Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo
  3. Capítulo 13 - 13 Interludio - 2
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: Interludio – 2 13: Interludio – 2 Interludio 2 — La amenaza del dolor fantasma Beatrice, sentada como siempre en su taburete, fingía leer el libro que tenía entre sus manos, apoyado en las piernas cruzadas.

Sin embargo, su mirada se perdía en la puerta cerrada.

Ella esperaba algo… Algo que la había atormentado durante 400 años.

Esperaba a «esa persona».

¿Por qué la dejaba sola tanto tiempo?

¿Siquiera existía?

Betty lo sabía.

Sabía la verdad… Esa «persona» no debía existir.

Pero era veneno.

Veneno que Betty debía tomar.

Que debía ahogarla hasta dejarla sin aire.

Porque de otra forma… Betty no sabía qué haría.

400 años en esta vieja biblioteca.

La biblioteca de Madre, que le pidió cuidar.

Hacía siglos que había memorizado cada libro en su mente.

¿Cuántas veces los había releído una y otra vez?

Esperando.

Esperando.

Esperando.

Algo.

Un cambio.

Pero esta era la definición de la locura.

¿Cómo esperar un resultado diferente si hacía lo mismo?

Lo mismo una y otra vez.

Esperar.

Esperar que esa puerta se abriera.

Que esa «persona» apareciera.

Que se llevara a Betty.

Que la mimara.

Que la cuidara.

Que Betty fuera todo en su mundo.

Ella… El Gran Espíritu estaba maldita.

Maldita por las palabras de la Madre de Betty.

Pero en el fondo lo sabía… Betty se había puesto las cadenas ella misma.

Sabía que era ilusa.

Esa «persona» no existía.

Pero Betty… Ella quería… Que fuera real.

Necesitaba que fuera real.

¡Deseaba que fuera real!

De otra manera, el dolor de Betty no tenía sentido.

Debería haber salido al mundo.

Viajar.

Ver qué se perdía.

Pero Betty estaba encadenada.

Entre sus expectativas, sus deseos, sus sueños y las palabras de Madre.

Estaba asfixiada en una jaula en la que Betty se había metido por voluntad propia.

Betty estaba sola.

Todos los días.

Todas las horas.

Día.

Noche.

Tarde.

Amanecer.

Llueva.

Nieve.

El polvo flotaba perezoso en el aire estancado, iluminado por la luz tenue que se filtraba desde las altas ventanas.

Betty estaba sola.

Sola en esta oscuridad asfixiante.

Betty deseaba salir, pero Betty no tenía la fuerza para hacerlo sola.

Cerró el libro que no leía con un golpe seco.

Observó la puerta de madera una vez más, los ojos fijos en la superficie agrietada por el tiempo.

Las estanterías estaban llenas de libros que ya sabía de memoria.

Esperaba.

Esperaba que esa puerta se abriera.

Que esa «persona» apareciera.

Tenía que… O Betty no sabría qué hacer.

Se levantó con lentitud, dejando el viejo libro en su sitio.

En cambio, recogió otro.

Un libro de pasta negra.

El libro de Madre.

Solo existían dos copias.

La suya y la del payaso.

La del payaso había sido heredada por sus hijos y los hijos de sus hijos.

La del payaso funcionaba.

Pero la de Betty… Tomó asiento en su taburete de nuevo, los dedos temblando ligeramente sobre la cubierta.

Le dolía.

Dolía abrir este libro maldito y no ver nada.

Páginas en blanco eternas.

Eternamente blanco.

Eternamente sin nada.

A Betty le dolía, pero Betty quería ver… El día que cambiara.

¡Tenía que cambiar!

¡Betty estaba harta!

¡Betty quería salir!

¡Quería a alguien!

¡Necesitaba a esa «persona»!

Se calmó de golpe, el pecho subiendo y bajando con respiraciones entrecortadas.

Con dedos vacilantes, tocó el libro.

Estaba por abrirlo.

A Betty le dolía el corazón.

Le dolía como un puñal oxidado.

Otra vez.

Otra vez no vería nada Betty, ¿verdad?

Los instantes en que abría el libro parecían una tortura.

Una tortura que Betty sufría cada vez que abría este maldito libro.

Lo abrió.

Nada.

Páginas en blanco.

Blanco eterno.

Betty sintió su corazón hacerse más trizas.

Si es que a estas alturas aún tenía corazón que perder.

Suspiró, un sonido hueco en el silencio opresivo, e intentó procesar lo que sentía.

Sus deseos… Una vez más fueron rechazados.

A Betty le dolía una vez más.

Esta tortura que no terminaba.

Que no cambiaba.

Que no hacía nada.

Betty era tonta.

>>>>> Al día siguiente… Beatrice observaba a su hermano, Puck, irse con la semielfa.

Iban en un carruaje junto a la sirvienta de cabello rosa.

Desvió la mirada hacia el interior de la mansión una vez más.

La semielfa le recordaba a Satella, la Bruja de la Envidia.

La mujer que más odiaba su Madre.

¿Por qué?

Quizás porque Satella tenía el amor del hombre más inteligente del mundo: El Gran Sabio, Flugel.

¿Y qué era el hombre más sabio del mundo para Madre?

Exacto, una fuente de conocimiento.

Y Echidna, la Bruja de la Codicia, lo quería todo.

Y Flugel podría darle más que nadie en el mundo.

Al menos, eso pensaba Madre al inicio.

Después, como doncella, se había enamorado del enigmático Gran Sabio.

El Sabio enamoró a Madre de pies a cabeza.

No recordaba cuántas veces le había escuchado divagar sobre él.

Madre se enamoró perdidamente.

Entonces ocurrió todo aquello y el mundo cambió.

Beatrice dejó de recordar el pasado y regresó a su biblioteca.

Observó el libro negro, el Evangelio, sobre el taburete.

Era hora… de abrirlo de nuevo.

De una vez más, ver su dolor crecer.

Lo sujetó con dedos firmes y se sentó con calma.

Esta vez era rutina, no desesperación.

Sus pequeños dedos tocaron la cubierta y lo abrieron sin duda alguna.

No esperaba nada.

Y ahora… Había algo.

Beatrice sintió su corazón latir al máximo —claro que era una expresión; ella era un espíritu.

Sus ojos se abrieron en shock y observó el contenido con suma atención.

—«Mi querida hija: Soy tu madre, Echidna.

¿Qué decir?

Ya lo sabes, ¿verdad?

¿Verdad?

Esa «persona» no existe.

Sé que lo sabes.

Sé que lo sabías.

Sé que luego lo supiste.

Pero sigues aquí, en la biblioteca, hija mía.

No te mentiré.

No me duele.

No me importa realmente tu dolor.

Pero… eso ya lo sabes, ¿no, hija mía?

Sabes la clase de madre que tienes.

Esto no es ninguna sorpresa.

No debería serlo.

Soy codicia.

Quiero todo.

Me encanta el conocimiento.

Anhelo y deseo el conocimiento.

Y el hombre que amaba… se fue.

Ese día murió tu madre, mi querida hija.

Todo después de aquello ni siquiera valía la pena.

¡Pero lo supe!

Él volvería.

Volvería a este mundo y por eso busqué vivir.

¡Vida eterna, para esperarlo!

Entonces ocurrió lo del Santuario.

Mis planes no salieron como quería.

Perdí mucho.

¿Y sabes?

Aquello sí me dolió.

Porque no volvería a verlo.

Bueno, tu madre tenía un plan B.

Sé que lo sabes o lo sabrás.

¡Sin embargo!

Alégrate, hija mía: esa persona no existe.

Ahora eres libre.

Libre de salir de ahí.

Pero… Sé que lo sabes.

Sé que sabes qué sé.

¿Por qué te digo todo esto ahora?

Hija mía, él ha vuelto.

El hombre que amo ha vuelto a este mundo.

¡Y vaya que lo hizo, hija mía!

Ahora… Es el Elden Lord.

Señor de las Tierras Intermedias.

Destructor de dioses.

Asesino de la Muerte.

Asesino de la Enfermedad.

Asesino de la Divinidad.

Ya no es solo el Gran Sabio; ahora es el Señor del Círculo de Elden.

¡Más poderoso que nunca!

Imagina eso, hija mía.

Puede asesinar a Od Laguna.

Puede destruir este mundo.

Ni las Autoridades podrían contra él ahora.

¡Vaya hombre!

¿A que tu madre sabe elegirlos bien, querida hija mía?

Pero basta de mí.

Esto es para ti.

Si alguien puede ser esa «persona», es él.

Él no tiene «afinidad» espiritual; tiene «ley» espiritual.

Hija mía, él te puede hacer más poderosa.

¡Como nunca antes!

Imagina eso, hija mía.

Quiero ver qué tan poderosa puedes volverte bajo su ala.

Créeme, Beatrice.

Él puede ser esa «persona».

Nadie sería más digno de ella.

Escógelo.

Pídele que te lleve.

Que te robe.

Que te saque de esta prisión.

Pero te advierto algo, hija mía: Es mío.

¿Entiendes?

Ah, ya sé que tú no harías nada de eso, pero nunca se es demasiado precavida.

Hija mía, él vendrá mañana.

¡El Señor del Círculo de Elden!

El Señor de la Llama Frenética.

Buena suerte, Beatrice.

Por fin, tu tiempo congelado avanzará gracias a Él.

Júzgalo como te plazca, pero te digo esto: El día que entre a tu biblioteca, verá los libros, el conocimiento que te rodea.

Pero nada de eso importará.

Te verá a ti.

Y entonces lo sabrás, en tu corazón: él es él.» ¿Qué podría decir Betty?

Lloraba.

Sollozaba de felicidad.

A pesar de las partes duras, ya sabía cómo era Madre.

¡Lo importante!

¡Lo maravilloso!

¡Venía!

¡Él venía!

—Betty esperará al Señor del Círculo de Elden, supongo.

Sonrió, rió por primera vez en 400 años como nunca lo había hecho.

>>>>>

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo