Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 30
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Capítulo 30: Al Borde del Juego
“Si juegas sucio, la trampa se vuelve contra ti”
–Libe Gloze
¿Jacob #2?
El pueblo había vuelto a la calma, o al menos eso parecía, después de la confrontación en la mansión de Tanya. Una figura misteriosa observaba desde los tejados, reflexionando sobre los eventos y, más importante, sobre su próximo movimiento.
Desde uno de los tejados, el individuo observaba el pueblo tranquilo. “No me reconocieron… eso significa que sigo siendo un fantasma”, pensó. Su objetivo principal era Tanya, pero no podía acercarse a ella sin más. Además, había “bellezas” en el pueblo, y debía aprovecharlas rápido. No estaba solo; a su lado, una chica cubierta por una sábana ligera dormía plácidamente. Su cabello negro y corto estaba algo alborotado, y tenues marcas rojizas se extendían por su nuca y espalda. Con orgullo, contempló su obra. Él ya estaba vestido; si alguien aparecía cerca, debía irse de inmediato. Aunque, ¿quién estaría despierto pasada la medianoche? Exacto, poca gente. Quizás insomnes, los guardias del pueblo con sus turnos aumentados, estudiantes preparando un examen importante, adolescentes en una pijamada, o un asesino eligiendo a su próxima víctima. Uno nunca sabe.
“Veamos… debo elegir mi próxima víctima con total cuidado. Si el pueblo actuó así por solo tres víctimas, ¿qué pasaría si asesino a más de cinco personas?”
Caviló con una sonrisa sádica y perturbadora. Estaba debatiendo qué tipo de personas atacar: ¿Ancianos? ¿Adultos? ¿Adolescentes? ¿Niños? ¿Bebés? Cualquier opción le serviría para crear un escándalo. Considerando que ya había asesinado a alguien más después de que la policía encontrara a las tres víctimas de ese “idiota sin corazón”, debía actuar rápido. Sin embargo, ese último cuerpo lo había sepultado, o más bien, lo había dejado en lo alto de los árboles como un acto de caridad para los cuervos.
“De seguro ahora solo queda poco del cuerpo. Si las aves separaron el cuerpo con facilidad por la putrefacción solo quedaría el torso y partes de las piernas. Y de seguro la mayoría de los restos en desconocimiento ya cayeron al suelo.”
Una pequeña vibración lo sacó de sus pensamientos. Él supo lo que era: su comunicador “personal”. Deslizó su mano al bolsillo de su pantalón, un bolsillo oculto para pasar desapercibido. Su mano tocó el dispositivo metálico y cuadrado, miró la pantalla pequeña y, con su entrenamiento, leyó el mensaje: “¿Nuevo?”
—Cómo molestas… -murmuró, malhumorado, pero no le quedó de otra que enviar un mensaje o de lo contrario sería borrado de ese mundo con facilidad.
“Gato. Solitario.” Ese fue el mensaje en clave que le mandó a la única persona que tenía contacto en esos momentos. Volvió a guardar el dispositivo con molestia. Cruzó los brazos detrás de su cabeza y observó el cielo estrellado nocturno. Sabía que tenía la ventaja de ser invisible ante todos, pero no sabía si a esa persona le gustaría eso. Su tranquilidad se vio interrumpida cuando logró ver un reflejo de luz aparecer de la nada debajo de él. Se levantó con agilidad de donde estaba acostado en el techo y miró por la ventana del cuarto de la chica que era su “pareja” esa noche. Era la madre de la chica que, al ver la cama vacía y la ventana abierta, se asustó.
—Hora de irme… -susurró, agotado por ser sacado como un perro a la calle.
Con total silencio y destreza, empezó a saltar y correr por los tejados de las casas como si de un gato se tratase. Evitó patrullas y guardias con una facilidad impecable. Hasta que llegó al bosque y, trepando los árboles, alcanzó una zona supuestamente segura para él. Aterrizó en el césped como si de un jugador olímpico se tratara. Y corrió hacia un árbol conocido como su lugar seguro para pasar las noches si debía dormir afuera. Corría evitando ramas y hojas secas. El viento empezó a crear un sonido por su rapidez impecable mientras corría. Saltos, maniobras, volteretas. Una sonrisa arrogante brotó de él. Hasta que se detuvo de golpe por un detalle que lo dejó desconcertado y a la vez molesto.
Jacob plantó sus dos pies en la tierra y se deslizó por esta por unos segundos hasta que se detuvo por completo. Su corazón latía algo rápido, pero controló su respiración para no emitir sonido alguno y llamar la atención de nadie.
Frente a él estaba un árbol, normal como los demás. Pero él sabía un pequeño detalle de ese árbol: era donde en lo más alto había dejado el cadáver de su última víctima, Britanni. Era el cadáver para las aves. En lo alto ya no había ningún cadáver. Ni siquiera había rastro de algún cuerpo por el árbol, de no ser por el mensaje en sangre con el ligero olor a putrefacción que le habían dejado en la corteza del árbol. Algo muy inquietante para todos, menos para él.
—”Trato roto… impostor” -Leyó con incredulidad el mensaje que debería asustarlo, pero solo lo llenó de emoción y molestia-. ¿Impostor? ¿Impostor, yo? ¿Me ha escrito impostor, a mí? ¿Qué le pasa? Esa falta de creatividad y respeto, Dios…
El mensaje era obvio. Era de alguien igual de peligroso que él. ¿Quién? ¿Quién era la persona que le había escrito la palabra “impostor”? Llegó a dos conclusiones: una era que esa persona también hacía cosas ilegales, ya que desapareció el cuerpo y no avisó anónimamente a las autoridades. Y la segunda… era que lo habían descubierto. Habían descubierto que había tomado una identidad anónima, además de cometer crímenes. Pero se inclinaba más por la primera, por el mensaje.
—Bueno. Ya no soy anónimo ahora -Metió sus dos manos en los bolsillos de su suéter y se emocionó como un niño pequeño-. Un asesino tratando de encontrar a otro asesino que se hace pasar por él… ¿Cómo terminará esto?
Tanya
Tanya estaba de pie frente a una mesa en su oficina. Su escritorio era algo pequeño, abarrotado por el papeleo de los nuevos pedidos, conexiones y deudas de febrero, pero eso podía esperar. En ese momento, su prioridad era encontrar al asesino para evitar que el pueblo volviera a levantarse en su contra, lo cual sería muy peligroso.
Frente a ella, en la mesa de estudio, limpia y despejada, tenía en sus manos la bolsa con el perverso poema y la nota que le había llegado por correo, ambas anónimas. Casi las pierde entre el montón de papeleo y correo nuevo, tuvo que buscar bajo hojas y sobres hasta encontrarlas.
Sacó las notas con sangre seca y las puso en orden, luego a su lado dejó la otra nota. Dejó a un lado la bolsa vacía en la que había guardado las notas. Pero la textura de la bolsa cambió, revelando una textura más fina, suave y delgada. Miró su mano y se dio cuenta de que aún había una nota dentro, justo en la entrada de la bolsa, con la mitad afuera y la otra mitad adentro.
“¿Será una de las notas del poema? No… no está manchada con sangre seca. ¿Será la que vino en el correo?”
Tanya miró de nuevo la mesa de estudio para verificar si había guardado la nota dentro de la bolsa en un momento de disociación. Pero estaba equivocada. Las ocho notas del poema con sangre seca estaban ahí, además de la nota que llegó a su correo, junto a las otras ocho.
“¿Y esta? ¿Llegó aquí por el papeleo nuevo?”
Tanya tomó la nota, sacándola por completo de la bolsa. La nota era limpia, simple y su contenido, aunque breve, era alarmante: “Tu tiempo es limitado”.
— ¿Qué? -fue lo único que dijo al leer la nota.
Tanya comparó la letra con las otras notas que poseía. La comparó con la letra del poema, pero esta nueva nota no era letra cursiva, así que descartó al primer asesino. Entonces, era una segunda nota del segundo asesino, pero al comparar las letras, se dio cuenta de que tampoco eran iguales. Era una nota nueva, enviada por un tercer anónimo. Quedó paralizada al pensar en muchos sospechosos. ¿Alguien del narcotráfico? ¿Una broma de parte de Aleph y Amaris? ¿Un recordatorio de Noah? ¿Un correo de un pueblerino aún disconforme con ella? Esa no era su letra, ni la de algún documento o conocido, ya que la letra tenía un pequeño detalle: la caligrafía era elegante y refinada, resaltando la característica de sus trazos finos y contrastados. Recordó haber visto esa letra en algunas invitaciones y menús de algunos restaurantes. Esta era una letra que se usaría en ese tipo de cosas, para documentación especial.
“Especial… “Tu tiempo es limitado” Eso es un aviso muy directo”
Ella dejo esta nota a un lado de las otras. Era un mensaje para ella pero ¿De quién? ¿Quién mas se unió en la búsqueda de su cabeza? ¿O acaso alguno de los dos asesinos logro falsificar su letra? ¿O de verdad era un tercero?
—Un tercero… -murmuró Tanya pensativa, mirando las notas frente a ella.
— ¿Un ternero? -se escuchó una voz poco familiar detrás de ella, no era ni la de Emmet ni la de Noah.
Tanya se dio la vuelta por completo y observó la puerta de su oficina. Aleph la observaba desde ese lugar, apoyado contra el marco de la puerta, cruzado de brazos. La observaba con ojos vigilantes, analizando cada gesto, movimiento e incluso respiración de ella.
“¿Cómo no lo escuché llegar o abrir la puerta?”
A ella le vino un recuerdo fugaz: tampoco lo había escuchado aquella vez que intentó asesinarla. De no ser por su instinto de supervivencia y su sombra, no lo habría detectado. Era bueno acercándose en silencio, como si de un ninja se tratase. Pero en este caso, es hijo de unos narcotraficantes, así que tenía lógica que tuviera ese tipo de habilidades, después de todo ella también podía hacerlo, pero no con el mismo nivel de confianza y seguridad que él.
— ¿Estás enfrente de una mesa de estudio, en medio de tu oficina donde trabajas, y piensas en comida? ¿En serio? -Aleph la fulminó con la mirada, sin querer aceptar que ella sería su nueva jefa.
—Has escuchado algo fuera de contexto, Aleph -Cuando mencionó su nombre, se hizo notable que no le agradaba para nada que la observara en silencio y sin su permiso-. ¿Qué haces aquí? ¿Qué no sabes que primero se debe tocar y avisar que entrarás?
—Así no es como tratas a Emmet -Aleph usó un pequeño tono burlón y dejó de apoyarse en el marco de la puerta para adentrarse en la oficina de Tanya, observando el lugar como si no lo hubiera visto con detalle-. Vengo a informarte cuáles son mis condiciones para trabajar para ti.
Tanya lentamente atrajo hacia ella unas de las flores que reposaban en su florero: algunas rosas rojas y hortensias azules. Aleph observó las flores volar a toda velocidad hacia la mano de ella, como si tuvieran vida propia y no un hilo invisible.
— ¿Cómo haces eso? No importa cómo lo vea, no tiene sentido el cómo haces eso… a menos que no seas un ser humano como yo o como los demás -Su voz incisiva molestó a Tanya. Ella entrecerró los ojos unos segundos en su dirección.
—Eso no es de tu incumbencia -pronunció dura y hasta hostil para él. Ella se dio media vuelta para empezar a quitar los pétalos de las flores y dejarlos caer encima de las notas que tenía en la mesa de estudio, dejando un claro mensaje a Aleph de que no compartiría nada de lo que estaba haciendo ni le mostraría contenido de las notas-. Di cuáles son tus condiciones y luego vete -Un gruñido bajo de desaprobación se escuchó de parte de Aleph.
—Bien. Tengo dos condiciones -Aleph empezó a caminar hacia ella con pasos lentos e intimidantes-. La primera es que me darás toda clase de libertad en este lugar y en el pueblo, además de la libertad en mis acciones -No le dio tiempo a Tanya para poder objetar o decir algo-. Y la segunda es que no tendrás ninguna posesión de los ingresos que tenga, ni los míos ni los de Amaris.
—No tienes derecho a pedir esas peticiones -Aleph entrecerró los ojos, dejando en claro que tampoco le agradó aquella respuesta a sus peticiones.
— ¿Puedo saber, por qué no? -Él se quedó justo enfrente de Tanya, a tan solo centímetros de ella. Su aura intimidante y peligrosa asustaría a cualquiera, pero Tanya no es cualquiera.
—Si quieres que respete tus condiciones, debes ganártelo -aseguró Tanya, alzando su cabeza para verlo a los ojos, mostrando su fiereza y seguridad en sí misma.
— ¿Debo de ganármelos? No habías nada ganar cosas cuando nos conocimos -Aleph empezó a inclinarse peligrosamente hacia ella.
Tanya no se alejó ni desvió la mirada; no se intimidaría por alguien más bajo que ella en ese momento. Tanya lanzó las ramas de las flores al suelo.
—Si quieres libertad, gánatelas. Si quieres dinero, gánatelo. Así son las cosas en el trabajo -Ella se cruzó de brazos y no flaqueó en ningún momento.
Aleph bufó por sus palabras, su mirada parecía lanzar lanzas que querían atravesar el cuerpo de Tanya. No se agradaban, ni un poco. El odio era mutuo. Ambos se sostenían la mirada, y el silencio se apoderó del lugar. Aleph usaría cualquier método para evitar la victoria de Tanya.
— ¿Emmet también se ganó sus cosas por el trabajo en el laboratorio o en tu cama? -Aleph analizó el rostro enfurecido de Tanya.
—No saques conclusiones precipitadas. No sabes nada de mí para empezar a crear todo tipo de cosas en tu cabeza de mi relación profesional con Emmet -Ella estaba empezando a llegar al borde de su paciencia, y Aleph presionaría su límite.
—No llevo ni un mes completo en este lugar, pero he notado lo suficiente que entre Emmet y tú tienen algo más que un simple profesionalismo.
—Este tema no lo hablaré con alguien que apenas comprende su posición en este momento -sentenció Tanya, apretando sus manos en puños-. No te daré completa libertad en ningún lugar o de alguna manera, Emmet se ganó su libertad.
— ¿Entonces debo acostarme contigo para ganarme mi libertad? -preguntó con evidente desagrado mientras miraba de pies a cabeza su cuerp-. Te aviso que no eres mi tipo, además de que ya tengo una perfecta relación con Amaris, así que no me acostaré contigo ni aunque eso signifique tener mi libertad.
Tanya cerró los ojos unos momentos y respiró hondo para luego soltar el aire de manera sonora y colérica.
—Estamos de acuerdo en que tampoco eres mi tipo. Y jamás, por nada del mundo, dejaría que me toques un solo átomo mío -Tanya se alejó de Aleph y caminó hacia su escritorio, guio una de sus manos a una de las gavetas y la abrió.
—No pensaba tocarte, a menos que sea tu cadáver -afirmó Aleph, mirando desde su lugar, sin haberse movido. Su inmovilidad seguía siendo estresante para Tanya.
Ella le lanzó una mirada con evidentes señales de querer callarlo para siempre, pero se abstuvo de hacerlo, ya que los necesitaba a él y a Amaris. Si asesinaba a Aleph, Amaris buscaría su cabeza como los ahora tres desconocidos. Tanya sacó del interior de la gaveta dos hojas de papel: eran contratos.
—Léelos y si tienes alguna duda, puedes decírmela en este momento -Aleph dudó unos segundos en aceptar las hojas, pero caminó hacia ella y las tomó, leyéndolas al instante.
Tanya estudió las expresiones de Aleph. Primero, leyó los primeros párrafos del contrato con un rostro serio. Luego, frunció el entrecejo cuando llegó a las limitaciones que lo ataban a Tanya y a la mansión. Finalmente, arrugó la hoja que había leído con furia, dejando la otra hoja intacta. La bola de papel se la lanzó a Tanya con desprecio, pero a ella solo le bastó con mover uno de sus dedos para detener la bola de papel y dejar que cayera en su escritorio.
— ¿Así es como ves a tus futuros compañeros de trabajo? ¿Como herramientas desechables? -La indignación y la ofensa eran palpables en su lenguaje corporal-. No seré tu maldito esclavo, y menos Amaris.
—Así son todos los trabajos, no comprendo por qué te quejas. Eres el candidato adecuado para lo que necesito, te daré cierta paga por tu trabajo y beneficios, pero si ya no me eres de ayuda, puedo despedirte y echarte en cualquier momento. Ese es el concepto verdadero de un trabajo. La esclavitud tiene la diferencia de que no te dan nada por tu trabajo y menos beneficios, además de explotarte laboralmente -le corrigió Tanya-. Aunque, dependiendo del comportamiento y la experiencia del candidato, esto puede variar. ¿Comprendes los conceptos? ¿Entiendes la diferencia entre un trabajo y la esclavitud?
Las palabras de Tanya alteraron a Aleph, quien se abalanzó sobre ella para golpearla. Sin embargo, Tanya lo paralizó de nuevo en menos de un segundo. Aleph luchó por soltarse de la fuerza invisible que lo retenía, pero no logró nada.
—No estás en condiciones de exigir nada, no aún. Este contrato es mucho mejor que los de mis empleados. Les estoy dando la libertad de Emmet, tal y como pidieron -le aclaró, caminando alrededor de Aleph. Le quitó la hoja que aún tenía en su mano y la miró-. Les estoy dando un buen sueldo, libertad en algunas cosas; lo suficiente para respetar sus derechos y su libre expresión. No serán ningunos esclavos, pero tampoco compartirán el mismo nivel de poder que el de Noah, y mucho menos el mío.
—Ja. ¿En serio dices que esto es lo mejor? Nos tendrás en cautiverio, con vigilancia las veinticuatro horas del día, los siete días a la semana. La libertad es completamente mínima. ¿Y a eso le llamas que es lo mejor? -Aleph la miraba con total furia y aún quería golpearla hasta la muerte.
Tanya se enojó por su lucha sin sentido, así que decidió dejarle las cosas en claro.
—Escucha muy bien, porque solo lo diré una vez -El aura de Tanya pasó de ser seria a una amenazadora e intimidante, logrando llamar la atención de Aleph-. No estás aquí como un invitado que requiere todo tipo de atenciones; trabajas para mí. ¿O de verdad quieres que te trate a ti y a Amaris como unos esclavos?
—No la metas en esto -Una de las venas del cuello de Aleph se hizo notoria por su furia cuando mencionó a Amaris-. Ella es un caso aparte, debes hablar con ella sobre su caso. Ahora es mi caso.
Tanya se detuvo frente a él y extendió la hoja frente a su rostro.
—Este es tu caso. ¿Lo aceptas o lo dejas? -Ella estaba a nada de dejar su lado cuerdo a un lado y darle una lección a Aleph para mostrarle que no debe enojarla-. Emmet será quien los vigile, les daré comida y un techo. Son libres de pedir lo que quieran para comprar… Si sigues quejándote, te quitaré todo esto y a Amaris también.
Aleph pareció dudarlo de nuevo. Cerró sus ojos y trató de tranquilizar su ira mientras respiraba hondo. ¿Acaso todos tienen los mismos métodos para calmar su ira?
—Acepto esas condiciones acerca de mi trabajo. Pero no te daré todos los ingresos -Tanya alzó una de sus cejas cuando lo escuchó, al verlo ya calmado. Ella lo dejó libre de su poder y Aleph la miró a los ojos-. En ese papel deja en claro que te llevarás el setenta y cinco por ciento de mis ingresos, y me dejas con un veinticinco. Quiero cambiar eso.
—Deberías estar agradecido de que aún te dejo tener ingresos -soltó áspera mientras le ofrecía de nuevo la hoja.
—Dejémoslo mitad y mitad -él ignoró sus palabras-. Cincuenta para mí y cincuenta para ti -Aleph leyó de nuevo el contrato, verificando hasta la letra pequeña.
Tanya quería acabar rápido con el asunto. Aleph estaba a nada de reventarle el hígado por tanta bilis que le provocaba. El dinero no era problema para ella, pero necesitaba a Aleph por sus dotes de tecnología. Era especializado en el campo, además de que podría sacar provecho de su lado del negocio del narcotráfico. Ella fingió pensarlo un poco más. Trató de analizar las ventajas y desventajas posibles. Pero le llegó un pensamiento sobre Aleph: ¿Por qué hizo ese escándalo por el contrato? Estaba más que claro que sabía a lo que se metía cuando aceptó trabajar para ella. ¿Entonces por qué ahora hacía un escándalo? ¿Tenía un plan? ¿Estaba ocultando sus verdaderas intenciones? ¿Cuáles eran?
“¿Acaso están planeando traicionarla? ¿En un sabotaje? ¿En una venganza por obligarlos a estar en la palma de su mano? ¿O es un doble juego?”
—Que ni se te ocurra intentar traicionarme o sabotearme -le advirtió ella, mirándolo seria. Aleph alzó su vista del contrato para verla y escucharla-. Si llego a enterarme de que estás planeando algo con alguien a mis espaldas, algo que me logre poner en un estado vulnerable, haré que lo pagues con lágrimas y dolor.
— ¿Qué te hace creer que estoy planeando algo parecido? Sé muy bien que sería algo idiota hacer algo en tu contra. Tienes mi vida y la de Amaris, la persona por la que daría mi vida, en tus manos.
—Eres muy impulsivo -Aleph le dio un asentimiento de cabeza reconociendo que sí lo era-. Pero eres muy atento a todo, y de seguro no dejaste a tus verdaderos amigos de lado. Pudiste mantener contacto con ellos y empezar a idear un plan para darme un golpe tan fuerte que logre causar mi muerte.
Aleph se quedó serio, pero sus ojos mostraron un brillo de admiración hacia Tanya.
—Lo intenté, no lo negaré -confesó él y luego soltó un suspiro derrotado-. Pero has logrado ganar terreno gracias a la caída de los Ashkenazi, y nadie estaría en tu contra. Junto con Amaris, pedimos ayuda y refuerzos. Pero nadie está tan loco para arriesgarlo todo por solo dos personas.
—Pero yo sí -Esto tomó por sorpresa a Aleph, quien se quedó desconcertado por sus palabras-. Tal vez en el contrato le prestaste más atención a otras cosas que a lo que agregué en la primera hoja que arrugaste.
Tanya hizo levitar la bola de papel hacia sus manos y la desdobló. Se la ofreció de nuevo a Aleph con todo el respeto y humanidad.
—Dejo en claro que, como parte de mi personal, también velaré por su seguridad, salud y comodidad -Aleph volvió a mirar la hoja del contrato arrugado, leyendo de nuevo, pero esta vez uniendo las dos hojas del contrato-. Me preocupo por mi personal, y no les daré malos tratos. A nadie, por más que me enoje. Seguiré siendo civilizada y tomaré el papel con seriedad.
Aleph la miró, ladeando la cabeza, extrañado por su actitud y palabras. Trataba de buscar razones o algo lógico para entender la forma de pensar de Tanya.
— ¿Por qué harías algo como eso? Corres el peligro de ser traicionada por alguien de tu propio personal, hasta de nosotros -Aleph se acercó a su escritorio y dejó las hojas en un lugar a la vista.
—Porque ahora son parte de los Malka -explicó ella-. Mi personal y compañeros de trabajo, y así como yo estoy dispuesta a todo esto, espero que ustedes también lo hagan. No les exigiré nada, y sus permisos, así como beneficios y deseos, podrían ser cumplidos siempre y cuando trabajen para mí.
Aleph miraba a Tanya como algo insólito, buscando algún engaño en sus palabras o en su mirada, pero no encontró nada. Parecía que ella era capaz de ocultar sus verdaderas intenciones a la perfección.
—Solo dejemos algo en claro -Aleph tomó una de las plumas de Tanya mientras la miraba-. Si llega a sucederme algo, o si algo que necesite vidas ocurre, no meterás a Amaris en nada de esto. La mantendrás libre de todo peligro y la cuidarás aunque yo ya no siga viviendo.
Tanya sintió algo de respeto por la lealtad y el amor incondicional de Aleph hacia Amaris. Él mismo se pondría en peligro con tal de mantener a salvo a Amaris. Tanya asintió con la cabeza.
—Tienes mi palabra de que no le sucederá nada mientras firmes y trabajes para mí -Aleph decidió confiar, forzándose a creer en las palabras de Tanya. Con la pluma en su mano, firmó el contrato. Después de todo, ese fue su objetivo al buscarla: asegurar un lugar para Amaris, aunque él corriera el riesgo de perder la vida y tener un trato casi inhumano.
—Aceptaré los bienes divididos a cambio de mi limitada libertad -Aleph aceptó, dejando la pluma a un lado y entregándole los dos contratos firmados a Tanya. Ella solo torció el gesto un poco, confundida por sus palabras.
—Pero si lo de los bienes divididos… lo dijiste tú.
—Sí, lo sé, y estoy de acuerdo con eso -Aleph, por primera vez, alzó un poco una de sus comisuras de los labios para formar una mínima sonrisa burlesca que tan pronto como apareció, se fue, volviendo a su seriedad-. Bien, me retiro. Sigue pensando en tus terneros.
Se despidió, dándose la vuelta y caminando hacia la puerta de la oficina. Tanya puso los ojos en blanco y decidió mirar el contrato. Miró la primera hoja arrugada; aún era legible y se notaba la firma de Aleph. Eso era lo importante. Luego, miró la otra hoja donde también estaba la firma del contrato, pero había algo más. Aleph había tachado los porcentajes de los bienes y puso debajo de ellos un cincuenta en cada uno, dejando en claro que los bienes serían cincuenta y cincuenta para cada uno y que no sería desigual.
—Este hijo de… -murmuró Tanya tomando el contrato y guardándolo en la gaveta de su escritorio de donde lo había sacado.
—Por cierto -Ella se vio interrumpida por Aleph, quien se había quedado frente a la puerta, pero no se atrevió a abrirla. Más bien se dio la vuelta y volteó a ver a Tanya de nuevo-. ¿Qué fue lo que pasó con tu pueblo? ¿Por qué exigían tan molestos que dejaras el puesto de alcaldesa?… Y sobre todo, ¿por qué Emmet odia a ese chico que te regaló el oso de peluche?
Tanya se esperaba de alguna forma las preguntas tanto de Aleph como las de Amaris por lo que pasó esa noche. Era imposible que no notaran lo que había sucedido. Pensaba en evitarles contar la verdad, pero una idea iluminó su cabeza: una lista.
“Eso es. Una lista donde estén todos en el pueblo, no importa si es turista o alguien perdido. Una lista en donde estarán sus datos y un archivo en donde estén al menos una carta con la letra de cada persona.”
Tenía su idea. Pedir al pueblo una prueba de escritura. Meter los datos de la persona en una computadora para hacer todo más fácil, e identificar a la persona con su carta que será archivada. Ahí estaba su idea de poder atrapar a los ahora tres desconocidos.
—Pues verás… es algo vergonzoso. Siendo la “jardinera” contar que tengo un problema de “plagas” en mi “jardín” -Tanya usó un tono vacilante para llamar la atención de Aleph, y vaya que fue un éxito.
— ¿Un problema de plagas? -Él empezó a acercarse a ella de nuevo, lentamente, ligeramente curioso y atraído por el problema.
—Sí, hasta el momento habían dos plagas. Han matado a otras plantas de unos viveros aparte, pero han empezado a desplazarse a mi jardín y empezar a asesinar algunas de mis plantas que con tanto esfuerzo he tratado de cuidar -Ella supo que debía darle más información para meterlo aún más en su jugada.
Tanya caminó a la mesa de estudio y agitó su mano hacia el lugar. Logró que los pétalos de las flores salieran volando, menos las notas que seguían en la mesa como si tuvieran pegamento o cinta de aislar deteniéndolas. Aleph dirigió su vista a las notas de la mesa, y sin dudarlo se acercó a esta y observó el contenido con curiosidad.
—Esa nota fue la primera en llegar a mí, venía mezclada entre el correo matutino -Tanya señaló la primera nota en la mesa. Luego, señaló las otras ocho notas que estaban en medio y en su debido orden para comprender el poema-. Estas estaban repartidas alrededor de la mansión. Las encontramos al lado de una cada parte del cuerpo mutilado de una de mis “plantas” -Aleph la volteó a ver algo atónito por su confesión.
— ¿Quieres decir que encontraste ocho partes de un cuerpo? ¿Tú sola? -Él leyó el poema y, al terminar, se notaba su incomodidad y disgusto por la sangre falsa, además de pensar en qué partes del cuerpo encontró.
—Las encontré junto con la policía, no te daré los datos innecesarios de qué parte del cuerpo iba con cada nota; el cuerpo ya está bajo tres metros del suelo -Aleph asintió con su cabeza. Tanya señaló la tercera nota-. Esta es nueva, alguien la ingresó al interior de mi mansión entre el papeleo.
Aleph leyó el último contenido de la tercera nota, y se llevó una mano a la boca pensativo. La seriedad con la que tomó el asunto fue reconocida y agradecida por Tanya.
—Dos asesinos y un acosador trastornado… no es un buen lugar para mantener segura a Amaris -Él miró de reojo a Tanya-. Tienes unos fanáticos de muy cuestionables de estabilidad mental, ¿sabes? Es la primera vez que conozco un caso como el tuyo.
“¿Ya tiene algo de confianza para tutearme todo el día? Vaya… Emmet de seguro abrió demasiado la boca.”
—Lo sé… pero estas, ahora tres plagas, están ocultas en mi jardín. Y debo podarlas o acabarlas con insecticida antes de que todo mi preciado jardín se va muy afectado -Tanya apoyó con algo de fuerza sus manos en el borde del escritorio.
Aleph pasó su vista de ella a las notas nuevamente. Emmet le había contado algo, pero no todo.
— ¿Cómo piensas atraparlos?
—Estaba pensando en crear una actividad para el pueblo, necesito hacer algo para calmarlos y esta actividad lo hará -Tanya soltó el borde de su escritorio y decidió calmarse-. Ya casi es catorce de febrero, haré una actividad para mandar cartas anónimamente, pero al mismo tiempo tomaremos nota de: el rostro de la persona, sus datos y su carta donde estará la oportunidad de descubrir quiénes son esos tres peligros andantes.
Aleph se echó a reír a carcajadas, sorprendido y divertido por el plan de Tanya. Su reacción fue de incredulidad y burla, algo que Tanya no toleró.
— ¿Qué es tan gracioso? -Tanya alzó una ceja, colérica por la audacia de Aleph al reírse de su plan, y más aún, frente a ella.
— ¡De ti! -soltó aún entre sus carcajadas-. ¡¿En serio piensas atrapar a los dos asesinos y al acosador trastornado por medio de unas cartas de amor?! ¡Es que tú también! -Siguió con su carcajada.
A Tanya, obviamente, no le gustó que fuera tan directo, así que decidió borrarle esa sonrisa del rostro y acabar con su risa.
—Sí, exactamente. Y quien se hará cargo de guardar los datos y archivar la carta junto con la fotografía de la persona serás tú -Aleph detuvo de golpe sus carcajadas y la miró seriamente-. Felicidades, Aleph, este será tu primer trabajo: crear expedientes nuevos de todos en mi pueblo.
—Estás jodidamente mal de la cabeza si crees que haré ese estúpido trabajo -Aleph retomó su actitud distante y estresante-. Es un caso perdido. ¿De verdad crees que podrás encontrarlos con una actividad tan simple?
—Puedes dudar de mis métodos, pero jamás de mis resultados -enfatizó ella, con una comisura de sus labios alzándose levemente, y sin esperar a que hablara, caminó hacia la salida de su oficina para hablar del plan con Noah.
— ¡Estás demente si crees que trabajaré en este plan! -le informó Aleph en un casi grito cuando la vio alejarse.
—No te queda de otra -le afirmó ella antes de salir de su oficina y dejarlo solo.
Tanya, se dirige a la cocina en busca de Noah. Sin embargo, Aleph no tarda en seguirla, todavía furioso por la tarea que le ha impuesto.
— ¡Es un caso perdido! ¡No servirá para nada este plan! ¡Solo gastas mi tiempo y el tuyo además de dinero! -Aleph la siguió a paso apresurado.
—Mira el lado bueno. Será de experiencia para ti, así sabrás cómo debes trabajar para mí y ganarás tu primer sueldo -Tanya se encogió de hombros cuando Aleph llegó a su lado, mirándola mientras apretaba la mandíbula y trataba de contener su ira.
— ¿De cuánto es la probabilidad de que este plan funcione? -le preguntó a nada de perder su paciencia.
—Menos del setenta por ciento -Calculó ella mentalmente, tomando en cuenta todo tipo de errores, desde archivar mal a una persona hasta que los culpables los descubrieran.
—Genial, es un caso perdido -soltó cabreado.
— ¿Qué estás reclamándole a mi mujer? -Se escuchó una tercera voz detrás de ellos. Ambos detuvieron sus pasos para ver a la persona.
Emmet los iba siguiendo en silencio, frunciendo el ceño ante el tono que Aleph había usado con Tanya. Vestía un traje azul marino fino, pantalones ajustados y suaves, una camisa blanca con las mangas recogidas un poco más arriba de sus codos que iban a juego con su chaleco de la misma tela y color que su pantalón. El chaleco se ajustaba a su torso de una forma elegante y sensual. Su cabello rubio, esta vez peinado a un lado, lograba que sus ojos café claro se pudieran apreciar con más facilidad. Tanya no pudo quitarle la vista de encima, no tan fácilmente; era la primera vez que lo veía usar un traje como ese. Con ese tono, con esa elegancia. ¿O siempre vestía así y hasta ahora lo notaba?
— ¿Aleph? ¿Qué sucede? -Amaris salió detrás de Emmet, quien tenía un hermoso vestido con algo de vuelo que se ajustaba a su cuerpo de una forma elegante, además de que el color de sus ropas combinaba con la ropa que usaba Aleph.
Tanya y Aleph continúan su tensa conversación, con Aleph burlándose del plan de Tanya, pero ella le devuelve el golpe asignándole la tarea clave de ejecutarlo. Justo cuando la discusión alcanza su punto álgido, Emmet interviene de forma posesiva, y Amaris hace su aparición, añadiendo más complejidad a la situación.
—Amigo, tu mujer está más loca de lo que nos dijiste antes -Aleph se acercó unos pasos a Amaris y sus manos rodearon su cintura. Su mirada, antes molesta y fría, ahora era dulce y cariñosa mientras observaba a Amaris.
— ¿Mi mujer? Yo no soy mujer de nadie -aclaró Tanya, mirando a Emmet, quien se acercaba a ella con pasos silenciosos.
—Lo sé, no hace falta confirmar que eres mía. Ya lo saben todos -Emmet quedó a pocos centímetros de ella. Tanya logró respirar el aroma de Emmet, lirios. Un aroma que podía oler todas las noches y dormir tranquila, pero ahora no debía estarlo-. ¿Por qué él te habló de esa forma?
—Se me ocurrió un plan para poder atrapar a los tres sospechosos -Emmet alzó una de sus cejas sorprendido cuando ella dijo “tres” y no “dos” como tenían en cuenta hasta ahora.
—Sí, y es un pésimo plan -Aleph siguió quejándose, y explicándole el plan a Amaris por su cuenta.
— ¿Tres? ¿Ahora hay un hombre más que está detrás de ti? -La voz algo intranquila de Emmet logró que Tanya hiciera contacto visual con él.
—Detrás de mi cabeza -le corrigió ella-. Vamos todos, Noah debe saber esto.
Emmet asintió ante su orden y Tanya empezó a caminar. Ella no volteó a ver detrás de ella si los otros dos también la seguían. Emmet se lo confirmó cuando los llamó. Aunque Aleph se negó a trabajar en ese plan, dejando en claro que lo veía como un plan sin una base segura, Amaris lo convenció de seguirlos.
Los cuatro llegaron al comedor. Justo como Tanya había pensado, Noah estaba tranquilo disfrutando de su taza de té humeante. Su expresión tranquila cambió a una perpleja cuando vio a los cuatro entrar a la cocina. Soltó un pequeño suspiro y dejó su té a un lado para darle su atención a Tanya, quien se ubicó frente a él al otro lado de la mesa.
—Noah, vengo a informarte de dos cosas importantes -el nombrado solo asintió con la cabeza en silencio, en comprensión de que escuchaba atentamente lo que diría-. La primera es que hay un tercer desconocido que está detrás de mi cabeza.
Noah abrió los ojos, incrédulo ante las palabras de Tanya. Él y Emmet sabían que esto solo significaba más peligro y trabajo para ella. Amaris alternó la mirada, con evidente confusión, entre Tanya y Aleph, quien negó rápidamente con la cabeza, dejando en claro que no era nadie de los que habían contactado antes.
—Y la segunda es que se me ocurrió un plan arriesgado y con menos del sesenta por ciento de probabilidad de encontrar a los tres desconocidos.
— ¿En qué consiste ese plan? -Noah ahora escuchaba el doble de atento que antes, el brillo de preocupación era notable en sus ojos.
Tanya explicó su plan sobre crear una actividad divertida para el pueblo, así bajando su nivel de rencor hacia ella y manteniendo la apariencia de que todo está bajo control. Esta actividad se haría el 14 de febrero, justo el día donde todo el pueblo estaría celebrando juntos y hay más posibilidades de atrapar a los sospechosos.
La actividad consistirá en establecer puestos donde las personas escribirán cartas que se enviarán anónimamente. En el momento en que escriban las cartas, se tomarán los datos de la persona, su caligrafía y una foto de su rostro. De esta manera, se archivarán los datos necesarios para poder identificar a los sospechosos. Cuando comparen las cartas con las notas que tiene, sabrán quién es la persona y cómo se verá. Luego, irían con los oficiales para obtener una orden o más bien justificación para poder poner bajo custodia a la persona sospechosa e invadir propiedades sin problemas.
Cuando Tanya terminó de explicar su plan, Noah y Emmet quedaron pensativos, considerando que el plan podría funcionar. Aleph, por su parte, se quejó por lo bajo de nuevo. Pero habló la persona menos esperada.
— ¿El plan funcionará? -Amaris se dirigió a Tanya-. Estamos tomando en cuenta a más de doscientas personas, teniendo en cuenta a los niños que ya pueden escribir hasta la persona más grande, aún con la capacidad para escribir una nota. Creo que las probabilidades de que el plan funcione son muy bajas.
—Es cierto que las probabilidades pueden bajar, pero debo actuar rápido. Si se encuentra otro cadáver en este pueblo, no puedo asegurar la seguridad de nadie. Ni la mía -Esto logró tensar a todos en el lugar-. Es un plan arriesgado, lo sé, pero también está ese pequeño porciento de que funcione.
—Puede funcionar -murmuró Noah, pensativo, sobando suavemente su barbilla con su mano enguantada-. Estamos hablando de una cantidad de doscientas a doscientas cincuenta personas, pero si restamos al personal de la mansión y a nosotros, y tomando en cuenta a Víctor y su familia, serían doscientas diez personas.
—Y no hemos tomado en cuenta a los guardias que están de nuestro lado en el pueblo, ¿son unos, qué? ¿Veinte? -agregó Emmet-. En ese caso la cifra sería de ciento noventa personas.
“Y también quitar de esa lista a Jared y su familia, ciento noventa menos cuatro da ciento ochenta y seis.”
—Así que tengo que crear ciento noventa expedientes, genial -Aleph hizo una sonrisa forzada mientras negaba con la cabeza.
—Exacto, Emmet te ayudará en eso. Los expedientes se harán aquí en la mansión cuando terminemos la actividad. Vamos a comparar las notas y, si tenemos suerte, los encontraremos -Tanya tenía la vista fija en la mesa de caoba de la cocina.
— ¿Cuántos días nos quedan para la actividad? -preguntó Amaris, dispuesta a colaborar, ganándose una mirada de desaprobación de Aleph.
—Hoy es siete, así que lógicamente tenemos solo siete días para planear todo este show -Emmet respondió algo quejoso mientras miraba de reojo a Tanya.
— ¿En serio ayudarás en esto? -Aleph sonaba rendido mientras miraba fijamente a Amaris cuando asintió en respuesta a su pregunta-. Es peligroso, con lo poco que sabemos, esos asesinos matan a chicas bonitas; no quiero que te pase nada a ti.
—No están detrás de mí, están detrás de ella -Amaris fue empática con Tanya, ganándose una pequeña aprobación de Noah-. Si algo pasa de nuevo en este lugar, no solo ella corre peligro, sino también nosotros. ¿Qué pasará si eso llega a pasar?
—Eso no va a pasar -afirmó Emmet con dureza-. Nadie tocará un solo cabello de Tanya mientras respire en este mundo.
Tanya sintió sus mejillas querer arder por las palabras de Emmet, pero no dejaría que la vieran en ese estado; debía irse. Miró a Noah.
—Necesitaré personal para decorar el pueblo, cosas de corazones y esas cosas -Noah asintió ante su orden.
— ¿Corazones? ¿Artificiales, de papel… o humanos? -se burló un poco Emmet, ganándose una mirada de asco de parte de sus dos amigos.
—No me lo recuerdes -pidió Tanya, suspirando, pero luego recordó los corazones… y cayó en cuenta de que no sabía dónde habían guardado todo su demás papeleo y la caja roja. Alternó su vista entre Emmet y Noah-. Hablando de corazones humanos, ¿dónde los guardaron, junto con el demás papeleo?
—En un lugar seguro -respondió Emmet.
—Muéstrenme -ordenó ella con esa voz autoritaria.
Noah se levantó de su lugar para empezar a caminar junto con Emmet por el pasillo. Tanya los siguió, pero miró por encima de su hombro a los otros dos que se quedaron en la cocina, hablando en voz baja para evitar que alguien los oyera. Algo que no le inspiró confianza a Tanya, pero luego le preguntaría a Emmet sobre el caso.
Ellos tres caminaron en silencio por los pasillos de la mansión, iluminados por los rayos de sol que entraban por las grandes ventanas que se encontraban en cada pasillo. En su camino, Tanya reconoció el camino. Se dirigían a las habitaciones del oeste de su mansión. Deseaba con todas sus fuerzas que no fuera esa habitación, pero cuando vio a Noah abrir la puerta de esa estancia, sintió como su interior era golpeado por algo invisible.
Entraron a esta habitación y la vista de Tanya se dirigió rápidamente al balcón. Las puertas estaban cerradas, pero gracias a que eran de cristal, podía ver el exterior. Y en el barandal de concreto reposaban la cera ya derretida y seca de las velas que ella puso en nombre de sus hermanos y hermanas fallecidas. Un crujido de madera llamó su atención. Emmet había quitado la alfombra redonda que estaba en el suelo y ahora Noah estaba levantando algunos pedazos de madera, que estaban sueltos, así que no fue difícil quitarlos. Cuando Noah quitó el último pedazo de madera, un hedor algo fuerte a putrefacción se escapó.
—Los hielos no sirvieron para mantenerlos aún en un estado menos oloroso -dijo Emmet, mirando a Noah mientras se tapaba la nariz con una mano.
— ¿Sí? No me digas, no lo había notado -se quejó Noah, quien también tenía la nariz tapada con su mano enguantada mientras miraba con fastidio a Emmet.
Tanya no mencionó nada, pero abrió con su don algunas ventanas y las puertas del balcón para que el aire entrara y disipara el hedor a putrefacción. Ella no se tapó la nariz, aunque sí le revolvió el estómago. Alzo una de sus manos y sacó del suelo la caja roja donde estaban los ahora irreconocibles corazones humanos. Parecía más una masa gris o de colores muy opacos con un pésimo hedor, apenas soportable.
—Nos desharemos de esta caja junto con los corazones, hay que enterrarla en el jardín -Noah se puso de pie y asintió ante la nueva orden de Tanya-. El papeleo me lo llevaré a mi oficina, sacaré algunas copias de algo importante y luego les diré dónde deben esconderlo.
Noah y Emmet se pusieron manos a la obra. Sacaron casi dos torres de papeles en sus brazos, deteniéndolos contra su torso y ayudándose de su barbilla para evitar que se cayera una de las hojas o la torre de papeles completa. Noah fue el primero en salir, seguido de Tanya, quien mantenía la caja roja levitando cerca de ella. Pero algo dentro de ella la hizo voltear a ver el interior de la habitación de nuevo. Ella dirigió su vista a donde estaba la cera de las velas. Emmet, quien venía detrás de ella, se detuvo justo a tiempo para no chocar con ella. No dijo nada, solo sintió curiosidad hacia dónde veía ella y notó la cera de las velas en el barandal de concreto.
— ¿Quieres que llame a alguien para quitar esa cera? -le preguntó suavemente, pero Tanya negó con la cabeza y continuó con su camino, libre ya que Noah no había notado que se habían quedado atrás y este siguió caminando.
—No, nadie tocará esa cera. Quien lo haga perderá las manos -advirtió Tanya mientras seguía caminando por el pasillo. Emmet echó una última mirada hacia la cera en el barandal de concreto, y una sonrisa maliciosa adornó sus labios. Luego, siguió caminando detrás de Tanya.
Después de una jornada agotadora, que incluyó sepultar los corazones, organizar papeleo, trabajar en el nuevo plan para atrapar a las “plagas” y cenar, Tanya buscaba un respiro en su tina. Se sumergió en burbujas y agua tibia con aroma a rosas, tratando de despejar su mente del tercer desconocido que ahora la atormentaba. Ya no quería más trabajo; solo anhelaba aligerar su carga y encontrar respuestas a las preguntas que la carcomían: “¿Quién eres? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren en realidad? ¿Venganza? ¿Dinero? ¿Mi cabeza?”.
Mientras se perdía en sus pensamientos, escuchó suaves llamados a su lado. Cuando una mano tomó uno de sus brazos bajo el agua de la tina, abrió los ojos de golpe. Se había quedado dormida en la tina.
—Gracias a Dios abriste los ojos -dijo Emmet, de rodillas a su lado, con la mano aún dentro de la tina, sosteniendo su brazo-. Estaba a nada de llamar a Noah o a Víctor.
— ¿Qué haces aquí? -Tanya reaccionó a la situación. Estaba en el baño privado de su habitación, desnuda y cubierta por las burbujas.
—Te esperaba para dormir, pero no salías del baño por más que te llamaba, y entré para comprobar si aún respirabas -La mano de Emmet se deslizó desde su mano hasta la muñeca de Tanya, donde podía percibir el pulso algo acelerado de ella.
—Ah, emm, comprendo. Ya confirmaste que sí respiro. Ya puedes irte, iré después de unos segundos -Ella trató de evitar que Emmet notara su nerviosismo. Se sentó un poco en la tina, aún cubierta por las burbujas, y sintió su nuca algo adolorida.
—Sé muy bien que estás agotada, te ayudaré – Emmet alzando su otra mano donde sostenía una toalla seca para ella-. Sal -Su mano ahora sostenía la de ella y la sacó del agua para jalarla un poco hacia él, sin importar si su ahora pijama se mojaba.
—No. Sal -Ella fue autoritaria y se zafó del agarre de Emmet, regresando su mano al agua tibia de la tina.
Emmet suspiró con diversión por el nerviosismo de Tanya, dejó la toalla a un lado y alzó sus dos manos.
—Entiendo, quieres salir tú sola. Hazlo. Yo prepararé la secadora de cabello para ti -Él rodeó la tina y caminó a un mueble con superficie de mármol, donde descansaban artículos de baño y la secadora. Un gran espejo horizontal estaba encima de este mueble.
—No saldré de la tina hasta que salgas. Estás frente a un gran espejo -Ella lo miró, arrugando un poco su nariz por su descaro-. No dejaré que me veas desnuda, ahora sal antes de que te saque volando.
—No hace falta usar la violencia, cerraré los ojos, lo prometo -Su lado cómico salió a la luz cuando cerró los ojos.
—Emmet -Ella lo llamó en forma de advertencia.
—No miraré, lo juro. Confía en mí -pidió ingenioso, luego, mientras tanteaba con su mano, logró tomar una toalla cercana y la lanzó a su rostro-. ¿Así está mejor?
—Juro que si llegas a mirarme, te quitaré los ojos -amenazó ella. Emmet alzó su pulgar, comprendiendo la situación.
Tanya empezó a quitarse el resto de burbujas con ayuda del agua, y en un movimiento rápido, tomó la toalla y la envolvió en su cuerpo. El agua restante fue secada por la toalla y luego tomó otra para no quedarse con la toalla húmeda. Después de asegurar la toalla en su lugar, miró en dirección a Emmet, quien, al estar a ciegas, buscaba la secadora de cabello mientras movía sus manos de una forma extraña. Ella iba a decirle que ya podía ver, pero recordó un detalle muy importante.
“Mis cicatrices.”
Tanya tomó más toallas y se encaminó hacia el tocador donde Emmet ya estaba derribando algunas cosas por no poder ver. Puso una toalla en sus hombros y otra la envolvió en sus piernas. De alguna forma, quería ocultar lo inevitable; no quería mostrar algo de su pasado. ¿O solo se sentiría avergonzada si exponía algo de piel? Bueno, ya era algo tarde, ya la había visto tomar un baño de burbujas.
—Ya estoy lista, puedes volver a ver -Emmet agradeció la nueva orden, se quitó la toalla del rostro, y esto logró desordenar unos mechones de su cabello. Él observó a Tanya a su lado, pero su mirada perpleja lo delataba.
— ¿Por qué te tapas de más? Es incómodo mantener las toallas en su lugar.
—No hagas preguntas que no responderé, estoy a nada de echarte de mi baño -Emmet se contrajo un poco, decepcionado por la negativa de Tanya, pero la comprendió.
Sin decir una palabra más, conectó la secadora a la corriente y con una delicadeza extrema empezó a secarle el cabello. Tanya evitó mirarlo por el reflejo del espejo, pero podía sentir la penetrante mirada de Emmet. Los dedos de Emmet danzaban en su cabello que se iba humedeciendo poco a poco, y ella podía sentir las pequeñas caricias que le proporcionaba. Sostenía la toalla que cubría sus hombros con una de sus manos. La toalla que cubría sus piernas la sostenía con la ayuda de su don. Estaba dispuesta a ocultarle sus marcas de la niñez y la adolescencia.
—No debes sentirte avergonzada por tus cicatrices -le susurró cerca del oído. La mano de él que ayudaba a secar su cabello empezó a jalar un poco la toalla que cubría sus hombros, pero Tanya apretó su agarre.
“Sí las vio…”
—Sigue secando mi cabello -le ordenó con esa voz fría.
Claro, aquí tienes una versión mejorada en cuanto a ortografía, puntuación y un poco más de intensidad en la narrativa, manteniendo los guiones de los diálogos intactos:
—Yo también tengo una -le confesó-. Y tú ya la viste el día que me liberaste, ¿no lo recuerdas?
“¿Una cicatriz que yo ya he visto?”
Tanya levantó la vista e hizo contacto visual con él. Emmet se veía algo vulnerable. Él apagó la secadora y dejó de lado el aparato, luego levantó una de sus piernas y la posó encima del tocador. Con ayuda de sus manos, alzó el dobladillo de su pantalón y dejó a la vista su tobillo. Alrededor de él, una gran cicatriz se enroscaba.
—Yo… no la recordaba.
Tanya sintió cómo su mente libraba una batalla interna. Quería apartar la mirada de esa cicatriz ajena, restarle importancia, y quizás, en parte, escapar del recuerdo que esa marca traía consigo. Pero entonces se recordó a sí misma sufriendo todos esos procedimientos que le dejaron aquellas cicatrices, igual que a sus hermanos y hermanas caídos. Apretó los labios, sintiendo un golpe en el pecho, y acercó una mano a la cicatriz de él.
Pasó con una ternura que la sorprendió incluso a ella, recordó que cuando lo liberó de esa cadena, la piel de su tobillo estaba roja y con sangre seca. Se vio a sí misma en ese momento: esa pequeña A-12 que lloraba de dolor, con heridas que pronto serían cicatrices que la acompañarían toda la vida.
—Nadie debería conocer ese sentimiento de atadura… ni siquiera tú -murmuró, perdida en la sensación de la piel cicatrizada, en la coloración más blanquecina que rodeaba su tobillo, como si aún la tuviera puesta. Emmet sintió un calor interno al escuchar sus palabras.
Aprovechando su guardia baja, y de un solo movimiento, con ayuda de sus manos, Tanya quitó las dos toallas que ella misma se había puesto. Sus hombros y parte de la clavícula quedaron al descubierto, así como sus piernas. Líneas blancas, algunas grandes, otras pequeñas, algunas rectas, otras torcidas, recorrían todo su cuerpo. Pero en su torso, las cicatrices eran más abundantes. Emmet apretó la mandíbula, la miró con culpa y vergüenza.
— ¿Por qué me ves de esa manera? -preguntó Tanya, con voz suave pero firme-. Tú no las hiciste. No tiene nada que ver contigo. Era la verdad. Pero ella no lograba entender por qué se culpaba de verlo en ese estado.
—Tú misma lo dijiste -su voz sonó algo débil-. Nadie debería conocer el dolor de ningún tipo de cicatriz, ya sea emocional o física… pero tú -Emmet levantó su mano y trazó lentamente las pequeñas cicatrices en su clavícula-. Tienes muchas… ¿Cuánto…? ¿Cuánto dolor tuviste que soportar? ¿Cuánto dolor sigues soportando?
¿Cuánto dolor yo… sigo soportando?
Un nudo se instaló en la garganta de Tanya. Sintió cómo sus ojos querían arder, las lágrimas querían acumularse en ellos. Nadie había pensado en cuánto dolor tuvo que soportar ella, en cuántas torturas, experimentos, en el dolor y las lágrimas que soltó. Emmet bajó su pierna del tocar, y sin previo aviso, se acercó a Tanya y la abrazó. Sus brazos le brindaron esa calidez y seguridad que Tanya tanto anhelaba en esos momentos; esa tranquilidad de querer estar bien, de querer estar en paz. De ser libre de todos sus tormentos.
Ella reaccionó segundos después. Cada vez que tragaba saliva, el nudo en su garganta le dolía, y no solo eso. Su corazón empezó a latir con fuerza y rapidez, y además, se volvía algo más doloroso. Alzó sus brazos y los posó en la espalda de Emmet. Sentía que le faltaba el aire. Los recuerdos y el dolor volvieron a ella. Emmet, al notar que ella también lo abrazaba de regreso, lo hizo con más fuerza, sin llegar a lastimarla.
Ambos se dieron cuenta de que, aunque vivían vidas completamente diferentes, habían pasado por acontecimientos totalmente iguales, que los marcarían de por vida y jamás los abandonarían. Emmet rodeó su cintura con uno de sus brazos, mientras el otro rodeaba su cuello. Y así permanecieron unos segundos, en un abrazo frente al tocador. La cabeza de Tanya quedó justo un poco por encima del pecho de él, y podía escuchar sus latidos. Fuertes y rápidos, como los de ella. Estaban en perfecta sincronía.
Luego de unos segundos, Emmet la cargó en sus brazos, pasando uno por su espalda y el otro por debajo de sus rodillas, sorprendiéndola. Se sostuvo del cuello de él para no caer al suelo.
—Debes cambiarte, o de lo contrario te enfermarás -dijo Emmet con una sonrisa sincera que logró poner algo nerviosa a Tanya.
Él la llevó en sus brazos a su habitación y la dejó en su cama, donde su pijama la esperaba. Emmet se dio la vuelta para darle privacidad y que ella cambiara. Ella agradeció su consideración y se cambió rápidamente, dejando la toalla algo húmeda, que cubría su cuerpo, en el suelo de la habitación. Se quedó mirándola unos segundos hasta que sintió algo caer a su lado, y entonces los brazos de Emmet la rodearon por la cintura y la atrajeron hacia él. Ambos sobre el gran oso de peluche que él le había regalado.
Emmet ya sabía cómo calmarla, cómo hacer que cayera en el mundo de los sueños. Cuando se aseguró de que ella ya estuviera dormida, buscó con la mirada ese adefesio que invadía la cama.
Tomó con sus manos el osito de peluche que Jared le había regalado a ella y lo lanzó al sillón cercano. Luego, posesivamente, rodeó el cuerpo de Tanya más aún, acurrucándola junto a él. Finalmente, besó sus labios por unos momentos, hasta que decidió también dejarse llevar por el sueño.
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capitulo sorpresa, hoy 12 de febrero, es mi cumpleaños y les traigo este capitulo sorpresa!
De paso les dejo mis redes sociales para que estén al tanto de algunos datos, y conocer los rostros de los personajes!
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