Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Renaciendo como el bastardo del señor del fuego - Capítulo 3

  1. Inicio
  2. Renaciendo como el bastardo del señor del fuego
  3. Capítulo 3 - 3 Volumen 1 El niño que aprendió a usar a los dioses
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

3: Volumen 1: El niño que aprendió a usar a los dioses.

Capitulo 3: Dos herederos, una voluntad 3: Volumen 1: El niño que aprendió a usar a los dioses.

Capitulo 3: Dos herederos, una voluntad Por primera vez, Ozai guardó silencio más de lo habitual.

No porque compartiera las sospechas de Ursa… sino porque algo en sus palabras había despertado en él un interés más afilado, más peligroso.

—Me aseguraré de observarlo con más atención —respondió lentamente, como quien huele la oportunidad dentro de un riesgo—.

Gracias por tu… preocupación.

Ursa entendió que había perdido esta batalla.

Pero también entendió que había sembrado algo en Ozai: curiosidad.

Y Ren… Ren siempre sabía cómo aprovechar la curiosidad de los demás.

punto de vista de ren…

El pasillo que conducía al salón privado de Ozai estaba casi vacío, salvo por la vibración tibia de las antorchas encendidas.

Ren caminaba sin prisa, como quien da un paseo casual.

Pero sus ojos… esos ojos siempre estaban atentos.

Cuando se acercó a la gran puerta de madera tallada, escuchó la voz tensa de Ursa detrás de ella, seguida de la respuesta gélida de Ozai.

Ren no pudo evitar detenerse.

—No quiero ver a nuestros hijos convertidos en piezas de un juego que él entiende mejor que nosotros —decía Ursa.

Silencio.

Ren inclinó la cabeza.

Interesante… Luego, la voz baja y afilada de Ozai: —Me aseguraré de observarlo con más atención.

Gracias por tu… preocupación.

Ren sonrió apenas.

Un gesto tan pequeño que habría pasado desapercibido incluso para Azula.

Pero en Ren era significativo.

Así que finalmente empezaron a sospechar.

Esperó unos segundos.

Pasos suaves.

La puerta se abrió, y Ursa salió.

Ren se apartó disimuladamente, oculto detrás de una columna, respirando despacio.

Ella pasó cerca… y él la estudió.

El gesto rígido de sus dedos.

La tensión en la mandíbula.

La preocupación en sus ojos.

Una herramienta que no cumple su rol… está condenada a ser un sacrificio, se dijo, recordando una frase de su vida anterior.

Y Ursa ya no cumplía su rol.

Esperó a que se alejara antes de entrar al salón.

Ozai estaba de espaldas nuevamente, mirando las llamas.

Ren avanzó despacio, adoptando la postura exacta de un niño respetuoso.

—Padre —dijo suavemente.

Ozai giró apenas, sorprendido de verlo.

—Ren.

¿Qué haces despierto?

Ren bajó la mirada, temblando lo justo, calculado.

—Escuché a la Reina… hablar sobre mí.

Lo siento.

No intentaba espiar.

Ozai entrecerró los ojos.

En realidad, le gustaba que sus hijos escucharan lo que no debían.

Demostraba astucia.

—¿Qué escuchaste exactamente?

Ren avanzó un poco más.

El fuego reflejaba sombras agudas en sus ojos.

—Que… que ella cree que no pertenezco aquí.

Que… me teme.

Ozai estudió su rostro, buscando señales de manipulación.

Pero Ren era un actor perfecto: su voz se quebró lo suficiente, su postura se cerró casi de manera instintiva.

—También dijo… que yo miro a Azula como si quisiera usarla.

Y que tú deberías tener cuidado conmigo.

Ozai levantó la barbilla.

Eso sí le molestó.

Ren continuó: —Sé que la Reina… te quiere.

Pero algunas veces… creo que solo piensa en su familia.

No en tu visión.

Ni en lo que tú quieres construir.

El silencio se volvió pesado.

Ren lo llenó con veneno dulce.

—Padre… —dijo con un susurro inocente— si ella piensa eso de mí, cuando todo lo que quiero es ayudarte, proteger a mis hermanos… ¿qué dirá de Azula cuando sea más fuerte?

¿O de ti… si no está de acuerdo con tus decisiones?

La mirada de Ozai se endureció.

Ren lo vio.

Y empujó un poco más.

—Yo jamás te traicionaría.

Jamás dudaría de tu poder.

Pero… —alzó la vista, dejando que una sombra de miedo real pasara— si la Reina se convierte en una amenaza para la estabilidad de tu familia… para tu reinado… Hizo una pausa perfecta.

—…entonces alguien tendrá que hacer un sacrificio.

Como tú siempre has dicho.

Ozai no respondió de inmediato.

Miró el fuego, sus pensamientos devorándose unos a otros.

Ren bajó la mirada otra vez, sus dedos entrelazados como si fuera un niño angustiado.

Pero en su mente, el tablero ya había cambiado.

Ursa plantó dudas sobre mí.

Yo solo devuelvo el favor… multiplicado.

Ozai finalmente habló, con voz baja y peligrosa: —Vete a dormir, Ren.

Has… dado mucho en qué pensar.

Ren hizo una reverencia impecable.

—Solo quiero ser útil para ti, Padre.

Salió del salón con pasos controlados, lentos… pero cuando dobló la esquina y supo que nadie lo veía, su expresión cambió.

No sonrió.

No celebró.

Solo dejó que sus ojos mostraran por un instante esa oscuridad fría que llevaba desde su vida pasada.

Una herramienta defectuosa es un riesgo.

Y los riesgos se eliminan.

Esa noche, por primera vez, Ozai empezó a ver a Ursa como un estorbo.

Y Ren… Ren lo había decidido: uno de los primeros sacrificios del juego sería la reina.

no tuvo que esperar mucho para que el plan se pusiera en marcha…

La lluvia golpeaba suavemente el techo del palacio, un murmullo constante que parecía arrastrar la tensión que desde hacía días se respiraba en cada pasillo.

Los sirvientes evitaban encontrarse en los corredores.

Las antorchas ardían más bajo, como si ellas también presintieran algo.

Ren avanzaba por el corredor oeste sin prisa, con las manos escondidas en las mangas de su túnica.

Sabía a dónde iba.

Sabía lo que estaba a punto de ocurrir.

Habían pasado tres días desde su conversación con Ozai.

Tres días en los que el Príncipe lo había observado con más atención… y a Ursa con más desconfianza.

Tres días suficientes.

Al doblar una esquina, Ren se detuvo.

La puerta del estudio personal de Ozai estaba entreabierta, y dentro se escuchaban voces.

Una de ellas temblaba.

Ursa.

Ren se apoyó suavemente contra la pared, lo bastante cerca para escuchar, lo bastante lejos para no ser visto.

Dentro del estudio —No puedo permitir que hagas esto, Ozai —la voz de Ursa estaba quebrada, pero aún firme—.

No puedo.

No por mí… sino por nuestros hijos.

Por Zuko.

Por Azula.

—¿Y quién dijo que esto es por ti?

—respondió Ozai con fría calma.

Hubo un golpe seco: una jarra colocada violentamente sobre la mesa.

—No tienes idea de lo que estás haciendo —insistió Ursa, más desesperada—.

Estás dejando que el miedo te nuble el juicio.

¡Ren es solo un niño!

Ren cerró los ojos un instante.

Exacto.

Sigue diciendo eso.

El silencio dentro del estudio se hizo espeso.

—¿Un niño?

—repitió Ozai, con un tono más oscuro que el fuego más negro—.

Un niño que entiende cómo manipular a quienes lo rodean.

Uno que finge fragilidad para esconder ambición.

Un niño que sabe leer a las personas mejor que muchos adultos que he conocido.

Un paso fuerte.

Como si se hubiera acercado a ella.

—Y tú… —continuó Ozai— tú decidiste enfrentarte a él.

A mí.

Eso es algo que no puedo permitir.

Ursa no respondió de inmediato.

Cuando habló, su voz era un susurro herido.

—Si lo que deseas es que me vaya… lo haré.

Pero no toques a Zuko.

Ni a Azula.

Ren abrió los ojos.

Interesante.

Ursa siempre había sido perceptiva; estaba negociando su propia vida por la de sus hijos.

Pero Ozai ya había cruzado un punto sin retorno.

—No eres tú quien está en posición de pedir nada —escupió Ozai.

—Ozai… por favor— Hubo un silencio tan profundo que Ren casi imaginó ver el fuego detenerse en las antorchas.

Y luego… —Hay un veneno —dijo Ozai finalmente—, uno que podría hacer que… ciertas cosas cambien en el futuro.

Si cooperas, no tendré que usarlo contra nadie más.

Ren abrió los ojos un poco más.

Así que ya tomó su decisión.

Ursa jadeó suavemente.

—¿Me estás pidiendo… que cometa un regicidio?

—Te estoy pidiendo que protejas a tus hijos —respondió Ozai, como si fuese obvio.

Ren escuchó pasos apresurados.

Un temblor.

Ursa lloraba en silencio.

Y Ozai, sin piedad, continuó: —Si haces esto, desaparecerás de aquí esta misma noche.

Si no… —dejó que el silencio hablara por él— los niños pagarán el precio.

Ren observó el vacío delante de él, su rostro imperturbable.

El sacrificio se está consumando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo