Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 29
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Capítulo 29: Nuevos Invitados
“Un invitado puede ser un tesoro o un desastre, según cómo se comporta”
–Libe Gloze
Emmet
Cuando Tanya cruzó la mansión, dio la orden de preparar dos habitaciones: una para Amaris y otra para Aleph. Ella siguió de largo junto con Noah, seguramente hacia su oficina. Mientras tanto, una de las empleadas se quedó a la espera de Aleph, a quien le entregaron las maletas.
—Nosotros lo llevaremos todo, solo necesito saber dónde serán sus habitaciones -aseguró Emmet a los empleados, quienes se inclinaron un poco ante sus palabras.
—Sus habitaciones estarán al lado de la suya, joven Emmet -aclaró un empleado. Dicho esto, Emmet miró de reojo a sus amigos y los tres se adentraron en la mansión.
Tanto Aleph como Amaris iban pegados, cuidando el uno del otro de lo que pudiera aparecer en aquella mansión desconocida. Técnicamente, estaban en territorio enemigo, así que era normal que estuvieran alertas. Pero como habían aceptado trabajar para Tanya, ahora eran parte de la mafia Malka, dejando atrás sus antiguos apellidos, que fue la razón por la que habían matado y tratado de escapar juntos.
Emmet encontró su habitación y, al igual que las otras dos habitaciones, que estaban a una distancia considerable de la suya, tenían las puertas abiertas. Entró a la habitación más cercana a la suya, dejó la maleta en el suelo y, segundos después, escuchó cómo la puerta fue cerrada con algo de fuerza.
—Emmet -La voz suave de Amaris era un contraste único cuando sintió cómo algo filoso tocaba su espalda y cómo una mano le quitaba el arma guardada entre su cinturón y espalda-. Necesitamos respuestas, ahora.
Emmet alzó sus manos, demostrando que no tenía un arma para defenderse. Lentamente, se dio la vuelta para mirar a sus amigos. Amaris cambió de ubicación el cuchillo que sostenía mortalmente contra Emmet: de estar en su espalda, lo dirigió a su cuello, justo en el lugar donde solo le bastaría un movimiento para acabarlo. Su mirada se dirigió a su amigo, quien apuntaba el arma que le quitó hacia su cabeza. El pulgar de Aleph estaba en el seguro del arma y lentamente lo quitó ante el silencio de Emmet.
—Bueno, aún no he llegado tan lejos con Tanya -Emmet usó su tono bromista para relajar los rostros serios, casi asesinos, de sus amigos. Funcionó un poco con Amaris.
—Cuéntanos todo, Emmet, con todo tipo de detalles. Desde cómo lograste liberarte de tu familia y cómo terminaste trabajando para nuestra rival en común, Malka -La voz amenazante de Aleph le dejó claro que no estaba para bromas en ese momento.
—Está bien. Si quieren todo tipo de detalles, los diré -Emmet tomó aire y empezó a relatar cómo terminó en esa situación.
Relató desde cómo su padre lo había encarcelado en esa habitación de nuevo, hasta cómo escuchó una explosión y luego vio a Tanya, quien le dio la pequeña opción de morir solo o morir en sus manos. Contó cómo han pasado los días desde que llegó, cómo se acercó más a Noah, y sobre la supuesta pareja de Tanya y su plan para ganársela hasta tenerla en sus manos. Omitió el detalle de que duerme con ella o que llegó a verla desnuda una vez. Pero no omitió para nada el detalle de que sí se siente atraído hacia Tanya y que su amigo de abajo también le agrada Tanya.
—Ese tipo de detalles eran innecesarios -Aleph puso el seguro del arma de nuevo y dejó de apuntar a la cabeza de Emmet. Amaris también alejó el cuchillo de su cuello.
—Entonces… ¿tu plan siempre fue enamorarla para tener el control de todo? -Amaris ladeó la cabeza, algo confundida al intentar entender el plan principal de su amigo.
—Algo por el estilo, sí -admitió Emmet.
— ¿Y por qué no ha funcionado? -La pregunta de Amaris le dio un golpe de realidad. Emmet borró su sonrisa de golpe. Aleph, quien analizaba a su amigo con los brazos cruzados, entendió al instante.
—Es “ese” alguien más, ¿no? -Emmet asintió ante la pregunta directa de su amigo-. ¿Quieres que nos deshagamos de ese tercero?
—No -Aleph quedó consternado por la respuesta de su amigo-. No podemos deshacernos de él… por ahora.
— ¿Por qué no? Si nos deshacemos de ese, amm, ¿Gared? -La duda era notable en la voz y movimientos de manos de Amaris-. Tendrás el camino libre, terminarás teniendo el control como quieres y así podrás liberarnos a nosotros. Por lo que pude ver y escuchar cuando nos encontraron tienes algo de control en ella… de alguna manera
Aleph apoyó esa idea asintiendo con la cabeza, estudiando el lenguaje corporal de Emmet, quien solo llevó una de sus manos a su nuca y empezó a sobarla con molestia.
—Lo sé, pero hay algo raro en ese tipo -Emmet miró un punto en el suelo y luego negó con la cabeza-. Algo no cuadra en ese chico y quiero saber qué es.
—Bien, dejando de lado tus problemas amorosos y de celos -Emmet miró molesto a su amigo por su mala elección de palabras-. ¿Qué pasará con nosotros?
Amaris empezó a revisar la habitación tratando de asegurarse que estaban en un lugar seguro y privado, donde nadie pudiera escuchar lo que hablaban. Aleph la seguía atento con su mirada. Emmet caminó a un sillón cerca de la chimenea apagada y se dejó caer en este, siendo bienvenido por la suavidad del mismo.
—Nada, si siguen sus órdenes. De seguro utilizará tus habilidades para encontrar cosas, por eso que es de internet y la tecnología más avanzada que posee -Aleph alzó una ceja ante las palabras de su amigo, y este miró a Amaris-. Y a ella la usará de seguro para ganarse las conexiones y territorio de Europa que tanto desea.
— ¿Europa? ¿Qué hay de los demás continentes? -Amaris se acercó a la cama y se sentó, suspirando satisfecha al comprobar que esta era totalmente cómoda y suave.
—Ya tiene algunos países en cada continente, menos Europa, pero de seguro querrá más. Ya la conozco -Emmet miró a su amigo-. Además, ¿cuáles serán tus “condiciones”?
—Tengo algunas en mente, pero debo pensarlas bien para poder tener puntos ciegos de los cuales aprovecharme -Aleph caminó un poco por la habitación, ahora explorándola-. Aunque, si Tanya es tan peligrosa como describiste, tendré que tener cuidado con lo que pido.
—Mucho… -aseguró Emmet.
—Pero aún no llego a comprender cómo ella logra mover cosas… como si tuvieran hilos invisibles y no existiera el peso en esas cosas -Amaris sonó como alguien inocente y de fiar, pero Emmet supo que esa era su habilidad para obtener la información que quería.
Emmet negó con la cabeza, logrando que Amaris se cruzara de brazos mientras maldecía por lo bajo.
—No lo sé. Solo Noah lo sabe, pero está más que claro que no dirá ni una sola palabra sobre el pasado u origen de Tanya -Emmet miró el techo al recostarse por completo en el sillón-. Pero fue algo muy horrible, sus cicatrices pueden pasar desapercibidas pero… son muchas.
—No seas empático con ella. Seguro se las ganó. Mira dónde está -Aleph abrió sus brazos y miró el lugar rápidamente-. Para obtener todo esto debe dar sacrificios. Pero si quieres seguir con tu plan, será mejor que no te sigas encariñando con ella o, de lo contrario, todo se estropeará.
“Lo sé, pero aun así… quiero saber más sobre ella.”
— ¡Ya sé! -Amaris habló emocionada, logrando que los otros dos la miraran esperando a que siguiera hablando-. ¿Qué tal si hacemos un plan contra Tanya?
Tanya
Al llegar a su mansión, Tanya dejó a todos a un lado y se encaminó rápidamente a su oficina junto con Noah. Al entrar, supo que tenía que pensar bien su siguiente jugada. No sería fácil quitarles todo el poder a Aleph y Amaris, no sin los papeles faltantes.
Se sentó en su silla, reconfortándose por la familiaridad de esta. Noah se acercó a su escritorio y sacó de su saco las cosas de importancia a discutir: los papeles en la bolsa que habían encontrado y el mapa viejo que estaba escondido debajo de aquel escritorio. Ella miró el mapa viejo y sintió bajo las yemas de sus dedos el papel desgastado y viejo, que además tenía algo de sangre seca, pero no recordaba si era suya o de la persona que lo encontró.
— ¿Qué hacemos ahora? -Noah quedó a la espera de la respuesta de Tanya, quien solo soltó un suspiro agotador.
“Más trabajo…”
—Por el momento, debemos concentrarnos en tener vigilados a esos dos -Tanya no quitó la vista de aquel mapa-. Ese tipo, Aleph, es alguien que no sigue reglas y actúa por impulso con ayuda de sus golpes. Además, esa chica, Amaris, por más inocente y tierna que pretenda ser, es igual de peligrosa que ese tipo.
—Sí, la mirada que le dio cuando dejó caer al joven Aleph al suelo era de una sentencia a muerte -Noah estuvo de acuerdo con Tanya en ese aspecto-. Nadie en este mundo es inocente y está fuera de peligro. Pero, por otro lado, ¿qué piensas darles de trabajo? No los dejarás salir de este lugar hasta tener algo de confianza en ellos.
Tanya asintió ante sus palabras. No podría dejarlos salir de ese lugar hasta tener ingresos de ellos o sus bienes, o bien, tener completo control sobre los dos. No por algo los dejó con vida. Tal vez podría obligarlos a reescribir los papeles que quemaron. O llegar a un acuerdo, pero necesitaba sacar provecho de eso; si los mataba, tanto sus apellidos como los contactos y varias cosas se perderían. Ella tenía conocimiento de que los Shahar eran buenos en la tecnología, así que de seguro Aleph tenía cierta habilidad con ella que podría explotar. Y la de Amaris… de seguro ella sabrá bien mezclarse entre diferentes tipos de personas. Podría utilizarla para que le dijera con quién le conviene mezclarse y conocer para obtener más terreno y contactos.
— ¡Tanya! -una voz cantarina resonó por la oficina. Noah y la nombrada miraron a la puerta de su oficina y observaron cómo Emmet ingresaba a esta con total confianza y seguridad.
“Sí… lo que faltaba.”
—Responde, ¿por qué no dijiste nada sobre este caso? ¿Por qué no me habías dicho que conocías a Aleph y Amaris? -La voz gélida de Tanya logró tensar a Noah, quien solo se hizo a un lado, dejando el camino libre a Emmet, que sonrió con seguridad.
Emmet no se inmutaba ante la mirada asesina de Tanya; no había signo de temor o duda en sus pasos o gestos. Su ropa lucía impecable, típico de él. Tanya alzó su mirada cuando Emmet se detuvo frente a su escritorio.
—No es que no dijera nada, te lo he mencionado. Aunque posiblemente lo ignoraste, o muy posiblemente lo olvidaste -Noah carraspeó débilmente mientras Emmet hablaba sin borrar su sonrisa.
—Jamás pasaría algo por alto como eso. Sabías muy bien que esto es importante, los necesitaba urgentemente y ¡dejamos pasar días hasta encontrarlos! ¡Pudo haber pasado algo en esos días! -Tanya dejó en claro su molestia por la falta de cooperación de Emmet.
—Tanya, son mis amigos y sabía que tenían intenciones de escapar, pero no sabía nada sobre su plan de escape; sobre el lugar donde se esconderían, sobre cómo quemarían los papeles necesarios para la transacción forzada de bienes, y mucho menos que asesinarían a sus padres -aclaró Emmet, alzando un poco su voz. Tampoco dejaría que Tanya se molestara por esto.
—Pero sí escuchabas cuando te hablaba de ellos y más cuando íbamos de camino a encontrarlos, pero aun así decidiste cerrar la boca y no decir nada -Emmet se quedó callado por las palabras de Tanya; ella tenía razón.
—Que dijeras algo sobre ellos, como su amistad o que al menos los conocías, me hubiera ayudado a tener más opciones para buscarlos y encontrarlos antes… Desde ahora, estás obligado a decir todo lo que sabes si hay una situación igual o exacta a esta, ¿entendido? -Emmet respiró hondo y asintió lentamente con su cabeza.
—Sí, entiendo. Te ayudaré si sé algo sobre la persona. Pero ahora quiero discutir sobre los acuerdos y la estancia de ellos dos aquí -Tanya se cruzó de brazos ante sus palabras pero se quedó en silencio, lo cual Emmet aprovechó para seguir hablando-. Con Aleph no ganarás nada, él no es alguien que se deja manipular fácilmente por alguien, menos si lo chantajean o amenazan. Se cerrará por completo.
“Lo sospechaba, pero esto me dará muchos problemas si no puedo tomar ventaja sobre Aleph en algún sentido.”
—Ve por Amaris -Esta frase llamó la atención de Emmet. ¿La estaba ayudando a hacer caer a sus amigos en una trampa?-. Amaris, por más peligrosa y manipuladora que sea, es alguien de corazón débil.
— ¿Débil de corazón? No puede haber nadie así en un mundo como este, muchos se aprovecharían de ella como lo haré yo -Tanya empezó a pensar planes de cómo aprovecharse de Amaris. Si Emmet tenía razón, entonces sería pan comido. Pero también pueden llegar a ella, ya que en el fondo era igual
—No tan rápido, my dear -Emmet se inclinó un poco hacia ella, apoyándose en su escritorio-. No me refiero a que vayas por ella y la chantajees o amenaces como sueles hacer con todos -Noah en todo momento se quedó en silencio, pero prestaba atención a la plática-. Me refiero a que empieces a hacerte su amiga…
— ¿Qué? -soltaron de golpe Tanya y Noah. Emmet soltó un suspiro suave.
—La única forma de que te vayas ganando a Amaris es que te conviertas en su amiga. Lo sabrás cuando empiece a contarte cosas personales y te tenga mucha confianza hasta el punto de tener contacto físico con seguridad. Si te ganas a Amaris, también te ganarás a Aleph.
— ¿Y eso cuánto tiempo llevará? ¿No hay una forma más fácil de tenerla a mi lado? -Ella no tenía ninguna intención de hacerse amiga de nadie.
—Eso dependerá de cómo la trates -Emmet se divertía con las expresiones de incredulidad de Tanya-. Debes ser amable, nada fría o distante. Acercarte a ella por voluntad propia y empezar pláticas con ella.
—Genial -se quejó Tanya, ya se sentía fatigada por aquel humillante plan.
Ella no tenía cero intenciones de seguir ese plan, pero tampoco de ser como era con aquellos dos. Podrían conspirar contra ella y tenderle trampas. “Recuerda, Tanya, ten a tus amigos cerca, pero a tus enemigos mucho más cerca.” La voz de su hermana Siete se reprodujo en su cabeza como un recordatorio. ¿O era la voz de su hermana Tres…? ¿O no fue una de sus hermanas, sino más bien uno de sus hermanos?
Ha pasado tanto tiempo desde que sus hermanos fueron asesinados que ya no puede recordar muy bien sus voces. Los extraña aún más; un dolor agudo se instaló en su pecho al saber que empezaba a olvidarse de sus hermanos: sus voces, sus rostros, su calidez…
—Veré qué hago, lo tendré en cuenta. No prometo que el cambio será de la noche a la mañana —sentenció como final de aquella plática.
Ella no estaba para aquellas pláticas. ¿O solo no quería? No había convivido con una chica de su edad desde la muerte de sus hermanas, pero tampoco parecía algo sacado del otro mundo. Por alguna razón, se le hacía incómodo el pensar en Amaris como su amiga, una relación donde la amistad es tan fuerte que hay apoyo mutuo entre las dos. Pero mientras lo pensaba, no podía encontrar otra forma que no llevara a un final donde la sangre terminara manchando sus manos y ropa.
Ahora estaba ahí, en su habitación con las ventanas abiertas, dejando que la brisa de la primavera inundara el lugar, ayudándola a poner en orden sus pensamientos. No quiso cenar; sentía el estómago revuelto cuando pensó en sus hermanos y hermanas. Noah le había informado lo que había sucedido en la cena mientras ella se hundía en papeleo en su oficina. Emmet, Amaris y Aleph tenían una emocionante y cómoda plática sobre cómo iban a entrenamientos y fiestas juntos, donde lo legal se hacía de la vista gorda y los límites eran inexistentes.
Las risas, los recuerdos y la nostalgia habían inundado el comedor, además de que algunos empleados y empleadas estaban emocionados y curiosos por los nuevos invitados, quienes ya sospechaban que se quedarían ahí, como Emmet.
Tanya estaba de pie frente al escritorio de su habitación. Tenía algunos papeles en este: contratos, contactos, la carta anónima que le había llegado por correo, además de las cartas que había recogido del cuerpo mutilado de Elizabeth y los trámites correspondientes para tener listo el funeral cuando informaran al pueblo sobre lo sucedido.
Tanya presentía, sentía, no, más bien, estaba totalmente segura de que uno de los asesinos estaba muy cerca de ella. Conocía su mansión, su pueblo, y también dónde estaba su buzón de correo. Tomó una de las cartas del perturbador pero encantador poema en sus manos; la letra era la misma que la pequeña nota en la caja roja con los corazones humanos que le había llegado.
“Bien, uno de los dos asesinos tenía la letra cursiva, limpia y suave. Y la otra…”
Tomó la otra nota que le había llegado por correo, solo dos palabras. Era una letra con adornos, seguramente aquel asesino se había tomado el tiempo para hacerla.
Apostaría toda su fortuna a que era una falsa caligrafía. Ya tenía dos pistas distintas: uno de ellos escribía con letra cursiva, pero el otro escribió la nota con caligrafía falsa. Quizás este asesino se sentía atraído por otros tipos de letra, posiblemente la caligrafía tradicional, como la letra inglesa o la copperplate. Aunque esta caligrafía falsa requiere años de práctica y estudios para dominar las técnicas y estilos, lo que la lleva a pensar que el segundo asesino es alguien que tiene algún tipo de educación estricta y específica para tener que ocultar su verdadero tipo de escritura.
—No es idiota… -murmuró Tanya, orgullosa de sí misma por llegar a esas pistas, además de sentir que encontrar al segundo asesino sería un total desafío.
—Claro que no soy un idiota, solo soy alguien encantador -La familiar voz la sorprendió por completo, y un cálido aliento rozó su mejilla izquierda.
Tanya se dio la vuelta por completo. Emmet, quien ya vestía su pijama, estaba justo delante de ella, a escasos metros de su rostro y cuerpo. La sonrisa traviesa de Emmet se ensanchó porque había tomado a Tanya con la guardia baja.
— ¿En qué estás tan metida que te saltaste la cena y no escuchaste cuando entré a tu habitación? -Emmet miró por encima del hombro de Tanya para observar las hojas divididas en diferentes grupos.
Emmet fingió no poder observar nada por culpa de Tanya, así que se acercó a ella por completo, rodeándola con sus brazos. Sus manos se fueron instintivamente a su cintura, como si ese fuera su lugar ya escogido por sus manos y la memoria muscular fuera quien lo hizo reaccionar. La cabeza de Emmet se ubicó justo encima de la de ella, y prestó más atención a las hojas en el escritorio. Tuvo un pequeño tic en sus cejas, moviéndolas por unos microsegundos al darse cuenta de que Tanya tenía las cartas de los poemas y la que estaba con los corazones humanos. El agarre de sus manos en la cintura de ella se apretó ligeramente, y Tanya lo sintió.
—Mientras descartaba algunos sospechosos, encontré algo curioso en las notas y hojas -Tanya apoyó su mano en el pecho de Emmet y lo alejó un poco, recuperando su espacio personal. Emmet, sin embargo, se rehusó a quitar sus manos de la cintura de ella.
— ¿A qué te refieres con curioso? -preguntó Emmet, frunciendo el ceño con cierta molestia.
—El tipo de letra de los asesinos es diferente -señaló con firmeza. Emmet negó con su cabeza lentamente.
— ¿No puedes olvidarte de ellos por unos momentos? No me gusta que me recuerden que dos hombres están detrás de ti. Uno por tu cabeza y el otro por tu corazón -Emmet hizo contacto visual con ella.
Tanya no logró responder, ya que escuchó pasos acercándose a su habitación, seguidos de unos golpes. Emmet liberó a Tanya de sus manos y ella caminó a la puerta, abriéndola para encontrar a Noah agitado y algo alterado.
—Señorita, es el pueblo. ¡Están aquí! -Y con esas simples palabras, Tanya los dejó atrás para correr hacia la entrada principal de la mansión.
“¿Por qué? ¡¿Por qué su pueblo estaba de noche en su mansión?! ¿Qué habría pasado? ¿Hay una razón en específico? ¡¿Un cuerpo más fue encontrado?!”
Tanya llegó con la respiración agitada a la entrada de su mansión, donde algunos empleados mantenían la puerta cerrada. A través de las grandes ventanas, se podía observar una gran multitud afuera. Alcanzó a ver algunos carteles y linternas, además de escuchar los gritos inconformes y molestos de la gente.
—Están aquí porque… uf -se escuchó la voz agotada de Noah detrás de ella-. Se enteraron de la muerte de la joven Elizabeth.
Tanya abrió sus ojos, mirando a Noah. Sintió cómo esto se había vuelto completamente peligroso; si ella decía algo, ya fuera para defenderse o defender a alguien, lo usarían en su contra sin lugar a duda.
Tanya observó cómo, segundos después, apareció Emmet, igual de agitado por haber corrido. Varios empleados hacían todo lo posible por lucir bajo control, pero el miedo destellaba en sus ojos, en sus expresiones, en sus cuerpos. Ella tomó aire, recuperando su compostura fría, distante y profesional.
—Escuchen, saldremos todos y mostraremos nuestros rostros. Nadie debe decir nada, no están obligados a hablar o contestar las preguntas de ellos -Las palabras claras y fuertes llegaron a oídos de todos. Aleph y Amaris se unieron al lugar, confundidos pero alertas ante la conmoción. Ambos se quedaron cerca del pasillo por donde llegaron-. Seré la única que hablará, esto es responsabilidad mía, no de ustedes… cualquier cosa que digan ellos es para mí, no para ustedes, ¿Entendieron?
Estas palabras lograron calmar a la mayoría de los empleados presentes. Noah y Emmet, sorprendidos por las palabras de Tanya y algo extrañados por ellas, asintieron. Pero solo dos miraron con desconfianza y hasta incredulidad a Tanya. Amaris solo arrugó su ceño al escuchar sus palabras; por otro lado, Aleph solo bufó con una sonrisa incrédula ante su cambio de actitud y sus palabras. Tanya miró de nuevo a Noah y Emmet, quienes eran los más involucrados con ella en el caso del homicidio de Elizabeth.
—Ustedes dos tampoco hablarán, no quiero que los acusen de nada -Ambos asintieron ante sus palabras.
Tanya volteó a ver a sus empleados que posaron sus manos en los pomos de oro blanco de la puerta principal. Ella respiró, tomando fuerzas para reforzar su paciencia y lucir totalmente inocente si la acusaban de algo grave. Miró a cada empleado y asintió con su cabeza. Los empleados la miraron a ella y luego se miraron entre sí para estar sincronizados y abrir la puerta de par en par.
“De haber sabido que esto iba a pasar, mejor hubiera pedido que me llevaran la cena a mi habitación.”
La puerta se abrió y Tanya fue la primera en caminar con total tranquilidad y seguridad hacia la gran multitud de gente frente a su hogar, retenida por oficiales que formaban una cadena humana con sus brazos extendidos. Cuando ella bajó los primeros escalones y miró directo a la gente, estos no se guardaron sus gritos de disgusto y furia hacia ella. Sus empleados y compañía se posicionaron detrás de ella como una defensa y apoyo. Aleph y Amaris se quedaron al final de todos, casi ocultos de la vista del pueblo furioso.
— ¿Qué está pasando? -preguntó Tanya con total confusión, y el pueblo no se hizo esperar con sus respuestas, nada gentiles ni suaves.
— ¡¿Tienes el descaro de preguntar qué está pasando?! ¡Fuera, fuera de aquí, maldita mentirosa! ¡No la queremos aquí! -Fue uno de los pocos gritos que pudo reconocer-. ¡Encubridora! ¡Tu silencio nos hace cómplices de esta masacre! ¡Justicia para Elizabeth! ¡Queremos saber la verdad sobre su muerte! ¡No más mentiras! ¡Seguridad para nuestro pueblo! ¡Basta de asesinatos! ¡No podemos vivir con miedo! ¡Renuncie! ¡Su incompetencia nos está matando!
El pueblo sostenía carteles con la foto de Tanya y una cruz roja en su rostro. Otros tenían carteles pidiendo justicia para Elizabeth y algunos más exigían su renuncia. Tanya alzó un poco sus manos y pidió con ellas algo de silencio, y muy poca gente se lo dio.
— ¡Por favor, les pido calma! -pidió casi a gritos, solo así logró que el pueblo se quedara en silencio-. Entiendo su dolor y su rabia, pero les aseguro que estamos trabajando incansablemente para encontrar al responsable de estos terribles crímenes. La muerte de Elizabeth es una tragedia que nos ha afectado a todos profundamente, y les prometo que no descansaremos hasta que se haga justicia.
El pueblo no fue considerado con sus palabras; respondieron con más gritos y más fuerza, queriendo acercarse a ella. Pero los oficiales pusieron más fuerza en su barrera humana para impedir que eso pasara. Una mujer que sobresalió de toda la multitud llegó hasta uno de los oficiales; su rostro pálido y enrojecido por llorar hizo que Tanya la reconociera rápidamente: era la madre de Elizabeth.
— ¡Por favor! -suplicó la madre en un grito desgarrador, forcejeando contra los oficiales que intentaban detenerla-. ¡Quiero saber qué le pasó a mi hija! ¡A mi Elizabeth! -El pueblo la apoyó, pidiendo respuestas a su violenta muerte.
—Sé que están exigiendo respuestas, y tienen derecho a saber la verdad. Pero les pido paciencia y confianza en nuestra labor. No puedo revelar detalles de la investigación en este momento, pero les aseguro que estamos siguiendo todas las pistas y no descartamos ninguna hipótesis -Tanya buscó con la mirada al único sospechoso en aquel momento, el Sheriff. Este estaba cobardemente oculto entre un grupo de oficiales, hablando entre ellos-. ¡Sheriff!
El llamado de Tanya logró que este volteara a verla. Su rostro suplicaba que no lo metiera aún más en todo eso, pero Tanya tenía que vengarse y limpiarse las manos de aquel problema. Todos voltearon a ver al Sheriff, que ahora, bajo todo el ojo público, no le quedó de otra que caminar hacia Tanya y quedarse unos escalones debajo de ella. Respiró hondo y habló al pueblo:
— ¡Hemos estado trabajando sin descanso para encontrar al culpable de esto! -Tanya lo miró de reojo; no dejó pasar el detalle de que solo mencionó que era solo un asesino, pero decidió dejarlo así para no echar más leña al fuego-. ¡Tenemos pistas para poder encontrar al culpable y lo haremos estar ante la justicia para pagar sus pecados! ¡Pero no podemos seguir trabajando si ustedes no colaboran!
— ¡Solo queremos estar seguros! ¡Vivir sin miedo! -contraatacó un pueblerino-. ¡No quiero que mis hijos o mi esposa corran peligro! ¡Quiero un lugar seguro para ellos! ¡Pero ustedes solo ocultan la verdad y juegan a seguir en círculos! ¡Estamos cansados de eso! -El pueblo apoyó al pueblerino.
—Y lo comprendemos -Tanya usó su voz suave y amable, tratando de ganarse al pueblo de nuevo-. Entendemos su miedo, su frustración y su necesidad de seguridad. Como alcaldesa y como vecina, comparto su dolor y su rabia por la pérdida de Elizabeth y por los demás asesinatos -Tanya, para poner más dramatismo a su discurso, posó su mano en su pecho y puso sus ojos lagrimosos-. Lamento profundamente que sientan que no los escuchamos y que no les demos respuestas. Quiero asegurarles que esa no es nuestra intención. Comprendo su exigencia de saber la verdad y de vivir sin miedo, y les prometemos que no descansaremos hasta que se haga justicia y se garantice la seguridad de todos.
El pueblo poco a poco comenzó a bajar los carteles que sostenían en alto. Miradas dudosas empezaron a notarse al ver la supuesta sinceridad en los sentimientos de Tanya ante la situación. Hasta el Sheriff se dio media vuelta lentamente para verla también. Sus empleados apoyaron a Tanya mostrando algunas lágrimas e inclinaciones de disculpa. Noah y Emmet se mantuvieron firmes, al igual que los otros dos, ocultos, quienes disfrutaban del espectáculo.
—Sé muy bien que han perdido la confianza en nosotros, y no los culpamos. Pero les pedimos que no pierdan la esperanza. Estamos trabajando incansablemente para encontrar al responsable de estos crímenes y para implementar nuevas medidas protectoras -Tanya bajó todos los escalones hasta estar al mismo nivel que los del pueblo. Los oficiales bajaron los brazos lentamente para verla a ella, y el pueblo se quedó quieto, ya no luchaban para alcanzarla-. Los necesitamos unidos, no enfrentados. Juntos podemos superar esta difícil situación y construir una futura ciudad más segura para todos. Los invitamos a dialogar, a expresar sus inquietudes y a colaborar con nosotros en la búsqueda de soluciones.
El pueblo se ablandó por las palabras de Tanya; ella era una persona completamente diferente de lo que era, y solo Noah, Emmet y ahora Aleph y Amaris lo sabían. Tanya se había vuelto alguien sensible, preocupada por los demás. Pero sabían muy bien que era para salir de aquel problema. Tanya caminó hacia la madre de la difunta Elizabeth, quien estaba de rodillas sollozando con su mano en la boca para no alterar la paz que Tanya había logrado. Ella se acercó a la mujer, se puso de rodillas sin importarle que estas tocaran el suelo sucio, acercó su mano a la de la mujer sollozante y con gran delicadeza y cariño la acarició.
—No los abandonaremos. Seguiremos trabajando por ustedes, por nuestra seguridad. Les pido que nos den una oportunidad para demostrarlo.
Todo quedó en silencio; la acción de Tanya había logrado conmover al pueblo. Pero nadie se animaba a decir nada. Hasta que una persona empezó a acercarse a ella a toda velocidad.
— ¡Yo te creo! -anunció Jared, saliendo de la multitud para hacerse presente entre la gente. Algunas personas simplemente pusieron los ojos en blanco, sin que nadie los viera, ante su aparición-. Tanya, yo sí te creo, y sé que harás justicia.
Tanya miró a Jared, ambos haciendo contacto visual. No se habían visto en algunas semanas, pero solo con volver a verse, esa conexión que tenían los dos volvió a la vida. Sin embargo, ella notó algo que la dejó casi en una guerra de pensamientos: Jared parecía tener secuelas de golpes en su rostro. Un corte en una de sus cejas, al igual que uno en su labio inferior, además de un leve moretón entre morado y verdoso en una de sus mejillas. Él caminó hacia ella y, con una sonrisa, solo le pidió que luego le preguntara sobre su aspecto. Ella asintió levemente con la cabeza y continuaron con el problema aún presente.
— ¡Nosotros también! -se escuchó la voz de la madre de Jared desde atrás de la multitud.
Todos, tanto ellos como el pueblo, hicieron un espacio para ver a la familia Hagen apoyar a Tanya con sus puños en alto. Algunas personas más los vieron, dudaron unos momentos, pero unieron sus puños en el aire como ellos. Lentamente, más gente sumó sus puños.
“Los tengo de nuevo…”
En cuestión de minutos, el pueblo completo había bajado los carteles de odio hacia ella y los habían alzado en forma de apoyo y aceptación, dándole una oportunidad más para creer en ella. La familia Hagen era una de las pocas familias en las que el pueblo creía con total seguridad. Jared bajó sus manos hacia las de ella y las apretó levemente. Ella volteó a verlo y Jared solo la veía como si tuviera lo más preciado en sus manos, algo que logró revolverle el estómago como si miles de mariposas estuvieran ahí en ese momento.
—Escuchen, gente de Hidetown -Jared tomó la voz del momento y miró a su pueblo sin soltar las manos de Tanya-. Entiendo su furia, su dolor… pero también necesitamos comprender a Tanya. Ella hace todo lo posible para cuidarnos, para velar por nuestra seguridad, nuestra comida, nuestra calidad y, sobre todo, por nuestra vida -El pueblo entero empezó a ponerse nervioso y hasta culpable-. Debemos comprender que ella solo es humana.
—Jared -lo llamó Tanya en voz baja, sentirse llamada “humana” la hizo sentir entre bien e incómoda-. Está bien… estoy bien.
—No mientas -la regañó suavemente y miró de reojo al Sheriff. Este comprendió la mirada y caminó hacia el pueblo, moviendo sus manos en el aire como si espantara algo.
—Muy bien, gente, aquí ya no hay nada más de qué hablar, a casa -y con ese mandato, tanto el pueblo como algunos oficiales empezaron a retirarse del lugar.
Los empleados de Tanya soltaron el aliento y se felicitaron los unos a los otros por la pequeña victoria, pero Noah les dio una mirada de alerta y todos empezaron a volver al interior de la mansión. Sin embargo, solo cuatro se rehusaron a entrar.
—Tanya -Jared la abrazó por completo, sus brazos rodeando su cintura y escondiendo su rostro entre el hueco de su cuello y hombro. Tanya le devolvió el abrazo, aspirando el familiar olor a hortensias de él.
— ¿Qué te pasó en el rostro? ¿Quién te hizo eso? -le preguntó ella sin dudarlo. Jared rompió el abrazo lentamente y la miró preocupado.
— ¿En serio te preocupas por mí cuando todo el pueblo desconfió de ti? Tanya, eres tan… -Jared se interrumpió a sí mismo, negando con la cabeza y una sonrisa, sin saber qué palabra escoger para describirla.
—Me preocupo por ti, idiota, eres mi pareja… -lo reprendió, dándole un golpe suave en su brazo—. Un asesino está suelto, es de noche, estás solo y, además, es muy tarde; si no me equivoco, mañana tienes clases. Pero ahora dime, ¿quién te hizo eso y por qué?
“Tal vez dude de ti cuando vi esas fotos… pero Elizabeth ya no está aquí… solo estas tu”
—Tanya, yo tuve unos desacuerdos con mi familia y mi padre no se lo tomó bien, así que esta es la consecuencia, pero estoy bien, se curará -Jared de nuevo tomó sus manos-. Me da igual lo que me pase a mí. Perdóname por no estar a tu lado estos días -Él alzó una de sus manos hacia la mejilla de ella, acarició con su pulgar la zona del pómulo-. Mírate, estás algo pálida y tienes ojeras. ¿Has estado comiendo y cuidándote como se debe? No… yo debería ser quien te cuidara y no he podido verte -Su voz retraída logró que Tanya se calmara por completo en sus brazos.
—No es tu culpa, también estás pasando por algunos problemas, pero me gustaría saber más qué pasó -Jared negó de nuevo con su cabeza, evitando contarle la razón de su pelea con su padre.
—Eso no es excusa para dejarte como lo hice. Esta no es la forma en que me prometí cuidarte… no es lo que mereces. Mereces más que eso. Pero déjame decirte algo, Tanya -hizo contacto visual con ella-. Mi prioridad eres tú… te elegí a ti y eso no cambiará, así que cuando no puedo verte o enviarte una carta no significa que deje de pensar en ti… en ningún momento.
Mientras ellos estaban en su atmósfera cariñosa, dos pares de ojos los miraban furiosos. Noah y, sobre todo, Emmet, querían estrangularlo por tener sus manos en ella. Un par más de ojos miraban con emoción y cariño esa escena. El último par de ojos miraban con aburrimiento la escena.
—Debes irte -interrumpió Emmet, bajando los escalones con fuerza y autoridad-. Ya es muy tarde y no queremos que nada malo te suceda, ¿verdad, Tanya? -Jared miró con extrañeza a Emmet, pero luego volteó a ver a su amada, quien asintió con pesar.
—Eh… sí… no quiero que te pase nada malo, más con tus heridas… -le aseguró ella. Jared apretó sus labios, ignorando que uno de estos estaba lastimado, negándose a decir sus pensamientos de ese momento, pero luego recordó algo.
—Yo tengo algo para ti -soltó a Tanya y luego se quitó una mochila que tenía en su espalda. La abrió y de esta sacó un pequeño oso de peluche hecho a mano.
Tanya se sorprendió por el detalle. Jared, con una sonrisa honesta, le ofreció el oso de peluche. Amaris no pudo evitar suprimir una sonrisa ante la escena. Aleph miró asqueado el momento, pero tomó nota de la reacción de Amaris. Noah cerró los ojos ante el detalle, lo que significaba que le agradaba, pero no aceptaba de quién provenía el regalo. Pero Emmet… miraba enfurecido la escena.
—Jared… de verdad gracias -murmuró Tanya, tomando el oso de peluche, suave al tacto.
“Está herido, teniendo problemas con su familia y aun así… me da este lindo regalo.”
El aroma familiar de hortensias estaba impregnado en el peluche. Jared volvió a cerrar su mochila y se la puso, luciendo feliz por su acción y la reacción de ella.
—Ja, eso no es nada comparado al oso de peluche gigante que yo le regalé -Emmet, de un momento a otro, estaba detrás de Tanya y mirando a Jared con desprecio-. Ocupa toda su cama para que te des una idea del tamaño que es.
— ¡Emmet! -reprendió Tanya al escucharlo.
—Emmet, ¿cierto? Esto no es una competencia. El regalo que le di a Tanya fue considerado y significativo, y eso es lo que importa. El tamaño no sirve de nada si a ella no la hace feliz -Jared le respondió ingenioso mientras una media sonrisa adornaba su rostro.
—Repítelo de nuevo, tú… -amenazó colérico Emmet, pero Tanya se dio la vuelta y lo miró, lanzándole una advertencia con solo verla.
A Emmet no le quedó de otra que quedarse callado ante la respuesta de Jared, pero tampoco quería pelear con Tanya, no cuando ya tenía algo de terreno ganado en su confianza. Aleph notó esto y solo frunció el ceño ante el poder que tenía Tanya sobre su amigo, pero luego miró cómo Amaris le hizo una seña a la mansión para entrar y este lo hizo sin dudar. Dejando fuera a Tanya, Jared, Emmet y Noah… ah, y el Sheriff, que se había mantenido como una estatua cerca del lugar, deseando a gritos que terminaran rápido, pues se moría de hambre. Emmet y Jared se lanzaban miradas asesinas y con claras señales de una pelea, pero Tanya intervino y logró convencer a Jared de que fuera a su casa acompañado personalmente por el Sheriff, quien no se negó, ya que sabía que Tanya sospechaba de él por la turba enfurecida del pueblo de antes.
Jared, a pesar de negarse a irse, decidió hacerlo solo porque Tanya le pidió que cuidara de sus heridas y también porque había dejado a Denia sola en casa, pero no se fue sin antes besar de nuevo a Tanya, logrando que Emmet mordiera su mejilla interior con fuerza y apretara sus manos en puños por su atrevimiento.
Tanya se quedó en ese lugar, apretando el oso de peluche contra su pecho, observando cómo Jared desaparecía junto al Sheriff, y se conmovió cuando recordó que Jared la había llamado humana. Era una humana para él. Normal. No un monstruo, no un arma. Una chica humana normal, y eso la hizo sentir feliz…
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