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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Despertar Accidental
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4: Despertar Accidental 4: Despertar Accidental “Un despertar abrupto, sin previo aviso” -Libe Gloze A-12 (Hace unos años) —Recuerden, hermanos -habló Uno, y todos los demás, sentados frente a él, le prestaron toda su atención… Nosotros somos experimentos fallidos, un error.

Por eso nos han hecho tantas pruebas, y aún vendrán más, pero falta una en especial que todavía no han realizado.

—”El despertar” -respondió Cinco, mientras trenzaba el largo cabello de Doce.

—Sí, exactamente, Cinco -Uno sonrió-.

Hay muchas teorías sobre cómo es… pero he llegado a una sola que encaja a la perfección.

— ¿Solo una?

-preguntó Doce, mirándolo con una mueca de confusión-.

¿De toda la información que hemos recolectado, solo has llegado a una teoría?

-Algunos más se unieron a la confusión de Doce, provocando que Uno sonriera con diversión.

—Sí, solo una: nosotros no diremos nada.

Los guardias nos dirán varias palabras en otro idioma para tratar de evitar nuestro final.

Si logramos sentirnos extraños, querrá decir que las palabras de “despertar” funcionaron y tendremos una segunda oportunidad para seguir viviendo.

— ¿Y cómo sabremos eso, si jamás ha funcionado hasta ahora?

-preguntó Siete, acostado en las piernas de Tres.

—Deseemos que logremos “despertar” esta semana, si no lo hacemos… -comentó Dos, pensativo-.

Pero lo que aún no estamos seguros es cómo alcanzar su máximo potencial una vez despertemos.

Si no lo logramos de un modo seguro y ordenado… —No viviremos mucho tiempo -terminó la frase el número Ocho.

—Sí, están en lo correcto -se unió Seis a la plática; su seriedad no era buena señal-.

Pero aunque logremos “despertar”, como todos los demás desean, eso no significa cosas buenas para nosotros.

Si no logramos alcanzar el potencial necesario que ellos desean, nuestro final seguirá siendo el mismo.

Todos observaron a Seis, el más lógico de todos.

Cuatro carraspeó, llamando la atención de todos.

—Todos sabemos muy bien que, “despertemos” o no, no nos asegura nada sobre nuestra seguridad -soltó Cuatro, mirando fijamente a Nueve, quien estaba recostada en su hombro.

—Deberíamos escapar antes de la fecha indicada -Once, quien se había mantenido callada hasta ahora, alzó la voz.

—Si lo hacemos, las probabilidades de tener una victoria segura son de un menos cero punto uno por ciento -bufó Diez, mirándolo de reojo.

—Pero al menos lucharíamos por la libertad, por nuestra libertad -confirmó Once, logrando que todos se quedaran en silencio ante la verdad de sus palabras.

Todos observaron a Uno.

Él era el único que podía decidir lo mejor para todos, una carga demasiado grande para cualquier hermano mayor.

Corres el riesgo de ganar o perder.

Aun sabiéndolo todo y tomando en cuenta las consecuencias, Uno asintió.

Crearían un plan para escapar antes de la fecha prevista.

Un plan que, lamentablemente, no salió como lo habían planeado.

(Regresamos al presente) Esta plática resonó en la mente de Doce.

Por fin, encontró una respuesta a su duda de hace unos segundos: había “Despertado”.

¿Pero qué?

¿Un sentimiento?

¿Un límite?

No lo sabía con claridad; hasta ese momento, “Despertar” era algo imposible.

Pero ella lo había logrado.

Se sentía más ligera, como si unas cadenas invisibles se hubieran roto, liberándola de todo peso.

Aun así, sentía una extraña dependencia.

¿Qué era?

¿Por qué ahora?

¿Ese chico tenía algo que ver con ese sentimiento de dependencia?

Doce podía sentir cómo sus sentidos se agudizaban.

¿Esto era el “despertar”?

¿Una versión mejorada de lo que ya era?

¿Esto era lo que querían conseguir aquellos científicos?

¿Por qué no lo habían logrado?

¿Por qué este chico sí?

¿Qué tenía de especial?

Los padres de Jared abrumaban a Doce con preguntas: “¿Cuál es tu nombre?

¿Quién es tu familia?

¿Dónde están ellos?

¿De dónde eres?

¿Cómo llegaste al río?

Pero Doce no respondía.

Intentaba comprender cómo aquel chico había logrado “Despertarla”.

—No hay solución -el hombre se sentó en un banco de madera, agotado de preguntar sin obtener respuesta alguna.

—Tal vez está tan traumada que le creó un shock, y no sabe cómo reaccionar -opinó la mujer, llevando a Jared a su lado y alejándolo lentamente de aquella chica de sospechosa procedencia.

“Sí, bueno, no tengo la mejor apariencia ahora.

Pero tampoco asesino porque sí”.

—Eso no es posible, parece ser casi de la misma edad que Jared, ella sabe hablar.

Solo no quiere hacerlo -refutó el hombre, mirando con molestia a Doce.

La mujer le dio una mirada desaprobatoria a su esposo.

Luego, Jared miró a su padre, quien solo empezó a negar con la cabeza.

Bueno, hay un punto a favor para ese hombre.

Cualquiera en sus zapatos dudaría demasiado de una persona con la apariencia de Doce.

No respondía a sus preguntas, su ropa no solo estaba mojada, sino que era extraña, apareció de la nada en el río, y por poco su hijo casi se ahoga por supuestamente intentar salvarla.

No sería descabellado pensar que posiblemente era una asesina en serie, una reclusa fugada, o una adolescente rebelde que huyó de casa.

Existían varias teorías sobre Doce ahora.

Pero seguro que no se imaginaban, para nada, cuál era la verdadera historia.

“Y así debe ser…” La mujer se acercó con su hijo a su esposo y empezaron a hablar en voz baja para que Doce no escuchara su conversación.

El sonido de motores llamó la atención de Doce.

Varias familias comenzaron a retirarse del lugar.

“No los culpo, no me conocen y no les estoy molestando.

Lo normal es ignorar cualquier situación que los involucra e irse del lugar.” La vista de Doce se vio obstruida cuando algo blanco se posó en sus ojos.

Sobresaltada, miró el objeto, y cuando enfocó su vista, notó que era algo envuelto en una servilleta, que desprendía un olor delicioso.

Doce buscó quién le ofrecía aquel manjar sin probarlo.

Siguió su vista del objeto al brazo, y luego al hombro, hasta observar el rostro de Jared.

Quien tenía leves destellos de curiosidad y preocupación hacia ella.

—De seguro tienes hambre, come algo.

Tenemos comida de sobra -ofreció Jared, extendiendo lentamente la mano con el objeto hacia Doce.

“Comida de sobra… espero algún día poder decir eso también” Doce no lograba comprender cómo él, Jared, era el único amable con ella.

¿No le tenía miedo?

¿No pensaba en ninguna situación peligrosa?

Doce miró el rostro de Jared, esperando un atisbo de miedo o falsa confianza.

Pero solo había preocupación y curiosidad, además de una leve chispa que solo había logrado ver en los ojos de sus hermanos.

“¿Acaso él…?” Doce, lentamente, tomó la comida envuelta en la servilleta y, por fin, después de unos segundos, habló: —Gracias -La voz le salió fría y cortante, pero era algo.

—Ah, así que sí sabes hablar -Sonrió Jared.

Al ver su sonrisa, el corazón de Doce latió rápidamente, aunque solo por unos segundos.

“¿Qué había sido eso?” Doce asintió con la cabeza e, ignorando lo que había sentido, desenvolvió la comida de la servilleta: un sándwich.

Sabía lo que contenían los sándwiches, es más, sabía demasiado sobre el mundo, aunque no lo pareciera.

Pero jamás había probado uno.

No había probado algo tan… colorido.

Verde, rojo, blanco, amarillo.

Lo único que había probado en su vida era avena y agua.

Y si tenía suerte, pan.

Así que esto era algo completamente nuevo para ella.

Doce no vio nada sospechoso en aquel emparedado, así que dio el primer mordisco.

En el momento en que los ingredientes chocaron con su paladar, varias emociones explotaron en su interior: dulce, ácido, amargo.

Delicioso.

Esa fue la palabra que Doce pensó para aquel emparedado.

“Con que así sabe… la libertad” Pero las lágrimas también querían asomarse por sus ojos, pensando en cómo sus hermanos reaccionarían al probar tal delicia.

Quizás a algunos les habría encantado, a otros no.

Pero lo habrían probado juntos… juntos.

Jared sonrió al ver cómo Doce empezó a dar más mordidas a aquel emparedado.

Ella lo miró extrañada mientras devoraba lo poco que quedaba.

¿Cómo puede sonreír en esta situación?

Estuvo a punto de ahogarse y probablemente podría morir de hipotermia -las probabilidades son bajas, pero nunca cero- y está alimentando a una desconocida que, por algún motivo, no quiere decir ni una palabra.

Y aún así, él le sigue sonriendo “No recuerdo cuándo fue la última vez que sonreí, pero sí recuerdo cuándo fue la última vez que vi sonreír a alguien, y fue a mis hermanos…” — ¿Jared?

-lo llamó su madre con un tono algo molesto por encontrarlo cerca de la chica misteriosa.

El nombrado volteó a verla, pero no había atisbo de miedo por el regaño.

Es como si estuviera acostumbrado a eso —Habla -fue lo único que dijo él, y gracias a esto su madre se acercó de nuevo a Doce, cambiando su rostro molesto a uno de leve sorpresa.

—Entonces sí nos entiendes -dijo la mujer-.

¿Hablas otro idioma?

No, espera, esa no es la mejor pregunta -la mujer se puso de cuclillas con dificultad por su avanzado estado de embarazo, pero aun así lo logró-.

¿Nos entiendes?

“Sería sospechoso que no hablara de nuevo, pero tampoco puedo hablar.

Soltaré información clasificada.

Me limitaré a contestar con la cabeza” Doce asintió ante su pregunta.

No debía hablar.

O al menos eso era lo que pensaba que podía mantenerla a salvo.

Así era como vivía antes.

Bueno, si es que así podía llamarle a la manera en que sobrevivía con sus hermanos y hermanas en aquel sucio lugar de experimentos clandestinos.

— ¿Eres de aquí?

Doce negó con la cabeza.

— ¿Tu familia está aquí?

Doce volvió a negar con la cabeza, esta vez con un dolor en el pecho y un nudo en la garganta.

— ¿Cómo te llamas?

Doce pensó un poco qué responder.

No podía decir “A-12”, o solo “Doce”.

Necesitaba mantener un perfil bajo por ahora.

—Thea -respondió rápidamente.

La mujer sonrió ampliamente al escuchar su voz suave.

Era la misma sonrisa que la de Jared; Thea podría decir que eran la misma persona, solo que en cuerpos diferentes.

La mujer se levantó con ayuda de Jared y caminó hacia su amargado esposo, quien solo observaba la escena con desconfianza.

—Thea, un lindo nombre -dijo Jared, captando la atención de Doce.

Ella solo asintió de nuevo.

Él la siguió observando fijamente —Vamos, háblame -pidió, sentándose a su lado con más confianza-.

Mientras más hables, más rápido podremos ayudarte.

Doce le dio una mirada desconfiada, o más bien con preocupación; no quería abrir la boca y ponerlos en peligro.

Apenas la conocían y ya la habían ayudado, no podía pagarles de esa forma.

Jared, en un intento de aliviar la tensión y ser agradable con “Thea”, le sonrió de nuevo mientras cerraba levemente sus ojos.

— ¡Oh!

¿Prefieres que te hable en otro idioma?

¿Are you obey?

-preguntó abriendo sus ojos de golpe, ensanchando su sonrisa, mientras juntaba las piernas a su pecho y recostaba la cabeza en sus rodillas, mirando a Thea.

Una corriente eléctrica recorrió de nuevo el cuerpo de Doce.

Confirmó que esa palabra era la que le provocaba ese efecto.

“¿Ahora qué hará con eso?

¿Qué se hace después de un despertar?

¿La fotosíntesis?” —Es okay -corrigió Doce, volteando el rostro y dirigiendo su vista al suelo.

Por alguna razón, la mirada de Jared la ponía incómoda, o más bien, ¿nerviosa?

“Es un chico lindo… bello, si lo digo con honestidad” —Oh, ¿en serio?

Discúlpame, los idiomas no son lo mío -Él se avergonzó un poco, pero no dejó de mirarla.

Sentía una pizca de curiosidad hacia aquella chica extraña.

— ¡¿Y qué quieres que hagamos?!

¡¿Que la traigamos con nosotros?!

-La voz de aquel hombre se escuchó perfectamente para los dos, notando claramente la incomodidad y el enojo en sus palabras.

Para ser sincera, a Doce no le agradaba para nada la idea de convivir con ese hombre.

Lograba ver las bolsas bajo sus ojos que por alguna razón quería ocultar; era demasiado desconfiado, nada amable, incluso le levantaba la voz a su propia esposa embarazada.

No le inspiraba nada de confianza o seguridad.

— ¿Cuál es tu edad?

-preguntó Jared, tratando de distraerla de la discusión de sus padres.

Doce volvió a verlo, encontrándose de nuevo con sus ojos avellana y su nariz un poco arrugada.

—Tengo… catorce -respondió secamente.

Podía darse el lujo de decirle la verdad en algunos datos, además de que, en el fondo, Doce deseaba que Jared no pensara de una forma grosera, fea, o incluso grotesca de ella.

Solo que no le gustaba, y que le costaba algo ser sociable con alguien nuevo o más bien con casi todo el mundo.

— ¿Y tu familia, Thea?

-preguntó de nuevo Jared.

Trataba de hacer contacto visual con ella, pero Doce seguía evitando verlo a los ojos “Qué insistente” ¿Acaso Jared quería sacarle toda la información posible?

Doce no sabía por qué con él, su guardia bajaba.

No lo veía como una amenaza, pero ¿no debería al menos tomar su distancia?

Estaba prácticamente a su lado.

Si Jared supiera que podría lanzarlo lejos de ella con solo mover un dedo, ¿Seguiría siendo así de amable?

—No lo sé -mintió, dejando de ver el suelo y enfocando su vista en los padres de Jared, quienes seguían teniendo una discusión casi agresiva.

“Solo nosotros sabemos la verdad… una verdad que nos llevaremos a la tumba” Jared no preguntó más.

Supo que tocó un punto sensible y tomó su distancia en la conversación.

Él también enfocó su vista en sus padres, pero no se alejó de “Thea”; quería hacerle saber que, aunque ya no le preguntara nada más, estaría ahí para ella mientras se resolvía su caso.

Doce observó el movimiento corporal de los padres de Jared: el hombre, imponente, dominante, agresivo; todo lo contrario a su esposa, temerosa, sumisa y amable.

“¿Acaso los polos opuestos se atraen?

Porque la charla y la combinación de aquellos dos no era la mejor.” Por un momento, Doce deseó regresar con sus hermanos y hermanas.

A esa fría celda, pero juntos, hablando entre todos.

Y en sus horarios de “Comprobar los dones”, correr por el pasto alto.

Jugar, explotar rocas o romper ramas.

Disfrutando un poco de lo que ella anhelaba: libertad.

“No, lo que extraño son los recuerdos, las sensaciones, porque ni loca regreso a ese lugar.

Si lo hago, sería solo mi cadáver”.

Pero su corazón dolió de nuevo.

Diez, Uno, Ocho y sus demás hermanos y hermanas… ¿Nadie más lo había logrado?

No importaba si tenían dones; eso no los ayudó a escapar por culpa de lo que sea que les inyectaron.

Totalmente contradictorio a los pensamientos de los demás que creerían que tener dones o poderes te hace invencible.

“Cada don tiene su debilidad.

Porque no fuimos creados para ser héroes; nos crearon para convertirnos en villanos” El sentimiento de culpa se aferró a su conciencia.

Sentía culpa por Ocho.

Pudo haberlo salvado; faltaba poco para escapar, pero no lo hizo.

Lo había dejado para morir, todo por no querer desobedecerlo y obedecer hasta en sus últimos momentos.

Debió ser rebelde, debió seguir sus impulsos.

Pero no lo hizo, solo pensó en su libertad.

“¿Eso es ser egoísta?” “Me siento como la mierda…” — ¿Por qué estabas escapando en el río?

Pudiste haberte ahogado -preguntó Jared, sobresaltándola de nuevo.

Su vista se posó en él.

Este no la veía a ella, y tampoco a sus padres.

Observaba el campo ahora vacío.

Solo estaban ellos en ese lugar desolado.

— ¿Tú por qué decidiste saltar al río?

Ni siquiera sabes nadar -Doce se puso a la defensiva.

—Te estabas ahogando.

No importa si no sé nadar, no podía quedarme con los brazos cruzados viendo cómo te hundías y casi perdías la vida.

“Sí sé nadar.” —Gracias por eso -Doce sintió su corazón latir rápidamente por las palabras de Jared.

La misma Doce se sorprendió por sus propias palabras; no pensó que las diría, simplemente salieron.

Como si se hubieran escapado de su boca.

“¿Qué más podría soltar sin pensar?” Unos pasos se acercaron a ellos.

Ambos voltearon a ver a la pareja de esposos.

—Te llevaremos a la comisaría más cercana, ellos sabrán qué hacer -anunció la mujer, haciéndole señas a su hijo para que se levantara, aunque más bien, quería que se alejara de aquella chica.

Doce sintió algo de pánico, pero supo manejarlo.

Asintió rápidamente.

Mientras más lejos estuviera de ese lugar, más probabilidades tendrían de sobrevivir y luego podría vivir en la tan ansiada paz por la cual escapó junto a los demás.

Jared se levantó y se acercó a su familia.

Doce tardó unos segundos, asimilando lo que esa familia quería de ella: distancia.

La familia empezó a guardar sus bolsas y cajas en el automóvil.

La señora cambió la toalla de Jared, ya que la que tenía estaba completamente empapada, al igual que la de Doce y la de su esposo.

Pero no hubo nada más de aquella familia, como si su amabilidad se hubiera acabado al decidir qué hacer con ella.

“Nada en esta vida es para siempre…” Con todo ya guardado en el automóvil y cada uno entrando por su respectiva puerta, Jared volteó a verla y le hizo una seña para que se acercara al auto.

Doce no era ninguna idiota, sabía perfectamente qué hacer.

Abrió la puerta con tranquilidad y subió al interior.

Se acomodó en el asiento y soltó un suspiro de alivio.

La toalla, ahora empapada, no la cubría del todo del frío, pero estar en el automóvil, con todo cerrado, le permitió reunir algo de calor.

Los dos esposos iban adelante; en los asientos de atrás, Jared y Doce.

El hombre encendió el auto y comenzó a conducir por la carretera.

Doce miró por última vez por la ventana a aquella montaña.

Aquellos recuerdos que tuvo.

Aquellos hermanos.

Aquellos dolores.

Todo lo estaba dejando atrás.

Ahora debía empezar una nueva vida.

Pero no lo olvidaría, gracias a quienes, tenía esa oportunidad de poder vivir una vida normal, como todos los demás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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