Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 27
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Capítulo 27: Los Tortolitos
“Detrás de cada puerta cerrada, puede haber una historia sin contar”
– Libe Gloze
Tanya
El automóvil, un refugio de comodidad, se deslizaba por la carretera mientras el invierno se despedía, cediendo su lugar a la incipiente primavera que ya invadía el pueblo. La brisa, una caricia fresca y tibia a la vez, lograba aplacar cualquier inquietud. Esa profunda sensación de paz que solo la naturaleza puede brindar era un privilegio, uno que la humanidad parecía empeñada en destruir. El viaje transcurriría en un silencio tan absoluto que solo el monótono zumbido del coche sobre el asfalto y la cadencia de sus propias respiraciones rompían la quietud. Tanya sintió las miradas indiscretas de Emmet desde el asiento trasero, un recordatorio constante de su presencia.
Lidiar con Emmet era, a veces, un auténtico quebradero de cabeza, aunque en otras ocasiones, su compañía resultaba valiosa. A pesar de hablara incesantemente, era innegablemente brillante en su trabajo, tanto en el aspecto manual como en el experimental. Si el producto que estaban a punto de utilizar para esta “misión” resultaba ser tan prometedor como lo describían los informes de Noah, las ventas se dispararían a niveles exorbitantes, lo que, al menos, la tranquilizaba un poco respecto a sus finanzas.
Sin embargo, su mente volvió a un asunto que había pasado por alto. ¿Por qué el Búho no le había informado diariamente sobre la situación de los Stern? ¿Le habría ocurrido algo que le impidiera reportar el caso día a día? La ausencia de informes sobre los demás le hacía pensar que todo estaba tranquilo. O eso esperaba, por el bien de todos. No deseaba que quisieran más problemas de la nada, no ahora, con el estrés ofreciéndoles masajes gratuitos a cada instante. Necesitaba mantener un perfil bajo, ser más astuta que los demás.
Esas últimas palabras resonaron en su mente, trayéndole el eco de algo que su hermano mayor, Seis, le había dicho mucho tiempo atrás.
(Hace años)
—Doce, eres muy inteligente, tanto como Uno y Ocho -Seis sonriendo, abrazándola y acariciándole el largo cabello que tanto le encantaba a todos.
Estaban en su “tiempo libre”, o “receso”, al aire libre. Un bosque extenso los rodeaba, con guardias observándolos a la distancia. Algunos usaban sus dones para jugar entre ellos, arriesgándose a lastimarse. Otros trepaban árboles, deteniéndose antes del límite: una red de cables eléctricos que serpenteaba entre las copas. Si los tocabas por accidente, el voltaje podía freír el cerebro o garantizarte una muerte instantánea. Y si sobrevivías a la descarga, caerías sin remedio sobre las rocas ocultas en la tierra, lo que seguramente sería tu fin.
—Claro que lo soy. Aprendí de los mejores -contestó ella, devolviéndole el abrazo. Él era un poco más alto, lo cual le agradaba. No eran copias idénticas; eran diferentes y se complementaban.
—Me halagas, hermanita -Seis besó su cabello.
El crujido de un árbol rompiéndose interrumpió la quietud. Ambos observaron cómo un enorme árbol caía sobre una de las torres de seguridad. Un guardia saltó en el último instante antes de que el árbol aplastara la torre y la arrastrara consigo al suelo. Esto provocó que una parte de la red eléctrica de esa zona fallara; la caja eléctrica comenzó a lanzar chispas y luego explotó.
Los guardias no tardaron en correr hacia ellos, pero pasaron de largo, dirigiéndose al lugar del accidente. Los hermanos se reunieron en grupos o parejas, observando su “creación accidental”, que, en realidad, era parte de su plan para escapar de una vez por todas.
—Eres más fuerte de lo que crees. No dejes que nada nuble tu mente ni te impida pensar correctamente, ¿entendido, Doce?
Ella asiente, plenamente de acuerdo.
(Regresamos al presente)
Era cierto. Debía desechar las preocupaciones insignificantes y concentrarse en el planprincipal, resolviendo el problema en el que se habían metido. Solo debía restablecer la importancia a los demás. Nada más. Pero la incertidumbre regresó.
“¿La chica Stern habló? ¿La torturaron para que hablara? ¿Por qué los Búhos no le informaron por un tiempo? ¿Vendieron información? ¿Les dieron ubicación alguna importante? ¿O detalles sobre su apariencia?”
Esos pensamientos le impedían disfrutar del paisaje. Pero otra idea cruzó por su mente: ¿Habrían renunciado? ¿Se habrían cansado de vigilar a una familia peligrosa? Podría ser. Tenía sentido. Ambas eran teorías posibles, tanto la traición como la renuncia. Todo era concebible. Sin embargo, sería una estupidez de su parte. Ella les pagaba bien solo por vigilar. No habrían desperdiciado una oportunidad laboral así… ¿O los habrían descubierto? ¿Y si un enemigo infiltrado se hacía pasar por ellos? Eso alarmó a Tanya. Estaba empezando a pensar demasiado otra vez. Pero joder, también era probable. Cualquiera querría su cabeza en ese momento. Quizás en ese mismo instante se dirigieron a una trampa, o incluso a su propia muerte.
Podría hablarlo con Noah, quien conducía tranquilamente a su lado. Pero no lo haría, no lo preocuparía. Ya estaba algo mayor. Además, Emmet iba con ellos. Dos personas en pánico y sin té para los nervios. Era algo con lo que Tanya no quería lidiar, pero asumiría la responsabilidad por completa. Si esto era una trampa y existía la mínima posibilidad de morir, ella haría todo lo posible para que ellos dos salieran ilesos. Eran inocentes de sus estúpidas acciones impulsivas.
Pero la posibilidad persistía. Si conectaba los puntos, todo era posible. La carta que dice “te encontré”, los cuerpos mutilados, la sensación de ser vigilada, la desaparición de la chica Stern, su negocio en juego. Espera, estaba mezclando cosas sin contexto. Su mente era una marea de pensamientos que iban en direcciones contrarias, chocando entre sí y revolviendo recuerdos. Sin embargo, comenzó a considerar una posible traición de los Búhos después de días, indicándole una ubicación exacta en medio de un bosque desolado. Joder. Si de verdad era una trampa, ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.
— ¿Tienes el informe completo de lo que pasó con los Stern? -Tanya rompió el silencio, captando la atención de Noah y Emmet.
—Por el momento -contestó Noah, la mirada fija en el camino que ya empezaba a mostrar las señales del anochecer-. Se sabe que asesinaron al señor Stern. Lo encontraron en su oficina, apuñalado treinta y cuatro veces en el pecho.
Emmet y Tanya guardaron silencio, ambos escuchando con atención lo que Noah decía.
—La señora Stern, Jazmín, quien también resultó gravemente herida, llamó a los bomberos para salvarse… pero como te informé hace días, ella no sobrevivió y murió. Y en cuanto al primer hijo de los Stern, lo encontraron en su habitación atado de manos y pies, torturado cruelmente. Le arrancaron todos los dientes y las uñas, y tenía golpes por todo el cuerpo. Finalmente, dejó caer un mueble pesado encima de la cabeza.
“Vaya… la persona que hizo esto guardaba un gran rencor contra el primer hijo de los Stern.”
— ¿Sospechosos? -preguntó Emmet esta vez. Tanya no dijo nada, solo miró de reojo a Noah, esperando la respuesta. Ella también quería saber de quién más sospechar.
—No hay ninguno por el momento… al menos no unos de los que estemos cien por ciento seguros como posibles sospechosos -empezó a explicar-. Pero, según mis cálculos, serían en total treinta y cinco personas del personal las posibles sospechosas, y los cuatro de apellido Stern.
—Si tú ya tienes toda esa información y sabes todo lo que ha pasado, ¿por qué no se me hizo llegar esa información? -El tono molesto de Tanya era evidente-. Le dije claramente al Búho que me informará de todo, por muy tonto e irrelevante que fuera.
Noah la miró de reojo, y sin signos de miedo, arrepentimiento o duda, soltó sus palabras.
—Porque cambié los Walkie Talkies -confesó Noah sin asomo de arrepentimiento-. Dejé en su oficina unos Walkie Talkies rotos y me llevé los suyos, los funcionales, a mi oficina.
Tanya lo miró, abriendo ligeramente la boca y alzando ambas cejas en señal de sorpresa. Emmet, por su parte, presionó los labios en una línea fina; Incluso él sabía que Noah había hecho algo que no debía. Pero como no era su problema, solo le deseó suerte a Noah y siguió mirando por la ventana, agradecido de conservar su sano estado mental y físico.
— ¿Por qué lo hiciste? -El tono amenazante e irritado de Tanya no pasó desapercibido para Noah, pero, como siempre, no logró asustarlo ni tensarla-. ¿Noah?
—Estaba muy distraída y llena de estrés. Aquel día en que la vi tomar esas botellas de vino… -Tanya se sintió avergonzada por su error, pero no lo demostró-. Supe que debía ayudarla a reducir su estrés. Y creo que hice bien, ya que usted carga con mucho trabajo, tanto que hasta le dio un sangrado nasal.
Tanya notó que las intenciones de Noah no eran malas. El miedo a ser traicionada cruzó por su cabeza, pero no fue así, y eso la alivió. Él solo quería ayudarla a liberarse del estrés, a no estar constantemente esperando un mensaje que declarara la guerra o un movimiento sospechoso. Tanya tomó un gran respiro para controlar sus emociones y, sin apartar la mirada de la ventana, le habló:
—Si piensas hacer algo como esto de nuevo, estás obligado a decirme, ¿entendido? -Su tono aún molesto, pero comprensivo-. Porque a la próxima, no será tan comprensiva.
La sutil amenaza de Tanya hacia Noah sorprendió a Emmet. ¿Era posible que amenazara incluso al hombre que la había cuidado durante todos esos años? Pero lo que más lo asombró fue cuando Noah soltó el volante, dejando una mano sobre él, y la otra la llevó directamente a la parte trasera de la cabeza de Tanya, dándole un leve golpe, no fuerte, pero con clara firmeza. Tanya llevó una de sus manos al área golpeada y miró furiosa a Noah, abrió la boca para protestar, pero Noah habló primero.
—No tiene por qué amenazarme, lo hice por su bien -afirmó Noah, claro y firme.
Tanya se quedó callada, cruzando los brazos y volviendo a mirar por la ventana, murmurando un sinfín de cosas en silencio. Emmet, por su parte, se llevó una mano a la boca para amortiguar la risa que casi se le escapa cuando Noah golpeó a Tanya. Noah siguió manejando después de darle su “lección” a Tanya.
En el camino, una interferencia resonó en el auto. Noah metió una mano en su saco y sacó un walkie-talkie, pasándoselo a Tanya, quien ya lo esperaba con la mano extendida. Ella sincronizó los canales de comunicación y, de inmediato, sonó una voz masculina conocida.
—Viejo, soy yo -dijo la voz, era el Búho Uno.
—Informa -ordenó Tanya a través del artefacto. Hubo un momento de silencio y luego la voz se escuchó de nuevo.
—Un gusto volver a escucharte de nuevo, iceberg -la voz grave dejó entrever un tono burlón.
—Calla e informa, ahora -repitió Tanya, al borde de su paciencia.
—Bien, tenemos malas noticias… con el Búho Número Dos -comentó el hombre de voz grave, soltó un suspiro pesado y se podía escuchar el viento donde estaba. ¿Estaría al aire libre?
— ¿Qué problema? No pidas que preguntar y solo habla de una vez -exigió Tanya, su ira volvió al escuchar la palabra “problema”. Ya no quería más problemas innecesarios.
—Ruda y dominante como siempre -rió roncamente, pero su tono se volvió serio-. Búho Dos me acaba de informar que hay movimientos agresivos en la casa de los Shahar.
Tanya y Noah compartieron una mirada. ¿Movimientos agresivos? ¿A qué se refería? Emmet se quedó con una expresión seria ante la noticia.
—Al parecer el hijo de los Shahar ha estado tranquilo hasta ahora, pero explotó repentinamente y molió a golpes a… su padre, creo, y también a su madre -informó, su respiración ahora parecía agitada. ¿Estaba corriendo?-. Búho Dos ha comentado que hace días, por la noche, desapareció misteriosamente y que volvió como si nada.
— ¿Escapó hace días por la noche? -murmuró Emmet confundido, pero su murmullo no pasó desapercibido para los otros dos, que decidieron dejarlo pasar por el momento.
—El señor Stern y su hijo fueron asesinados hace días, y su esposa fue dejada en estado crítico, además de la desaparición de la chica Stern -recordó Noah.
—Es más que obvio que este chico Shahar es el asesino de la familia Stern -concluyó Tanya. Emmet guardó silencio ante la conversación de aquellos dos-. Y estoy más que segura de que él fue quien secuestró a la chica… Maldición, de seguro pedirá más dinero del que pensé.
—Pero ¿por qué haría todo eso? -Preguntó Noah, creando miles de teorías en su mente-. Lo tenía todo y aun así actuó de esa forma.
—Luego hacen sus teorías, aún no he terminado de informar todo -interrumpió el Búho, y todo quedó en silencio para escucharlo claramente-. El señor Shahar ha muerto por las contusiones que recibió en la cabeza -Esa información logró que Tanya frunciera el ceño molestamente-. Además, la señora Shahar, bueno… lo tuvo mejor; él la dejó caer desde la azotea de su gran casa. Es innecesario decir que obviamente no sobrevivió a la caída.
— ¿Dónde está en este momento? -preguntó Tanya mirando fijamente el aparato en su mano.
—No lo sabemos… -confesó el Búho con pesar, su respiración agitada no paraba ni siquiera tomaba un descanso-. Lo estamos buscando por la zona de su hogar, pero está repleto de guardias retirando los cuerpos… es una cantidad exagerada de guardias.
—Lo perdieron… -afirmó Tanya, llevando una de sus manos a su frente para sobarla y aliviar el creciente dolor de cabeza que estaba empezando a sentir.
—Lo encontraremos -La inseguridad en la voz de aquel hombre no ayudaba a que le creyeran.
—Duplicaré la paga, lo quiero vivo -ordenó Tanya y, con esto, apagó el artefacto y se lo devolvió a Noah, quien lo guardó en su saco.
La tensión dentro del auto era palpable. Noah apretaba las manos en el volante, Tanya sobaba lentamente su frente y Emmet, bueno, ajeno a sus problemas, decidió quedarse en silencio para no terminar siendo el remate.
— ¿Seguimos con el plan? -preguntó Noah, la duda en su voz era notable-. Puede que la ubicación a la que vamos ya esté desolada, si es que él ya tenía un plan de escape.
—Sigamos con el plan. Podemos encontrar algunas pistas que nos guían hacia ellos. Los encontraré, no importa dónde estén -sentencia Tanya con voz fría-. ¿Hay algún Búho esperándonos?
—Sí, los Búho Tres y Cuatro nos están esperando en la dirección a la que vamos.
Tanya empezó a pensar. Si le habían dicho que la chica estaba allí y aún no le habían informado sobre un cambio de localización, significaba que seguía en ese lugar. ¿Y el chico Shahar? ¿Estaría de camino al mismo lugar? ¿La abandonó a su suerte? No, más bien, ¿abandonó su cadáver allí? La ubicación era desconocida, un lugar perfecto para dejar un cuerpo y que nadie lo encontraría, al menos hasta su estado de putrefacción. Si alguien llegara a pasar por ese lugar, descubrirían su cuerpo por el olor a muerte.
Lo sabría al llegar. Tanya empezó a buscar información en su mente; la ubicación era cerca de donde caminó para llegar a Hidetown, cerca de aquella casa en el bosque donde conoció a Dalia y Noah. Ella jamás supo la ubicación exacta de esa casa. Y por la forma en que Noah miraba el papel donde había escrito la dirección, le confirmó que no era la casa que pensaba. Ojeó el retrovisor, mirando a Emmet; este sonreía con malicia. Estaba sumido en sus pensamientos, y lo que sea que estaba pensando le causaba gracia, no podía ocultar su sonrisa.
“Seguramente, trabajar en el laboratorio ya le estaba afectado”.
— ¿Qué es tan gracioso? -Emmet miró el retrovisor, como si supiera que ella lo estaba observando por ese reflejo-. Habla.
¿De verdad estamos yendo a una posible trampa solo por una chica? -Noah frunció el ceño, molesto por el comentario de Emmet-. ¿Tanto la necesitas? ¿Acaso te gustan las chicas?
Tanya le lanzó una mirada asesina ante sus últimas palabras.
—Sus padres y hermano están muertos, ella está desaparecida. ¿Quién demonios manejará el negocio? Exacto, nadie. Los Stern eran quienes tenían todo tipo de contacto para comunicarse con compradores y negociantes en el exterior. Si ella aún está viva, la necesito para saber algunos nombres de esas personas y que nuestro negocio no se ve afectado.
La explicación de Tanya no borró la sonrisa de diversión de Emmet.
Emmet no dijo palabra alguna, ya que Noah detuvo el auto a un lado de la carretera. Esta carretera iba en subida, lo que confundió un poco a Tanya.
—Debemos caminar colina abajo, por el bosque -mencionó Noah, quitándose el cinturón de seguridad y saliendo del auto.
Noah abrió la puerta de Tanya para que saliera del auto, seguido de Emmet. Los tres se quedaron en la carretera asfaltada. Miraron aquel bosque que se extendía cuesta abajo, como un barranco, muy empinado y peligroso. Solo se podía observar las copas de los árboles, dando la ilusión óptica de que aquello no era un bosque, sino más bien un mar donde podrías morir fácilmente.
—Búhos -llamó Noah. Lo único que se escuchó fue el aleteo de unas aves saliendo de un árbol.
Todo estaba en silencio: la carretera vacía, el bosque en calma. Pero de pronto, algo crujió entre las ramas de los árboles. Y luego, dos personas aterrizaron frente a ellos. Eran altos, casi de la misma estatura que Emmet. Vestían ropa verde oscuro con ramas y hojas pegadas, el cabello de uno era rizado y castaño, y el otro, negro; ambos cubiertos por gorros del mismo color que la ropa y con las mismas ramas y hojas adheridas. Una mochila militar en sus espaldas y una tela que cubría la mitad de sus rostros, dejando a la vista unos ojos verde mar y azul oscuro que contrastaban con su vestimenta. Uno de los hombres, el de ojos verdes, se detuvo frente a los tres, quienes ni se inmutaron por su cercanía.
— ¿Dónde? -Fue lo único que necesitó decir Tanya para que aquel Búho frente a ella entendiera a qué se refería.
El hombre de ojos azules señaló con su mano el bosque, pero en realidad, apuntó a un punto en específico. Entre las copas de los árboles, resaltaba algo de color ocre: un techo viejo que bien podría confundirse con la corteza de los árboles añosos del bosque. Ese era el lugar al que debían ir. Para eso, debían descender por aquel gran barranco lleno de vegetación y adentrarse en el bosque para llegar a esa casa abandonada en medio de la arboleda.
Noah sacó de su saco un sobre lleno de dinero y se lo extendió al Búho de ojos verdes, quien lo tomó sin dudar. Solo se inclinó levemente hacia los tres, para luego caminar en silencio al lado opuesto de la carretera junto con su compañero, donde continuaba aquel inmenso bosque. Gracias a sus ropas de camuflaje, se perdieron rápidamente entre la densa vegetación.
—Unos hombres de pocas palabras -bromeó Emmet, sonriente.
—Bien, solo debemos caminar. Noah, abre la cajuela -pidió Tanya.
Noah obedeció, y en el interior se pudo ver tres pequeños tambos de color verde neón, brillantes como las luces de los letreros de los restaurantes de su pueblo. Los tambos levitaron, saliendo del auto. Noah cerró la cajuela y aseguró el vehículo. Luego, los tres echaron un último vistazo hacia aquel techo ocre y comenzaron a caminar en esa dirección. Descendían la cuesta, sujetándose de los árboles o arbustos para no caer por la inclinación del terreno. Los tres tambos de líquido color verde neón levitaban cerca de Tanya, siguiéndola como si fueran globos llenos de helio atados a su muñeca. Y así, comprendió su camino hacia una posible trampa o una anhelada solución.
La empinada bajada fue un desafío, con el sendero cubierto de maleza y flores silvestres que hacían resbalar los pies. Sin embargo, nadie cayó ni resultó herido. Ahora caminaban en silencio por el bosque, esquivando ramas y quitándose alguna hoja que se les caía encima. Tras unos metros, el bosque cedió el paso a una carretera deteriorada, agrietada y sin asfaltar. De las grietas brotaban maleza y flores. Era una carretera abandonada.
— ¿Hacia dónde llevaba esta carretera? -preguntó Tanya, observando cómo se extendía unos diez o doce metros antes de que el bosque la engullera por ambos lados. Parecía una pieza fuera de lugar y tiempo.
—Si no mal recuerdo, esta era una carretera que llevaba a algunas ciudades antes de la Tercera Guerra Mundial -respondió Noah, contemplando la desolada vía.
La Tercera Guerra Mundial. Fue un desastre. Conflictos entre las principales potencias. Primero, advertencias; luego, pequeños ataques; Y finalmente, una bomba nuclear. Solo pasaron dos años de paz después de la Segunda Guerra Mundial antes de que estallara una Tercera Guerra Mundial que tomó desprevenidos a los habitantes de Ozel, quienes no pudieron evitar el impacto. Miles de vidas se perdieron, y los daños materiales fueron tan vastos que tardaron cinco años en conseguir el presupuesto suficiente para reconstruir los pueblos y ciudades que existen hasta el día de hoy.
Por eso, Hidetown está escondido en el bosque, sin comunicación con las grandes ciudades. Fue uno de los pueblos con poco presupuesto para expandirse por completo. Pero eso terminaría pronto, ya que Tanya planeaba devolver a Hidetown la gloria que tenía antes de la Tercera Guerra Mundial.
Ella echó un último vistazo a la carretera. Era algo histórico pisar un lugar anterior a la Tercera Guerra Mundial, pero no había tiempo para imaginar cómo era antes. Tenía que resolver ese gran problema. Los tres volvieron a adentrarse en el vasto bosque. Tanya miró a Noah de reojo. Habían conducido un buen tiempo, bajado un barranco y seguían caminando. Emmet se encontraba bien, incluso se adelantaba algunas veces para asegurar el perímetro, asegurándose de que no fuera una trampa. Pero Noah, por su edad, era algo preocupante.
— ¿Cómo te encuentras, Noah? -preguntó Tanya, observando cómo Noah caminaba sin problema alguno, o tal vez fingía estar bien para no distraerlos-. ¿Aún puedes seguir caminando?
Noah soltó una pequeña risa ante la mínima preocupación de Tanya.
—Aunque me vea viejo, puedo correr una maratón de cuarenta kilómetros sin cansarme -comentó Noah sin una pizca de agotamiento en su rostro, algo que Tanya siempre admiraría y respetaría de él.
—Entonces, ¿te gustaría unirte a mi rutina mañanera de correr alrededor de la mansión? -invitó Emmet, acercándose a Noah y posando un brazo sobre sus hombros.
Noah copió la acción de Emmet y también posó su brazo en los hombros de este, dándole una sonrisa desafiante.
—Muchacho, ha desafiado al guepardo -bromeó Noah, ganándose una sonrisa desafiante de parte de Emmet.
—Y usted al halcón -le siguió la broma Emmet.
“Hombres…”, pensó Tanya. Negó con la cabeza y siguió el camino. Sus pies tocaron algo duro bajo la vegetación. Miró al suelo, donde la maleza era exagerada, pero aún así, entre tanta flora, se podía observar algunos pedazos de concreto. Era otra carretera destruida por la guerra, pero esta tenía algunos trozos de asfalto. Había pedazos más grandes que otros, ocultos por la vegetación. Eso significaba que estaban cerca de la casa. A medida que los tres se acercaban a esa zona, la cantidad de concreto aumentó de nuevo, dejando a la vista la otra parte de la carretera abandonada. Era curioso cómo algunas partes estaban completamente deshechas y otras casi en buen estado para ser restauradas. Todo en la vida es un misterio.
—My Lady, mira eso -llamó Emmet, señalando algo entre los arbustos.
“¿My Lady?”
Las miradas de los otros dos se posaron en lo que Emmet había señalado entre los arbustos. Al ver algo metálico, se acercaron lentamente. Ya de cerca, se dio cuenta de que era una motocicleta. Los tres la reconocieron: era una Ducati 916, un modelo que solo se conseguía fuera del pueblo. El responsable de todo esto era alguien ajeno a Hidetown. Esto apoyaba la teoría de que el responsable era Shahar, pues Tanya recordaba que ellos vivían fuera del pueblo, en la ciudad vecina.
Noah se acercó a la motocicleta para inspeccionarla, con su arma ya en mano. Al lado de esto, había tres maletas. Dos contenían ropa -una de chica y otra de hombre- y la otra estaba llena de provisiones de supervivencia, además de fajos de billetes bien escondidos.
—Tiene el tanque lleno, con esto pueden irse a la frontera de cualquier lugar y con el dinero comprar un boleto de cualquier transporte y salir de Ozel -informó Noah al regresar junto a Tanya y Emmet-. Les llevará dos o tres días llegar a una frontera cercana; las provisiones son justamente para tres días.
—Piensa desaparecer una vez que salga de Ozel… -murmuró Tanya pensativa.
—Escapará con la chica, seguramente la explotará como una esclava o probablemente la usará para chantajear a varias personas -teorizó Noah, alternando la vista entre las maletas y la motocicleta.
—Haría una fortuna si chantajea a las personas. Ese chico Shahar no es tan idiota como pensé -Tanya esbozó una sonrisa hostil ante sus propias palabras.
—Si la motocicleta sigue aquí, quiere decir que aún no ha llegado -afirmó Emmet.
—Sigamos -indicó Tanya, señalando la carretera abandonada.
Los tres continuaron caminando por aquella carretera abandonada y agrietada. Los tacones de Tanya resonaban un poco más debido al silencio del lugar, aunque el sonido podía confundirse con el crujir de las ramas por las ardillas que trepaban o el aleteo de las aves que salían volando de los árboles.
“Si el chico Shahar escapó cuando el Búho llamó, eso significa que lleva una hora desaparecido, una hora desde que asesinó a sus padres. Pero ¿dónde está? ¿Alistando su escape? ¿Preparando una trampa por si alguien lo sigue? ¿Por qué asesinó a los Stern? ¿Por qué secuestró a la chica? ¿Qué con ella? Bueno, más bien sería: ¿qué no puede hacer con ella?”
Podría venderla a personas asquerosas, individuos peligrosos, seres menos humanos. O podría usarla para chantajear a otros narcotraficantes y obtener ingresos cuantiosos. Si esa chica hablaba, podría ser el fin para muchos, incluso para la propia Tanya, si Shahar utilizaba la información que la chica Stern le proporcionara. Todo se habría perdido. Muchos pagarían cualquier precio para mantener esas dos bocas calladas: terrenos, bienes, dinero, poder, acciones. Podría pedir cualquier cosa, y lo más seguro es que la obtendría.
Al llegar al final de aquella carretera abandonada, la maleza comenzaba de nuevo, pero esta vez, se distinguía algo de concreto. Además, la pared de la casa ya era visible. Era de un color verdoso, diseñado para pasar desapercibida, camuflada en el bosque. Inteligente, sí, pero no el tono correcto.
Emmet notó que al final de la carretera se había lodo en grandes cantidades. Una trampa. Si pasaban por ahí, dejarían huellas, y no podía darse el lujo de dejar ninguna pista o indicio de su presencia en ese lugar. Él iba a decirle a Tanya que se detuviera, que él la cargaría sin problema, pero vio cómo el pie de ella pisó justo donde estaba el lodo, y este rápidamente se hizo a un lado, dejando un espacio libre para que ella pasara sin mancharse. Como si el mundo le tuviera miedo.
—Sigan mis pasos -ordenó Tanya, sin dejar de caminar.
Noah le hizo una señal a Emmet para que él fuera el siguiente en seguir los pasos de Tanya. Él le agradeció a Noah y pisó el mismo lugar que aún seguía libre de lodo, por donde había pasado Tanya. Noah repitió lo mismo que los otros dos. Y así, pasaron sin dejar una sola huella en el lodo, que regresó a su lugar, ocultando los sitios por donde habían pisado. Los tres llegaron a la casa, observándola con detención para evitar que fuera una trampa. No se veían bombas afuera ni guardias. La casa parecía en buen estado, algo sospechoso para una supuesta casa abandonada en el bosque. No se podía observar a nadie vigilándolos o apuntándoles con un arma desde la lejanía. El silencio era absoluto. El exterior parecía seguro… por ahora. Tanya miró de reojo a Emmet y dejó los tres tambos frente a él.
—Espero que esto funcione tal y como lo espero -Sus palabras serias lograron hacer sonreír a Emmet.
—Lo hará -aseguró él, tomando un tambo en sus manos.
Tanya dio unos pasos más hacia la entrada principal de la casa, llevando una de sus manos a su arma escondida bajo la ropa, pero una mano la detuvo. Noah tomó su brazo, impidiendo que ella entrara.
—Espere un segundo, señorita -pidió amablemente y soltó el brazo de Tanya.
Noah metió la mano en su saco y sacó una Glock 19 personalizada. Era plateada con líneas doradas en los bordes y, en el mango, tenía las iniciales “TM” grabadas, también en dorado. Se la ofreció a Tanya.
—Por favor, tómela y úsela -Tanya lo miró algo sorprendida-. Lo mejor es ocultar su don por ahora. Ocúltelo usándolo como una ventaja, pero deberá usar más armas para protegerse y no levantar sospechas.
Emmet observó la escena, algo conmovido por la protección y consideración de Noah hacia Tanya, quien esbozó una pequeña sonrisa. Emmet también se preocupaba por Tanya, temiendo que alguien le hiciera daño. Él fue quien le sugirió a Noah que le hiciera un arma personalizada a Tanya, algo que fuera más con su personalidad que una simple arma común.
—Gracias -Tanya tomó el arma que le había ofrecido a Noah. Era algo pesado, ya que estaba cargado y era de buena calidad. “¿Cuándo la mandó a hacer?”, pensó-. Entraré yo primero, ustedes entrarán unos segundos después, ¿entendido?
Ambos asintieron. Ella tomó su otra arma y se la ofreció a Emmet, quien la miró algo sorprendido.
—Debes aprender a cuidarte tú mismo.
Esto era un arma de doble filo. Si le daba un arma a Emmet, dejaba claro que la confianza existía, sin importar la magnitud. Emmet podría usarla para protegerse a sí mismo ya los demás, o usarla en su contra. Debía confiar en que Emmet jamás la traicionaría. Emmet tomó el arma mientras Noah respiraba aliviado por el avance que habían logrado esos dos frente a él.
—”Oh my Dear”, eres increíblemente valiente dándome un arma y entrando tú sola a este lugar. Pero no puedo permitir que te pongas en peligro de esta forma. ¿Qué haría yo sin ti? –El tono cómico de Emmet hizo que Tanya pusiera los ojos en blanco por unos segundos. Emmet guardó su arma en sus ropas mientras sostenía los tambos del líquido verde neón cerca de él.
—Encárgate de rodear la casa. Si escuchan mi señal, enciendan el fuego -Ella miró a Noah-. Protege a Emmet mientras hace esto.
Noah ascendió con desdén.
—Por favor, tenga cuidado, señorita -Noah ignoró la mirada cómplice de Emmet hacia él; ya se estaba acostumbrando a sus bromas y miradas.
Noah le ofreció las municiones a Tanya para su arma; ella las tomó y las guardó en su ropa. Dio un leve respiro profundo y, con el arma en su mano, abrió la puerta de la casa, dejando a la vista un pasillo vacío y demasiado claro, ya que todo estaba pintado de color blanco. Mientras tanto, Noah y Emmet tomaron un tambo cada uno y comenzaron a rodear la casa tal y como Tanya había ordenado.
Ella estaba en un pasillo completamente normal a la vista. Estaba en perfecto estado, con algunos muebles y decoraciones en la pared, como si fuera una casa completamente normal en medio del bosque. Tanya siguió caminando por el pasillo hasta que llegó a una sala de estar con sillones, chimenea y más decoración. Pero notó que, en lugar de ventanas, había tragaluces, algo que le pareció extraño. Al lado de la sala de estar, había una escalera que llevaba al segundo piso. Ella apuntaba a cada lado que veía con su arma, tal y como le enseñó a Noah hace años.
“Esto no tiene sentido. Si es una casa temporal para tener a la chica Stern como rehén, ¿por qué se ve tan… normal? ¿Por qué tanto esfuerzo en decorarla si la iban a abandonar?”
Tanya se quedó de pie mirando la chimenea, y se acercó a esta poniéndose de cuclillas. Acercó su mano a los leños de esta, confirmando sus sospechas. Sigue caliente. Alguien había usado la chimenea hace poco; la madera estaba consumida, se había apagado naturalmente.
De pronto, su sentido alterado le advirtió algo: una presencia estaba detrás de ella. Una presencia con intenciones asesinas. El movimiento de una sombra que se proyecta en la pared blanca de la chimenea frente a ella le ayudó a confirmar la altura y el ángulo del ataque. ¿De dónde había salido esa persona? Era muy buena caminando en silencio. No podría usar su pistola a tiempo, no iba a apuntar a la persona, no le quedó de otra.
En el instante en que la sombra se movió para dañarla, Tanya reaccionó. Se lanzó a un lado y, en un giro rápido, lanzó una patada hacia la persona. Cuando su pie impactó el abdomen de este individuo, sintió como si pateara algo sólido, una pared o una roca inmensa. Esto la sorprendió no solo a ella, sino también a su agresor desconocido. El atacante apenas se movió unos milímetros de su posición, ni siquiera retrocedió un paso ante la patada de Tanya.
“Buena resistencia física”
Tanya se puso de pie y apuntó con su arma hacia el agresor. Él, al verla armada, tomó distancia y alzó las manos en señal de rendición, mostrando en su mano derecha un cuchillo de caza. Ella analizó al hombre. Su cabello corto, castaño claro y despeinado, y sus ojos color miel transmitían una sensación de peligro. A Tanya no le sorprendió que intentara apuñalarla por la espalda, ni que su mirada reflejara la necesidad de acabar con ella. No, no fue eso. Lo que la sorpresa fue que aquel atacante estaba sin camisa, dejando a la vista su torso desnudo. Era el cuerpo de alguien en el que se notaban los frutos del entrenamiento y de peleas diarias.
Eso explicaba cómo logró acercarse a su espalda: ya tenía experiencia en ataques sorpresa y en combates contra todo tipo de personas. La mirada de Tanya bajó hacia los pantalones del chico, que tenían rastros de sangre seca, y notó que estaba sin zapatos. Un dato curioso. Algo más que llamó la atención de Tanya fue que, al tener el torso expuesto, se veían dos tipos de marcas: unas evidentes cicatrices de peleas, y otras en su cuello y clavícula, círculos desiguales y rojos.
El chico dio un paso hacia Tanya al notar que solo lo estaba analizando, pero ella no dudó en disparar cerca de su cabeza, rompiendo una puerta de cristal de un estante en la sala de estar. El chico se petrificó, mirando de reojo el daño de la bala, y luego volvió su mirada hacia Tanya. Ella notó algo de admiración e incredulidad en la mirada que él le dedicó.
— ¡Tanya! -Se escuchó un grito masculino por el pasillo, seguido de pasos apresurados hacia la sala de estar.
Noah, jadeando por el esfuerzo de correr, llegó a la entrada de la sala. Su mirada buscó a Tanya, y al asegurarse de que no estaba herida, soltó el aire que había estado conteniendo por el susto y la angustia.
— ¿Se encuentra bien? -le preguntó Noah, mirando de reojo al agresor y apuntándole también con su arma.
—Perfectamente -respondió ella, mirando a los dos hombres en la entrada de la sala.
El desconocido semidesnudo, al notar que Tanya desviaba la mirada de él, se abalanzó. Su intención era derribarla y usarla como rehén aprovechando su descuido. Noah no tuvo tiempo de reaccionar al movimiento imprevisto de aquel chico. Nadie se movería si les apuntaran con dos armas cargadas e intenciones con intenciones asesinas, pero este chico semidesnudo no le tenía miedo a la muerte y no dudó en acabar con Tanya si se le presentaba la oportunidad; y vaya que se la dio.
Tanya suspiro ante el acto del agresor, bajo su arma y simplemente alzó la mano hacia é. En el momento en que lo hizo, aquel chico salió por los aires y cayó de espaldas contra el armario de la sala al que Tanya había disparado con anterioridad como advertencia. El sonido fue ensordecedor. Las puertas de cristal se hicieron añicos, al igual que la madera, por el impacto del cuerpo del chico. El contenido de ese armario, que eran cubiertos y decoración de porcelana, se destruyó y algunos cayeron sobre el cuerpo del chico.
El impacto fue doloroso para el chico, ya que sus quejidos eran audibles. El cuchillo había salido volando de su mano al impactar contra el armario, perdiendo entre los restos de la decoración y los pedazos de madera. Noah soltó un suspiro ante la acción de Tanya.
—Le di el arma para que evitara usar su don –se quejo un poco Noah, caminando hacia ella, apuntando su arma hacia el chico ahora en el suelo entre los restos de aquel armario-. Recuerde que debe ser discreta.
—Estamos dentro de una casa; la sala no tiene ventanas, sino tragaluces, lo cual distorsiona la imagen desde cualquier ángulo. Solo este tipo me vio -se defendió ella-. Además, hubo un intento de asesinato, solo me defendí. -Miró hacia la puerta de la sala-. ¿Dónde está él? -Se refirió a Emmet.
—Sigue con la orden que le dio, vendrá pronto.
Tanya alzó su mano de nuevo y el cuerpo del chico empezó a levitar en el aire, provocando en él varias miradas de confusión. Tanya hizo otro movimiento con su mano y el cuerpo del chico impactó contra la pared donde antes estaba el armario. Parecía que el cuerpo de aquel chico estaba encadenado a la pared y no podía moverse, haciendo entrar en pánico. Tanya caminó hacia los restos del armario y encontró el cuchillo de caza, luego dirigió su mirada al cuerpo semidesnudo de su agresor, preguntándose por dónde empezar a sacar la verdad. Este, al notar las intenciones de Tanya, finalmente habló.
— ¡O-Oye! ¡Espera unos segundos! -Su voz, algo ronca y grave, resonó por la sala.
Con otro movimiento de manos de Tanya, el cuchillo se alzó y se dirigió al cuello del muchacho, levitando junto a este, aterrorizando al chico. Por más que luchaba por moverse, no lograba mover ni un solo músculo.
—No me interesa quién eres. Y solo lo diré una vez, así que será mejor que respondas -Tanya se ubicó frente a él-. ¿Dónde está la chica Stern?
El chico se quedó sorprendido ante su pregunta y dejó de forcejear, luego esbozó una sonrisa descarada mientras alzaba una de sus cejas.
— ¿Quién te mandó? ¿Cuál de las dos familias? ¿La mía o la de ella? -Su sonrisa se ensanchó aún más-. No, no puede ser su familia, los asesiné a todos.
—Si vas a hacer preguntas que te responderás tú solo, será mejor que dejes de hacerlo -El cuchillo ejerció presión en su cuello, logrando poner nervioso al chico-. Habla.
— ¡Espera! -Se escuchó un grito femenino.
Tanto Tanya como Noah quedaron desconcertados por aquel grito. Luego, unos pasos resonaron por las escaleras de madera. Una chica rubia apareció, desesperada ya toda prisa.
El aspecto de la chica era… algo incómodo y muy revelador. Tenía puesta una blusa de botones, pero sin los botones, pues estos habían sido arrancados por alguna razón que Tanya no quería ni imaginar, dejando expuesta parte del sujetador que la chica usaba. No solo eso, sino que también tenía las marcas circulares desiguales en su cuello, clavícula… de hecho, por todo su torso.
Corrió hacia la sala con dificultad, ya que estaba poniéndose una falda para tapar su otra parte de la ropa interior. Era más que evidente lo que estaban haciendo antes de la interrupción de los otros tres.
La chica rubia, con el lápiz labial corrido, se ubicó entre Tanya y el cuerpo inmovilizado del chico en la pared. Extendió sus brazos para impedir que algo dañe al chico. Su respiración estaba agitada y sus mejillas, algo sonrojadas.
“¡Argh! ¿En serio hará el papel de héroe?”
— ¡Detente! ¡No lo lastimes! ¡Te lo suplico! -Su voz desesperada resonó por toda la sala, molestando a Tanya. Estaba literalmente enfrente de ella, no había necesidad de gritar.
—Amaris… -murmuró Tanya, alejando el cuchillo del cuello de aquel chico y volviéndolo a tomar en sus manos, jugueteando con él, lo que puso nerviosa a la chica frente a ella-. Y el chico Shahar… mmm, ¿tu nombre era Alex? -Preguntó a Tanya con indecisión.
— Aleph -corrigió el chico, la frustración era notable en su tono de voz.
—Aleph, sí, claro -repitió Tanya-. Ambos me dieron un problema innecesario, ¿saben? -regañó Tanya, cruzándose de brazos-. El castigo por molestarme es la muerte.
Ambos jóvenes se tensaron por las palabras de Tanya, pero Amaris no bajó los brazos que protegían a Aleph detrás de ella. Lo protegería, incluso si le costara la vida. Sin embargo, los rostros preocupados de los dos cambiaron una sorpresa cuando alguien más se unió a la escena. Tanya sintió una mano en su hombro y miró al responsable de la acción: Emmet.
—Tanya, antes de matarlos, ¿por qué no los dejas ponerse su ropa completa? Estaban en medio de algo… cuando nosotros llegamos, si me entiendes a qué me refiero -Emmet guiñó un ojo y dio un presionado juguetón en el hombro de Tanya.
Esa presión le provocó un escalofrío. Ella lo ignoró, pues en ese momento, el problema estaba frente a ellos. Tanya notó que en el otro brazo de Emmet había ropa y rápidamente supo que era la de aquellos dos. No le quedó más que acceder a regañadientes. ¿Por qué accedió? Ella tampoco lo sabía. Tal vez porque le incomodaba ver a personas semidesnudas frente a ella, o al menos personas que no le agradaban.
—Que sea rápido -Tanya dejó caer el cuerpo de Aleph al suelo. Amaris se dio la vuelta y se acercó a este para revisarlo, verificando que no estuviera gravemente herido.
—Tú… bruja -se escuchó el murmullo de Amaris. Todos en ese cuarto sabían muy bien a quién iba dirigido ese comentario.
Emmet cerró los ojos frustrados, sabiendo que Amaris había cometido un error al llamarla de esa manera. Tanya lanzó el cuchillo que tenía en sus manos hacia Amaris, logrando que este pasara cerca de su cuello y hombro izquierdo, rozando tanto su cabello como haciendo un leve corte en la blusa. El cuchillo terminó ensartado en el suelo de madera por la fuerza con la que lo lanzó. Amaris, aterrada, alternó la vista entre Tanya y el cuchillo detrás de ella.
—Será mejor que cuides tus palabras, no estás en posición de decir cualquier cosa -La voz fría y amenazante de Tanya fue suficiente para hacer entender a Amaris que no dudaría en matarlos cuando tuviera la oportunidad.
Tanya caminó de nuevo hacia Noah, quien simplemente se dio la vuelta para quedar de espaldas y dar privacidad a los otros dos para que terminaran de vestirse y arreglarse. Pero ella no volteó. Observaba cada movimiento de aquellos dos con su otra arma en la mano como advertencia, pero notó algo que la había estado molestando. Ambos miraban a Emmet con sorpresa e incluso con familiaridad.
— ¡¿Qué carajo haces aquí?! -preguntó agresivamente Aleph mientras tomaba su ropa que Emmet había lanzado al suelo.
Emmet se dio media vuelta, dándoles privacidad, y se topó con la mirada molesta de Tanya. Amaris se acomodó rápidamente su ropa, avergonzada y mirando con algo de miedo a Tanya, quien no les quitó la vista de encima mientras los dos se cambiaban y se ponían ropa nueva.
—Sí, también es un gusto volver a verlos -comentó Emmet sonriéndole a Tanya, y ella captó todo-. Fue hace unos meses, ¿no?
— ¿Los conocías? -preguntó duramente Tanya, cruzando sus brazos.
—Son mis amigos -contestó Emmet, alzando los hombros con diversión.
— ¿Por qué no me lo dijiste? -La molestia era clara en su voz.
—Nunca me preguntaste por mis amigos -se defendió Emmet, guiñándole un ojo. Tanya respiró profundamente para evitar enojarse y agrietar cualquier objeto de cristal en el lugar.
Aquellos dos se acomodaron la ropa rápidamente y se miraron fijamente, buscando alguna herida. Aleph se tranquilizó al notar que las únicas marcas que Amaris portaba eran las suyas, pero no fue el mismo caso con Amaris. Ella notó en la espalda de él algunas marcas rojas por el golpe que recibió al ser lanzado contra el armario. Aleph notó la mirada llena de preocupación de Amaris y se bajó la camisa por completo. Después la tomó suavemente de las mejillas y besó su frente con cariño, intentando tranquilizarla.
—Oye, hijo solo heridas, pueden curarse. No es nada grave -le susurró suavemente, mirándola a los ojos, logrando bajar un poco los nervios de Amaris.
— ¿Conque una huida de amantes? ¿En serio, Aleph? -Emmet se dio la vuelta, mirando a los otros dos con una sonrisa burlona-. Eso es demasiado cliché, ¿no crees?
—Y ¿qué hay de ti? ¿Al fin lograste salir de tu jaula? ¿Y quién demonios es ella? ¿Tu pareja? Siempre supe que tenías gustos muy extravagantes -le preguntó a la defensiva Aleph, tomando a Amaris por la cintura y acercándola a él.
—Algo por el estilo -asintió Emmet ante las palabras de Aleph. Tanya presionó la mandíbula, pero no negó nada; se sintió bien por unos segundos-. Pero te pido respeto hacia ella. Si le faltas el respeto, mi puño terminará en tu rostro.
Aleph sonriendo ante la advertencia de Emmet. Noah se dio la vuelta de nuevo, después de contar hasta cierta cantidad de números. Observó a los otros dos en silencio, apuntándolos con su arma, luego se acercó a Tanya y le susurró en voz baja para que solo ella escuchara:
—El chantaje no funcionará con ellos –aseguró-. Estaban listos para este plan; Huirán para irse lejos. Lo mejor será crear una trampa que logre atarlos a usted antes de que desaparezcan.
Tanya frunció el ceño ante sus palabras, sabía que tenía razón.
—Les preguntaré qué quieren y luego propondré algo rápido. Lo mejor sería irnos de aquí lo más rápido posible, no somos los únicos quienes los buscan.
Noah ascendió, de acuerdo con Tanya. Ella miró a los otros dos de nuevo y pensó en todo lo que había pasado hasta ahora.
“Aleph es el asesino de los Stern y los Shahar, tiene un amorío con Amaris, ambos herederos de sus negocios. Tenían maletas y dinero para escapar y desaparecer de este lugar. Convencerlos no será fácil, pero debo intentarlo”.
—Seré directa -Tanya llamó la atención de los tres frente a ella-. ¿Qué quieren un cambio de la posesión de sus negocios?
La pregunta captó la atención de Aleph y Amaris. Emmet dio unos pasos hacia atrás para quedar al lado de Tanya, mostrando de qué lado estaba en ese momento.
—Nada, no daremos nuestro trabajo a alguien más, no somos idiotas -contestó Aleph de mala gana, algo que no le agradó a Tanya.
“No son idiotas, tiene razón. Pero están acorralados”.
—Bien, ¿cuál era su plan original?
— ¿Por qué te lo diríamos? -preguntó Amaris, alzando la voz, aún molesta.
—Chicos -interrumpió Emmet con una sonrisa nerviosa-. Será mejor que le digan la verdad. Mentirle y evitar contar la verdad no es una sabia decisión, no si aprecian su vida. Pero tranquilos, estarán en buenas manos, confíen en mí.
— ¿Por qué lo haríamos? Casi me asesina -Aleph señaló a Tanya con furia-. No confiaría en alguien que intentó asesinarme.
—Tú también lo intentaste, así que estamos a mano -recordó Tanya, lanzándole una mirada asesina-. Ahora, responde mi pregunta, no tengo más tiempo para sus palabras sin sentido.
—En otras palabras -intervino de nuevo Emmet-. Dígannos su plan original, y puede que todos lleguemos a un trato donde no termine con un cadáver aquí mismo.
Estas palabras pusieron nerviosos a los otros dos. Ambos se miraron rápidamente, decidiendo si decir la verdad o no. Amaris alternó la vista entre Noah y su arma, luego entre la salida y Tanya. Por último, miró a Emmet y Aleph, y finalmente ascendió lentamente con la cabeza. Aleph ladeó la cabeza a regañadientes y, en contra de su voluntad, miró a Tanya.
—Nuestro plan era… escapar por barco en la frontera de Decipit, pagando un tren y luego el barco para llegar a Asia y desaparecer.
— ¿Tenían todo pensado? -preguntó ahora Noah, su arma nunca dejó de apuntar a aquellos dos, el dedo en el gatillo y el otro en el seguro, listo para quitarlo y disparar.
—Sí -confirmó Amaris-. Todo estaba planeado.
— ¿Pasaportes? -preguntó Emmet, queriendo confirmar si de verdad habían planeado bien su escape.
—Falsos. Nombre, edad, nacionalidad, cada dato está completamente planeado -Aleph llevó su mano al bolsillo trasero de su pantalón y sacó su identificación, pasándosela a Emmet, quien finalmente se la entregó a Tanya. Ella confirmó que era cierto.
— ¿Dinero? -preguntó Noah, aunque ya lo sabía, poniéndolos a prueba.
—La cantidad necesaria en efectivo para poder cruzar el mar y vivir una semana en Asia, nada de cheques para levantar sospechas -respondió Amaris-. El dinero lo ocultamos en nuestras maletas junto con cambios de ropa.
— ¿Qué pensaban hacer después de escapar de Ozel? -preguntó Tanya; Hasta ahora, habían pensado bien los detalles.
—Pensábamos escapar por toda Asia y Europa, luego tomar un avión a Estados Unidos y llegar a Guatemala, y luego vivir una semana ahí hasta acostumbrarnos a todo y poder seguir trabajando en el narcotráfico -Aleph miró reacio a Tanya, no confiaba en ella, pero también sabía que era mutuo.
—No renunciarían a su herencia en el negocio -murmuró Tanya y luego soltó una leve risa burlona.
—Claro que no, no renunciaríamos a nuestro trabajo -repitió Amaris-. Somos muy buenos en lo que hacemos. Que solo cambiemos de ubicación no quiere decir que abandonaríamos este tipo de trabajo y conseguir otro completamente diferente y con un sueldo mínimo.
— ¿No se les ocurrió que alguien podría haberlos perseguido o chantajeado? -Emmet sonriendo hacia Aleph y cruzó sus brazos.
—De eso me encargué yo; tenemos tíos y primos, pero somos nosotros quienes sabemos de pe a pa con quiénes hacemos los tratos y buscamos más comerciantes -Aleph soltó un suspiro cansado, como si hubiera pensado mucho en ese tema-. Además, trajimos algunos listados de contactos con nosotros y quemamos algunos papeles en nuestras casas. Así que, aunque quieran tener la posesión del negocio, no podrían hacer nada por los papeles faltantes.
— ¿Y si alguien los siguió? ¿Y si alguien sabe que están aquí? -interrogó Tanya, dando unos pasos hacia aquellos dos, quienes se tensaron ante su aura intimidante-. Si nosotros ya estamos aquí, ¿qué nos asegura que no hay otros que sepan su desfile?
—Ya teníamos un plan para eso. Para borrar nuestro rastro y que la idea de que escapamos suene fuera de alcance -aseguró Aleph-. Lo único con lo que no contamos era tiempo, pero a todo esto, ¿cómo nos encontraron? -Aleph miró con engaño a Emmet-. ¿Tú dijiste algo?
—Para nada -Emmet alzó sus dos manos-. No le dije nada a nadie que los conociera y sospechaba de su plan de escape desde hace años. Supimos que estaban aquí gracias a los Búhos -Los otros dos lo miraron confundidos.
— ¿Búhos? ¿Los búhos hablan? -preguntó con confusión Amaris. Noah reprimió una sonrisa ante su pregunta y se mantuvo profesional, en cambio Emmet soltó una carcajada burlona. Tanya puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
“No, los animales no hablan…respira Tanya, los necesito vivos”
—Mandé a “personas” a vigilarlos, a sus familias en específico. Me información acerca de lo que hacían día a día. Hasta que pasó todo esto y lograron seguirlos hasta aquí -Las palabras de Tanya sorprendieron a los otros dos, una mirada fulminante ya la vez asustada.
— ¡¿Nos has estado vigilando desde hace tiempo?! -preguntaron ambos al mismo tiempo y Tanya avanzando ante sus preguntas-. Eso tiene sentido, no te conocemos y eres la primera que aparece aquí -susurró Aleph, encontrando lógica en las palabras de la chica, pero luego frunció el ceño-. Entonces, ¿esos hombres que llegaron a mi casa después de asesinar a mis padres eran los tuyos?
Tanya se quedó pensativa ante la pregunta. Recordaba que el Búho había mencionado un grupo de “guardias” en la mansión de los Shahar, pero ella había pensado que eran hombres de ellos. Negó con la cabeza. Aquí había algo. Alguien más.
—No, no son los míos y por tu forma de hablar, tampoco son los tuyos o los de ella -Tanto Aleph como Amaris negaron con la cabeza. Tanya se quedó en silencio y miró a Noah-. Hay alguien más en todo esto, alguien que ha pasado desapercibido. Tenemos que investigar quiénes eran esas personas en la mansión de los Shahar.
—Sí, señorita -contestó Noah ante la orden de Tanya.
— ¿Serán enemigos? -inquirió Emmet. Tanya lo volteó a ver y ladeó un poco la cabeza.
“Puede ser, pero…”
—No lo creo -En sus palabras había cierta duda y sospecha-. Al menos no hay enemigos en común, pero tampoco debemos confiar en nosotros. -Tanya volvió su mirada a aquellos dos-. ¿Por qué decidió escapar? ¿Alguien los había amenazado? ¿Problemas con los negociantes?
Ambos negaron. Tanya siguió en silencio esperando la respuesta a por qué se habían escapado.
—Amaris sería la unión de dos mafias -confesó Aleph y el agarre de su mano en la de Amaris se presionó levemente-. Decidí poner todo en juego antes de que algún otro maldito pusiera sus manos en ella.
—La salvaste de un mal futuro, eso es de caballeros -soltó Emmet, dándole una sonrisa orgullosa a Aleph, quien recibió el comentario como un halago.
Tanya analizó la frase de Aleph: “otro maldito pusiera sus manos en ella”. Eso le dijo todo. Ni Amaris ni Aleph lo habían tenido fácil con aquel plan, pero Aleph decidió poner todo en riesgo para salvarla y protegerla. Algo que Tanya respetó, ya que ella era igual. Haría lo mismo que él hizo… solo le faltaba algo.
— ¿Y tú? ¿Quién eres? Nunca te había visto en mi vida -En vez de una explicación, eran exigencias de parte de Aleph.
—Soy Tanya Malka, hija adoptiva de Dalia Malka -aclaró Tanya con voz firme-. La dueña de todo Hidetown y ahora la dueña de sus vidas.
La intimidación que Tanya les transmitía fue abrumadora. Su mirada fría, sus palabras amenazantes y el hecho de que con solo mover su mano lanzara a personas lejos, era lo suficientemente aterrador para que aquellos dos pensaran sus palabras dos veces antes de decirlas. Tanya… era alguien peligrosa.
—Hice un contrato con sus padres, pero no contaba con que ustedes los asesinarían y echarían a perder mis aviones -Los otros dos se tensaron aún más por sus palabras-. Debo tener eso en cuenta para los próximos contratos que haga.
— ¿Qué harás con nosotros? -preguntó Amaris, totalmente alerta tanto de los movimientos de Tanya como de los de Noah.
—Lo normal sería tomar el control absoluto de los negocios que poseen y asesinarlos. Pero ustedes mismos dijeron que eso no será posible por falta de papeleo, otro problema que no tenía en cuenta. Quién sabe si faltó un detalle en su plan y eso los llevará a una posible muerte a uno de ustedes dos -Tanya llevó su mano a la nuca, comenzando a sentir de nuevo esa molestia de ardor.
Emmet notó esto, se acercó suavemente su mano y le brindó un masaje para aliviar la tensión en su cuello, algo que Tanya agradeció en silencio. Aleph miró atentamente los movimientos y acciones de su amigo hacia la “loca” enfrente de ellos. Y comprendió todo; Le pareció algo extraño que su amigo se fijara en una posible bruja, pero él no era quién para juzgar los gustos culposos y extraños de su amigo.
—Como dije, ya nos ocupamos de todo -aseguró Aleph-. Viaje, dinero, pasaportes, lugar donde quedarnos, que el negocio sea solo para nosotros dos. La mayoría de los negociantes sospecharán que esto fue una rivalidad entre mafias y que terminó en el asesinato de las familias.
—Exacto, además también pensamos en nuestro plan de escape a detalle -apoyó Amaris-. Ya lo tenemos todo listo, para poder empezar de cero y dejar nuestro pasado aquí.
Tanya arqueó una ceja ante las palabras de Amaris, algo le llamó la atención.
— ¿A qué te refieres con dejar el pasado aquí? Sé que es algo metafórico, pero sospecho que hay algo más -Amaris se sorprendió por sus palabras y Tanya supo al instante que dio en el blanco.
— ¿Qué tenían pensado hacer? -preguntó Emmet con su toque de curiosidad.
—Dejar señuelos aquí, si es que alguien llegara a buscarnos -confesó Aleph. Emmet lo miró sospechando algo, y antes de que hablara, Aleph continuó-: Sí, hablo de dejar cadáveres aquí y hacerlos pasar por nosotros dos.
—Eso complica aún más las cosas -murmuró Noah, negando con la cabeza, ganándose una mirada fulminante de Aleph.
— ¡¿Cómo que complica las cosas?! -resopló molesto-. Es el plan perfecto para poder escapar de nosotros dos sin que nadie nos siga o moleste.
Tanya pasó una mano por su cabello, frustrada. Eran dos personas con las hormonas en lugar del cerebro, pensando solo en ellos y en nadie más. Sin darme cuenta de que eso afectaba los negocios de todos, incluyendo el de ella.
— ¡Idiotas! Si fingen su muerte y se van a otro lado, dejarán a muchos negocios en una crisis por no tener los contactos suficientes para pasar desapercibida la mercancía en las fronteras -reprendió Tanya-. Se armará una guerra para conseguir el posible número de contactos, y además, aprovecharán para sabotear los demás negocios de otros.
—Eso ya no es nuestro problema -afirmó Amaris.
—Lo es -interrumpió Emmet, serio. Eso significaba que estaba molesto. Dejó de masajear el cuello de Tanya y se puso a su lado-. Si ustedes se van y hacen eso, afectará a Tanya, y no dejará que nada la afecte en ningún sentido. A ella le importa un reverendo cacahuate sus vidas. Si no hubieran quemado los papeles necesarios para la transferencia de negocios, ella los hubiera dejado libres. Pero cometieron el error de hacerlo.
— ¿Nos traicionarás? ¿A tus amigos de hace años por ella, a quien conoces de hace nada? -La voz furiosa de Aleph resonó por la sala.
Emmet pasó una mano por la cintura de Tanya y el atrajo hacia él, juntando sus cuerpos. Su agarre fue firme y un tanto posesivo. Tanya notó esto rápidamente, algo que la incomodó levemente, pero el agarre firme en su cintura sin malas intenciones logró borrar la sensación de incomodidad, además de notar que estaba funcionando hacia aquellos dos.
—Primero está ella -Emmet les suena sádicamente, mostrando en ese momento cuál era su mayor prioridad-. ¿Y entonces? ¿Qué eligen? ¿El arma o trabajar para ella?
Tanya miró a Emmet rápidamente. Una sensación de poder y enojo la abrumó. Estaba completamente complacida de que Emmet la pusiera primero a ella, pero no estaba de acuerdo con la decisión que tomó de ofrecerles trabajar para ella. Sin embargo, de cierto modo, esto la ayudaría; si no tenía los papeles suficientes para hacer la transferencia, los obligaría a ellos a terminarlos hasta que tuviera todo listo para tener el poder de los negocios en sus manos.
“Dos negocios de un solo tiro, qué divertido.”
Aleph y Amaris se miraron de nuevo, ambos muy preocupados, y luego Noah rompió el silencio.
—Yo les aconsejaría, muchachos, que trabajaran para ella. Si alguien más estuviera en esta ocasión, no estarían vivos.
Aleph se levantó fuertemente, resignado a todo. Amaris lo abrazó por uno de sus brazos, ambos mirándose con cariño ya la vez con preocupación. Ella solo le dio una sonrisa tranquilizadora. Aleph comprendió el mensaje y miró a Tanya, apretando sus manos en puños.
— Hecho.
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