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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 8

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8: Oportunidad 8: Oportunidad “No esperes a que la oportunidad llame, sal a buscarla” –Libe Gloze A-12 Doce quedó impactada por la pregunta de Dalia.

¿Era una broma?

¿No era este el momento en que Dalia, incrédula, la echaría de su casa, dejándola a su suerte?

¿Por qué le preguntaba eso?

¿Con qué objetivo?

¿Qué pensaba en esa pequeña cabeza para proponerle tal cosa?

¿El uso de su don para romper las puertas la había afectado tanto?

“¿Qué tiene en mente?

No, más bien, ¿Debería aceptar la oferta?” Doce inclinó levemente la cabeza, observando a la mujer, buscando algún indicio de burla en su rostro.

Pero no había nada de eso en ella; al contrario, Dalia parecía esperanzada de que Doce aceptara su propuesta.

Doce estaba entre la espada y la pared.

Aceptar significaba muchos peligros: nuevos experimentos, usar su don hasta el límite, correr el riesgo de ser su esclava o ser estafada de alguna forma.

Pero tampoco podía rechazarla.

Le había contado la verdad, le había demostrado de lo que era capaz, y aun así le proponía trabajar para ella.

Si la rechazaba, ¿La mataría?

¿La torturaría?

¿O simplemente la abandonaría en algún lugar lejano?

“No puedo desaprovechar esto, es una oferta única.

A la mierda las consecuencias, quiero vivir.” — ¿Por qué me propone eso, Sra.

Dalia?

-preguntó Doce con cautela, intentando tantear el terreno en el que estaba a punto de adentrarse.

—Mira, Tanya, es algo difícil creer todo esto.

Pero no puedo simplemente negar todo y cerrar los ojos ante tu “demostración” con las puertas.

Pero no solo eso me hizo proponerte esto.

En realidad, he notado desde que te vi en aquel bosque… que no eres una chica normal.

“¿Cuándo se dio cuenta?

Esta mujer… es más peligrosa de lo que pensaba.” Doce se sorprendió por las palabras de Dalia.

¿Había hecho algo que la hiciera sospechar?

¿Qué pudo haber hecho?

No había cruzado palabra con ella hasta ahora, por lo que no pudo haber dicho algo que la delatara.

Entonces fueron acciones, pero ¿cuáles?

— ¿Qué le hizo sospechar?

—Primero que todo, una chica en medio del bosque con una herida grave con riesgo mortal no es nada normal.

Además, en todo el trayecto, no gritaste o lloraste por ayuda a tus “supuestos padres”.

Cualquiera en tu posición no lograría contener las lágrimas por la gravedad de tu herida o por el momento del choque.

Y aun así lograste mantenerte al margen e incluso consciente durante todo el viaje hasta aquí.

“Bueno, tiene razón.

Debí haber sido más dramática.” —En segunda, cuando logré hacer la sutura en el automóvil, observé ciertas cicatrices solo en tu abdomen.

Eran casi invisibles, pero no para mi vista.

“Otro punto a tomar en cuenta.

De ahora en adelante, debo ocultar mis cicatrices con algo.

Posiblemente con maquillaje.

Solo serán en casos en los que esté frente a los demás.” —Y tercera, no hay ningún registro de ti en todo el continente.

O incluso en el extranjero.

Eres un fantasma.

Como si las personas que te crearon, en este caso, supieran lo que estaban haciendo y no fueran tontos al dejar alguna pista sobre ti.

Eres alguien sin huellas.

“Eso… no lo sabía.

Nunca lo había tomado en cuenta.

Supongo que desde que destruí el chip en aquel bosque, desaparecí por completo del mundo, podía pasar desapercibida.

Entonces no hay de qué preocuparse por el asesinato en el orfanato.

Espera… ahora que lo dice, y que también supo que mentía con el accidente automovilístico.

¡OH!

Ahora todo tenía sentido.” — ¿Usted me investigó mientras estaba inconsciente?

—No soy alguien que confíe rápido en las personas, además era necesario.

Me encuentro en un estado… muy vulnerable -Dalia evadió varias cosas y solo eligió una palabra para aclarar cómo era su vida.

“¿Qué escondes?

Ahora será mi turno de investigarte, Dalia.” La mujer, Dalia, dio un respiro profundo y se enderezó en la silla, adoptando una postura formal.

Asumió su apariencia de negocios.

—Si trabajas para mí, te daré lo que necesites o lo que quieras.

Así que dime, Tanya, ¿qué quieres a cambio de trabajar para mí?

-Fue directa al grano.

Doce dudó en responder al instante.

No sabía qué tipo de “trabajos” iba a realizar: si eran simples o graves, si debía poner su vida en riesgo o no.

Su pedido debía variar para que todo fuera justo.

Así que, primero, necesitaba saber qué quería Dalia.

— ¿Qué es lo que usted quiere de mí?

¿Fuerza física?

¿Mi intelectualidad?

—Quiero tu don -Dalia fue honesta.

Doce mentiría si dijera que no estaba algo sorprendida por su respuesta, aunque lo veía venir.

“Entendido, ella quiere mi don.

Es un precio algo alto.” Nunca había negociado con su poder.

Pero para usarlo en su máximo esplendor, debía estar en las mejores condiciones, tanto física como mentalmente.

Sin embargo, lo segundo ya estaba “jodido”, así que eso quedaba descartado de inmediato.

¿Qué era lo que Doce realmente necesitaba?

Algo que pidiera con rapidez y desesperación.

Doce supo al instante qué pedir.

—Quiero… un lugar para esconderme, un escape.

Soy una fugitiva.

Necesito estar fuera del ojo público y pasar desapercibida en todo momento.

Además, necesito todos los cuidados necesarios para potenciar mi don.

—Hecho -Dalia no lo dudó en absoluto-.

Busqué información sobre ti con los mejores investigadores y no encontraron nada.

Por lo tanto, no eres reconocida en ningún lugar.

Te quedarás aquí, te daré todo lo que quieras.

Pero, dentro de unos meses, cuando todo esto pase, necesitaré que te muestres al ojo público en algún momento.

No puedes pasar desapercibida toda la vida.

“Vivir aquí, con todas las comodidades.

Estar oculta por meses, el tiempo suficiente para que los científicos me den por muerta.

Pero aun así, sigo corriendo el peligro de ser reconocida si me llego a mostrar a los demás.” —Me reconocerán si me muestro ante los demás.

—No te preocupes por eso.

Pasarán meses; la imagen que esos “hombres” tendrán de ti es la de alguien sucia y herida.

Pero cambiaremos tu imagen, serás irreconocible para ellos.

Doce lo pensó más a fondo.

Dalia, quien no elegía las palabras correctas para describirla en ese momento, tenía razón.

Con el paso del tiempo, la imagen que tenían de ella se distorsionaría en sus mentes.

Además, estarían ocupados con más experimentos, por lo que no se acordarían de ella.

No es como si pasaran los años y alguien la recordara con detalle.

La idea de cambiar su imagen también la emocionó un poco.

¿Cuánto la cambiaría para que dijera que sería irreconocible?

Era un riesgo que estaba dispuesta a correr.

Era algo que estaba dispuesta a cumplir.

—Bien, trabajaré para usted, siempre y cuando respete los términos de nuestro contrato.

—Soy alguien que jamás rompe su palabra -Dalia le ofreció su mano.

Doce miró su mano sucia.

¿A la mujer no le molestaba ensuciarse la suya con la de ella?

No lo pensó mucho, y aceptó su mano, apretándola ligeramente.

El trato estaba cerrado.

—Bien -Dalia deshizo el apretón de manos lentamente-.

Enviaré a unas empleadas para que te arreglen y te traigan comida.

Mañana por la mañana te diré qué debes hacer.

Por ahora, descansa lo necesario, porque trabajarás aun con esa herida.

“Lo dije y lo diré de nuevo.

Esta mujer es cruel.” —Comprendo, gracias por todo.

—No me agradezcas; te ganarás tus cosas a cambio de tu trabajo.

La mujer se levantó de la silla y caminó hacia la puerta de la habitación, saliendo sin mirar de nuevo a Doce, quien la veía entre divertida y agradecida.

Sabía que se había metido en algo peligroso.

Pero eso era mejor que morir en la calle sin haber vivido.

Dalia Malka La señora Dalia, como muchos la llamaban -una mujer cruel, calculadora, distante y fría, respetada por la mayoría, temida por algunos y odiada por pocos-, había tomado una decisión que cambiaría el curso de todo.

Caminaba por los pasillos de su mansión, con la mente llena de ideas.

Desde cómo utilizar a Doce como un arma y aliada, hasta tomar un papel que la definiría como alguien importante.

Pero antes de tomar esa decisión, debía hablarlo con su mano derecha, con la persona en quien sabía que podía confiar sus miedos y preocupaciones.

“Si todo sale bien, podremos salir de este problema y avanzar a un siguiente nivel.

Uno nuevo que nos pondrá aún más por encima de los demás.

Por encima de los odiosos Ashkenazi, Stern y Shahar, les cerraré la boca de una maldita vez.

Pero necesito hablarlo con él.” Dalia sabía muy bien que sería difícil convencerlo, pero cuando ella tenía preocupaciones o dudas, él siempre estuvo ahí para ella.

Incluso en sus momentos más vulnerables, él solo se preocupó por ella y nada más.

Su confidente y apoyo, ese era Noah.

Lo consideraba más que un amigo y empleado; era como su hermano.

En su búsqueda de Noah, se topó con algunas empleadas.

Les dio la orden de atender de la mejor manera a su nueva invitada… permanente.

—Desde ahora, Tanya podrá dar algunas órdenes a ustedes, ¿Oyeron?

-avisó Dalia fríamente a sus empleadas, quienes solo pudieron asentir con la cabeza-.

Y quiero que me informen en todo momento qué hace, dónde y cuándo.

Dalia siguió caminando por los pasillos hasta llegar a la oficina de Noah, pero no lo encontró allí.

Caminó a su habitación, pero tampoco lo encontró, ni tampoco estaba en el jardín, ni en la oficina de ella misma.

Solo le quedaba un lugar: la cocina.

El sonido de sus tacones era amortiguado por la mayoría de alfombras que decoraban los grandes y amplios pasillos.

Pasillos llenos de recuerdos dolorosos, pero era incapaz de quitar esos retratos de las paredes.

De algún modo, quería aferrarse a lo que tuvo en algún momento.

Además, le servían de recordatorio en qué había fallado y qué no debía volver a repetir.

Aunque ese error era algo que no podía repetir, para bien o para mal, ya había pasado y no podía regresar el tiempo.

Dalia llegó a la entrada de la cocina, limpia y reluciente, a excepción del manojo de nervios que era Noah mientras tomaba su té.

Esbozó una pequeña sonrisa; verlo en ese estado la reconfortaba.

Le hacía sentir que no estaba sola, que él la entendía por completo.

Él comprendía a qué le tenía miedo, qué la ponía nerviosa, qué la abrumaba y, sobre todo, qué la torturaba.

“¿Acaso está tomando té?” Noah, un hombre ya entrado en años, pero tampoco demasiado, estaba en un punto medio.

Bueno, ambos lo estaban: tanto Noah como Dalia comenzaban a entrar en la adultez tardía.

Sin embargo, el bigote de morsa de Noah lo delataba como el mayor, dejando a la vista las pequeñas canas que empezaban a aparecer en él.

Era un hombre competente y talentoso, abierto con ella, y su calma era la mejor de sus virtudes.

Pero esa calma se desvanecía cuando los nervios lo carcomían vivo; entonces se estresaba y se tensaba por completo.

Cada vez que se sentía nervioso, por poco que fuera, empezaba a volverse negativo y contradictorio.

Él solo buscaba la seguridad de Dalia y no lo hacía para fastidiarla, pero era difícil convencerlo cuando estaba en ese estado.

Aun así, ella necesitaba su opinión.

“Ya nos han pasado factura los años, Noah.” Dalia movió ligeramente una de sus manos y golpeó el marco de la puerta de la cocina, haciendo notar su presencia.

Noah se giró con la taza humeante de té en las manos y, al verla de una pieza, soltó un suspiro de alivio.

“Si está tomando té, ya es más que seguro que debo pedir té extra el próximo mes.” —Gracias a los cielos que estás bien -Agradeció él, dando un pequeño sorbo a su taza de té, y Dalia pudo ver cómo se relajaba un poco.

“El té es mágico para él, yo prefiero el café.” —No tenías que preocuparte demasiado; llevar al equipo de seguridad al cuarto fue algo exagerado, ¿sabes?

-Dalia ensanchó su sonrisa al recordar la escena.

Un atisbo de sonrisa apareció en el rostro de Noah.

—Bien, dejando eso de lado, dime: ¿qué haría yo si algún día te diera por teñirte el pelo de un color loco?

¿Llamaría al gobierno o convertiría la mansión en un manicomio y a la vez asilo?

Este comentario logró que una risa suave brotara en Dalia.

Noah, al ver su cometido, agrandó su pequeña sonrisa, que era medio tapada por su bigote.

—Recuérdame darte un aumento por tu gran preocupación a mis locuras de teñirme el cabello -Dalia se acercó a la mesa.

—Bueno, al menos ahora puedo dormir tranquilo sabiendo que estás a salvo.

Aunque, la próxima vez, podríamos probar con una alarma personal en lugar de llamar a todo el equipo, ¿no crees?

-El cuerpo de Noah se relajó mucho más, y dejó su taza de té en la mesa para prestar su completa atención a la mujer.

— ¿No estabas viéndonos a través de las cámaras de seguridad?

-encaró Dalia con un tono burlesco.

—Lo estaba -confesó Noah-.

Pero el ángulo no era el perfecto para saber cómo carajos las puertas del balcón se abrieron solas.

Entré en pánico.

Debo poner más cámaras en los puntos ciegos de la mansión.

—Eso suena mejor -Dalia estuvo de acuerdo, sonriendo de lado, esperando el momento perfecto para soltar lo que había hecho.

Noah notó algo extraño en el comportamiento de Dalia.

Sabía que ocultaba algo; llevaba varios años trabajando para ella y conocía cada una de sus expresiones y sus silencios.

Dio un leve suspiro.

Supo que le iba a proponer algo a lo que obviamente se iba a negar.

Pero, aun así, tenía que escucharla primero antes de negarse a lo que sea que diría o hubiera hecho.

— ¿Tienes algo que contarme?

-preguntó Noah, deseando con todas sus fuerzas que no fuera algo descabellado, aunque un mal presentimiento se le había instalado.

—Me conoces tan bien, Noah… -Dalia tomó algo de aire y soltó la bomba-.

Esa niña… le ofrecí el trato de que trabajara para mí, a cambio de su poder.

Los ojos de Noah se abrieron de golpe y su boca se entreabrió ligeramente.

¿Qué había hecho Dalia?

Noah no entendía por qué le ofrecería trabajo a una niña, y menos a una niña de la cual él sospechaba hasta de su propia sombra.

Había algo en ella que no le agradaba en absoluto.

Noah negó con la cabeza rápidamente.

“Aquí vamos…” — ¡¿Cómo se te ocurrió hacer tal barbaridad, Dalia?!

-se exaltó, llevando la mano al cuello de su camisa, sintiendo que lo asfixiaba-.

¡¿Sabes lo que acabas de hacer?!

Dalia le dedicó una sonrisa calmada.

Ya esperaba esa reacción y sabía más o menos cómo lograr que él se pusiera de su lado y la ayudara en todo.

—No tienes que alterarte, ya está hecho -le confirmó rápidamente.

Noah volvió a abrir la boca, pero la cerró segundos después.

Intentaba encontrar posibles razones reales de por qué Dalia había hecho eso.

Incluso por su mente pasó la idea de que le estaba jugando una broma.

Su mano se dirigió a su taza de té y dio un largo trago, sintiendo cómo el té le ayudaba a calmar un poco los nervios.

Luego dejó la taza de nuevo en la mesa, sobre su respectivo juego con su plato.

Su semblante se tornó serio; puso en orden sus pensamientos y habló nuevamente.

— ¿Puedo saber qué te llevó a tomar tal decisión?

-Su tono de voz era firme.

—Los beneficios.

Ella es especial en todos los aspectos -Noah pellizcó el puente de su nariz, intentando mantenerse firme.

— ¿Estuviste expuesta nuevamente al nuevo producto?

-preguntó, deseando que esa fuera la respuesta a todo, y que esa plática se debiera a los efectos secundarios del producto.

Dalia borró su sonrisa.

No lo creía en absoluto.

A lo mejor no se había expresado correctamente.

Debía ser firme con él y dejarle todo en claro; que solo le quedaba la opción de ponerse de su lado, lo quisiera o no.

No era la primera vez que lo hacía, y ella misma estaba segura de que tampoco sería la última.

—No, no he estado en contacto con nada relacionado al negocio -comentó seria-.

Hablo en serio, ella es especial.

Tú lo viste también en las cámaras.

Ella no es alguien normal.

Abrió las puertas del balcón con su mente.

—Pudo haber sido un intento de asesinato, Dalia -Noah buscó explicaciones no tan descabelladas-.

Pero si no fuera eso, hay muchos vientos fuertes últimamente; no es loco pensar que el viento azotó las puertas con tanta fuerza que logró abrirlas y romperlas.

Dalia hizo una mueca de incredulidad.

“¿En serio?

¿Me estás diciendo loca en pocas palabras por no buscar el lado lógico a todo esto?” — ¿Y la herida en su abdomen?

Ambos sabemos que una herida así lograría sacarnos al menos un grito, pero ella no emitía ni un ruido.

Además, las cicatrices en su abdomen son algo de lo cual debemos extrañarnos.

—Tal vez solo soporta muy bien el dolor, los jóvenes de hoy en día son cada vez más fuertes -argumentó Noah-.

Y respecto a las cicatrices, los niños se caen y se lastiman, pueden ser de un pequeño accidente.

—Noah, ella no es… humana, por decirlo de esa manera -declaró Dalia.

Esa fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de Noah.

La observó disgustado por sus palabras.

Ahora, la idea de que sí estuvo en contacto con el producto sonaba cada vez más convincente.

— ¿Te estás escuchando?

¿Que ella no es humana?

¿Entonces qué es, la hermana de Gandalf?

-Noah no se creía nada.

Dalia arrugó la nariz ante la negativa de Noah a creerle.

Ahora entendía por qué Tanya había estallado en furia cuando ella no le creía.

“Perdóname, niña, desconfiar de todo es algo normal en esta vida, ya lo entenderás algún día.” —Ella me lo confesó, Noah, no es humana y fuiste tú quien trató de investigarla junto con los búhos.

No encontramos nada.

Su versión coincide con todo esto.

Además, las cicatrices que vi… ella dice la verdad.

— ¿Oh, en serio?

¿Y cuál es su versión?

-preguntó Noah divertido, tomó su taza de té vacía y caminó a la estufa donde permanecía la jarra de agua caliente junto con las hierbas de té.

—Escapó del lugar en donde la tenían oculta, y luego se quitó un chip que traía justo donde está su herida en el abdomen -resumió Dalia, omitiendo muchas cosas-.

Ella es alguien especial, y la necesito a mi lado.

—Dalia, con todo respeto -Noah se volteó con su tasa nuevamente llena de té-.

Necesitaré los detalles que estás omitiendo, no te creeré nada si me ocultas todo.

Dalia maldijo en voz baja que Noah supiera leerla a simple vista.

Noah permanecía sereno mientras revolvía gentilmente una cuchara en su taza de té.

Tenía la idea clara en su cabeza de que ella estaba jugándole una broma.

—Me confesó que es un experimento fallido del gobierno, que trató de escapar con sus hermanos, pero solo ella logró sobrevivir a la matanza.

Ella tiene el don de la psicoquinesis.

Llegó a nosotros tratando de escapar de aquellos quienes la crearon -Noah detuvo el movimiento de su cuchara-.

Tiene un don especial, un poder.

Si tenemos eso a nuestro favor, nos quitaremos muchas cosas de encima.

La necesitamos.

Noah se sentía algo molesto, creyendo que la niña era buena manipulando y que logró manipular a Dalia.

¿De verdad creyó esa mentira?

¿Esa niña es tan buena jugando con la mente de las personas?

—Dalia -la llamó con un tono molesto-.

Te respeto y siempre lo haré, pero lo que me estás diciendo no tiene sentido alguno.

Esa niña no tiene ningún poder, ella puede haber sido enviada por algunos de los hombres que no te agradan.

Que no lográramos juntar nada de información acerca de esa chica no quiere decir que ella tiene razón y sea una fugitiva.

Todos estarían buscándola.

—Abrió las putas puertas delante mío con solo mover su mano, Noah -alzó un poco la voz Dalia-.

¿Cómo explicas eso?

—Fácil, pudo haber sido un intento de asesinato de parte de alguien no deseado, como ya he dicho antes -Noah bebió un poco de su té.

No debía perder la razón y no debía alterarse-.

El gobierno no puede hacer tal acto, no se arriesgarían a que uno de sus secretos sea libre y ande divulgando la verdad de todo; la matarían rápidamente si eso fuera cierto.

Dalia tomó aire de nuevo, maldiciéndose por haberle alzado la voz a Noah.

Debía actuar madura.

Ella era Dalia Malka, no debía mostrar sus emociones.

—Noah, en este mundo las personas buenas son mentira.

Nadie es bueno porque sí.

Y las personas con poder son las peores.

La gente es capaz de todo, y el maldito gobierno es lo peor de todo el universo -su tono era melancólico y a la vez lleno de furia-.

Nosotros no somos quienes para juzgar, lo sé muy bien, no somos ningunos santos.

La sangre ha manchado hasta nuestra sombra… Recuerda para quienes trabajamos, quiénes son nuestros clientes frecuentes.

“Ellos dicen ser los buenos, pero son los primeros en ensuciarse las manos.

La única diferencia es que ellos tienen uniformes y nosotros, no.” —El gobierno es como un espejo: se ve muy bien por fuera, pero por dentro está todo podrido -recitó Noah con un suspiro.

—Es como un juego de ajedrez, pero con vidas humanas.

Ellos mueven sus piezas, nosotros movemos las nuestras.

Y al final, todos perdemos -Dalia apretó levemente sus manos y las convirtió en puños-.

Pero yo no quiero perder, ya no más, y para eso la necesito a ella.

Dalia parecía perder las fuerzas con esas últimas palabras.

Su mano, deshaciendo el puño, fue a posarse inconscientemente en su vientre.

Su rostro, antes melancólico y furioso, dio paso a uno decaído, con la mirada perdida en ese sutil movimiento de caricia en su abdomen.

Esas pistas daban a entender a qué se refería.

“Ya no quiero perder, ya no más…”.

Noah notó esto.

Él sabía muy bien que Dalia era infeliz, no debía complicarle todo, debía apoyarla.

Se prometió, desde ese fatídico día, que la protegería de todo, incluso de sus propios pensamientos y recuerdos.

Noah iba a tocar un tema muy sensible.

Ella le había ordenado jamás volver a mencionarlo.

Pero lo que Dalia ignoraba era que ese tema la estaba ahogando lentamente en una profunda tristeza.

—Dalia -habló Noah con suavidad-.

No es tu culpa lo del “incidente”.

—Lo es, Noah -su voz era apenas un susurro.

—No, no lo es.

Los exámenes de Víctor dieron como resultado que fue por estar en contacto con los químicos altamente tóxicos -le recordó Noah con su voz suave, dejando de lado su tasa.

“No lo sabes y nunca lo sabrás.” —Es mi culpa, estuve expuesta varias veces a esos químicos, me lo advirtieron y aun así yo… —Hacías tu trabajo -la interrumpió Noah-.

Eres la encargada de revisar cada cosa, tus padres sabían a qué te exponían.

—No hables de los fantasmas -pidió Dalia amablemente, apartando su mano de su vientre-.

Eso no me quita el peso de los hombros.

—Dalia… —Escucha, Noah, todos saben lo que pasó, o si no lo saben, solo han escuchado rumores, pero todos están al tanto de lo que ocurrió ese día -se tensó levemente.

Recordar esos días la torturaba en silencio y hasta en sus sueños.

—Silenciamos a todos los que sabían la verdad -mencionó Noah-.

No saben cuál es la verdad.

—Pero lo mencionaron en la junta -señaló Dalia-.

Lo sospechan.

Un paso en falso y todo caerá.

Por eso me abandonó Ralph, él lo sabía.

Sin heredero, todo caerá.

Noah apretó los labios.

Ralph, la última persona en apoyar a Dalia, los había abandonado cuando ella tuvo el aborto espontáneo.

Y desde entonces, solo les había traído problemas.

“Desde entonces, Noah ha estado conmigo día y noche, cada hora, cada minuto, cada segundo.” —Bien entonces… ¿Cuál es su plan?

-preguntó Noah, desviando el tema-.

Esa chica es un fantasma, así que puede ser moldeada fácilmente.

Solo falta alimentarla bien hasta que tenga un peso adecuado, y esas cicatrices… taparlas con algo de maquillaje.

Dalia levantó la vista y se fijó en Noah.

¿Iba a apoyarla en su plan?

Una sonrisa de pura felicidad apareció en su rostro; eran ella y Noah contra el mundo, los dos juntos.

—Esto es lo mejor, Noah.

Ella, con un solo movimiento, abrió las puertas del balcón con tal fuerza que logró romperlas; es un arma andante.

Su potencial es increíble.

— ¿Puedes repetir qué tipo de “poder” posee la chica?

—Ella posee el don de la psicoquinesis, es letal.

Apuesto a que puede atacar a distancia y levantar cosas pesadas.

—Esto parece sacado de un libro de ciencia ficción o de las nuevas películas -replicó Noah, sobándose la frente con la mano.

—Noah -la llamó Dalia con un tono fastidioso.

—Es muy difícil de creer, una niña como ella con ese poder.

Parece que me describes a esa protagonista de la película Carrie.

—Mira, si logramos jugar bien nuestras cartas, ella podrá tomar varios papeles aquí, en la mansión, así podremos bajar la cantidad de empleados y posibles traidores o ratas -añadió Dalia, presentando su punto de vista.

Noah movió ligeramente sus hombros tensos.

Lo que había escuchado sonaba a una idea totalmente descabellada.

Pero, por un lado, lo consideró unos segundos.

Si lograban rebajar el número de empleados, evitarían más atentados en contra de ella.

Pero, por favor, ¿una niña moribunda con poderes mentales los cuidaría?

¿Se convertiría en sus guardaespaldas?

¿Una niña?

¿Qué tan bajo habían caído?

— ¿Qué es lo que quiere la chica a cambio de “trabajar” para ti?

¿Propiedades?

¿Dinero?

¿Parte de las ganancias del negocio?

¿Secretos sobre los productos y contactos?

—Lo curioso es que no pidió nada de eso.

Estaba lista para hacerle un cheque arriba de los millones, con una cifra de siete u ocho números, pero no pidió eso -Noah empezó a confundirse-.

Ella pidió estar oculta, solo eso.

— ¿Oculta?

¿De qué y de quién?

¿Oculta en dinero?

¿Oculta aquí?

¿Oculta entre hombres y droga?

—Oculta del ojo público, eso es lo único que me pidió, además de las necesidades básicas para vivir cómodamente.

—Esto no suena nada justo, o normal.

Pedir solo eso… —Por mí, mejor si no agregó nada más.

Pero ya aceptó el trato, así que mañana empieza a estar en servicio.

Desde mañana, Tanya trabajará para mí y también para ti.

Noah ladeó lentamente la cabeza, no estaba tan convencido por lo que estaba escuchando.

— ¿Sabe cuáles serán los problemas si alguien se llega a enterar de esto?

—Ya pensé en eso -Dalia sonrió de oreja a oreja-.

Si alguien se llega a enterar sobre esto, no sabrán la verdad porque o los callamos o los enterramos.

Pero si alguien llega a huir, nadie le creerá, y solo habrá rumores.

Y además, si alguien está interesado en “saber la verdad”, tendrá un alto costo tener a una Malka trabajando para esa persona.

Noah se asombró por sus palabras, pero notó que no la llamó “asistente” ni nada, sino que más bien la llamó por el apellido que solo les pertenece a los más poderosos.

Comprendió a qué se refería.

— ¿Usted está diciendo que la adoptará?

-La mujer asintió ante su pregunta-.

Eso ya no suena a que sea parte del trato que hizo con la chica.

Estará molesta cuando sepa cuáles eran sus verdaderas intenciones.

—No tiene por qué molestarse.

La salvé de morir.

Prácticamente ahora su vida me pertenece, y haré lo que me plazca con ella -su tono fue serio y hasta amenazante-.

¿Estarás de acuerdo conmigo?

—Siempre -respondió Noah con toda su seguridad.

La mujer sonrió; el plan estaría en marcha a partir del día siguiente.

—Gracias por ayudarme siempre, Noah -agradeció Dalia, dedicándole una leve sonrisa.

A Noah se le infló el pecho de orgullo al escuchar aquellas palabras.

Pero sabía que lo que había hecho Dalia no sería un camino fácil.

Aun así, se esforzaría al máximo para no causarle problemas a ella.

Tenía que tener muchos detalles en cuenta.

— ¿Cómo es la forma de actuar de la chica?

-preguntó, listo para tomar notas mentales.

—Humana o no, tiene el cuerpo físico de una chica de catorce años, pero si hablamos de edad mental… es alta.

Es madura y sabe manejar las emociones, y no se deja abrumar por el pánico aunque esté al borde de la muerte -indicó Dalia, pensando en todo lo que había notado en tan solo unos minutos con Tanya, o como había dicho su verdadero nombre, Doce-.

Es capaz de leer su entorno y comprender ciertos temas; no habrá problemas con ella acerca de los temas intelectuales.

—Comprendo -Contesto Noah, tomando su taza de té y terminándosela por completo-.

Llamaré a la estilista de confianza y al sastre para que la ayuden con su apariencia.

Yo me encargaré de enseñarle los temas de etiqueta y conocimientos acerca del negocio.

—No hace falta eso último -lo interrumpió Dalia-.

Yo le enseñaré lo necesario sobre el negocio, después de todo, será mi hija adoptiva.

“Debo ser una buena educadora; una falla costará caro.” Noah sonrió ante aquellas palabras.

Ambos caminaron de nuevo, saliendo de la cocina y dirigiéndose hacia la habitación que, de ahora en adelante, le pertenecería a Doce.

Abrieron la puerta y se encontraron a una empleada dejándole algo de comida a Doce en la cama, y a otras dos empleadas limpiando la habitación de los pequeños cristales que habían salido volando de las puertas.

Doce miró a aquellos dos con un trozo de pan en la boca.

—Muy bien, escucha esto -Menciono Dalia y camino hacia ella-.

De ahora en adelante, serás Tanya, Tanya Malka

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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