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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 25

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Capítulo 25: Al Descubierto

“Verdad que sale a flote, que la condena se anote.”

–Libe Gloze

Emmet

— “Say after me” -Emmet murmuró en voz baja, cantando al son de la canción que estaba escuchando en ese momento por la televisión-. “It’s no better to be safe than sorry.”

La música, un ritmo palpitante que salía del flamante televisor nuevo que Emmet había comprado hace semanas, era lo único que lograba romper la estática en su mente. El mejor modelo que el dinero podía comprar, y una maldita buena distracción del caótico torbellino que llevaba dentro.

—“Take on me (Take on me)” “Take me on (Take on me)”

El video musical se desarrollaba, en una fuga vibrante.

—El video musical es una belleza -susurró, con la mirada fija en la pantalla, un dolor desesperado en el pecho

“También me gustaría hacer eso… salirme de esta vida y ser feliz, libre de todo este tipo de presión y solo… vivir.”

Emmet estaba tendido en la sala, un espacio que había autoproclamado suyo, anidado junto al comedor. Sillones, ventanales enormes, y una explosión de plantas que perfumaban el aire con su dulce y sutil aroma. Y, por supuesto, la televisión. Ese día, trabajar era una imposibilidad. Su mente era un campo minado; un cálculo erróneo, unas gotas de más, y pum… todo, incluyéndolo a él, podría explotar. Ya no era solo medicina ilegal. Las órdenes de Tanya los habían sumergido en el peligroso mercado negro, una guerra en la sombra gestándose en el horizonte: armas, bombas, un arsenal de nuevos horrores.

La música resonaba por la amplia sala, sin embargo, sus pensamientos estaban atrapados en el día anterior. Despertar abrazando a Tanya… el recuerdo se aferraba a él, una calidez inquietante e insistente. Su calor, la seda de su piel, la forma en que su cuerpo se había amoldado al suyo. Incluso ahora, la sensación no lo abandonaba.

Tanya, en ese preciso momento, acababa de salir de su oficina. El encierro obligatorio de ella misma la había mantenido allí desde ayer. Necesitaba una ducha, comer y, más que nada, un descanso brutal. Incluso para Noah, la situación era sombría, perturbadora. ¿Pero para ella? Emmet ni siquiera podía empezar a imaginarlo. A veces, intentaba ponerse en sus zapatos: el narcotráfico, el pueblo, su retorcida relación con ese idiota, las pesadillas implacables, el insomnio que la carcomía, la montaña de papeles por organizar y firmar, el miedo constante de ser asesinada por esos dos asesinos que ahora los acechaban, la policía pululando por la mansión, los… corazones humanos. No. No podía. Era demasiado; lo aplastaría. Tanya debía estar peor que aplastada.

“¿Qué puedo hacer por ella?”

Se atormentó, con la mirada fija en la pantalla de televisión ahora en silencio.

“Anoche no estuve para velar su sueño porque no durmió nada; se la pasó en la oficina toda la noche. Y ahora son las siete de la noche del otro día. Debe estar agotada. Y tal vez mi presencia solo la agobie o la moleste. Solo querrá comer y luego ir a dormir, pero… ¿Y si tiene otra pesadilla y no puede dormir después?”

—“Take on me (Take on me)” “Take me on (Take on me)” “I’ll be gone, In a day-”

Emmet no dejó que el video musical concluyera. Apago el televisor, cortando el sonido, sumiendo la habitación en un pesado silencio. La culpa, una cosa cruda y ardiente, lo consumió.

Culpable. Se sentía culpable porque él sí podía descansar, porque él sí podía tomarse un respiro y no vivía en alerta constante por culpa de esos dos asesinos. Deseaba hacer algo por Tanya; ella se lo merecía. Se merecía un descanso. Era joven, y nadie, en verdad nadie, debería pasar por todo eso.

Emmet lanzó el control remoto al sillón de donde se había levantado y caminó con pasos decididos hacia la cocina. Quería prepararle algo a Tanya y, al mismo tiempo… ponerle un somnífero para que durmiera bien. Noah le había mencionado por accidente que ella odiaba tomar los somníferos que Víctor le recetó en algún momento de su vida por el insomnio. Pero él quería que ella durmiera de verdad, así que iba a asegurarse de que lo hiciera, al menos sin pesadillas y sus ocho horas mínimas o más si era posible.

Al llegar a la cocina, se sorprendió al ver a Noah con la misma ropa de ayer. Había olvidado que él había acompañado a Tanya todo el día, ayudándola e intentando convencerla de que tomara un descanso, algo que solo había funcionado hasta ahora. Observó con ojo de águila cómo Noah servía su té relajante en una taza y, a su vez, una pequeña jarra al lado de esta tasa en una bandeja. Rápidamente conectó los puntos y supo que era para Tanya. Era su momento justo. Tanteó con rapidez el bolsillo derecho de su pantalón y sintió la pastilla.

“¿Quién iba a decir que mis somníferos sí iban a ser de ayuda para alguien más?”

—Noah -Emmet se adentró por completo en la cocina y alejó su mano del bolsillo del pantalón para no lucir sospechoso. El nombrado se volteó a verlo, y Emmet alzó las dos cejas, sorprendido por su apariencia. Agotado, cansado, con ojeras y sin energía alguna-. Cielos… sí que te ves peor de lo que imaginaba

Noah esbozó una débil sonrisa ante el comentario de Emmet y negó con la cabeza, tomando la bandeja con la taza y la jarra de té.

—Pasar literal más de veinticuatro horas en un solo lugar, ordenando hojas sin parar y tratar de convencer a la señorita… no fue nada fácil -Emmet también sonrió ante sus palabras mientras Noah se daba la vuelta para ir a su objetivo, que era darle el té a Tanya.

—Noah… no debes ser formal conmigo, ya somos más unidos ¿no? Desahógate conmigo -Noah lo miró unos segundos y detuvo su andar. Emmet notó que estaba cerca de cruzar la puerta de la cocina y él se ubicó delante de Noah para evitar que siguiera su camino; debía quitarle la bandeja.

—Alguien puede escucharme, además no es profesional -Noah hizo un ademán de que le diera permiso, pero Emmet sonrió aún más y tomó la bandeja. Noah no la soltó en ningún momento, por lo que los dos la sostenían ahora.

—Sé lo que quieres decir: estás con el culo entumecido por estar sentado mucho tiempo, no sabes diferenciar las letras ahora y te arden los ojos. Y claro que sé que Tanya es terca como una mula, pero lo lograste -Noah quiso echarse a carcajadas, pero se contuvo-. Ve a descansar, te lo mereces, déjamelo a mí, quiero ayudar

Noah negó con la cabeza.

—Ya hiciste mucho ayudándonos a descifrar ese macabro poema y unir los puntos donde los restos de la señorita Elizabeth fueron encontrados. Además, tú trabajas con cosas químicas, lo que implica más concentración. También descansa -Emmet, en un reflejo, notó cómo las manos de Noah se aflojaban de la bandeja y logró quitársela lentamente. Noah no hizo nada por recuperarla; estaba demasiado agotado.

—Ve y duerme, Noah -Emmet habló amablemente, agradecido de poder ser más amistoso y cercano con él. Noah lo pensó unos segundos más, pero finalmente asintió-. ¿Crees que estará en su habitación?

Noah negó con la cabeza y pasó una de sus manos enguantadas por la nuca; también estaba estresado. Agotado más estresado es igual a agotamiento físico y mental.

—No, de seguro solo se bañó, comió algo rápido y regresó a su oficina -Emmet negó con la cabeza, divertido-. Te la… no… cuídala en mi ausencia, solo descansaré un poco

—Claro, no debes preocuparte por mí. La cuidaré y trataré de llevarla a la cama -Noah alzó una ceja ante sus palabras. Emmet apretó los labios ante su reacción.

“Mala elección de palabras.”

Noah se acercó a él y posó una de sus manos en sus hombros. Aunque estuviera cansado, seguía teniendo fuerza suficiente para apretar su hombro en señal de advertencia.

—En serio, cuídala… pero recuerda cuáles son los límites… al menos por ahora -Emmet abrió los ojos como platos, pero asintió con la cabeza-. Ese muchacho Jared no me agrada, pero tú… tú puedes protegerla y cuidarla si algo me llegara a pasar. Pero no es el momento de que hagas algo, está pasando por un mal momento ¿Entendido?

—Sí, entiendo Noah, jamás haría algo que Tanya odiara -Sus palabras sonaron más sinceras de lo que esperaba, no habló él, habló su corazón-. Pero eso significa que yo… y Tanya… -Noah, resignado, asintió a regañadientes y apretó un poco más el hombro de Emmet, que empezó a dolerle un poco.

—Por ahora no, hasta que las cosas se calmen. Tú eres el mejor candidato para ella. Sabes sobre este mundo, la cuidarás y protegerás de todo mal -Noah sonaba algo ingenioso y Emmet lo entendió.

“Sí… sé sobre este mundo y sus peligros. La puedo proteger de sus enemigos que atenten contra su vida. Sé manejar armas y además soy bueno con la mayoría de químicos. Soy… el candidato adecuado para ella… pero no el perfecto. Pero eso es por ahora, porque quiero que ella me elija a mí.”

—Gracias -murmuró Emmet. Tenía la aprobación de Noah para empezar a… cortejarla, aunque para Noah era solo un plan de emergencia si algo le llegaba a pasar. Por ahora, nada de eso.

Noah dejó de apretarle el hombro y le dio unas suaves palmadas, luego comenzó a caminar con algo de dificultad hacia su habitación. Emmet esperó a que se perdiera entre los pasillos y después se dirigió a la oficina de Tanya. A mitad de camino, y asegurándose de que nadie lo viera, metió el somnífero en la jarra de té. Dejaría que ella tomara la taza primero para que no notara ningún sabor extraño, y cuando él le sirviera de la jarra, lo tomaría sin sospecha, ya que el sabor del té se le quedaría impregnado en el paladar.

Llegó a la oficina de Tanya. La puerta estaba cerrada, pero Emmet miró por la ranura inferior, ese espacio donde la puerta y el suelo nunca llegan a tocarse. Observó luz: ella estaba dentro. Se sintió algo nervioso, aún recordaba la noche en que Tanya se durmió en sus brazos, y luego cómo él la siguió corriendo por el pasillo, tomó su mano, la protegió con su cuerpo por si había alguna bomba no deseada en esa horrible caja. Además de darle sus pantuflas. Alejó esos pensamientos de su cabeza y entonces tocó la puerta.

—Tanya, te he traído té -No esperó respuesta de ella; ya era costumbre para él aprovecharse de esto. Y al entrar a la oficina… no se esperó lo siguiente.

La oficina estaba bien iluminada por el foco del techo. Todo parecía normal, como siempre. Papeles por aquí. Papeles por doquier en el suelo. El escritorio de Tanya era un desastre por la montaña de documentos… Ah, y el Sheriff con muchas hojas tratando de ocultarlas en el interior de su camisa, mirando petrificado a Emmet al ser descubierto.

Ninguno de los dos dijo nada. Solo se quedaron viéndose unos segundos. Emmet, aún con la bandeja en la mano y la otra en el picaporte de la puerta entreabierta. El Sheriff, en su lugar, con papeles ahora arrugados en sus manos, intentando meterlos a la fuerza dentro de su camisa, donde ya se notaba que había algunas hojas. Las hojas en el suelo estaban allí porque el ventanal detrás del escritorio de Tanya estaba roto. Tenía una gran parte rota en forma de semicírculo, por donde seguramente había entrado el Sheriff. Y los pedazos en el suelo, que fueron las víctimas, estaban unidos con cinta adhesiva.

“Ah… qué inteligente, logró amortiguar la mayoría del ruido con esa técnica. Y eso que es un Sheriff.”

—Sheriff -saludó Emmet, poniendo la bandeja en el suelo, pero tomando la jarra en sus manos. Esa era su única arma por el momento.

Los ojos de Emmet analizaron al hombre, aún estático pero alerta, frente a él. Vestía ropa oscura, perfecta para camuflarse en la noche. No era su uniforme, pero un pequeño cinturón sostenía una funda con su arma de fuego, además de un martillo pequeño y cinta adhesiva.

“Bien. Él tiene una pistola y un martillo. ¿Y yo? ¿Una jarra de té con el efecto de un somnífero?”

—Joven Malka -saludó de regreso el Sheriff, su voz tensa y cautelosa. Dejó unos papeles arrugados de vuelta en el escritorio de Tanya y los deslizó lenta y discretamente a su cinturón, cerca de su arma, lo cual tensó a Emmet-. No hagas ruido y entra a la oficina -Terminó de meter los otros papeles que tenía en su mano en su camisa y luego señaló la cómoda silla de Tanya.

Emmet se sorprendió de que usara el apellido de Tanya para él, pero luego recordó que ella lo había presentado como un familiar lejano, por lo cual debían al menos compartir el apellido. Notó cómo la mano temblante del Sheriff se desvió un poco de su arma y comenzó a rozar las yemas de sus dedos la cinta adhesiva. Emmet hizo lo que le pidió, pero todo lo hizo lento: cerró la puerta y luego comenzó a caminar sin despegar la vista de él.

“No seré aquí un rehén o un traidor. No importa lo que diga, me llevaré todo a la tumba.”

El Sheriff dio un paso atrás, aún atento a los movimientos de Emmet y también a la jarra de té que seguía en su mano. Emmet supo que él tenía las de perder, pero si lograba alertar a alguien, podía haber salvación para aquella situación.

— ¿Qué lo trae aquí, Sheriff? -El nombrado se tensó-. Que yo sepa, ya no se pueden hacer visitas después de las seis

—Cállate… -ordenó el Sheriff, intentando sonar autoritario, pero fracasó-. Ya lo sé todo. Todo sobre esto del narcotráfico y sus cosas sucias. De seguro ustedes son quienes están detrás de los asesinatos -Acusó el Sheriff, pero Emmet, al estar frente a la silla, arrugó un poco su nariz con descontento.

— ¿Crees que nosotros asesinamos a esas chicas? Me molesta que pienses eso de Tanya y de los demás -Emmet alzó su mano para tomar la silla, pero el Sheriff, en su nerviosismo, deslizó su mano a su arma y la sacó de la funda, apuntando a Emmet.

—No hagas un movimiento sospechoso o morirás –amenazó-. Tus crímenes son tantos que te haría un favor matándote aquí que dos cadenas perpetuas en la cárcel

Emmet alzó sus dos manos, una de ellas aún con la jarra. Ahora sí estaba en un aprieto. Pero en su tensión y miedo a morir de una bala, pensó rápido en un posible plan. Era arriesgado, pero solo así serviría para llamar la atención de alguien y pedir ayuda.

—Tranquilo hermano, solo me quiero sentar mientras me interrogas y me tomo este delicioso té -La voz de Emmet sonó tranquila, pero eso no calmó al Sheriff, quien ahora sudaba frío por la frente, parecía… algo asustado.

—Qué bien que quieras cooperar, porque tengo muchas preguntas y quiero obtener todas las respuestas a esto -Emmet asintió mientras se sentaba en la silla y ahora quedaba sentado frente al Sheriff que aún le apuntaba con la pistola.

“Bien. Necesito que se acerque para poder lanzarle el té aún caliente, y solo así lo desarmaré.”

—Voy a cooperar. Así que empieza a preguntar -Emmet se llevó la jarra a los labios y la inclinó un poco, fingiendo beber un trago, luego la alejó.

El Sheriff aún tenía el seguro puesto en el arma, pero ubicó su pulgar en caso de preocupación. Respiraba algo agitado. Su otra mano tanteó el escritorio de Tanya y tomó una de las hojas arrugadas que no había logrado meter en su camisa. Comenzó a preguntar por los inversionistas, pero Emmet le dijo que no sabía nada. Luego le preguntó por la ubicación del laboratorio, Emmet de nuevo respondió que no sabía. Después preguntó sobre las identidades de los pueblerinos que trabajaban para ella, y la respuesta de Emmet fue la misma.

— ¡Maldición, deja de mentir! -maldijo el Sheriff y de un movimiento rápido, sin que Emmet se lo esperara, cambió la posición de su arma y con la empuñadura de esta le dio un fuerte golpe a Emmet en su pómulo derecho, logrando que girara la cabeza y casi tirara la jarra de té.

“Auch. No me rompió nada, pero joder, eso dolió y dejará una marca por días.”

Se puso una de sus manos en su pómulo lastimado. Pero ya tenía lo que necesitaba: a la tercera pregunta perdía la paciencia, y no se acercaba a él para que le diera tiempo de desarmarlo, sino que desde esa distancia podía golpearlo con el arma.

— ¡Contesta a lo que te pregunto! ¡Si lo haces puedo reducir un poco tus condenas a una y media cadena perpetúa! -Él de nuevo apuntó el arma hacia Emmet, pero esta vez quitó el seguro y puso su dedo índice en el gatillo, listo para disparar.

—Wow, eso suena increíblemente útil -se burló Emmet, sonreír hizo que le doliera-. No eres un buen Sheriff ¿sabes? Allanamiento, robo, agresión -Emmet lo miró apretar el arma hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

—Soy un buen Sheriff porque noté cómo esa chica se había quedado con la evidencia de la escena del crimen. Aún no sé cómo logró quitármela, pero lo noté, sabía que había algo malo en todo esto -Él miró de reojo la puerta, tenía miedo de ser atrapado.

—No, todos sabemos que obtuviste ese puesto de tu padre, quien era el antiguo Sheriff. Además, si habías notado que Tanya te había quitado la evidencia, podías pedirle a un policía que la registrara y sería atrapada con las manos en la masa -El Sheriff flaqueó un poco con el agarre del arma y Emmet decidió acercarse lentamente a él. Era una jugada peligrosa, pero debía hacer algo-. No hiciste nada porque no sabes ser un buen Sheriff. Y todos lo sabemos, o de lo contrario no habrían pasado esos asesinatos y esas chicas seguirían vivas

Con cada palabra, el Sheriff perdía la paciencia y estaba más que decidido a callarlo, pero con su furia no quería que su muerte fuera rápida e indolora. Quería lastimarlo, causarle tanto dolor que lo haría arrepentirse de sus palabras.

—Créeme, sin Tanya y el pueblo… no eres nadie -Esas palabras golpearon algo sensible del Sheriff. En su mirada se notaba que había explotado, que estaba dejando de ser ¿profesional? Si es que eso podía ser profesional hasta para un ladrón o algo parecido.

Hizo de nuevo aquel movimiento con el arma, donde sostuvo la empuñadura listo para golpearlo, y fue entonces cuando Emmet reaccionó. Le lanzó el té justo en el rostro, pero el Sheriff disparó a ciegas tratando de recordar a dónde estaba apuntando. La bala pasó muy cerca de Emmet, rozando uno de sus costados. El corte no era mortal, pero empezó a sangrar poco a poco, manchando la camisa blanca que tenía puesta. Con la jarra en su mano, Emmet dio un golpe en la mano del Sheriff y lanzó la pistola, que salió volando por la ventana rota y cayó seguramente en algún lugar de aquel jardín. El Sheriff, sin poder contenerse, soltó un fuerte grito al sentir el té humeante quemar su rostro, llevando sus dos manos a la cara para verificar por medio del tacto el daño. La jarra que tenía Emmet se había agrietado por lanzar el arma, pero no se había roto, y con determinación iba a golpearlo en la nuca para dejarlo inconsciente. Sin embargo, el Sheriff, en su sentido de supervivencia, llevó una de sus manos al cinturón que tenía puesto y tomó el pequeño martillo, y comenzó a lanzar golpes con el martillo en mano. Emmet tuvo que dar unos pasos atrás, pero aún así le lanzó la jarra, que impactó en toda su mano que cubría su rostro, logrando cortarle un poco la mano y ganándose quejidos e insultos de él, pero no dejaba de mover frenéticamente el martillo.

Emmet se acercó veloz a la estantería de Tanya y comenzó a lanzar los libros hacia el Sheriff, logrando que este soltara el martillo cuando un libro impactó en su mano, sacándole un quejido de dolor. El Sheriff quitó su mano lastimada de su rostro rojo a causa del té caliente, pero ahora podía ver dónde estaba Emmet, además de su entorno. Emmet podía sentir las oleadas de dolor que recorrían su cuerpo por la herida de la bala. Agradecía que no fuera grave, pero aun así el dolor era algo soportable, aunque la sangre seguía saliendo. El Sheriff se lanzó hacia él con el martillo para querer ahora asesinarlo, y Emmet se lanzó hacia él con un libro de pasta dura en mano con las mismas intenciones. El Sheriff lanzó un fuerte golpe con el martillo y Emmet usó el libro como escudo, lo abrió justo por la mitad y cuando sintió el martillo golpearlo, lo cerró con fuerza, lastimando la mano del Sheriff y logrando que soltara el martillo, que quedó atrapado en el libro. Emmet lo tomó y lanzó el libro lejos. Su plan funcionó; puede que el libro no sobreviviera, pero él sí.

— ¡Ahhh! -Se escuchó un grito horrorizado. Los dos detuvieron sus movimientos para ver a la causante de tal estruendo.

Emmet se quedó quieto, con el brazo alzado y el martillo en mano. El Sheriff, que iba a protegerse con los brazos, también se detuvo, ambos mirando a una empleada completamente horrorizada de ver a Emmet con la camisa blanca ahora manchada con una gran mancha de sangre.

“¡Sí! ¡Alguien vino! ¡Ya no estoy en peligro!”

— ¡Ve por ayuda! -gritó Emmet a la empleada, quien lo miró unos segundos más y luego salió corriendo.

Emmet, queriendo continuar con su ataque, fue interceptado por el Sheriff, quien sin dudarlo le dio un golpe directo en la herida. Emmet soltó una queja y soltó el martillo, casi cayendo de rodillas, llevando sus manos a su herida para tratar de calmar el dolor que le recorrió hasta los huesos. El Sheriff ya no le dio otro golpe, ni corrió por la puerta de la oficina abierta, sino que corrió hacia el agujero en el ventanal por donde había entrado. Iba a escapar por ahí.

— ¡No lo permitiré! -declaró Emmet, poniéndose de pie y abalanzándose sobre el Sheriff, quien intentó detenerlo de su plan, pero no pudo.

En consecuencia, ambos salieron volando por el ventanal, rompiéndolo por completo y ganándose algunos cortes. Emmet sostuvo en sus manos al Sheriff y este a él, cayendo de un segundo piso hasta lo que parecía el suelo duro. Pero afortunadamente cayeron encima de algunos arbustos que estaban cerca de aquel suelo y jardín. Sin embargo, que cayeran en estos no significaba que fue una caída suave, como si te lanzaras en una cama. Las ramas de los arbustos también lograron darles algunos cortes y casi clavarse en algunos puntos de su cuerpo. Por unos instantes, tanto el Sheriff como Emmet se quejaron y se soltaron al mismo tiempo para verificar su cuerpo en busca de heridas. Emmet fue quien más dolor sintió; la herida en su costado le restaba fuerza.

Él se retorció un poco queriendo salir del arbusto en el que estaba, y cuando puso una mano en el suelo, vio que en el césped del jardín estaba el arma, aún cargada, del Sheriff. Abrió los ojos ante una esperanza de poder ponerle fin a aquella lucha. Miró de reojo cómo el Sheriff ya tenía su vista en el arma y, segundos después, lo miró a él y esbozó una media sonrisa, pensando que ya tenía la victoria asegurada.

—Hasta aquí llegaste, chico -declaró el Sheriff y con rapidez comenzó a salir del arbusto.

Emmet le siguió el paso, trató de ignorar el dolor de su herida y, pisándole los talones al Sheriff, se lanzó hacia este para tomarle uno de los tobillos y detenerlo a unos pocos centímetros de tomar el arma. El cuerpo de Emmet cayó duramente contra el césped, pero logró hacer caer también al Sheriff, quien lo miró como una plaga molesta y comenzó a lanzar golpes. Emmet respondió de la misma manera, pero al tener la herida, estaba en desventaja. Puños, patadas, apretones. Había de todo en la lucha y rodaron un poco como resultado de que cada uno tratara de tomar el control de la pelea. Pero fue el Sheriff quien logró tomar el arma y apuntó a su frente con solo unos centímetros de distancia. Emmet quedó quieto, con el corazón palpitándole a mil por segundo.

“He… He perdido.”

—Hasta aquí -anunció y con su dedo índice, apretó el gatillo.

El sonido del disparo se escuchó. La bala salió en dirección a la cabeza de Emmet y este, en sus últimos momentos, solo pensó en su familia, en Noah y finalmente en Tanya. En cuando la tuvo en sus brazos, en cuando la besó dormida.

“Hubiera deseado hacer más que solo eso.”

Emmet cerró los ojos y esperó que al abrirlos lo primero que viera fuera un ángel. Su cuerpo dejó de sentir cómo de su herida dejó de salir sangre, sintió su cuerpo más ligero. Pensó que ya estaba en el cielo, si es que sus acciones eran perdonadas. Pero unos quejidos de dolor le dijeron lo contrario.

—¡¡EMMET!! -Escuchó el grito de Tanya, un grito lleno de ¿preocupación? Y unos pasos acercándose.

Abrió los ojos, y se topó con una Tanya con el cabello húmedo, la ropa mal puesta o un intento de ponérsela rápidamente. Su rostro demostraba el agotamiento tanto físico como mental que tenía, pero también podía observar la preocupación en estos hacia él.

Ella tenía una mano alzada hacia un Sheriff que levitaba y se llevaba las manos a la garganta como si algo invisible lo asfixiara. Y al lado de este, un Noah apuntándole con su arma, completamente furioso y listo para disparar. Tanya se puso de rodillas y miró con preocupación y ¿Miedo? Su herida ya no sangraba y se debía a que ella tenía su otra mano extendida en dirección hacia esta.

— ¡¿Emmet?! ¡¿Me escuchas?! ¡¿Estás consciente de quién eres y quién soy?! -Ella lo inspeccionó mientras dejaba de hacer levitar al Sheriff y dirigía su mano ahora libre al rostro de Emmet para examinarlo con más detenimiento. El Sheriff, al ya no estar levitando gracias al poder de Tanya, cayó duramente al césped donde Noah lo esposó sin esperar nada.

Emmet dio una pequeña sonrisa ante el dolor del Sheriff, sintiéndose vengado. Pero la mano de Tanya lo tomó de su mejilla con cuidado y lo obligó a verla.

— ¡Oye! ¡Ojos en mí! ¡¿Entendido?! ¡No te duermas! -Ella sonaba angustiada, estaba espantada.

“¿A qué se debe tanto miedo? ¿Acaso perdió a alguien de la misma manera? ¿O teme perderme a mí?”

— ¡Emmet! ¡Responde! -exigió ella, alejando su mano de la mejilla de este y con su don lo hizo levitar con cuidado para empezar a correr con él en el aire al interior de la mansión.

Emmet quería responderle, pero no lo hizo. Sí podía hacerlo, aún tenía fuerzas, pero no quería. Quería ver hasta dónde llegaba la preocupación de ella por él. Se sentía bien que ella lo mirara de esa forma, sintiendo miedo de perderlo y deseando que le hablara. Quería seguir siendo su centro de atención. Así que guardó silencio y dejó que ella lo hiciera levitar por los pasillos de la mansión.

“Se siente… ¡Increíble! No tengo control de mi cuerpo. Es como si hubiera una suave manta que era mi apoyo y esta me guiara por los aires.”

— ¡¿Dónde está Víctor?! -escuchó la voz molesta de Tanya resonar, tal vez gritándole a unos empleados cerca.

—V-Viene de camino, señorita -contestó un empleado temiendo ser lastimado por una Tanya exaltada.

“Ja… ahora… me toca esperar a no morir, genial.”

No recordaba en qué momento se había dormido, podía apostar que fue antes de que ese tal Víctor llegara a revisarlo. Pero cuando abrió los ojos, un dolor punzante lo atacó sin previo aviso, logrando que todo su cuerpo se sintiera rezagado por el ataque que recibió, además que podía sentir un parche que cubría su pómulo lastimado en el ataque. Notó que estaba en su habitación, en su cama, rodeado de almohadas suaves y sábanas cálidas y limpias. Sus ojos se fueron a su cuerpo. No llevaba una camisa puesta, sus brazos estaban libres de camisa al igual que su torso, pero podía sentir una venda rodearlo justo donde tenía la herida. De ahí en adelante sí tenía más ropa. Un pequeño tintineo de vidrio despertó sus alertas y miró a su izquierda. Un hombre, un señor de edad madura. Cabello negro escaso, llevaba una bata blanca sobre un traje impecable y un maletín grande en la mesa de noche donde estaba metiendo pequeños frascos de vidrio con lo que supuso era medicina.

— ¿Víctor? -preguntó con la voz algo ronca por lo seca que estaba.

El hombre lo vio y asintió a su pregunta, luego de guardar sus cosas en el maletín. Tomó un vaso de agua y con cuidado lo inclinó un poco para que Emmet lo tomara. Algo que agradeció mucho. Y cuando su garganta se sintió como nueva y Víctor dejó el vaso a un lado, preguntó de nuevo:

— ¿Dónde está Tanya? -quería verla, saber dónde estaba.

—Mira a tu lado -respondió Víctor sin mirarlo y tomando su maletín en su mano.

A Emmet lo confundió esto, pero giró su cabeza sobre la almohada donde estaba y vio que a su lado en la cama estaba una Tanya profundamente dormida. Acostada de lado como si lo estuviera viendo. Él alzó una de sus manos y no pudo resistir el impulso de acariciar la mejilla de Tanya. Pensó que se despertaría, pero no lo hizo.

—Le dimos un sedante -informó una segunda voz, una que claro reconoció.

Miró al lado de Tanya a Noah, quien estaba sentado en una silla con una pierna sobre la otra y una de sus manos apoyaba su cabeza para que esta descansara.

“¿Desde hace cuánto está ahí?”

—Llevas inconsciente casi doce horas. Pensamos que habías entrado en estado de coma por la pérdida de sangre -informó Noah. El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose sonó, pero Emmet supo que Víctor se había ido.

“Hombre de pocas palabras.”

—Si Víctor no nos avisa que respirabas y tenías pulso, Tanya no se hubiera quedado tranquila… para nada… -Pasó su otra mano por su rostro-. Encerramos al Sheriff en una habitación encadenado en el mausoleo. No sabía sobre esa habitación, pero la señorita sí, lo dejó ahí y luego corrió a estar a tu lado -Él miró de reojo el cuerpo de Tanya dormida-. No la había visto tan preocupada, no quería irse y no quería dormir, así que Víctor la sedó para que durmiera y la dejamos en la cama contigo

Emmet se quedó mirándolo, Noah no parecía haberse cambiado de ropa desde la vez que lo vio cuando dijo que le daría el té a Tanya.

— ¿Desde hace cuánto estás ahí?

— ¿En serio eso es lo único que vas a preguntar? -Noah soltó un suspiro agotador-. Llevo más que tú y que Tanya

Noah se puso de pie y caminó hacia Tanya para también taparla con la sábana que también cubría a Emmet.

—Fue muy valiente lo que hiciste -mencionó Noah, mirándolo y rodeando la cama para acercarse a él-. Pudiste ponerte de su lado, declarar quién eres en realidad y que no formabas parte de esto, pero… lo detuviste aun sabiendo que podías perder la vida… Yo… Todos, todos te debemos una vida, Emmet

El nombrado lo miró con ojos agradecidos; estaba feliz de saber que todos estaban agradecidos por su acción. Una de sus manos tomó la mano de Tanya y la apretó un poco.

—Hice lo correcto para todos, no quería que Tanya sufriera -se sinceró, y Noah relajó los músculos de su rostro y solo le dio una sonrisa honesta.

—La herida no fue grave, perdiste sangre, así que debes recuperarte. Por ahora no trabajarás y te cuidaremos hasta que te recuperes. Así que por ahora céntrate en recuperarte -Noah se inclinó un poco, agradeciéndole de nuevo su acto heroico, y luego se enderezó-. Yo me encargaré del Sheriff. Me aseguraré de que esté de nuestro lado y guarde silencio en todo. Ademas… le he pedido al búho uno que vigile a ese chico… siento que hay algo malo en él

“¿Lo esta vigilando?”

Y dichas estas palabras, salió de la habitación, dejándolo solo con una Tanya aún dormida. Él la miró de nuevo y sonrió; no podía abrazarla, pero sostener su mano era más que suficiente, y entonces cerró los ojos para volver a dormir. Y en el fondo de él… no se arrepentía de nada.

“Daría mi vida por ti… Tanya, has logrado lo imposible… me has enamorado sin hacer nada.”

Desconocido #3

El jet privado anunció su inminente aterrizaje. Él se preparó, ajustándose el cinturón y dándole el último trago de champán a su copa antes de dejarla en la pequeña mesa frente a él.

—Zarévich… ¿Entonces cuáles son las órdenes? -escuchó la voz de uno de sus ayudantes.

El nombrado suspiró un poco. No tenía un plan claro. Por ahora, su objetivo era contactar a esa chica, Tanya. Quería saciar sus teorías o sospechas sobre ella.

—Por ahora… tratar de reunir información sobre esa chica. Si queremos hacer un buen trato y tener buenos beneficios, debemos saber al menos lo básico de ella. Y nos vendría bien saber su debilidad.

El Zarévich tenía a cuatro ayudantes: tres hombres y una chica. Con él serían cinco en total. No quería traer a casi todo el ejército, como había propuesto su padre, el Zar; apenas pudo convencerlo de traer al menos a cuatro ayudantes durante su estancia en ese lugar.

— ¿Cómo lo haremos, por las buenas o por las malas? -preguntó el segundo ayudante y se ganó una mirada llena de diversión del tercer ayudante.

—Yo diría las buenas, así sería más fácil, es una chica, será fácil hacerla cambiar de opinión si sabemos cómo hacerla suplicar en la cama -opinó el segundo, y entonces la chica, la ayudante cuatro, los miró molesta.

— ¡Oigan! ¡Que sea una chica no significa que sea fácil de vencer! ¿Verdad, Zarévich? -Ella y los otros lo miraron, pero este solo miraba por la ventana, pero después de unos segundos habló con voz seria:

—No lo sé -todos los demás borraron sus sonrisas y miraron serios a su jefe-. No puedo asegurar si no es fácil de vencer, pero es mejor no averiguarlo. Solo sigan mis órdenes sin dudarlo

Sus ayudantes se miraron extrañados por la seriedad de su jefe, pero aun así se quedaron en silencio durante el aterrizaje. Luego, al bajar del avión, compraron dos autos, uno para ellos y el otro para sus maletas, y marcharon por un largo camino, donde se perdieron varias veces al no saber con certeza dónde quedaba ese pueblo llamado Hidetown. Pidieron indicaciones a más de diez personas; todos los miraron como si estuvieran locos, hablando de algo ficticio. Pero solo una persona ya mayor y en silla de ruedas les respondió. Lo habían encontrado en medio del camino, en un prado, viviendo con uno de sus nietos.

— ¿Hidetown? ¡Sí! Sí lo conozco -el anciano respondió de forma amable y suave, con su dedo arrugado y tratando de señalar un lugar en medio del bosque le indicó-. No está en el mapa, pero queda en medio de ese bosque. Hay una carretera abandonada que los llevará ahí, pasa desapercibida por la hierba alta que la cubre, pero ahí queda

El Zarévich asintió a su lado, miró el lugar donde el amable anciano señaló: montañas y bosque era lo único que podía observar. Y luego el anciano miró de nuevo el prado donde se podían observar mariposas, flores y luego el gran bosque.

—Si puedo preguntar, ¿qué te lleva a un pueblo poco conocido? -El anciano sacó de una de su bolsa de tela que reposaba en sus piernas un dulce artesanal del país y se lo ofreció.

“Qué amable anciano.”

—Trabajo -fue lo único que respondió él y aceptó el dulce, y lo comió sin dudar. Como esperaba, era muy dulce para su paladar-. ¿Puedo saber cómo usted es el único que conoce ese lugar?

El anciano tomó con lentitud un dulce y lo llevó a su boca mientras soltaba una pequeña risa.

—En mi juventud viví ahí con mi hermana, tengo buenos recuerdos ahí. Pero la falta de trabajo nos obligó a irnos y buscar más oportunidades -comentó algo melancólico-. Es un pueblo pequeño y tranquilo, perfecto para desconectarte de todo el mundo y disfrutar de la naturaleza que lo rodea

—Muchas gracias por la información -agradeció el Zarévich y miró por encima de su hombro a sus ayudantes.

Estos miraban desde lejos junto con la nieta del anciano. Uno de ellos metió una mano en su saco y, dando unos pasos hacia la nieta del anciano, le ofreció un sobre con una gran recompensa, tanta que la nieta se quedó congelada por la cantidad de dinero extranjero que había recibido.

—Muchacho -lo llamó el anciano y él le prestó atención.

— ¿Sí?

— ¿Vas a quedarte más tiempo? -preguntó suavemente.

—No lo creo, señor, solo arreglaré algunas cosas de trabajo y regresaré a mi país natal -informó con una amable sonrisa. El anciano solo arrugó aún más su rostro arrugado y bufó un poco.

—Siendo alto, con un cuerpo trabajado, cabello castaño y piel blanca -parecía que el anciano se quejaba de su apariencia casi perfecta-. ¿No quieres conocer a mi nieta?

El Zarévich casi se atragantaba con el dulce que estaba en su boca, se aclaró la garganta y negó con la cabeza.

—Disculpe, señor, pero estoy comprometido -miró por encima de su hombro, agradeciendo que nadie escuchara esa parte de la conversación.

El anciano se quejó de esto, pero después se despidió de ellos con una amable sonrisa y su nieta muy agradecida por la recompensa que le dieron. Se subieron a los autos y, siguiendo las indicaciones del anciano, encontraron la carretera abandonada y la siguieron. Pasaron los minutos y entonces el Zarévich frenó de golpe y el otro auto detrás también.

— ¡¿Qué pasa?! -preguntó uno de sus ayudantes, sacando un arma.

—Hay que caminar por la montaña -ordenó él y luego dejó el auto entre los árboles, algo lejos de la carretera.

Al bajar de los autos, sin quejarse, siguieron al Zarévich, quien ya estaba empezando a subir una montaña. Era baja, o eso pensaba, les llevó alrededor de una a tres horas sin parar hasta llegar a la cima y entonces vieron el famoso pueblo.

No era como lo había descrito el anciano. Era más grande, más moderno. El Zarévich sacó unos binoculares de su saco y observó el lugar. Varias personas, y logró distinguir a muchos oficiales y guardias vestidos de pueblerinos. Luego pasó la vista a la llamativa mansión que estaba el doble de asegurada que el pueblo.

—Nada de tranquilo y pequeño -se quejó un ayudante-. ¿Cómo lograremos pasar desapercibidos?

Cada uno miraba por sus binoculares y entonces el Zarévich sonrió de lado.

—Esto sí que será divertido -murmuró al notar por una ventana a una chica bien vestida que estaba dándole la espalda al ventanal por donde la miraba. Supo de inmediato que era ella a quien estaba buscando.

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Hola, me presento soy Libe Gloze, solo con un comunicado rápido. Debido a mis estudios universitarios no tengo mucho tiempo para escribir los capítulos, así que ahora serán solo uno por semana o por cada dos semanas. El escaso tiempo me limita a escribir y quiero darles un buen capitulo. Así que, por favor sean pacientes 😀

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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