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Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 15

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15: Arc2 – 2 15: Arc2 – 2 Capítulo 2 – Pequeña basura Ram.

Veía este día como un completo desperdicio.

No tenía nada en contra de Emilia-sama; después de todo, la pobre chica no era más que una herramienta para los planes del señor Roswaal y su tomo maldito.

¿Cómo lo había dicho él con esa entonación arrastrada que tanto detestaba?

«La miel para la abeja».

Supuestamente, hoy conocería al “As” de sus planes.

La pieza clave.

El detalle.

¡La pieza perdida!

Y cuántas más tonterías decía el señor Roswaal.

—Tch —masculló Ram entre dientes mientras manejaba el carruaje.

La mañana era brillante, casi insultante de tan clara, pero en su mente solo había un deseo: regresar cuanto antes a la mansión.

Una parte de ella —esa parte que todavía esperaba salvar a su señor de la zorra de la Avaricia, es decir, de la bruja muerta— deseaba en secreto que el “As” no apareciera nunca.

Que el tomo fallara por una vez.

Que aquel libro negro que encadenaba a Roswaal-sama y a toda su línea de sangre desde hacía siglos se equivocara al fin.

Pero el libro nunca había fallado.

El contrato seguía vigente.

Si alguna vez el tomo se equivocaba, ella podría matarlo.

Pero matarlo estaba muy lejos de sus planes.

Porque se había enamorado de él.

Del retorcido ser que pudo haber evitado la masacre de su aldea… y no lo hizo.

Que solo fue a recoger a Ram y a Rem cuando ya casi todo había terminado.

Su cuerno se perdió.

Adiós a la Diosa Oni.

Hola a Ram.

Solo Ram.

Pero lo peor… fue su hermana.

Rem vivía atrapada en una burbuja de autodesprecio.

Una burbuja de la que ni siquiera la perfecta Ram conseguía sacarla.

Rem seguía allí, congelada en aquel momento.

—Ram.

Y ahí estaba otra vez su dolor de cabeza de hoy.

Emilia.

Solo Emilia.

La pobre semielfa rescatada del Bosque de Elior, con el Gran Espíritu Puck como padre adoptivo.

¿No era eso patético?

¿Qué sabría un Gran Espíritu de criar niños?

Sobre todo ese pequeño gato estúpido que mantenía a su “hija” como una muñeca bien cuidada.

No la dejaba vivir.

No la dejaba crecer.

Y seguramente le ocultaba muchas cosas.

Emilia rayaba lo absurdo.

No era solo ingenua; era peor que eso.

Era inmadura.

Su edad física y su edad mental no concordaban en absoluto.

Incluso si mentalmente hubiera sido más joven, seguía siendo demasiado infantil.

Esperando, como una niña pequeña y asustada, algo que nunca llegaba.

Su supuesto padre adoptivo no hacía más que mantenerla en una celda de cristal.

Pero debía responder.

Era su deber.

—Sí, Emilia-sama.

—¿Estaría bien si bajamos por aquí?

—preguntó la semielfa con esa voz suave que a Ram le sonaba siempre un poco temblorosa.

Ram pensó en la solicitud.

O más bien, en las indicaciones precisas de su señor.

«Emilia querrá vagar un rato por la capital.

Déjala.

Después se perderá.

No te preocupes por buscarla; ella aparecerá después con un invitado.

Un invitado especiaaaal.» Ram observó de reojo a Emilia.

Vestido blanco con detalles violetas que hacían juego con sus ojos amatista.

Cabello plateado cayendo en cascada perfecta sobre los hombros.

Inocencia irritante.

—Está bien, Emilia-sama —respondió con cortesía fría y directa.

Digna de una mujer perfecta como solo Ram podía serlo.

La criada perfecta ayudando a su pobre señora.

—Gracias, Ram —Emilia le sonrió, una sonrisa pequeña y agradecida que no llegaba del todo a sus ojos.

Ram desvió la mirada al frente, apretando ligeramente las riendas.

—(Tan inocente, Emilia-sama… Lástima que para el señor Roswaal no seas más que una herramienta para atrapar a un perro lujurioso.) Porque ella lo sabía.

Se suponía que este “As” se enamoraría de Emilia.

Dedicaría su vida, su pasión, sus sueños y todos sus esfuerzos a la semielfa.

A la chica demasiado pura para el mundo.

Ignorante.

Estúpida.

Ingenua.

¿En serio pensaba que alguien así podría gobernar?

Pero esa era la ironía: No lo haría.

Este “As” sería la verdadera fuerza detrás.

La fuerza que nutriría los objetivos de Roswaal-sama.

Revivir a su maldita bruja.

Matar al Dragón Divino.

—(Estupideces…) —pensó Ram mientras dejaba el carruaje en el hospedaje convenido.

Bajó con movimientos precisos, el viento cálido de la capital revolviéndole ligeramente el flequillo rosa.

Miró hacia el cielo despejado, casi con desprecio.

Otro día más en esta farsa interminable.

>>>>> Un poco después… En un mercado concurrido, pasó.

Dicho y hecho: Emilia-sama se perdió.

La facilidad con la que lo hizo dejó sin palabras a la perfecta Ram.

Si no supiera que debería encontrarla más tarde, ciertamente —y aunque nunca lo admitiría en voz alta— se habría preocupado un poco.

Solo un poco.

Porque la herramienta de su señor se perdería.

Aunque eso, en parte, demostraría que el tomo se equivocaba… y ella ganaría, ¿no?

Ram bufó con resignación, un sonido corto y seco que se perdió entre el bullicio de los vendedores y el roce de las capas de los transeúntes.

Tomaría el día como libre y se pasearía un poco.

No es que tuviera nada mejor que hacer: ni admirar a Roswaal-sama, ni velar por su linda hermanita Rem.

No, no tendría que estar haciendo eso en vez de acompañar a la Candidata al Trono, Emilia.

El Dragón Divino debía de estar estúpido si había escogido a Emilia como candidata.

Quejas aparte de la ineptitud de la semielfa, Ram se dispuso a caminar sin rumbo fijo.

El sol de mediodía caía pesado sobre la plaza, calentando las piedras del suelo y haciendo que el aire oliera a pan recién horneado y sudor mezclado.

Solo sabía que Emilia-sama llegaría con el “As” en la tarde, después de que oscureciera.

—Lo que tiene que hacer Ram por el hombre que ama —susurró para sí misma, tan bajo que apenas se oyó por encima del rumor de la multitud.

Más tarde observó cómo un trío de idiotas intentaba asaltarla.

“Intentaba” era quedarse corto.

La lección fue rápida y limpia; Ram ni siquiera registró nada más allá de su irritante presencia antes de que los tres yacieran en el suelo gimiendo.

Después, un loco con casco y sin un brazo le habló como si la conociera de toda la vida.

La mueca de asco que le dedicó debió ser suficiente, porque el sujeto se marchó poco después, murmurando algo ininteligible.

Ahora Ram veía el atardecer sentada en el borde de una fuente en la plaza cerca del mercado.

El cielo se teñía de naranja y violeta, y una brisa fresca empezaba a levantar polvo y hojas secas alrededor de sus pies.

—Vaya desperdicio de día que tuvo Ram —murmuró en voz baja, casi para convencerse—.

Espero que el supuesto “As” de Roswaal-sama valga la pena… para que el martirio de la pobre Ram sirviera de algo.

Soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

El agua de la fuente gorgoteaba suavemente a su espalda, indiferente.

… En otra línea temporal, sin que ella lo supiera, habría visto a Natsuki Subaru en esta misma plaza a lo lejos.

Mientras se hacía tarde y el sol se ocultaba, habría experimentado un frío extraño al ver cómo el clima cambiaba de golpe.

Y ella lo habría sabido: el Gran Espíritu de Fuego de Emilia-sama.

Lo habría observado desde la distancia mientras Subaru saltaba rápidamente hacia el origen del frío.

Ya sea por confirmación o por simple inercia, lo habría seguido de lejos.

Debía confirmar si Emilia-sama seguía viva o no.

Se habría quedado al margen; al llegar a los barrios bajos, no habría podido superar la barrera de frío.

Sin su cuerno… era frágil.

No le gustaba admitirlo, pero incluso la perfecta Ram sabía ver la realidad de las cosas.

Entonces, poco después, habría visto un torrente de energía disparado al cielo, perforando la figura de la Gran Bestia al fondo.

Un enorme agujero en todo su pecho, que le destruiría también un brazo entero.

Ram se habría quedado impresionada con eso.

Solo para después ver cómo aquella figura caía a la nieve.

_(Supongo que no es él…) —habría pensado con alivio… pero también con un inexplicable peso en su corazón.

Después de todo, el “As”, si bien era la pieza más valiosa de Roswaal-sama, también sería la mejor oportunidad de Ram para cambiar el futuro.

Para hacer fallar el libro maldito.

El “As”, si lograba llevarlo de su lado, sería su mejor aliado… o su mejor arma contra su señor.

Después de eso habría visto un destello rojo.

—Adelheid van Astrea, Santa Espadachín de Lugunica.

Y después, un destello blanco.

Puck sería totalmente borrado.

Habría visto la figura de cabello rojo llegar al lado de lo que supuso sería el falso “As”.

La Santa murmuró algunas cosas para la figura en el suelo… Se veía triste, pero de una manera diferente a Ram.

Entonces habría llegado un pensamiento.

¿La Santa lo conocía?

Y después de eso… nada.

Nada absoluto.

Porque lo dijimos: en otra línea temporal pasó eso.

O quizás.

O nunca pasó.

… Regresando al presente.

Ram se levantó de la fuente, alisó su falda de sirvienta con un movimiento preciso y mecánico, y se dispuso a caminar.

Ya se había hecho de noche.

Encontraría a Emilia-sama y a este supuesto invitado.

La pieza clave.

>>>>> Un poco después… Ram los observó poco después a lo lejos.

Emilia caminaba sonriente a su lado izquierdo, junto a aquella figura.

Un hombre algo alto, de cabello negro y mirada amenazante.

Vestía de manera peculiar.

Llevaba una espada en la cintura, del lado izquierdo.

Por la manufactura, parecía más ornamental que práctica.

Tampoco se le escapó el detalle del anillo en su mano derecha.

Si hubiera estado en el dedo anular en vez del índice, habría sospechado que estaba casado.

El anillo en sí no tenía ningún arreglo especial.

Solo oro puro, al parecer.

Entonces se plantó frente a ellos.

Con cierta dureza en la mirada hacia Emilia, ignorando deliberadamente al hombre a su lado.

—Emilia-sama, le he estado buscando toda la tarde.

¿Dónde estaba?

—Eeeh… yo… me metí en un pequeño problema —respondió Emilia, jugueteando nerviosa con el borde de su manga.

—Tsk, ya veo —Ram desvió los ojos hacia Flugel—.

¿Y quién es el vagabundo que le acompaña?

Incluso si era el supuesto “As” de Roswaal-sama, Ram no podía evitar usar su lengua afilada.

Que fuera dichoso, pues la perfecta Ram había decidido hablarle.

—Ram, él es Flugel.

Me ayudó a recuperar lo que perdí —intervino Emilia rápidamente, notando la mirada escrutadora.

—Un gusto, señorita Ram —Flugel hizo un saludo fluido y cortés, inclinando ligeramente la cabeza.

Ram alzó una ceja.

Él… tenía cierta presencia.

Sus modales eran, como mínimo, exquisitos.

Pero había algo más.

De alguna manera, era como ver a Roswaal-sama.

No por la apariencia ni por nada superficial; este hombre estaba en la zona de repulsión de su radar personal.

No.

Era como ver… poder.

Crudo y sin filtro.

De hecho, Ram admitió en su mente, a regañadientes, que la presión que emanaba de él era mayor que la del mismísimo Roswaal-sama.

—(Al menos vale la pena…) —pensó, divertida por un instante.

Claro está, nada de eso se reflejó en su rostro: una máscara perfecta de indiferencia.

Nada menos que la perfección, en palabras de la propia Ram.

—Mmh, al menos tiene modales —lo miró con altivez—.

¿Piensa llevarlo a la mansión?

—Sí, Ram.

Le daré una recompensa —Emilia sujetó su propia manga izquierda, un pequeño gesto ansioso.

—Quiere decir que el amo Roswaal le dará una recompensa —sentenció Ram con tono seco.

—Uh, sí —Emilia desvió la mirada un instante, incómoda.

Ahí estaba de nuevo.

¿De verdad esta chica, esta semielfa, sería la futura reina de Lugunica?

La mirada de Ram se clavó en Flugel.

Este hombre ciertamente le daba una impresión más de futuro gobernante que la pálida presentación de Emilia.

—(Su postura es recta, esa sonrisa amable pero compuesta.

Me mira directo a los ojos.

De hecho, su mirada nunca evaluó el sensual cuerpo de Ram en ningún momento.) Al menos por ahora, para Ram había pasado de vagabundo a tolerable.

Clásica tsundere, si le preguntaran a Flugel directamente.

Solo por las primeras impresiones, Ram estaba más segura al apostar por este individuo.

Si alguien podía llevar el desastre llamado Emilia, de seguro sería él.

—Señorita Ram, ¿el carruaje está cerca?

—preguntó él, con voz educada y medida.

—Parece que tiene prisa, invitado-sama.

Para ella, el intento de desviar la atención de Emilia hacia él no pasó desapercibido.

—Bueno, no mentiré: hace poco tuve un combate.

Estoy algo exhausto.

Ram lo miró fijamente.

Su ropa estaba impecable, sin rastro de sangre ni desorden.

Una excusa, claro.

Directa y simple, una que no invitaba a más escrutinio.

—(Un chico extraño.

Al menos parece llevarse bien con Emilia-sama…) Pero Ram dudaba de algo.

No parecía enamorado de Emilia.

De hecho, mantenía una distancia prudente con ella.

No es que a Ram le disgustara eso en particular.

Después de todo, si fuera un perro lujurioso, sería un dolor de cabeza y tendría que proteger la castidad de su linda hermanita.

No.

Esto venía de lo que dijo Roswaal-sama.

—(Debería estar enamorado de ella…) Ignoraba cómo alguien se enamoraría en un solo día de otra persona.

Sonaba a fantasía de doncellas crédulas.

Ram no compartía dichas fantasías, a pesar de que Frederica era una ávida lectora de romances.

—Como guste, invitado-sama.

El carruaje está cerca —respondió, en un intento de no darle más vueltas al asunto.

Pero en secreto, lo sentía, lo presentía: El libro maldito se estaba equivocando por primera vez.

Él no estaba enamorado de Emilia.

Podría hacerlo más tarde y, francamente, no le importaba.

Pero el punto estaba en el no.

Eso era… luz para ella.

Este hombre, este “As”, no seguía los juegos de Roswaal-sama.

Y si era así sin siquiera conocerlos… ¿En qué se convertiría una vez que los conociera?

Ella no tenía temor.

Solo pensaba: ¿cómo usarlo a su favor?

—¡Bien!

—Flugel puso una mano ligera en el hombro de la semielfa—.

Vamos, Emilia.

—Sí, Flugel —ella se animó con el gesto, un brillo sutil en los ojos.

El pequeño intercambio entre Emilia y Flugel quedó grabado en la mente de Ram.

Ese gesto era más de amistad que de otra cosa.

Por suerte iba al frente, o no podría ocultar la pequeña sonrisa que empezaba a formarse en sus delicados labios rosados.

—(Está fallando el tomo, Roswaal-sama.

Espero que esté preparado…) >>>>>

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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