Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 17
- Inicio
- Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo
- Capítulo 17 - 17 Arc2 - 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Arc2 – 4 17: Arc2 – 4 Capítulo 4 – Tensión sutil (no tanto) con ella | Mansión Roswaal — Vestíbulo Principal | Una vez que Rem y Subaru quedaron solos en el vestíbulo principal de la mansión, el aire se espesó con una tensión silenciosa y fría.
El eco de los pasos de Emilia y Ram aún resonaba débilmente por el pasillo lejano antes de desvanecerse.
—Por favor, invitado-sama, sígame por aquí —señaló Rem hacia su izquierda con un gesto preciso y cortés.
—Uh, sí —respondió Subaru, con un leve tono de incomodidad en la voz.
No es que esta sirvienta, Rem, representara un problema real para él.
¿Quién era Rem al lado de Malenia?
¿De Millicent?
¿De Rennala?
Incluso, de la mismísima Marika.
Rem no era realmente “algo”.
Quizá, usando lenguaje de videojuegos, a lo mucho un soldado de élite o una unidad especial.
No más que eso, estimó Subaru.
Porque él lo sentía claramente: Rem no era humana.
—(Quizá una raza especial… o algo de demonio…) Subaru la siguió por los pasillos de la mansión sin problema alguno.
El suelo de madera oscura crujía suavemente bajo sus tenis modernos de su conjunto de chandal y la luz de las lámparas de mágicas proyectaba sombras alargadas en las paredes.
Si su fuerza no era la causa de su incomodidad… —(Es hostil.) Podía percibir su intención asesina con suma facilidad.
Debajo de esa tranquila fachada de sirvienta perfecta se escondía un rencor profundo hacia él.
El aire a su alrededor parecía más pesado, como si Rem contuviera una tormenta en cada paso medido.
¿Pero por qué?
Estaba seguro de no haberla ofendido en nada.
Incluso los breves intercambios con su hermana Ram deberían interpretarse desde la perspectiva de cómo era la propia Ram.
—(No debería haber enemistad.) —concluyó Subaru.
De manera lógica, no existía ninguna razón razonable para esa hostilidad.
Observó su espalda mientras caminaban.
Rem era más bajita que él.
Quizá rondaba el 1,55 m.
Su cabello azul claro como el cielo era corto, bien peinado, con ese flequillo característico del lado contrario al de Ram.
Sus ojos celestes, profundos y claros, brillaban con una frialdad contenida.
Sus mejillas eran adorables, y su pequeña nariz le daba un aire casi inocente.
También le ganaba a Ram en cierto departamento frontal.
En pocas palabras: Rem era hermosa.
—(Una lástima que tenga esos problemas conmigo…) Hasta ahora solo había visto su rostro tallado en formalidad fría y directa de sirvienta.
Le recordó un poco a Roderika: ese aire de baja autoestima y dolor interno que se ocultaba tras una máscara de cortesía.
¿Qué habría vivido ella para encerrarse en ese caparazón metafórico?
Subaru no tenía idea.
Si algo le habían dado sus siglos de existencia, era la habilidad de leer a las personas.
Sobre todo teniendo a Ranni como compañera.
Esa mujer tan esquiva… definitivamente era un poco tsundere, pensó con una sonrisa interna.
Subaru suspiró levemente mientras seguía detrás de Rem.
Ella se detuvo de repente.
Subaru no se movió ni preguntó nada; simplemente esperó, con los brazos relajados a los costados.
¿Habían llegado ya a la habitación?
Entonces vio que Rem observaba un cuadro colgado en la pared.
La luz de una lámpara cercana hacía brillar el marco dorado y el óleo antiguo.
—Invitado-sama, ¿ya vio este cuadro antes?
—preguntó ella desde unos pasos de distancia, señalándolo con un dedo firme.
—¿Mmh?
—Subaru se acercó con calma.
Puede que hubiera estado sumido en sus pensamientos analizando a Rem, pero su capacidad especial le había permitido registrar cada detalle del camino sin esfuerzo.
—Sí, dos veces, de hecho —respondió mientras se llevaba la mano derecha al mentón—.
Pensé que era un gusto tener cuadros repetidos.
Había visto casas nobles extrañas llenas de los mismos retratos, así que no le parecía raro que hubiera varios iguales en una mansión.
Tan solo en la Academia de Raya Lucaria había perdido la cuenta de cuántas veces vio cuadros de los representantes de la magia —incluidos los de Rennala— por todos lados.
—Invitado-sama, en esta mansión no hay cuadros repetidos —aclaró Rem con voz neutra.
Aunque debajo, Subaru detectó cierto fastidio.
¡Pero no contra él!
Para Subaru, eso ya era una pequeña victoria.
—(Alguien más molesta a la sirvienta) —pensó con diversión.
—Entonces… —continuó Subaru, con la mano derecha ya en el mentón—.
Es un segmento de espacio-tiempo autoconsistente y cerrado en sí mismo mediante una topología no trivial de tipo bucle causal-temporal.
Rem lo miró de forma totalmente extraña, con los ojos ligeramente entrecerrados y la cabeza ladeada apenas un centímetro.
Sin embargo, Subaru no lo notó.
Absorto en sus pensamientos, creyó que sería divertido desentrañar el peculiar fenómeno de la mansión.
Le recordó a los acertijos de las torres de magia repartidas por las Tierras Intermedias.
Se acercó a la pared opuesta, donde las ventanas dejaban entrar un rayo plateado de luna, y tocó la superficie fría con la mano izquierda.
—La trayectoria que recorro forma una curva cerrada timelike compacta y autorreferencial: el camino de ida y vuelta coincide exactamente con el mismo segmento geométrico, sin salto temporal perceptible para el observador interno.
Sin esperar respuesta de Rem, Subaru se lanzó corriendo hacia el frente, justo hacia donde iban antes.
—¿Invitado-sama?
—Rem parpadeó, incrédula, mientras lo veía desaparecer por el pasillo.
No podía creer que simplemente se hubiera puesto a correr.
Se quedó allí, un poco perdida, con las manos aún a los costados y el eco de sus pasos rebotando suavemente en las paredes.
Aunque tenía prejuicios contra el invitado por su Miasma de la Bruja, su hermana le había advertido no hacer nada contra él.
Después de todo, seguía siendo el benefactor de Emilia-sama.
Debían mantener cierta cortesía mientras lo fuera.
Rem había rechinado los dientes en silencio, pero se tragó sus palabras por el bien de Ram.
Ahora, el invitado parecía haber entrado en un estado de emoción infantil al descubrir los pasillos de Beatriz-sama, la Gran Espíritu de la Biblioteca.
Rem ni siquiera pudo decirle nada cuando él comenzó a desentrañar el fenómeno por su cuenta.
Subaru regresó del otro lado, hablando en voz alta como si lo hiciera para Rem.
—Se trata de un manifold con curvatura positiva localizada que genera una región de torsión espacio-temporal estabilizada, similar a una solución de Gödel o a un agujero de gusano Morris-Thorne con violación de la condición de energía débil, pero sin requerir materia exótica visible.
Llegó al lado de Rem, observando de nuevo el cuadro bajo la luz tenue de la lámpara.
Notó la repetición exacta del cuadro, las lámparas, e incluso el pasaje exterior que se veía a través de la ventana.
Se preguntó: ¿Cómo se verá el fenómeno desde afuera?
¿El observador solo ve a las personas caminando y reiniciando al principio del pasillo?
Estaba tentado de arrastrar a Emilia mañana mismo para verlo desde el exterior.
—El efecto observado es una trampa geométrica autoimpuesta: el espacio se enrolla localmente en una topología no orientable equivalente a una botella de Klein, o en un toro con un twist temporal adicional, creando un horizonte causal cerrado para cualquier partícula o observador que entre sin romper la simetría.
Subaru se veía complacido con su propia conclusión y deducción, con una leve sonrisa curvando sus labios.
Rem observó cómo separaba la mano derecha, la ponía en alto y chasqueaba los dedos con un sonido seco que resonó en el pasillo silencioso.
—En resumen: el pasillo es un loop cerrado timelike estabilizado por un campo de curvatura artificial, donde la coordenada espacial lineal se proyecta sobre una órbita cerrada en el espacio-tiempo, impidiendo cualquier avance neto en la dirección de propagación.
Ah, cómo deseaba Subaru que estuviera aquí Ranni.
Solo ella podría entender todo lo que acababa de decir.
Después de todo, habían combinado la ciencia de su mundo y la magia de las Tierras Intermedias.
Había tantas maravillas que estaban por desplegarse en su territorio… Ahora, ese deseo de que Ranni estuviera allí era, en parte, por la cara de Rem: de inexpresiva a total confusión.
—(Bueno, se ve mejor así…) —pensó Subaru, visiblemente complacido con haberle cambiado la expresión a la sirvienta.
Rem guardó silencio, intentando que su rostro volviera a la neutralidad perfecta.
Pero por un momento, pensó de manera involuntaria: —(¿Soy un poco… tonta?) No es que Rem fuera la mente más brillante.
Creía firmemente que su hermana Ram era mil veces mejor que ella.
Pero ahora, expuesta al chico llamado Flugel, se sentía totalmente perdida ante casi cada oración de su explicación.
Ese final había sonado como un “¿Entiendes?” implícito.
Y Rem, definitivamente, no entendió nada.
—Invitado-sama… —dijo al fin, con voz directa y simple—.
Le sugeriría no decir cosas sin sentido de la nada.
—Vaaale —para su sorpresa, Subaru accedió de inmediato—.
Olvidé que estaba en otro sitio.
Lo siento, sirvienta.
Rem lo miró de reojo, con una ceja apenas arqueada.
—(Así que sí siguió mi sugerencia…) —pensó, refiriéndose a la de no llamarla por su nombre.
Ahora, Rem se dio media vuelta completa, observando la luna a través de las ventanas.
La luz plateada caía fría sobre el suelo de madera, proyectando sombras alargadas.
—Rem cree que Beatriz-sama podría tenernos aquí toda la noche —dijo en voz alta, con un tono neutro pero ligeramente resignado.
—¿Beatriz?
¿Fue ella quien creó este pasillo en loop?
—Subaru estaba genuinamente emocionado, con los ojos brillando bajo la luz lunar.
Para Rem, fue como ver a un niño emocionado con un juguete o un dulce nuevo.
—Sí.
El Gran Espíritu de la Biblioteca de la Mansión.
—¡Impresionante!
¿Crees que pueda conocerla?
Tengo tantas preguntas… —Subaru se colocó a su lado derecho.
Ella lo observó directamente al rostro, estudiándolo en silencio.
No… No podía seguir pensando que un cultista se viera tan puro.
Tan emocionado… —(Rem… Quizás… Lo juzgo muy rápido…) —pensó, con un leve titubeo interno.
El olor era nauseabundo, pero tampoco tan grande.
Se sentía como el de un cultista de bajo nivel, según recordaba de la masacre en su aldea.
Pero no solo eso: los cultistas de aquella noche no tenían expresiones.
Eran inertes, como muñecos poseídos.
Flugel, el joven de cabello negro y ojos amenazantes, era tan… animado.
—(No, Rem.
Debes tener más cuidado… Rem no debe dejarse manipular por su actuación.
Rem debe estar lista y atenta para evitar que dañe a hermana) —se mentalizó mientras lo miraba de reojo.
—Puede que la conozca, invitado-sama.
Rem está segura de ello.
Después de todo, necesitaba que el Gran Espíritu también revisara a este supuesto invitado.
Para su dolor, Emilia ciertamente era demasiado inocente e ingenua.
Tenía ciertos… sentimientos hacia la semielfa.
En definitiva, tampoco es que le importara demasiado.
—¡Excelente!
—Subaru metió las manos en los bolsillos de su pantalón—.
Pero me temo que la idea de quedar encerrados en este pasillo no estaba en tus planes, ¿cierto?
Rem levantó una ceja, con una ligera sorpresa en el rostro.
—(Es más observador de lo que parece) —pensó.
Se dio cuenta de que quizás había notado la irritación anterior en su voz.
—(Rem debe ser más precavida) —se reprendió mentalmente.
Esa pequeña observación de Subaru había aumentado el nivel de alarma y atención de la chica de cabello azul.
—Dime, sirvienta, ¿hay alguna salida?
—Sin la intervención de Beatriz-sama, sería difícil salir de aquí —admitió Rem, con voz calmada pero resignada.
—¿Cuál es el tiempo máximo que has estado atrapada en el loop?
—Rem no sabe qué es “loop”, pero si se refiere al pasillo… cerca de medio día.
—¿Ah?
—Subaru abrió los ojos de impresión—.
La cantidad de energía para la magia espacial… por 12 horas… —murmuró al final, más preocupado por la mecánica que por el hecho de que podrían verse atrapados allí doce horas seguidas.
Rem solo pudo suspirar mentalmente.
—(El invitado-sama se volvió a perder en su mente…) Rem ya estaba mareada.
Subía y bajaba su impresión de este chico de cabello negro con la misma facilidad que la espuma en el agua.
Subaru sacó entonces las manos de los bolsillos.
—Bueno, no es que tenga ganas de pasar la noche en el pasillo.
—Invitado-sama, puede que no tengamos opción —respondió Rem, con voz calmada pero resignada—.
Rem sabe que Beatriz-sama podría sacarnos si lo deseara.
—¿Hay otra forma de salir?
Rem se quedó pensativa un instante, con la mirada fija en el suelo de madera oscura.
—Rem sabe que las puertas podrían llevarnos a la Biblioteca.
Podemos intentar buscar en cada puerta hasta encontrar la correcta.
Subaru dio media vuelta hacia la pared donde estaban las puertas, con un leve crujido de sus tenis contra el piso.
—¿Qué tan segura estás de esa opción?
—Rem no lo sabe del todo —admitió ella, con un suspiro casi imperceptible—.
Es muy difícil buscar la Biblioteca.
Rem cree… que aún más en este pasillo.
Ella ya se estaba mentalizando.
—(Rem está pensando que se está viendo obligada a permanecer con el invitado durante toda la noche…) —reflexionó Subaru.
Bueno, podía verlo de otra manera.
Así podía vigilarlo y asegurarse de que no se acercara a su hermana.
—Con que buscar una puerta, eh… —Subaru sonrió con confianza—.
¡Estás de suerte, señorita!
—dijo, refiriéndose a Rem—.
Tengo una suerte absurda para los juegos de azar.
Entonces Rem se dio la vuelta.
El chico ya se había acercado a la primera puerta a mano derecha.
—Invitado-sama, no es tan simple como eso —advirtió ella, con un toque de impaciencia en la voz.
Sin embargo, Subaru ya estaba en su plan.
Sin que Rem pudiera verlo desde su ángulo, su ojo izquierdo cambió en silencio.
Del marrón oscuro, casi negro, pasó a un azul profundo y brillante, con una intensidad contenida que iluminaba sutilmente su rostro bajo la luz tenue de las lámparas.
En segundos, había analizado el espacio circundante.
Detuvo la mano a medio camino hacia el pomo.
Rem interpretó el gesto como que le había escuchado.
—Tengo la puerta —dijo Subaru, volteándose hacia ella con calma.
Rem notó el cambio en su ojo izquierdo: ese profundo azul oscuro que parecía absorber la luz a su alrededor.
—¿Invitado-sama?
—cuestionó, impresionada, con los ojos ligeramente abiertos.
—Es parte de mis habilidades —respondió Subaru mientras caminaba hacia la derecha, con una sonrisa confiada curvando sus labios—.
Hace muchas cosas, sirvienta.
Desde ver el mundo espiritual hasta ver el espacio mismo.
Rem se quedó en silencio, con la boca entreabierta un instante.
—(¿Eso es posible?) —se preguntó en su mente—.
(¿Parte de una Bendición Divina?) Intentó buscarle una lógica junto con lo que sabía.
—Esta es la puerta —señaló Subaru, deteniéndose frente a ella.
Rem se detuvo a su izquierda, observándolo de reojo.
Él tocó la puerta tres veces, con golpes firmes pero respetuosos.
Debía tener cierto nivel de modales con un Gran Espíritu.
Aún recordaba el poder de Puck.
En su nivel actual, no tenía forma de derrotar a los Grandes Espíritus.
Bueno… lo tenía.
La Llama Frenética de seguro podría hacerlo.
Pero en su estado actual, su cuerpo podría sufrir una transformación.
Ya sea como Midra… perder la cabeza y obtener un agujero negro con llamas naranjas alrededor en el lugar donde debería estar su cabeza.
No podría arriesgarse así aquí.
Además, la Llama Frenética asustó a Puck.
Nada aseguraba que Beatriz no se asustara tampoco.
—(Ese gato me lo debe aún…) —pensó con una media sonrisa interna.
Rem guardó silencio.
No creía que fuera la puerta correcta.
Qué lástima para ella: la respuesta fue inmediata.
La puerta se abrió con un suave chasquido.
Del otro lado apareció una Biblioteca llena de libros, iluminada por la luz cálida de lámparas flotantes.
Y en medio, justo enfrente de la puerta, sentada en un taburete, una chica de apariencia infantil con cabello dorado y peinado de coletas taladró a Subaru con la mirada.
—Hump, al menos tienes algo de modales, supongo —se quejó Beatriz en voz alta, cruzando los brazos.
Subaru le dio una mirada de “suficiente” a Rem.
Ella apretó los dientes con fuerza, conteniendo un bufido.
—(Rem cree que el invitado-sama es un presumido…) —pensó con pesar y fastidio.
—¡Oh, Gran Espíritu Yin!
—Subaru se puso en una rodilla, con el ojo izquierdo aún en azul oscuro—.
Me presento: mi nombre es Flugel —bajó la cabeza en señal de respeto.
Beatriz se le quedó mirando, sin saber cómo procesarlo del todo.
Rem, por otro lado, se quedó estupefacta.
Nunca pensó que este chico pudiera ser tan… noble.
Subaru se levantó con calma.
—Eres poderosa, Gran Espíritu Beatriz-sama.
—Jah, veo que sabes de lo que hablas, supongo —respondió Beatriz, débil a los halagos, aunque intentó disimularlo desviando la mirada.
Rem se sentía ahora mismo un poco fuera de lugar.
Estos dos… —(Es como si Rem no estuviera aquí…) —se amargó internamente.
—¡Claro que sí!
—Subaru se adelantó un par de pasos, pero mantuvo una distancia prudencial y respetuosa—.
He trabajado con muchos espíritus.
Tengo una amiga, Roderika, que tiene la capacidad de mejorar Espíritus.
—¿Mejorar Espíritus?
Betty cree que estás diciendo tonterías, supongo —ella desvió la mirada de nuevo, con un bufido leve.
No podía creer que algo así fuera posible.
Era bien sabido que los espíritus tardaban mucho en subir de nivel.
¿Una simple humana mejorando espíritus?
Betty podía decir que eso era fantasía.
—¡Digo la verdad, Beatriz-sama!
Ah, perdona.
Me emocioné un poco —Subaru cayó en cuenta, rascándose la nuca con una sonrisa avergonzada.
No estaba en su mundo.
Estaba en otro.
La cosmovisión del mundo actual era muy diferente.
Así que estaba bien que hubiera diferencias de visión y opinión.
—Tsk, Betty te encuentra un tanto irritante.
Betty te pregunta qué hacen aquí, supongo.
—¡Oh!
—Subaru se acercó a Rem—.
Ella y yo nos quedamos en tu pasillo.
Gran construcción, por cierto.
Estábamos un poco desanimados por la suposición de quedarnos ahí doce horas juntos.
Beatriz miró a Rem.
Ese supuesto disfraz donde ocultaba su disgusto era un chiste para Betty.
—Ya veo.
Bueno, el pasillo regresó a la normalidad.
Betty los despide, supongo.
—Gracias, Beatriz-sama —Rem se inclinó con gratitud, aunque con los puños ligeramente apretados.
—¡Espera, Beatriz-sama!
—Subaru se adelantó—.
¿Podría quedarme aquí hablando contigo?
Betty retrocedió en su asiento por la emoción desbordante de Subaru.
—¿Y por qué Betty debería tolerar tu irritante presencia, supongo?
—¡Quiero hablar sobre la mecánica del pasillo!
—¿Mecánica?
Betty se da cuenta de que dices muchas palabras inventadas, supongo.
—Uh, no.
Eso es real.
¿Cómo decirlo?
—Subaru chasqueó los dedos de la mano derecha—.
¡Su funcionamiento!
Sí, a eso me refería.
¿Cómo funciona tu pasillo?
—Betty no cree que un ignorante como tú puedas saberlo, supongo.
—Creo que me subestima, Beatriz-sama.
Puede que no sepa de la magia local, pero tengo muchos conocimientos —señaló con el índice hacia arriba—.
Esto es un Intercambio Equivalente, Beatriz-sama.
Conocimiento por conocimiento.
Betty se detuvo.
Dejó de “leer” el libro que tenía en las rodillas.
—(Betty… está segura, supongo.
Este es el Señor del Círculo de Elden, de hecho.) Madre lo había dicho: «Te verá a ti.
No a los libros».
—Hump, Betty no cree que tengas nada válido que demostrar, supongo —siguió con su misma actitud, aunque sus ojos brillaban con curiosidad contenida.
Deseaba ponerlo más a prueba.
—Gaah, entiendo.
¡Debo demostrar mi valía!
Sin mucha más fanfarria, Subaru llevó su mano derecha frente a Beatriz.
Ella se quedó mirando sin saber cómo interpretar el gesto.
—Observa el anillo, Beatriz-sama.
Dime, Gran Espíritu, ¿qué ves?
—Betty cree que estás diciendo tonterías —se acercó a ver con sus ojos mariposa el anillo de aspecto sencillo—.
¿Qué podría tener un tonto anillo de…?
Betty saltó de un brinco de su taburete.
El libro cayó al suelo con un ruido sordo.
Sostuvo con sus pequeñas manos la mano de Subaru.
Observó intensamente el anillo.
—¿¡Qué clase de artefacto escándaloso es esto, supongo!?
—estaba en shock absoluto.
El maldito remolino alrededor del Elden Ring distorsionaba toda su comprensión.
Estaba deformando el espacio.
No… —(¡Esto está deformando toda la realidad a su alrededor!
¡Betty no tiene idea de qué es!) Así Rem se quedó en la puerta… Su plan de que Beatriz examinara a Subaru parecía irse por el lavadero.
—(Beatriz-sama fue cautivada por el invitado-sama… con su anillo.) Para Rem, el anillo se veía normal.
Pero dada la impresión de Beatriz sobre él, debería ser algo.
Y bueno, Rem no tenía ni idea de qué tan «algo» era el Elden Ring.
>>>>>
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com