Renacer sangriento - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: El muro imposible de sobrepasar 17: El muro imposible de sobrepasar No completo, no claramente, pero suficiente.
Entre los árboles muertos, a lo lejos, había una silueta.
Alta, demasiado alta.
Inmóvil.
No se movía, no respiraba, no hacía absolutamente nada… solo estaba ahí, observando.
Mi corazón dio un golpe seco contra mi pecho.
—¿Qué… es eso…?— No se parecía a las criaturas.
No tenía su torpeza, ni su forma rota, ni ese movimiento desesperado.
No… esto era distinto.
Esto era algo superior.
Algo que no necesitaba correr ni perseguir, porque sabía que yo no tenía a dónde ir.
Un escalofrío me recorrió la espalda y, por primera vez desde que caí en este infierno, no fue el dolor lo que sentí.
Fue algo más frío.
—…esto es peor…— Di un paso atrás.
La silueta no se movió, pero el aire cambió.
Se volvió más pesado, más denso, como si algo invisible me estuviera aplastando lentamente, como si cada respiración costara más que la anterior.
Tragué saliva.
—…no me está atacando…— Mi mente empezó a moverse rápido, desesperada, buscando una lógica que no existía.
—…entonces… está esperando…— Y eso fue peor que cualquier cosa que había sentido hasta ahora.
Corrí.
O al menos lo intenté.
Mis piernas respondieron por puro instinto, torpes, descoordinadas, pero suficientes para moverme entre los árboles secos.
No miré atrás.
No quería verlo.
No quería saber si venía detrás de mí.
Pero fue inútil.
Apareció delante de mí, sin sonido, sin aviso, sin movimiento visible.
Simplemente estaba ahí.
Intenté levantar los brazos… pero no estaban.
Mi mente tardó en entenderlo.
Mi cabeza tampoco estaba donde debía.
No sentí dolor, no sentí el corte, no hubo tiempo.
Solo una sensación extraña, como si mi cuerpo hubiera dejado de ser una sola cosa.
Y entonces lo vi: mi propio cuerpo separado en múltiples pedazos, cayendo lentamente sobre el suelo oscuro de la isla.
Mi respiración se detuvo.
No por el daño.
No por la muerte.
Fue otra cosa.
Un miedo más profundo, más primitivo.
—…no…— No era morir.
Era volver.
El desierto.
Las criaturas.
Las mordidas.
Ese ciclo infinito.
—¡No… NO… NO!
¡No quiero volver al inicio!
—grité con la voz rota, desesperada.
—¡Todo menos eso!— La visión empezó a desvanecerse, pero mi mente se aferraba con todo.
—¡NO QUIERO VOLVER, POR FAVOR!— El aire regresó de golpe.
Entró a mis pulmones como fuego.
—¡AAAH—!— Mi cuerpo se arqueó violentamente contra el suelo.
Respiré desesperado… pero algo no estaba bien.
No sentía las agujas.
No sentía el suelo de huesos.
Giré la cabeza.
Las criaturas estaban ahí, al borde, observando… esperando.
Pero no cruzaban.
—…no volví…— Intenté moverme.
Mi brazo no respondió.
Bajé la mirada.
No estaba.
Mi pierna… tampoco.
—…no…— Y entonces comenzó.
Primero el hueso, creciendo, formándose desde la nada como si algo invisible lo estuviera moldeando pieza por pieza.
Luego la carne, extendiéndose sobre él como una masa viva, retorciéndose antes de encajar en su lugar.
—¡AAAAAHHH!— El dolor fue inmediato.
Brutal.
No como las mordidas.
Esto era peor, porque no era destrucción… era reconstrucción.
Mi cuerpo se tensó completamente mientras los nervios volvían a conectarse uno por uno, enviando señales de dolor puro directo a mi cerebro.
El sudor empezó a caer sin control, mi visión se nubló.
Me desmayé.
Volví.
Me desmayé otra vez.
El dolor no bajaba, no se apagaba, no terminaba.
Pasaron minutos… o eso creí.
Hasta que finalmente mi mano volvió a estar completa.
Me quedé ahí, sentado, temblando.
Mis dientes rechinaban con fuerza, mi mandíbula apretada al punto de doler.
No hacía frío, pero mi cuerpo no dejaba de reaccionar como si estuviera congelándome.
Levanté la mirada.
Ese cielo rojo.
Ese maldito cielo.
—…te odio…— Bajé la vista, luego a mi alrededor.
Y ahí estaba otra vez.
El caballero.
Esta vez más claro.
Armadura negra, desgastada, como si siglos de batalla hubieran pasado sobre ella.
Una especie de cola oscura caía desde su casco.
Fragmentos de tela colgaban de su cintura, moviéndose apenas con el aire muerto.
Y su espada… apoyada en su hombro.
Grande.
Pesada.
Irreal.
—…¿cómo mierda voy a luchar contra eso…?— Me levanté como pude.
Mis piernas temblaban, mi cuerpo dolía, pero algo dentro de mí ya no era igual.
Miré otra vez.
Ya no estaba.
El vacío donde había estado me heló la sangre.
Mi piel se erizó completamente.
Instinto.
Volteé.
Demasiado tarde.
—¡AAAAAHHH!— Mi brazo salió volando.
Un corte limpio, perfecto.
Intenté girar para esquivar el siguiente, la espada rozó mi cuello… un milímetro.
Una oportunidad.
Pero él ya se estaba moviendo.
Su cuerpo giró y su pierna impactó directamente en mi hígado.
—¡UGH—!— El aire abandonó mis pulmones.
Caí, y antes de tocar el suelo, la espada atravesó mi cabeza.
Oscuridad.
Otra vez.
El aire regresó violento.
Dolor.
Me llevé la mano a la frente.
Sentía una grieta inexistente.
—¡AHHH!
¡PAREN YA ESTE CALVARIO!— grité, completamente roto.
Las lágrimas caían sin control.
—¿¡POR QUÉ!?
¿POR QUÉ MEREZCO ESTO?— Silencio.
Mi respiración se volvió pesada.
Irregular.
—…ellos…— Mi mirada se endureció.
—…ellos están bien… siguen vivos…— Las imágenes vinieron solas.
Coraline.
Dilan.
Angela.
Dante.
—…y yo estoy aquí…— Mis manos se cerraron con fuerza.
—…porque me soltaron…— Algo dentro de mí se retorció.
—…me dejaron caer…— Una risa salió de mi garganta.
Baja.
Rota.
—…los odio…—.
Levanté la mirada.
El caballero ya me estaba observando.
—¿Me quieres volver a matar…?— Una sonrisa torcida se formó en mi rostro.
—…pues esta vez te va a costar…— Corrí.
No para huir.
Para enfrentarlo.
Sentí su presencia moverse detrás de mí.
Rápido.
Demasiado rápido.
Giré justo cuando su espada descendía.
Y en lugar de esquivar…Me lancé hacia ella.
Mis manos se cerraron sobre la hoja.
La sangre brotó al instante.
El dolor explotó.
Pero no solté.
—…te tengo…— Mi respiración cambió.
Mi mirada también.
Algo dentro de mí… Se rompió.
O se liberó.
—…ahora… ven…— Y por primera vez… No estaba huyendo.
Mis manos se cerraron sobre la hoja.
El filo atravesó la piel al instante.
Senti como se abría, como la carne cedía sin resistencia, como la sangre empezaba a deslizarse entre mis dedos.
El dolor exploto…pero no solté.
—Te tengo…—.
Mi respiración se volvió pesada.
Irregular.
Algo dentro de mi pecho empezó a latir diferente, más rápido, más fuerte…más violento.
No era solo miedo.
No era solo rabia.
Era otra cosa.
El caballero no reaccionó de inmediato.
No retiro la espada.
No retrocedió.
Solo me observó a través de ese casco oscuro, como si lo que estuviera haciendo…no significara nada.
Apreté más fuerte.
—¡Mirame!—.
La sangre caia al suelo, gota tras gota, perdiéndose entre la tierra negra.
Mis manos temblaban, mis brazos gritaban de dolor…pero mis dientes se apretaron con más fuerza.
—¡NO VOY A HUIR MAS!—.
Y entonces…
Lo hice.
Incline el cuerpo hacia adelante y, sin pensarlo, abrí la boca y mordi la espada.
El metal frío choco contra mis dientes.
Senti como se astillaba, como la presión hacia que mi mandíbula crujiera, pero no solté.
Mi boca se llenó de sangre.
El sabor metálico, espeso, me hizo estremecer…pero seguí apretando.
—…no…me voy a soltar—.
Algo dentro de mi termino de romperse.
No fue un pensamiento.
No fue una decisión.
Fue instinto.
Puro.
Salvaje.
Mi visión cambio.
El mundo se volvió más lento…pero si más claro.
Podía ver mejor el movimiento de su brazo, la tensión en su postura, la mínima inclinación de su cuerpo antes de atacar.
Pero no era suficiente.
Nunca lo sería.
El caballero se movió.
No retiro la espada.
Avanzó.
Su mano se cerró alrededor de mi cuello.
No lo ví venir.
Solo lo sentí.
—¡GH-!—.
Me levanto del suelo como si no pesara nada.
Mis pies dejaron de tocar la tierra.
El aire se cortó de golpe en mis pulmones.
Apreté más la mandíbula contra la espada.
—…ngh…—.
Su fuerza era absurda.
Aplastante.
Mi cuerpo intentó reaccionar, mis manos se aferraron más, mis dientes se Clavaron más profundo en el metal, como si quisiera romperlo, como si quisiera dejar una marca en algo que parecia intocable.
Pero el…
No sé detuvo.
Su otra mano se movió.
No rápido.
No desesperado.
Preciso.
Su espada descendio.
Mi brazo derecho salió volando.
—¡AAAAAAHHHH!—.
El gritó se rompió en mi garganta, pero no solté.
La sangre explotó desde el corte, caliente, espesa, cubriéndo mi torso.
Mi cuerpo se estremeció, mis músculos se contrajeron violentamente…pero mi mandíbula no se abrió.
—…no…—.
Mi visión tembló.
—…NO…—.
El caballero inclino ligeramente la cabeza.
Cómo si observará algo curioso.
Su espada volvió a moverse.
Está vez…
Mi pierna.
El corte fue limpio.
Demasiado limpio.
Mi cuerpo se sacudió, colgando de su agarre, incompleto, destrozado, pero aún consciente.
—¡AAAAAAHHHH!—.
El dolor fue absoluto.
No había comparación.
No había forma de describirlo.
Era como si mi cuerpo estuviera siendo arrancando pieza por pieza…y aún así obligado a sentir cada segundo.
Pero algo no encajaba me sentía con rabia, odio.
El dolor que había sentido desde el inicio, la injusticia de quedar aquí en este infierno no tenía comparación.
—…Tu…—.
Mi voz salió rota, cubierta de sangre.
—No me vas a…—.
Mi cuerpo se movió, no por fuerza, no por lógica.
Por instinto.
Me impulse hacia adelante con lo que quedaba, ignorando la falta de equilibrio, ignorando el dolor, ignorando todo.
Mi cuerpo choco contra el suyo, aferrándome con el brazo restante, clavándo los dientes aún más fuerte contra la espada.
—¡NO ME VAS A MATAR ASI!—.
El caballero no retrocedió.
Pero por primera vez…se detuvo.
Una fracción de segundo.
Suficiente.
Mi mano libre subió, temblando, sangrando, pero firme.
Y golpee.
Directo a su pecho.
El impacto fue seco.
No fuerte.
No suficiente.
Pero real.
Un sonido metálico resonó en el aire muerto.
Mi respiración se corto.
—le di…—.
Pero fue un error.
Grave.
El caballero reaccionó.
No con prisa.
No con rabia.
Con decisión.
Su agarre en mi cuello se apretó.
Mas.
Más.
Sentí algo crujir.
—…agh…—.
Y entonces…
Solto la espada.
Mis dientes se cerraron en el vacío.
Y su mano libre…
Atravesó mi pecho.
No con la espada.
Con su propia mano.
Sentí como rompia la piel, como atravesaba la carne, como buscaba dentro de mi algo que ni yo entendía.
Mis ojos se abrieron completamente.
El dolor no fue inmediato.
Fue después.
Cuando empezó a tirar.
—¡¡AAAAAAHHHHH!!—.
Mi cuerpo se arqueo completamente.
Senti como algo dentro de mi se desgarraba, como se separaba, como dejaba un vacío que no era físico.
Era otra cosa.
Mas profundo.
Más real.
—para…—.
Mi voz no era un grito.
Era una súplica.
—Por favor…—.
Pero no sé detuvo.
Mi visión empezó a apagarse, mi cuerpo dejo de responder, mi mente se quebraba entre el dolor y el miedo.
No quería volver.
No quería empezar otra vez.
—no…no…NO—.
La oscuridad empezó a cerrarse.
—¡NO QUIERO VOLVER!—.
Silencio.
Aire.
Dolor.
Volví.
Mi cuerpo se levantó de golpe sobre la tierra oscura, incompleto, temblando, reconstruyendose otra vez.
El hueso apareció primero, luego la carne, luego la piel…mas lento que antes, mas doloroso que antes.
—¡¡AAAAAAHHHHH!!—.
Mi garganta se rompió gritando.
Mis ojos estaban muy abiertos.
Llenos de terror.
Pero algo más.
Seguía ahí.
Mi respiración era caótica.
Mi cuerpo temblaba.
Pero una sonrisa…
Pequeña.
Rota.
Se formó en mi rostro.
—…te toque…—.
Levanté la mirada lentamente.
El caballero seguía ahí.
Observando.
—…puedo alcanzarte…—.
Mi voz era baja.
Inestable.
Peligrosa.
—Aunque me cueste todo…—.
Y por primera vez…
El miedo no fue lo único dentro de mi.
Ahora…
También estaba la obsesión.
El dolor no se había ido.
Nunca se iba.
Se quedaba ahí, incrustado en cada parte de mi cuerpo como un eco constante, como si mi propia existencia estuviera hecha de heridas que no cerraban del todo.
Respirar me dolía.
Moverme dolía.
Pensar…
también me dolía.
Pero está vez.
No me quebré.
Mi cuerpo seguía reconstruyendose, lento, imperfecto, grotesco.
Primero el hueso, surgiendo desde la nada, alargandose como una raíz forzada a crecer.
Luego la carne, cubriéndolo en capas torcidas que se acomodaban con espasmos, como si no recordaran del todo su forma original.
La piel llegó al final, cerrando todo con una sensación ardiente que me hizo apretar los dientes hasta sentirlos crujir.
—…AGH…—.
Mi respiración era pesada, irregular, pero ya no era solo desesperación.
Era control.
Lento.
Inestable.
Pero control.
Levanté la mirada.
El caballero seguia ahí.
Inmóvil.
Observandome.
Pero algo había cambiado.
El aire a su alrededor…
Se distorsionaba.
Una especie de aura comenzaba a emanar de su cuerpo.
Oscura.
Densa.
De un violeta profundo, casi negro, cómo si la misma sombra se hubiera pegado a su armadura.
No sé movía como humo…se arrastraba, pesada, pegajosa, como si tuviera peso propio.
Mi cuerpo reaccionó.
Mis músculos se tensaron.
Mi instinto grito.
—Esto…—.
Di un paso.
Mis piernas no fallaron.
—Esto si es peligro real…—.
El aura creció levemente, expandiendose a su alrededor como una presión invisible.
Sentí como mi pecho se comprimia, como respirar se hacia más difícil…pero está vez no retrocedi.
Apreté los puños.
La sangre aún caia de mis manos.
—…Antes solo moria…—.
Di otro paso.
—Ahora…estoy aprendiendo…—.
Mi visión se fijó en el.
En su postura.
En el ángulo de su espada.
En la forma en la que su aura vibraba antes de moverse.
No era más lento.
Pero yo…
Lo entendia mejor.
El caballero dió un paso.
Solo uno.
Pero el suelo bajo sus pies se hundió levemente, como si su peso fuera mucho mayor de lo que debería.
Mi respiración se estabilizó apenas.
—…no soy fuerte…—.
Mis dedos se cerraron con más fuerza.
—…ni rápido…—.
Mi cuerpo temblaba pero no de miedo.
—pero sigo de pie…—.
El caballero desaparecio.
Mis ojos reaccionaron antes que mi mente.
Gire.
Bloquee.
Mis manos atraparon la hoja otra vez, El filo abrió nuevas heridas, La sangre broto…pero está vez no fue sorpresa.
Fue decisión.
—Te vi—.
El impacto me empujó hacia atrás, mis pies arrastrándose sobre la tierra negra, pero no caí.
El aura violeta se agitó violentamente alrededor de el.
Su brazo se movió.
Solté la espada antes de que descendiera.
Esquive.
Por poco.
El filo paso a centímetros de mi rostro, cortando el aire con un sonido seco.
Mi corazón latía con fuerza.
—…más rápido…—.
Me moví.
No para huir.
Para entrar.
Mi cuerpo se lanzó hacia adelante, ignorando el dolor, ignorando la lógica.
Mi mano de cerro en un puño y golpee directamente hacia su torso.
El impacto volvió a sonar.
Metal contra carne.
No fue fuerte.
Pero fue preciso.
El caballero no retrocedió.
Pero su aura…
Se agitó.
Por primera vez.
Una risa baja escapó de mi garganta.
—Puedo hacerlo…—.
El caballero levantó la espada nuevamente.
El aura violeta se expandió más.
Mucho más.
El aire se volvió pesado, casi imposible de respirar.
Senti como mi cuerpo era presionando desde todos los lados, cómo si estuviera siendo aplastado por una fuerza invisible.
Mis piernas temblaron.
—no…—.
Mi mente grito.
—…no ahora…—.
Apreté los dientes.
Mi cuerpo empezó a inclinarse.
—No me voy a rodillar…—.
Y entonces lo entendí.
No era fuerza.
No era velocidad.
Era voluntad.
Levanté la cabeza.
Mis ojos se clavaron en el.
—…un tigre…—.
Mi voz salió baja.
Rota.
Pero firme.
—No es el más fuerte—.
El caballero avanzó.
El suelo crujió.
El aura se cerró sobre mi.
—Ni el más rápido…—.
Di un paso hacia el.
Mi cuerpo grito.
—Pero cuando ataca…—.
Otro paso.
—No duda…—.
El caballero apareció frente a mi.
Su espada descendió.
Y yo…
No retrocedi.
—Y no se detiene…— Me lance.
Directo hacia el ataque.
El filo atravesó mi costado, La sangre salió de golpe, el dolor exploto…pero no me detuve.
Mi mano subió.
Mi cuerpo se impulso.
Y golpee.
Otra vez.
Directo al mismo punto.
El impacto resonó.
Más fuerte.
El aura del caballero tembló.
Mi respiración se rompió.
—…yo…—.
Mi visión empezó a nublarse.
—Voy a ser así—.
El caballero reaccionó.
Su rodilla impacto mi abdomen.
—¡UGH!—.
El aire salió de mis pulmones.
Su espada giro.
Mi hombro se abrio.
Luego el otro.
Mi cuerpo empezó a ceder.
Pero mi mano…
Seguía moviéndose.
Golpee otra vez.
Y otra.
Y otra.
Cada vez más débil.
Pero sin detenerme.
—Aunque me rompa…—.
El caballero me sujeto.
Fuerte.
Aplastante.
Su aura me envolvió completamente.
—Aunque muera múltiples veces…—.
Su espada se levantó una última vez.
—No voy a dejar de avanzar…—.
El corte cayó.
Todo se volvió negro.
Silencio.
Y luego…
El aire volvió.
Mi cuerpo se reconstruyó otra vez, más lento, más doloroso, más pesado.
Pero está vez…
No grite.
Solo respire.
Lento.
Roto.
Pero firme.
Levanté la mirada.
El caballero seguía ahí.
Y yo…
Di un paso.
—…otra vez…—.
Porque ahora…ya no estaba solo sobreviviendo.
Estaba aprendiendo a pelear en este lugar infernal.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había arrematido contra el.
El aire entro una vez más en mis pulmones como fuego, como si cada respiración fuera un castigo en lugar de alivio.
Mi cuerpo se arqueo violentamente sobre la tierra negra, los músculos tensandose mientras el hueso volvia a formarse, la carne se reconstruía y la piel cerraba sobre todo como una costura mal hecha.
No grite está vez, aunque el dolor era tan insoportable.
Mis dientes estaban tan apretados que apenas dejaba pasar el aire.
—otra…—.
Mi voz salió rota, apenas un susurro.
—otra vez…—.
Mis manos temblaban mientras las miraba.
No eran las mismas de antes.
Nunca lo eran del todo.
Había algo en ellas…algo que ya no encajaba.
Cómo si cada muerte dejará una marca invisible que no desaparecia.
Me incorpore lentamente.
El dolor seguía ahí.
Siempre.
No bajaba.
No sé apagaba.
Se acumulaba.
Mi cuerpo recordaba todo.
Cada corte.
Cada mordida.
Cada instante en el que fui destrozado.
Y aún así…
Segui de pie.
Levanté la mirada.
El caballero.
En el mismo lugar.
Esperando.
Su aura violeta se extendía a su alrededor, densa pesada, como una advertencia constante.
El aire vibraba con su presencia.
Cada paso que daba parecía tener peso propio, como si el mundo mismo cediera bajo el.
—…quince…—.
Trague saliva.
—Van quince…—.
No sabía cómo lo sabía.
Pero lo sabía.
Quince veces muerto.
Quince veces destrozado.
Quince veces volviendo.
Mi respiración se estabilizó apenas.
—y sigo sin tocarte…—.
Apreté los puños, ya eran muchas veces luchando contra el y muriéndo una y otra vez.
La rabia subió.
—…¿Que eres?…—.
El caballero no respondio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com