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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 9

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Capítulo 9: Presentación

“Las palabras revelan al enemigo oculto”

–Libe Gloze

Tanya

(8 Meses Después)

Clases de todo tipo, explotación de su poder llevado al límite: Tanya se dio cuenta de que su nueva vida no era tan diferente de lo que había vivido en los laboratorios. La única diferencia era que ya no le negaban la comida ni un lugar cómodo para dormir, y tenía la libertad de ir a cualquier lugar de la mansión. Eso era, definitivamente, mucho mejor que antes. Pero no todo era color de rosas; las pesadillas iban en aumento. Había noches en que pasaba despierta, con ataques de insomnio que la dejaban durmiendo solo dos o tres horas al día.

El recuerdo del bosque donde lo perdió todo seguía presente en su mente; la culpa por la muerte de Ocho le quitaba el sueño. Se seguía culpando por todo lo que había pasado. Además, el sentimiento de vacío que Jared dejó en ella era tan insoportable que también contribuía a su insomnio. Se preguntaba día y noche: “¿Por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué este sentimiento?”. No tenía respuesta alguna, pero deseaba encontrarla.

Tanya decidió una cosa en sus noches de insomnio. En este mundo donde Noah le había enseñado más formas de asesinar, de portar un arma y le había dejado claro que el mundo jamás sería justo, que no era para personas frágiles, ella decidió convertirse en un monstruo.

El pasado quedó atrás. Esa chica llamada Doce, quien dudaba de sus acciones y era vulnerable, murió debido a la herida en su abdomen en aquel bosque. Pero, después de su muerte, nació una nueva chica: una chica llamada Tanya Malka, un monstruo viviente que solo vive para encontrar respuestas a sus preguntas y alcanzar la paz que un día ella y sus hermanos y hermanas lucharon por tener.

Clases de ética, sobre los negocios de narcotráfico de Dalia, sobre cómo ocultar las emociones, sobre economía y otras más; todo era fácil de memorizar, por lo que no tuvo ningún problema. Lo que sí le llamó la atención fue que Dalia era la alcaldesa de ese pequeño pueblo. Muchos dependían de ella sin que la gente de Hidetown lo supiera. El pueblo estaba en la palma de su mano. La gente la amaba, la adoraba como una diosa, como una salvación, y ahora era el turno de Tanya de unirse a todo eso.

Fueron ocho meses en los que Tanya logró recuperarse exitosamente de la herida gracias al médico personal de la familia Malka, Víctor, un sujeto callado pero bueno en su trabajo. Ocho meses en los cuales fue llevada a su límite mental, físico y de poder varias veces, cayendo desmayada en el jardín, alcanzando nuevos límites que la han puesto a prueba en su deseo de seguir viviendo. Ocho meses en los cuales tuvo pequeñas misiones junto con Dalia y Noah, en las cuales tuvo que robar, mentir e incluso asesinar. Ocho meses en los que ha logrado adaptarse a su nueva vida y comodidades, más los cambios en su apariencia. Ocho meses… en los que su mente se ha visto nublada algunas veces por Jared.

No lograba comprenderlo. Estaba agradecida con Jared, ya que sin él no hubiera llegado a esa ciudad y a esa estación de trenes. Pero por alguna razón, trató de buscarle sentido a su impulso de estar en ese lugar. Cuando buscaba una respuesta a sus actos, la sonrisa de Jared aparecía en su mente.

No había lógica alguna de que él siguiera en su mente hasta ese momento; habían pasado días, semanas y meses, pero el recuerdo de Jared lograba prevalecer. Sin embargo, evitaba pensar en qué la impulsó a estar ahí, así lograba concentrarse en… otras cosas. Pero a veces su imaginación volaba y se salía de control, pensando en varias cosas con Jared, desde una amistad hasta una relación de amantes. Pero debía enfocarse en lo más importante.

“¡Malditas hormonas! ¡Debía ser eso por qué no encuentro otra razón para eso! ¡¿O puede ser que no?!”

Debía enfocarse en seguir con su trabajo bajo el mando de Dalia, a quien, en parte, le estaba agradecida por salvarla y darle una mano cuando sentía que nadie la iba a ayudar. Pero por otro lado, en el fondo de su mente, y si es que tenía corazón, la odiaba. Odiaba la forma en que Dalia tenía control sobre ella, dándole órdenes, lanzándole sutiles y a veces no tan sutiles amenazas. Además, ese tipo, Noah, no le quitaba la vista de encima; la vigilaba a todo momento. Parecía que ella era la marioneta, Dalia la titiritera y Noah el ayudante.

“Ya no quiero ser un títere. No viviré de esta forma.”

El sentimiento de ser controlada y estar bajo el mando de alguien le recordaba cómo era antes. Odiaba esos sentimientos con toda su alma. Ella buscaba la libertad, y la tenía, pero limitada. Algo que no le agradaba para nada. Llevaba ocho meses con ellos, sin contradecir sus palabras o revelarse; era como un perro que seguía órdenes. Y aun así, no confiaban del todo en ella. Tenían tanta desconfianza que hasta ordenaban a las mismas empleadas que la vigilaran.

“Es fácil perderlas… pero sus presencias son molestas.”

Su mente divagaba en muchas cosas: su nueva identidad, su cambio drástico de apariencia y personalidad, su mente siendo invadida por Jared algunas veces. Pero también pensaba en sus hermanos y hermanas fallecidos. Deseaba que ellos estuvieran a su lado. Además, el sentimiento de culpa que tenía aún reposaba en sus hombros; jamás se perdonaría por lo de Ocho. Los ruidos de unas aves llamaron su atención, mirando hacia la ventana de su habitación. Eran aves.

“¿Más aves? ¿Que no las asesiné a todas?”

En esos meses que ha estado como algún tipo de guardiana para Dalia, ha tenido que hacer varias… cosas. Su poder, tenía que usar su poder a cada rato. Pero para entrenar mejor con algo en movimiento, usaba las aves. Noah era el encargado de esto; solo con verla asesinar algo en movimiento con el simple ademán de sus manos, él al fin creyó en los poderes de Tanya. Y así, comenzó un entrenamiento feroz para poder usar su poder al límite, logrando que las consecuencias fueran horribles.

“Ja, aun recuerdo cuando Noah descubrió mi poder.”

Casi le dio un infarto a Noah cuando la vio asesinar un ave en el aire por accidente. Por supuesto que se lo contó a Dalia, y ella empezó a capturar aves para poder entrenarla. Pero, ¿cómo les decía que fue un accidente y que las aves jamás tuvieron la culpa de algo para ser asesinadas por sus manos? No tenía intención de lastimar a las aves. Tuvo largas charlas con Dalia acerca de eso, pero con muchas pláticas, regaños y tratos, decidieron darle otro tipo de entrenamiento: ahora usando su poder para asesinar… humanos, personas que le debían dinero a Dalia.

Creando un juego macabro donde estas personas inocentes elegían un arma cualquiera -armas de fuego, blancas o incluso explosivas- y tenían que darle un golpe o herir de gravedad a Tanya para salvar su propia vida. En este caso, Tanya debía no solo detener los ataques, sino también asesinar a estas personas o, de lo contrario, ella perdería la vida. Todo esto mientras Dalia y Noah observaban.

“¡Putos enfermos!”

Además de esos pequeños juegos macabros, también le enseñaron defensa personal usando sus poderes. Era un pago muy pequeño, con tal de no lastimar a las pequeñas aves. Los animales no tienen voz para confesar sus pecados, pero los humanos sí.

En este momento, Tanya estaba enfrente de las puertas de cristal que daban una vista hermosa al jardín de la mansión. Las empleadas habían terminado de arreglarla y la habían dejado sola en su habitación, luchando con sus pensamientos y sentimientos intrusivos. Pero luego sintió una presencia detrás de ella y un sonido de algo golpear la puerta. Fijó su vista en el reflejo del cristal y observó cómo la puerta de caoba oscura se abría para dejar entrar a Noah.

Lo primero que hizo Noah fue quedarse en la puerta con la vista fija en la espalda de la ahora llamada Tanya. Ella lo seguía observando a través del reflejo de la puerta; ambos sabían que se estaban mirando. Noah dio un ligero suspiro ante el inminente silencio entre los dos.

—Debo decir que… se ve muy diferente de cuando llegó aquí. Ahora, parece dos personas completamente diferentes -confesó Noah

Tanya alzó una ceja; el comentario de Noah le divirtió un poco. Era verdad: una chica sucia, herida y desnutrida llegó hace ocho meses. Pero ahora, era una chica completamente aseada, recuperada y con el peso apropiado. Alguien nueva.

“Si… puede que sea el cabello, no lo he cortado y jamás lo hare dejare que crezca hasta donde pueda. El cabello guarda secretos ¿No hermanos y hermanas?”

—Gracias -comentó Tanya en voz baja, y dejó de observar el reflejo de Noah. El jardín era su lugar favorito a la vista: solitario y frío, como una trampa siniestra.

Un carraspeo volvió a llamar su atención.

“¿Qué viene a continuación? ¿Un sermón? ¿Un consejo? ¿Una advertencia? ¿O otra amenaza?”

—Señorita Tanya, ¿alguien la ha “molestado” hoy? -preguntó Noah, dudoso, como si se hubiera debatido varias veces si hacer o no esa pregunta.

Tanya miró de nuevo el reflejo, y esta vez Noah no veía su espalda; la miraba directamente a los ojos, también a través del reflejo. Eso solo significaba que hablaba en serio y no por mera cortesía. Ella no quiso verlo así, así que volvió a enfocar su vista en el jardín.

Tanya se dio cuenta, en esos ocho meses que había convivido con varias personas, que había logrado dar un paso con Noah. Él le hablaba con más ¿confianza? ¿Preocupación? Noah tomaba en serio sus palabras; él la cuidaba cuando llegaba a sus límites y caía, además de darle buenos consejos cuando los necesitaba.

“Y aun así… no confía por completo en mí.”

Ella sabía a qué se refería; no hablaba de abuso físico como golpes o algo parecido. Hablaba de esos rumores… que resonaban por cada esquina de esa mansión desde que empezó su entrenamiento hacía ocho meses.

—Noah, es normal que se escuchen todo tipo de rumores acerca de mí -afirmó ella sin dudar-. Si yo estuviera en los zapatos de todos ellos, también crearía un sinfín de rumores acerca de esos temas.

—No, señorita, sabe que no pregunté lo que pensaba acerca de eso.

—Es normal que hablen ese tipo de cosas, no soy… humana, por decirlo de alguna forma. Y antes de que lo pregunte, no, no me molesta que digan esas cosas sobre mí.

—No es justo que hablen cosas tan… aberrantes a sus espaldas, señorita. Debe haber respeto para todos en este lugar, el respeto es la mejor forma para convivir. No importa cuántas llamadas de atención les dé, siguen hablando de usted de esa forma.

“Adoro ser el tema de conversación. Me encanta que la gente se interese tanto en mí”.

— Eso es mejor; que sigan hablando de mí. Los rumores nos llevan a una conclusión: me tienen miedo. Ellos me tienen mucho miedo. Y eso es mucho mejor que el respeto. Saben muy bien a quién hay que temerle y jamás faltar el respeto.

Noah soltó otro suspiro ante las palabras de Tanya. Negó con la cabeza y, con pasos seguros, se acercó a su espalda. Alzo la mano lentamente y la dejó caer suavemente en el centro de la parte superior de la cabeza de Tanya. No fue un golpe doloroso; era suave, como si una almohada la hubiera golpeado. No había dolor, pero logró mover un poco su cabeza.

“¿Otra vez? Odio que me regañe de esa forma.”

Después del golpe, Noah se posicionó al lado de Tanya, quien se acomodó el cabello que Noah le había alborotado un poco con el “regaño” que le dio. A Tanya no le agradaba que nadie la tocara, y mucho menos que alguien la golpeara. Pero por alguna extraña razón, los únicos golpes que ella recibía y de los que no se quejaba tanto, provenían de Noah. Las primeras veces que ocurrieron estos golpes, tomaron por sorpresa a Tanya. La ira aumentó en ella y, claro, le alzó la voz. Pero Noah solo volvió a golpearla de la misma forma y en el mismo lugar.

Tal vez lo dejaba pasar rápidamente porque el golpe no iba con la intención de lastimarla, sino que más bien, era para reprenderla de una forma mucho menos dolorosa. No importaba si ella se opusiera a este tipo de golpes; Noah seguía golpeándola cuando no pensaba cuerdamente la mayoría de las veces. Y ese momento fue ahora. Pero prefería este tipo de regaños y no los que le daban en el laboratorio.

Pero eso sí, él era el único que lograba dejarle pasar los golpes. Y de ahí, nadie más. En cambio, con Dalia, era un caso completamente diferente. Ella le explicaba sobre su “negocio” y en muchas ocasiones la tomaba del brazo o ubicaba sus manos en sus hombros para empujarla por varios lugares.

El contacto físico entre ellas era demasiado, algo que incomodaba por completo a Tanya, pero no podía hacer nada. Solo lo dejaba pasar, al igual que sus empleadas personales la seguían a casi todos lados y la preparaban para este tipo de ocasiones. Sabía cómo vestirse y arreglarse; no necesitaba de tantas empleadas para cada cosa. Pero Dalia no pensaba lo mismo. Aunque lograron reducir el número de empleados en la mansión, no fue demasiado, y a cada lugar al que iba, se encontraba a más de uno o dos empleados o empleadas recorriendo la mansión.

—No hable así, señorita -habló Noah, sacándola de sus pensamientos-. El respeto es mucho mejor que el miedo.

—Sabes muy bien cómo soy respecto a esos temas.

—Entonces, si los dirá, al menos sonría o dígalo mientras ríe. Así sonará menos tétrico de lo que se vio. Es más, muestre aunque sea dos expresiones al día. Parece una muñeca de porcelana o un maniquí que siempre tiene esa expresión seria todo el día.

—Me pides un milagro, Noah -bufó Tanya ante el pedido de Noah-. No debes preocuparte por mis expresiones, sé muy bien cuándo debo cambiar de expresiones.

—Por favor, no exceda en ese caso -bromeó Noah.

“Cambiemos de tema.”

—Cuéntame, Noah, ¿hay algo sospechoso con los demás “aliados” de la señora Dalia?

Noah volteó por completo su cabeza para ver a Tanya. Su pregunta lo había tomado por sorpresa. Tanya sabía muy bien que esos aliados a los que se refería eran esos hombres que vio en la cabaña. Aún los recordaba claramente, y recordaba sus intenciones e insinuaciones que le hicieron a Dalia.

En una de sus clases con Dalia, esta había hablado sobre sus aliados y los negocios que tenían. Solo les había enseñado una foto de cada uno, uniendo los hilos con las tachuelas en un tablero de corcho.

Dalia solo le dio información superficial: sus apellidos, qué negocios tenían cada uno y en qué la beneficiaban a ella. Pero fue sumamente fácil para Tanya, en sus noches de insomnio, colarse a más de medianoche en la oficina de Dalia. Allí, buscó los informes sobre estos sujetos en su escritorio y descubrió más detalles. Por ejemplo, lo más curioso era dónde tenían las teorías sobre dónde vivían, aunque nada era seguro. Según sus cálculos, cuánto sería su patrimonio y, sobre todo, en qué trabajaban con Dalia de forma mucho más específica.

“Te lo dije, Dalia, tú me investigaste a mí y yo haría lo mismo.”

Pero en esas noches de búsqueda de información, Tanya se encontró con la sorpresa de que cuatro hombres en específico trataron de estafarla y manipularla a Dalia, con tal de quedarse con su negocio. Además, uno de esos hombres era el ex-esposo de Dalia: Ralph.

Todos en la mansión desconocían que Tanya hacía esto varias veces. Así como ellos no fiaban de ella por completo, ella tampoco se fiaba de ellos. Así que se colaba a sus oficinas y varias habitaciones que eran “prohibidas para ella” pasada la medianoche.

“Solo por esos casos me gusta el insomnio.”

Y en una de sus exploraciones, se topó con la habitación de Dalia. Tanya siempre había vivido en la oscuridad, pero eso no significaba que fuera buena para moverse por zonas mucho más arriesgadas. Toparse con este lugar fue una mina de oro para Tanya. Descubrió muchas cosas, como por ejemplo, que Dalia no podía dormir sin su medicamento personalizado y que la mayoría de sus cajones tenían candados, guardando papeleo personal y sobre el negocio del narcotráfico. Pero logró encontrar un cajón sin candado. Al usar su don para sacar lo que sea que había en ese cajón y dejar todo como si nada hubiera pasado, regresó a su habitación. Más en específico, se fue a su balcón, donde la luna, que nunca la abandonaba, la acompañó nuevamente.

Esa noche descubrió sobre la vida personal de “la señora Dalia”. Ella se oponía a cualquier pregunta que Tanya le hacía sobre su vida personal, y ahora comprendía el porqué. Nació como hija única, siendo rechazada por ser mujer a lo largo de su vida. Se vio en la obligación de madurar rápidamente. Sus padres murieron en un atentado y, gracias a eso, se vio obligada a casarse a muy temprana edad para empezar a dejar descendencia. Pero debido a que la mayoría del tiempo estuvo expuesta a ciertos químicos, se volvió infértil, lo que causó su divorcio por falta de un heredero para el apellido y el negocio.

Desde esa noche, Tanya sintió algo de simpatía por aquella triste mujer, pero no la suficiente como para dejar de pensar cosas intrusivas sobre cómo conseguir su libertad por completo.

—Los movimientos de Ralph son algo sospechosos -anunció Noah, mirando el perfil de Tanya.

Tanya movió los ojos hacia la dirección de Noah y luego volteó su cabeza. Sabía que él no le contaría todo, que creía que Dalia le había informado sobre Ralph. Pero estaba totalmente equivocado.

— ¿Puedes ser más específico en “qué movimientos son algo sospechosos”, por favor? -Tanya empezó a jugar sus cartas.

Ella aclaró que solo quería saber y, además, lo pidió educadamente, algo que Noah le había enseñado en sus clases de ética. Noah se vio algo dudoso. La duda era justo lo que Tanya necesitaba para jugar su otra carta.

—Le he preguntado a la señora Dalia sobre ese tema, pero ella se niega rotundamente a contarme algo.

—Jamás vuelvas a preguntarle algo como eso a ella, cualquier duda siempre tienes que venir a mí -regañó Noah con voz seria; ya lo tenía.

—Entonces dime, si no tengo la información suficiente, cometeré un descuido. Y no podré estar protegiendo a la señora Dalia de todo si me falta información.

Tanya lanzó sus cartas. Notó que Noah era algo delicado y apegado a Dalia; era uno de sus puntos vulnerables, además de su té para los nervios. Le dijo una verdad y le creó una buena excusa para saber sobre esa información.

Noah procesó su pedido. Encontró sentido a sus palabras. La falta de información sobre algo podía terminar en un desenlace fatal, y su deber era proteger a Dalia. Por lo que accedió ante su pedido. Miró a la ventana, evitando la mirada de Tanya; si la miraba, sentía que de algún modo estaba traicionando a Dalia. Así que si no la miraba, no contaba como una traición, porque hablaba con la ventana, ¿cierto?

—Como sabes… la señora Dalia siempre ha estado evitando ese tipo de temas. ¿Qué tanto le contó?

Tanya no se asustó; había creado miles de respuestas para miles de posibles preguntas que le podía haber hecho. Ella también miró a la ventana.

—Muy poco, pero no hace falta preguntarle para saber que algunas cosas no están del todo… bien -agregó Tanya, y Noah tensó sus hombros-. Hay algunos retratos en los pasillos, y la falta de un hijo también es algo que no he podido pasar por alto.

Noah asintió con la cabeza, procesando sus palabras pensativo. Tanya se sintió orgullosa de sí misma al jugar muy bien sus cartas. Tuvo ocho meses para leer a cada persona de ese lugar, y Noah era el primero con el que jugaba, y claramente lo hizo de la mejor forma.

—La señora Dalia se casó muy joven con el señor Ralph -comenzó Noah a contar toda la historia, una historia que Tanya ya conocía hasta cierto punto-. Pero nunca lograron… consumar su matrimonio. -Tanya abrió levemente sus ojos, sorprendida por aquella revelación; eso no estaba en los papeles que leyó-. No había amor en ese matrimonio, fue un matrimonio forzado, por lo que cada quien tomó su camino en el negocio.

Tanya comprendió al instante. “¿Quién rayos quisiera acostarse con alguien donde no hay amor, ni siquiera deseo?”

Tanya comprendía completamente cómo se hacían los bebés y qué debía necesitarse para el acto, pero solo era experta en el tema científico, porque ella jamás sentiría algo parecido a lo que conocía. Por ahora, porque hay veces en que sus hormonas le habían ganado la batalla.

Ella pensaba que era un acto sucio, asqueroso, y además, la mujer es la única que corre el riesgo. Así que dijo: “No, gracias, eso jamás le llamará la atención”. Pero desde que había pensado en Jared y llegó a ese punto de hormonas altas, su mente divagaba en pensamientos algo un poco sucios.

—El señor Ralph se fue al extranjero para que el negocio creciera, mientras que la señora Dalia se interesó más en los productos y sus procedimientos, exponiéndose constantemente a varios químicos tóxicos.

“Si los químicos eran tóxicos, ¿por qué no usó algún tipo de seguridad?”

Era un detalle que estaba en su cabeza, pero Tanya decidió no interrumpir a Noah y esperó pacientemente a que terminara de hablar.

—Luego de algunos años, cuando tenían la edad adecuada, ambos decidieron tener un hijo, pero… la señora Dalia no lograba quedar embarazada. Hicieron dos intentos más, pero no dio resultado. El doctor Víctor hizo todo tipo de exámenes para descartar todo tipo de respuestas a esto.

“Víctor. No hay mucho sobre él. Solo se sabe que vive en el pueblo junto a su familia. Tiene una clínica donde también recibe a la gente del pueblo y que, además, es consciente del tipo de trabajos que hacen… que hacemos en esta mansión.”

—Al final, luego de descartar varias cosas, se descubrió que la señora Dalia se volvió infértil gracias a los químicos a los que ella estaba expuesta cada día por su trabajo -se podía notar la tristeza en el tono de voz de Noah.

“No tomaron las medidas necesarias para ella, y gracias a eso ella… Oh, ya comprendo todo. Así que eso fue lo que causó todo esto. No creo que alguien más sepa eso. Mientras no sepan la verdad de todo, será… mejor para mí.”

Tanya suprimió una sonrisa que amenazaba con salirse de su control. ¿Acaso ella era la única que notó esos pequeños detalles? Mejor, mientras menos supieran, todo sería más fácil. No le gustaría tener que callar voces con tal de seguir teniendo la ventaja.

—La señora Dalia se deprimió cuando recibió las noticias. Además, esto solo le trajo muchos problemas tanto para el negocio como en su matrimonio.

—Pero aun así, jamás dejó que el negocio cayera en picada -afirmó Tanya, logrando suprimir la sonrisa. Las señales eran claras y ella las notó enseguida.

—Sí… es una mujer fuerte. Con el apoyo de todos en esta mansión y el doctor, logró seguir con el negocio. Era lo que le quedaba de su familia y no lo dejó caer.

—Ella… no puede soltar las cosas con facilidad, ¿verdad? -Noah asintió cabizbajo.

—Se aferra mucho a su pasado; eso le está afectando ahora y mi trabajo es ayudarla a ver al futuro.

“¡Bingo! Un punto vulnerable de esa mujer. Su pasado.”

— ¿Y qué pasó con el señor Ralph? -Noah tensó aún más sus hombros ante la pregunta de Tanya.

—Él no se tomó tan bien la noticia acerca del estado de la señora Dalia. Las peleas que antes sucedían rara vez empezaron a aumentar. Eran consecutivas, la culpaba. Eso le afectó a él, pero no de la misma manera que a ella. Así que decidió… pedirle el divorcio a la señora Dalia.

Eran pequeños detalles los que Tanya no conocía, pero con lo que leyó aquella noche y con la información que recolectaba de Noah, tenía toda la versión completa y, además, la respuesta a todo eso.

— ¿Solo pidió el divorcio? -preguntó Tanya. Quería saber más sobre ese detalle; cualquier información era bienvenida.

Noah miró de reojo a Tanya, y ella copió su acción.

—No se fue solo con las manos vacías, ¿verdad?

La mirada de Noah confirmó las palabras de Tanya.

—Pidió el cincuenta por ciento de las propiedades del negocio.

“¡Avaricioso! No planeaste bien tu plan.”

—Supongo que claramente se negaron a su petición -Tanya volvió su vista a la ventana.

— ¡Claro que lo hicimos! -afirmó molesto-. Como no se llevó nada, ha estado atentando en contra de la vida de la señora Dalia. Papeles, demandas, emboscadas, actores. Ha intentado de todo para hacerle daño.

— ¿Ganaría el negocio si la señora Dalia llega a salir herida o ya no puede hacerse cargo del negocio?

Noah ladeó la cabeza entre aceptar el peso de contestar esa pregunta o no. Pero finalmente, soltando un suspiro ligero, le contestó.

—Se aferra mucho a su pasado; eso la está afectando ahora y mi trabajo es ayudarla a ver el futuro.

“¡Bingo! Un punto vulnerable de esa mujer. Su pasado.”

— ¿Y qué pasó con el señor Ralph? -Noah tensó aún más sus hombros ante la pregunta de Tanya.

—Él no se tomó tan bien la noticia acerca del estado de la señora Dalia. Las peleas que antes sucedían rara vez empezaron a aumentar. Eran consecutivas, la culpaba. Eso le afectó a él, pero no de la misma manera que a ella. Así que decidió… pedirle el divorcio a la señora Dalia.

Eran pequeños detalles los que Tanya no conocía, pero con lo que leyó aquella noche y con la información que recolectaba de Noah, tenía toda la versión completa y, además, la respuesta a todo eso.

— ¿Solo pidió el divorcio? -preguntó Tanya; quería saber más sobre ese detalle, cualquier información era bienvenida.

Noah miró de reojo a Tanya, y ella copió su acción.

—No se fue solo con las manos vacías, ¿verdad?

La mirada de Noah confirmó las palabras de Tanya.

—Pidió el cincuenta por ciento de las propiedades del negocio.

“¡Avaricioso! No planeaste bien tu plan.”

—Supongo que claramente se negaron a su petición -Tanya volvió su vista a la ventana.

— ¡Claro que lo hicimos! -afirmó molesto-. Como no se llevó nada, ha estado atentando en contra de la vida de la señora Dalia. Papeles, demandas, emboscadas, actores. Ha intentado de todo para hacerle daño.

— ¿Ganaría el negocio si la señora Dalia llega a salir herida o ya no puede hacerse cargo del negocio?

Noah ladeó la cabeza entre aceptar el peso de contestar esa pregunta o no. Pero finalmente, soltando un suspiro ligero, le contestó.

Dalia había omitido algunos detalles que le había contado a Noah. No es porque quisiera ocultarle cosas, sino que la mente de la mujer la traicionó al empezar a crear varios escenarios en los que ella saldría más beneficiada de diferentes formas. Esto dejó a Noah con una laguna mental a medio completar. Así que, como le había dado información “privada”, debía recibir algo a cambio.

“Un trato justo, para ser sinceros.”

Tanya contempló por unos minutos el jardín, pensando en qué decirle a Noah. Al final, decidió ser honesta. Total, no sabía si le creería o no. Buscó en su memoria qué recuerdos le relataría. Oscuridad, dolor, operaciones. Era lo único que su mente le recordaba rápidamente, así que fue selectiva con sus memorias.

— ¿Qué tanto sabes? -le preguntó con cautela.

—Lo que le contó a la señora Dalia -respondió, dedicándole una mirada ansiosa.

Tanya no encontró atisbo de amenaza o futura trampa en su mirada. Solo notó curiosidad.

—Sí, recuerdo esos días -contestó, esquivando la mirada de Noah-. Pruebas, celdas y dolor es lo que más recuerdo. Mi ADN fue alterado y combinado con los materiales encontrados después de la Tercera Guerra Mundial.

Noah asintió con la cabeza, dándole a entender que comprendía lo que decía y que, por favor, prosiguiera.

—Materia y elementos nunca conocidos en la tabla periódica, y además, alterados por la alta radiación de la bomba que impactó en Ozel. Mucho antes de que el lago Moonlight existiera —Tanya fue específica en su explicación, llamando la atención de Noah con eso.

—Materia y elementos. Antes de que el lago existiera -se quedó pensativo unos segundos-. Usted habla de los “químicos” que negociamos con los demás

— ¿Ustedes conocen estos elementos? -preguntó curiosa Tanya, pero aun así no volteó a ver a Noah.

—Son químicos altamente peligrosos y únicos. Difíciles de conseguir para los demás, pero para este negocio, es una tarea completamente fácil -explicó, alejándose de la ventana y caminando hacia una esquina-. Los productos que creamos y comercializamos, tienen una gran base de esos químicos.

“Entonces mi ADN, no, mi sangre ¿Puede crear más variantes de productos?”

Unos pasos conocidos resonaron cerca de su habitación. Tanto Tanya como Noah reconocieron de quiénes eran esos pasos. Luego de unos segundos de esperar, la puerta se abrió abruptamente, dejando a la vista a Dalia. Vestía formal y elegante, arreglada y maquillada.

Su mirada primero se posó en Noah, quien solo la saludó con un asentimiento de cabeza, y luego su mirada pasó a Tanya. Una sonrisa de orgullo adornó el rostro de Dalia. Observaba a Tanya como su mejor creación, como su as bajo la manga, como un trofeo, una herramienta que puede usar a la perfección.

Con pasos seguros se acercó a Tanya, observando cada aspecto de ella. Sus zapatos bien lustrados, su ropa sin ninguna arruga, un leve maquillaje en el rostro de Tanya haciéndola lucir más bella de lo que era y, por último, su cabello ondulado oscuro. Antes era tan largo que le llegaba más abajo de la cadera, pero ahora que la arreglaron y perfeccionaron, su cabello era brillante, suave y debajo de los hombros, recogido en un moño suelto y algunos mechones sueltos que le daban el aire cautivante.

—Veo que ya estás lista, Tanya -le dedicó una sonrisa ladeada.

Tanya supo en su interior que aquella sonrisa no era para ella, sino que la mujer sonrió para sí misma. No la miraba como su hija adoptiva, y eso que habían firmado los papeles después de unas pruebas que ellos llamaron difíciles, sino que la miraba como siembra de lo que había cosechado hace meses. El fruto de su decisión estaba frente a ella, lista para ser masticada a su antojo.

—Siempre estoy lista, señora -Tanya le dedicó la misma sonrisa

La sonrisa de Tanya se notaba tan natural que un atisbo de sorpresa atacó los rostros de Noah y Dalia.

“Las horas de practicar frente al espejo sirvieron de algo después de todo.”

—Perfecto, ahora vámonos. Todos nos esperan -anunció Dalia, cortante.

Ella regresó sobre sus pasos y salió de la habitación, seguida por Noah. Tanya vio por última vez su reflejo en aquellas puertas de cristal y salió de la habitación. En los pasillos resonaban las voces de la señora Dalia y Noah, y detrás de ellos, los pasos de Tanya eran amortiguados por la alfombra que cubría el pasillo.

En el camino, se toparon con varios empleados que, al ver a Dalia y Noah, agachaban la cabeza en señal de respeto. Pero al pasar Tanya, ellos seguían con la cabeza agachada, tratando de mostrar respeto. Sin embargo, tanto Tanya como los empleados que agachaban su cabeza hacia ella sabían muy bien que no era tanto por respeto, sino más bien por temor.

“Me ven como una verdadera asesina, qué divertido…”

El pensamiento de aquellos empleados hacia Tanya era confuso. Quedó muy claro que era la hija adoptiva de la señora a la que servían, pero muchos la veían misteriosa. No sonreía a menudo. Era perfecta en todo, como las máquinas. No era humana por su don, aunque muy pocos empleados sabían esto.

Tanya respiró profundamente cuando salieron de aquella mansión. Dejó de sentir el peso de aquellas miradas, algo agobiante pero satisfactorio al mismo tiempo. A todos les gusta recibir atención a un nivel moderado, pero no tanto como para agobiarlos.

Subió a la parte trasera del auto cuando Noah le abrió la puerta. Luego, él ayudó a abrir la puerta para Dalia, y por último, él mismo subió. Encendió el auto y abandonaron la mansión para dirigirse al pueblo.

El pueblo carecía de color, carecía de algo de alegría. Pero ese día era la excepción. El pueblo estaba adornado con muchos colores: postes de luz, locales, transportes. ¿Por qué se preguntarán? Porque ese día, se mostraría a la hija de la gran mujer Dalia Malka, la alcaldesa del pueblo.

Todo el pueblo celebraba la llegada de alguien a quien no conocían. Algunos, al ver el auto ya familiar para la mayoría, saludaban animadamente. Seguro todos pensaban que el pueblo estaba encantado de conocer a su futura alcaldesa, pero en realidad, era solo una buena excusa para no trabajar, celebrar y beber hasta el día siguiente.

El auto siguió avanzando hasta llegar al centro del pueblo, donde un escenario preparado los esperaba. Un cartel ya anunciaba el nombre de Tanya, acompañado del apellido que había recibido: Malka. No sentía nervios, ni tampoco miedo. Estaba ansiosa. Trataba de controlarse, pero la idea de pensar que, después de ocho largos meses, lo volvería a ver, la ponía inquieta.

“¿Habrá cambiado? ¿Creció más? ¿Estará feliz de saber que la verá de nuevo? Más bien, ¿la reconocerá? Espero que sí.”

El auto se detuvo. Primero, Noah bajó para abrir la puerta de Dalia. Ella mostró su mejor sonrisa al pueblo, que comenzó a adorarla como a una salvadora. Dalia se quedó a la par del auto mientras esperaba que Noah ayudara a Tanya a bajar. En el momento en que Tanya puso un pie en el suelo, todos quedaron asombrados. Un silencio se prolongó más de lo esperado.

Las miradas agobiaron a Tanya, su vista se posaba en cada persona buscando a Jared. Noah le indicó que siguiera a Dalia al escenario. Tanya lo hizo sin dudarlo. Al llegar a la par de ella, Dalia la atrajo a su cuerpo en un abrazo, enterneciendo al pueblo.

—Recuerda sonreír y ser amable -le recordó Dalia en un susurro al oído, con un tono frío y amenazante.

Tanya le devolvió rápidamente el abrazo y asintió ante el recordatorio. Al terminar el abrazo, Dalia se acercó a un micrófono y habló:

— ¿Cómo está mi adorado pueblo?

Las voces eran positivas, las respuestas eran agobiantes.

“¿Cómo pueden decir que sí, si el pueblo parece más un cementerio que un pueblo?”

Tanya empezó a sonreír y a actuar como una chica normalmente lo haría. Dalia comenzó a hablar con un tono amable y alegre, haciendo futuras promesas al pueblo para ayudarlo.

—Además, quiero presentarles a alguien muy especial -comentó sonriente, y con la mano acercó a Tanya al micrófono-. Mi hija.

El pueblo se asombró ante la confesión. Esto fue algo tonto, pues eso era lo que estaban celebrando en primer lugar, y en segundo, había un gran cartel con su nombre sobre ellas.

Dalia se hizo a un lado del micrófono, dejándolo completamente libre para Tanya. Ella entendió la señal y se acercó al micrófono. Inhaló profundamente y habló:

—Un gusto conocerlos a todos. Me llamo Tanya Malka -se presentó mirando al pueblo completo.

Pero su vista se posó en una persona en específico que alteró su sistema cardiaco. Esa sonrisa. Ese cabello. Era él. Era Jared.

La sonrisa de Tanya se ensanchó aún más.

“¡Te encontré!”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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