando en una prueba, y como castigo, encerrada en una celda alejada de sus hermanos. Sola, encadenada, con hambre y algo de miedo a cerrar los ojos y no despertar al día siguiente. Tal vez eso también ayudó a convencerse a sí misma de llevarse a Emmet con ella. Porque en vez de verlo a él, se vio a sí misma en aquella habitación, una versión joven y frágil de ella. No a Tanya, sino a Doce.

—Eso nunca se repetirá. No conmigo, Emmet -le aseguró Tanya, juntando sus manos en la mesa-. Aquí ahora eres libre de hacer todo, no se te reprenderá de ninguna forma por fallos en el laboratorio. Aunque claro, toma tus precauciones. No me gustaría que mi socio se vuelva un cadáver en su primer día de trabajo

Ese último comentario logró sacar una sonrisa sincera en Emmet, logrando llamar aún más la atención de Tanya hacia él. Él se enderezó y juntó también sus manos para volverlas un soporte a su cabeza cuando acostó su cabeza de lado en estas para poder observar a Tanya.

—Eres muy peculiar, ¿sabes? -Tanya alzó una ceja ante su comentario.

Su tono se escuchó más informal que la otra vez que hablaron en el bosque. Como si ahora sonara con más confianza. ¿O tal vez solo había aceptado su destino y quería acostumbrarse rápido a él?

— ¿Por qué lo dices? -La curiosidad creció en Tanya

Tener a alguien de su lado casi de su misma edad no era algo asombroso o del otro mundo. De pequeña tenía a sus hermanos; dentro tuvo a Jared por un corto periodo de tiempo. Pero ahora tenía a Emmet, alguien “normal”, además de Noah quien no tenía su edad pero convivía con ella día y noche. Era como tener un juguete nuevo que sí te llama la atención y no solo por estética o popularidad.

—He escuchado muy poco de ti. Mi padre se quejaba de ti, llamándote ‘Bruja’ y decía que en esa cena o pusiste alucinógenos, o una nueva droga de alucinaciones, o que puedes manejar la magia negra. Pero las brujas son feas. Horrendas, más bien. Pero tú… te ves bien, eres bella. Como un ángel, no actúas como un ángel. Actúas como un demonio sanguinario. O más bien, pareces ser un ángel caído

— ¿Así es como me ves? ¿Como un demonio con poderes de bruja y apariencia de ángel caído? ¿Por eso soy peculiar? -Tanya soltó una risa falsa y sarcástica.

—Bueno, eso, y que he vivido en el sur de Hidetown, casi en la frontera de The Land of Sun. Por lo que no sé mucho de este pueblo; es más, pensaba que solo era naturaleza y no un pueblo. Pero de lo que no estoy seguro es que esa mujer que se llamaba Dalia jamás tuvo hijos. O al menos no dentro de un matrimonio -analizó con su mirada a detalle a Tanya, pero no logró obtener ninguna reacción de parte de ella-. Tal vez sí tuvo una hija y la mandó lejos para que mi padre no la asesinara. ¿Y esa hija eres tú? ¿Adiviné algo?

Tanya quería reír por la gran imaginación de aquel chico. No había acertado en nada. Estaba totalmente equivocado.

—Puede ser que sí, puede ser que no. Me gusta estar de incógnito -Emmet alzó las cejas con diversión por la respuesta de Tanya; la curiosidad y el interés eran mutuos-. Eso lo sabe solo el pasado, el presente lo está conociendo y el futuro lo espera con ansias. Pero enfoquémonos en el presente por ahora

—Disculpen -interrumpió una voz conocida. Noah apareció en la entrada del comedor, ya arreglado.

—Noah, te dije que podías tomarte el día libre -recordó Tanya, algo sorprendida por verlo de pie; pensó que había ido a su habitación a recuperar el sueño perdido.

—No hace falta, señorita. Podemos reanudar el ‘paseo’ que estaba previsto ayer por la tarde -comentó. Tanya sonrió ante la idea-. Encontraron un cuerpo en la construcción de uno de los edificios

Esto borró la sonrisa de Tanya y llamó la curiosidad de Emmet, quien prefirió quedarse en silencio para saber más del tema.

— ¿Un cuerpo? ¿Aquí en mi pueblo? -Noah asintió-. ¿Cómo es posible? Hay vigilantes y cámaras de seguridad.

—Al parecer, el asesino logró encontrar un punto ciego entre las nuevas cámaras en donde están las construcciones. Y se escondió de los vigilantes

— ¿Ya saben de quién es el cuerpo? -Noah negó con la cabeza.

—El asesino le vertió algún tipo de ácido en el cuerpo y luego lo cubrió con cal

“No solo lograste asesinar en mi pueblo, sino que también lograste ocultar la identidad de la víctima haciendo todo eso. Ingenioso, debo aceptarlo, pero ¿con qué objetivo?”

— ¿Alguna desaparición a lo largo de la noche en nuestra ausencia?

—Por ahora, cada oficial está visitando las casas y locales de cada persona en el pueblo y contando a las familias.

Tanya sintió cómo su hombro izquierdo empezó a arderle un poco, era puro estrés. No esperaba que el asesino entrara en acción rápidamente. Ahora el pueblo estaría más alerta. Ya no podría ver a Jared con más seguimiento.

—Prepara de nuevo el auto, iré a verlo yo misma.

Noah salió del comedor con dirección a la entrada principal donde estaba estacionado el auto. Tanya estaba furiosa. No porque asesinaran a alguien, sino porque lo hicieron bajo su mando. No debía perder la confianza de la gente del pueblo; eso le restaba puntos a ella.

— ¿Tienes a una ‘sombra’ rondando por tu pueblo? -preguntó Emmet con un leve tono de diversión-. Si es así, creo que estoy a salvo dentro que fuera de la mansión -Tanya lo volteó a ver

—Vendrás con nosotros -fijó con voz fría.

— ¿Yo? ¿Por qué? -preguntó Emmet, empezando a levantar sus muros de desconfianza.

—Dijiste que no sabías mucho acerca del pueblo. Esta es tu oportunidad para conocerlo mejor ahora que trabajarás para mí -Tanya caminó hacia la salida del comedor.

“No era posible. ¿Quién fue la víctima? ¿Por qué? ¿El asesino ya está en el pueblo? ¿Ahora vive como uno más del pueblo? ¿Lo conoce? ¿Ya se lo ha topado? ¿Quién será su siguiente víctima? ¿Cuál es su objetivo?”

Cuando los tres llegaron en auto al pueblo, este estaba conmocionado por la noticia de encontrar un cadáver. Noah hablaba con Tanya mientras Emmet miraba a través de la ventana a la gente del pueblo con curiosidad.

—Ya se ha llenado de gente el lugar -comentó Noah con toda tranquilidad. Tanya miró a la gente siendo detenida por los oficiales para marcar un límite.

— ¿Cómo es posible? ¿No hay nada en las cámaras? -preguntó de nuevo, tratando de ocultar su inconformidad.

—Hace poco se informa que se vio a una chica caminar a altas horas de la noche y platicar con alguien en el punto ciego -una respuesta corta y rápida, una respuesta que molestó aún más a Tanya.

“¿Una chica? ¿Quién? ¿Conocía al asesino? ¿Habló con él? ¿Era hombre o mujer? ¿Cómo era? ¿De qué hablaron? ¿Por qué se reunió con él? ¿Era su cómplice?”

Los tres bajaron del auto cuando Noah lo estacionó cerca del lugar. Donde años atrás había un gran escenario para dar la bienvenida, ahora había una fuente rodeada por personas y reporteros. La mayoría de los reporteros y curiosos se acercaron a ellos tres. Había gente alrededor, mirando con curiosidad la escena. Le preguntaban todo tipo de cosas, desde “¿Qué hará?” hasta las ideas más locas del mundo como “¿Sabe quién será su próxima víctima?”.

“Si estoy aquí es porque tampoco no sé nada, ¡idiotas!”

Tanya se abría paso, seguida por Noah y Emmet, esquivando a los reporteros pero sin lograr ocultar sus rostros de las cámaras. Emmet se robaba toda la atención: alguien nuevo en el pueblo justo cuando algo grave había sucedido, ¿coincidencia? Tal vez. Alguien tan atractivo y desconocido siguiendo a Tanya con total confianza para ver la escena de un crimen.

Las chicas miraban embobadas a Emmet, lo que activó algo dentro de él. Les regaló una leve sonrisa que provocó más de un suspiro entre el público. Emmet empezaba a pensar que aceptar la ayuda de Tanya no era tan malo después de todo. Tenía más diversión que antes.

Tanya llegó al lugar del crimen, cruzando las cintas amarillas de la policía. Todo tipo de personal, tanto del pueblo como de Tanya, estaba allí: detectives, médicos forenses, fotógrafos forenses, expertos, oficiales y ellos tres. Tanya no tuvo que taparse la nariz ante el olor del cadáver; gracias a la cal que lo cubría, no podía sentir ningún olor. Miró el charco de sangre seca, además de ciertos lugares donde se notaba la descomposición del concreto, con manchas y superficies porosas.

“¿El ácido dejó el suelo de esa forma?”

Noah miró con atención el cadáver, Emmet de igual forma. No se esperaba que su primer día en ese pueblo fuera una locura total. Un hombre se acercó a ellos, era el sheriff. Noah y Emmet se colocaron a los lados de Tanya para dejar que ella hablara.

—Sheriff -saludó Tanya.

—Alcaldesa -les devolvió el saludo, tocando su sombrero e inclinándolo lentamente en señal de respeto.

— ¿Situación?

—Muy pocas pistas -afirmó el sheriff, mirando el cuerpo-. Las cámaras de seguridad muestran que esta chica caminaba por las calles a altas horas de la noche, evitando a los vigilantes

— ¿Saben quién es? -Él asintió.

—Sí, la única chica que falta en el pueblo por el momento es una chica llamada Jessica Duvor -Tanya abrió sus ojos como platos, sin creer las palabras del sheriff- En las cámaras se ve algo borrosa la imagen, pero su familia nos confirmó que es ella

El sheriff señaló a un lado del lugar a la familia Duvor, todos llorando y siendo abrazados por más familiares y amigos en forma de consuelo. Tanya estaba más que… feliz de saber que era la sanguijuela la que había muerto. Hasta estaba empezando a pensar en recompensar al asesino por su acto.

—No tenemos pistas de quién pudo ser. No hay arma homicida ni siquiera de dónde pudo haber sacado los materiales para dejar al cuerpo en ese estado

—Pudo haberlos comprado en una tienda como cualquier gente normal -opinó Tanya pensativa-. ¿Algo más que informar?

—Nada más, si tenemos algo más se lo haremos saber a ustedes… -El sheriff miró de reojo a Emmet, una mirada analizadora cayó sobre él, que observaba todo en silencio.

—Oh, él es Emmet. Es mi primo lejano que llegó al pueblo para ayudarme con la expansión -informó Tanya tranquila. El sheriff asintió, de acuerdo con la nueva información.

—¡¡Espera, chico!! -se escuchó un grito de un oficial.

Los cuatro, junto con más gente, voltearon a ver de quién se trataba. El corazón de Tanya se alegró y a la vez se destruyó ante lo que vio. Era Jared. Él venía corriendo, ignorando los llamados de su familia y de los oficiales. Jared llegó a la escena siendo retenido por el sheriff. Sus lágrimas caían de sus ojos, su labio inferior temblaba constantemente, su respiración era agitada.

—¡¡JESSICA!! ¡¡JESSICA!! -llamó desesperado, observando el cuerpo de su pareja en el suelo-. ¡¡No, por favor!! No…

—Jared… -murmuró Tanya, mirándolo con mucho dolor. Jamás lo había visto tan destrozado, tan débil, tan… vulnerable.

Jared, al ver a Tanya, se alejó del sheriff y caminó hacia ella, abrazándola. Tanya lo cubrió con sus brazos, sintiendo cómo su cuerpo perdía la fuerza y se desplomaba en ella. Tanya miró de reojo a la familia Hagen, cómo era retenida por los oficiales y cómo ellos también miraban con preocupación y tristeza a su hijo.

—T-Tanya… Jessica está… Jessica está… -repitió Jared entre sollozos, sin poder creer lo que había visto y escuchado.

—Ella está muerta, Jared -le confirmó Tanya, ocultando su sonrisa al mencionar tales palabras.

Jared empezó a sollozar aún más, ocultando su rostro en el cuello de Tanya. A pesar de que él era más alto que ella, se las ingenió para seguir de pie junto a ella y poder abrazarla aún más. Sus brazos temblorosos lograban que el corazón de Tanya se quebrara en mil pedazos. Jamás se imaginó verlo de esa forma, nunca pasó por su mente hacerlo llorar, evitó miles de planes para no hacerlo llorar. Pero ¿de qué ha servido todo eso, si alguien más puede hacerlo llorar?

“No llores por ella. No sufras por ella. Aquí estoy yo. Yo sigo aquí. ¿Por qué? ¿Por qué, Jared?”

Noah miró la escena algo desafectado, no le gustaba ver cómo estaban tan pegados, pero comprendía que la relación entre ellos era fuerte y que en esos momentos Jared necesitaría todo el apoyo posible. Evitó mirarlos y se acercó al sheriff para seguir hablando del asunto. La gente del pueblo se conmovió con la escena frente a ellos. Su alcaldesa, presente para resolver el problema cara a cara, además de consolar al afectado con cariño y tranquilidad. Pero una mirada curiosa observó a aquella pareja abrazada: Emmet. Él miraba con curiosidad a Jared y Tanya, notando rápidamente que entre ellos dos podía o estaba floreciendo algo.

—Tranquilo, Jared, me encargo de esto y haré justicia -susurró suavemente Tanya en el oído de Jared mientras que con su mano acariciaba en círculos la espalda de él para calmarlo.

—Queridos habitantes de Hidetown -habló Tanya, llamando la atención de las personas, además de las cámaras y periodistas-. Con el corazón pesado, les traigo noticias que nos conmueven a todos profundamente. Muchos ya lo saben, pero uno de nuestros vecinos ha sido víctima de un acto de violencia, un acto que nos llena de dolor e indignación.

Varias personas del pueblo se abrumaron por las palabras de Tanya; otros se entristecieron y, cabizbajos, escucharon a Tanya seguir hablando sobre esa noticia.

—Sé que en estos momentos, la incertidumbre y el miedo pueden apoderarse de nosotros. La pérdida de una vida es una tragedia que nos afecta a todos, sin importar quién seamos. Pero quiero que sepan que no están solos. Muchas personas asintieron melancólicas por sus palabras.”Como su alcaldesa, les aseguro que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar al culpable y llevarlo ante la justicia. No descansaremos hasta que se haga justicia por este terrible crimen.

Más y más personas empezaron a llegar al lugar. Muchos empezaron a animarse con las palabras de Tanya, sabiendo que ella los ayudaría a buscar la justicia para Jessica.

—Sé que muchos de ustedes se preguntan cómo pudo suceder algo así en nuestra comunidad. Y es comprensible que sientan rabia, tristeza y confusión. Pero quiero recordarles que somos una comunidad fuerte, unida y solidaria. Juntos, podemos superar este momento difícil.

— ¿Lo estamos? -se burló Emmet en un susurro bajo que solo Noah y Tanya lograron escuchar. Jared seguía sollozando sin poder escuchar a Emmet, aún en shock. Tanya ignoró el comentario de Emmet y siguió con su discurso improvisado.

—Les pido que se unan a nosotros en la búsqueda de la verdad. Si tienen alguna información, por pequeña que parezca, no duden en compartirla con las autoridades. Cada pista, cada detalle, puede ser crucial para resolver este caso -Los comentarios de las personas eran más positivos, sin dejar que la noticia los afectara y los asustara aún más de lo que ya estaban-. En estos momentos de oscuridad, es importante que nos apoyemos mutuamente. Extendemos nuestras más sinceras condolencias a la familia y amigos de la víctima. Y a todos ustedes, les pido que se mantengan unidos y que no permitan que el miedo nos divida

Tanya sintió cómo Jared empezaba a calmarse un poco más y apretaba su abrazo en su cuerpo, sintiendo cómo sus cuerpos estaban cada vez más juntos, sin saber lo que significaba la palabra distancia.

—Trabajaremos incansablemente para garantizar la seguridad de todos y cada uno de ustedes. Y juntos, construiremos un futuro más seguro y justo para nuestra comunidad.

Con sus últimas palabras, todos alrededor aplaudieron y alabaron las palabras de Tanya. Todo estaría bien, si Tanya no tuviera otras intenciones con ese asesino. Ahora debían visitar cada lugar para registrar la cantidad de familias y todo eso, y empezar a buscar sospechosos. Emmet se quejó en voz baja porque ahora debía hacer de detective, algo que no venía en el contrato que había hecho con Tanya.

La multitud comenzó a dispersarse, y los encargados se llevaron el cuerpo de la difunta Jessica para la autopsia. En el lugar solo quedaron la familia Hagen, consolando a la familia Duvor, Noah, que ahora hablaba con el personal de una funeraria, y Emmet, quien, aburrido de todo, se había recostado en una pared, observando a la pareja que seguía abrazada: Jared y Tanya.

— ¿Ya te sientes mejor? -preguntó Tanya suavemente a Jared, quien se había apartado de su cuello.

Con los ojos hinchados y rojos, la nariz enrojecida y el cuerpo tiritando de frío, el cuerpo de Tanya reaccionó por sí solo. Se quitó su saco y lo colocó sobre los hombros de Jared. Era pequeño, por supuesto, pero le ayudó a cubrirse del frío. Jared la miró con una mirada perdida, vacía y triste.

“No me mires con esos ojos, esa mirada no es para mí. Jamás será para mí.”

— ¿En serio harás justicia? -soltó en un hilo de voz. Ella asintió con la cabeza, dándole seguridad.

“Lo haré, Jared, créeme que haré justicia para ella

Jared apretó los labios fuertemente, evitando sollozar de nuevo. Acercó su rostro al de Tanya y juntó sus frentes. A ella se le calentaron las mejillas por el contacto; no había lugar para el frío en ese momento. Solo estaban Jared y nadie más.

—Gracias… por no dejarme caer -añadió Jared con la voz ronca por tanto sollozar y gritar.

—Jamás dejaré que toques el suelo, aquí estoy yo para ti, Jared -recordó Tanya, cerrando los ojos y disfrutando de aquel momento.

Jared movió su rostro unos centímetros, y lo próximo que sintió Tanya fueron los labios algo helados y secos de Jared en su mejilla. Ella se sintió desfallecer en ese lugar también, como si estuviera flotando, necesitaba que alguien la ayudara a estabilizarse ya que podría caer en cualquier momento. Abrió los ojos y miró cómo Jared se alejaba de ella para caminar hacia su familia y la familia Duvor.

El espectador, Emmet, vio toda la escena con asco. Miró con molestia a Jared. En el momento en que Jared besó la mejilla de Tanya cuando esta tenía los ojos cerrados, él la vio. Jared miró a Emmet en ese preciso instante. Algo que lo incomodó levemente; nadie debía hacerlo sentir incómodo, así que tuvo la gran idea de no ser un espectador, sino un protagonista.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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