Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Arc2 - 5
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18: Arc2 – 5 18: Arc2 – 5 Capítulo 5 – Gran, Gran, Gran | Mansión Roswaal — Biblioteca Prohibida | —¿¡Qué clase de artefacto escándaloso es esto, supongo!?
—Beatriz estaba en shock absoluto, con los ojos mariposa abiertos de par en par.
Subaru sonrió con suficiencia, ladeando ligeramente la cabeza.
—¿Impresionada?
—¡Betty te pide que dejes de presumir!
¡Betty pregunta qué es esto!
—movía la mano de Subaru frente a sus ojos con pequeños tirones ansiosos.
Fue entonces cuando Betty también notó el ojo izquierdo de Subaru: ese azul oscuro y profundo que brillaba con una intensidad contenida bajo la luz cálida de las lámparas flotantes.
Podría pasar como heterocromía, pero Betty veía más.
Mucho más.
Soltó su mano y sujetó el rostro de Subaru con ambas manos pequeñas, obligándolo a arrodillarse con una fuerza sorprendente para su tamaño.
—¡Y este ojo!
¡Betty no había visto algo así tampoco!
Acercó sus propios ojos a los de él, escrutándolos con fervor casi infantil.
Subaru se quedó quieto, permitiendo el examen sin resistirse.
—(Qué tierna se ve…) —pensó, observando cómo sus coletas doradas se balanceaban ligeramente con cada movimiento.
Para Rem, que seguía en la puerta con los brazos cruzados, fue nada menos que un shock.
—(¿Beatriz-sama siempre fue tan expresiva?) Bueno, lo era con Puck, el Gran Espíritu de Emilia, pero… este era un desconocido.
Y ahora, a este, lo estaba estudiando con una intensidad que rayaba en la obsesión.
—Betty puede ver que este ojo está lleno de maná.
Está lleno de… ¿energía espiritual, supongo?
¿Cómo es posible?
—elevó la voz sin poder contenerse—.
¿Tienes un espíritu implantado en tu ojo, supongo?
Subaru se quedó un segundo en silencio, con la mirada fija en el suelo de madera pulida.
—No.
No tengo un espíritu en el ojo.
Es solo que… Betty contuvo la respiración sin darse cuenta, con las manos aún en sus mejillas.
—Mi ojo se volvió espiritual hace mucho tiempo.
Mi amiga, Roderika, la que te comenté que puede fortalecer espíritus, me dijo que mi afinidad con ello era tanta que mi alma se reflejó en mis ojos.
Bueno… —Subaru hizo una expresión difícil, con un leve temblor en la comisura de los labios—.
Ojo.
—¿Y por qué no en ambos ojos, supongo?
—preguntó Betty, intrigada, ladeando la cabeza.
No fue ingenua: sabía que había historia ahí.
Después de todo, el Elden Lord se veía conflictuado al mencionar su ventana al alma, sus ojos.
—Bueno… El ojo derecho… —Subaru cerró el ojo derecho y posó su mano derecha sobre él, como si aún pudiera sentir el calor fantasma.
Betty soltó su rostro lentamente, retrocediendo un paso.
Esto se veía muy serio.
Subaru pasó la mano desde el párpado hasta su cabello corto y suelto, dejando escapar un suspiro casi inaudible.
Abrió el ojo, dejando de lado el eco del dolor.
—Mi ojo derecho se “quemó” en una flama amarilla.
Lo… Lo siento, Beatriz-sama.
No puedo decirte más por ahora.
—Betty entiende… —bajó la mirada al suelo, con un tono más suave—.
Es solo la primera vez que nos vemos, supongo.
Está bien, de hecho.
Hubo un pesado silencio.
La luz de las lámparas flotantes parpadeaba ligeramente, proyectando sombras suaves sobre los libros.
Rem, aún en la puerta, pudo percibirlo con claridad.
El dolor en las palabras de Subaru —ese dolor real al haber perdido su ojo derecho por una flama amarilla— fue… igual al suyo.
Cada vez más, y en poco tiempo, estaba dudando de que Flugel fuera un cultista.
Desde sus formas de expresión hasta el dolor en su voz… Si estaba actuando, era demasiado bueno.
Entonces se escuchó un chasquido de dedos, seco y claro.
Rem y Beatriz miraron a Subaru, que se había puesto de pie con calma.
Tenía una pequeña sonrisa ladeada a la derecha, como si quisiera aligerar el momento.
—¿Quieres ver el color de mi ojo derecho?
Si… Lo perdí bajo aquel evento y el color que me dio, en la mayoría de mi pueblo natal es aborrecido pero… Cerró el ojo derecho una vez más, con un gesto lento y deliberado.
—También es un color que mi prometida, Melina, aceptó.
Beatriz se veía pensativa, pero no podía ocultar su curiosidad.
En eso, se parecía a su madre, Echidna.
Puede que ella fuera cruel, pero a Betty también le encantaba el conocimiento y los libros.
A veces, las personas que más tarde puedes odiar —o al menos ya no agradarte— te dan cosas que se vuelven parte de ti.
Betty, con una actitud seria, respondió.
—Betty quisiera ver el color de tu ojo, de hecho.
—¡Bien!
¿Y tú, sirvienta?
Rem asintió casi sin querer.
Tenía curiosidad.
Su ojo izquierdo azul oscuro fue… aunque no quería admitirlo, bastante hermoso.
¿Cómo sería un ojo “quemado”?
Rem avanzó al lado derecho de Beatriz, con pasos silenciosos sobre la alfombra.
Subaru abrió lentamente su ojo derecho.
La pupila conservó su espeso color negro, pero de ella irradiaban reflejos naranjas que se extendían como venas de fuego.
En cambio, todo el iris pasó del marrón oscuro a un profundo amarillo.
El ojo no se quedaba estático en un color profundo, como ocurría con el izquierdo.
El derecho era… —Es como una flama viva… —susurró Rem, casi sin aliento.
Beatriz tuvo que asentir a eso.
La pupila de Subaru no dejaba de temblar, emanando rayos que atravesaban el iris amarillo con destellos naranjas.
Era como ver literalmente fuego moviéndose, vivo y contenido.
—¿Qué les parece?
Rem se quedó sin palabras.
Porque al dejar de enfocarse en el ojo derecho y ver su rostro por completo, había un fino desajuste.
El lado izquierdo con su profundo azul oscuro y el derecho con su flama amarilla agitándose como viva.
El contraste entre ambos lados parecía chocar.
Como dos fuerzas opuestas que, de alguna manera, Flugel había sometido.
Ahora… se veía… —Es hermoso, supongo —habló Betty, completando los pensamientos de Rem.
Ambos ojos lo eran y, en conjunto con Subaru, lo elevaron a una escala más alta.
—Gracias, Beatriz-sama —les dedicó una sonrisa con sus ojos brillando—.
Tus ojos de mariposa también son hermosos.
Así, los tres compartieron tan singular escena.
>>>>> | Biblioteca Prohibida — Mañana | Subaru estaba recargado contra una estantería mientras leía un libro que le prestó Beatriz, con la luz cálida de las lámparas flotantes bañando las páginas.
No tardó más de una hora en aprender todo el idioma nativo bajo la guía de Beatriz.
Esos 99 puntos en intelecto no eran adornos.
Betty se había quedado asombrada con su capacidad de pensamiento, retención y asimilación de conocimiento.
Sus ojos mariposa se abrían un poco más con cada explicación que Subaru le devolvía sin esfuerzo.
Ella no pudo evitar pensar: «Con razón le gusta a Madre».
De verdad, parecía que estaban hechos el uno para el otro.
Una con ansias de conocimiento.
Otro con el conocimiento necesario para alimentar a la mujer.
—Subaru —habló Beatriz, con voz más baja de lo habitual.
Se le había confiado su verdadero nombre.
—Dime, Beako —contestó él sin levantar la vista del libro, pasando una página con un movimiento fluido.
Esta vez, ella se veía un poco nerviosa.
Sus pequeñas manos apretaban el borde de su vestido, y su postura —normalmente erguida y orgullosa— se encorvaba ligeramente.
Estas últimas horas… habían sido las más felices de los últimos 400 años.
Hablar con Subaru era muy placentero.
Ni siquiera hablar con Madre se sentía tan satisfecho.
Además, Subaru podía seguirla en cualquier tema con un poco de tiempo.
Al contrario, Beatriz tardaba más en asimilar lo que tenía por decir Subaru.
Y eso que Betty era una mente prodigiosa.
Era solo que no estaban en la misma escala.
—Betty sigue desdeñando ese apodo, supongo —se quejó en voz alta, más por costumbre que por real necesidad de cambiarlo.
—Uh, lo siento, Beako.
Es que ya se me quedó grabado —respondió Subaru, con una sonrisa suave curvando sus labios.
—Como sea, de hecho.
Quería preguntar algo más, supongo… Esta vez, Subaru cerró el libro con un movimiento lento y deliberado.
Notó el tono subyacente en Beatriz: un leve temblor en la voz, una pausa más larga de lo normal.
Esto era sumamente importante para ella.
Dejó el libro de lado y se concentró en ella por completo.
Sus ojos habían regresado al marrón oscuro de siempre, cálidos bajo la luz tenue.
—Puedes preguntar lo que quieras, Beako —dijo con voz calmada y medida.
—Yo… —ella apretó sus puños contra el vestido, arrugando la tela—.
Betty sabe que tú eres… Subaru se quedó impresionado.
No había dicho aún de dónde venía ni quién era realmente.
Beatriz no tendría forma de saberlo.
Al menos, no por el propio Subaru.
Él se levantó con calma de su asiento recargado en la estantería, sin movimientos bruscos.
Solo quería que Betty supiera que no había problema alguno.
Habló.
Su voz fue calmada y medida.
—¿Sabes quién soy, Beako?
Ella asintió.
Se veía… como una niña pequeña en esos momentos.
Era surreal.
Tenía 400 años pero… —(¿Es vivir 400 años encerrada realmente “vivir”?) —pensó Subaru, con un leve nudo en el pecho.
Betty ya había hablado con él sobre su estadía aquí.
Subaru sentía la imperiosa necesidad de golpear a una peli blanca y, por alguna razón, sentía que ya lo había hecho en otra realidad.
—Betty sabe que eres el Elden Lord.
Señor de las Tierras Intermedias, supongo.
Eres de más allá de la Gran Cascada, de hecho.
Subaru por suerte ya había leído sobre todo eso.
Su velocidad de lectura no era ninguna broma.
Veinte libros por hora se consideraban lentos para él, pero necesitaba establecer las bases.
—Sí, lo soy.
Pero… también soy un reencarnado.
—¿“Reencarnado”?
Oh, ya entendí, supongo —Betty dejó su mano derecha sobre su barbilla, pensativa—.
Con razón Madre dijo que venías de su época, de hecho… —¿Echidna?
—Subaru tenía cierto agravio con esa mujer.
Y sobre todo… La recordaba vagamente.
¿Cómo decirlo de manera amable?
Si Satella era la número 1 en su vida pasada… Echidna era la número 2.
Claro que, dada la impresión que tenía Subaru de sus escasos recuerdos de su vida pasada, Echidna no parecía muy contenta con ser la segunda.
Siempre intentaba superar en todo a Satella.
—Sí, Madre se comunicó conmigo hace poco a través del Evangelio, de hecho.
—¿Está… viva?
—Subaru se veía confundido, frunciendo ligeramente el ceño.
La única razón por la que no había salido a buscarla era porque, a estas alturas, no quedarían ni sus huesos, ¿no?
—No realmente viva, supongo.
Pero algo así —Betty se veía bastante amargada al respecto.
Aún no podía saber si odiar a su madre o no.
—Espera… ¿Cómo sabe todo esto Echidna?
Incluso si está “viva”, ¿cómo puede ver otro mundo?
—De hecho, Madre no es tan poderosa como para eso.
Quizás… fue cuando llegaste aquí, que Madre pudo ver un poco detrás de tu historia, supongo —se aventuró a dar su comprensión de los hechos.
—Ya veo.
Debe de ser parte de sus poderes.
Entonces, desde el alma misma de Subaru, se le escapó una frase sin permiso.
—Esa chica avariciosa no ha cambiado nada.
Subaru se tapó la boca con la mano derecha con gran rapidez.
Betty se le quedó mirando.
Ambos se miraron fijamente.
La chica de coletas de taladro se dio cuenta de que lo que dijo Subaru fue totalmente espontáneo e involuntario.
—Un eco de tu vida pasada, supongo —habló Betty primero, con voz suave.
—Sí, eso parece… —Subaru se rascó la nuca un poco nervioso, con una sonrisa avergonzada.
—Entonces Betty sabe un par de cosas sobre Subaru, de hecho… —habló un poco tímida, bajando la mirada al suelo.
Subaru solo pudo sonreír.
—Bien, ya sabes bien quién soy.
Te diré más.
Pensaba decírtelo poco a poco… Apenas nos conocemos pero… —¡Se siente como toda una vida, de hecho!
—habló animada Betty, con un brillo repentino en los ojos.
—Jaja, creo que sí, Beako.
¡Bien, es hora de conocernos más!
Porque ya lo había aceptado en su corazón.
—(Subaru, de hecho, es esa «persona» para Betty.
Ya no puede imaginarse a nadie más llenando esta imagen, supongo) —pensó felizmente.
En cuanto al contrato, era muy pronto.
Quería conocerlo más.
Hablar más.
Pasar más tiempo juntos.
Discutir sobre todo y nada.
Quería ver más.
Después de todo, era hija de Echidna.
¿Podría ser de otra forma?
>>>>> Más tarde… —¡Maldición!
Con razón sabías que era yo —se quejó Subaru en voz alta, con una mezcla de frustración y diversión.
—Hump, de hecho.
¿Cómo se le ocurre a Subaru usar el nombre de su vida pasada, supongo?
—Betty se veía muy orgullosa sobre su taburete, cruzando los brazos con aire triunfal.
Después de todo, su madre no dejaba de hablar de Flugel.
Aunque ahora sabía por Subaru que Flugel era realmente un alias.
Flugel, en su mundo natal, significaba “ala” en un idioma llamado “alemán”.
Por suerte, Subaru no recordaba por qué lo usaba.
Sentía que era vergonzoso.
—Pensé que no habría nadie vivo de aquella época.
Obviamente… —rodó los ojos—.
No tomé en cuenta a los Grandes Espíritus.
—Mmh, es válido, supongo.
Aparte de Puck y Betty, no conoce a nadie más de aquella época, de hecho.
Para Betty sería sumamente raro que siquiera recordaran los humanos actuales el rostro de Flugel.
Ni hablar de los de las demás Brujas.
Para ellos, los humanos actuales, Satella era el verdadero mal a temer.
Tanto, que tradicionalmente se había pasado su descripción física con elocuente precisión.
Por eso Emilia, a pesar de estar separada 400 años de Satella, era vista como la misma Bruja de la Envidia.
—De hecho, me pregunto… ¿Por qué le diste el crédito a la Sabia Shaula, supongo?
Esa fue una cuestión que Betty en el pasado nunca entendió.
Sabía por su Madre que fueron Flugel, Reid, Volcanica y Shaula quienes encerraron a Satella.
Bueno, por la Biblioteca de su madre que se seguía actualizando, le llegó ese conocimiento.
Más tarde, en nuevos registros, el nombre de Flugel había desaparecido.
En aquel entonces, Betty buscó mucho.
Después de todo… ejem… sentía que Flugel era como un padre para ella, incluso si no lo conoció directamente.
Verlo desaparecer de la historia de la nada fue… amargo.
—¿Shaula?
—Subaru se quedó pensativo.
Seguía sentado en el suelo frente a Betty, con las piernas cruzadas—.
Me suena el nombre… Pero… —Betty lo entiende, de hecho.
No tienes más que vagas sensaciones de tu vida pasada, supongo.
—¡Beako es tan lista!
—Hump, no necesito tus halagos, supongo —desvió la mirada un poco orgullosa, aunque una leve curva en sus labios la delataba.
—(Sí, Beako es una tsundere de manual.
¡Qué linda!) —se alegró Subaru en su mente.
—Bueno, es otro misterio más en la lista, supongo —siguió Betty, con un suspiro suave.
—Sí.
Se quedaron en silencio.
Betty sentía que Subaru estaba a punto de decir algo estúpido y loco, por alguna razón.
—Beako… ¿Y si vamos a ver a Satella?
Beatriz parpadeó varias veces.
¿Había escuchado bien?
Sí, había estado encerrada 400 años, pero este cuerpo no era carne.
Era un constructo de energía.
No debería haber escuchado mal.
—¿A la Bruja de la Envidia, supongo?
—regresó Betty la pregunta, con los ojos ligeramente abiertos.
—Sí, verás yo… Entonces, las pupilas de Subaru se dilataron.
Todo a su alrededor se detuvo de golpe.
Nada se movía.
Todo se congeló.
Subaru ni siquiera podía mover sus ojos para ver qué estaba pasando.
Pero el Elden Ring en su mano derecha comenzó a brillar con un resplandor dorado tenue.
Sentía que con un par de segundos más podría romper lo que fuera que lo estuviera afectando.
Entonces, antes de eso, escuchó un susurro.
[Subaru… No puedes contarle a nadie sobre el Jardín o que mueres y vuelves.] —¿Satella?
Destellos de conversaciones en un espacio negro con toques morados pasaron por su mente.
—Ya veo… ¿Es esto un mecanismo de defensa?
[¡Tan listo como siempre Subaru!
Te amo.] Él guardó silencio.
No podía decirle “te amo”.
Al menos… no aún.
Quizás nunca.
Pero ella ya lo había aceptado, así que sintió su mano rodear su corazón directamente.
—¿Eh?
¿Me metiste la mano en el pecho, Satella?
[Quería sentir tu corazón.] —¡Preferiría si lo sintieras metafóricamente, no físicamente!
[Moo, Subaru.
Eres un chico malo.] —Perdona por no querer que me aprietes el corazón.
Entonces Subaru se quedó quieto.
La mano… —¿Por qué siento tu mano ahora en mi espalda?
[…] —¿Por qué está bajando?
[…] —¡Esto es acoso sexual, Satella!
Detente o me voy a enojar.
La mano finalmente se detuvo antes de tocar su trasero.
[Uh, quería tocarlo.] —Por ahora no.
Sí, Subaru dijo “por ahora”.
De otra forma, sentía que ella lo haría ahora mismo.
Necesitaba darle un plazo para que dejara de intentarlo, al menos por esta vez.
[Siempre que quieras hablar, puedes invocar el Tabú.] —Espera… Siento que esto no debería ser posible… —habló Subaru en voz alta.
Sentía cierta sensación de desconexión.
[Normalmente lo sería.
Pero tienes ese poderoso artefacto en su mano derecha y tu gran Voluntad.
Me es más fácil engancharme a tu robusta existencia.] Subaru lo pensó.
Sería útil tener a Satella a un apretón de corazón de distancia, ¿no?
Quizás.
—Bien, si quiero hablar contigo, eso haré.
Pero… Se instaló un silencio serio.
—¿Qué hay de «Envidia»?
… [Ella… de hecho, le tiene miedo a tu poder.] Subaru se quedó en shock.
¿Esa Envidia, la Destructora de Medio Mundo?
Bueno, no es que Subaru realmente le tuviera miedo a ella, pero era la impresión de que ella le tuviera miedo a él.
—¿A qué parte?
—Subaru sabía la respuesta, pero quería confirmarla.
[A lo que llamas «Llama Frenética».
Envidia está loca, pero por eso está hiperconsciente de esa cosa.] —¿Su locura le hace ver la verdadera «Locura» de la Llama Frenética?
[Sí.
¿Quién lo diría?
Necesitaba ver algo que de verdad estuviera «Loco» para temer.] —¡Cómo sea!
Un problema menos.
[Uh, no creo que eso sea así.] Subaru pensó por qué, pero no tardó en darse cuenta.
—Me ama.
[Te ama.
Te ama tanto como yo te amo a ti.
Incluso con miedo, te sigue amando.
Luchará contra el miedo.
Y tú lo dijiste una vez: “El Amor es el poder más Grande del Universo”.] —¿Sabes?
Duele cuando tus frases regresan a morderte el trasero.
[Yo podría morderlo en su lugar] —jugueteó Satella.
—En otro momento —Subaru siguió la misma táctica.
Aplazar todo sin dar fecha.
[Bueeeno, siempre te gustó más morderme a mí] —cantó Satella sin vergüenza alguna.
—Descarada.
[Es tu culpa.
A pesar de ser una semielfa y tener mejor forma física, siempre me dejabas exhausta cada noche.] Subaru guardó silencio.
En esta vida seguía siendo virgen.
Solo pudo suspirar.
—Mmh… —se quedó pensativo al darse cuenta de algo.
[¿Ocurre algo, Subaru?] —escuchó su voz preocupada.
—¿Te has sentido más estable últimamente, no?
[Oh, sí.
Es extraño…] —Creo que soy yo.
Mi Voluntad te está ayudando.
[Ah, así que mi amado Subaru me sigue cuidando.
Te amo, te amo, te amo…] —¿Satella?
—se quedó extrañado por la cadena larga de “te amo”.
[Lo siento… Fue ella.] Subaru asintió mentalmente.
Envidia.
—Bueno, creo que es hora de regresar.
Hablamos más tarde, Satella.
Tengo cosas que hacer.
[Subaru… Escuché que quieres ir a verme.] —Sí, eso.
¿Estaría mal?
[¡Para nada!] —su voz sonaba muy emocionada, pero se controló—.
[Pero por ahora, solo ve cuando recuperes todo tu poder.] —¿Por Envidia?
[Sí.
Es muy poderosa.
Además… seguimos juntas.] —Entiendo.
Necesito una forma de… Bueno, no podemos separarlas, son una sola, pero sería mejor si te pudiera sacar el Factor de la Bruja de la Envidia, ¿cierto?
[¡Sí, siempre tan listo, Subaru!
¡Te amo!] Con eso dicho, el tiempo regresó a donde se había detenido.
—¿Qué ibas a decir, supongo?
—Betty le dio una mirada de confusión.
Pero entonces arrugó la nariz.
—Apestas más a Bruja, de hecho.
—Oh, eso.
Espera, ¿apesto a Bruja?
—Miasma de la Bruja.
Tenías cierto olor, pero ahora mismo se volvió más intenso, supongo.
Betty cree que sea lo que le querías decir causó el incremento, de hecho.
—Eh, sí.
Parece que es un Tabú.
—¿Estás maldecido por Satella, supongo?
—se aventuró a decir Betty.
Sería la única conexión con lo que había dicho antes.
—Podrías verlo de esa manera, Beako.
Es una lástima no poder decírtelo.
Betty se quedó en silencio.
Subaru de verdad lamentaba no poder hablar más con ella.
—Mmh… —¿Se te ocurre algo, Beako?
—Betty cree que deberías ver dónde están los límites del tabú, supongo.
—¡Beako es tan lista!
¡Be-ako!
—se animó Subaru.
Si fuera más joven, ya se habría lanzado a levantarla en el aire a Beatriz.
—Tch, Betty cree que eres demasiado ruidoso —desvió la mirada con cierto rubor.
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