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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 98

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  3. Capítulo 98 - Capítulo 98: cernunnos ( cap 98 )
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Capítulo 98: cernunnos ( cap 98 )

Morgan se quedó paralizado al ver a aquella figura. Sin pensarlo, pegó su espalda contra el tronco más cercano, como si la madera pudiera protegerlo de algo que no tenía nombre. Entonces la entidad comenzó a descender por el árbol, lenta, calculada, con la misma fluidez antinatural de una araña que conoce de memoria cada centímetro de su tela.

Las piernas de Morgan cedieron antes de que él lo decidiera. Se dejó caer al suelo, sentándose entre las raíces, mientras su respiración se convertía en algo que ya no podía controlar del todo. El frío de la tierra húmeda atravesó su ropa, pero ese detalle era lo menos importante en este momento.

La entidad descendió hasta quedar a la altura de su rostro. Luego, con un movimiento que no pertenecía a ninguna criatura que Morgan hubiera visto antes, se despegó del tronco de un salto suave y silencioso, agachando su cuerpo para quedar al mismo nivel que él. Giró la cabeza hacia un lado. Luego hacia el otro. Como un búho que no tiene apuro, que ya sabe lo que está mirando pero no se cansa de mirarlo.

El silencio entre ellos pesaba.

La entidad se acercó. Morgan quería retroceder, pero no había a dónde ir, el tronco estaba detrás y el bosque seguía extendiéndose en todas las direcciones como una promesa oscura. Una de las manos de la entidad comenzó a moverse hacia su rostro, despacio, con una delicadeza que resultaba casi más perturbadora que cualquier amenaza. Los dedos se movían cerca de su mejilla, cerca de su frente, trazando el contorno de su cara sin llegar a tocarlo.

Morgan apartó el rostro. Cerró los ojos con fuerza. Tembló.

La entidad no se detuvo. Siguió ese gesto extraño, como si estuviera leyendo algo escrito en el aire alrededor de él, algo que solo ella podía percibir. Se desplazó hacia el costado al que Morgan había girado la cabeza para escapar, y volvió a repetir ese movimiento con la mano, paciente, sin ningún rastro de impaciencia o intención de daño.

Finalmente, rompió el silencio.

– Cuánta belleza.

La voz no era lo que Morgan esperaba. No era grave ni amenazante. Era serena, casi suave, como el sonido del agua moviéndose bajo el hielo.

– Qué existencia más hermosa… todo fluye dentro de ti.

(Lo dijo tranquilamente, como si estuviera observando algo sagrado.)

Morgan abrió los ojos poco a poco. El rostro de la entidad estaba demasiado cerca. Demasiado. Pero algo en su expresión, si es que aquello podía llamarse expresión, no transmitía hostilidad. Transmitía algo parecido al asombro. Morgan tembló de todas formas, porque el asombro de una criatura como esa no lo hacía menos aterrador.

Entonces la entidad lo tocó.

Con una delicadeza que Morgan no supo cómo procesar, la mano fría y extraña rozó su mejilla. No con brusquedad. No con violencia. Como quien toca algo que considera frágil y valioso al mismo tiempo.

-Mi Nombre es Cernunnos.

( dijo, retirando la mano lentamente ).

– No tienes que temer,no te haré daño. Aunque entiendo que lo harás de todas formas.

(Inclinó la cabeza hacia un lado, y en ese gesto había algo que casi podría haber parecido amable.)

Morgan no respondió. No encontraba las palabras, o quizás sí las encontraba pero su garganta había decidido no participar.

Cernunnos se puso de pie con una fluidez que no seguía las reglas normales del movimiento humano. Miró hacia el interior del bosque, hacia donde los árboles se volvían más densos y la luz desaparecía por completo. Luego miró a Morgan otra vez.

– Hay algo que quiero mostrarte , ven conmigo por favor.

(Extendió su mano hacia él. La palma abierta, la espera quieta.)

Morgan miró esa mano. Conocía la respuesta sensata. Conocía lo que cualquier persona razonable haría en este momento, que era no tomar esa mano, levantarse, alejarse, no mirar atrás. Pero había algo en la voz de Cernunnos, algo en la forma en que lo había mirado como si encontrara en él algo que el no podía ver, tal vez ese algo era aquello que vio la maestra helios en aquella ocasión y la hizo temblar de miedo.

(Tomó la mano con dedos temblorosos.)

Cernunnos no dijo nada. Comenzó a caminar hacia el interior del bosque, llevando a Morgan consigo, y sus pasos no hacían ruido sobre las hojas secas. Morgan sí hacía ruido. Solo Morgan.

Caminaron entre troncos que se volvían más anchos, más viejos, más cubiertos de musgo. Las raíces se entrecruzaban bajo sus pies como venas bajo la piel de la tierra. La mano de Cernunnos era fría pero firme, y no apretaba con fuerza, solo lo suficiente para que Morgan supiera que no estaba solo en esta oscuridad.

Entonces lo vieron.

Un árbol. El más grande que Morgan había visto en su vida, tan grueso que habría necesitado a diez personas para rodearlo con los brazos. La corteza era oscura y profunda, llena de surcos que parecían demasiado ordenados para ser naturales. Las raíces se hundían en la tierra como columnas de una catedral enterrada.

Cernunnos se detuvo frente a él y lo miró de reojo, con esa misma inclinación de cabeza de antes.

-Adentro.

La entidad señaló aquel árbol Pero Morgan estaba confundido no sabía a qué se refería con ” adentro” en este momento estaba demasiado confundido asustado, como para ponerse a analizar o descifrar las palabras y naturaleza de esta entidad.

(Y el árbol, como si hubiera escuchado, comenzó a abrirse.)

Morgan apretó la mano de Cernunnos sin darse cuenta. La entidad no lo soltó.

Cruzaron el umbral juntos, y el bosque oscuro desapareció detrás de ellos. Lo que encontraron al otro lado no tenía nombre todavía, pero se parecía, de una forma que Morgan no supo explicar, a todo aquello que alguna vez había soñado sin recordarlo por la mañana.

Luz. Color. Aire que sabía a algo.

Y la mano de Cernunnos, todavía ahí, sosteniéndolo mientras el paraíso se abría ante sus ojos.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: tu eres el todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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