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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 28

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28: ¿Alguien Más?

28: ¿Alguien Más?

“Cada ojo ve un mundo, y cada mundo, un color” –Libe Gloze Emmet Las sorpresas a veces son bienvenidas, otras veces se convierten en pesadillas.

Pero esta vez, la sorpresa fue…

inevitable.

Emmet no pudo evitar esbozar una sonrisa victoriosa cuando sus dos amigos, frente a él, aceptaron el trato.

—Perfecto… -murmuró Tanya.

Emmet supo que aquello le convenía a ella.

Apretó la cintura de Tanya con su mano, provocando que ella le lanzara una mirada asesina y se apartara de su abrazo-.

Bien.

Ya que todo está arreglado, debemos irnos.

— ¿Irnos?

No.

No iremos juntos -aseguró Aleph-.

Aceptamos trabajar para ti, no que estuvieras en nuestra vista veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

—Emmet… explícales a tus amigos cómo son las cosas -ordenó Tanya y, junto con Noah, salió de la sala de estar, dejándolos solos a los tres.

Aleph no esperó a que su “amigo” hablara o dijera algo.

Lo tomó por el cuello de la camisa y lo alzó un poco.

Los músculos de los brazos de Aleph se flexionaron hasta su límite por el esfuerzo de levantar a Emmet.

Amaris ahogó un grito ante la escena, pero Emmet, al contrario, solo ensanchó aún más su sonrisa y tomó las manos de Aleph que apretaban y arrugaban el cuello de su camisa.

—Tú… maldito traidor -escupió Aleph con furia contenida-.

¿Te gustó tanto traicionarnos?

¿Disfrutas tener el poder?

—Sí, y también es un gusto volverte a ver, hermano -Aleph bufó ante sus palabras.

—Y lo disfrutas… —Hermano, debo decirte que en realidad los salvé de un final catastrófico -Amaris se acercó a las espaldas de Aleph.

—Déjalo hablar -Aleph abrió la boca para rebatir, pero Amaris siguió-.

Recuerda lo que hacemos… escuchar las últimas palabras de nuestras víctimas.

—Qué tierna, “camaleona” -Emmet miró a su amigo de nuevo-.

En serio… déjame explicarte.

—Más te vale que seas muy específico con todo -Aleph soltó a Emmet, y sus pies tocaron el suelo de nuevo-.

Habla y trata de convencerme de no romperte lo que tú llamas cara.

—Mira, sé que estás enfadado y crees que abrí la boca sobre algo -Emmet alzó sus dos manos, en un gesto apaciguador-.

Pero lo que hice fue salvar sus vidas.

—Explícate, Emmet -pidió Amaris, cruzándose de brazos-.

¿Quién es ella en realidad?

¿Dónde están tus padres?

¿Lo que ella dijo es verdad?

Emmet ladeó su cabeza lentamente.

No tenían mucho tiempo, pero debía lograr que sus dos amigos no lo asesinaran en esa casa por un malentendido.

—Miren, en pocas palabras: ella me salvó y me dio un trabajo.

Pero los iba a asesinar a ustedes.

No es la mejor controlando su ira, así que mejor intervine para no tener que hablar con sus cadáveres -Aleph alzó una de sus cejas, incrédulo ante sus palabras.

—Eso no contesta del todo nuestras preguntas -Aleph lo señaló con su dedo índice en el pecho de Emmet-.

No haremos nada de lo que esa perra loca diga; no somos perros que esperan una orden, no seré obediente.

— ¡Aleph!

-regañó Emmet, su tono irritado logró que Amaris frunciera las cejas, pensativa-.

Tenle respeto.

Otro insulto a ella y tomaré las acciones necesarias.

— ¿Ah, sí?

Entonces, adelante -Aleph dio otro paso hacia él, sus intenciones eran mortales y de poca moral-.

Arreglemos esto a mi manera.

—Delante de ella no hay otra manera que la suya -Emmet empezó a arremangarse las mangas de su camisa-.

Si quieres sobrevivir, síguele el juego.

Haz lo que ordene y no pongas en duda su palabra.

Aleph se le quedó mirando a los ojos, apretando sus manos en puños.

Ambos en silencio.

La tercera, Amaris, posó su mano en el pecho de Aleph y lo empujó un poco hacia atrás.

Ella tomaría el mando por ahora, ya que su amado estaba algo alterado.

—Emmet, hicimos un trato: trabajar para ella.

¿En qué consiste?

-Amaris sonó lógica y tranquila, velando por su seguridad y la de su amado.

Emmet solo soltó un suspiro; no le habría gustado golpear a su mejor amigo.

—Hay dos opciones.

La primera es que trabajen para ella como empleados, con ella como jefa -Aleph soltó una pequeña risa incrédula, pero Emmet la pasó por alto-.

Y la segunda es que le entreguen sus dos negocios a ella.

O, como mencionó, los contactos.

—No somos idiotas.

No dejaríamos que alguien más tomara ventaja de nuestros trabajos -Emmet miró a su amigo, quien se dio la vuelta y caminó hacia los escombros del armario, buscando algo con la vista-.

No le daremos nada.

—Entonces trabajarán para ella, como yo lo hago -Aleph tomó su cuchillo de caza.

— ¿Y por qué te haríamos caso a ti o a ella?

-Amaris lo reprendió con la mirada.

—Por supervivencia -Aleph frunció el ceño ante sus palabras-.

Ella también pensaba matarme cuando atacó a mi familia -Amaris abrió un poco los ojos ante la mención del ataque-.

No me dejó otra opción.

Si me quedaba fuera de todo esto, moriría por los otros que quieren mi cabeza o de hambre.

Así que acepté trabajar para ella.

— ¿Solo sobreviviste tú?

-Amaris era la más comprensiva con sus amigos.

Emmet la miró y solo asintió con la cabeza-.

No puede ser… —Tanya puede ser una buena aliada, pero también la peor enemiga -Aleph guardó su cuchillo de caza ante las palabras de Emmet y solo lo miró serio-.

Ella es mi aliada y tiene sus beneficios serlo.

— ¿Cómo cuáles?

¿Vivir con el temor de ser traicionado por ella?

¿Saber que ella, junto con su ejército, asesinó a tu familia?

¿El saber que tiene en sus manos tu vida entera?

-La voz de Aleph fue como cuchillos afilados, atravesándolo por completo.

Emmet tomó algo de aire.

—Número uno: ella jamás traiciona a sus aliados, soy prueba de eso.

Número dos: solo ella y su guardaespaldas invadieron la casa de mis padres llena de guardias -Sus dos amigos se tensaron ante sus palabras-.

Y tercero: sí, ella tiene mi vida, pero no estoy encadenado a nada.

Literalmente, nada me retiene; siempre y cuando le deje mi trabajo, ella me dejará libre en cualquier momento.

— ¿Y por qué sigues con ella?

-le preguntó Amaris, pero Emmet no supo qué responder.

Aleph, ante el silencio de su amigo, se burló.

— ¿Te enamoraste?

¿De verdad?

¿De una bruja?

-Emmet le mostró su dedo de en medio, logrando que Aleph sonriera de lado-.

Sabía que tenías gustos cuestionables —No es una bruja -defendió Emmet, ceñudo.

— ¿Y cómo explicas lo que ella… hizo?

-Amaris imitó el gesto de Tanya cuando usó sus dones: alzó su mano y la movió, justo como ella.

Era buena imitadora-.

Ella lanzó a Aleph por los aires, lanzó un cuchillo de caza como si de una bala se tratase.

—Ella… Yo… ¡mierda, no lo sé!

¿Sí?

-La frustración de Emmet al no saber nada de ella lo molestaba-.

No lo sé, no sé cómo lo hace.

Pero no es una bruja.

Al menos no la he visto hacer algún ritual o decir algo en latín.

Un sonido de algo rompiéndose se escuchó desde el segundo piso, poniendo alerta a los tres.

Emmet llevó su mano derecha al borde de su pantalón, donde logró sentir el mango del arma.

Amaris miró la puerta, esperando que alguien entrara.

Pero Aleph se quedó mirando el techo y, mientras pensaba algo, abrió los ojos con sorpresa.

— ¡Esa perra!

-Alzó su voz molesta y tomó la mano de Amaris para salir corriendo de la sala de estar y subir las gradas a toda velocidad.

Emmet le siguió el paso con la misma rapidez.

Tanya (Al mismo tiempo) Por otro lado, justo en el segundo piso, momentos después de aquel estruendo, Tanya y Noah estaban registrando el lugar.

Había una habitación pequeña que era un baño, y otra habitación cerrada con seguro.

Se adentraron a una habitación de invitados para asegurar el lugar.

Primero entró Noah, apuntando con su arma, y luego le siguió Tanya, también apuntando con su arma.

La registraron de pies a cabeza y, después de asegurarse de que no hubiera nadie, se relajaron un poco.

—Parece que solo son ellos dos -Noah bajó su arma, pero no la guardó; no podía darse el lujo de bajar la guardia.

—Aún no sabemos qué hay detrás de esa puerta cerrada con seguro.

No hay que descartar nada en este lugar -Tanya también bajó su arma, centrando su vista en un escritorio frente a una ventana cerrada.

Ella caminó hacia el escritorio.

Tenía pocas cosas: lápices, cuadernos y una pequeña lámpara.

Pero ella sabía que ese tipo de escritorios solían contener algo en secreto.

Con su mano libre, inspeccionó el escritorio y, cuando pasó su mano por debajo de este, sintió un material distinto.

Lo tomó con cuidado y comenzó a quitarlo para poder verlo.

No sabía si era algo letal o no, pero cuando vio lo que había descubierto, quedó helada.

— ¿Un mapa en mal estado?

-La voz confusa de Noah la hizo reaccionar.

—Noah… esto no es solo un mapa, es “el mapa” -Él la miró, frunciendo el ceño en señal de que no captaba su mensaje-.

Este mapa… era mío.

— ¿Suyo?

Nunca lo había visto en mi vida -Tanya le pasó el mapa para que pudiera detallarlo.

Era un mapa de todo Ozel, quizás de años atrás.

Estaba arrugado, con manchas de sangre seca y algunas zonas difusas.

Pero Tanya lo reconoció al instante.

Era el mapa que le había robado a aquella mujer que asesinó en el orfanato.

—Yo había perdido este mapa -le relató pensativa-.

El aire se lo llevó por el bosque… -Detuvo sus palabras al darse cuenta de que el lugar donde lo perdió estaba a algunos kilómetros de donde lo había encontrado en ese momento.

“¿Quién?” Alguien tuvo que encontrarlo y dejarlo en ese lugar.

¿Quién?

Si fue en esa cabaña en el bosque donde lo encontró… ¿Quién pudo ser?

—Si lo perdió, entonces o el joven Shahar o la jovencita Stern tuvieron que encontrarlo y traerlo aquí -Noah miraba lo obvio, pero pronto desecharía esa idea con la demás información de Tanya.

—No… este mapa lo perdí el día que te conocí junto con Dalia.

Lo perdí en ese bosque -argumentó Tanya, volviendo a pasar su mano bajo el escritorio para buscar algo más, pero no encontró nada.

Noah se quedó pensativo, buscando en sus archivos mentales las personas que estuvieron presentes en ese lugar.

Estaban algunos narcotraficantes con los que Dalia estaba tratando de razonar.

Y luego, cada uno se fue, uno por uno.

Él junto con Dalia fueron los últimos en salir de aquel lugar y fue entonces cuando escucharon el ruido que los guio a Tanya, y se la llevaron.

¿Quién?

¿Quién pudo ser?

—Pudo ser cualquiera -Noah dobló el mapa con cuidado de no rasgarlo por su estado a la intemperie.

—O pudo ser alguien que no conocemos, o al menos que tú no conoces -Tanya apretó los dientes, angustiada.

“¿Me habrán seguido el paso hasta aquel lugar?

¿Quién?

¿Los policías?

¿Los del orfanato?

¿Alguien del tren?

¿O alguien mucho más peligroso?” —Les preguntaremos a los jóvenes si saben algo de este mapa -Tanya asintió ante las palabras de Noah, y ambos salieron de aquella habitación y revisaron la última.

Esta habitación tenía poca decoración en las paredes.

La cama estaba desordenada por las acciones anteriores de Aleph y Amaris.

Los dos registraron la habitación en busca de lo importante: los papeles.

Revisaron el escritorio, la cama (“debajo y entre los colchones”), las almohadas, el armario que estaba en una esquina, las decoraciones e incluso tocaron las paredes para verificar si no había una falsa.

Pero no encontraron nada.

—Podría decir que lo tienen escondido en el primer piso o en sus maletas -opinó Noah al otro lado de la habitación, observando a Tanya.

—No, no serían tan descuidados.

Lo escondieron aquí -Tanya empezó a levantar algunas cosas pesadas con su don.

Levantó la alfombra de par en par; no había suelo falso.

Levantó el escritorio y las sillas para ver debajo.

Hizo lo mismo con la cama.

Pero nada.

“Piensa, dónde esconderían los papeles importantes.

Un lugar donde no pegue la luz del sol.

Un lugar el cual se necesitarían cuatro manos para alcanzar.

Uno que esté a la vista de todos, pero que a la vez esté tan bien oculto que pase desapercibido.” Ella miró el lugar de nuevo, revisó todos los muebles.

Un lugar donde esconder papeles, finos, delgados.

Cualquier lugar sería fácil para esconderlos, pero al ser importantes, necesitan estar en un lugar donde no se doblen o se rompan… ¡Oh, ya sé!

—Los encontré -murmuró Tanya.

— ¿Dónde?

-Noah siguió la dirección de la mirada de Tanya, y esta miraba el armario-.

El armario… tal vez tenga una pared falsa.

Noah se acercó a este y lo revisó, pero no tenía ninguna pared falsa.

Es más, no tenía ropa dentro.

Estaba completamente vacío.

Noah miró de nuevo a Tanya.

—El mapa estaba pegado con cinta debajo del escritorio.

Eso quiere decir que pueden estar detrás de cualquier cosa sin riesgo de caerse o de dejarse a la vista -Noah abrió un poco los ojos.

Ella alzó su mano al armario.

Noah se hizo a un lado rápidamente.

El armario se tambaleó un poco y luego levitó.

No había nada debajo de este.

Entonces, Tanya esbozó una leve sonrisa desencajada.

Dejó que el armario levitara hasta tocar el techo y lo dejó caer con fuerza contra el piso, logrando que este se destruyera en varios pedazos.

Pero los papeles aparecieron.

Estos estaban en la parte de atrás del armario ahora roto, dentro de una bolsa transparente y pegada con cinta a esa pared de madera del armario.

Tanya se acercó a Noah, quien se acercó a los papeles y los recogió.

Unos pasos apresurados se escucharon desde abajo y luego resonaron por la escalera de madera hasta llegar a esa habitación.

— ¡Hey!

¡Eso es privado!

-Aleph dejó a Amaris con Emmet y caminó sin miedo hacia Tanya, a quien solo le bastó alzar una de sus manos otra vez para detenerlo a medio camino.

—Lo sé.

Fue divertido encontrarlos.

Admito que fue un buen escondite -Aleph se enojó aún más ante sus palabras, y la vena de su cuello resaltó.

Trató de luchar para moverse, pero no lo logró.

—Tú -Tanya miró a Amaris.

— ¿Sí?

-ella miró con desconfianza a Tanya, pero esta solo la ignoró.

Noah desdobló el mapa y se lo mostró a todos.

— ¿Esto es suyo?

-preguntó ella, deseando con una débil esperanza que de verdad fueran ellos y no alguien más.

—No es nuestro.

Alguien más lo dejó aquí -respondió Aleph en lugar de Amaris-.

Lo sabemos porque yo era el único que sabía la ubicación de esta casa, y mientras la remodelaba encontré ese mapa en el escritorio de donde lo sacaron.

Tanya y Noah se tensaron ante las palabras de Aleph.

Alguien más, además de aquellos de esa noche, estuvo en ese lugar.

Alguien más… pero no sabe quién.

— ¿Por qué lo escondiste?

-Noah le preguntó, dejando en claro que no le gustaba nada de ese tema.

—Quería ver si la persona que dejó eso aquí se daba el tiempo necesario para registrar la casa, pero el mapa nunca desapareció de donde lo escondí.

Y nunca volví a ver nada nuevo en esta casa -Aleph aún luchaba por escapar del poder de Tanya, pero esta miró una última vez el mapa antes de que Noah lo guardara en su saco con cuidado.

—Bien, cambiando de tema, ¿cuál es la respuesta final?

No quiero mentiras.

Y ella hablará por parte de los dos -Tanya miraba hacia Amaris.

Amaris tragó fuerte.

Emmet miró a Tanya, pero esta solo entrecerró sus ojos cuando hicieron contacto visual y le quitó la mirada de nuevo, mirando a Amaris pensativa.

Emmet supo que al llegar a la mansión le esperaba un buen regaño.

—Lo haremos -declaró Amaris-.

Trabajaremos para ti en todo lo que podamos, pero tenemos condiciones.

— ¡Amaris!

-Aleph le llamó la atención, pero ella solo miraba a Tanya.

— ¿Cuáles?

-Tanya fue directa y le tendió la bolsa de papeles a Noah, quien la tomó y la guardó.

—Las mías son las mismas que las de Emmet -El nombrado miró a la chica de espaldas, y Amaris lo miró de reojo, volteando la cabeza rápidamente-.

Pero las de Aleph serán diferentes; cada uno tendremos condiciones distintas.

—Bien hecho -Tanya alzó una de las comisuras de sus labios, creando una pequeña y casi desapercibida sonrisa-.

Tendrás el mismo trato que le doy a Emmet, pero que quede claro que no podrás cambiarlo en el futuro.

—Lo tengo muy en cuenta -Amaris tomó aire y adoptó una apariencia tranquila y sin miedo, como si su temor por Tanya hubiera desaparecido al instante.

Algo que Tanya notó, pero no mencionó.

— ¿Y tú?

-Todos miraron a Aleph, que seguía congelado, sin poder moverse.

Este no habló al instante; pensó en la situación, además de poder encontrar beneficios de los cuales podrían tomar ventaja en un futuro Emmet En la mente de Emmet, temió por la vida de su amigo.

Conocía muy bien a Aleph y sabía que era alguien que rompía reglas, además de contradecir a todos a su paso.

Tragó en seco, mirando atentamente a su amigo.

“Aleph… debes tener cuidado con Tanya.

Si metes la pata, no seré capaz de salvarte.” —Te las diré cuando lleguemos a nuestro lugar de trabajo -Tanya negó con la cabeza.

—Dilas ahora.

— ¿Y así quieres crear confianza con tus nuevos socios?

-Su tono burlón logró molestar a Tanya-.

Tienes pocas habilidades sociales.

— ¡Aleph!

-reprendió Amaris.

Iba a caminar hacia él, pero Emmet la tomó del hombro y la detuvo.

Ella volteó a verlo, y este solo negó con la cabeza.

Noah le susurró algo al oído a Tanya.

Los otros tres se quedaron mirando la escena.

Tanya rodó los ojos a regañadientes y bajó su mano, dejando libre a Aleph.

—Bien, las escucharé cuando lleguemos al lugar de trabajo.

Pero lo mismo va para ti.

Cualquier condición que digas no podrá ser cambiada en el futuro.

Aleph tensó su mandíbula y solo se limitó a asentir con la cabeza ante sus palabras.

Tanya caminó hacia la salida.

Emmet junto con Amaris le dieron el espacio necesario, y luego de que ella saliera de la habitación, Noah también lo hizo.

—Debemos irnos de aquí.

El tiempo está contado -Emmet comprendió las palabras de Tanya y miró a sus dos amigos.

Ella se quedó con Noah al final del pasillo, esperando que los otros dos actuaran rápido.

—Cualquiera que sea su plan de escape, deberán ponerlo en marcha ahora -Aleph salió de la habitación y caminó a otra, que estaba cerrada-.

¿Cuál es su plan?

—No te gustará saberlo -Aleph llevó una de sus manos a uno de los bolsillos de su pantalón y sacó una llave.

Luego abrió la puerta de esa habitación, mostrando su interior.

Esa era la única habitación que no fue arreglada o remodelada.

Las paredes de madera estaban podridas y el olor a humedad era apenas soportable.

Aleph se adentró y luego Amaris le siguió el paso.

Cada uno salió con una persona inconsciente en sus brazos y las lanzaron al suelo con el objetivo de verificar si de verdad estaban inconscientes o si ya habían abandonado este mundo.

Ambos se quejaron, así que seguían vivos, pero en un mal estado físico.

Emmet supo que estar en ese mundo de mafias y narcotráfico te hacía desarrollar varias cosas para poder sobrevivir, y sus amigos no eran la excepción.

Aleph era un genio con las computadoras, el mejor que había conocido hasta ese momento, y Amaris era una “camaleona”, que copiaba y cambiaba su actitud en base a su beneficio.

Ambos eran peligrosos y letales en su campo.

Emmet miró una habitación vacía en aquel lugar mientras veía a sus amigos preparar el escenario de su supuesta muerte.

—Nuestro plan era que todos creyeran que, después de asesinar a nuestros padres, huiríamos a un lugar “lejano” y vivir tranquilos.

Arreglamos esta casa con ese objetivo, y supuestamente viviríamos felices en esta casa oculta en el bosque -Aleph explicó su plan y se puso de rodillas desatando las manos de un chico muy parecido a ellos.

—Pero alguien nos encontraría y nos tendería una trampa, acabando con nuestras vidas.

E incendiaría la casa para no dejar pruebas tanto de los cuerpos como del lugar en el que supuestamente estaríamos viviendo -Amaris siguió con la explicación de su plan mientras quitaba una bolsa negra del cabello de la chica.

Esta dejó a la vista un cabello rubio decolorado, casi idéntico al suyo.

Tanya alzó una ceja ante su plan, y Emmet solo sonrió orgulloso de sus dos amigos.

—Fingirán que alguien más los asesinó, y así, que todos los tomen por muertos -comentó Emmet mientras Aleph cargaba el cuerpo del chico en su hombro como si fuera un saco de papas vacío.

“Un final trágico para los amantes.

Bueno, son más listos de lo que creí.

Pensaba que solo pensaban con la cabeza equivocada.” —En pocas palabras -Aleph caminó con el cuerpo del chico y regresó de nuevo a la habitación y lo tiró sin nada de sentimiento al colchón.

Amaris copió su acción, arrastró el cuerpo de la chica hacia la habitación y la dejó en el colchón al lado del chico inconsciente.

Ambos comenzaron a acomodar a los jóvenes en la cama.

— ¿Y con qué quemarán la casa?

-preguntó Noah desde el pasillo.

—Gasolina -Amaris le respondió cortésmente mientras regresaba de la habitación de dónde sacaron los cuerpos, mostrando los dos bidones en sus manos.

—Eso no será suficiente para toda la casa -Tanya miró a Emmet-.

¿Quedó algún bidón más?

—Sí, solo uno -contestó Emmet, sonriente, y se acercó a ella.

Aleph y Amaris empezaron a esparcir la gasolina por todas las habitaciones posibles del segundo piso.

Noah, Tanya y Emmet bajaron al primer piso.

El último caminó a la puerta principal donde había dejado el último bidón de su “mejor trabajo” y lo trajo de vuelta, tendiéndoselo a su amigo, que ya bajaba las escaleras con su pareja.

— ¿Qué es esto?

-preguntó Aleph, tomando el bidón y mirando con sospecha el contenido verde neón.

—Mi más grande éxito -indicó Emmet con orgullo.

Aleph le sonrió, derrotado.

Sabía bien cómo era Emmet en su trabajo y no dudó de la efectividad de ese producto aún no probado por ellos.

Él empezó a esparcir el contenido por el primer piso, en zonas estratégicas donde el fuego sería más fácil de expandirse.

Mientras, Amaris salió del lugar y, junto a ella, los otros tres.

—No te atrevas a huir -bromeó Emmet cuando vio a Amaris correr en una dirección conocida, justo donde habían visto la motocicleta.

— ¡No lo haré!

-aseguró ella a lo lejos-.

¡Nunca sin Aleph a mi lado!

Noah y Tanya se quedaron en la entrada del lugar junto con Emmet.

Él miró de reojo cómo Tanya seguía seria y decidió probar su suerte.

— ¿Estás molesta por algo?

-Su tono juguetón logró que Tanya lo mirara de mala gana.

— ¿Tú qué crees?

-Emmet miró de reojo a Noah en busca de apoyo.

—Tal vez se le olvidó contar que conocía a estas personas.

O más bien no quiso aumentar su estrés, señorita; el joven Emmet se preocupa por usted -apoyó Noah.

Tanya se quejó por lo bajo y caminó de nuevo hacia la naturaleza, no muy lejos del lugar.

Emmet se acercó a Noah y le habló en voz baja.

— ¿Puedes darme una mano para que no me regañe cuando lleguemos a la mansión?

—Me pides un milagro, muchacho.

Toma responsabilidad de tus acciones y esperemos que no tenga que sepultar tu cuerpo.

-Emmet no supo si Noah lo decía en broma o si era preocupación.

Después de unos minutos de espera, Amaris regresó montada en la motocicleta.

Al escuchar el sonido de la motocicleta, Aleph salió de la casa con un encendedor en la mano.

—La motocicleta será quemada también -ordenó Tanya, ganándose una mirada de confusión de Amaris y una de molestia por parte de Aleph-.

Eso ayudará a quitar todas las pistas que no lograron huir del lugar.

— ¿Qué mierdas dices?

Es un último modelo, me la llevaré -refutó Aleph de nuevo a Tanya.

— ¿Estás contradiciéndome?

-Emmet se interpuso en el camino de Aleph cuando este caminó hacia Tanya con tono de voz molesto.

—Se quedará -aseguró Emmet.

Aleph, ceñudo, alzó su barbilla mirando a su amigo.

—Te lo preguntaré de nuevo, ¿De qué lado estás, Emmet?

-Emmet le lanzó una mirada de suspicacia.

—Del lado en el cual ustedes llegarán vivos y en una sola pieza con nosotros.

-Amaris se bajó de la motocicleta y se acercó a ellos dos al notar la tensión.

—Está bien, la dejaremos -Amaris era la voz de la paz y ayuda de Emmet, al menos en ese momento.

—Amaris… -pronunció Aleph, agobiado, mientras la miraba con cariño y suavidad.

—Compraremos otra en el futuro.

Por ahora sigamos sus órdenes.

-Aleph pensó un poco las palabras de su amada, pero finalmente accedió quejándose del mal trato de Tanya.

Aleph tomó dos maletas.

Amaris iba a tomar la última, pero Emmet se la quitó suavemente de las manos.

—Yo la llevaré.

Ahora, quemen el lugar.

-Amaris estuvo de acuerdo con Emmet, tomó el encendedor de Aleph y se quedó frente a la gran casa.

Todos se hicieron a un lado, quedando algo lejos.

Amaris encendió el encendedor, recitó unas palabras que nadie pudo escuchar y lanzó el encendedor encendido al interior de la casa.

El fuego se expandió por todo el lugar con rapidez.

Emmet sintió su ego alzarse al notar la gran efectividad de su creación.

Amaris se acercó al grupo, y emprendieron camino hacia el bosque.

Noah y Tanya iban guiando a los otros tres.

Nadie dijo palabra alguna en ese momento, y se dedicaron a escuchar el sonido del bosque a su alrededor.

Amaris en algún momento se cansó, y Aleph la cargó al estilo princesa en sus brazos, enviando las maletas a su espalda.

“Presumido…” Finalmente, les tocó subir de nuevo a aquel lugar por donde habían bajado para llegar al auto.

Algunos se ayudaron de los arbustos y árboles.

A otros se les hizo fácil la subida, y cuando llegaron a la carretera, justo enfrente del auto, voltearon a ver el lugar donde la casa ahora estaba envuelta en llamas y destruyéndose al ser de madera.

Emmet temió por unos segundos un incendio forestal, pero hizo algunos cálculos entre los árboles cerca de la casa y se tranquilizó al saber que no pasaría nada grave.

—Vámonos -Tanya miró a Noah, y este le abrió la puerta del auto.

Tanya subió sin problema.

Noah le pidió a Emmet y Aleph que metieran las maletas en el maletero del auto.

Finalmente, todos se acomodaron en el auto: Noah de piloto, Tanya de copiloto, y los otros tres en los asientos traseros.

El auto comenzó a marchar de regreso a la mansión.

“Por favor que nadie muera por las miradas asesinas de Tanya”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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