Renegade: Beyond Divinity / Renegado: Más Allá de la Divinidad - Capítulo 4
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4: Capítulo 3.
4: Capítulo 3.
En otra dimensión alterna se encuentra una ciudad llamada “Tikal”, ahí vive una civilización antigua que en la actualidad se considera extinta.
—¡Usted también sintió esa presencia!
—dijo el rey con voz preocupada a uno de los sacerdotes antiguos.
El sacerdote se encontraba paralizado y sudando frío.
Una presencia que creían haber borrado, y por lo que acababan de sentir, decía lo contrario.
Esto solo lo sintieron las personas con un nivel de Kin extremadamente elevado.
Cuando Kanec despertó, esa enorme explosión no solo afectó a las personas de la Tierra.
También afectó el espacio y el tiempo, incluyendo otras dimensiones.
Mientras Kanec seguía buscando rastros de ellos en las antiguas ciudades.
—Ningún rastro… parece que abandonaron este lugar.
Kanec comenzó a visitar cada pirámide que había, iniciando desde Tinam o La Danta, siguió con Calakmul y continuó con los restos que quedaban, escaneándolos uno por uno.
Hasta llegar a la cima de Uxmal.
Todos abandonados.
Ya no era como él lo conocía.
Entonces pensó: —¿Será que se extinguieron…?
¿No?
Lo dudo.
En ese caso solo hay una forma de averiguarlo.
¡Paf!
Se teletransportó hasta llegar a la cima del templo de Kukulkán.
A unos metros en el aire, se dejó caer haciendo contacto con la superficie del templo.
¡Bum!!
Un fuerte sonido se escuchó en los alrededores y el eco lo duplicó.
Algunos turistas que se encontraban por debajo escucharon como si una bomba hubiera explotado cerca de la entrada del templo.
Esto los asustó.
Comenzaron a grabar lo que oyeron y otros lo publicaron en sus redes, pero no vieron a Kanec.
Él ya estaba adentro del castillo.
—Veo que ya no están los altares —pensó.
A simple vista no parecía nada interesante, pero Kanec sabía que detrás de esa pared de roca había una puerta, una entrada al reino de los dioses.
Recordó cómo era antes ese lugar, pero no le dio importancia.
Miró la pared que le bloqueaba el paso, puso una mano sobre ella y al instante se abrió de una forma extraordinaria, como si una gota cayera sobre un estanque de agua sin movimiento.
La atravesó y la puerta se volvió a cerrar.
De un momento a otro, Kanec ya se encontraba en el reino de los dioses.
Era como si detrás de una cortina hubiera un mundo completamente nuevo.
Pero todo se encontraba destruido, escombros por todos lados.
Caminó hacia el interior del palacio que también estaba en decadencia.
¡Crujido!!!
Abrió la puerta.
Aunque el palacio se encontraba en mal estado, Kanec avanzó hacia dentro sin ninguna preocupación.
Ante él se encontraban 10 tronos vacíos cubiertos de polvo.
Tres de ellos estaban quebrados y los otros con grietas.
Cada uno tenía los bordes cubiertos de oro puro, ordenados en forma de medialuna.
—Ya veo… ¿tampoco está por aquí?
—murmuró—.
Eso significa que… ¿abandonaron este planeta?
—Eso explica por qué no reconstruyeron este lugar.
Salió del palacio y le llegó un pequeño recuerdo mientras caminaba por donde entró.
—Lo último que recuerdo es cuando sentí que algo me atravesó el cuerpo y comencé a desvanecerme.
Después, cuando cobré la conciencia, ya estaba de vuelta… Sea como sea, te encontraré.
Solo espérame un poco.
Salió de ahí y de un parpadeo ya estaba en el techo del templo.
Miró hacia arriba, puso su mano derecha en su frente para tapar la luz solar que le estorbaba la visión.
—¿Cuánto falta para la alineación planetaria?
A ver si descubro algo con la alineación de los planetas y las estrellas —pensó, mirando hacia el cielo.
Sus pupilas se ajustaron por un instante como una cámara haciendo zoom.
Sus ojos eran tan superiores a cualquier otro ser vivo.
Vio que los planetas aún no estaban en su formación lineal.
—Aún falta mucho para que se alineen.
Aunque los alineara a mi voluntad, esto provocaría un eclipse y llamaría mucho la atención por el cambio repentino.
—Qué más da, en 5 días estos se alinearán.
De su mano salió una especie de luz azul brillando sobre sus dedos.
Movió sus dedos en la dirección del sol que se encontraba al oeste.
Al configurar eso, ahora se enfocó en las personas que se encontraban por debajo.
Ellos no lo veían, pero él sí los podía ver, oír, sentir y oler gracias a sus sentidos superagudos, aunque las personas no tenían Kin.
—¿Quiénes son estas personas?
¿Y por qué están viendo hacia acá?
Umm… es por el ruido que hice —murmuró.
También se le ocurrió una duda—.
¿Qué pasó con las otras civilizaciones?
Tal vez saben algo de lo que pasó.
Bien, hora de hacerles una visita.
Se teletransportó hasta Machu Picchu.
Creyó que la gente de ahí seguía viviendo en la ciudad, pero igual estaba abandonada.
Con solo verlo, se fue de ese lugar hasta la Acrópolis de Atenas.
También estaba en ruinas.
En cuanto pisó el lugar se teletransportó rápidamente.
Esta vez llegó hasta encima de la pirámide más grande que la humanidad ha construido: la Gran Pirámide de Giza.
Kanec, mirando desde encima hacia abajo todo derrumbado, decidió bajar hasta la entrada.
Avanzó hacia adentro.
Cuando llegó al medio se detuvo y extendió su mano tal como lo hizo en el templo de Kukulkán.
—Veamos si ellos siguen aquí —dijo.
Después se detuvo y pensó—: ¿No?
Esto podría salir mal, ocasionaría otra batalla y no quiero pelear contra ellos.
Pero por lo que pasó estoy seguro de que me tienen miedo y me atacarían enseguida.
Bajó su mano, se dio la vuelta y de nuevo se paró en la cima de la pirámide.
Miró hacia el cielo y dio un suspiro.
Luego extendió su mano izquierda.
Apareció un portal que conducía hacia la dimensión por donde estuvo cuando despertó.
Entró en el portal y apareció en una dimensión igual a la Tierra, pero completamente inhóspita.
Solo él estaba allí.
Se paró a unos kilómetros de distancia de un lago y se sentó.
Dobló las rodillas en forma de meditación.
—No puedo creer que todas hayan perecido… incluso los otros dioses se encerraron en sus propios reinos —pensó, mientras se encontraba en pose de meditación y admirando la belleza de la naturaleza.
Cerró los ojos y comenzó a meditar.
No era cualquier meditación, sino que comenzó una búsqueda entre dimensiones.
Se conectó con la materia y los elementos, como una red de información, pero no encontró nada.
Lo que estaba buscando no tenía rastro.
Abrió los ojos y los volvió a cerrar, pero esta vez era diferente.
Parecía que estuviera en un lugar completamente distinto, manteniéndose en la misma forma, pero con los ojos abiertos.
Delante de él estaba otro con la misma posición de meditación, pero sus manos las tenía colocadas sobre las rodillas y sí tenía los ojos cerrados.
—¿Estás más calmado de lo que pensé?
—dijo el que tenía los ojos cerrados—.
Has cambiado un poco desde que despertaste.
—No sé bien qué es esto, pero es algo que nunca había sentido… y tampoco me incomoda.
Esto es algo que nunca había sentido hasta ahora —respondió Kanec—.
Quiero experimentar más esto que estoy sintiendo.
—Sabes que eso no durará, ¿verdad?
—dijo el otro.
—Estoy consciente de ello, pero por ahora dejaré que esto continúe hasta donde llegue —dijo Kanec con voz seria.
—Si es lo que deseas, no puedo detenerte.
Al escuchar esas palabras, Kanec se puso de pie, lo miró al sujeto y le dijo: —¿Has logrado encontrar algo?
—No, nada aún.
Estoy buscando por todas partes —respondió a Kanec.
—Mantenme informado si descubres algo.
Al decir eso, Kanec se dio la vuelta y abrió los ojos.
Pero no estaba de pie, sino que seguía manteniéndose en la forma de meditar.
Ahora sí se levantó, se retiró del acantilado.
Mientras caminaba por los pastos verdes con el cielo azul y los árboles verdes, ese lugar era todo un paraíso.
Era la versión de la Tierra sin la existencia de los humanos.
Excepto Kanec, el único ser vivo allí.
—Si estoy aquí, eso significa que cosas importantes están por venir y debo estar preparado en cuanto eso ocurra —murmuró.
—Suspiro… —Qué aburrido.
Mejor iré a distraerme… pero las personas que vi parecen que ya no son como yo las conocía… iré a averiguar qué tanto han cambiado las cosas por aquí.
A lo lejos se veía una cabaña antigua, pero Kanec se dirigió hacia esa dirección.
La cabaña estaba construida con paredes de madera y su techo cubierto de piedra.
Era el único refugio que había en el mundo primigenio, donde el aire era tan puro, tan limpio, que casi se sentía como un elemento nuevo.
No había pasos, no había voces, no había huellas.
Solo bosques interminables, árboles colosales que se elevaban como catedrales naturales.
Abrió la puerta y entró adentro.
Se dirigió hacia la pared donde estaba una capa con una tela hecha de algodón que hacía lucir que fue hecha con cuero.
La tomó y salió.
Se puso la capa y abrió el portal.
Apareció en los bosques y se teletransportó al azar.
Apareció en la cima del One World Trade Center en Nueva York.
Al primer respiro que dio sintió que le ahogaba el viento por los olores que le llegaban.
Él no estaba acostumbrado a esto, ya que provenía de una era sin contaminaciones, solo naturaleza.
Y por sus sentidos bien agudizados, ruidos le llegaban al oído en todas direcciones.
Él podía controlar sus sentidos como le placiera y decidió bajar la agudeza a un nivel de cualquier humano, pero su fuerza seguía siendo elevada.
Alzó la mirada.
Lo que sus ojos veían eran edificios enormes cubiertos de cristales, aviones y helicópteros por el aire como pájaros, carros que se movían por las calles, personas caminando por todos lados con ropas de diferentes estilos y modas… Él observaba desde lo más alto con la capa que se movía al ritmo del viento.
—Vikingos… ¿Qué hacen en este lugar?
Nunca pensé que la humanidad llegaría hasta este punto.
Será mejor no llamar la atención, tendré que ser muy precavido —fue lo primero que pensó al ver el avance que había dado la humanidad.
Tras ver un rato, decidió explorar alrededor del mundo.
Porque esto era como un nuevo mundo para él.
¡Paf!
Llegó hasta la Torre de Shanghái en China.
En lo más alto estaba parado, mirando abajo.
Con su supervista vio un callejón donde no había personas y decidió bajar al suelo.
Se teletransportó allí.
De repente sintió una energía que era algo similar al Kin, pero provenía desde el otro lado del callejón.
Caminó hacia esa dirección.
Cuando llegó ahí logró ver a una persona entrar por una puerta y había un guardia ahí, un tipo fuerte y un poco más alto que Kanec.
Cuando el guardia cerró la puerta, volteó.
Kanec estaba parado delante de él y le preguntó: —¿Tienes algo que hacer por aquí?
Si no, lárgate antes de que cambie de opinión.
Kanec no dijo nada, solo estaba parado, y esto hizo enfurecer al guardia.
—¡Oye!
¿Estás sordo…?
¿Acaso no escuchaste lo que dije?
Kanec seguía sin responder y dio un paso adelante.
Esto enfureció aún más al guardia, quien apretó sus puños y le dio un golpe con todas sus fuerzas dirigido directo a Kanec.
Pero antes de que pudiera golpearlo, Kanec lo esquivó con una velocidad aterradora que supera el ojo humano.
¡BOOM!!
El guardia creyó golpear, pero justo antes del golpe Kanec cortó el viento con su mano y esto creó una barrera de viento invisible.
El golpe fue tan fuerte que dejó los puños del guardia reventados y salió volando por la puerta.
—¿Qué fue ese ruido?
¡Hey!
Tu puño está sangrando.
—dijo el otro guardia que se acercó por el ruido.
Cuando el guardia miró, Kanec ya no estaba.
Sin que se diera cuenta, ya se había ido…
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