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Renacer sangriento - Capítulo 18

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18: El guardián de la isla muerta 18: El guardián de la isla muerta No se movió.

No hizo nada.

Como siempre.

—claro…—.

Una risa baja salió de mi garganta.

—Ni siquiera hablas…—.

Di un paso hacia el.

Mis piernas fallaron.

—Te escondes…—.

Otro paso.

Levanté ligeramente la mano, señalando su armadura.

—…y de esa espada…—.

Mi sonrisa se torcio, mis ojos ya no eran los mismos.

—Contra alguien que no tiene nada…—.

El aire vibró.

—¿Y aún necesitas eso…?—.

Di otro paso.

Mi corazón latía con fuerza.

—Cobarde…— La palabra salió baja pero cargada.

—Eres un maldito cobarde—.

El silencio se rompió.

No con sonido.

Con movimiento.

El caballero desaparecio.

Mis ojos reaccionaron.

Mi cuerpo también.

No pensé.

No dude.

Mi pie giro.

Mi torso se inclinó, mi respiración se corto y la espada…

Paso aún lado sin tocarme, sin rozarme, sin alcanzarme.

El tiempo pareció detenerse, mi mente tardo en procesarlo.

—¿Que…?—.

Mis ojos se abrieron lentamente, mire mi cuerpo entero, sin cortes, sin sangre nueva.

Mi respiración temblo.

—Lo…esquive…—.

El caballero ya estaba detrás de mi pero no atacó de inmediato, se detuvo.

Una fracción de segundos suficiente para girar.

Lo mire directamente y algo dentro de mi…

Se rompió pero no como antes, está vez…se desbordo.

Una risa salió de mi boca primero baja luego más fuerte.

Luego descontrolada.

—…JA…—.

Me lleve la mano a la cara.

—…JAJA…—.

Mis hombros temblaban.

—JAJAJAJA…—.

Levanté la mirada.

Mis ojos brillaban pero no de esperanza.

De locura.

—¿Viste eso?—.

Mi voz era inestable, irregular y peligrosa.

—Te vi—.

Di un paso hacia el.

—…por fin…te vi…—.

El caballero no respondio pero su aura parecio alocarse.

—Quince veces…—.

Mi sonrisa se ensanchó.

—Quince malditas veces tuviste que matarme…—.

Apreté los dientes.

—Para que entienda cómo te mueves…—.

Mi respiración era rápida ahora.

—…cómo atacas…—.

Otro paso.

—Como piensas—.

Me detuve frente a el.

Cerca.

Demasiado cerca.

—Y aún así…—.

Incline ligeramente la cabeza.

—Sigues usando eso—.

Golpee su pecho con el dedo.

La armadura resonó.

—¿Te da miedo?—.

El aura explotó alrededor de el.

Violenta.

Oscura.

—¿Te da miedo pelear sin eso…?—.

Mi voz subió.

—¡¿TE DA MIEDO PELEAR COMO YO?!—.

El caballero se movió, más agresivo.

La espada descendió pero está vez…no fue igual, mi cuerpo reaccionó antes.

Esquive más limpio, más claro.

—si…—.

Una risa escapó de mi boca.

El segundo ataque vino horizontal.

Bajo.

Salte.

Torpe pero suficiente.

—Puedo seguirte—.

El tercero directo al cuello, me incline.

Sentí el aire cortarse sobre mi piel pero no me tocó.

Mi cuerpo temblaba pero mis ojos…estaban fijos en el.

—Ya no eres intocable…—.

Me lance, mi puño salió disparado.

Golpeó.

Otra vez.

El impacto resonó más fuerte, la sangre quedaba impregnada en la armadura.

El aura se agitó violentamente.

—Ya no…—.

Otro golpe.

—…eres un dios…—.

El caballero reaccionó, su mano se cerró sobre mi rostro.

Me levanté del suelo.

—¡Gh-!—.

El aire se cortó, su espada se movió.

Mi cuerpo no alcanzo, el corte llegó.

Dolor.

Oscuridad.

Pero está vez…antes de desaparecer una sonrisa se marcó en mi rostro.

A pesar del intenso y mortificante dolor de ese momento.

El aire volvió otra vez.

Mi cuerpo se reconstruyó.

El dolor llegó multiplicado nuevamente.

Pero mi risa no se detuvo.

—…

JAJAJAJA…—.

Me senté temblando.

Roto.

Las venas de mi cuerpo se veían muy marcadas por el dolor que estaba sintiendo, una gran presión que era indescriptible.

Pero aún así.

Seguía manteniendo mi cordura un poco.

—…otra vez…—.

Levanté la mirada.

El caballero seguía ahí pero algo había cambiado.

Ya no era solo un muro imposible El aire se sentía tortuoso pero en esta vez no lo sentí igual.

Entro en mis pulmones y salió…pero no hubo alivio, no hubo desesperación como la de hace rato, no hubo nada.

Solo vacío.

Me quedé de rodillas unos segundos, mirando el suelo oscuro, viendo mis manos temblar sin entender muy bien por qué seguían moviendose.

—…que…—.

Mi voz salió apagada, sin fuerza, sin emoción.

Parpadeé lento.

El mundo frente a mi parecía…distante.

borroso en los bordes.

Cómo si ya no estuviera completamente dentro de el.

Me levanté.

No porque quisiera.

Porque mi cuerpo lo hizo.

El caballero estaba ahí.

Siempre ahí.

Pero algo había cambiado.

Ya no era solo rápido.

A veces tardaba más.

A veces cambiaba el ángulo a mitad del movimiento, rompeindose cualquier patrón que hubiera logrado entender.

—…no…—.

Fruncí el ceño.

—Esto no…—.

Se movió.

Lo ví.

Lo entendí.

Pero mi cuerpo…no reaccionó a tiempo.

El corte cruzo mi torso.

—¡AGH-!—.

Cai hacia atrás, rodando sobre la tierra negra, la sangre saliendo caliente mientras mi mente intentaba alcanzar lo que había pasado.

—…lo ví…—.

Respire agitado.

—…lo ví…—.

Me levanté como pude.

—¿Por qué…no?—.

Otro ataque.

Está vez lo esquive.

Por poco.

Mi pie resbaló.

Casi caigo.

—Mierda…—.

Mi respiración empezó a romperse.

—Puedo verlo…—.

Otro ataque.

Más rápido.

Mas torcido.

Más…

impredecible.

El filo corto mi brazo profundamente.

—¡AAAAH!—.

Me tambalee.

—puedo verlo…—.

Apreté los dientes.

—!PERO NO PUEDO SEGUIRLOS!—.

Golpee el suelo con el pie.

La frustración subió, pesada, aplastante.

—¡MALDITA SEA!—.

Corri hacia el, no para pensar, para romper.

Mi respiración se volvió salvaje.

Irregular.

Mis uñas rasgaron mi propia cara sin darme cuenta, dejando líneas de sangre que bajaban por mi mejilla.

—…cállate…—.

Mi voz se quebró.

—…cállate…—.

No sabía a quien le hablaba, tal vez ¿A mí?.

El caballero atacó, no esquive.

Me lance el filo atravesó mi costado, pero mi cuerpo no se detuvo.

Mis manos se cerraron directamente sobre su casco.

—¡TE TENGO!—.

Mis uñas, más largas, más duras de lo normal, se clavaron en las rendijas del casco.

Tire con todo lo que me quedaba, gruñendo, sintiendo como mis músculos se desgarraban en el intento.

—¡SAL DE AHI!—.

El caballero intento apartarme.

Tarde.

El casco se saltó.

El tiempo se detuvo.

Lo que había debajo…no era un monstruo, no era algo sin forma.

Era un rostro.

Un rostro humanoide.

Un elfo.

Pero…no vivo.

Su piel era gris, seca, agrietada en algunas partes como si llevara siglos sin sentir nada.

Su cabello era largo, cayendo en mechones desordenados.

Sus ojos…violetas.

profundos.

Y la esclerótica…

completamente negra.

Mi cuerpo se congeló.

Mi respiración se cortó.

—…que…—.

El mundo volvió de golpe.

El filo descendió.

—¡AGH-!—.

Mi brazo se abrió profundamente, la sangre broto mientras el dolor me arrancaba de ese estado.

Pero no me moví.

No de inmediato.

Lo mire.

El me miró.

Y en sus ojos no había odio, no había furia.

Había…

algo peor Vacío.

Y dentro de ese vacío…

Una súplica.

Su expresión no cambio…pero su mirada…su mirada decía todo.

Cómo si no quisiera estar ahí.

Cómo si cada movimiento fuera en contra de su voluntad, como si quisiera decirme algo sin poder hacerlo.

—…Tú…—.

Mi voz salió temblorosa.

—…No quieres…—.

El aura violeta explotó alrededor de el.

Violenta.

Opresiva.

Su cuerpo se movió de nuevo.

Obligado.

Su espada descendió, yo apenas reaccione.

El corte rozo mi hombro.

Retrocedi.

Mi mente empezó a girar.

—Te están obligando…—.

Di un paso atrás.

—…tu…—.

Lo entendí.

No completamente pero lo suficiente, ese infierno no era solo mío, su mirada cambio apenas.

Por un segundo.

Algo…complacido.

No feliz.

No aliviado.

Peor.

Como si me estuviera diciendo la verdad sin palabras.

Cómo si me advirtiera.

“Esto apenas empieza” Mi pecho se apretó.

La frustración regreso, más fuerte, más oscura.

—¡NO!—.

Mi cabeza dolía.

Mi respiración se rompió.

—¡NO QUIERO SENTIR ESTO!—.

Mis uñas volvieron a rasgar mi rostro.

—¡NO QUIERO SENTIR ESTO!—.

el caballero atacó otra vez.

Lo esquive.

Pero no por control.

Por instinto.

Corri hacia el otra vez.

Mi mente ya no estaba clara, mi visión temblaba.

El mundo se deformaba en los bordes.

—…callate…—.

No sabía si era el, si era yo, si era este lugar.

Pero algo no paraba.

—…CÁLLATE…—.

Me lance, el choque fue brutal.

En algún momento no supe cuando…mi mano encontró la espada.

No la suya.

La mia.

No.

La de el.

La había tomado, no recordaba como, no recordaba cuando pero estaba en mis manos.

—…te voy a…—.

Mi voz ya no era mía.

El filo se movió.

Torpe.

Violento.

Pero conecto.

La espada atravesó parte de su armadura, hundiéndose lo suficiente para romper algo debajo.

El impacto resonó, el cuerpo del caballero se tenso.

El aura se distorsionaba.

Mis ojos se abrieron.

—…le di…—.

Pero no hubo triunfo.

Solo mas locura porque en ese momento…ya no sabía si estaba luchando para salir…o para quedarse.

Y eso…era mucho peor.

Avance con la espada robada temblando, no por miedo…sino por todo lo que había acumulado por dentro.

El aire de la isla pesaba, los árboles muertos crujian sin viento y frente a mi, el caballero ya sin casco permanecía inmóvil, como si el combate anterior no hubiera significado nada.

Pero ahora lo veía distinto.

Ya no era solo una máquina de matar.

Había visto su rostro.

Había visto esos ojos violetas perdidos, atrapados en algo que ni siquiera el comprendía del todo.

Y eso…lo había cambiado.

Apreté mis dientes, mi respiración irregular, mi cuerpo recordaba cada muerte.

Una idea cruzo por mi mente, fue vaga pero de pronto se volvió más densa.

—…si tú no pudiste salir…— murmuré con la voz rota.

—¿Que me queda a mi?—.

El elfo no respondió.

Pero su mirada…cambio apenas.

Un segundo.

Una grieta.

Y entonces desapareció.

Reaccione tarde.

Apenas alcance a girar cuando un impacto brutal se estrelló contra mis costillas.

—¡Ughh!—.

El aire salió de mis pulmones mientras mi cuerpo se doblaba.

No hubo pausa.

Un segundo golpe.

Más rápido.

Más preciso.

Un puño directo al rostro.

—!AGH!—.

Cai de rodillas, pero no solté la espada.

—…rápido…— escupí sangre, mis ojos temblaban.—…demasiado rápido—.

El elfo estaba frente a mi otra vez.

Sin espada.

Sin armadura activa en combate.

Solo su cuerpo.

Y aún así…

Era peor.

Intenté atacar.

Lance un corte horizontal, torpe pero cargado de rabia.

El elfo simplemente inclino el cuerpo.

La espada corto el aire.

Nada más.

Un golpe seco en el estómago sentí que me hizo encogerme.

—¡AAH!—.

Otro en la espalda.

Otro en el costado.

No podía seguirle el ritmo.

No podía.

—¡MALDITA SEA!— grite, lanzando ataques desesperados.

Falle.

Siempre fallaba.

Mis movimientos eran lentos comparados con el.

Predecibles.

Pesados.

El elfo me observaba…

esquivando cada intento como si no representará ningún peligro.

—…¿Por qué…?— jadeé retrociendo.

—…¿Por qué ni siquiera me atacas en serio…?—.

El elfo no respondió.

Pero su mirada…volvió a temblar.

Por un segundo.

Y eso basto para que entendiera nuevamente.

—…no quieres…— susurré.

Un instante de silencio y entonces el golpe llegó.

Más fuerte.

Más violento como castigo.

Sali disparado varios metros, rodando sobre la tierra negra de la isla.

Su cuerpo grito de dolor.

Sus costillas crujieron.

—¡AAAHH!—.

Me arrastré, tosiendo sangre, intentando levantarme otra vez.

—¡M-maldicion!—.

El aura violeta del elfo se intensificó.

Cómo si reaccionara.

Me quedé quieto un segundo.

Mirando.

Ese tipo era fuerte.

Mucho más fuerte.

Incluso sin arma.

Y aún así…no había salido de este infierno, seguía aquí, atrapado.

—…si no pudistes…— repeti, está vez más cabizbajo.

—¿Que puedo hacer yo?—.

Mi mano tembló.

La espada cayó al suelo con un sonido seco.

Silencio.

Por primera vez desde que comenzó todo…mi locura no exploto.

Me quebré más de lo que estaba antes.

—…No puedo…—.

susurré.

Mis hombros temblaron.

—…no soy suficiente…—.

El elfo me observaba.

Inmóvil.

Y en sus ojos…había algo.

No burla.

No odio.

Algo peor.

Compresión.

Eso hizo que algo dentro de mi se rompiera de otra forma.

—…no…—.

murmure, apretando los dientes.

—¡NO ME MIRES ASI!—.

Mi respiración cambio por una más agitada.

—…no me mires como si ya supieras que voy a fallar…—.

El aire a mi alrededor cambio.

Un tono rojo empezó a filtarse en mi cuerpo.

Primero leve luego más denso.

Marcas en mi piel, comenzaron a aparecer, extendiendose como grietas vivas.

Mi espalda se tenso.

Mis dedos se Clavaron en la tierra.

—Yo no vine hasta aquí…—.

mi voz se volvió más gave, más rota.

—…para quedarme como tu…—.

El aura rojo explotó.

Cubriendo mi cuerpo como una llama viva.

Mis ojos perdieron estabilidad, mi respiración se volvió más animal.

—…SI VOY A CAER…— levanté la espada de nuevo.

—…VOY A CAER INTENTANDO ROMPERLO TODO—.

Se lanzo dhavid.

No midió.

No dudo.

Un corte descendente.

El elfo lo esquivo con facilidad…pero dhavid ya no se detuvo.

Giro el cuerpo.

Otro corte.

Más rápido.

Mas salvaje.

El elfo retrocedió un paso.

Luego otro.

Pero no porque no pudiera esquivar, sino porque algo había cambiado.

dhavid no estaba atacando con técnica.

Estaba atacando con todo.

Cada golpe llevaba frustración.

Dolor.

Rabia.

Y algo más.

Desesperación pura.

—¡PELEA EN SERIO!— grito, lanzando otro corte.

El elfo desvió el ataque con la mano, golpeando la espada hacia un lado, y respondió con una patada a las costillas.

—¡AGH!—.

dhavid sintió algo romperse pero no se detuvo, no está vez, se lanzo otra vez.

El elfo lo esquivo.

Puño al rostro.

—¡GH!—.

Rodilla al abdomen.

—¡AAH!—.

Golpe en la espalda.

—¡AGH!—.

Demasiado rápido.

Demasiado preciso.

dhavid apenas podía seguirlo.

A veces lo veía venir.

Pero su cuerpo…no alcanzaba a reaccionar.

—…lo veo…— jadeo—…pero no llego…—.

El elfo apareció frente a el otra vez Demasiado cerca.

Un puñetazo directo.

dhavid apenas logro levantar la espada pesada para bloquear.

El impacto le hizo temblar los brazos.

—¡MUEVETE!—.

Grito, como si se hablara a si mismo.

Otro ataque.

Otro.

Otro.

El elfo no usaba la espada.

No la necesitaba.

Y eso…

Eso destrozaba la mente de dhavid.

—…¿Que mierda eres…?— murmuro, retrocediendo.

El elfo avanzó paso a paso.

Golpe.

Esquive.

Golpe.

Impacto.

Dhavid caia.

Se levantaba.

Volvía a atacar.

Fallaba.

Otra vez.

Otra.

Otra.

Pero ya no era como antes.

No estaba paralizado.

No estaba rindiéndose.

Estaba rompiéndose… pero avanzando.

Y en el fondo… Muy en el fondo… Una idea crecía.

Pequeña.

Peligrosa.

—…si él también está atrapado…—.

Apretó la espada con más fuerza.

—…entonces esto no se trata de fuerza…—.

El siguiente golpe lo lanzó contra uno de los árboles muertos.

Su espalda chocó con fuerza.

—¡AAAH!—.

Cayó de rodillas, jadeando.

Sangrando.

Temblando.

Pero sus ojos… Seguían fijos en él.

—…se trata de… resistir…— El elfo lo observó.

Silencioso.

Y por un segundo… Muy leve… Su mirada cambió otra vez.

Como si… Escuchara.

Dhavid apenas podía mantenerse en pie, pero aun así avanzó.

Su respiración era irregular, rota, y su cuerpo entero temblaba bajo el peso del dolor acumulado.

No era solo físico… ya no.

Era algo más profundo, más oscuro, como si cada muerte hubiera dejado una grieta dentro de él.

Frente a él, el elfo permanecía en silencio, su figura quieta, su aura violeta ondulando como una llama contenida.

Ya no tenía casco.

Su rostro demacrado, gris, con esas pupilas violetas hundidas en una esclerótica negra… seguía observándolo.

No había odio.

No había ira.

Solo una tristeza tan antigua que dolía mirarla.

Dhavid apretó con más fuerza la espada que le había arrebatado.

Su mano aún recordaba el cosquilleo extraño al sostenerla, como si el arma no fuera solo un objeto… sino algo vivo, algo que lo estaba observando a él también.

—…no voy a quedarme aquí…— murmuró con voz baja, casi sin aire —No importa cuántas veces tenga que morir…—.

El elfo se movió.

No como antes.

No como un ataque directo.

Fue más sutil.

Más calculado.

Un paso lateral.

Un cambio de peso.

Y Dhavid lo entendió.

Esta vez… no iba a esperar.

Sus piernas reaccionaron antes que su mente.

Avanzó con todo lo que le quedaba, arrastrando el cuerpo, forzándolo más allá del límite.

La espada descendió en un corte horizontal, desesperado, buscando atravesar, romper, terminar todo de una vez.

El elfo no bloqueó.

Se inclinó apenas.

El filo pasó rozando su pecho, cortando el aire.

Dhavid no se detuvo.

Giró.

Segundo corte.

Vertical.

Más rápido.

Más violento.

El elfo retrocedió un paso… apenas suficiente.

Seguía siendo demasiado preciso.

Demasiado perfecto.

—¡MALDITO!— rugió Dhavid, sus ojos temblando entre rabia y locura.

El elfo respondió.

Un puño.

Directo.

Seco.

Impactó en las costillas de Dhavid con una fuerza brutal.

—¡AGH!— El aire salió de sus pulmones en un golpe seco, su cuerpo se dobló, pero no cayó.

No esta vez.

No iba a caer.

No otra vez.

Su aura roja estalló.

No como antes.

Más densa.

Más inestable.

Las marcas recorrieron su piel, extendiéndose como grietas vivas.

Sus uñas, largas y sucias, se tensaron alrededor de la empuñadura de la espada.

—…si sigo cayendo…— jadeó, levantando la mirada —… me voy a romper…—.

El elfo avanzó.

Rápido.

Un golpe.

Dos.

Tres.

Dhavid apenas logró esquivar el primero.

El segundo le rozó la mandíbula.

El tercero impactó de lleno en su hombro.

Pero no retrocedió.

Avanzó.

Contra todo.

Contra el dolor.

Contra el miedo.

La espada volvió a moverse.

Esta vez no fue un corte limpio.

Fue un engaño.

Un movimiento torpe… aparentemente.

El elfo reaccionó como siempre.

Perfecto.

Se desplazó hacia la izquierda.

Anticipando.

Evitando.

Pero Dhavid ya no estaba pensando como antes.

No estaba peleando para ganar.

Estaba peleando para romper el patrón.

En el último instante… Giró su muñeca.

Forzó el ángulo.

El corte cambió.

De horizontal a diagonal.

Impredecible.

Errático.

Humano.

—…¡AHORA!— El filo atravesó.

No limpio.

No perfecto.

Pero suficiente.

Entró por el costado del elfo.

Atravesó su pecho.

El impacto fue seco.

Pesado.

Real.

Ambos cuerpos se detuvieron.

El tiempo… pareció congelarse.

Los ojos de Dhavid se abrieron lentamente.

—…lo hice…—.

El elfo bajó la mirada.

Observó la espada clavada en su pecho.

No había sorpresa.

No había dolor.

Solo… aceptación.

Sus ojos violetas se alzaron una última vez hacia Dhavid.

Y en ellos… estaba esa misma mirada.

Esa que decía todo sin palabras.

“Esto… no termina aquí.” Dhavid tragó saliva.

—…lo sé…—.

El cuerpo del elfo comenzó a desmoronarse.

No de inmediato.

Primero… grietas.

Luego polvo.

Ceniza oscura que el viento inexistente empezó a arrastrar.

Su forma se deshacía lentamente, como si nunca hubiera sido completamente real.

Y en el último instante… Antes de desaparecer por completo… Su mirada cambió.

Levemente.

Como si… Por un segundo… Hubiera sido libre.

Luego… nada.

Silencio.

Dhavid soltó la espada.

O eso creyó.

Porque no cayó.

Se quedó en su mano.

Un cosquilleo recorrió sus dedos.

Subió por su brazo.

Frío.

Pesado.

Antiguo.

Y entonces… lo sintió.

Como si algo se imprimiera directamente en su mente.

[Filo de la voluntad rota] Rango: ???

Descripción: Una hoja plateada, ahora veteada por grietas de un negro absoluto que parecen palpitar con un eco de agonía.

Su brillo original, nacido de los bosques eternos, se extinguió en el momento en que las raíces del mundo fueron reemplazadas por el azufre.

No es solo metal; es el fragmento de un alma que olvidó su propio nombre bajo el peso de un cielo que nunca conoció el sol.

Quien empuña este acero siente el frío de una soledad eterna: el vacío de quien vaga por orillas de ceniza, movido no por el deseo, sino por hilos invisibles de una fuerza que ya no le pertenece.

La espada es el mapa de un regreso imposible, un recordatorio de que incluso el espíritu más puro puede convertirse en una cáscara vacía si se le obliga a danzar en el abismo durante demasiado tiempo.

Dhavid se quedó inmóvil.

Mirando el arma.

Sintiendo su peso.

No físico.

Sino… algo más.

—…esto…— susurró.

Su mano tembló.

No de miedo.

No completamente.

Era reconocimiento.

Algo dentro de él… entendía esa espada.

Demasiado bien.

Levantó la mirada.

La isla seguía ahí.

Muerta.

Silenciosa.

Pero ahora… Vacía.

El caballero había desaparecido.

Las criaturas no entraban.

Y por primera vez… No había nada atacándolo.

Nada mordiéndolo.

Nada arrancándolo.

Solo… silencio.

Dhavid respiró.

Lento.

Doloroso.

Pero real.

—…sigo vivo…—.

Sus piernas temblaron.

Casi cayó.

Pero no lo hizo.

Apretó la espada.

—…y no me voy a quedar aquí…—.

Pero en el fondo… Muy en el fondo… Sabía algo.

Ese combate… No había sido una victoria.

Había sido… Un aviso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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