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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 97

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  3. Capítulo 97 - Capítulo 97: El espíritu del bosque ( cap 97 )
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Capítulo 97: El espíritu del bosque ( cap 97 )

Morgan retrocedió despacio, con el corazón latiéndole en la garganta. Su talón tropezó con una raíz y por poco cae, pero no se atrevió a bajar la mirada.

Los ojos amarillos seguían ahí.

Fijos. Pacientes. Como si llevaran mucho tiempo esperando.

La oscuridad era tan densa que era imposible distinguir una silueta, un cuerpo, algo que les diera forma. Solo flotaban en el negro absoluto del bosque, sin parpadear, sin moverse. Morgan tampoco parpadeó. Había algo en ese silencio en esa quietud que le decía que moverse era un error. Que apartar la mirada,aún que sea por unos segundos podría significar dárle la oportunidad a esa “cosa” de moverse y apartarse de su vista y hacer algo sin que el pudiera reaccionar.

No hubo necesidad de que Morgan parpadeara otros ojos aparecieron de la nada, abriéndose en la oscuridad, Tenían una tonalidad azul, algo brillosa, casi fría. Morgan comenzó a retroceder, despacio, con cuidado, midiendo cada paso. Pero más y más ojos empezaron a manifestarse a su alrededor, emergiendo desde la penumbra sin sonido, sin aviso. Los miraba a todos lados intentando contarlos, rastrearlos -y fue entonces cuando dejó de ver por dónde iba.

Tropezó.

Esta vez no hubo forma de recuperar el equilibrio -cayó al suelo, apartando la mirada apenas un instante. Cuando intentó fijarla de nuevo, algo se lanzó hacia él a gran velocidad. Morgan se cubrió el rostro con un brazo y se arrojó hacia un lado para esquivarlo, sintiendo cómo aquello pasaba rozándolo una ráfaga de aire leve, veloz.

Se quedó tendido en el suelo unos instantes, el rostro cubierto, la respiración cortada. Poco a poco fue bajando los brazos. Entonces los escuchó sonidos que, de algún modo, le resultaban extrañamente familiares.

Cuando se descubrió el rostro por completo, lo vio.

Esos ojos amarillos. Lo que había salido disparado hacia él. Era un búho – que había volado cerca rozándolo, y ahora estaba posado en una rama cercana, girando la cabeza lentamente, observándolo fijo con esa calma perturbadora que solo tienen los búhos.

Morgan exhaló.

– Puff… en verdad me asustaste, amiguito.

( Dijo, dejando escapar una carcajada baja y aliviada )

– Tal vez debería regresar.

( Murmuró después, con algo melancólico colándose en su voz )

– Tú qué opinas, amiguito. ¿Debería regresar?

( Dijo inclinando un poco la cabeza, imitando al búho, esbozando una sonrisa )

El búho lo miraba. Quieto.

Entonces llegó la voz.

Fría. Pausada. Viniendo de algún lugar detrás de él.

– Opino que un joven como tú no debería salir tan tarde a dar un paseo.

Morgan se levantó de un salto y giró. Su primer instinto fue mirar al búho por un momento absurdo pensó que había sido él pero el ave simplemente lo observaba, impasible. Luego abrió las alas y ascendió en silencio, rama por rama, hacia las alturas. Morgan lo siguió con la mirada.

Y entonces la vio.

Sentada en una rama elevada, casi fundida con la sombra, había una figura de aspecto humanoide. Llevaba una capucha que le ocultaba el rostro por completo pero tenía cierta presencia, un peso en el aire a su alrededor. Parecía sostener algo y beber de ello con calma absoluta, como si la noche le perteneciera. Búhos la rodeaban posados cerca, en silencio, como guardianes.

Morgan no supo decir en qué momento había aparecido ahí.

O si siempre había estado.

Morgan se levantó de golpe y retrocedió despacio, hasta que su espalda encontró el tronco de un árbol.

– Vaya… qué visitante tan curioso tenemos esta noche. ¿No lo creen?

Lo dijo aquel ente con una calma que helaba una voz suave, casi amable, que no debería haber provocado tanto escalofrío. Le dio un sorbo tranquilo a lo que bebía. Como si respondieran, los búhos del bosque comenzaron a ulular al unísono.

– Sí… tienen razón.

Habló de nuevo, esta vez con la naturalidad de quien continúa una conversación como si los búhos realmente le hubieran dicho algo y él simplemente estuviera de acuerdo.

Tomó otro sorbo y volvió su atención hacia Morgan.

– Dime, ¿qué lo trae por aquí a estas horas, mi estimado visitante?

Morgan no respondió. Solo temblaba.

Ante el silencio, la entidad intentó de nuevo.

– ¿Qué lo trae por aquí, jove…?

Se detuvo. Giró la cabeza hacia un lado demasiado, como lo haría un búho y su voz cambió, adquiriendo un tono levemente entusiasmado que resultaba más inquietante que cualquier amenaza.

– Oh… interesante. Qué visitante tan interesante. Puedo ver miedo, dolor, tristeza… pero también bondad. Amor.

Morgan parpadeó.

La entidad había desaparecido.

Miró a los costados, hacia arriba, hacia abajo no había nada. Solo árboles y oscuridad. Pero entonces su voz comenzó a llegar desde todas partes, con eco, como si se hubiera disuelto en la penumbra misma.

– Veo algo que aún no ha sido corrompido. Algo que no es de este lugar. Algo que viene de muy lejos.

Morgan apretó la espalda contra el tronco, buscando algo sólido a qué aferrarse.

La voz sonó más cerca. Demasiado cerca como si estuviera justo frente a él, aunque no hubiera nadie.

– Algo que es humano… pero a su vez, no.

Levantó la mirada.

Ahí estaba parado sobre el tronco del árbol en el que se apoyaba, mirándolo desde arriba con los pies adheridos a la corteza de una manera que no debería ser posible. Una máscara blanca cubría su rostro, coronada por astas hechas de ramas retorcidas. Debajo de ella, dos ojos color turquesa lo observaban fijos, curiosos, sin parpadear.

– ¿Me equivoco?

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: cernunnos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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