Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Arc2 - 7
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20: Arc2 – 7 20: Arc2 – 7 Capítulo 7 – No me gustan los bucles | Bosque | Subaru corría a toda velocidad entre los árboles.
El bosque era tétrico a la luz de la luna.
El suelo blando era resbaladizo bajo sus pies.
Detrás de él, docenas de mabestias rugían y rompían ramas a su paso.
Su brazo izquierdo colgaba inútil, fracturado en algún punto entre el codo y el hombro.
Sangraba por la sien derecha; la sangre se le había metido en el ojo derecho, nublándole la vista en carmesí.
El oído derecho zumbaba, como si alguien hubiera golpeado una campana dentro de su cráneo.
Un ataque de mabestias le había impactado la cabeza de ese lado.
El oído tenía hilos de sangre saliendo.
—Tch… ¿un día normal?
—murmuró al aire, con voz agitada.
Night And Flame brillaba en su mano derecha, las llamas anaranjadas brotaban de la hoja como un crepitar de hoguera.
Giró bruscamente a la derecha, dio media vuelta y, con un tajo diagonal, partió a una bestia por la mitad a la altura del abdomen.
Las vísceras humeantes salpicaron la tierra seca.
—Espero que Elsa esté ayudando a Rem como dijo… —apretó los dientes con cierto fastidio.
De reojo miró a Meili, que colgaba inconsciente contra su pecho, amarrada con el suéter de su chándal.
Por suerte, no sangraba.
Solo tenía un moretón en la mejilla derecha.
—¡Puedo volver de la…!
El tabú se activó al instante.
El miasma se espesó como niebla negra y pegajosa.
Más rugidos se unieron a la jauría que lo perseguía.
—¿Cómo lo dijo esta mocosa?
—gruñó, refiriéndose a Meili—.
¿Una ola de mabestias?
Subaru canalizó magia de refuerzo en las piernas, las cuales ya le ardían por el cansancio y el esfuerzo físico.
Esquivó en zigzag, con movimientos cada vez más pesados.
—¡Minya!
—gritó.
Cinco estacas de maná cristalizado se materializaron flotando a su alrededor, brillando con un fulgor púrpura claro, casi como llamas violetas.
Señaló con el índice derecho a las cinco bestias que estaban a punto de alcanzarlo.
Las estacas se dispararon y atravesaron sus cuerpos.
Rastros de cristalización se extendieron por la carne antes de que cayeran inertes, con un crujido seco.
—Murak —susurró a continuación.
La magia gravitacional lo envolvió.
Sus piernas, que ya empezaban a pesar como plomo, se sintieron ligeras de pronto.
Ganó velocidad, dejando atrás un buen tramo de la manada.
Pero una bestia saltó desde su flanco izquierdo, más rápida de lo que esperaba.
Intentó esquivarla, pero fue un segundo lento.
Los colmillos se cerraron en su pierna izquierda con fuerza brutal.
El mundo giró.
Subaru cayó al suelo como un saco, logrando caer de lado para no aplastar a Meili.
El impacto le arrancó el aire de los pulmones.
Sintió cómo el hueso de la pierna crujía bajo la mandíbula de la bestia.
—¡Mierda!
¡Ven aquí, Elsa!
Levantó la mano derecha con dificultad.
Un brillo grisáceo se condensó a su lado.
—Te ves fatal, Subaru —sonrió Elsa, apareciendo con su habitual calma perturbadora, pese al caos.
—¡Ya cállate, loca!
Elsa clavó su daga directamente en el cráneo de la mabestia que seguía mordiendo.
El animal se convulsionó y soltó la pierna con un gemido lastimoso antes de morir.
—¿Puedes seguir, Subaru?
—Elsa se había tensado una vez que evaluó las heridas del joven.
—Para nada.
Estoy jodido —la sangre le corría de la pierna como un grifo abierto.
—Me gustas más cuando hablas sucio —comentó Elsa en un intento de aliviar la situación.
—Sí, sí, loca —Subaru no tenía las fuerzas para apreciar el chiste.
Con dedos temblorosos desató a Meili de su pecho y se la entregó.
—Llévatela.
Tu forma de Ceniza Espiritual tiene energía para unas tres horas más.
Elsa la cargó con facilidad entre sus brazos.
—¿Y qué hay de Rem?
La salvaste, ¿no?
—preguntó Subaru, conteniendo el dolor que sentía en todo su cuerpo.
—¿Sabes?
Eso le haría daño a mi reputación, salvar personas en vez de matarlas —Elsa desvió la mirada hacia las mabestias cada vez más cercanas.
—Elsa —Subaru se apoyó en Night And Flame, la hoja chisporroteando contra la tierra—.
Ya estás muerta.
Un silencio breve, pesado.
—Tienes razón —Elsa se veía un poco confundida—.
Como Ceniza Espiritual, ni siquiera siento la diferencia entre viva o muerta.
Las bestias ya estaban encima.
Saltaron contra Subaru desde todas direcciones.
Él las cortó con tajos desesperados, las llamas de la espada dejando arcos de fuego en el aire seco.
Elsa saltó a una gruesa rama cercana con un movimiento felino.
—Vete.
Haré algo estúpido… —¿Y eso qué tendría de raro, Su-ba-ru?
—bromeó ella antes de desaparecer entre las hojas.
Subaru no respondió.
Ya estaba rodeado.
Cortes por todas partes, sangre caliente empapándole la ropa.
Escaló una montaña inestable de cadáveres que él mismo había creado, resbalando en vísceras y pelo empapado.
Su fuerza mágica estaba en cero.
Su físico, una basura absoluta.
Solo le quedaba la espada… y el Elden Ring, aún en proceso de asimilación.
—(Maldito mal timing…) Una bestia se le enganchó en el hombro izquierdo desde atrás.
—Y adiós al brazo… Más y más se colgaron de él: derecha, izquierda, piernas, abdomen.
Mordían y desgarraban.
Subaru se convirtió en una masa sangrante sostenida por pura voluntad.
—Oh, he de mí… —susurró, con la garganta llena de sangre.
El sudor le recorría toda la cara; la suciedad se le pegaba como una segunda piel.
—Puedo volver de la… Aguantó en esa posición imposible.
Más mordidas.
Más peso.
—Puedo… —Puedo… Por fin se ahogó en un mar de bestias.
—(No sé qué pasa con el mundo después de que muero… Si de casualidad sigue, perdóname.
Emilia, Rem, Ram, Beatrice, Petra… Perdóname.
De verdad… Al menos me las llevaré conmigo.) —¡SUBARU-KUN!
A lo lejos, la voz desesperada de Rem cortó el aire.
Retumbó por el bosque.
—(Oh… está viva) —pensó, permitiéndose un último alivio.
Apretó los dientes.
—¡Soy…!
—escupió sangre.
Era más una masa mordida que una persona—.
¡Soy Natsuki Subaru!
¡Señor de la Llama Frenética!
Entonces su cabeza explotó.
Los sesos salpicaron la sangre, la muerte y la suciedad ya derramada.
…
Silencio.
…
Silencio.
…
Entonces…
Frío.
Antinatural.
Irreal.
Algo que no debería existir «aquí» y en ningún lugar.
Un agujero negro se abrió donde alguna vez había estado su cabeza.
Justo encima de su cuello.
Se prendió fuego.
Un fuego enfermo, amarillo surcado de destellos naranjas enfermizos.
El frío se transformó en calor.
Intenso.
Demasiado real.
—Quemaré a todas las mabestias —retumbó su voz por todo el bosque, distorsionada y hueca.
El mundo se iluminó en amarillo y naranja abrasador.
«Un Presente Inconcebible».
>>>>> | Comedor | —Tieeenes un sentido del humor retorcido, Flugel-kun ~ —dijo Roswaal con diversión.
—Sí, lo admito —elevó Subaru una cucharada llena de comida—.
Fue un mal chiste.
Subaru probó la comida de Rem.
Realmente merecía cinco estrellas.
—Esto es muy bueno, Rem —le miró de reojo—.
Mis felicitaciones.
—Gracias, invitado-sama —asintió Rem con cortesía contenida.
—¡Te lo dije!
—animó Emilia mientras comenzaba a comer, con los ojos brillantes.
Así, por varios minutos, no hubo más que el sonido suave de los cubiertos rozando los platos y el leve tintineo de la porcelana.
Al terminar, Roswaal se aclaró la garganta con un gesto teatral.
—Entonces, Fluuugel-kun, ¿sabes por qué te damos una recompensa, cierto?
—¿Mmh?
Oh, cierto —Subaru dejó los cubiertos sobre el plato con cuidado—.
Por ayudar a Emilia de manera indirecta a conseguir de nuevo su insignia, ¿verdad?
La que la califica como candidata al Trono.
—Oooh, estás bien informado, Fluuugel-kun —Roswaal mostró una sonrisa misteriosa, los ojos heterocromos brillando con curiosidad.
—Bueno, casi todo fue circunstancial.
Después de todo, iba con la Santa Espadachín, Adelheid van Astrea.
Ella se encargó de Elsa, la Cazadora de Intestinos.
—Aun así, ayudaste a Emilia-sama.
Mereces una recompensa, ¿nooo, Emilia-sama?
—¡Pienso lo mismo, Flugel!
Me ayudaste, así que mereces algo —apretó Emilia los puños a la altura del pecho, con los ojos llenos de gratitud.
—Haré lo pooosible por cumplir tu deseo, Flugel-kun —entrelazó Roswaal sus manos, inclinándose ligeramente hacia adelante.
Subaru se quedó en silencio mientras pensaba.
No es que necesitara nada realmente… Observó de reojo a Beatriz, quien había jugado más lento con Puck, con las manos quietas sobre la mesa.
Obviamente quería saber si se quedaría más tiempo.
—(Bueno, todo sea por Beako.) Subaru se levantó de su asiento dejando salir un pequeño suspiro.
—Quisiera ser un invitado en su mansión, Roswaal.
Estoy fascinado por hacer intercambios académicos con Beatriz, la Gran Espíritu.
—Eeeso sería muy fácil de conceder.
¿No quiiieres algo más, Flugel-kun?
—Bueno, unos pequeños fondos monetarios me ayudarán.
Tengo algunos experimentos en mente.
Además… —miró a Emilia—.
Quisiera ayudar a Emilia.
Ser una reina es una tarea titánica.
Creo que mi sabiduría podría venir bien.
¿Quizás como un consejero?
Ram estornudó de nuevo, con un gesto breve y contenido.
Subaru la fulminó con la mirada.
—(¿En serio, Ram?) —(No me mires así, invitado-sama.
Es obvio que es un parásito.) —(Maldita chica…) El intercambio silencioso e implícito entre ambos no pasó desapercibido para nadie en la mesa.
—Oh, de verdad te llevas bien con Ram-san, Flugel —habló Emilia en voz alta.
Aunque su puño derecho se había apretado de manera involuntaria bajo la mesa.
—Eeentonces, si entiendo bien, ¿serás parte del Campamento de Emilia-sama?
Subaru se quedó pensativo, sosteniendo su mentón con la mano izquierda.
—(Aún quiero ayudar a Felt…) La duda en su rostro dejó a Emilia un mal sabor de boca.
—Fuuuh, bueno, no es que quiera estar atado a un Campamento, pero me temo que si no lo hago, mi posición quedaría incómoda.
Tanto para Emilia como para mi amiga Felt.
—¿Entonces…?
—Emilia le lanzó una mirada de cachorrito, con los ojos grandes y brillantes.
Subaru se cubrió la cara con la mano derecha.
—(Ah, demasiado brillante.) —pensó dramáticamente—.
Seré el consejero de Emilia.
—¡Yeeei!
—Emilia saltó emocionada de su asiento, haciendo temblar ligeramente los cubiertos.
—Lia… —Puck se cubrió la cara con sus patitas, avergonzado.
—¡Ekh, lo siento!
—Emilia se sentó de golpe con las manos en la cara, ocultándose de su propia vergüenza.
—Biiien, Flugel-kun se quedará en la mansión y servirá como consejero de Emilia-sama.
¡Bienvenido, Flugel-kun!
—Gracias, Roswaal.
Sin embargo, para Beatriz y Subaru no pasó desapercibido cómo Rem apretaba los puños en silencio, con los nudillos blancos.
—(Será un problema…) / (Esa sirvienta será un problema para Subaru, supongo.) —pensaron en sincronía ambos.
>>>>> | Mansión Roswaal — Patio | Subaru estaba por hacer algunos ejercicios.
Antes, calentaba con estiramientos.
—Estiro a la derecha… Luego a la izquierda… —¿Qué haces, Flugel?
La suave voz de Emilia llegó a sus oídos.
—Me estoy estirando antes de hacer ejercicio.
—¿Estirando?
—ladeó ella la cabeza en confusión.
—¿Quieres intentarlo?
—alentó Subaru sin detener sus movimientos.
—S-se ve divertido.
Emilia se colocó a su izquierda.
—Bien… —Subaru observó de reojo a Emilia.
Su vestido rosa ondeaba ligeramente con la brisa matutina, no parecía muy apropiado para estiramientos amplios.
—(Uh, cómo sea.) ¡Estira las manos a la derecha!
Emilia imitó el movimiento con cuidado.
—¡Ahora a la izquierda!
Emilia se concentró, frunciendo ligeramente el ceño.
—¡Ahora vamos a estirarnos al frente!
¡Intenta tocar las puntas de tus pies!
Subaru se inclinó hacia adelante con facilidad.
Aunque su físico actual era un chiste comparado con las Tierras Intermedias, no era malo del todo.
Hacía ejercicio en casa y conservaba una buena fuerza de agarre.
Logró tocarse las puntas de los pies sin esfuerzo.
Emilia lo imitó y también lo logró con facilidad, aunque tuvo que flexionar un poco más las rodillas.
—¡Y ahora!
—Subaru se enderezó—.
Levanta las manos al aire y grita: ¡Victory!
—¡V-victory!
—gritó Emilia un poco avergonzada, alzando los brazos con timidez.
—¿No te sientes mejor?
—preguntó Subaru, con una sonrisa ligera.
—¡Eso fue un gran… estiramiento!
—asintió Emilia con alegría, sacudiendo las manos como para quitarse la vergüenza.
—¿Qué harás más tarde, Emilia?
—Tengo que estudiar… —el ánimo de ella se desplomó visiblemente al pensar en los libros.
—Gaah, estudiar.
Es un asco —se quejó Subaru mientras sostenía su rodilla derecha en un estiramiento final.
—¿Tú también lo crees, Flugel?
—parecía que había encontrado un alma gemela que odiaba los libros.
—Definitivamente.
Siempre me gusta más el estudio práctico.
Aunque puedo leer unos 20 libros por hora yo… ¿Emilia?
¿Por qué te retiras?
—¡Me has traicionado!
—se veía muy agraviada, con las manos en las caderas.
—¿Eh?
¿Cómo?
—se detuvo Subaru con confusión pintada en el rostro.
—Dijiste que odias estudiar, pero puedes leer 20 libros en una hora.
¡Eso es traición!
—Bueno… Soy un erudito, Emilia.
Es una habilidad básica —desestimó Subaru sin mucha prisa.
—¿B-básica?
—ella no podía creerlo.
Se tapó la boca con la mano derecha—.
¿Soy boba, entonces?
—No diría eso —chasqueó Subaru los dedos izquierdos—.
Todos tenemos nuestras fortalezas.
Y… ¿quién dice “boba” hoy en día?
—¡Eh, te estás burlando de mí, Flugel!
—infló Emilia las mejillas, cruzando los brazos.
—Bueno… Eso hacen los amigos, Emilia —le dedicó una sonrisa cálida.
—¿En serio?
—su actitud cambió 180 grados—.
¿Los amigos se burlan entre sí?
—Pues claro.
Es sinónimo de una relación saludable entre dos personas que comparten amistad.
—Ya veo —Emilia parecía haber recibido una revelación divina—.
¡Pensaré en alguna burla más tarde para ti, entonces!
Subaru levantó la ceja derecha.
—Emilia, es mejor si es espontánea.
—¿Qué es “espontáneo”?
—Emilia, ve a estudiar —se sujetó el puente de la nariz con dos dedos.
—¡No quiero!
—se cruzó de brazos con determinación—.
Es mi tiempo libre.
Puck está jugando con Beatriz.
—¿Siempre eres tan malcriada, Emilia?
Emilia se estremeció ligeramente.
—Nooo… ¡Ya sé!
—elevó su índice derecho—.
¡Es tu culpa!
—desvió el tema con rapidez.
—¿Ah?
¿Mi culpa?
—¡Lo es!
—declaró como una verdad absoluta Emilia.
—¡No es mi culpa!
—se defendió Subaru acercándose un paso.
—Lo es.
Eres una mala influencia para mí, Flugel —levantó la barbilla altiva.
—¿Qué pasó con tu personalidad?
—murmuró Subaru por lo bajo.
—¡Es una broma!
—chasqueó los dedos de la mano izquierda imitando a Subaru.
Aunque el gesto salió mal, no logró hacer sonido alguno.
Hubo un pequeño silencio.
Emilia comenzó a sentir arder sus mejillas.
Esperaba otra reacción… Entonces escuchó la risa de Flugel y, en ese momento, lo supo: todo estaría bien.
—Puajaja, ¿en serio?
Jajaja, estás loca, Emilia.
—¡No estoy loca!
—Es una expresión, chica ingenua.
—¡Mooo, te estás burlando de nuevo de mí!
Así, ambos habían empezado a forjar una amistad real.
A lo lejos, Rem veía a través de una ventana.
Su expresión era neutra.
Pero en su mente seguía dividida.
—(Es muy buen actor… ¿o es real?) Rem estaba muy confundida.
>>>>> | Mansión Roswaal — Tarde | Subaru salía del baño con el cabello mojado.
Se secaba el cuello con una toalla blanca.
—Nada como un buen baño después de un largo ejercicio.
Avanzó por el pasillo con la toalla colgando sobre los hombros.
La luz de la tarde entraba suave por las ventanas altas y proyectaba sombras largas en el suelo de madera.
En el camino se cruzó con Ram.
—Buena tarde, Ram.
—Flugel.
Así era.
Ahora que se iba a quedar bastante tiempo aquí, de forma indefinida, Ram había empezado a llamarlo por su nombre.
—Oye, una pregunta.
—Sí tengo que contestar… —susurró Ram con desánimo.
Susurro que Subaru captó y decidió ignorar.
—¿Dónde están los demás trabajadores de la mansión?
También, se me pasó antes, pero ¿por qué Emilia no tiene caballeros o guardaespaldas?
Ram se le quedó mirando de manera complicada.
Sus ojos se entrecerraron un instante.
—Rem y Ram son las únicas que trabajan y mantienen la mansión.
Los… caballeros que había antes en el dominio de Roswaal-sama se fueron.
Subaru parpadeó varias veces.
Entonces algo hizo clic en su mente.
—Por la apariencia de Emilia… —Me alegra ver que no tienes la cabeza de adorno —se burló Ram, con una sonrisa afilada.
—Tch —Subaru se sujetó la nuca con la mano libre—.
Eso es malo para Emilia… y para ustedes.
—Rem y Ram son más que suficientes para mantener toda la mansión —presumió Ram, alzando ligeramente la barbilla.
—¿En serio?
—Subaru se veía genuinamente impresionado—.
Entonces, si Rem es una maravillosa cocinera, tú eres una gran limpiadora.
—Por supuesto —mintió Ram sin vergüenza alguna.
Aunque para ella fuera una verdad.
—Me impresionan, gemelas —asintió Subaru, sin saber que le estaban mintiendo.
—Por supuesto.
Rem y Ram son las mejores sirvientas de la nación.
No, del mundo.
Subaru solo pudo suspirar.
—(Ram realmente se tiene en una gran estima…) —Como sea, debo volver al trabajo, señor —le miró Ram con desdén.
—Sí, sí, Ram.
—Tch, usando mi nombre tan confiado aún… —se quejó Ram en voz baja mientras se alejaba por el pasillo.
—(Tsundere) —pensó Subaru con diversión.
Siguió su camino por los pasillos de la mansión.
El eco de sus pasos resonaba suave en el silencio de la tarde.
Cuando estaba por entrar a su habitación, el contenido dentro era otro.
Beatriz estaba sentada en su taburete en medio de la biblioteca.
—Oh, Beako.
Buena tarde.
—Hump, Betty te estuvo esperando.
Subaru entró y cerró la puerta con un clic suave.
—Sí, sobre eso… —No podemos investigar el límite del tabú por el miasma, supongo.
—¡Beako es un 10!
—¡Betty encuentra irritantes tus halagos!
—se quejó en voz alta aunque se veía complacida por dentro.
—Sí, Rem parece que me va a arrancar la cabeza o besarme.
No sé cuál es peor.
—¿Besarte, supongo?
—Beatriz se le quedó mirando raro.
—Sí.
Tiene esta vibra de: matar o amar.
Es extraño.
—Betty cree que has causado una gran impresión en la sirvienta, de hecho.
—Fuuh, ojalá fuera suficiente —Subaru se sentó en el suelo con un suspiro—.
Forzar un acercamiento buscando amistad sería contraproducente.
—Betty supone que la limitada mente de la sirvienta vería ese intento como planeado, de hecho.
—Sí, Subaru cree lo mismo —imitó a Beatriz en su habla—.
Subaru piensa que debería dejarlo surgir de manera natural.
—Betty no cree que perderías en una batalla contra la sirvienta, supongo.
—Eso sería lo normal, si tuviera todo mi poder.
Beatriz se quedó pensativa sobre eso.
Sus ojos mariposa se entrecerraron un instante.
—¿Te has visto limitado por la transferencia, supongo?
—conjeturó Beatriz.
—(Beako de verdad es muy lista.) En efecto, Beako.
Todo mi físico fue reiniciado.
Ahora, si no fuera por el Elden Ring —elevó su mano derecha— y sin sus runas, sería un humano común.
—Betty cree que eso es un gran problema, supongo.
Ambos se quedaron en silencio, pensando en qué hacer ahora.
La luz de la tarde entraba por las altas ventanas de la biblioteca y dibujaba líneas doradas sobre los estantes.
—Bueno, aprenderé magia local.
¿Me podrías enseñar, Beako?
—Hump, tener la oportunidad de aprender de la poderosa Betty, supongo.
Es un gran privilegio, de hecho —ella se veía con una sonrisa confiada.
—Oh, gran Beatriz, hermosa y poderosa Gran Espíritu Yin, ¿aceptaría a este humilde Lord como aprendiz?
—Betty ve que a pesar de tus palabras, no estás en la posición adecuada, supongo —se quejó en voz alta.
Subaru sonrió divertido y se arrodilló, su rodilla derecha en el suelo, frente a ella.
—Beatriz, ¿me ayudarías?
—extendió su mano derecha.
—Betty ve tu sinceridad ahora, supongo.
Serás mi aprendiz, de hecho —sujetó su mano.
Así, cerrando un trato entre Lord y Espíritu.
—Primero, déjame ver tu cuerpo, supongo —se levantó Beatriz de su taburete dejando su libro al lado.
—Puedes —se quedó Subaru de pie.
Beatriz le puso la mano sobre el abdomen.
—Esto es… —Beatriz abrió los ojos en shock.
—¿Qué ocurre, Beako?
—Subaru se puso nervioso al ver a Beatriz así.
—No tienes puerta… —Oh, esa cosa local.
No te preocupes, Beatriz.
—¿Cómo no se va a preocupar, Betty?
¡No tener puerta es prácticamente estar muerto, de hecho!
—Soy de otro mundo, Beako.
Funcionó con otros parámetros.
—Betty cree que entiendo un poco, supongo.
Es solo que nunca se había encontrado con nada igual, de hecho.
—Es normal.
El Cosmos es enorme, Beako.
Has estado en un solo… bueno, un solo lugar —refiriéndose más a estar en la biblioteca que al mundo actual.
Pero confiaba en que Beatriz entendiera la indirecta.
—Yo ya he estado en tres mundos.
La Tierra, donde no existe la magia.
Las Tierras Intermedias, un infierno por sí mismo.
Y finalmente, Lugunica, este mundo.
De hecho, me alegra que en este mundo también exista el maná.
—Betty comprende.
Tu visión es más amplia, supongo.
—Tengo tantas cosas que contarte, Beako.
¡Pero primero, magia!
¿Qué dices, estás lista para desvelarte toda una noche de nuevo?
—Betty no necesita dormir, supongo.
¡Bien, Betty ayudará a su estudiante, de hecho!
—Gracias, Beako-sensei.
Así, Espíritu y Lord parecían estar en una pijamada nerd sobre la magia, los misterios de otro mundo y una creciente pero firme amistad.
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