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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 18

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Capítulo 18: Falsedad

“El corazón enamorado, cuando se descontrola, puede ser el mayor enemigo del alma”

–Libe Gloze

Emmet

Emmet no recordaba cuándo fue la primera vez que lo encerraron en esa habitación solitaria y fría. No comprendía por qué sus padres habían empezado a tratarlo de esa forma. No entendía qué había hecho mal. Él siempre respetó a sus hermanos menores, incluso los adoraba; nunca ambicionó nada, amaba y admiraba a sus padres, y ayudaba diligentemente en la producción de drogas. Jamás las consumía ni engañaba a las personas.

Él quería ser mejor que su padre, quería obtener ese trabajo honradamente, aunque tampoco se podía considerar un trabajo noble. Pero era lo que su tatarabuelo, el primer Ashkenazi, había construido con sudor, lágrimas y sangre —tanto suya como de inocentes—, para obtener el gran apellido y ser reconocidos por generaciones. Emmet recordaba que desde pequeño se le instruyó muy joven para hacerse cargo del legado de su familia. No se negó ni lo rechazó, era como si lo hubiera aceptado. Fue concebido para eso.

“Nací para ser el heredero del negocio y del apellido Ashkenazi.”

En este mundo, Emmet hizo pocos amigos y pocos enemigos. Se lo esperaba. La vida que le tocó vivir no era nada fácil; su infancia ciertamente no lo fue. Golpes, gritos, insultos: eso era lo que recordaba de parte de su padre en la infancia. Pero también había otro lado: abrazos, halagos y tratos cariñosos de parte de su madre. Su madre lo era todo para él. Su refugio, su hogar, su lugar seguro. Pero cuando se enteró de que su madre estaba embarazada de nuevo, algo dentro de él se quebró, se estrujó.

“¿Por qué debía compartirla con alguien más? Ella es mi madre, solo mía. Eso me decía antes de que mi hermano menor, Tommy, naciera.”

Su madre le enseñó que compartir no es malo, que es algo con lo que debe vivir. Y aprendió a aceptarlo. Además, no era tan malo cuidar de su hermano menor; un sentimiento de protección surgió en él cuando lo cargó por primera vez. Aunque su padre no era tan cariñoso en cuanto a la familia, Emmet sabía que solo actuaba de esa manera por la vida que le tocó.

Pero esos sentimientos se hicieron a un lado cuando llegó ese fatídico día; era un día soleado, tranquilo, perfecto para echarse una pequeña siesta y recuperar energías. Pero Emmet quería mostrar su gratitud a su familia, y ahí fue donde todo se fue al carajo.

“¿Por qué? ¿Por qué tuve que bajar al laboratorio y hacer nuevas mezclas?”

Emmet, ese mismo día, uniendo sus enseñanzas y todo lo aprendido en ese mundo de drogas, creó un tipo de droga que estimulaba diferentes hormonas, entre ellas la dopamina, a un nivel en el cual la persona actuaba y se veía normal, como si de una máscara o un doble se tratara. Las ventas se dispararon cuando esta droga salió al mercado. Emmet pensaba que su padre estaría orgulloso, que al fin, después de veinte años, lo miraría a los ojos y obtendría esa aprobación que siempre deseó tener.

Pero grande fue su sorpresa cuando su propio padre lo tomó del cuello y lo arrastró de vuelta al laboratorio para obligarlo a crear más y más drogas nuevas. Él no lo podía creer; su propio padre empezó a explotarlo laboralmente para crear este tipo de drogas nuevas. Esa nunca fue su intención. Pero siempre le echaban en cara que le estaban dando todo: comida, un techo donde dormir e incluso le cumplían sus caprichos. Esto que le obligaban a hacer no era nada comparado con todo lo que les debía.

No le dolieron tanto las palizas que le daba su padre al fallar en la mayoría de intentos para crear nuevas drogas, que cuando las probaba en inocentes secuestrados morían, las drogas no eran aptas para los humanos aún, los mataban al primer respiro o inyección. Tristemente, se fue acostumbrando a las palizas de su padre. Pero lograba soportarlas, lograba soportar cómo su propio padre lo aisló de sus hermanos menores, más aún de la nueva hermana menor que había nacido hace poco. Ni siquiera sabía su nombre.

El laboratorio era su nueva habitación, su nuevo comedor. Menos el baño; solo para eso podía salir de ese lugar y luego debía regresar a ese infernal sitio, hasta que su padre le construyó esa celda y empezó a encerrarlo con más frecuencia en ese lugar. Primero eran horas, luego pasaron a ser días y luego semanas. Lo peor fue que el mismo día en que lo encerraron en ese lugar, descubrió que lo habían encadenado. Como si de una mascota en entrenamiento se tratase o más bien un esclavo. Ese día lloró entre gritos.

No solo lloró porque lo habían encerrado, sino que lloró por todo lo demás: los golpes, cómo alejaban a sus hermanos de él, el trato de esclavo, las horas de explotación. En sus momentos de odio y desesperación, lanzaba todo tipo de cosas a las paredes, tratando de crear algún agujero del cual poder huir y sentir la libertad que extrañaba, pero todo era arreglado al día siguiente. Todo era insoportable, pero lo que lo terminó de quebrar fue su madre. Esa mujer que para él era el lugar seguro al que siempre podía recurrir, lo traicionó.

Él creyó que su madre lo iba a sacar de ese cuarto, que lo iba a liberar de esa cadena en su tobillo, pero lo único que hizo fue apretar el agarre del eslabón para asegurar que no podría escaparse de esa habitación. No le dijo nada ese día, pero su mirada lo decía todo: odio y decepción. Eso vio en los ojos de su madre, y eso fue lo que lo terminó quebrando. Ese día, mientras lloraba y le rogaba a su madre piedad y amor, lo cual le fue rechazado, tiró de esa cadena en su tobillo varias veces, haciéndose rozaduras con tal de quitársela. Pero la rozadura pasó a ser una abrasión. No le importaba ver cómo su piel era destrozada por la cadena, o cómo su sangre salía manchando el piso, la cadena y sus manos. El dolor en su tobillo era lo de menos, porque sentía que podía morir a causa de un horrible y punzante dolor en el pecho y la garganta.

“¿Dónde quedó tu amor de madre? ¿Todo lo que me decías mientras lloraba a tu lado eran mentiras? ¿Solo querías saber cuáles eran mis lados más vulnerables para chantajearme? ¿Alguna vez… me quisiste, madre? ¿En tus miradas de odio y decepción, mirabas a tu hijo o a una máquina?”

Cuando había fiestas o reuniones con otras alianzas, actuaban como la familia amorosa que alguna vez fueron. Él les contó esto a sus amigos, sobre los maltratos, los encierros y el aislamiento. Sus amigos le dieron la espalda, menos unos pocos, pero Emmet no podía pedirles ayuda sin verse en problemas tanto legales como mortales. No quería arrastrar a sus amigos a esos problemas; ellos ya lidiaban con los suyos, además de tener que aguantar sus problemas e historias. Algunos de sus supuestos amigos le daban chicas como regalos de cariño, algo que no desaprovechó del todo, ganando experiencia en seducción y afecto, pero siempre respetando límites hasta cierto punto.

Pero su mejor amigo, a quien consideraba su hermano, le dijo una vez:

—Espera por tu ángel de la guarda, encontrará la manera de salvarte de ese infierno para llevarte al paraíso junto a ella

Mantuvo esas palabras en su mente por dos años, hasta que esa noche, cuando nuevamente estaba encerrado. Escuchó disparos fuera de su casa. No le importó, se acostó de lado en su cama queriendo dormir un poco, pero lo que lo sobresaltó fue una explosión que logró retumbar todo en su habitación. Se incorporó de golpe en la cama. Al no tener ventanas, no supo de qué se trataba, pero sentía muy en su interior que ese día, era el fin de la distancia Ashkenazi.

Gritó con todas sus fuerzas el nombre de su familia, el de algunos empleados, pidiendo ayuda, para que lo sacaran de aquella habitación y poder escapar o saber si su familia estaba viva o si habían huido sin él. Pero nadie llegó por él por más que gritara, y cuando todo el lugar quedó en silencio, supo que era su fin. Se fue a la esquina de esa habitación, esperando su final; no quería manchar las sábanas con su sangre, no quería que su madre le reclamara en el más allá por eso.

Cuando escuchó cómo el candado y los seguros de la puerta eran quitados, su corazón se detuvo, y por unos segundos deseó haber abrazado con más fuerza a su madre y hermanos una última vez antes de que su vida tomara ese drástico y horrible cambio. Aunque grande fue su sorpresa al toparse con una chica bella y con gotas de sangre encima de ella, entrando a la habitación como si nada. Le pareció linda a primera vista, era su tipo de chica, pero verla llena de sangre le hizo pensar que no había llegado a esa habitación por casualidad.

“Al menos moriré viendo algo hermoso…”

Le gustó mucho que alguien tan bella como esa chica frente a ella dijera su nombre. Era alguien bella, pero la muerte también lo es. En su último intento de sobrevivir, le lanzó lo que tenía más cerca: una silla. Pero al ver cómo esta silla cambiaba de dirección y se destruyó al instante al impactar con la pared, supo que esa no era una situación normal.

“¿Cómo hizo eso? ¿Magia? ¿Poderes? ¿Poderes de un ángel? Pero con esa sangre no se parece a un ángel de la guarda…”

No pudo evitar asustarse en ese momento, pero cuando la chica actuó tan dulce, calmada, tan cariñosa, no pudo evitar recordar cómo era antes la vida con él. Y al verla liberarlo de esa cadena en su tobillo, dejó de pensar que la muerte era su única opción para escapar. Tal vez aquella chica frente a él era su libertad.

Emmet desconfió mucho de Tanya cuando le dio la opción de trabajar para ella, temiendo cometer el mismo error que hizo con su padre. Pero cuando ella le explicó todo y aceptó sus términos del trato para irse con ella, no dudó más. Esa era su salida. Ella era su salvación. Ella era el nuevo comienzo de su vida. Y al tocar la cama de su nueva habitación en la mansión de los Malka, se sintió en paz, tranquilo, sintiendo cómo el estrés disminuía y cómo la libertad que tanto extrañaba estaba de vuelta. Tanya le había dado libertad y paz de nuevo.

Él la puso a prueba cuando actuó desconfiado con ella en el desayuno, pero al verla actuar como alguien… falsa, no pudo evitar sentir curiosidad. Sentía que Tanya le ocultaba algo, que usaba una máscara y actuaba como Tanya Malka. La curiosidad de saber qué hay detrás de esa máscara, de saber quién más existe en ese cuerpo además de Tanya, lo llevó a formular un plan.

Su plan era simple: ganarse por completo la confianza de Tanya. Al fin y al cabo, Tanya es una chica, y él había estado con muchas chicas. Sabía cuáles eran sus puntos débiles en todos los sentidos. Pero cuando vio aquella escena en el pueblo y observó cómo los ojos de Tanya brillaban al ver a ese chico en sus brazos, lo hizo molestar. Así no sería nada fácil lograr su plan, así que lo dejó a un lado y decidió tomar el lugar de aquel chico. Sentirse amado por una chica como Tanya debía ser fácil; así podría tener más poder en aquel lugar además de tener el corazón de Tanya en sus manos. Pan comido, ¿no?

Tanya

Después de un día del anuncio del cadáver, Tanya, Emmet y Noah recorrían el pueblo en auto, visitando los lugares necesarios para el funeral de Jessica. Solo les quedaba un lugar por visitar e informar sobre todo: el colegio “Teveres”, donde Jessica estudiaba cada día. Los tres fueron recibidos por el director del colegio y otras personas con títulos importantes en aquel centro educativo. Tanya se disculpó con ellos, poniéndose en modo alcaldesa para ganarse su afecto y conseguir su ayuda, y su actuación logró conmoverlos a todos. Le dijeron que llamara al consejo estudiantil, ya que ellos se encargaban de anunciar esos temas en el colegio de la mejor forma, además de aprovechar y encontrar la manera de mejorar el colegio gracias a las peticiones de los estudiantes.

“Claro… no les importa la muerte de una de sus estudiantes y prefieren arreglar su colegio con mis adorados fondos… qué listos.”

Cuando el grupo del consejo estudiantil se acercaba a ellos, el corazón de Tanya se aplastó y un sabor amargo inundó su boca. En ese grupo estaba Jared. Su Jared. Pero en su brazo estaba… otra sanguijuela, abrazando su brazo con total confianza y posesividad. “¿Ahora quién es ella?” La expresión de Tanya mostraba calma, pero en su interior era un caos al verlo junto con esa chica. No quería más que lanzarla lejos de Jared o al menos arrancarle ese cabello de color café quemado que tenía. Pero se contuvo por muy poco. Tomó lo poco de su fuerza de voluntad para no estallar en ese mismo momento.

Cuando su vista se topó con Jared, una sensación agridulce le revolvió el estómago. Él venía hacia ella en un estado algo preocupante: tenía agujeros casi visibles debajo de sus ojos, el rastro de lágrimas había quedado en sus mejillas y apenas podía sonreír. Tanya notó cómo Jared actuaba normal, como si la “changa” colgada de su brazo no existiera y solo ella estuviera en su vista. O eso quería pensar Tanya. Al tenerlo de frente, el aroma a hortensias logró tranquilizarla un poco. No tanto, pero al menos logró pensar en las consecuencias de sus acciones, si es que hacía algo inapropiado.

—Tanya, qué agradable sorpresa tenerte aquí -Jared se detuvo a unos pasos cerca de ella-. Ya me han… informado de todo, y estamos más que dispuestos para ayudarte

El tono de voz de Jared sonaba algo melancólico, al igual que los demás alumnos detrás de él, por lo que podía ver Jessica era alguien importante en aquel colegio.

Tanya se decepcionó un poco; pensó que la iba a abrazar como las otras veces. Pero, seguramente, no podía por dos cosas: una era esa chica de cabello café quemado, que no se desprendía de su brazo, y dos, posiblemente quería tener una apariencia profesional enfrente de los demás alumnos y no quería causarle problemas a ella mostrándose cariñoso. Tanya comprendía ese lado, pero le parecía una estupidez, o sea, la abrazó y lloró abrazándola ayer frente a casi la mitad del pueblo, pero ahora se hacía el tímido. “¿Qué le pasa?” La chica a su lado le sonrió a Tanya.

—Hola, soy Elizabeth Van, la vicepresidenta del consejo estudiantil -La chica soltó solo un brazo del agarre que tenía en el brazo de Jared para saludarla.

“Lo juro, juro que se arrepentirá de no desprenderse de Jared. Le doy diez malditos segundos para alejarse de él. Si no lo hace, dejaré de pensar que existen las leyes.”

—Un gusto, Elizabeth -Tanya sonrió, su mueca tan forzada que sintió la mandíbula tensarse hasta dolerle.

Noah, preocupado por los dos jóvenes y por Tanya, ya conocía el verdadero significado de ese gesto y temía seriamente por la vida de la pobre chica. Emmet, en cambio, miró a Tanya con una pizca de curiosidad. La situación le divertía. Pensó que ese trabajo extra no era tan malo después de todo. Elizabeth, al ver a Emmet, quedó deslumbrada, logrando soltar el brazo de Jared lentamente, algo que Tanya agradeció, pues a la chica solo le quedaban tres segundos de vida.

— ¿Has venido a inscribirte aquí? -preguntó Elizabeth con la mirada perdida en Emmet, una mirada que no pasó desapercibida por nadie, ni siquiera por Jared, aunque a él no le importó.

Emmet negó suavemente con la cabeza, moviendo su cabello rubio cien por ciento natural. Decidió probar algo, deseando que la suerte estuviera de su lado y que Tanya o Noah no lo regañaran en ese instante.

—No, no estoy aquí para inscribirme en este colegio -Emmet dio dos pasos al frente para quedar a la par de Tanya, y con toda la confianza del mundo, pasó uno de sus brazos por su cuello y se recostó levemente en ella-. En realidad, vine a este pueblo para ayudar a mi queridísima prima en sus labores como alcaldesa

Todos los presentes quedaron sorprendidos tanto por la acción de Emmet como por sus palabras. La confianza con la que se acercó a Tanya y cómo se apoyaba en ella demostraba una cercanía, o al menos eso daba a entender. Noah tragó saliva al ver la acción de Emmet, listo para llamar de nuevo a los servicios funerarios. Emmet, en cambio, solo sonreía, alternando la mirada entre Jared y la chica a su lado. Elizabeth abrió la boca levemente ante las palabras de Emmet. Jared tenía las cejas ligeramente alzadas, alternando la vista entre Tanya y Emmet, notando la confianza y familiaridad entre ellos dos. Quien estaba al borde de asesinar a alguien era Tanya. Le lanzó una mirada asesina a Emmet. Apretó sus manos en puños, ocultándolos detrás de ella. El olor a jabón que desprendía Emmet le desagradó por completo. El brazo detrás de su cuello y la mano que reposaba en su hombro eran como el mismo fuego. Quería gritarle, golpearlo. Pero según el contrato, en las condiciones de Emmet, estaba el no lastimarlo.

Podía echarlo de la mansión, pero justo en ese momento se acababa de presentar como su primo, algo que la ponía en un aprieto por ahora. Si lo alejaba, si lo dejaba irse, podría ir a cualquier lugar con cualquier persona peligrosa y tramar algo en su contra. Emmet sabe cómo es su mansión, el sótano, el pueblo. Sabe las ubicaciones de todo. Tanya no podría dejar el pueblo si su vida corría peligro, si se iría, sería con Jared a su lado. Pero es obvio que Jared no dejaría el pueblo así de la nada. Puede encerrar a Emmet en la mansión para siempre, así nunca saldrá y estará bajo su vigilancia. Pero la gente del pueblo ya lo vio y ahora se correrá la voz de que él es su supuesto primo.

“No debo pensar en eso ahora, necesito actuar. Actúa normal.”

— ¿Es tu primo, Tanya? No me habías dicho que tenías más familiares -habló Jared, cambiando su expresión de sorprendida a confundida y algo ¿dolida?-. Me alegro de que no estés sola en todo esto y menos en un momento como este

—Sí, es mi primo lejano; recurrí a él para ayudarme -Tanya soportó el abrazo de Emmet y forzó una sonrisa-. Vino aquí al enterarse de mis planes para el pueblo, y se ofreció a ayudarme en cada aspecto, en cada mínimo detalle -Jared arqueó las comisuras de sus labios formando una pequeña sonrisa.

—Pensé que yo era la persona a la que recurrías por ayuda, Tanya -Su voz sonaba tan melancólica y a la vez con una ¿pizca de molestia?

La cabeza de Tanya empezó a doler. Pasó de estar furiosa, a estar tranquila y luego confundida, después volvió a estar furiosa. Muchas emociones en pocos segundos eran algo que Tanya apenas podía controlar. Pero entre toda su furia, estaba algo… feliz, feliz de que Jared reconociera que no era el único en la vida de ella. Porque todos cambian. Mientras el mundo gira y las almas maduran, este amor se aferra a la oscuridad, envenenando todo a su paso.

“¿Puedo decir que esto que puede sentir Jared en ese momento son ¿Celos?”

—Ahora estás en un momento inestable, no quería molestarte mientras te recuperabas de este gran golpe -Jared frunció levemente el ceño ante el comentario de Tanya.

Elizabeth, notando que Tanya y Jared estaban ocupados hablando, se acercó demasiado a Emmet. Con una sonrisa amable, su mano en las puntas de su cabello café quemado, enredándolos en estos, le habló

— ¿Puedo saber tu nombre? -Su voz melosa le dio asco a Tanya.

—Me llamo Emmet -Él le guiñó un ojo, provocando un leve sonrojo en las mejillas de Elizabeth.

—Emmet, déjame ‘enseñarte’ un poco el colegio -Elizabeth se ofreció como una buena anfitriona.

“No es un niño, no puede perderse… ¡Espera, OH! Ya entendí.”

Jared miró de reojo a Elizabeth con disgusto y vergüenza. Tanya observó la escena con curiosidad, olvidándose que Emmet aún la abrazaba. “¿Acaso Elizabeth estaba coqueteando con Emmet enfrente de Jared? Jared parecía escéptico a lo que estaba enfrente de él, pero no lo lograba. ¿Entonces son pareja o algo así? ¿O hay algo entre ellos? ¿Jared engañaba a Jessica? ¿La superó así de fácil después de ver su cadáver ayer?”

A Tanya no le importó esto; es más, debía aprovecharlo. Sin pensarlo más, le extendió la mano a Noah. Este, al ver su mano, supo lo que le pedía. De su saco, sacó una libreta que había traído consigo y se la dio en la mano a Tanya. Ella la tomó rápidamente y se la ofreció a Emmet, quien la vio con los ojos abiertos al saber lo que le iba a pedir.

—Ya que Elizabeth te ‘mostrará’ el colegio, toma nota de lo que necesitamos arreglar, por favor. Mientras que yo, me encargaré del otro tema

Emmet apretó los labios evitando decir algo enfrente de todos, forzó una sonrisa y tomó la libreta de mala gana. Se separó de Tanya y caminó junto con Elizabeth al interior del colegio; algunos del consejo siguieron a Elizabeth al ser la vicepresidenta. Jared, por su parte, siguió con la mirada a su supuesta ¿amiga? irse con otro. Ladeó la cabeza con desdén y dirigió su vista hacia Tanya.

—Perdona que vieras eso, fue incómodo -se disculpó Jared, llevando una de sus manos a la nuca y sobándola un poco para aliviar el estrés y la tensión-. Fue muy vergonzoso

Tanya vio la mejor oportunidad. Desde el funeral, o más bien, desde el día en que se presentó ante el pueblo, siempre había querido preguntar qué tipo de relación tenía con todas las chicas del pueblo. Pero sería demasiado obvio, en las cartas donde habían ciertas cosas con doble sentido él jamás menciono una relación o algo así, al menos no la de Jessica. Ella trataba de ignorar si más chicas veían con otros ojos a Jared o no. Lo ignoró, pero le quemaba y la mataba lentamente saber que ella estaba con su Jared de diferentes maneras. Trató de mantener su cabeza ocupada con el funeral de su pasada archirrival. Pero siempre la carcomía saber qué relación tenía él con ella.

— ¿Es tu novia? -La pregunta se atragantó en la garganta de Tanya, pero logró sacarla con total normalidad.

“No lo es, Jared no es el tipo de chico que saldría con varias chicas a la vez.”

—No lo es, jamás saldría con alguien más así de rápido, no después de lo de Jessica. Pero ella -la confusión se notaba en sus palabras-. Creo que siente algo por mí, pero no es mutuo

—Eso es algo complicado -Tanya estaba que saltaba de alegría al escuchar las últimas palabras; los sentimientos de ese “café quemado” no eran mutuos.

—Algo por el estilo -respondió Jared cortante-. A mis padres les agrada Elizabeth, muchos nos han dicho que seríamos una buena pareja, pero… no estoy listo para tener otra relación así de pronto, necesito tiempo

“¿A tus padres les agrada Elizabeth? ¿Qué no salías hace poco con Jessica? ¿No les agradaba ella? ¿Ya aceptaron que tengas otra relación así de pronto? Qué curioso…”

—Comprendo -Tanya no interrogó más a Jared por dos razones: no quería presionarlo, se notaba que no quería hablar del tema, y porque le molestó saber que su familia prefería a esa “pelos de café quemado” que a ella.

Jared arqueó una ceja, se hizo a un lado esperando que Tanya caminara a su lado y seguir el camino por donde se habían ido casi todos. Tanya entendió la señal y emprendió el camino con Jared a su lado. Noah y los pocos del consejo los seguían detrás en silencio, como si de guardias y trabajadores se tratara.

— ¿Lo comprendes? ¿Acaso tienes pareja para poder comprender? -Las preguntas de Jared alteraron la química en el cerebro de Tanya.

“¿Estaba preguntando por su estado civil? ¿Jared? ¿Estaba preguntando… eso?” Tanya tragó con dificultad y juntó sus manos; podía sentir cómo su calor corporal subía con rapidez. A pesar de que era pleno invierno, sintió sus mejillas arder ante sus preguntas.

—No, por el momento aún no tengo pareja -La respuesta fue con naturalidad, pero los nervios estaban devorando viva a Tanya.

— ¿Aún no ha llegado el correcto? -Tanya sintió que casi se tropezaba con su propio pie ante la pregunta de Jared; la había tomado por sorpresa.

—Por así decirlo -Tanya sonrió nerviosa; el sudor en sus manos crecía y sus mejillas empezaron a calentarse aún más.

—Por un momento pensé que ese chico, ¿cómo se llamaba? ¿Emmet? Era tu pareja -Tanya hizo una mueca de asco ante las palabras de Jared, y este rio divertido-. Dije ‘pensé’, una posibilidad que no era cierta, o puede serlo, pero ahora se que no por que es tu primo… lejano

—No es mi tipo -Se quejó levemente; pensar en que Emmet y ella eran pareja le revolvió el estómago.

“Aunque… es atractivo, pero no lo conozco nada bien para poder decir si me gusta o no.”

— ¿Y quién es tu tipo” -Tanya, por primera vez, sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo.

Esa simple pregunta la alteró demasiado. Ni los laboratorios ni las experiencias cercanas a la muerte la habían agitado como lo hacía él. “¿Cómo es posible que una simple persona? ¿Que un ser humano logre hacerte sentir de esa forma?” Le preguntó quién era su tipo. La pregunta colgó en el aire, esperando una respuesta que Tanya no tenía, bueno, que sí tenía pero que no sabía cómo decírsela. Quería gritarle que era él, que cada característica suya encajaba a la perfección con su ideal, pero las palabras se le atascaron en la garganta. La mirada intensa de Jared la recorrió de arriba abajo, y ella sintió cómo el calor en sus mejillas recorría todo su rostro hasta sus orejas, como un fuego incontrolable. En ese momento, ella se dio cuenta de lo poco que sabía de sí misma, porque al lado de Jared, solo era un manojo de nervios y sonrojos. Era como si él tuviera un don especial como ella, solo que el de él era: con solo mirarla, la dejaba completamente indefensa. Algo que Tanya nunca había experimentado a esa intensidad.

—Eso… es personal -fue lo único que pudo decir Tanya entre el colapso que estaba sufriendo en ese momento.

— ¿Personal, eh? Bueno, respeto todo eso, pero pensé que teníamos la suficiente confianza para poder hablar de ese tema

Tanya casi se ahogaba con sus propias palabras ante las palabras de Jared, y lo miró de reojo. Él le sonreía de lado y también tenía su mirada en ella. Ambos, junto a los demás detrás de ellos, llegaron a un gran gimnasio donde en una esquina había algunas cosas para el funeral de Jessica, que se haría en ese lugar al ser grande y poder protegerlos del frío y la nieve que estaba cada vez más cerca de caer.

—La tenemos -le confirmó ella, mirando a otro lado, fingiendo detallar el gimnasio. Jared se acercó aún más a ella, y su voz bajó a un tono un poco sugestivo.

—Entiendo lo personal que puede ser. Pero a veces, compartir esos aspectos de nosotros mismos con alguien de confianza puede hacer que la conexión sea aún más profunda -El cálido aliento de Jared chocó con su oreja, logrando que un escalofrío recorriera el cuerpo de ella.

Tanya sintió su corazón latir con fuerza. Jared tenía razón, pero la idea de exponerse de esa manera la hacía sentir vulnerable. No debía mostrar sus debilidades a nadie más; ella es Tanya Malka, no es Doce. Sin embargo, algo en su mirada la invitaba a seguir jugando este peligroso juego.

“A veces, jugar con fuego es la única forma de encender una pasión que valga la pena.”

—Quizás tengas razón… Pero ¿y tú? ¿Qué tipo de mujer te atrae?

“Y no te atrevas a mencionar a esa oxigenada que está más que lista para enterrarla tres metros bajo tierra.”

Jared sonrió pícaramente, una sonrisa que hizo que el vientre bajo de Tanya empezara a cosquillear. Esta plática no era como las otras que habían tenido. No, esta plática iba más allá, y ella quería tocar el límite de esa conversación.

—Hmm, esa es una pregunta interesante. Me gustan las mujeres inteligentes, fuertes y un poco misteriosas. Alguien que pueda mantenerme alerta y sorprenderme -comentó Jared con naturalidad. No había mentiras o falsedad en sus palabras.

Tanya no pudo evitar sonreír y sentirse algo celosa a la vez. Esa descripción encajaba perfectamente con ella, pero también con algunas chicas más en el pueblo. Sin embargo, ella deseaba que se refiriera a ella, al menos en la superficie. Pero detrás de esa fachada de mujer fuerte que ella simulaba ser, se encontraba una persona insegura y llena de dudas que tiene sed de sangre, una variedad de problemas y que además… no es humana.

—Pues, creo que hemos encontrado mucho en común, entonces -ella usó un tono algo juguetón tratando de seguir con esa tensión de plática o aumentar el nivel.

Jared asintió, sus ojos brillando con diversión al notar la luz verde de Tanya. Ambos estaban de pie en medio del gran gimnasio, frente a frente, teniendo ese tipo de pláticas. Claramente algo estaba avanzando entre ellos.

—Definitivamente. Pero creo que aún hay mucho más por descubrir

Tanya sintió una dosis de dopamina y adrenalina ante las palabras de Jared. Estaba más que emocionada y algo ansiosa de que eso sucediera, de que Jared quisiera saber más de ella. Pero también la dosis de adrenalina la puso alerta: si Jared quería saber más de ella, corría el riesgo de que se enterara a qué se dedicaba realmente. Si Jared llegara a enterarse de esa verdad, todo lo que ha hecho hasta ahora podría caerse como una casa de cartas. Ella tiene su casa bien hecha y la expande con cuidado, pero si Jared se entera de todo eso, su casa se podría derrumbar con facilidad y le costará muchas cosas y, si es posible, la vida para volver a donde está en ese momento.

En ese momento, alguien los llamó desde el otro lado del gimnasio. Noah necesitaba que Tanya fuera hacia él, ya que las personas encargadas de la funeraria y todo eso habían llegado para decorar el lugar y alistarlo para la gente del pueblo. Ella sintió un alivio momentáneo, pero también una pequeña decepción. Se había dejado llevar por la conversación, y ahora se sentía expuesta y vulnerable ante Jared, quien no quitaba la mirada de ella. Ambos regresaron por sus pasos hacia los demás, pero mientras caminaban hacia el grupo, Jared le susurró al oído.

—No te preocupes, Tanya. Tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos mejor

Tanya podía jurar que algo explotó en su cabeza ante las palabras de Jared, quien solo se adelantó un poco para que nadie sospechara el profundo sonrojo en sus mejillas y orejas. Además, su corazón estaba a nada de sufrir un infarto por la velocidad a la que palpitaba. Jared sabía cómo alterarla, lograba volverla vulnerable. Algo que despreciaba por completo, odiaba sentirse débil, saber que alguien más tiene poder sobre ella. Pero por alguna razón que desconocía, se sentía tan bien que fuera Jared quien la controlara de esa forma. Había un lado sumiso en ella que deseaba más control de Jared sobre ella. Que él la quisiera con la misma necesidad que ella a él. Que él la deseara con el mismo deseo que ella siente por él.

“Y por sus palabras, espero, deseo. No, no, estoy segura de que son mutuos.”

—Puedes visitarme en mi casa -ofreció él-. Eres más que bienvenida, vivo en la calle Hiesl, cerca de la fuente. Puedo mostrarte el camino para que no te pierdas

Tanya sintió de nuevo cómo un segundo escalofrío recorría su cuerpo cuando Jared le dio la bienvenida a su casa. “¿Será para eso? ¿En serio la estaba invitando para eso? ¿O solo como visita normal?”

“Oh Jared, si supieras que no hace falta enseñarme el camino a tu casa…”

—Muchas gracias, es muy amable de tu parte, Jared -Tanya curvó las comisuras de sus labios en una sutil sonrisa-. Lo mismo para ti, puedes ir a visitarme de nuevo si necesitas ayuda con algo, una habitación te estará esperando si decides quedarte y pasar la noche

Jared le dio una sonrisa algo coqueta que hizo alterar por segunda vez su corazón.

“¿Habrá entendido el mensaje? Espero que sí, debo estar preparada para todo.”

Tanya y Jared siguieron su camino hasta que llegaron con los demás y hablaron sobre cómo hacer el funeral en ese lugar. Sin embargo, había alguien que los observaba desde la lejanía. Una persona, Emmet que tenía a esa chica de cabello café oscuro, Elizabeth, entre sus brazos y con la boca cubierta con la suya, ocultos en un aula cerrada. Una curiosidad iba creciendo en esta persona a medida que observaba la escena, ignorando cómo la chica empezaba a quitarse sus prendas de ropa para dar el siguiente paso.

Todos bajaron del auto al llegar a la mansión. Habían dejado todo listo en el gimnasio para la noche y empezar todo el inútil espectáculo. Al entrar, fueron recibidos por los empleados; el atardecer estaba casi por empezar, así que tenían algunas horas libres antes de volver al pueblo e ir al funeral.

Tanya aún tenía el estómago revuelto. Por la charla con Jared, y porque al final del día, esa chica de cabello café quemado se volvió a pegar a su brazo como lo hacía la antigua sanguijuela. Ya no podía soportar más. Jared tampoco quería eso, Tanya lo sabía, lo podía sentir. Necesitaba salvarlo, necesitaba liberarlo. Pero, ¿cómo? Si hacía algo mal, ponía en juego varias cosas. Pero tampoco quería raptarlo de una vez; hay pocas probabilidades de que Jared se enamore de ella si llega a secuestrarlo. Pero las hay.

“¿Tomo el riesgo de que desarrolle el síndrome de Estocolmo?”

—Noah -lo llama Tanya, él estaba a su lado de camino a su oficina, y Emmet los seguía atrás en silencio-. ¿Ya llegó lo que pedí?

—Sí, ya ha llegado, se encuentra en el jardín y…

—Lo cambiaré de lugar -interrumpió Tanya.

—Mi curiosidad aumenta aún más -el comentario de Emmet logró detener a los dos delante de él-. Eres muy buena actuando como alguien ‘normal’ frente a todos.

“¿Cómo alguien normal?”

—Y puedo hacerlo mejor -El tono de voz de Tanya era hostil, pero Emmet curvó sus labios en una sonrisa.

—Bien, me adelantaré a comer algo antes de volver al funeral

Emmet pasó a un lado de Tanya y caminó directo al comedor. Tanto Noah como ella sabían lo que había hecho cuando desapareció en aquel colegio: ropa arrugada, perfume de chica sobre él, además de que algunas partes de su rostro y cuello parecían rojizas, obviamente eran marcas de maquillaje que se quisieron borrar. No le dieron importancia; era parte del trato. Emmet era libre, pero tenía demasiada confianza.

Noah copió la acción de Emmet y se fue a su propia habitación. Tanya, en cambio, se desvió del camino para ir al jardín, donde ya estaba su pedido: el telescopio terrestre. Levantó una mano y el telescopio empezó a levitar. Y nuevamente ingresó a la mansión con el telescopio siguiéndola. Algunos empleados miraban la escena asombrados, otros incrédulos y muy pocos lo vieron como algo normal. Tanya caminó por los pasillos hasta llegar a un patio en el segundo nivel, donde unas mesas, sillas e incluso sombrillas reposaban. Tanya dejó el telescopio al lado del barandal de concreto. Lo instaló correctamente y luego dirigió la vista a un lugar en específico.

Según los cálculos de Tanya y las noches en las que visitó la casa de Jared, logró encontrar un punto en común: la ventana de la habitación de Jared daba directamente a su mansión, y el balcón en el que ella estaba ahora daba a su ventana. La vista del telescopio enfocó en la habitación, y sonrió con emoción al confirmar que sus cálculos eran correctos. Ahora podía ver a Jared siempre que quisiera. Y era su momento de suerte, ya que Jared se encontraba acostado en su cama, justo al lado de la ventana. Estaba leyendo un libro. Tanya detalló su mirada concentrada en el libro, cómo pasaba las páginas y cómo movía la boca para hacer un comentario hacia el libro que estaba leyendo.

“Esto puede ser un buen pasatiempo.”

Tanya sentía que lo tenía todo, pero cuando sus ojos captaron algo grotesco, se dio cuenta de que no era cierto. Alguien se había lanzado encima de Jared. ¡Una chica! ¡¿ELIZABETH?!

Tanya sintió cómo su sangre ardía de furia al observar la escena a través del telescopio: esa chica estaba encima de Jared, que yacía recostado en su cama. “¿Cómo se atrevía esa chica? ¿Le gustaba tentar a la muerte?” Apretó la mandíbula, sus manos se volvieron puños, la ira rebosaba. Sentía que quería gritar, vomitar o expulsar todo aquel odio que la estaba consumiendo. Luego, al ver cómo esa chica posaba sus labios sobre los de Jared, el grito silencioso resonó en su mente:

“¡¡QUE NO HABÍAS DICHO QUE NO QUERÍAS NADA CON NADIE!!!”

Ese beso la golpeó fuertemente en su interior, logrando sacarla de sus cabales. Apretó el telescopio con todas sus fuerzas mientras observaba aquella escena, el odio era mucho, demasiado. Sentía que se estaba ahogando. Y entonces escuchó un crujido. No le dio importancia y solo quitó la vista del telescopio, estallando en furia. Algo explotó a su lado. Se dio la vuelta rápidamente para evitar que lo que había estallado lastimara su rostro. Cuando esperó otra explosión o algún ataque y no pasó nada más, volteó su vista a lo que había ocurrido: un ventanal estaba roto. Había varios fragmentos de cristal rotos alrededor de ella. Tanya se frustró por completo y pasó sus manos por su rostro con fuerza.

Había perdido el control. Lo había perdido. No debía perder el control. Jamás. Nunca. Esta no es ella. Pero con lo que había visto, lo había perdido por completo. No le dio más vueltas al asunto y entró de nuevo a la mansión para buscar algo con qué limpiar su desorden. Pero lo que había ignorado por completo es que hay una habitación cerca de ese balcón, y alguien la estaba observando a través de una ventana de esta habitación: Emmet. Quien sonreía con un toque sádico al observar esa escena.

Emmet no creía en lo paranormal, ni en la hechicería ni nada parecido. Pero lo que había visto -el cristal estallando por las reacciones de Tanya- le parecía muy divertido y curioso a la vez. No se asustó para nada. Había pasado cosas peores, pero debía admitir que lo que había presenciado era algo impactante. Pero él quería ver más. Quería probar sus límites. Quería saber más acerca de Tanya. Y se prometió obtenerlo. Total, ¿Qué puede salir mal?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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