Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 26
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Capítulo 26: Un Aviso
“En las ruinas, la naturaleza encuentra su renacimiento”
–Libe Gloze
Tanya
Tanya no podía conciliar el sueño, de nuevo. No era solo la inquietud habitual; Esta noche, su mente era un torbellino implacable. Demasiadas cosas se arremolinaban, colisionando en su cabeza. Y ahí estaba ella, un espectro pálido en el balcón de su habitación, con su camisón de seda blanquecino ondeando suavemente alrededor de sus muslos. La luna, un ojo frío en la inmensidad, la observaba mientras la madrugada se cernía, quizás mucho después de la una de la mañana. Su cabello oscuro, una cascada desatada que caía más allá de su cintura, contrastaba con la seda clara, acentuando su palidez.
El frío, cortante y bienvenido, se aferraba a su piel, un abrazo helado que, extrañamente, le permitía respirar, despejar el caos. El viento, una mano invisible, acariciaba su cabello y el camisón, bailando en una sinfonía silenciosa. Las puertas del balcón abiertas permitían que la brisa gélida invadiera la habitación, haciendo que las cortinas se equilibraran con un ritmo fantasmal.
Tres sombras principales acechaban su mente. Primero, el laberinto de sus interacciones, pensamientos y sentimientos hacia Emmet y Jared, una maraña inextricable que la dejaba exhausta. Luego, la ominosa presencia de esas notas, cada una, como una gota de veneno que la carcomía por dentro. Y, por último, el resurgimiento del problema con los Stern, una amenaza que se cernía sobre ella como una tormenta inminente.
Pero no… no eran solo esas tres. Al ver a Emmet, al ver la sangre… el recuerdo, tan vívido, tan brutal, de aquella noche en que lo perdió todo, la había asaltado con una ferocidad inaudita. Doce, la parte vulnerable y empática de ella, había intentado emerger, pero Tanya había apretado los puños, reuniendo cada gramo de su autocontrol para no caer de nuevo en ese abismo de dolor.
Esa noche. Apenas hacía tres días. Se había bañado, el agua caliente un bálsamo efímero, y se había dirigido a la cocina, buscando el consuelo simple de la comida. Fue entonces. El disparo. Tan nítido, tan inesperado, que por un instante pensó que la fatiga le jugaba una mala pasada, que solo era una alucinación inducida por el sueño. Luego, el grito desgarrado de Esmeralda. La empleada, un hilo de voz ahogado por el terror, balbuceando las palabras que congelaron la sangre de Tanya: “Sangre… Emmet…”
El miedo. Un miedo primario, visceral, se apoderó de ella, destrozando su fachada de acero. Corrió. Los pasillos se difuminaron en su visión borrosa, su objetivo era su oficina, un refugio inalcanzable. Pero justo cuando iba a subir las escaleras, un estruendo metálico, el sonido inconfundible de cristales rompiéndose a lo lejos, la detuvo en seco.
Y todo se detuvo. Lo que vino después… era un vacío. La mente, en un acto desesperado de autoprotección, había levantado muros, borrando los detalles, protegiéndola de la cruda realidad de lo sucedido. Una amnesia autoimpuesta, un mecanismo de defensa para que esa noche, con su horror innombrable, nunca volviera a tocarla de la misma manera. Pero el cuerpo, la memoria muscular, la mente subconsciente… no olvidaban.
Tanya sacudió la cabeza, intentando borrar la imagen de su propia vulnerabilidad, de cómo el miedo había sacado a flote a su “verdadera” personalidad. Ese asunto, al menos, estaba resuelto: el Sheriff había aceptado el trato, su vida y la de su familia a salvo a cambio de su lealtad incondicional. Pero los otros problemas persistían, agitando la tranquilidad que anhelaba.
Decidió empezar por lo que parecía más manejable: las notas extrañas. Esas misivas retorcidas que formaban un poema tan oscuro como ella misma. Aún no tenía pistas sólidas sobre el autor de la primera, la que le había hecho recordar el disparo. Pero la otra, la que solo contenía dos palabras, la carcomía. ¿Quién era el remitente? ¿Lo conociste? ¿Un enemigo, un aliado? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Por qué esa carta, por qué esas palabras críticas? Las dudas se amontonaban, las sospechas se entrelazaban.
Su mente repasó a los posibles culpables. Podría ser cualquiera en el negocio: un negociante, un comerciante, un proveedor. Pero rápidamente los descartó. No eran tan estúpidos como para enviar una carta así sin esperar consecuencias devastadoras.
El proceso de eliminación la llevó a dos categorías principales para el remitente: alguien poderoso o no poderoso.
Si la persona no tenía poder, sus sospechas se reducían en gran medida. ¿Una broma personal? Descartado de inmediato. Nadie sin poder se atrevería a mandarle una nota de esa forma sin firmar su propia sentencia de muerte a manos de Tanya.
Así que, tenía que ser alguien con el poder suficiente para enfrentarla, para luchar si ella decidió hacerlo. ¿Quién? La primera idea que surgió fue uno de los seis a quienes había forzado a firmar aquel contrato. Pero eso le daría el derecho de actuar, de despojarlos de todos sus bienes por actuar de forma sospechosa. No serán tan insensatos, ¿o sí? Esa sospecha no sería descartada del todo.
Otros posibles sospechosos eran los negociantes ajenos a su círculo más íntimo. En los últimos tres años, Tanya había escalado a una posición de poder inalcanzable, una torre donde solo unos pocos podían siquiera vislumbrar su altura. Muy pocas personas podían amenazarla realmente.
La probabilidad más fuerte, entonces, era un intento de derrocarla. Quizás alguien de bajo estatus que, desesperado, intentaba chantajearla o amenazarla para ascender. Esa era una posibilidad.
Pero había una idea que Tanya intentaba desesperadamente enterrar en lo más profundo de su mente: la agencia que la había creado, la había encontrado. Ese era su peor temor. Si la habían encontrado, ¿intentarían asesinarla de nuevo? ¿La llevarían para más experimentos, para explotar sus hechos especiales? Era una probabilidad demasiado real. Por eso, debía evitar a toda costa usar sus habilidades. Si antes era cautelosa, ahora debía fingir que no poseía esos hechos en absoluto. Hasta ahora lo había logrado, ¿verdad? Lo de los vidrios agrietados y rotos era otro problema, uno que necesitaba manejar con extrema discreción.
Siempre surgirían más sospechas en el futuro, lo sabía. Y este era un tema que debía discutir con Noah. Necesitaba su perspectiva, todos los posibles puntos de vista y las sospechas que, en este momento, a ella se le habían escapado. Tanya necesitaba un plan perfecto para atrapar a los dos, al autor de las notas ya la posible agencia, en un solo movimiento decisivo.
Negó con la cabeza, el pensamiento la asaltaba una y otra vez: “¿será el otro asesino?” Uno enamorado de ella, el otro queriéndola muerta. Estaba dando vueltas al asunto sin llegar a ninguna parte, tejiendo conexiones inexistentes que solo le generaban más estrés.
Empujó ese pensamiento a un lado, cediendo el paso al siguiente tormento: el problema con los Stern. Un asesinato brutal. La esposa agonizando en el hospital. El padre y el hijo mayor, Mateo Stern, asesinados a sangre fría. Y la hija, Amaris Stern, desaparecida. Tanya recordaba que Mateo era el sucesor del negocio, pero ahora que estaba muerto, Amaris sería la única heredera de todos los bienes y el poder familiar. Quienes planearon este ataque lo sabían. Seguramente la obligarían a ceder su fortuna, o tal vez la asesinarían por algún rencor contra los Stern. O peor aún, quizás la forzarían a revelar información de todos sus contactos, de todos los que tenían relación con su negocio. Si Amaris pronunciaba su apellido, Malka, la pondría en un peligro inminente.
No solo ella, sino todos los involucrados en el negocio estarían en riesgo, todo se desmoronaría por unas simples palabras. Por el momento, Noah no había recibido respuesta del Búho, lo que significaba una espera indefinida. ¡¿Pero cuánto más?! No podía hacer nada, ni ella ni nadie. Necesitaba encontrar a la chica con vida, solo así podría sacar provecho de este caos.
Finalmente, el pensamiento que más la alteraba: todo lo relacionado con Emmet y Jared. A ella la habían creado para matar, para cumplir misiones. Una creación que intentaron borrar de la faz de la tierra. No la prepararon para esto. Sentimientos. ¿De qué demonios sirven los sentimientos? Sentimientos más emociones… eso era igual a desorden y caos.
—¡¡Qué pérdida de tiempo!! -habló consigo misma, su voz teñida de exasperación. Quizás ya se estaba volviendo loca. ¿O la luna sí la escuchaba?-. Como si mi vida fuera una novela barata, llena de cursilerías y dramas. ¿Quién necesita todo ese sentimentalismo? ¡Es tan inútil! ¿Por qué tengo que cargar con esta carga emocional? ¡¡Es como una enfermedad que no puedo curar!!
Tanya estaba… ¿Luchando contra sí misma? ¿Hasta dónde llegaba su odio? Caminaba de un lado a otro en su extenso balcón, con la mirada fija en la luna de vez en cuando, como si estuviera hablando con ella. Como si a la luna le importara escuchar a una mujer con las hormonas al límite, con un anhelo de sentirse humana que a la vez veía inútil para sus objetivos.
—Me distrae, me confunde, me hace tomar malas decisiones -le confesó a la luna, su voz un murmullo cargado de frustración-. ¡Quiero ser racional, lógica, fría como el acero! ¡Así soy yo! ¡Así fui creada!
Se detuvo frente al barandal de concreto, adornado con rosales de cemento hechos a mano. Miró a la luna con resentimiento, como si la esfera plateada fuera la culpable de su incapacidad para controlar sus emociones y sentimientos.
— ¡Mírame! ¡¿Acaso no soy suficiente?! ¡¿Por qué necesito sentirme bien, querida o amada?! ¡Es una maldita debilidad! ¡Una trampa! ¡Una maldición! Pero… -Se desahogó, su voz se ahogaba en el vasto silencio de la madrugada. El sonido de los grillos llenó el balcón, que se abría a un lago iluminado por la luna, el agua clara y tranquila. Un paisaje digno de admirar.
Se detuvo para recuperar el aliento, agotada por la batalla interna. Y entonces, se dio cuenta. Había reconocido que necesitaba sentirse amada. ¿Un trastorno mental? ¿Una deficiencia cerebral? No. Ella era demasiado lista. Y la respuesta a su propia pregunta llegó, cruda y dolorosa.
Esa necesidad se arraigaba en sus experiencias más tempranas, desde que era un bebé, completamente dependiente de sus hermanos para sobrevivir, para sentirse segura en el ambiente en que fue creada y criada. Sola… no habría sobrevivido. No hay pecado para sus hermanos.
“Los sentimientos son una mierda”.
Y, sin embargo…
—Hay momentos en los que me siento tan sola, tan vacía… -se contestó a sí misma, reconociendo la punzada de anhelo por algo más, algo que la conectara con los demás-. Algo… pero luego recuerdo que los sentimientos solo traen dolor y sufrimiento. Jajajaja…
Y como siempre, volvió a encerrarse en su caparazón. Era un círculo vicioso del que no podía escapar. Odiaba se sentía de esa manera. Odiaba que esos sentimientos la controlaran y la harían perder el control. Ella quería ser libre. Quería estar en paz. Pero, ¿cómo podía ser libre si estaba constantemente luchando contra su propia naturaleza? Pensó que este momento nunca llegaría, por dos razones: nunca creyó que alcanzaría esta complicada etapa de la vida, y porque ella no era una humana como los demás… Era diferente, era un monstruo. ¿Pero hasta los monstruos pueden pasar por algo así?
Eso era precisamente lo que la molestaba. Para muchos, esto sería algo trivial, fácil de resolver. Pero para Tanya, era un gran debate y una molestia diaria. Sus pensamientos sobre Jared eran los únicos que podía controlar… a duras penas. Emmet, con sus “pláticas” extrañas y explícitas, la había ayudado a expandir su mente en varios aspectos. Y así, se dio cuenta de lo que sentía por Jared, algo confuso, sin duda.
Cuando lo vio, sintió una paz que no había experimentado antes. Sentía que podía respirar sin ningún peso oprimiéndola. Quizás era porque, cuando lo conoció por primera vez, lo había perdido todo. Y él se presentó como una salvación. Una salvación que necesitaba cerca para encontrar esa anhelada paz. Pero, también gracias a sus hormonas alteradas ya los comentarios innecesarios de Emmet, además de la experiencia en Nochebuena con él, lo confirmó: lo necesitaba cerca de ella a todas horas. Solo así podría estar en paz. Tal vez esa era la razón por la que lo pensaba a cada segundo de cada día. Porque sus sentimientos por él aún no estaban definidos. Amor. Necesidad. Amistad. Lujuria. No sabía cómo categorizar las emociones correctas hacia Jared. Aún seguía en debate. Aunque ya era su pareja, seguía sintiéndose intranquila al no tenerlo cerca.
Una cosa era segura: no quería que él estuviera con nadie más que no fuera ella. Quería que fuera solo para ella. ¿Quizás quería que él la hiciera sentir amada? ¿Más de lo que ya estaba empezando a sentir en su relación? Como si fuera más importante de lo que ya era para él. Como aquel día del funeral, en el que se desconoció a sí misma por el tipo de pensamientos poco sanos y coherentes que tuvo hacia él. O como cuando se besaron y se exploraron tímidamente en aquella casa del terror. Sabía que era egoísta de su parte. Su forma de pensar era muy… mala y poco sana. Lo sabía muy bien. Pero nadie en esta vida podía evitar sentir eso. Todos lo habían sentido alguna vez. Y siempre sería así. Todos, en el fondo, somos egoístas, y todos harían lo posible para saciar sus ambiciones.
Y luego estaba Emmet. Otro caso perdido. No había mucho que decir sobre él, salvo el hecho de que una vez logró controlarla y manipularla. Pero eso, se prometió a Tanya, no volvería a ocurrir.
Mientras intentaba categorizar lo que realmente sentía por Jared, explorando cada rincón de su oscuro y retorcido deseo, supo que no había vuelta atrás. No era amor, lo tenía claro. Y también sabía que Jared no estaba enamorado de ella, de lo contrario la buscaría en persona en lugar de enviarle cartas llenas de amor. ¿Y si él solo la veía como una amiga, oa lo mucho una hermana? ¿Y si no la veía como una mujer? Eso no la aterrorizaba, pero sí la incomodaba un poco. En contraste, Emmet la veía como una salvadora que lo sacó de su “prisión de oro”, que le dio una segunda vida. Emmet la veía a ella como ella veía a Jared. Algo extraño.
Tanya no se andaba con rodeos; Era directo en lo que decía, pensaba y quería. Había estado negando todo esto durante mucho tiempo, ya que esos deseos no encajaban con su persona, o más bien, no correspondían a una persona normal. Ella no era normal, y sentir ese tipo de cosas la desviaba hacia un camino más… humano. Algo que ni ella misma esperaba. Se recordaba a sí misma que no era una humana, sino un experimento, un error. Que no tenía derecho a sentir esas cosas. Pero las sentían. Y eso la asustó y trató de negarlo inconscientemente. Por eso se enojaba consigo misma. No quería seguir así. Quería cambiar. Quería sentirse amada. Protegida. Y eso lo obtenía con Jared. Y lo tendría a su lado. Claro, no sería fácil. Pero con Emmet… ¿Podría ella corresponder a sus sentimientos? No estaba segura, nada lo aseguraba. Pero el tiempo lo diría. No podía imaginarse con Emmet en un estado sentimental o carnal. Lo veía como un socio y, a lo sumo, un amigo. Pero Emmet quería ascender a otro puesto.
“¿Emmet y yo? ¿Jared y yo? ¿O solo yo sola y los mando a contar arroz?”
— ¿Tanya? -la voz de Emmet interrumpió sus pensamientos.
Ella se dio vuelta, dejando que su espalda tocara el barandal de concreto, y dirigiéndose su mirada al interior de su oscura y fría habitación. Gracias a los rayos de la luna llena, que no la habían abandonado en ningún momento, observó cómo la figura de Emmet cerraba la puerta tras de él, buscándola en la cama sin éxito. Emmet rápidamente se abrazó a sí mismo cuando otra ráfaga de aire entró en la habitación gracias a las puertas abiertas del balcón. Su mirada se topó con la de Tanya, y este ladeó la cabeza al verla en el balcón, bañada por la luz de la luna llena.
“Parece que se está recuperando a la perfección.”
— ¿Qué haces ahí? Te congelarás -Emmet se acercó a ella, saliendo al balcón. La luz de la luna reveló su figura: el cabello rubio completamente desordenado, su pómulo con tonos verdosos y amarillentos, señal de recuperación. Tanya notó que no llevaba camisa, solo sus pantalones, dejando al descubierto un abdomen marcado y definido. Una venda cubría la herida que ya casi cicatrizaba del todo.
—La pregunta es ¿qué haces en mi habitación a estas horas? -Tanya ladeó un poco la cabeza hacia atrás para mirarlo, Emmet ya estaba frente a ella.
Al verlo cerca, pudo apreciar mejor su aspecto. Una sonrisa coqueta apareció en los labios de Emmet, y no fue nada discreto al recorrer a Tanya de pies a cabeza con la mirada. Para él, verla con un camisón de seda blanco que claramente dejaba ver la ausencia de sujetador, el cabello suelto y sin zapatos, era el paraíso. Ya se imaginaba varias cosas en la cama con Tanya, cosas que implicaban despojarse de la ropa y que nadie los molestara por horas.
—Quería verificar que no tuvieras otra pesadilla -murmuró suavemente, sin alzar demasiado la voz para no despertar o atraer la atención de nadie no deseado. Mostró su sonrisa encantadora. Aunque a Tanya eso no le molestaba; Había estado gritando hace poco y le importaba un bledo si despertaba a alguien en medio de su crisis.
—Me estás viendo tener una? -Tanya detalló el aspecto de Emmet. Aunque su cabello estaba desordenado y llevaba la pijama puesta, no había un solo rasgo que indicara que se había despertado hace poco; de hecho, parecía no haber dormido en toda la noche-. Regresa a tu habitación y duerme.
—No me iré si tú tampoco duermes, aunque puedo ayudarte a conciliar el sueño y otras cosas -Su tono atrevido y pícaro hizo que Tanya rodara los ojos en blanco. Si iba a compartir tiempo con él, debía acostumbrarse a sus bromas de doble sentido.
—No tengo sueño, eso es todo. Además, no seas un pervertido -reprendió Tanya en voz baja.
—No puedo evitar pensar otras cosas cuando te tengo vestida de esa forma delante de mí -la miró de nuevo de pies a cabeza-. Vistiendo solamente un camisón casi… traslúcido. Es el puto paraíso. Debiste visitarme así cuando me ibas a ver en mi habitación para verificar que sigo respirando.
La mirada intensa de Emmet logró que Tanya se sintiera algo… vulnerable, más cuando nombró su ropa. Instintivamente, movió sus manos para tratar de cubrir su pecho, provocando que Emmet se mordiera suavemente el labio inferior ante su acción. Ella sintió un calor en sus mejillas que descendía hasta su bajo abdomen. De nuevo, esas malditas hormonas actúan sin su consentimiento.
—Bien, iré a dormir si eso significa que te irás de aquí y descansarás, que esa herida no ha curado del todo -Tanya se adentró en su habitación sin voltear a ver a Emmet, sabía que él ya la había seguido de cerca.
—Pero ya puedo hacer algunas actividades físicas…
Tanya cerró las puertas de su balcón con sus poderes y corrió todas las cortinas de su habitación, sumiendo el espacio en una profunda oscuridad. Respiró con dificultad al no ver nada, pero siguió su rutina de siempre, pues ella… no podía dormir en la oscuridad. Además, notó que Emmet tuvo escalofríos al entrar en la habitación; no podía dejarlo morir de hipotermia, no quería más cuerpos por esos días. Tomó los cerillos de la chimenea, donde siempre los dejaba, tomó uno y lo encendió. La pequeña luz que creó el cerillo logró tranquilizarla un poco. La miró unos segundos y lo lanzó a los leños ya desgastados por el antiguo fuego. La chimenea se descendió lentamente, pero lo hizo, la luz del fuego iluminó un poco la habitación, brindándole más tranquilidad a Tanya.
Escuchó cómo algo caía en su cama. Volteó a ver a Emmet con una gran sonrisa en su rostro; este había caído sobre el gran oso de felpa que le regaló en Nochebuena. Rodeó al oso con sus brazos y se acomodó boca abajo en la cama junto a él, mirando a Tanya con un brillo extraño en sus ojos.
—Veo que no tiraste mi regalo -Su murmullo fue tranquilo, incluso se podría decir que fue algo suave, como si hubiera algo más que tranquilidad en su voz.
—No estorba -Se excusó Tanya, abriendo una gaveta cerca de su chimenea con su don, para luego sacar unos tres leños más y agregarlos al fuego. Este crepitó, agradecido por los nuevos leños, y los abrazó en sus fuertes y mortales brasas.
Sin que Tanya lo notara, Emmet dejó el oso a un lado y se acercó a ella, levantándose de la cama. Tomó su mano con delicadeza y entrelazó sus dedos con los de ella. Tanya lo miró estupefacta por su acción; la cercanía y la confianza con la que la tocaba era algo que no podía permitir. NO debía pasar.
“Pero está herido”, pensó Tanya. “Si lo lanzo ahora, serán más días de recuperación y, por lo tanto, menos días de trabajo, o sea, no ganancias futuras.”
—Estás helada, métete a la cama, te calentaré -Emmet la guio hacia su cama, pero Tanya se detuvo antes de que sus piernas tocaran el colchón. Emmet se volteó a verla y, sin soltar su mano, le dedicó una sonrisa inocente-. No hablo de esa forma, solo te abrazaré.
—No me gusta que me abracen -declaró Tanya rápidamente, con su voz fría y cortante, aunque Emmet no se vio afectado por esto.
Él, ya acostumbrado al rechazo de Tanya, soltó un suspiro agotador. Segundos después, posó una de sus manos en los ojos de Tanya, privándola de su sentido de la vista, y su otro brazo la rodeó de la cintura, alzándola unos centímetros del suelo. El pecho de Emmet se presionó contra el de ella. Una ola de electricidad recorrió a Tanya por el contacto físico.
— ¡¿Q-Qué demonios haces?! ¡Tu herida! ¡No yo…!
— ¿Por qué me alejas? -le preguntó Emmet en un susurro en su oído. El aliento cálido de él logró que ella se quedara callada de repente-. No me alejes, no te haré nada en contra de tu voluntad. Solo quiero hacerte entrar en calor o, de lo contrario, te resfriarás.
“Mierda…”
Tanya notó que su cuerpo estaba helado en comparación con el de Emmet, que desprendía un calor atrayente. Tenía razón; en medio de su crisis, no le importó si podía morir de frío en su propio balcón. Emmet notó el silencio de Tanya y agradeció que no forcejeara con él, aunque sabía que era en parte por su herida. Así que aprovechó la oportunidad. La llevó a la cama y la dejó suavemente en el colchón. No apartó su mano de los ojos de Tanya. Él se acostó a la par de ella, quedando enfrente. La atrajo más hacia su cuerpo; su mano en su cintura se deslizó a su cintura baja. Tanya tomó aire ante el contacto con su cuerpo. Tener los ojos cerrados la hizo más sensible en sus otros sentidos, especialmente el del tacto.
La mano de Emmet que cubría los ojos de Tanya se deslizó hacia la parte trasera de su cabeza, enredándose en los mechones de su cabello y ocultando el rostro de Tanya en el hueco de su cuello.
Ella no abrió los ojos cuando Emmet retiró su mano. Pensó en alejarlo, en gritarle, insultarlo y sacarlo de su habitación. Tenía el poder de hacerlo, pero Tanya no lo hizo, porque eso… la hizo sentir cálida y de algún modo seguro. Además, él estaba herido y ella sabía las consecuencias de herirlo más.
Miró el reloj por encima del hombro de Emmet, confirmando que eran las dos de la mañana. Era muy tarde; Quedaban pocas horas para que saliera el sol. Sentir la respiración suave y relajada de Emmet cerca de su frente le produjo cosquilleo en las mejillas y en el estómago.
“¿Esto… esto es ser querido por alguien? ¿Emmet le podía dar la seguridad y calidez que requería para toda su vida?” Hace unos momentos, ella había dicho que no podía imaginarse con Emmet de esa forma o de ninguna otra. Pero ahí estaba, contradiciéndose. Tal vez… Jared le podía dar tranquilidad, pero Emmet era quien podía hacerla sentir de esa forma. Los minutos pasaron; Tanya se perdió en su contradicción sobre Emmet y cayó en un sueño rápido. El calor de la chimenea y el cuerpo de Emmet lograron ser un sedante.
Pero Emmet esperaba que ella se durmiera para alejarla un poco de su cuello y admirar su rostro relajado. Un impulso logró dominarlo, y sin previo aviso acercó sus labios a los de Tanya y los presionó por unos segundos. El contacto lo emocionó un poco, pero se separó lentamente de sus labios, reacio a hacerlo. La apretó un poco más contra su cuerpo, un agarre cálido, pero con otro sentimiento oscuro y muy oculto. Solo así, logró dormir.
Días después, las cosas seguían estables, menos las emociones de Tanya. El estrés la tenía al límite. Estar sin estrés era un lujo inalcanzable para ella, y ahora, con todo el poder y el dinero, su ansiedad solo aumentaba. Aunque se daba algunos caprichos para consentirse, nada despejaba su mente de lo sucedido. Se había desconocido a sí misma, de nuevo, aquella noche. Sin embargo, eso no detuvo a Emmet, quien desde entonces continuaba irrumpiendo en su habitación. Los días siguientes, habían compartido cama.
“Solo para dormir… mal pensados”.
Ella le dijo que se fuera, que podía dormir sola. Pero Emmet había adoptado la costumbre de desafiarla e ignorarla, negándose a dejarla sola por las noches. El resultado era que ambos dormían en la habitación de Tanya. Ella intentaba ignorar lo que Emmet le hacía sentir; Debía concentrarse en asuntos más importantes que unas hormonas alborotadas.
Noah aún no tenía respuesta del búho. Nadie sabía nada sobre la chica Stern. La noticia de que la esposa del difunto señor Stern había muerto días antes de lo anticipado, por un problema cardiopulmonar, no la sorprendía. Le dio poca importancia.
También debía prestar atención a la ausencia de otra carta, como la que le habían enviado anónimamente antes de las misivas del asesino. Aun así, releía esa carta una y otra vez, tratando de reconocer o idear un plan para esas palabras: “Te encontré”. Resonaban en su cabeza. Y como si se tratara de una iluminación, decidió junto a Noah tender una trampa, enviando una carta a cada “negociante” con los que tenía conexión. Esperaba que uno de ellos cayera, y así acabaría con la vida de quien decidió gastarle ese tipo de broma.
Pero todos estos problemas que le generaban estrés se vieron recompensados con las nuevas noticias del búho que vigilaba a Jared. Aunque esta vez no le gustó escuchar que su querida pareja estaba cayendo de alguna forma. Algo que no le agradó en absoluto. ¿Por qué estaba decaído? ¿Qué le hacía falta? ¿Le iba mal en sus estudios? ¿Se peleó con alguien? ¿Tenías problemas con tus emociones?
Se animó a salir de su hogar a escondidas de todos. Noah le había aconsejado que no saliera sola de la mansión, ya que la policía podría sospechar de ella de nuevo, ya que aun había probabilidad de que él Sheriff en un ataque diga la verdad y la capturen. Pero a Tanya esto no le importó; Quería ver a Jared. Sin embargo, solo encontraba su hogar vacío. Ni su familia estaba en casa. Como si la quisieran… evitar.
“¿Qué debería hacer? ¿Mandarle dinero? ¿Buscarle ayuda profesional? ¿Qué anima a una pareja triste?”
En su camino de regreso a casa, Tanya se dio cuenta de que su relación con Jared, más que un romance, parecía haber vuelto a ser una amistad. No sentí esa chispa de alguien enamorado, y al parecer, Jared tampoco. Pero por alguna razón, ser su pareja la ayudaba a calmar el vacío en su corazón respecto a él. Y con eso, ella se sentía algo tranquila, aunque al mismo tiempo le resultaba un tanto incómodo. Además, echarle una que otra ojeada por el telescopio terrestre para verlo no le venía mal.
Pero su paz en esos momentos era interrumpida por Emmet, quien ahora parecía ser un germen que quería estar cerca de ella a cada momento. Tanya sospechaba que Emmet creía que ella había aceptado su “propuesta” de aquel día, ya que ahora dormían juntos. Pero ella no lo había aceptado… por ahora.
Tanya sintió que Emmet… no era aún de fiar. Quería darle una misión para poner a prueba su lealtad, para verificar si sería un fiel seguidor y, posiblemente, alguien en quien confiar. Pero aún no sabía cómo hacerlo. No conocía mucho de él, y tampoco tenía la intención de saber más. Sin embargo, Emmet actuaba tranquilo y confiado a su lado, haciéndola dudar si él también llegaba a desconfiar de ella en algunos momentos o simplemente la seguía fielmente con una venda en los ojos.
Además, Emmet la molestaba hasta cierto punto preguntándole sobre su “hermosa relación” con Jared. Ella se negaba con total firmeza a responderle. Aunque gracias a sus preguntas, Tanya se enteró de lo poco que sabía de Jared. Pese a que lo acosó durante días, descubriendo sus pasatiempos, sus miedos, sus rutinas, no sabía más que eso.
Pero gracias a los expedientes que el búho le había proporcionado, tanto de Jared como de su familia y de Elizabeth, se enteró de algo que había pasado desapercibido por unos días. Notó que Elizabeth no era la única cercana a Jared, sino a toda su familia. Había tenido una buena relación con el padre de Jared en algún momento. “¿Entonces ellos eran amigos de la infancia o algo parecido?”, se preguntó. Según las descripciones del búho… parecían años de relación y una amistad profunda entre ella y los Hagen, pero la familia de Elizabeth no era tan unida a ellos. ¿Cuál era la razón? Por ahora era desconocida, pero no lo dejaría pasar por alto.
Le pidió al búho que investigara esto, pero este le dijo que se tardaría un poco porque “alguien más” lo había contratado para investigar a otras personas. Por códigos de confidencialidad con sus clientes, no le reveló quién lo contrató ni a quién investigaba, algo que Tanya respetó. Emmet, a quien le encantaba estar pegado a ella, la interrogaba con preguntas sobre sus intereses amorosos y la colmaba de regalos: oro, diamantes, joyas. Aunque ella los rechazó, Emmet siempre encontró la forma de dejarlos en su habitación y baño privado. Ella terminaba “regañándolo” cuando le pedía ayuda para revisar cada expediente de las personas en el pueblo, tanto de los residentes como de los pocos turistas que llegaban. En comparación con años atrás, el número de turistas era mayor y aumentaría gradualmente una vez que se construyeran carreteras hacia la ciudad. A Tanya le quedó poco tiempo para encontrar a esos dos asesinos que habían dejado de matar, algo que ella agradecía en silencio.
El pueblo era otro tema. En esos días, comenzó a expandirse aún más. Construcciones por aquí y por allá. Talando los árboles necesarios para carreteras y edificios nuevos. Pero de vez en cuando, esto tenía sus fallas; Eran pocas y nadie había presentado una queja. El problema era que, con cada edificio o poste de luz nuevo, había una falla eléctrica en todo el pueblo. Hasta el momento, no había recibido ninguna queja, tal vez porque los fallos de electricidad ocurrían en la noche, cuando la mayoría de la gente ya dormía o cuando casi nadie usaba electricidad durante el día. Nadie se había enterado de los cuerpos de las víctimas sin corazón. Ella sobornó a quienes habían encontrado los cuerpos, comprando su silencio, al igual que el de los oficiales. En este caso, manipulaba y chantajeaba al oficial, ahorrándose dinero en ese tema. Pero eso no significaba que su dinero estuviera intacto; debía pagarles a los guardias que ahora vivían allí para “vigilar” e “informar” sobre cualquier movimiento extraño en alguna persona o lugar.
Aunque ella y Noah habían ayudado a crear la trampa de papel para los posibles anónimos que rondaban por su cabeza, y Emmet la ayudaba a revisar los expedientes del pueblo, no era suficiente. Sentía esa sensación de que alguien la observaba tanto de día como de noche, y su mente le jugaba una mala pasada, pensando que podían ser aquellos que la crearon. Esto la volvió a algo paranoica. Podían ser los dos asesinos, alguien relacionado con el narcotráfico, Emmet, o un extra de cuya existencia aún no sabían.
Incluso llegó a considerar los fantasmas de sus víctimas por deudas. Por que si, misteriosamente algunos búhos le decían que había personas merodeando cerca de la mansión, pensó que eran ladrones. Pero cuando los capturaba y les preguntaba quienes eran. Decían que debían dinero y que en efecto le iban a robar. Pero algo en ella le decía que eso no era cierto. No los iba a dejar ir así como así, pero tampoco podía mantenerlos… vivos. Así que los torturaba en el sótano del mausoleo queriendo saber sus verdaderas intenciones pero estos morían antes de contar la verdad. Aunque, claro, esto último lo hacía a espaldas de todos, descubriendo una hermosa sensación de alivio cuando escuchaba estos fritos desgarradores de los demás.
“La belleza se revela en los lugares más inesperados, incluso en la muerte. Es como si la sangre, al manchar las flores, las convirtiera en símbolos de una vida que se extingue, pero que a la vez florece en una nueva forma, más oscura y perversa”.
Tanya se acostumbró rápido a asesinar a estos pocos deudores, y de paso, a extraer información sobre posibles traidores que podrían actuar por cuenta propia. Ella misma se causaba más estrés. ¿Y cómo se deshacía de los cuerpos? Fácil: los lanzaba con su poder hacia el lago, envolviéndolos en sacos de papas, zanahorias y todo eso con rocas pesadas. Menos los cráneos para tener en cuenta a quienes ha tenido ahí. Hacia esto aprovechando cuando Emmet trabajaba en el laboratorio ya recuperado y Noah vigilaba la mansión con las cámaras mientras ella iba por puntos ciegos que descubrió para su conveniencia, además de ayudarla a buscar a la chica Stern. Aunque el olor a humedad era insoportable, se le olvidaba cuando masacraba a gente posiblemente inocente o culpable. Nadie en este mundo era inocente de nada.
“Nadie… este mundo está podrido y seguirá pudriéndose hasta llegar a un punto de no retorno.”
Unos toques a la puerta de su biblioteca en la mansión la sacaron de sus pensamientos. Noah la había mandado a “relajarse” porque había tenido un sangrado nasal por el estrés. Pero aunque intentaba leer un libro para relajarse como le pidió a Noah, no podía dejar de pensar en todo. Todo tenía que salir perfecto. Más ahora que se sentía “observada” por “todos los posibles anónimos” que querían su cabeza.
Alzó la vista de su libro y se encontró con Emmet entrando a la biblioteca y caminando hacia ella. Tanya reposaba en uno de los sillones frente a una ventana, donde la luz del sol lograba darle una calidez que ella no podía generar por sí misma. Tal vez cuando la crearon le quitaron ese privilegio, o solo era una de sus muchas torturas que la seguirían hasta el final de su vida.
— ¿Te sientes mejor? -preguntó Emmet, ya cerca de ella, sentándose a su lado. Tanya dejó el libro en la mesa frente a los sillones y se pasó una mano por la frente. Se sintió cansada; le costaba conciliar el sueño y tenía ataques de insomnio cuando Emmet no dormía con ella.
Se había acostumbrado a dormir con él en pocos días, como si de una droga o un somnífero se tratase. Lo necesitaba, pero su orgullo jamás se lo haría saber.
—Solo era sangre, no tenían que exagerar de esa forma -comentó ella con un suspiro.
Emmet tomó las piernas de ella, tomándola por sorpresa. Tanya iba a decir algo, pero Emmet la interrumpió; en su toque no había malas intenciones. Deslizó sus manos hasta los zapatos de tacón de Tanya y se los quitó con cuidado para empezar a masajear sus pies, tensos por el estrés constante.
—La sangre sale por una razón. Hasta Víctor dijo que te tomarías unas vacaciones para reducir el estrés -recordó Emmet. Él conoció a Víctor cuando Noah lo llamó al ver la nariz de Tanya sangrar. Noah fue quien más entró en pánico, más que la propia Tanya-. Yo me encargaré de ayudarte, soy tu apoyo ahora, así que ya no sigas preocupándote por él.
Tanya supo que se refería a Jared; que la evitaría sin razón alguna también la estresaba. Pero no lo buscaría. Él tenía que hacerlo.
—Recita qué tienes que hacer -ordenó Tanya para ponerlo a prueba. Emmet sonriendo ante el tono desafiante de ella.
—Reviso expedientes de las personas del pueblo. Leo los últimos pedidos de los narcotraficantes de América y Asia, ordeno a los demás que calculen la mercancía y la metan en sus diversas maletas y cajas para que pasen desapercibidos. Tengo en cuenta las cuentas activas y tus bienes junto a los demás. Además, estoy atento a si hay más notas sospechosas de cualquier persona que llegue aquí, y por último, estoy vigilando y recibiendo los informes de los vigilantes y de la policía por si hay movimientos extraños en alguien del pueblo -Su confianza y seguridad provocaron que una sutil sonrisa apareciera en el rostro de Tanya.
“Vaya… sí que hago muchas cosas al día. Ser dueña del narcotráfico de Ozel y alcaldesa del pueblo de Hidetown no es algo fácil de manejar”.
—Lo aceptaré por esta vez, fue un rápido y mal resumen de lo que hago día a día. Pero al menos entendiste que debes hacer -Tanya sintió cómo el alivio la invadió un poco entre el caos de su estrés, mientras Emmet le brindaba un masaje en los pies.
— ¿Algo más en lo que puedo ayudarte? Que no tenga que ver con tu novio ausente -Emmet lanzó su pregunta directa y sin rodeos. Tanya lo miró con un leve toque de fastidio.
—Eso déjamelo a mí, no debes meterte en eso -respondió firme, mirándolo de reojo-. Tú encárgate de los demás.
—Sabes, por unos segundos deseo ser Jared -Tanya suspiró, cansada de lo que vendría después-. Para que me veas, me pienses y me desees con esa intensidad que me vuelve loco. ¡Incluso estaría dispuesto a tocar la guitarra bajo la lluvia y escribirte poemas!
Tanya alzó una ceja, incrédula ante sus palabras. Jared sí sería capaz de hacer algo así, pero ¿Emmet?
Aun que lo dudaba ahora por alguna razón estaba ausente él. Las cartas pararon de llegar y cuando va a su casa a escondidas no está. Así que es como si fuera que él… la evite
—Pero luego me arrepiento de ese pensamiento, ya que Jared no tiene dinero, no es guapo y, además, ¡tiene un miedo atroz a las palomas! Sería alguien pobre, feo y con un nido de palomas en su cabello.
—Lo de las palomas… -Tanya abrió los ojos al saber lo que significaba-. ¿Leíste su expediente? -preguntó malhumorada. Emmet alzó los hombros con desdén.
—Quería saber qué te volvió loca por él -Terminó su masaje en los pies de Tanya y posó las piernas de ella encima de las suyas, como un soporte para tener una postura más cómoda y relajante.
—No debes leer los expedientes de ellos, yo ya los había leído -Tanya lo reprendió levemente. Empezó a pensar en qué momento Emmet había entrado a su oficina para leer su expediente. ¿Acaso también leyó los demás?
Una imagen de ternura y diversión le llegó al imaginarse a Jared asustarse por unas palomas.
“¡NO! Basta, él me está evitando por alguna razón que desconozco y ahora pienso que es lindo ¿Qué me pasa?”
—Como sea, si le tiene miedo a unas simples palomas… no sobrevivirá mucho en esta vida en la que estamos metidos tú y yo -Emmet recostó su espalda en el respaldo del sillón y acarició levemente las piernas de Tanya con sus manos.
Tanya sabía que Emmet, en parte, tenía razón. Jared era un buen chico: no rompía las reglas, era muy servicial, muy caballeroso, incluso se asustó por unas palomas que salieron de la nada. ¿Qué pasaría si Jared fuera apuntado por un arma, como le hicieron a ella? ¿Y si lo encerraron y privaron de su libertad, como le hicieron a Emmet? Ella no dejaría que algo así sucediera. Jamás. Ni con él ni con nadie más.
—Es hora de regresar al trabajo -anunció Tanya, quitándose sus piernas de encima de las de Emmet y colocándose lentamente sus zapatos de tacón bajo la atenta mirada de Emmet.
— ¿Estás segura de él? -La pregunta de Emmet la tomó con la guardia baja. Lo miré con algo de confusión y molestia.
“¿Qué si estaba segura de él? ¿Cómo? ¿Ya sabía sus intenciones de tener a Jared a su lado aun si no sintiera amor por él, o él por ella?”
— ¿A qué te refieres con “segura”?
—Esto, lo que harás. No tiene nada que ver con tu trabajo, con nuestro trabajo. Si algo sale mal con él, no podría justificar que era por beneficio laboral.
Tanya se levantó del sillón y miró fijamente a Emmet, una mirada hostil pero segura.
—Jamás vuelvas a poner en duda una palabra mía. Jamás.
— ¿Valdrá la pena?
—Cada maldito pensamiento y acción vale la pena si es por él. Lo tendré a mi lado lo quiera o no. Lo tendré a mi lado ya sea de la manera legal o no. Lo tendré a mi lado ya sea por las buenas o por las malas.
—Bien -dijo Emmet, alzando sus manos en señal de rendición-. Pero ya sabes…
Ambos salen de la biblioteca para caminar por los pasillos de la mansión.
— ¿Qué cosa?
—No eres la única para él -Tanya tensó su mandíbula y frunció el ceño, molesta por el recordatorio-. En cualquier momento otra chica puede acercarse a él y bueno… pasarán cosas.
—Si alguien hace eso, ya sentenció su fin en mis manos -El tono amenazador de Tanya logró darle un escalofrío excitante a Emmet.
—Aunque es tu supuesta pareja, bueno, no los he visto juntarse desde hace unas semanas, y tampoco te veo afectado por su partida. ¿De verdad lo amas? -La diversión y burla en la voz de Emmet lograron fastidiar aún más a Tanya.
—No es de tu incumbencia -sentencia Tanya, molesta-. Él vendrá a verme cuando él quiera. Y no te acercas a Jared por nada en el mundo, ¿entendido?
— ¿Y si él ya no quiere seguir contigo? -preguntó Emmet con su tono curioso de siempre.
—Entraré a su vida para ser la única a la que mire y necesito. Lo haré dependiente de mí. Y cuando sea el momento, lo adentraré a mi vida y no le daré ninguna opción más que la de quedarse conmigo por siempre.
—Bien, ¿Y qué pasaría si… tus sentimientos cambian? -Su tono travieso puso en alerta a Tanya, quien lo miró por el rabillo del ojo al cruzar por otro pasillo-. ¿Me usarás? -declaró Emmet con una sonrisa victoriosa-. Joder, qué maravillosa jugada. Me usarás a mí mientras él caerá en tu trampa.
La sonrisa traviesa y malévola de Emmet encendió las alarmas de Tanya. Pero Emmet notó que ella no negoció sus palabras, lo que aumentó aún más su sonrisa.
— ¿Por qué esa sonrisa? -preguntó ella, caminando por el pasillo que llevaba a la puerta de su oficina.
—Bueno, ya que estarás conmigo por unos momentos, me has dado muchas ideas para mantener las cosas ardientes y divertidas -Su tono sensual y ansioso logró que Tanya, muy en el fondo, deseara lo mismo por unos escasos segundos.
— ¿Qué ideas? -preguntó ella, ocultando perfectamente su curiosidad por saber qué estaba pensando él en ese momento.
—Ya las descubrirás cuando sea el momento -Y con estas palabras, dejó un suspenso en el aire.
Ambos llegaron en silencio a la oficina de Tanya. Las puertas estaban cerradas, pero con un solo movimiento de sus manos, se abrieron de par en par. Adentro, Noah apuntaba algo en una hoja en el escritorio, con un walkie-talkie en la otra mano.
—Entendido, tu pago te será entregado personalmente -indicó Noah, luego apagó el aparato y miró el papel en el escritorio.
— ¿Ha pasado algo? -Habló Tanya, haciendo notar su presencia junto a la de Emmet. Noah los miró sorprendido y asintiendo con la cabeza.
—Sí, señorita. El búho ha confirmado la ubicación de la chica, ya sé dónde se encuentra Amaris Stern -confirmó, mostrando el papel donde había apuntado la ubicación.
Tanya sintió que su frustración disminuía y su estrés bajaba un poco. No podía ignorar el hecho de que podía resolver uno de sus muchos problemas en ese preciso momento. Entonces, borró la sospecha de un secuestro o algo parecido hacia la chica. Si la habían encontrado después de algunos días de su desaparición, esto era obra de alguien más peligroso, pero no amenazante para ella. Deseaba que Jared no apareciera en esos momentos, pues podría ponerlo en peligro, ya que se trataría de alguien peligroso para él.
— ¿Está todo listo? -preguntó Tanya, acercándose a Noah para leer la ubicación. Era un lugar desconocido, pero sabía cómo llegar. ¿En medio del bosque? Casi en la frontera con la otra ciudad.
—Todo listo desde hace algunos días. Podemos irnos en este mismo instante. Así evitaremos que alguien más llegue primero y se aproveche de la situación -Tanya avanzando, de acuerdo con Noah.
—Emmet, ¿el producto está en el auto? -Ella se giró para verlo.
—Sí, ¿necesitas más?
—Trae más -ordenó, y Emmet salió de la oficina para buscar más de ese misterioso producto.
—Disculpe que esto suceda en este momento donde estalló el estrés, debí presionar más a los búhos o incluso empezar a mover más hilos en su búsqueda -se disculpó Noah. Tanya volvió su mirada a él, arqueando una ceja sorprendida.
—No debes disculparte por esto. Así es como se dieron las cosas. Solo evitar queda más problemas y resolver los que ya existen -La mirada de Tanya se oscureció al pensar en el responsable de aquel problema extra-. Lo haré arrepentirse de causarnos este contratiempo.
Luego de unos segundos, Emmet llegó con dos tambos que contenían un líquido extraño de color verde neón. Los tres caminaron hacia el auto estacionado frente a la mansión.
— ¿Ya no hay nada más que informar? -preguntó Tanya. Algo dentro de ella le decía que Noah se había olvidado de algo, y estaba en lo correcto.
— ¡Oh! Si. El búho que vigila al “objetivo” -dijo en referencia a Jared-. Notó un comportamiento extraño en la hermana menor del joven Jared.
— ¿Denia? -Noah avanzando ante la pregunta de Tanya.
—El búho ha dicho que hay veces en que la pierde de vista, tanto de día como de noche, aprovechando los fallos eléctricos en la noche. Y que solo logra verla de nuevo después de varias horas de estar desaparecida -explicó Noah con indiferencia.
—Debemos tomar en cuenta eso. Nos ayudará en un futuro no tan lejano.
Ambos llegaron al auto. Subieron el producto extra de Emmet, se metieron al vehículo y aprendieron camino a la ubicación desconocida y algo peligroso. Noah iba de piloto, Tanya de copiloto y Emmet en los asientos de atrás. Tanya miró por la ventana el hermoso atardecer que comenzaba a teñir su pueblo. Pensaba que necesitaría más paciencia para tener a Jared a su lado, no quería exponerlo a quienes iban tras su cabeza, con la inseguridad de que actuaran en su contra para sacar ventaja de ella.
“Espera un poco más, Jared. Dentro de unos días serás mío y solo mío. Porque así lo quiso el destino.”
Emmet
(Horas antes)
Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya, Tanya.
Ese nombre no dejaba su cabeza. Emmet no comprendía por qué no podía dejarla en paz. Quería su atención. Quería que sus ojos estuvieran fijos en él, que lo reconociera, lo apreciara, lo deseara. Que lo anhelara con la misma intensidad con la que él la anhelaba. Su plan de acosarla sin descanso había dado algunos frutos; Ahora podía dormir a su lado sin que Tanya lo reprendiera, insultara o lo alejara demasiado. Estudiarla de cerca le ayudó a saber que el contacto directo era una debilidad de ella, y decidió aprovecharlo y explotarlo, algo que también logró afectarlo a él.
Quería a Tanya en la palma de su mano. Pero parecía que todo estaba sucediendo al revés. Se dio cuenta de que pensaba en ella a cada segundo, que se imaginaba a Tanya en su habitación con esas camisones que lo alteraban. Su autocontrol se volvió ambivalente: lo necesitaba cada vez que tocaba el cuerpo de Tanya, pero lo perdía con facilidad. Le encantaba cómo sus manos encajaban a la perfección en su cintura. Su piel se erizaba cuando sentía la respiración relajada y pesada de Tanya en su cuello.
Decidió actuar más rápido de lo normal cuando ese lunático optó por enviarle los corazones humanos. Necesitaba presionar los límites de Tanya. Debía hacer que cayera por él, que se enamorara de él. Pero no lo conseguía, y esto lo frustraba enormemente. Se lo hacía saber a Tanya, pero nada cambiaba. Solo logró adentrarse en su cama y robarle uno que otro beso cuando ella dormía entre sus brazos. Sin embargo, notó que él estaba cayendo por ella cuando se dio cuenta de que aparecía en sus sueños más oscuros y húmedos. Soñar con ella mientras la cuidaba, la abrazaba y, claro, la hacía suya, le dejó claro que Tanya había dejado de ser un simple juguete para él.
—Esto no debía ser de esta manera -se quejó en voz baja, dejando caer la cabeza sobre la mesa de la isla de la cocina.
—Ahora ¿qué te tormenta? -Noah estaba frente a él, al otro lado de la mesa, delante de la estufa, preparando dos tazas de té humeante, por lo que Emmet solo veía su espalda.
—No dejo de pensar en Tanya, está en mi cabeza a cada segundo.
— ¿No se suponía que debía ser al revés? -La pequeña risa burlona de Noah no pasó desapercibida para él, pero Emmet la dejó pasar por esta vez.
—Dijiste que debía actuar rápido, y lo hice, pero no he notado ni un puto progreso en todo -Emmet se enderezó en su asiento, ceñudo.
—No. Yo dije que “debías hacer algo ahora que ese muchacho ya no estaba en su vista, y que eras la mejor opción” -Noah se dio la vuelta y le ofreció la taza de té. Emmet la tomó con un sentimiento de cabeza-. Debemos hacer que ella lo olvide por completo.
—No puede… -mencionó el molesto Emmet, desviando su mirada a uno de los ventanales, observando cómo dos mariposas volaban entre las rosas del jardín.
—No quiere -lo corrigió Noah, sentándose frente a él y dándole un sorbo a su tasa-. Y no puedo explicarme por qué no quiere olvidarse de ese muchacho.
Emmet miró las mariposas volando entre ellas, como si estuvieran jugando con gran emoción y cariño. Eran hermosas: una mariposa tenía las alas negras con manchas naranjas por arriba, pero por abajo eran amarillas con un borde negro. Mientras que la otra tenía alas azules en los dos lados y un borde negro que la hacía resaltar.
— ¿Por qué? ¿Qué tiene ese idiota que yo no tenga? -Su voz salió irritable.
—Eso mismo me pregunto. He logrado evitar que tengan ningún tipo de contacto físico. No quiero que ese chico se acerque a ella de ninguna forma, no me agrada -murmuró Noah, dando otro sorbo a su tasa para intentar calmar su enojo-. Hay algo extraño en ese muchacho.
Emmet presionó los labios, grabando lo que vio en la casa del terror en Nochebuena. Decidió utilizar esto a su favor.
—Déjame informarte que fallaste, él ya lo hizo, la besó no una, sino varias veces -informó Emmet, mirando de reojo la reacción de Noah, la cual fue escupir su té por la sorpresa de las palabras de este.
— ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?! -Noah se exaltó un poco, tomando unas servilletas de papel y limpiando su desastre.
—En Nochebuena, ese bueno para nada la llevó a la casa del horror aprovechando que estaba vacía por los fuegos artificiales y aprovechó el momento -Emmet apretó una de sus manos en un puño, recordando cómo Jared había tocado a Tanya en ese lugar, y se enfureció aún más porque Tanya no lo había alejado como a él.
Noah se quedó boquiabierto cuando Emmet le dio esa información. Unió los puntos de esa noche, y sus ojos se abrieron como platos. Emmet sonriendo de lado; ahora que tenía a Noah en ese estado, debía ponerlo de su lado.
—Tranquilízate, viejo… los encontré antes de que hicieran algo más que besos y manos por encima de la ropa -Noah contrajo su rostro, asqueado por la información específica que Emmet le dio, pero cerró los ojos mientras tomaba grandes bocanadas de aire.
— ¿Cómo pudo pasar esto…? -Noah alzó su taza de té y tomó todo el contenido, dejándola vacía al ubicarla de nuevo en la mesa.
—Fue un descuido nuestro… -Emmet soltó un suspiro derrotado-. Ella me aleja cuando intento algo, y me di cuenta de que siempre piensa en él. Como si de alguna forma esperara algo de él.
Noah negó con la cabeza, mirando directamente a Emmet. Su rostro serio le dio una buena señal a Emmet.
—Intentaré convencerla de que pase más tiempo contigo -Noah sonaba firme, y claro, siempre lo habían sido desde su acuerdo de hace tiempo-. Necesito que seas más… convencible con ella. No la presiones, no la molestes. Sigue sus órdenes y ella empezará a acostumbrarse a tu compañía.
—Eso significa actuar como lo he hecho este tiempo con ella. Debo precipitarme, tener… más contacto con ella -Noah frunció el ceño con su mal uso de palabras-. No me refiero a eso, el respeto, es solo que… no sé mucho acerca de ella. Por más que le pregunte, ella no me dice nada.
— ¿Y tú? ¿Le has contado algo de tu pasado? ¿Tienes ese nivel de confianza en ella, como la que tienes conmigo? -Emmet negó levemente con su cabeza-. La confianza debe ser mutua, no puedes solo pedirle que te cuente su pasado cuando tú no te abres con ella tampoco.
—No es fácil… -Se negó Emmet-. No quiero que ella me mire con ojos de avaricia. No como lo hizo mi padre.
—Emmet -La voz de Noah tuvo una suavidad que lo sorprendió un poco. Hizo contacto visual con él-. Tanya me dijo que jamás actuaría como lo hizo alguna vez tu padre. Y sé que te has dado cuenta de eso.
—Y lo aprecio, y mucho -Emmet miró su reflejo en el té de su tasa. Esta ya no sacaba humo, pero seguía algo caliente-. Pero el miedo… persiste.
Noah se levantó de su asiento y rodeó la pequeña mesa, evitando ver directamente a Emmet, como si al mirarlo a los ojos de nuevo estuviera haciendo algo malo.
—La señorita Tanya… no tuvo una vida fácil. Y ella se identificó contigo de alguna manera -Emmet alzó su vista del té y observó a Noah acercarse a él-. Ella puede ser muchas cosas: puede ser cruel, fría, distante y un tanto… desquiciada. Pero ella jamás le haría daño a sus aliados. Tiene un código que creó ella misma cuando llegó aquí -Noah se acercó a Emmet y puso suavemente su mano en la espalda de Emmet-. Ella no te hará revivir todo lo que pasaste, tuviste que pasar momentos difíciles, es normal que el miedo siga en ti. Pero debes confiar plenamente en ella como yo lo hago.
Las palabras de Noah tocaron una fibra sensible en él. La persona con la que se conectó rápidamente y en poco tiempo fue Noah; lo comprendía y entendía a un nivel que nadie más, ni su difunta familia, supo hacerlo. Podía contarle sus miedos, sus problemas, sus penas y Noah jamás lo juzgaría. Le daba consejos y hasta le ayudaba a poder liberarse de cualquier cosa que lo molestara.
—Crees que si llego a abrirme con Tanya, ¿ella también lo hará conmigo? -Su tono de voz natural logró que Noah se ablandara aún más con él.
—Debes arriesgarte, la vida se trata de riesgos. No puedo asegurarte que se abra al instante y te cuente algo muy privado y personal de ella. Pero sé que con el tiempo, al notar que te abres a ella, tendrás una recompensa -Emmet le dio una sonrisa aliviada al escuchar las palabras que ansiaba, y una sensación de seguridad se implantó en su pecho.
—Gracias, Noah, de verdad… gracias -Emmet redujo un poco su sonrisa-. ¿Has obtenido algo de información de ese tipo?
—No… no hay nada que se pueda usar en su contra por ahora… necesitaremos más tiempo para vigilarlo y aprovechar que cometa un error para usarlo en su contra. Por ahora, encárgate de conquistar a Tanya, ¿entendido?
—Claro, no debes decírmelo dos veces.
Noah simplemente ascendió y dejó a Emmet en la isla de la cocina, yéndose, probablemente, a trabajar. Emmet volvió a mirar su taza de té. El silencio del lugar le ayudó a reflexionar mejor sobre lo que debía hacer ahora.
Abrirse a Tanya… Suena fácil, pero no lo es. Corro mucho peligro si lo hago, pero quiero saber más de ella. Noah no me dice nada, nadie sabe nada de ella. Solo que tiene un don especial y mortal, pero ¿cuál es el origen de ese don? ¿Quién es realmente Tanya Malka? ¿Por qué esas cicatrices? ¿Por qué esa máscara fría y distante?
Noah lo ayudó porque Emmet logró manipularlo, haciéndole ver que él era la mejor opción para estar con Tanya, tanto como socio como pareja, para crear un descendiente de los apellidos Malka y Ashkenazi. No fue fácil. Noah apenas podía mirarlo por voluntad propia. Pero cuando Emmet logró impactar a Tanya, Noah empezó a darle poco a poco la razón. De esa forma, se ganó a Noah. Él creaba escenarios y le autorizaba qué movimientos hacer con Tanya para seducirla y que ella se olvidara de ese novio ausente que tenía. Pero cuando Tanya lo rechazó, Emmet iba con Noah, hablaban de un nuevo plan y la conversación se desviaba, terminando por hablar de cosas personales el uno con el otro.
Emmet recordó las palabras de Noah: “Te ayudaré porque te considero mejor opción que ese joven Jared, pero eso no quiere decir que estará de acuerdo en esto. Lo hago por ella”.
Emmet bebió de un trago su té. El líquido, ahora tibio y endulzado con miel, le daba un toque relajante y agradable. Dejó la taza a un lado, aceptando lo que debía hacer ahora. Miró por última vez el ventanal donde las mariposas seguían revoloteando con diversión, cuando de pronto un ave las embistió y se tragó a una mariposa velozmente. La mariposa azul quedó sola, posada en una rosa roja. El ave, que se había tragado la mariposa negra con manchas naranjas, se quedó cerca observándola, pero no la atacó. Solo tomó vuelo y la dejó sola en ese lugar.
—Bueno pues… hora de trabajar -murmuró Emmet mientras alejaba la vista de aquella mariposa y caminaba por los pasillos de la mansión en busca de Tanya.
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