Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Arc2 - 1
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14: Arc2 – 1 14: Arc2 – 1 Capítulo 1 – Mira, que suerte Flugel se levantó del suelo y alborotó el cabello de Felt una última vez.
—¡Hermano mayor, no hagas eso!
—Lo siento, es divertido.
Felt no pudo contener la vergüenza y le dio una patada suave en la espinilla.
—¡Pequeña revoltosa!
—Eso te pasa por confiado, hermano mayor.
—Me alegra que todo esté resuelto, Flugel —se acercó Adel con paso tranquilo.
Había un leve tic en su ojo derecho, un destello de envidia apenas perceptible ante la cercanía entre Flugel y Felt.
Se habían conectado muy rápido.
—Uh, ahora que me doy cuenta, no soy nadie aquí.
¡No podré apoyarte, Felt!
—¡Gaah!
¡Hermano mayor, me acabas de dar todo un discurso motivacional y ahora te retractas!
Felt levantó el puño como si quisiera golpearlo de nuevo.
—¡No, para nada!
Tengo una mejor idea.
¡Adel!
—¿Sí, Flugel?
—¿Podrías apoyar a Felt como candidata al trono?
No apoyas a nadie, ¿cierto?
—Bueno… —Adel pensó rápido, los dedos rozando la empuñadura de su espada por hábito—.
(Técnicamente es mi responsabilidad encontrar al último candidato y respaldarlo.
Es mi misión sagrada desde hace meses, pero… ¡Ah!
Eso me separaría de Flugel.) —Vamos, Adel.
¿Podrías hacerme ese favor?
—¿Favor?
—lo miró con curiosidad, ladeando ligeramente la cabeza.
—¡Favor de amigos!
—la sujetó de los hombros con entusiasmo contenido.
—Ya veo… Bueno, de todas maneras es mi misión.
Y si con eso te puedo ayudar, lo haré —logró ocultar el leve rubor que le subió a las mejillas al sentir el tacto firme de sus manos.
De alguna manera, a Flugel le parecía que Adel era especialmente receptiva con él.
¿Por qué sería?
Ni idea.
—¡Perfecto!
¡Mírame, Felt!
Tu hermano mayor te acaba de conseguir a la Santa de la Espada.
¡¿Qué más apoyo podrías tener!?
Felt le lanzó una mirada entre incrédula y aburrida.
—Eres un caso perdido, hermano mayor… Entonces una voz tímida se coló en la conversación.
Alguien que había quedado un poco al margen.
—Disculpa… Sí, Emilia.
La semielfa.
¿Seguía allí?
Casi todos la habían olvidado por un momento.
—Dime, Emilia —se separó de Adel con suavidad.
Ella soltó un suspiro resignado y una mirada dura se dirigió a la semielfa por haber interrumpido el contacto.
Una mirada que Emilia no supo interpretar.
—Quería agradecerte por recuperar mi insignia.
—De hecho, no hice nada.
No hay mucho que agradecer.
—Ya creo que sí.
Salvaste a esta jovencita, incluso si me robó, y al gigante.
Nos defendiste de la asesina e incluso conseguiste la ayuda de la Santa de la Espada.
Flugel siguió escuchando sin interrumpir.
Mientras tanto, Felt se había acercado a Rom para ver cómo estaba.
—¡Así que quiero pagarte!
Como candidata real, te debo mucho.
Flugel posó la mano sobre su barbilla, pensativo.
—Ya veo.
Quieres mi silencio.
Si le digo al Consejo de Sabios o a los caballeros que perdiste tu insignia, sería un desastre para ti, ¿no?
Emilia se quedó congelada.
No lo había dicho con esa intención, así que habló apresuradamente.
—¡N-no me refería a eso!
De verdad quiero pagarte.
Me ayudaste e incluso salvaste mi candidatura por eso… —pero entonces se dio cuenta.
Flugel y Felt —que había regresado junto a Rom a su derecha— parecían contener la risa.
Emilia experimentó una oleada de vergüenza.
Sus mejillas blancas se tornaron rojas al instante.
—¡Aah, te estás metiendo conmigo, Flugel!
—replicó la semielfa, señalándolo con el dedo.
—¡Puajajaja!
—Felt no lo soportó y estalló en carcajadas.
Flugel, por su parte, le ofreció una sonrisa traviesa.
—Claro que no, Emilia.
—¡Claro que sí!
Emilia dio una pisada fuerte en el suelo, se cruzó de brazos e infló las mejillas.
—Chico malo.
—Oh, vamos.
Somos amigos, Emilia.
—¿Amigos?
—levantó una ceja, la voz un poco más suave.
Ella nunca… había tenido amigos.
—Sí, claro que sí.
Cuando vives una situación de vida o muerte con otras personas, ¡se vuelven amigos!
Bueno, depende de las personas, pero… ¿no me vas a rechazar, o sí?
Emilia lo miró fijamente.
El rubor de sus mejillas había disminuido.
No podía creerlo… Sabía que era una semielfa.
Sabía lo que representaba su apariencia y aún así… ¿quería ser su amigo?
Se puso nerviosa de una manera diferente.
No sabía qué decir.
Pensó en apartarlo, en no dejarlo entrar, pero… —Seremos amigos entonces, Flugel.
—¡Perfecto!
Dejaré de lado el “Lady” entonces.
¡Serás solo Emilia!
—Solo Emilia… —susurró ella, casi para sí misma.
—Un gusto, Emilia —le extendió la mano.
Ella fijó la mirada en aquel gesto.
—Es un saludo de mis tierras.
Solo debes darme la mano.
Emilia se puso un poco nerviosa.
—Entiendo —estiró su mano con cautela.
Al sentir el calor de sus dedos, solo pudo seguir.
—(Sus dedos son largos… Sus manos son más grandes que las mías.
¿Por qué se siente tan cálido?) Flugel sacudió sus manos de arriba abajo con energía contenida.
—¡Un placer, Emilia!
Me llamo Flugel.
Soy un chico sin dinero.
—Uh, un placer, Flugel.
Me llamo Emilia.
Soy una semielfa aspirante al trono.
Adel observaba la interacción desde un lado.
Lejos de sentirse celosa esta vez, se sentía… bien.
—(Emilia-sama siempre ha estado estigmatizada por parecerse a la Bruja de la Envidia.
Si existe una persona que pueda ser su amigo, ese sería Flugel.) Para Adel, Flugel era un chico bueno que siempre ayudaría a quienes lo necesitaran.
—Bueno —soltó la mano de Emilia con suavidad.
La semielfa se quedó mirando su propia mano un instante.
La sensación cálida parecía no querer irse.
—Como iré con Emilia, te visitaré la próxima vez que venga a la capital, Felt.
Y a ti también, Adel.
Adel se desanimó un poco, pero no dejó que se notara.
—Entendido, Flugel.
Estaré esperando tu visita.
—¡Bien, hermano mayor!
Intenta no hacerle nada a la hermana mayor.
—¡Keeh!
¿De qué hablas, Felt?
—se defendió Flugel.
—Eres un mujeriego, hermano mayor.
No quiero que le rompas el corazón a la semielfa.
Emilia y Adel levantaron bien los oídos para escuchar eso.
Sonaba escandaloso.
Y por alguna razón, a Adel no le parecía del todo malo.
—(Bueno, un chico tan extraordinario como Flugel tendría muchas pretendientes, ¿no?) Una vez más, Adel se perdió en sus pensamientos.
Mientras que Emilia se veía un poco confundida.
—(¿Qué es mujeriego?) —¡No soy un mujeriego, Felt!
—¿Y por qué te quedaste en blanco antes?
—Eh, eso fue… —¡Ja!
De nuevo.
Eres un caso perdido, hermano mayor.
—¡Pequeña mocosa!
Flugel pensó en alborotarle el cabello otra vez, pero Felt fue rápida y escapó riendo.
Así, ambos comenzaron a jugar entre los escombros del almacén de Rom.
Mientras los demás los veían, cada quien sumido en sus propios pensamientos.
>>>>> Más tarde… Flugel caminaba a la derecha de Emilia.
Habían salido de los barrios bajos y regresado a la zona comercial, donde el bullicio de la gente empezaba a bajar.
Buscaban a la sirvienta de Emilia.
O, más bien, a la sirvienta que seguía a Emilia.
Según la breve plática que habían tenido, ella servía al patrocinador de Emilia: Roswaal L.
Mathers, Mago Real.
Eso despertó la curiosidad de Flugel.
—(Conquistaré la magia de este mundo.) —Emilia.
—Dime, Flugel.
—Tú usas magia espiritual, ¿cierto?
—Artes Espirituales, sí.
Puck es mi Gran Espíritu contratado.
—Entonces… —extendió su mano derecha con naturalidad—.
¿Puedes ver esto?
Emilia examinó su palma con atención, pero no logró distinguir nada.
—Lo siento, Flugel.
No veo nada.
—Ya veo.
—¿Qué debería ver?
—preguntó ella, ladeando ligeramente la cabeza con curiosidad.
—Un orbe blanco con llamas grises elevándose.
¿Qué tenía en la mano?
La Ceniza Espiritual de Elsa, la Cazadora de Intestinos.
Gracias a que se había puesto a jugar con Felt, se dio cuenta de la ceniza.
—Más tarde veré si puedo modificar su espectro visual.
Quiero que la veas.
—Estaré esperando, Flugel —le dio una sonrisa pequeña, sincera.
Aunque no entendía por qué sería tan importante que él quisiera compartirlo con ella, le hacía sentir… feliz.
Su amigo quería compartir algo con ella.
Flugel cerró la mano y dejó la ceniza en su anillo.
—(Hablaré más tarde con Elsa.
Debe tener mucha información…) Entonces una jovencita de cabello rosado y vestida de sirvienta se interpuso en su camino.
Le dirigió una mirada dura a Emilia.
—Emilia-sama, le he estado buscando toda la tarde.
¿Dónde estaba?
—Eeeh… yo… me metí en un pequeño problema.
—Tsk, ya veo —observó a Flugel al lado de Emilia—.
¿Y quién es el vagabundo que le acompaña?
—Ram, él es Flugel.
Me ayudó a recuperar lo que perdí.
—Un gusto, señorita Ram —Flugel hizo un saludo fluido y cortés, inclinando ligeramente la cabeza.
—Mmh, al menos tiene modales —le miró con altivez Ram—.
¿Piensa llevarlo a la mansión?
—Sí, Ram.
Le daré una recompensa.
—Quiere decir que el amo Roswaal le dará una recompensa —sentenció Ram con tono seco.
—Uh, sí —Emilia desvió la mirada un instante, incómoda.
Ram era difícil de llevar para Emilia.
Prefería a Rem, aunque también solo recibía de ella una cortesía estricta como sirvienta.
Flugel no agregó nada.
Sentía que intentar discutir con Ram sería una pérdida de tiempo.
Aun así… —Señorita Ram, ¿el carruaje está cerca?
—Parece que tiene prisa, invitado-sama.
—Bueno, no mentiré: hace poco tuve un combate.
Estoy algo exhausto.
Ram lo miró fijamente.
Su ropa estaba bien cuidada y su espada no tenía rastro de sangre.
No se le escapó el detalle de que había estado cubriendo a Emilia-sama.
—(Un chico extraño.
Al menos parece llevarse bien con Emilia-sama…) —Como guste, invitado-sama.
El carruaje está cerca.
—¡Bien!
—puso una mano ligera en el hombro de la semielfa—.
Vamos, Emilia.
—Sí, Flugel —ella se animó con el gesto, un brillo sutil en los ojos.
En poco tiempo ya iban sobre el carruaje.
Dentro, Flugel y Emilia conversaban en voz baja.
Ram iba de conductora, el traqueteo de las ruedas llenando los silencios.
—Fue peculiar, Flugel.
—¿Qué cosa, Emilia?
—Los dragones de tierra.
Flugel pensó en ese momento anterior, cuando los dragones le hicieron una reverencia.
—(La Comunión del Dragón.
Comí varios corazones de dragones… Uh, quizá sea eso.) Incluso en su cuerpo nerfeado, que en teoría volvía a ser 100 % humano, debería exudar el aura dracónica de su alma.
—(Una lástima haber perdido mis poderes de dragón por culpa de este cuerpo…) —Bueno, parece que me respetan.
—Diría que es más que respeto.
Fue peculiar.
¿Quizás tengas talento con ellos?
—Puede que sea eso, Emilia.
—Eres todo un manojo de sorpresas, Flugel.
—Bueno, de donde vengo hay todo tipo de cosas por hacer.
—¡Cierto!
¿Eres de Kararagi, Flugel?
—Oh, no.
—¿Gusteko?
—No.
—¿Vollachia?
—No.
Emilia se quedó pensativa, frunciendo ligeramente el ceño.
¿De dónde más podría ser?
Solo había cuatro naciones.
Flugel consideró revelar de dónde venía.
No era un secreto y tampoco le importaba mucho.
Una vez que Yggdrasil comenzara a crecer, la conexión se haría más fuerte y podría volver a las Tierras Intermedias.
—(Melina ya lo plantó… Siento como el árbol comienza a alimentarse de la tierra.) Cerró los ojos un instante para sentir la conexión.
Emilia lo interpretó como cansancio.
—Si quieres, puedes dormir, Flugel.
Te despertaré al llegar.
—¿Estás segura?
No querría dejarte sola.
—Está bien.
Debes descansar.
—Gracias, entonces… Así, Flugel se acomodó en la esquina del asiento.
A su derecha, a través de la ventana, veía un gran árbol.
—(Je, Yggdrasil será mucho más grande…) Presumió en sus pensamientos mientras dejaba que su mente reposara.
Se enfocaría en analizar su cuerpo y las limitaciones actuales de su poder.
—(Siento una presión extraña…) Más tarde sabría que Od Laguna mismo parecía suprimir parte de su poder, por no ser parte del mundo y, sobre todo, por ser un peligro para él mismo.
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