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Renaciendo como el bastardo del señor del fuego - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Volumen 3Donde nace la devoción
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9: Volumen 3:Donde nace la devoción.

Capitulo 1: El Aire de la Libertad 9: Volumen 3:Donde nace la devoción.

Capitulo 1: El Aire de la Libertad El aire fuera del calabozo era tan distinto que casi le quemó los pulmones.

No por frío ni por fuego, sino por amplitud.

Después de dos años respirando humedad, encierro, moho y silencio absoluto, el aire libre del palacio tenía un olor casi intoxicante: incienso imperial, aceite de antorchas, metal pulido… y arrogancia.

El sol de la tarde entraba desde las ventanas altas, iluminando los muros rojos y negros.

Ren parpadeó una sola vez, adaptándose.

A su lado, Azula caminaba con la espalda recta y el mentón en alto.

Los guardias que patrullaban los pasillos se detenían apenas la veían; y al ver a Ren, se tensaban como si un espíritu hubiera escapado de las entrañas de la tierra.

—Deberían agradecer que los ignoré —comentó Ren con voz tranquila, solo para ver la reacción.

Uno de los guardias tragó saliva.

Azula sonrió de lado.

—No te agrandes —respondió sin mirarlo—.

Aún no estás frente a mi padre.

Ren la siguió sin prisa, observando cada detalle del palacio que había dejado atrás.

Había cambiado… o él había cambiado tanto que ahora lo veía con otros ojos.

Había más guardias.

Más disciplina.

Más silencio.

Ozai estaba preparando algo.

Algo grande.

Y Ren lo sabía.

🔥 El pasillo hacia la sala del trono Las puertas gigantes del salón imperial se divisaban a lo lejos, como un par de colmillos negros esperando morder.

Azula se detuvo a un paso de ellas.

—A partir de aquí… —dijo sin voltearse— cuida tus palabras.

Ren se inclinó levemente hacia ella.

—¿Consejo, advertencia… u otra de tus maneras de mostrar que te importa?

—susurró.

Azula lo empujó ligeramente con un dedo en el pecho.

—No pruebes mi paciencia, Ren.

Todavía no.

Las puertas se abrieron.

El sonido de los metales resonando marcó un antes y un después.

👑 La sala del trono Centenares de braseros ardían en el salón, pero la luz parecía inclinarse hacia el centro: donde el Señor del Fuego Ozai esperaba sentado en su trono negro, con la máscara de fuego tallada detrás de él.

No se movió cuando Ren apareció.

Ni siquiera cambió su postura.

A su lado, dos ministros y un grupo de generales murmuraban entre sí.

Cuando vieron entrar al joven, los murmullos murieron como si un viento helado los hubiese apagado.

Ren caminó en línea recta, con los pies descalzos —le habían quitado calzado en prisión— pero con la dignidad intacta.

Las antorchas se inclinaron un instante cuando pasó, casi como si reaccionaran a su presencia.

Ozai entrecerró los ojos.

—Ren.

—su voz resonó con la misma frialdad que recordaba—.

Ha pasado… demasiado tiempo.

Ren inclinó la cabeza apenas.

—Usted así lo decidió, mi señor.

Un general carraspeó, incómodo.

Azula observaba en silencio desde un lado del salón, con expresión estudiada.

Ozai apoyó un codo en el brazo del trono.

—He escuchado informes interesantes sobre ti.

Dicen que entrenabas día y noche en tu celda.

Dicen que tu fuego… cambió.

Ren sonrió apenas, lento.

—Los informes son… modestos.

Un segundo de silencio.

Ozai no parpadeó.

—Enséñame.

Ren levantó una mano.

No creó una llama.

No generó calor.

La luz blanca comenzó a reunirse en su palma como un punto microscópico que vibraba con una intensidad imposible.

Las antorchas se apagaron durante un instante.

Los generales retrocedieron.

Azula sonrió.

Ozai se incorporó en su trono, por primera vez sorprendido.

Ren cerró el puño y la luz se desintegró sin ruido.

—Control absoluto —dijo con calma—.

Usted quería un arma.

Aquí la tiene.

Ozai lo observó con un interés que rozaba el peligro.

—El Avatar escapó de tu hermano —declaró el Señor del Fuego, ignorando el comentario de Ren—.

Tú lo traerás a mí.

Vivo, si es posible.

Muerto, si es necesario.

Ren inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y Zuko?

Una sombra pasó por el rostro de Ozai, apenas perceptible.

—Zuko ya no es relevante para los asuntos del trono.

Ren ocultó su satisfacción con una máscara de neutralidad perfecta.

—Entonces partiré de inmediato.

Ozai hizo un gesto con la mano.

—Azula te acompañará.

Y tu equipo ya espera en el puerto.

Ren giró sobre sus talones.

Pero antes de salir, Ozai añadió: —Ren.

No olvides quién te devolvió tu libertad.

Ren no se giró.

—Jamás olvidaría que me devolvió algo que él mismo me quitó.

Las puertas se cerraron en un estruendo amortiguado.

durante el camino hacia el puerto El aire del exterior era más fresco, cargado con el olor a mar y a motores de guerra.

Azula caminaba a su lado, los brazos cruzados.

—Tu primer encuentro con él después de dos años —comentó— y no te quemó vivo.

Estoy sorprendida.

Ren la miró de reojo.

—Él también.

Le cuesta admitir que no puede controlarlo todo.

Azula sonrió con satisfacción oscura.

—Bien.

Entonces esto será divertido.

El puerto militar estaba repleto de actividad: soldados cargando cajas, ingenieros revisando válvulas, capitanes dando órdenes a gritos.

En el centro, un gran barco de guerra esperaba con la bandera de la Nación del Fuego ondeando en lo alto.

Pero Ren solo miró a un punto específico del muelle.

Tres figuras femeninas esperaban allí.

Azula levantó el mentón con orgullo.

—Ren… Permíteme presentarte a mi equipo.

🔥 Mai De pie, con postura impecable, brazos cruzados, expresión muerta.

No pestañeó al verlo.

No se movió.

No mostró emoción alguna.

Ren la observó de arriba abajo.

—Eres más alta de lo que esperaba para alguien tan… silenciosa.

Mai soltó un suspiro aburrido.

—Y tú estás más sucio de lo que imaginaba para alguien tan… importante.

Azula casi sonríe.

Casi.

🔥 Ty Lee La acróbata saltó literalmente al frente, dando una voltereta en el aire antes de aterrizar a un metro de Ren, con una sonrisa enorme.

—¡Hola!

¡Eras el hermano perdido súper misterioso de Azula!

¡Pensé que serías más grave y deprimente pero pareces… intenso!

¿Y qué tipo de chi usas?

Porque te ves como alguien que arde por dentro pero no quema por fuera y— —Ty Lee —Azula cortó de inmediato.

Ty Lee sonrió culpable y se hizo a un lado.

Ren no dijo nada… pero Ty Lee retrocedió instintivamente.

Había algo en su mirada que la hizo sentir analizada, evaluada.

🔥 Suri La ex–generala estaba erguida, seria, con la mirada fija en él.

Ella sí lo evaluaba de regreso.

—Ren —dijo sin florituras—.

Había escuchado de ti.

Puedo ver que la mitad de esos rumores se quedan cortos.

Ren inclinó la cabeza ligeramente.

—La primera impresión es mutua.

Los ojos de Suri brillaron un segundo.

Había encontrado a alguien que hablaba su idioma: el de los depredadores que saben reconocer a otro.

🔥 Keiko Estaba al fondo, sentada sobre un cajón, afilando una daga.

Ni siquiera levantó la mirada cuando Ren se acercó.

Azula carraspeó.

Keiko paró, lo miró… y una ceja se levantó lentamente.

—Wow —dijo en voz baja—.

Dos años en un calabozo y sigues viéndote listo para matar a un dios.

Ren sonrió apenas.

—Gracias por el cumplido.

Azula intervenía entonces, con orgullo aunque tratara de ocultarlo.

—Ellas son mi equipo.

Con ellas, y contigo… atraparemos al Avatar.

Ren miró a las cuatro mujeres, cada una más letal que la otra.

Luego miró a Azula.

—No atraparás al Avatar, Azula.

Ella entrecerró los ojos.

Ren dio un paso adelante, su sombra cubriendo a las cuatro.

—Lo cazaremos.

Azula sonrió.

Y el barco zarpó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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