Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 19
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Capítulo 19: Descubrimientos
“Corazón que siente, mente que duda”
–Libe Gloze
Desconocido #2
El funeral no era más que una pérdida de tiempo: lloriqueos, súplicas y bla, bla, bla. No había nada divertido. Una chica estaba pegada a su lado, pero él solo la ignoró. No tenía ganas de acostarse con ella o algo por el estilo, pero su presencia era abrumadora. Solo había hablado con ella un día y ya tenía toda su confianza y sumisión. No era nada divertido. No le gustaban ese tipo de presas, las que caen fáciles en sus encantos y manipulaciones.
Estaba frente al altar donde se encontraba la foto de su víctima. El ataúd con el cuerpo no estaba presente, ya que no podía exhibirse de esa manera. Según los rumores del pueblo, no lograron encontrar la causa de la muerte. El ácido, aún no identificado, que él le había lanzado al cuerpo había logrado borrar o desviar la verdadera causa de muerte de aquella pobre chica. Solo sabían que tuvo una muerte horrible por la cantidad de sangre que aún estaba en aquel lugar en construcción.
“Ja, es una obra de arte la que hice. Y estos idiotas la abandonan. Gente inculta.”
Esperaba con ansias que ella apareciera, su hermosa chica. Quedó flechado al verla cuando llegó a la escena del crimen. Lástima que no pudo verla más o besarla siquiera, porque debía irse rápido. Pero le encantaba, era alguien hermosa pero a la vez misteriosa. Ocultaba algo, lo sospechaba.
El murmullo de la gente le llamó la atención mientras devoraba un panecillo junto con su taza de café; era una buena opción ante aquel crudo invierno. Cuando volteó a ver el porqué del ruido, su corazón latió con rapidez al verla. Vestida toda de negro se veía tan jodidamente atractiva. Debía calmarse para no dejar que su “amigo de abajo” se despertara en medio del funeral. Pero notó algo extraño: ella no miró a nadie del pueblo.
“¿Acaso estará enojada?”
Se notaba en el lenguaje corporal de Tanya: su velocidad aumentó, su ceño estaba ligeramente fruncido y no volteaba a ver a nadie. “¿Ahora qué la había enojado? ¿Acaso fue ese idiota que dice ser su primo lejano?”
Sus ojos se posaron en aquel chico rubio que parecía buscar a alguien con la mirada, pero luego de que Tanya le susurrara algo al oído, él solo sonrió, se apegó más a ella y dejó de ver a la gente del pueblo. Algo que molestó al asesino. “¿Por qué debía llegar él en ese momento? ¿Quién se cree? ¿Qué es realmente de su mujer? ¿De verdad es familia o solo su pareja sin querer confirmar?”
“Lo soportaría si fuera su familia, pero si me llego a enterar y confirmar que es su pareja y que ella mintió a todos diciendo que era su primo lejano. Es hombre muerto.”
Él los miraba fijamente, en primera fila del funeral, dando su pésame a la familia Duvor y escuchando lo que decía la gente del pueblo. Miedo. Tenía miedo de aquel sujeto que le hizo eso a esa pobre chica. Ya no se sentían seguros ni por las cámaras ni por los oficiales. “Sí, claro, el asesino los evitó con toda facilidad y logró asesinarla sin problemas.” Pero todo tenía un porqué.
Tanya… Tanya, su nombre resonaba en su cabeza. La quería, la deseaba. Ansiaba tocarla, ansiaba abrazarla. Quería llenar ese cuerpo de sangre y ver cómo la vida abandonaba su cuerpo frente a sus ojos. Pero no podía asesinarla aun, la necesitaba para su plan original, ordenes. Y gracias a eso no debía matarla. Tal vez eso hizo que se encaprichara con ella tan rápido, algo hermoso que no puede tener pero que a la vez la ha tenido tan cerca. Algo que pensó que era común pero resulto ser algo único.
Quería hacerle de todo. Cuidarla, lastimarla, besarla, azotarla, matarla y tomarla. Hacer que de esa linda boca salieran gemidos y a la vez gritos de terror, súplicas placenteras y desesperadas. Ansiaba tenerla ya en sus manos y jugar con ella a su antojo. Pero todo a su tiempo. Pero joder… sí que le molestaba demasiado saber que ese “pelos de elote” estaba a su lado y que, para terminar de joderla aún más, vivía con ella. Bajo su mismo techo.
Ha estado empezando a despertarse por culpa de unas pocas pesadillas estas últimas noches, al soñar que los descubría estando juntos a esos dos. Que ella prefería a ese “pelos de elote” que a él. No podría dejar que eso pase, y así será. Tenía un plan que seguir, pero no quería mezclarlo con su vida personal. Pero… logro conectar con ella de una manera que… no sabía si ella podía sentirla. Apuesta que no, por que jamás se enteraría.
—Señorita -Una voz chillante se acercó a Tanya y ella se puso de rodillas para hablar a la misma altura que la niña.
“Qué bella mi mujer… Por que eso es lo que es Tanya, mi mujer y solo mía. Ya la reclame yo, y nadie más puede hacerlo”
— ¿Sí? Dime, pequeña -Tanya habló con una voz suave.
Esta plática que estaba a punto de empezar llamó la atención de todos en aquel gimnasio donde supuestamente debía darse respeto al muerto.
“Da igual, nadie estaba prestando atención al funeral.”
— ¿Se cancelará la feria de Nochebuena? -La pregunta de la pequeña fue tan inocente y llena de tristeza que logró que varias personas cerca de ella la miraran con compasión.
—Me temo que es una probabilidad -confesó Tanya con gran pesar.
La pequeña arrugó el rostro e hizo un puchero en señal de que no le agradaba esa respuesta. La madre de la pequeña se disculpó con Tanya, pero más personas se unieron a la plática, preguntando por qué no se haría la celebración que hacen año con año.
—Puede ser peligroso para todos. Alguien puede resultar herido y no me gustaría que alguien más de este amado pueblo salga herido por no tomar las medidas necesarias -argumentó Tanya, mirando detrás de ella la foto de la difunta Jessica.
“Awww, qué tierno, amor…”
—Pero usted nunca ha estado en esos cinco años que tiene aquí, no debería cancelarla y debería estar con nosotros, nos cuidaremos la espalda cada uno -habló una persona del pueblo.
Y gracias a esa persona, más y más personas apoyaron que no cancelara la celebración y que se uniera a ellos. Tanya expresó sus dudas y preocupaciones sobre lo que podía pasar esa noche, que era mucho riesgo, pero el pueblo le dio respuestas y encontró formas de evitar cada problema. Y finalmente, Tanya accede a continuar con la celebración y a visitar la feria ese año. Todos en el funeral aplaudieron y celebraron su cometido.
“Esa es mi mujer, pone alegre hasta un funeral… ¡Qué mujer más increíble!”
Tanya
—La veo algo distraída últimamente -La voz de Noah trajo de nuevo a la tierra a Tanya, quien solo levantó la vista de los papeles en su escritorio y lo miró sin expresión alguna-. ¿Hay algo que la ha estado molestando últimamente?
Ya habían pasado dos días desde el funeral, dos días desde que vio esa escena en la habitación de Jared. Tanya solo contestó que era la feria lo que la tenía ocupada y volvió la vista a los papeles que tenía frente a ella. Veía las letras, podía leerlas sin inconvenientes, pero el problema era que no estaba concentrada. No podía darle un significado a lo que estaba leyendo. En ese momento estaba firmando los últimos papeles para tener la seguridad y todo tipo de cosas que siempre ha pedido para la feria de Nochebuena. Pero por más que leía y volvía a leer el mismo párrafo, seguía sin poder concentrarse. Su mente no estaba donde debería estar. Su concentración estaba siendo opacada por lo que había visto hace unos días atrás.
No podía borrar la imagen de su mente, la sensación de perder el control. Además de la reparación de la ventana, fue algo con lo que Noah no la dejaba en paz. Odiaba lo que había visto. Pero odiaba aún más su incapacidad de no hacer nada. Quería hacer muchas cosas, pero las consecuencias de sus acciones serían el gran problema. Además, algo que la lastimó eran las mentiras de Jared que se había tragado con facilidad. Y que de seguro se tragaría más y más
“Dijo que no quería nada con nadie, y pum, invita a esa de cabellos café quemado a su casa para besarse.”
Tal vez si confesaba sus sentimientos ante todo el pueblo, dejaría en claro que Jared era solo suyo, no estaba mal de ese lado. Pero eso convertiría a Jared en un punto muy vulnerable para ella, y muchos del narcotráfico tomarían provecho de esto; no quería ponerlo en peligro. Muchos tomarían venganza de ella yendo en contra de Jared, algo que Tanya no quería que pasara. “Bueno, ¿qué tal una relación a escondidas?” Alguien los descubriría. “Entonces raptándolo,” Jared la odiaría. “Bien, entonces solo queda huir con Jared.” Pero… lo que más le preocupaba o atormentaba era… si Jared la odiaría por quien es en realidad. Pero los celos la estaban carcomiendo. Recuerda todo como si fuera ese mismo puto segundo.
Sus ojos se clavaron en ellos como dagas envenenadas a través del telescopio. Allí estaban, abrazados como si fueran la única pareja en el mundo. Sus labios se movían en un beso lento, pegajoso, que le arrancó el aire de los pulmones. Una ola de envidia y rabia la inundaba de nuevo, tan fría y punzante como el hielo.
“¿Cómo podía ser tan feliz con ella?” “¿Cómo podía olvidarse de mí tan fácilmente?”
En ese instante, algo dentro de ella se rompió de nuevo. Algo que a medida que se seguía rompiendo, más perdía la cordura. Su amor por él era una obsesión enfermiza, que cada vez se iba profundizando más y más en su ser. No podía permitir que le arrebataran a Jared de esa manera, ya no más. No, no lo permitiría, no de nuevo. Esta vez, ella debía tenerlo. La siguiente vez que Jared besara a alguien iba a ser ella. La siguiente persona que abrazara, tenía que ser ella.
Tanya no es romántica, su lenguaje amoroso es dar regalos costosos. Además, lo ha estado acosando mucho más últimamente. Es una asesina, ni siquiera puede considerarse humana. Es un monstruo. Con todo eso, en su interior, deseaba que Jared no la odiara o despreciara por todo lo que es en realidad. Pero al ver la escena de esa noche, la destrozó. El saber que no era ella quien estaba con él esa noche. Sus pensamientos estaban más allá de lo insano.
“¿Qué pasó después de ese beso? ¿Pasó a algo más o se detuvo en ese mismo instante?”
No, no, no, no quería pensar en eso. La rabia subía de nuevo. Sabía que ahora Elizabeth era su novia y que él le mintió, casi la mataba cuando lo supo. Pero logró controlarse a duras penas, pero verlos besarse fue otra cosa. Otro nivel que Tanya no sabía manejar. No tenía el control de sus emociones, tampoco el de sus pensamientos. La imagen de ellos dos, juntos en esa cama en la noche.
“¿Y si…?”
El ventanal que estaba detrás de Tanya se agrietó. El sonido fue claro. Noah volteó a ver el ventanal. Una línea quebrada que se iba agrandando lentamente. Noah dejó los papeles que tenía en su mano y los dejó en el escritorio de Tanya, quien miraba fijamente las hojas con el ceño fruncido y las manos hechas puños, apretando la pluma con la que estaba firmando los papeles.
— ¿Señorita? -Noah la llamó de nuevo. La grieta en el ventanal dejó de avanzar cuando Tanya alzó la mirada hacia él-. ¿Todo en orden?
Ella soltó un suspiro, lanzó la pluma con molestia en su escritorio y se recostó en su silla, tratando de despejar su mente.
—Todo está bien, deja de preguntar eso -La tensión en la voz de Tanya le dijo a Noah lo contrario, pero él no quiso presionarla a hablar-. ¿Cómo va el trabajo de Emmet?
Noah volvió a tomar los papeles en sus manos y siguió organizándolos, apreciando el cambio de tema de Tanya.
—Está cumpliendo su parte del trato. Tomando en cuenta cada precaución y siguiendo con la producción de los nuevos narcóticos. Solo que… -Tanya lo miró con disgusto; le molestaba que Noah hiciera eso y no terminara de hablar.
— ¿Solo que…” -La irritación de Tanya volvía a crecer.
—Su comportamiento hacia algunas empleadas no es el más ‘adecuado’ -soltó molesto.
“¿Ah? ¿Comportamiento?”
—Explícate -Ordenó Tanya, sobándose la sien con ambas manos.
—He notado que ha invitado a su habitación a algunas empleadas jóvenes, ya sabe para qué actos -Apretó la mandíbula asqueado-. Y luego al día siguiente entra a una diferente
— ¿Alguna chica se ha quejado contigo sobre ese tema? -preguntó Tanya con desgana.
—-Por el momento ninguna. Pero si el muchacho llega a cometer un error…
“Ugh, no quiero más problemas ahora…”
—Le daremos dos opciones a la chica -Tanya intentó volver a leer las hojas, pero al no lograrlo, las dejó a un lado-. Primero dependerá de ellas tenerlo o no. Si no quieren, las ayudaremos junto con Víctor, y si sí lo quieren tener, debemos ayudarlas
—Esa es responsabilidad de Emmet. No suya -alzó la voz Noah, ganándose una mirada desaprobatoria de Tanya-.”Perdóneme, señorita, pero no dejaré que usted se haga cargo de los errores de un muchacho que no piensa en las consecuencias de sus acciones
—Busco una salida fácil; deshacernos de los cuerpos no es tan sencillo. Menos si la familia empieza a buscarlas por desaparecer. Hay muchas otras salidas fáciles: dinero, chantajes, amenazas -Tanya se estiró levemente en su lugar, sus músculos tensos la cansaban-. Eso sí, no quiero bebés en esta mansión. Son innecesarios, solo sirven para llorar y observar tu vida. Estoy agradecida con la paz y el silencio. Y un bebé no arruinará eso.
“Aunque si el bebé fuera mío… siempre habrá excepciones si llego a tener una familia, aunque ese pensamiento está lejos de ser realidad por ahora. Por qué no puedo reproducirme, mi útero está muy dañado”
—Está bien, señorita. Tomaremos las precauciones si eso llega a pasar. Tiene razón
Tanya miró con una pizca de curiosidad a Noah. Había notado algo que no pasó desapercibido. Desde hacía tiempo, Noah no la contradecía en nada. Ni la regañaba como lo hacía antes. Ahora siempre estaba de su lado, aceptando ciegamente sus órdenes.
—Ya no me has contradicho nada o regañado -El silencio se apoderó del momento-. ¿Acaso me tienes miedo? -Noah negó con la cabeza.
—He comprendido que nunca jamás volveré a contradecirla en algo, ni a tener dudas de sus acciones. El día que hizo firmar a todos el contrato, además de la emboscada a los Ashkenazi, entendí finalmente que, desde esos días en adelante, la seguiré con una venda en mis ojos hasta el final de mis días
Tanya alzó una de sus cejas, sorprendida por las palabras de Noah. Le estaba jurando su lealtad. Una lealtad ciega y peligrosa. Algo que Tanya… agradeció. Agradecía tener a alguien así. Porque, además de serle fiel e incluso dar su vida por ella, era algo que no mucha gente hacía por desconocidos. No los unía nada. Noah podía dejarla cuando quisiera. Pero decidió quedarse con ella hasta el final de sus días. Logró conmover el corazón frío de Tanya. En una parte le recordaba a sus fallecidos hermanos. No se sentía tan sola ahora. Sentía que Noah era como un acompañante o, más bien, un padre verdadero para ella.
—Aunque claro, si veo que va por el mal camino, la detendré y reprenderé, aunque sea a golpes -La voz burlona de Noah logró sacarle una débil sonrisa a Tanya.
—Lo tendré en cuenta en ese caso
Un ruido de interferencia rompió por completo el sentimiento de familiaridad entre aquellos dos. Noah se dirigió a las cubiertas de libros falsos en la estantería y las removió. Tomó el walkie-talkie y, mientras ajustaba la frecuencia, se lo pasó a Tanya.
— ¿Hola? ¿Malka? -Se escuchó una voz masculina del otro lado.
—Búho Tres, pensé que habías muerto al no recibir ningún informe tuyo -Se burló Tanya, pero otra risa masculina resonó por el artefacto.
— ¿Tan poca fe nos tienes, hermosa? -Esa voz la reconoció Tanya y dio un suspiro molesto.
—Búho Uno, ¿qué haces con Búho Tres? De una vez te digo que no habrá pago para ti -avisó Tanya, y el hombre solo soltó unas cuantas carcajadas.
—Solo cuido de mi hermano menor -confesó Búho Uno, recuperándose de las risas-. Pero a lo que vamos, detectamos unos movimientos sospechosos con el señor Stern.
—Stern… de seguro ya le informaron del incidente con los Ashkenazi y está empezando a dar el siguiente paso -Noah sobó su pequeña barba puntiaguda blanca de su barbilla, pensativo.
—Es un tonto si cree que puede evitar nuestrallegada-comentó Tanya fastidiada-. Solo me dan más trabajo. Búho Uno, dime, ¿qué ha hecho Stern esta vez?
—No es él -informó Búho Uno, dejando confundidos a Tanya y Noah-. Es su hija. Su hija está actuando de forma extraña.
— ¿Su hija? -repitió Tanya con confusión, buscando la mirada de Noah para que la ayudara a recordar quién era.
—Si mal no recuerdo, su nombre es Amaris Stern -murmuró Noah inseguro.
— ¿Cuáles son los movimientos de la chica? -preguntó Tanya.
—Bueno, ha estado hablando por teléfono a altas horas de la noche. Además de tener ciertas peleas con su padre y con su hermano mayor. Pero últimamente ha dejado de hacer todo eso. Y ha estado muy tranquila. Su tranquilidad ha estado siendo muy sospechosa, su cambio de personalidad de la noche a la mañana es algo de qué sospechar
—Quédate alerta y vigílala. Si notas algo más, no dudes en informarme -ordenó Tanya.
— ¿Me pagarás? -preguntó Búho Uno con voz cómica.
—Eso no iba para ti, va para Búho Tres -corrigió Tanya, y antes de escuchar las quejas de él, apagó el artefacto.
Tanya le devolvió el walkie-talkie a Noah y este lo dejó en su lugar, ocultándolo con las cubiertas de libros.
— ¿Qué estará tramando esa chica Stern ahora? -Tanya se levantó de su silla, se dio media vuelta y miró a través del ventanal, notando la grieta que había causado con anterioridad.
—Posiblemente quiere poner a su hija a salvo antes de rebelarse, como lo hizo Ashkenazi. Lo mejor será estar listos si llega a atacar primero -propuso Noah.
—Eso no sería lógico, el primer hijo es el que debería proteger, es su heredero. Los segundos hijos no importan en negocios como estos a menos que el primer hijo o hija esté enfermo o en peligro mortal -Tanya supo que había algo sospechoso, como había mencionado Búho Uno-. ¿Y dónde estará el primer hijo, el…?
— ¿Mateo Stern? -Noah terminó de recordarle el nombre del primer hijo de los Stern.
—Sí, ese mismo. Seguro algo ha pasado con ese niño y puso en pánico a su familia -teorizó ella, creando miles de hipótesis sobre por qué tendrían que cuidar a la segunda hija-. Si Stern llega a morir, lo necesitaremos vivo, y le ofreceré el mismo trato que a Emmet
— ¿Hará lo mismo? ¿Acaso ahora tiene un pasatiempo que es recoger hijos huérfanos? -El tono de voz de Noah dejaba a la imaginación que no le agradaba esa idea para nada-. Con el joven Emmet tenemos suerte de que aún no haya atentado contra su vida o algo que logre perjudicarla, pero no podemos asegurar que algunos más sean como él.
“Tienes razón, no podemos solo confiar ciegamente en los demás solo porque están en aprietos.”
—Por ahora, tenemos que estar al tanto de los búhos; si llegan a decir una ubicación, debemos ir rápido
—Y tener en orden los papeles más importantes del negocio y, si en dado caso necesitamos abandonar el pueblo, ya tenemos todo preparado
—Eso suena una ingeniosa idea -opinó Tanya, pasando uno de sus dedos por la grieta que había hecho.
“Y también llevarnos a Jared, lo quiera o no.”
—Aunque es algo extraño -susurró ella, pero Noah logró escucharla.
— ¿Por qué sería extraño?
—Si Stern ya se enteró de lo que pasó en la mansión Ashkenazi, por más guardias que tuviera y toda esa seguridad, no sirvió de nada. No sería inteligente hacer algo que lo llevaría al mismo final. No es tan tonto como Ashkenazi. Al menos Stern es algo inteligente
“¿Entonces por qué? ¿Tampoco leyó el contrato? ¿No sabe cuál es el detonante para que yo vaya y le quite todo?”
—Tiene razón en ese punto -Noah estuvo de acuerdo-. Pero lo mejor será verlo desde todas las perspectivas, solo por si las dudas
Pero Stern no ha hecho nada. Hay dos búhos observándolos atentamente. Y, sin embargo, es la hija quien llamó la atención. Ni siquiera el primer hijo ha hecho algo para alterar a los búhos.
“¿Cómo dijo Noah que se llamaba? ¿Anís? ¿Aris?”
Como sea. Si esa chica hace algo que logre desestabilizar aunque sea un poco el negocio de Tanya. Tendrá que tomar medidas legales. Pero en el contrato. Son los padres, los actuales dueños de los negocios los que deben hacer algo sospechoso para que Tanya logre hacer su jugada de emboscada. Jamás se imaginó que uno de los hijos de estos negociantes sea el que llame la atención. Debió tomar más acciones en el asunto y abarcar a toda la familia y no solo a los dueños del negocio.”
—Señorita -llamó Noah. Tanya lo miró por el reflejo quebradizo del ventanal-. ¿Usted le ha contado al joven Emmet sobre qué trataba el contrato que hizo con su padre? -Tanya negó con la cabeza.
—No le he dicho nada. Ni la verdad de su familia. Y espero que esto siga de esta manera. Debemos guardar el secreto. Dentro de poco será la entrega de la presentación de los nuevos productos para ponerlos a la venta y veremos el potencial de Emmet en esto. No necesita más distracciones como saber el porqué ataqué a su familia
“Aunque desde ese día en el que lo conocí, no me ha vuelto a preguntar sobre nada, es más, no ha tocado el tema. ¿Acaso tampoco les importa aunque compartan el mismo ADN?”
Noah asiente. Tanya lo observa atentamente a través del reflejo agrietado del ventanal y nota cómo Noah abre la boca, pero la cierra de inmediato y hace una mueca de disgusto.
—Dilo, no escondas lo que piensas. ¿Qué más quieres hablar? -Noah maldijo en voz baja al ser descubierto.
—Perdóneme si soy entrometido o si la hago sentir incómoda, pero… he notado que su relación con el joven Emmet es algo extraña
“¿Qué?”
Tanya frunció el ceño en señal de confusión ante las palabras de Noah. Volteó a verlo completamente.
— ¿Qué?
—Le ha dado mucha libertad. Camina por la mansión como si fuera su propia casa. Hace cosas indebidas con las empleadas. Además, deja que la moleste en algunas ocasiones -Tanya ladeó la cabeza ante las acusaciones de Noah-. Usted casi no se pone a la defensiva con Emmet
—Es parte del trato que hice con él -explicó Tanya-. No es nada del otro mundo. Lo trato por lo que es
— ¿Y qué es?
—Un humano -recalcó Tanya-. Es una persona. Un humano al cual trataban como algo peor que un esclavo. No seré como el asqueroso de Ashkenazi. Yo sí lo veo como el humano que es. Y ahora que está trabajando para mí, es un compañero de trabajo o socio. Nada más. No es lo que piensas
Noah comprendió, asintiendo con la cabeza. Pasó una mano por su frente y la sobó suavemente.
—Discúlpeme de nuevo, señorita. Es que la había visto distraída desde la llegada de Emmet al pueblo y el cadáver en este. Ha estado por las nubes muy seguido. Y por la forma en que trataba a Emmet, dejé volar mi mente. Pensé que se estaba distrayendo y se estaba enamorando de él -su voz franca sonaba preocupada.
—No creo en el amor, Noah. Él no es quien me llama la atención -Tanya se mordió con algo de fuerza su lengua al notar lo que había dicho.
“Es atractivo, sí, he convivido más con él, sí. Pero todo eso no significa que él me guste o yo a él, todo es meramente profesional.”
— ¿Él no es quien le llama la atención? ¿Entonces quién? ¿El joven Jared? -Noah trazó una sonrisa en sus labios-. Es tonto de mi parte preguntar si es ese joven, claro que lo es
Varias imágenes de Jared llegaron a la cabeza de Tanya: cuando lo vio por primera vez, cuando lo encontró de nuevo, cuando aceptó sus sentimientos por él, cuando supo que lo que sentía no era amor, su sonrisa, la calidez de sus brazos, las pláticas que ha tenido con él, cuando llegaba a su mansión para ver su jardín, la plática en el gimnasio, y el verlo con esa chica.
Tanya rechinó los dientes, furiosa de que la imagen apareciera de nuevo en su mente. Además, las suposiciones que trató de espantar la atormentaban. No podía imaginarse a Jared besando aún más a esa chica. Imaginar que Jared se desnudaba frente a esa chica y, al final…
— ¡Nooo! -chilló Tanya con molestia, posando una de sus manos en su escritorio y tirando algunas hojas al suelo, tomando por sorpresa a Noah.
Quería dejar de pensar eso, pero su mente la traicionaba. Se imaginaba cosas peores, mucho más que algo peor. Ya no quería verlas, ya no quería imaginarlas. Pero su mente seguía y seguía. Podía sentir su cabeza doler. Quería controlarla pero, a la vez, necesitaba controlar su ira. No quería dejarla salir de nuevo. No quería perder el control. No quería perderlo a él. Era suyo y solo suyo.
— ¡¿Tanya?! -Noah se acercó con preocupación hacia ella, pensando lo peor-. ¡¿Qué sucede?!
— ¡Esa maldita chica! ¡Ella es el problema! -Tanya habló furiosa mientras golpeaba su puño contra su escritorio-. ¡Lo tocó! ¡Lo besó! ¡Lo vi todo! -Noah se detuvo en seco al verla furiosa-. ¡Él es solo mío!
— ¿Qué chica?
— ¡Esa estúpida de cabello café quemado, se llama Elizabeth! -Tanya caminó de un lado a otro tratando de controlar sus emociones-. ¡Esa es otra sanguijuela, se la pasa pegada a él todo el día! ¡Me gustaría arrancarla de su lado y desaparecerla!
Noah reprimió una sonrisa y, lleno de diversión, se atrevió a decir lo más obvio.
— ¿Está celosa? -Tanya volteó a verlo, lanzándole una mirada asesina.
— ¡No estoy celosa con un carajo! ¡Está tocando algo que es mío! ¡Eso es lo que odio!
—Eso son celos, señorita -volvió a repetir Noah. Tanya apretó la mandíbula. Otra grieta se formó en el ventanal detrás de ella.
— ¡Que no lo son! ¡No son celos! ¡No me contradigas! Hace unos minutos dijiste que ya no me contradecirías.
—No la contradigo, dije que si la veo por el mal camino la reprendería. Y eso también incluye la perspectiva que tiene -explicó Noah tranquilo, ignorando las demás grietas que seguían creciendo por el ventanal-. ¿Quiere que ponga más vigilantes al muchacho o contratamos a un Búho para que lo vigile más de cerca?
Tanya se congeló en su sitio al escucharlo. Solo de pensar que alguien más, además de ella, vigilara a su Jared de cerca, la hacía enfurecer aún más. Miró con seriedad a Noah y negó levemente con la cabeza.
—Ni se te ocurra acercarte a Jared sin informarme o mandar a alguien más hacia él -Su tono intimidante no tuvo efecto en Noah.
—Bien, comprendo -Noah se sentó en el sillón y se puso cómodo-. Ahora hábleme sobre la chica Elizabeth. ¿Qué piensa acerca de ella?
“¿Acaso quiere sacarme una plática sobre cómo me siento? ¿Qué es esto? ¿Una maldita terapia?”
— ¿Qué pienso de esa otra sanguijuela? ¿No es obvio? -La irritación de Tanya estaba creciendo de nuevo, al igual que las grietas en su ventanal.
—Haga un esfuerzo y dígamelo, la escucharé
Tanya no sabía si Noah lo hacía para ayudarla a controlar estas emociones que la consumían o si de verdad quería fastidiarla. Negó de nuevo con la cabeza y se apoyó en su escritorio. El dolor de cabeza pasó a ser una jaqueca molesta.
—Quiero que desaparezca. No la quiero al lado de Jared. No lo valora como debe hacerlo, odio que alguien más esté a la par de él que no sea yo -Tanya se detuvo un segundo y soltó lo que sentía-. Me duele verlo tan feliz con ella, como si fuera una princesa. Y yo… yo solo quiero que sea feliz, pero no así. Él merece a alguien que lo trate como un rey, que lo valore y lo cuide como yo lo haría. ¡No soporto verla a su lado! Siento un odio tan profundo que me consume por dentro que me hace perder el control. Quiero que se vaya, que desaparezca de nuestras vidas. No puedo permitir que le haga daño, que lo lastime, se arrepentirá si ella llega a lastimarlo de alguna forma. Me da igual si él la ama… a veces pienso en atarlo a mi vida aunque eso no lo haga feliz a mi lado. Pero no quiero eso. Quiero que me ame. Que me desee. Que se preocupe por mí. Que no me vea como una hermana o amiga. Que me mire con el mismo amor que desbordan mis ojos al verlo. Lo amo… Y estoy dispuesta a crear un plan para tenerlo a mi lado aunque eso signifique lastimarlo a él también
“Además, lo que más me dolió fue que me mintiera, que tuviera a otras chicas para él cuando me insinuó muchas cosas. Que me hizo sentir única cuando en realidad era reemplazable. Eso fue lo que me dolió, lo que me quema, lo que me lastima. Él me hace sentir así.”
La jaqueca de ella fue disminuyendo poco a poco. Respiró profundamente, logrando controlar sus emociones. Tanya pensaba que hablar acerca de algo así era una tontería, pero ver que hablar con alguien sí la ayudaba, poco pero la ayudaba. Miró a Noah esperando una reacción de su parte. Pero este seguía sentado en el sillón en silencio, procesando las palabras y sentimientos conflictivos de Tanya.
Noah estaba preparado para muchas cosas: una emboscada, comida envenenada e incluso la misma muerte, ya sea de él o de alguien más, por más miedo que le tuviera a esa última posibilidad. Pero no estaba preparado para este tipo de pláticas. Es un sicario profesional. Pero tener a una adolescente con problemas de esa magnitud y tratar de ayudarla era como encontrar la misma cura del cáncer. Algo imposible. Pensó en varias respuestas a todo esto, planeando una segunda respuesta a lo que podría decir Tanya. No quería lastimar o hacer de menos sus sentimientos. Sabía que era la primera vez que sentía ese tipo de cosas y que, gracias a su “don especial”, estos eran el doble de fuertes que en alguien normal. Tenía que ser completamente cuidadoso con lo que diría. Hay una vida en juego. Y no es la de la chica en ese momento. El papel de padre no es nada fácil. Pero Noah, al pensar en una respuesta adecuada para la situación, empezó a desesperar a Tanya.
— ¿Lo que pienso es bueno o malo? -Tanya rio incrédula-. Mala pregunta. ¿Lo que pienso es al menos moral?
—Yo no soy quién para decir si lo que piensa es bueno, malo o al menos moral, señorita -Noah respiró profundamente, deseando no meter la pata-. Usted es quien controla dos negocios a escala mundial. Controla el pueblo y, por consiguiente, controla a las personas. Unas palabras suyas y todo se acaba… -Tanya supo a dónde se dirigía su punto.
“¿Acaso él… me está diciendo que…?”
—No me digas que…
—Usted decide qué hacer con la vida de la joven Elizabeth -interrumpió Noah-. Si quiere deshacerse de ella, no le diré nada. Podemos encubrirlo como un accidente
Tanya negó con la cabeza. El mismo Noah le decía en pocas palabras que estaba bien acabar con la vida de esa chica, que él la ayudaría. Un secreto entre los dos. La imagen de la chica besando a Jared apareció de nuevo en su cabeza. Aparecía de pronto, se olvidaba y luego aparecía de nuevo. Estaba perdiendo la cordura. Esa chica la molestaba. La odiaba. La aborrecía. Estaba a tan solo unos pensamientos más de caer en la tentación de tomar en cuenta el asesinarla. Sí, había pasado por su mente el acabarla, pero ponerlo en práctica ya era otra cosa. Debía pensar varias cosas: su familia, cómo crear el “accidente” para que nadie notara que era ella. Pero no le gustaría una vez más consolar a Jared por otra novia muerta.
En los pensamientos de Tanya quiso mirar el jardín para que le diera algo de paz, pero lo vio todo distorsionado. El cristal estaba completamente agrietado, a nada de quebrarse por completo. No solo tenía este problema ahora, sino que además tenía que conseguir unos nuevos cristales para su ventanal. Unos toques a la puerta la distrajeron. Algo que agradeció en el interior. Alzo una mano a la puerta, donde Noah también estaba viendo fijamente, y abrió la puerta, dejando a la vista a quien había tocado. Era una empleada con una caja de madera oscura llena de correos.
—Perdone la interrupción, señorita, pero la caja de correos se llenó y vengo a entregársela.
—Gracias, Sindi -agradeció Noah, levantándose del sillón y tomando la caja en sus manos.
La empleada se fue, dejando a Noah y Tanya solos de nuevo. Noah dejó la caja en una esquina del gran escritorio de Tanya y comenzó a revisar los sobres.
— ¿Más trabajo? Nunca descansas, Tanya -una voz masculina reconocible interrumpió-. ¿Qué les pasó a tus ventanales?
Tanya levantó la vista hacia la puerta que no había logrado cerrar lo suficientemente rápido. Y lo vio: Emmet. Atractivo y seductor, pero tan peligroso como ella, lo que requería una navegación cuidadosa en sus interacciones.
—Emmet -dijo Tanya en tono serio-. ¿No te enseñaron a tocar la puerta? ¿Qué hay de tu trabajo?
Emmet vestía una gabardina oscura que ocultaba su cuerpo.
—Primero, la puerta estaba abierta, y segundo, mi jornada laboral terminó hace unos minutos. Pensé en venir a verte. Es urgente.
— ¿Ahora qué? -preguntó Tanya con desinterés, sentándose de nuevo en su silla. Noah observaba a Emmet en silencio, con su rostro mostrando claramente su disgusto, algo que Emmet había aprendido a ignorar después de unos días de vivir con él.
Emmet dejó caer su gabardina al suelo, revelando su ropa manchada con marcas oscuras y llena de agujeros, exponiendo partes de su cuerpo.
— ¿Explotó el laboratorio? -La voz de Tanya seguía siendo desinteresada.
—No, nada de eso. Tengo todo bajo control, pero esta era mi última prenda completa y limpia. O, bueno, lo era. Necesito más ropa -informó, soltando un suspiro pesado-. Vi una tienda de ropa en el pueblo. Saldré de la mansión e iré a comprar algo
—Bien, ve -Tanya aceptó.
Ir a la tienda de ropa. Hay algunas tiendas. Pero seguro irá a la que creé especialmente para Jared. Jared. Ropa.
Los ojos de Tanya se abrieron con una idea. Emmet estaba a punto de salir por los pasillos cuando Tanya lo llamó.
— ¡Espera! -Emmet retrocedió unos pocos pasos y la miró, esperando a que hablara-. Iremos contigo.
— ¿Vendrás conmigo? ¿No quieres dejarme ir a ver a más chicas? -Emmet comenzó a molestar a Tanya con ligera diversión.
—Noah, prepara el auto -ordenó Tanya, ignorando a Emmet-. Iremos con él
“¿En serio acepté venir a esto?”
Tanya observaba cómo Emmet felizmente recorría cada pasillo de ropa lujosa, tomando más de seis prendas en cada uno, y aún faltaba el resto de la tienda. Noah, aburrido de ver a Emmet escoger y probarse ropa, se fue a sentar en una silla cercana a la señorita que trabajaba en la tienda y comenzaron a platicar. Tanya solo ladeó la cabeza y se fue a otro lado de la tienda, observando y tocando la ropa. Pantalones, cinturones, zapatos, camisas, chalecos, suéteres y muchos accesorios. Era un mundo que Tanya había visto a través del ventanal de aquella ciudad.
Emmet, después de elegir la ropa de una sección, iba y la compraba tras probársela para dejarla cerca de Noah y regresar de nuevo al interior de la tienda a seguir comprando ropa. Técnicamente, él se estaba comprando su ropa con su propio dinero, ya que Tanya le había quitado el suyo desde que lo conoció. Pero a Tanya no le importaba cuánto dinero gastaba en ropa o cosas lujosas. Su mente estaba entre ir a la casa de Jared o quedarse en esa maldita tienda observando la calle que conduce hacia su casa. Por eso aceptó ir con Emmet: porque la tienda de ropa era la más cercana a su casa.
Quería verlo. Quería comprobar que estaba bien. Que nada había cambiado desde que vio aquella escena de esa noche. Pero, ¿qué excusa podía usar esta vez? Tanya no podía pensar con claridad. Tal vez tenía muchas cosas en la cabeza y no pensaba bien, o solo estaba enferma y eso reducía su capacidad intelectual en un cincuenta por ciento. Las dos opciones eran aceptables. Pero si de verdad estaba algo enferma, como un ligero resfriado, sus impulsos eran los que lograban ganar el control. Como ahora, que había escogido una camisa suave y cálida de la talla correcta para Jared.
Tanya caminó hacia la cajera con la camisa y la compró bajo la atenta mirada de Noah. Él no dijo nada, simplemente cerró los ojos y continuó su conversación con la empleada de la tienda.
“Así debe ser. Es mi dinero, mi decisión. Él ya me advirtió, pero lo ignoré. No puede hacer nada más que ver lo que hago.”
—Ya tengo todo lo necesario para seguir viviendo -la voz de Emmet llegó hasta ellos.
—Entonces vamos a… -Noah habló rápidamente.
—Pero me gustaría ver la otra tienda que está cerca de aquí -Emmet interrumpió a Noah, quien dejó escapar un largo suspiro y comenzó a meter las bolsas de la compra en el maletero del auto con la ayuda de Emmet.
Tanya pensó que este era el momento perfecto para usar la camisa que había comprado para ver a Jared.
—Voy a ver unas cosas. Volveré rápido –dijo ella, y sin dar muchas explicaciones, comenzó a alejarse.
— ¿Quiere que la acompañe, señorita? -escuchó a Noah llamarla, alzando la voz debido a la distancia.
—No hace falta. Quédate con Emmet. No tardaré -Emmet observó cómo Tanya se alejaba de ellos.
Emmet
Emmet sintió una gran curiosidad sobre adónde iba ella. Quiso seguirla, pero no quería hacer algo extraño o perturbador. Sin embargo, también sintió algo más que no pudo identificar, posiblemente una pizca de ¿celos? ¿Envidia? ¿Malestar por estar trabajando? No supo de dónde vino ese pensamiento de que ella le había comprado algo, cuando vio que Tanya había comprado una camisa que no era para él. Apenas se hablaban, aunque deseaba que la confianza entre ellos creciera. Este sentimiento extraño era nuevo para él.
Tanya le parecía atractiva a Emmet en muchos sentidos. Su percepción era retorcida, probablemente debido a su pasado y su crianza. Pero le divertía y, en cierta forma, le gustaba la frialdad de Tanya hacia él. Llevaba unas semanas en su “humilde” hogar y se había dado cuenta de que Tanya sí respetaba la libertad que tanto había anhelado y que, además, no lo reprendía por nada. Ni siquiera cuando escuchó a Noah -el viejo a quien él mismo veía como una figura paterna para Tanya- contarle sobre cómo llevaba a las empleadas a su habitación.
Y desde que se prometió quitársela a ese idiota llorón, quien también ha visto por el telescopio, descubriendo que les tiene miedo a las palomas, Emmet intentó acercarse más a ella, haciendo comentarios sugerentes o de doble sentido. Sabía que Tanya los captaba, pero no le devolvía el juego y solo le pedía que no hablara de esa forma, así que sus avances no han sido los mejores. A veces se aburría de esperarla a que aceptara sus invitaciones o se le “paraba” al verla entrenar a escondidas, así que decidía aprovechar su libertad con algunas empleadas.
“Verla con ese top, ese short. ¡Maldición! No pensé que fuese tan caliente mientras entrenaba, se volvió mi nuevo pasatiempo verla entrenar. Además de llevar pañuelos para no dejar evidencia de lo que hacía al verla.”
O sea, por favor, ¿qué podía hacer? Se aburría al no tener que pensar en escapar de una habitación o de cadenas. Tenía demasiado tiempo libre y las chicas eran lindas. La primera vez que lo hizo, pensó que iba a ser reprendido o echado del lugar, pero al no recibir ni una advertencia, siguió y siguió. Era jodidamente excitante hacerlo con el riesgo de ser reprendido, y lo seguiría haciendo hasta aburrirse.
Pero inconscientemente, Emmet quería llamar la atención de Tanya. Ella apenas preguntaba por él, y cuando lo hacía era solo por temas de trabajo. Y quería que lo notara no solo por su trabajo. Empezó a tener ciertos “incidentes” en el laboratorio, que su ropa se rompía o rajaba. Pero en realidad, solo era cuestión de cortarla con tijeras. Pensó que eso llamaría la atención de Tanya. Pero ella solo lo ignoraba, logrando que lo atrajera aún más. Tanya no era como las demás chicas, se preocupaba por su aspecto físico, algo que él notó. El olor a hortensias que desprendía después de salir de su oficina lo dejaba algo hipnotizado. Su cabello largo y ondulado de color negro le fascinaba. A veces se imaginaba enredar sus propias manos en ese cabello mientras la hacía rogar por más, dominándola en su cama.
“Joder, mientras más te ignora, más te atrae. Quiero hacerla mía, que solo piense en mí y se olvide de ese llorón.”
¿Le atraía físicamente Tanya? Por supuesto que sí. ¿A quién no? ¿Se estaba enamorando de ella? No sabría decirlo. Le agradaba Tanya, pero no puede negar que sentía curiosidad hacia ella. Era linda físicamente, era cruel, algo que le fascinaba. Pero no sabía nada de ella y eso era lo que le llamaba la atención. Quería saber más de ella. ¿Qué le gusta? ¿Qué le disgusta? ¿Qué la hace enojar? ¿Qué la hace feliz? ¿Cuáles eran sus pasatiempos? Y la pregunta que más lo emocionaba: ¿Qué la hacía perder el control?
No necesitaba preguntárselo, ella fue muy obvia al ver aquel chico con cara de tarado. Pero esa noche, cuando la vigilaba desde su habitación, la vio perder el control por completo. No sabía si creer realmente si ella tenía una conexión con la magia negra o si era una hechicera, o algo paranormal. Pero supo que ella era especial. Y por unos fugaces segundos, él deseó ser la causa de su pérdida de control.
—Oye, Noah -lo llamó mientras se encaminaban a la segunda tienda de ropa.
— ¿Sí? -Noah lo miró, aunque no se agradaban mucho, debían aprender a llevarse bien.
—Ese llorón que se fue a los brazos de Tanya cuando descubrieron el cadáver, ¿es su novio? -soltó sin más.
Noah miró a todos lados verificando que nadie lo hubiera escuchado. No puede soltar el tema de la escena del crimen como si nada. Además, no debería soltar información de Tanya.
—No -le contestó cortante. Emmet arqueó una ceja con diversión.
— ¿No? ¿Entonces por qué le compró esa camisa? ¿Acaso son amantes? -Las preguntas de Emmet hacían molestar a Noah. Lo hizo entrar a la tienda de ropa que estaba algo vacía y se fueron por un pasillo para hablar en voz baja.
—Mira, joven, no diré nada sobre Tanya. Es demasiado obvio. Así que no hables de ese tema. Solo encárgate de que los ‘nuevos productos’ sean perfectos para ponerlos en venta.
El comentario de Noah le dio un escalofrío a Emmet, recordándole a su padre, lo cual le molestó e incómodo. Decidió manipular a Noah un poco:
—Solo preguntaba porque estoy interesado en Tanya -dijo Emmet, y Noah abrió los ojos como platos-. Ella me importa y se siente feo cuando ves a la persona que te gusta comprar cosas para alguien más.
Noah se ablandó un poco ante estas palabras, que era justo el objetivo de Emmet: sacarle información y así poder manejar a Tanya.
—Será mejor que busques a alguien más. Aún no has estado con todas las empleadas y sería mejor que dejaras de hacerlo -el tono de autoridad de Noah hizo que Emmet esbozara una sonrisa algo nerviosa-. Puedes tener una relación con alguna de ellas y olvidarte de Tanya. Ella solo tiene ojos para el joven Jared
“Jared… ese maldito nombre.”
— ¿Acaso Tanya está enamorada de él desde hace tiempo?
—Desde hace tiempo se podría decir que es muy poco -el tono burlesco de Noah hizo que Emmet comprendiera que no sería fácil engatusar a Tanya-. Se puede decir que lleva años flechada por ese chico.
Emmet comenzó a buscar un poco más de ropa para él, ya que, después de todo, había cortado sus prendas para llamar la atención de Tanya, lo cual no funcionó en absoluto.
—Y yo quedé flechado por ella -estas palabras tomaron por sorpresa a él mismo, Emmet pero debía ser un buen actor. Es decir, sí, era linda, lo “calentaba” verla entrenar, pero no podía decir que fuera amor, tal vez solo algo carnal-. Es lista, fuerte, vela por la seguridad tanto del pueblo como la de los empleados en la mansión. Es alguien digna de admirar, sería imposible que nadie se enamorara de ella
El halago de Emmet a Tanya surtió efecto en Noah, quien parecía ablandarse con facilidad ante los elogios hacia ella.
—Quiero protegerla. Este no es un mundo fácil, y habrá peligros a los que no la dejaré enfrentar sola –menciono seguro Emmet, mirando a Noah de reojo-. Ese chico Jared no sabe nada de este mundo, es obvio, pero yo sí. Yo podré protegerla cuando se dé la situación, la respetaré y la cuidaré. Después de todo, ella es mi salvadora, ella me liberó y me dio una segunda oportunidad, y quiero devolvérselo cuidándola como lo haces tú
Noah se conmovió con las palabras de Emmet, que sonaban serias y honestas. Emmet lo decía en serio: le debía literalmente su vida a Tanya, pero quería más de ella, la quería a ella y no solo lo que le daba. Y para eso, jugaría sucio si la situación lo requería.
—Entiendo…
—Noah, necesito que dejes de desconfiar en mí. Créeme, no tengo ninguna intención de traicionar a Tanya. Jamás -Noah frunció el ceño sin creerle del todo-. Me he enamorado de ella, daría mi vida si ella llegara a estar en peligro, por eso necesito que confíes en mí. Te ayudaré a cuidarla y protegerla
Noah no dijo nada. Quería creerle, pero por alguna razón, al mirar a Emmet, veía a Ashkenazi y recordaba cómo se burlaba de Dalia. Pero Ashkenazi seguramente estaba muriendo lentamente, pagando por sus errores. Noah se volteó hacia las camisas en la estantería, tomó una al azar y la puso frente a Emmet para ver si le quedaba bien.
—Hmm… Sí, esta te queda bien. Te ves… más presentable. Pero recuerda, Emmet, cuidar de ‘ella’ -pronuncio Noah con seriedad, moviendo la camisa frente a Emmet, sabiendo ambos que no se refería a la camisa, sino a Tanya-. Es una responsabilidad enorme. Y si algo sale mal, si ‘ella’ se siente incómoda o amenazada de alguna manera, si llegas a quemarla con la plancha o arrugarla… Bueno, no dudes que haré lo que sea necesario para protegerla a toda costa. Y eso incluye, si la situación lo amerita, apartar a cualquiera que se interponga en su camino, ¿entiendes?
Emmet tragó saliva. No sabía que alguien podía amenazar de esa forma probándole una camisa. Le gustó ver ese fuego amenazador en Noah, esos sentimientos paternales hacia ella. Lo había logrado. Aceptó a regañadientes, además de la amenaza, que Noah lo había elegido a él sobre “ese llorón”.
—Créeme, Noah, la cuidaré con mi vida, jamás dejaré que alguien llegue a mancharla o tocarla con tanta confianza -Emmet tomó la camisa en sus manos y la puso contra su pecho, observando que tanto el color como la textura eran de su preferencia-. Por cierto, tienes buen gusto en la ropa
Noah mostró una sonrisa algo engreída y se acomodó un poco su saco. Emmet aceptó la camisa y le pidió más ayuda a Noah sobre qué ropa podría comprar para el verano y la primavera. Ambos habían hecho una tregua forzada con un fin en común: proteger a Tanya. Emmet lo había dicho en serio, pero Noah no logró descubrir sus intenciones ocultas. Algo que Emmet agradeció porque solo así podría pasar más tiempo con Tanya y poder tenerla lentamente en la palma de su mano.
Tanya
Tanya, mientras caminaba por las frías calles, empezó a sentirse nerviosa. “¿Por qué demonios se sentiría así? ¡No estaba haciendo nada malo! Bueno, según ella no. Solo iba a verificar si el chico que le pertenece seguía… bien. Solo eso, quien piense otra cosa está completamente equivocado.” Pero las jodidas manos empezaron a sudarle, algo casi imposible con el frío que hacía. Sintió su corazón desbocarse, latiendo más rápido de lo habitual. “Debería hacerse un chequeo médico con Víctor y vigilar eso.” Sin darse cuenta, llegó a la casa. Estaba allí, frente a esa casa de portón negro, dos pisos y un jardín rebosante de hortensias. Sin pensarlo mucho, tocó el timbre; una hermosa y suave melodía resonó en el interior. Después de unos segundos, se escucharon unos pasos que se aproximaban a la entrada. Dio una respiración profunda y se tragó sus nervios. La puerta se abrió, dejando a la vista a una pequeña, no tan pequeña, Denia.
“¿Acaso la perspectiva me había engañado? ¿O había crecido mucho más desde el funeral de Dalia?”
—Hola, Denia -saludó Tanya cortésmente.
Denia la miró de pies a cabeza, ladeando la cabeza con una confusión teñida de desdén.
— ¿Eres la novia de mi hermano? -preguntó la chica, y al final soltó un suspiro agotado.
Tanya quedó confundida por la pregunta de Denia, pero esa confusión rápidamente se transformó en una emoción que apenas pudo contener. ¿Ya tan rápido la había aceptado como su cuñada? El ego de Tanya se agrandó demasiado. ¡Ya tenía a alguien de su lado y no había hecho nada! La suerte está de su lado. No, más bien, ella está del lado de la suerte
—Denia, ¿quién llamó a la puerta? -preguntó una voz femenina.
Una mujer mayor se acercó a Denia y se ubicó a su lado. Estaba completamente abrigada: saco, gorro y un pantalón de lana.
“Suegra, mi querida suegra. Veo que sufre mucho de frío.”
— ¡Oh! ¡Tanya! -La mujer sonrió con mucha sorpresa y alegría-. ¿Qué la trae por aquí?
—Venia a dejar un regalo para Jared -mostró la camisa en sus manos-. Quería agradecerle por su ayuda.
— ¡Oh Tanya, no debías hacerlo! -La mujer posó una de sus manos en su pecho, aumentando su sorpresa-. Nosotros somos los que deberíamos darle regalos con todo lo que está haciendo por nosotros.
Denia, al ver a su madre, solo hizo una mueca de indiferencia y se marchó del lugar sin despedirse de Tanya, siendo reprendida en voz baja por su madre, quien le dio una mirada amenazadora. Tanya comprendió que Denia estaba en esa fase que todos tienen que pasar: la rebeldía.
“¿Cuántos años tenía entonces? ¿A qué se debe ese cambio de actitud en tan poco tiempo?”
—Discúlpela. Ella casi no siempre es así -pidió avergonzada la mujer mayor, pasando una de sus manos por su frente, tratando de aliviar ¿La tensión? ¿El estrés? ¿Qué es lo que más da un adolescente en la fase de rebeldía? Bueno, da igual.
—No hay problema -respondió Tanya con una sonrisa forzada.
“¿Dónde está Jared? Era el maldito fin de semana en invierno donde ya no habían clases y no estaba frente a ella.”
—Disculpe mis modales, pase por favor -La mujer se hizo a un lado de la puerta, dejando el camino libre hacia el interior de la casa.
Por más que Tanya quería entrar a esa casa, conocer cada rincón y llegar a la habitación de Jared, evitó hacerlo. No entraría a esa casa donde esa de cabello café quemado también había entrado.
—No, no tenga pena. Tengo que ir a otro lugar dentro de poco -Tanya miró a los ojos a su “futura suegra”-. ¿Puede llamar a Jared, por favor?
— ¡Claro! Dame un segundo -La mujer se acercó a una escalera cercana, subió dos escalones y gritó-: ¡Jared! ¡Baja por favor, Tanya está aquí!
Un golpe resonó en el techo, como si algo en el segundo piso se hubiera caído al suelo. Luego, los pasos de alguien caminando por el segundo piso se acercaron a las gradas. El cuerpo de Jared se hizo notar al bajar los escalones con una velocidad adecuada. El cabello de Jared estaba muy húmedo, casi derramando algunas gotas, señal de que hacía nada se había dado una ducha. Tanya trató de enfocarse en su hermosa sonrisa y no en… otro tipo de pensamientos.
—Tanya, viniste a visitarnos -Jared se quedó a un lado de la puerta.
Al igual que su madre, quien decidió irse de aquel lugar para darles privacidad, hizo un ademán con la mano en señal de que entrara a la casa. Pero Tanya negó con la cabeza con una sonrisa boba. En serio que Jared lograba volverla en otra persona.
—No, emm, yo solo venía a darte un regalo, ya sabes, casi es Navidad -Tanya le extendió la camisa, podía sentir su mano empezar a transpirar un poco al tenerlo enfrente de ella-. Además, quería darte algo que pudieras usar.
Unos pasos se escucharon en las escaleras; alguien estaba bajando. Unas piernas delgadas se asomaron, luego una falda y una blusa junto con largos mechones color café quemado. La segunda sanguijuela estaba arriba. Los ojos de Tanya casi se salían de sus órbitas al verla detenerse a unos escalones de bajar completamente hacia ellos. Falda, una blusa provocativa, cabello… medio húmedo. Tanya no tuvo que pensar mucho para saber qué había pasado en ese lugar. El recuerdo de aquella noche llegó de nuevo. Sintió su corazón detenerse y doler al mismo tiempo. Se le empezó a dificultar respirar. Se mordió el interior del cachete para evitar atacar a esa “pelos café quemados”.
Jared, con el regalo en sus manos, volteó a ver a la chica. Ella miró a Tanya de pies a cabeza y le dedicó una sonrisa arrogante. Con los brazos cruzados frente a su pecho, la chica bajó los últimos escalones. Se acercó a Jared y se ubicó a su lado.
— ¿Una admiradora tuya? -preguntó con fingida molestia.
“¿C-Cómo me llamó? ¿Una admiradora?”
Tanya estaba a nada de tomar su cabeza y estrellarla contra la pared. ¿Cómo se atrevía? Ella no era nadie. Tanya era mejor que ella. Le ganaba por mucho, pero aun con todo eso, fue ella quien salió de la habitación de Jared y estaba en su casa. Tanya ardía de celos; no, más bien, estaba agonizando de celos. Quería gritar. El estómago se le había revuelto. Sus manos, hechas puños, dolían por la fuerza que estaba aplicando, además de sentir unos piquetes en la palma, sabiendo que sus uñas se habían enterrado en estas. Su boca empezó a saber a hierro, había roto el interior de su boca por la fuerza de la mordedura. Sentía tantas emociones que solo quería desaparecerlas.
—Soy una buena amiga de Jared -contestó al límite de su paciencia; era buena actuando, pero todo tenía un límite-. Supongo que tú eres su…
—Su nueva novia -le dio una sonrisa triunfadora la quemada esa y rodeó con sus brazos la cintura de Jared, atrayéndolo hacia ella. Jared la miró algo sorprendido por cómo se había autoproclamado además de molesto.
El sonido de algo agrietándose resonó cerca de ellos. Jared y la chica voltearon a ver confundidos de dónde provenía ese sonido. Pero Tanya sabía muy bien que estaba a nada de perder el control nuevamente.
— ¿Qué fue eso? ¡Denia! ¡¿Rompiste algo de nuevo?! -preguntó Jared en un grito lleno de preocupación, mirando hacia su derecha.
— ¡No fui yo! -se escuchó la respuesta de su hermana, llena de furia.
—Ya es hora de que me vaya -anunció Tanya, incapaz de mirar a la chica frente a ella. El aire se sentía denso, cargado de una furia que apenas contenía.
— ¿No te quedarás? -preguntó Jared, con una mezcla de desilusión y algo que Tanya interpretó como pánico en sus ojos.
—Quédate. La señora Hagen cocina muy bien -comentó la “segunda sanguijuela”, extendiendo una mano para tocar la de Tanya, pero esta rápidamente las envió detrás de su espalda y negó con la cabeza.
“No, no te atrevas a tocarme o te desaparezco de la faz de la tierra frente a todos.”
—No puedo, me gustaría si se puede en otra ocasión -mencionó Tanya, empezando a dar unos pasos hacia atrás-. Ya saben, cosas que hacer en el pueblo y esas cosas.
—Puedes venir cuando quieras -la “sanguijuela 2da” le sonrió una última vez, despidiéndola con su mano, un gesto que Tanya percibió como una burla.
Tanya apenas podía contener la rabia en su interior. Pensó que iba a gritar, vomitar, llorar o matar a alguien en ese instante. Cada fibra de su ser clamaba por una explosión.
Unos pasos apresurados llegaron a ella por detrás. Sintió cómo alguien posaba su mano en su hombro. Volteó a ver de quién se trataba: era Jared. Había salido sin ningún abrigo para cubrirse del frío y correr tras ella. El humo blanco que salía de sus labios al respirar demostraba que estaba a nada de congelarse, pero aún así, su mirada era de urgencia.
—No es lo que crees -le dijo rápidamente antes de que ella pudiera decir algo.
“¿No es lo que creo? ¿Crees que soy fácil de engañar? ¿Después de todo lo que pasamos, Jared, me subestimas de esta manera?”
—No tienes que explicar nada, pero me molesta un poco que me mintieras -Tanya ocultó sus manos algo sangrantes detrás de ella por volverlas puños con mucha fuerza, la voz teñida de un dolor que intentaba disimular-. Me habías dicho que no tendrías nada con nadie por ahora.
—Y así será, ella lo dijo solo por que si, no somos nada -explicó Jared, tratando de no exaltarse, sus ojos fijos en los de ella, buscando desesperadamente que le creyera-. Créeme, es solo una amiga, vino a mi casa para hablar sobre el nuevo ingreso de estudiantes del otro año… Solo eso, no hay nada más.
— ¿Solo una amiga? Yo soy tu amiga y jamás le he dicho a nadie que soy tu novia -la voz incrédula de Tanya hizo que Jared frunciera el ceño, angustiado.
—Déjame explicártelo, regresa a casa conmigo o iré a tu casa -opinó Jared, listo para avanzar hacia la avenida principal donde se podía observar la mansión Malka.
Tanya, con su “don”, logró ponerle una piedra rápido en el camino a Jared, haciendo que tropezara levemente, pero deteniendo su paso.
—No puedes ir esta semana -declaró Tanya con firmeza-. Estaré con Emmet planificando lo de la feria de Navidad, solo quedan cinco días.
Jared la miró disgustado por lo que había dicho. Algo que molestó a Tanya, pero a la vez le causó cierta satisfacción.
“¿Acaso él podía estar con otras chicas, pero ella no podía estar con otros chicos?”
—Entonces te lo explicaré dentro de cinco días, en la feria -afirmó Jared, acercándose a pasos seguros hacia ella-. Te veré en la casa del terror a las once y media.
— ¿Por qué en ese lugar y hora? -le preguntó Tanya.
—Porque a esa hora todos en el pueblo dejan los juegos mecánicos para buscar un buen lugar y ver los fuegos artificiales. Estaremos solos para hablar más en la casa del terror, donde no muchas personas entrarán. Te lo explicaré todo, ¿sí?
Tanya no pudo negarse al tono desesperado y suplicante de Jared, así que solo asintió con la cabeza. Y lo despidió rápido, no quería verlo congelarse frente a ella. Jared le sonrió y corrió de regreso a su casa.
— ¡Gracias por el regalo! -le gritó con emoción, pero en la puerta de su casa ya lo esperaba Elizabeth con varios suéteres para abrigarlo.
Tanya le dio su mejor sonrisa forzada, que desapareció en tan solo segundos cuando dejó de verlos. Caminó con pasos fuertes por la acera de regreso hacia los otros dos. Quería poner su mente en orden. Pero no lograba tranquilizarse.
“Ellos dos solos en el segundo piso. Ambos con el cabello húmedo.”
Las ventanas de algunos locales, casas e incluso los de algunos transportes se agrietaban cuando Tanya pasaba a su lado. El aire a su alrededor vibraba con la intensidad de su desasosiego. Tanya se sentía traicionada. Enojada. Triste. Decepcionada y, sobre todo, desesperada. Quería gritar al cielo, quería desahogarse hasta que sus pulmones dolieran. Su mente era un campo de batalla: quería reclamarle tantas cosas a Jared, pero ¿con qué derecho? No eran nada, apenas estaban formando una relación que pasaba de la amistad a un siguiente paso, o eso creía ella hasta ahora.
Se detuvo enfrente de un ventanal para observar su propio aspecto. Sus manos estaban lastimadas, con leves líneas de sangre asomando de las heridas. La ropa se veía bien, al igual que su cabello. Pero al recordar lo que había dicho esa chica, esa “novia” de Jared, el ventanal en el que se veía se agrietó por completo. El sonido seco del cristal rompiéndose logró distraer a Tanya por un instante. Pudo ver cómo algunas personas que estaban cerca voltearon a verla por el ruido, pero por suerte, nadie pareció notar sus manos ensangrentadas. Apuró su paso de regreso hacia donde había dejado a Emmet y Noah. Observó a lo lejos cómo Emmet platicaba con Noah al lado del auto.
Al llegar a ellos, Noah la vio con preocupación e incertidumbre.
— ¿Sucedió algo? -preguntó rápidamente.
Tanya negó con fuerza, su mandíbula apretada.
—Vámonos, es una orden.
Su voz cortante le dio a Noah el claro entendimiento de que no debía molestarla o algo terrible pasaría. Noah le abrió la puerta a la chica y la ayudó a subir al auto. Pero Emmet, quien observó con detalle a Tanya, notó cómo algunas gotas de sangre caían de sus manos. Una sonrisa de complacencia se extendió por su rostro. Él ya sabía que aquel “llorón” la había cagado en grande. Y que, fuera lo que fuera que había pasado, no fue nada bueno para Jared, pero sí para él, ya que tomaría provecho del desorden emocional de Tanya.
Se subió al auto al mismo tiempo que Noah. Un silencio espeso reinó en el interior del vehículo. Noah condujo hacia la mansión, mirando por el rabillo del ojo a Tanya de vez en cuando. Se sentía profundamente preocupado. Enojar a Tanya no era algo bueno, y él lo sabía. Siempre había una víctima detrás de su enojo.
Tanya bajó primero del auto sin esperar a que Noah lo hiciera para ayudarla. Dejó la marca de su mano en la puerta del coche: una marca de su sangre. Caminó sin mirar a nadie. Las empleadas le dieron la bienvenida, pero al verla molesta, decidieron no decir nada más. Era una regla a la cual estaban acostumbradas: no hacer nada si ella estaba a punto de explotar. Pero alguien rompió esta regla.
— ¿Está todo bien, Tanya? -se atrevió a preguntar Emmet.
—Perfectamente -respondió con amargura, sin dejar de caminar o siquiera verlo de reojo. Siguió su camino hacia su oficina, donde nuevamente los ventanales nuevos se agrietaron un poco ante su llegada.
Nadie se atrevió a interrumpir a Tanya en su oficina por horas. Pero la preocupación de Noah aumentó al enterarse de que Tanya empezó a pedir botellas de vino cada hora. Tanya tomaba las botellas de vino buscando alguna ayuda o consuelo a su confusión y dilema. El alcohol entró en su organismo e hizo su deber, dejando a Tanya en un estado de ebriedad. En su quinta botella, Tanya miró a través de su ventanal, en donde no había grietas, hacia el mausoleo que estaba en el jardín. Sin decidirlo mucho, salió de su oficina tratando de caminar firme. Algunos empleados que lograron verla empezaron a susurrar todo tipo de cosas, pero Tanya hizo caso omiso de esto. Caminó a trompicones, su visión algo borrosa. Sus sentidos no estaban agudizados como siempre; se mareaba con facilidad y podía caer en cualquier momento, pero se las arregló para caminar sin caer por el jardín hasta llegar al mausoleo.
Tanya caminó hasta detenerse frente a la tumba vacía de Dalia. Sintió que iba a caerse al no poder pararse derecha, así que para facilitarse, se apoyó en las tumbas de al lado y dio otro trago a la botella que había traído consigo.
—Sabes, por primvera vhez doeseo que estés viva -le habló a la tumba vacía. Miró el nombre en la tumba con rencor-. Mne pgreunto qué harías een mi lugar ¿me regañadrías por perdre mis cabales? ¿O me apoyarías como Noah?
Tanya soltó una risa irónica.
— ¿Me ayudarías hcon mi mzal de amore,s, como lla madre que debiste ser algún odía? -Dio otro trago a su botella-. Sentí que iba a asesinatr a algiuen den cesa casa. Perdí eel control de nuevo. Me seentí muy luvnerable iy traicdionada. Pero jla wverdad es que solo qeuiro que esya fchica desaparezca de una vez por todas -arrastró las palabras con una sinceridad pura.
Tanya terminó su botella con dos últimos tragos, y al verla vacía, la lanzó contra las tumbas vacías que tenía delante. La botella impactó, rompiéndose en varios fragmentos que se dispersaron por el suelo. Pero algo más sucedió: la columna de tumbas se ¿abrió?
Tanya, apoyándose en una tumba al notar esto, se levantó y, con pasos inseguros, se acercó. Descubrió que era una pared falsa. La abrió por completo, revelando unas gradas que se perdían en una oscuridad profunda. Tanya dio un paso hacia el primer escalón y se vio obligada a taparse la nariz por un hedor abrumador de humedad, moho y algo de putrefacción. El olor era tan repulsivo que casi devolvía el contenido de las cinco botellas de vino. Pero se controló por completo y se animó a bajar esas gradas.
Al llegar a los últimos escalones, esperó unos segundos a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Cuando lo hicieron, notó una puerta de madera frente a ella, completamente podrida y desprendiendo un fuerte olor a humedad. Tomó la perilla oxidada y la abrió, dejando a la vista el interior de ese lugar.
Era un cuarto de cuatro paredes. En una de ellas estaba la puerta, y enfrente, en lo más alto, una pequeña ventana que parecía ser la única salida de ventilación. En el centro, dos sillas, una mesa con una radio y varios artefactos un poco oxidados y manchados con algo rojo. En realidad, las cuatro paredes e incluso el suelo estaban cubiertos de manchas rojas. Era sangre seca, y desprendía un hedor nauseabundo.
Tanya no se asustó por completo; se asqueó, eso sí, pero lo que hizo fue soltar una risa retorcida y extraña.
—Gnracias, orp darsme uhna respuescta ba mis preguntas -agradeció Tanya con una mirada perdida en aquella tétrica habitación, sus palabras arrastradas por la embriaguez.
Después de darle un último vistazo a la habitación, volvió a subir las escaleras con la misma dificultad con la que las había bajado. Cerró aquel lugar con la pared falsa, notando que no se notaba para nada que era una pared oculta. Intentó abrirla de nuevo y descubrió que con un leve empujón, se abría con facilidad. La cerró de nuevo y salió del mausoleo a trompicones.
El atardecer le ayudó a iluminar el camino de regreso a la mansión. Lo que no se esperaba era ver a una persona esperándola en la entrada: Emmet, con cabello rubio, ropa nueva y el olor a jabón que ya reconocía. Con los brazos cruzados y recostado de espaldas a la puerta de cristal, la miró con seriedad.
—No estás bien -afirmó Emmet, su voz grave y sin rodeos.
—Te dije que estoy bine, eemmt -respondió Tanya con un descaro arrastrado, su mente gritando: “Quiero olvidar.”
—Ni siquiera puedes decir bien mi nombre -Emmet negó con la cabeza. Claramente molesto-. Beber seis botellas de vino no es nada saludable.
“Quiero dejar de pensar en eso.”
La cabeza de Tanya palpitaba, las imágenes de Jared y “la segunda sanguijuela” se reproducían en bucle.
—Cállate, nho yme regnañes comao si estuvieras preyocuadpo fpor mi -bufó Tanya, su voz cargada de frustración
“Quiero sentir… algo que no sea este maldito dolor.”
—Lo hago -Emmet habló con una sinceridad que sorprendió a Tanya-. Dime si quieres ayuda en algo más que no sea el maldito laboratorio. Lo digo en serio. Además de socios, somos amigos, ¿no?
“Quiero que alguien me ayude a olvidar y me haga sentir algo…”
Tanya lo miró con sorpresa. Procesó sus palabras, el alcohol nublando su juicio, pero agudizando su instinto más oscuro. Una sonrisa malévola, casi depredadora, se curvó en sus labios, una que no le dio buena espina a Emmet. Tanya había pensado en un plan muy, pero muy, peligroso. ¿Cómo terminaría esto?
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