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Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 21

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21: Arc2 – 8 21: Arc2 – 8 Capítulo 8 – ¡MALDITO CULTISTA!

| Bosque — Día 5 | —¡Maldito cultista!

Rem lanzó su estrella de la mañana contra la cara de Subaru.

Él logró esquivar por poco.

—¡Rem, por favor!

—¡No, cállate!

¡No quiero seguir escuchándote!

La cadena de Rem resonó.

Su arma con púas seguía buscando herir a Subaru.

Con la Gran Runa de Godrick y magia de refuerzo, Subaru no tuvo muchos problemas en esquivar.

Su espada seguía en la cintura.

—¡Escúchame, mujer terca!

Subaru acortó la distancia y le dio un cabezazo directo en la frente.

Ambos quedaron con la piel abierta y sangrando.

A Rem se le movió el cerebro y se quedó aturdida.

—¡Yo no puse a los niños en peligro!

Petra, esa valiente niña, fue mi primera amiga en el pueblo.

¡Por favor, Rem!

¡Piensa!

No he hecho nada que amerite que me ataques ahora mismo.

Rem sacudió la cabeza.

La sangre le nubló el ojo izquierdo con carmesí.

—Rem… Rem… —se mordió el labio inferior a la izquierda.

Recordó estos últimos cuatro días con Subaru en la mansión.

De una fría y distante existencia, un lugar inerte sin emociones, se transformó en… un hogar.

Su hermana Ram estaba feliz aunque no lo dijera.

Se llevaba bien con Subaru.

Se divertían lanzándose insultos.

Emilia se veía más radiante y ganaba confianza.

Beatriz salía más de la biblioteca.

Ella misma había sentido la calidez de Subaru en persona.

¿Era posible que una sola persona, en cuatro días, transformara tu vida?

Ciertamente parecía difícil.

Pero Subaru, con su carácter y personalidad, lo había hecho real.

Sin embargo… Rem se sacó sangre al morderse el labio.

—¡No puedo dejarlo!

¡No puedo!

Recordó su aldea.

La muerte.

El asqueroso olor de los cultistas.

Y su mayor pecado: dejar que Ram perdiera su cuerno.

Incluso en ese momento pensó: qué bueno.

Desde entonces, Rem estaba encerrada en una jaula gris y triste.

—¡Sí puedes, Rem!

—le gritó Subaru con convicción—.

¡No eres una copia de Ram!

—¡Cállate!

Rem es una pálida copia de su hermana.

Ella es tan perfecta, tan grande que yo… Subaru le dio una bofetada.

Rem, de la impresión, dejó caer su arma al suelo.

Se quedó mirándolo en shock silencioso.

—¡Rem es Rem!

¡Rem es genial, trabajadora, eficiente!

¡Rem es hermosa!

¡Rem es más que suficiente!

¡No eres una copia!

—la señaló con el índice derecho—.

¡Tú eres solo Rem!

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos y cayeron como una cascada.

La sangre se arrastró a través de las lágrimas cristalinas.

Rem sentía su corazón doler.

Arder.

Moverse.

Por primera vez en mucho tiempo… estaba latiendo de nuevo.

—¿Rem de verdad es suficiente?

—su voz salió entrecortada entre sollozos silenciosos.

Sujetaba su mejilla izquierda.

—¡Lo es!

Rem es una chica más que suficiente.

—¿De verdad…?

—Rem cerró los ojos.

No quería creerlo.

No, más bien, no podía creerlo.

Entonces sintió unas manos en sus hombros.

Rem abrió los ojos y observó los de Subaru.

Ese color marrón oscuro que parecía brillar.

Brillar con la intensidad de una estrella.

—Rem —se dirigió a ella con voz seria—.

Eres más que suficiente.

Rem, mereces vivir.

Vivir por ti.

Ser egoísta.

—Rem no… —su voz se hizo muda.

—¡Puedes!

—Subaru le sonrió—.

¡Tú puedes, Rem!

Gracias a ti, estoy demoniacamente animado.

¡Vamos a salvar a los niños!

A todos ellos.

Dejó de sujetarla.

—¡Ayúdame, Rem!

—extendió la mano derecha—.

Y seamos amigos.

Empecemos de cero.

Rem guardó silencio.

La mano de Subaru, a pesar de su cercanía, parecía tan lejana.

Pero algo en su interior la hizo alzar la mano derecha.

Lentamente, con temblor, recorrió el espacio hasta la mano de Subaru.

Sus dedos tocaron su palma.

Rem seguía llorando, pero ahora por sentir la calidez de otra persona.

De Subaru Natsuki.

Subaru cerró su mano alrededor de la de Rem.

Un apretón fuerte y firme.

—¡Mi nombre es Subaru Natsuki!

—Yo… —limpió sus lágrimas con la mano izquierda y le dedicó una sonrisa real, por primera vez—.

Yo soy Rem.

—Un gusto conocerte, Rem.

¿Vamos?

—Sí… —asintió Rem entre lágrimas—.

Rem acompañará a Subaru-kun.

>>>>> | Mansión Roswaal — Día 2 | Rem se despertó como siempre, antes de que el sol saliera.

Se alistó con la eficiencia mecánica de todos los días: peinado impecable, uniforme sin una arruga.

—Rem está lista —murmuró al verse en el espejo de su habitación.

Su rutina de siempre.

En los días de siempre.

En el lugar de siempre.

No… eso ya no era del todo cierto.

Al menos ahora.

Al salir al pasillo, observó a Flugel emergiendo de una habitación.

—Vamos, Beako.

¿Por qué aquí?

—dijo él con voz cansada.

Un resoplido breve respondió desde el interior.

La puerta se cerró con un clic suave.

Rem vio cómo Flugel dejaba escapar un suspiro agotado y se pasaba la mano por el cabello revuelto.

—(¿No durmió de nuevo?) —se preguntó en silencio.

—Hey, hola —la saludó él de forma torpe, rascándose la nuca—.

¿Puedo llamarte Rem ahora?

Me quedaré un tiempo y… es incómodo decirte sirvienta todo el tiempo.

Rem recordó en ese instante los ojos de Flugel: el azul oscuro profundo como la noche y el amarillo radiante surcado de destellos naranjas.

Frío y calidez al mismo tiempo.

Contra su propio juicio, inclinó ligeramente la cabeza.

—Está bien, invitado-sama.

—Dime Flugel —corrigió él con suavidad.

—Flugel… Sí, bien.

Flugel.

Rem hizo una leve inclinación de cortesía y se dispuso a seguir su camino.

Pero sus oídos oni captaron el murmullo bajo de él mientras se alejaba.

—Rem es una chica muy agradable, ¿no?

Rem casi se detuvo en seco.

El corazón le dio un pequeño salto.

Cuando giró la cabeza para mirarlo, Flugel ya había doblado la esquina del pasillo.

—(¿Lo dijo en serio?) —pensó, sintiendo un leve calor subirle a las mejillas.

Respiró hondo para recomponerse.

No debía distraerse.

—(El olor ha bajado un poco, pero…) El miasma de la Bruja aún persistía, tenue pero inconfundible.

No bajaría la guardia.

>>>>> | Desayuno | Rem observó desde su posición cómo Flugel conversaba animadamente con Beatriz y Emilia.

Puck intervenía de vez en cuando con comentarios juguetones.

Incluso su hermana, al servir los platos, no podía evitar dirigirse a él.

Aunque solo fueran pullas mutuas.

—Veo que Flugel sigue siendo un parásito.

—Es mejor que ser una sirvienta, Ram.

—Ram cree que su posición es mayor que la del señor Flugel, quien se aprovecha de la amabilidad de Roswaal-sama y Emilia-sama.

—Para nada, Ram.

Esto es resultado del trabajo duro y es mi recompensa.

—¿Qué no la Santa Espadachín resolvió todo?

Según tus propias palabras —agregó Ram con una ceja arqueada.

—Circunstancias —desestimó Flugel con una media sonrisa.

—Ya veo.

El señor Flugel es peor que una lombriz que se arrastra por el suelo.

No le queda nada de valor.

—¿Valor?

¿Debería preocuparme por lo que piensa la noble sirvienta de mí?

—Debería.

Esta noble sirvienta trae la comida.

Quizás alguna vez a Ram se le caiga cierto veneno en su plato.

—De ser así, me temo que viviré.

—Ya veo.

La basura siempre sobrevive —se burló Ram antes de girar sobre sus talones y alejarse.

Rem captó el susurro apenas audible de Flugel.

—Mmh, Ram está tan peligrosa como siempre… El desayuno transcurrió con tranquilidad.

Roswaal-sama conversó un rato con Flugel sobre los fondos que le otorgaría: una suma considerable en monedas santas.

—(Rem debe vigilar en qué lo gasta…) —pensó ella con los labios apretados.

Más tarde… Rem se detuvo en el borde del patio y observó a Flugel junto a Beatriz-sama.

La Gran Espíritu, fuera de su biblioteca por primera vez en mucho tiempo, parecía estar impartiendo una lección de magia bajo la luz suave de la mañana.

—¡Bien!

Shamak es el más básico de la magia Yin.

En el primer nivel es una nube que corta el sentido visual a todos menos al lanzador.

—Beako-sensei es impresionante.

—Betty te pide que dejes de decir tonterías durante las clases —replicó ella, aunque sus ojos mariposa brillaban con una alegría contenida.

Rem notó que la Gran Espíritu se veía genuinamente feliz.

—Sí, lo siento, Beako-sensei.

—Bien, dilo.

—Shamak.

Una nube contenida brotó de la mano derecha de Flugel, perfectamente delimitada.

—¿Eh?

—Rem se quedó sin aliento.

Incluso Beatriz se quedó boquiabierta por un instante.

—¿Qué acabas de hacer, supongo?

—¿Lanzar Shamak?

Beatriz pareció contener el impulso de golpearlo.

—¡Betty se refiere a cómo lo lanzaste en tu mano, supongo!

—Bueno, solo lo contuve con una barrera de maná.

Pensé que sería desagradable sentirlo en mi cuerpo.

El primer nivel de Shamak nubla tu sentido visual, ¿no?

Y tampoco quería que tú lo sintieras.

Beatriz lo miró fijamente, como si viera a un completo extraño.

—Betty ve que tu sentido común es muy diferente… Rem apartó la mirada, aunque no pudo evitar notar que la Gran Espíritu seguía susurrando algo más, tal vez reflexionando sobre las palabras de Flugel.

>>>>> | Cocina — Tarde, Día 2 | Rem pelaba verduras con movimientos precisos y mecánicos para la comida de la tarde.

En poco tiempo, escuchó pasos acercándose por el pasillo.

—Ya veo, esta es la cocina —dijo Flugel desde el marco de la puerta.

Rem no dejó que la distrajera.

Siguió cortando con la misma eficiencia de siempre.

—¿Necesitas ayuda, Rem?

La voz de él llegó clara a sus oídos.

Por un segundo, Rem se quedó quieta, con el cuchillo suspendido sobre una zanahoria.

Sin saber si había escuchado bien.

—No —respondió en seco—.

Rem se encargará sola.

El invitado no debería hacer estas tareas.

Sin embargo, oyó los pasos de Flugel avanzando hacia el interior.

Al darse media vuelta, notó que él ya tomaba un delantal del gancho.

—Vamos, te ayudaré.

Observe a Ram “ocupada”.

Rem apretó los dientes un poco, sintiendo una mezcla de irritación y sorpresa.

—Bueno… —se permitió respirar hondo—.

Si Flugel lo desea.

Mientras no le estorbe a Rem.

—No lo haré.

Hace mucho tuve que aprender a cocinar o morir de hambre.

Rem se quedó una vez más impresionada.

La velocidad de Flugel en la cocina era casi tan rápida como la suya, aunque con un componente de paciencia que ella no solía necesitar.

Verduras, carne, ingredientes: los manejaba con una precisión pasmosa.

Sin quererlo, Rem se encontró trabajando en dupla con él.

Una dupla… armoniosa y cálida.

A veces, ni siquiera necesitaba decir nada: Flugel ya extendía la mano con lo que hacía falta.

Hacía muchas preguntas; estaba claro que no conocía del todo los ingredientes locales, pero eso no le quitaba habilidad.

De vez en cuando murmuraba para sí.

—Esto es una papa… ¿calabaza?

Eso debería ser repollo y ese lechuga… Los nombres aquí son un desastre… Rem se guardó sus comentarios sobre las extrañas palabras de Flugel.

Si algo había aprendido estos últimos dos días de él, era que era, como mínimo, peculiar.

En poco tiempo habían preparado la comida con una velocidad irreal.

A Rem le quedó un poco de tiempo para descansar.

Se sentó en la barra de la cocina, con las manos aún húmedas por el lavado previo.

—Yo limpiaré, Rem.

No te preocupes… Rem notó con evidente asombro que Flugel usaba magia para manipular los platos.

Pronto la cocina se convirtió en un concierto de platos, ollas y cubiertos volando por todos lados.

Llegaban al fregadero y salían relucientes con gran velocidad.

Eso sí, Rem vio cómo Flugel evaluaba cada pieza con atención antes de soltarla, verificando su limpieza.

—Esto me trae recuerdos de aquella película de Merlín y el Rey Arturo —murmuró él con una media sonrisa.

Esta vez Rem no pudo contener su curiosidad.

—¿Merlín?

—preguntó en voz alta desde su asiento—.

¿Rey Arturo?

Flugel la miró de reojo, con esa misma media sonrisa curvando sus labios.

—Leyendas de donde vengo.

¿Quieres escuchar?

Rem asintió, sintiendo una curiosidad genuina por cómo serían esos personajes de leyenda.

Nunca había oído esos nombres antes.

—Bueno, había una vez un joven que observó una espada clavada en una piedra… >>>>> | Mansión Roswaal — Día 3 Mañana — Patio | Rem observó a Emilia y Flugel realizando extraños movimientos corporales en el centro del patio.

—¿…?

—los miró confundida, sus ojos parpadearon un poco.

—¡Arriba!

¡Abajo!

—retumbó la voz de Flugel, llena de energía.

Emilia lo seguía con una eficiencia practicada, como si siempre hubieran hecho esto juntos.

Por alguna razón, esa sincronía perfecta hizo que Rem apretara el puño derecho y sintiera un pequeño dolor punzante en el pecho.

—(No, Rem.

¿Qué estás pensando?) —se cuestionó en silencio, dispuesta a regresar a sus tareas.

Entonces… —¡Buen día, Rem!

—la voz amable y cariñosa de Flugel llegó hasta ella, libre de cualquier prejuicio.

Una voz que, poco a poco, la hacía dudar más y más.

Y una vez más, el miasma había disminuido un poco.

—Buen día, Flugel —respondió con cortesía practicada, dando pasos hacia ellos a pesar de su reticencia interna.

—Buen día, Rem —agregó Emilia al verla acercarse, con una sonrisa radiante.

—Buen día, Emilia-sama.

—¿Quieres unirte?

—preguntaron Flugel y Emilia al unísono, sin dejar de mover las piernas.

Ambos sujetaban la rodilla derecha en alto, manteniendo el equilibrio.

—Rem está confundida sobre qué hacen exactamente —se quedó de pie, un poco tentada de imitarlos.

—Son estiramientos y radio calistenia —explicó Flugel.

—¿Radio… qué?

—ladeó la cabeza.

Ese pequeño gesto dejó que la belleza serena de Rem se manifestara por completo.

Flugel sonrió ampliamente.

Era raro verla con una expresión distinta a la neutralidad habitual.

—Olvida el nombre.

Es para activar el cuerpo y calentarlo.

¡Vamos!

Emilia ya es una experta.

—Únete, Rem.

¡Te gustará!

—animó Emilia con entusiasmo.

Rem se colocó a la derecha de Flugel, mientras Emilia quedaba a su izquierda.

—¡Bien!

Primero, el torso —lo estiró hacia la derecha.

Rem imitó el gesto con algo de torpeza inicial.

Emilia, ya acostumbrada, lo hizo sin esfuerzo.

—Ahora a la izquierda.

Rem aún se sentía un tanto perdida, sin entender del todo la utilidad.

—Ahora, estiramos el brazo derecho hacia la izquierda en arco.

Así siguieron un par de minutos más.

Rem empezó a sentir el cuerpo más suelto y ligeramente caliente por el movimiento.

Se sentía más relajada.

Sí, esa era la palabra.

Entonces, el grito repentino de Flugel la hizo estremecerse un poco.

—¡Victory!

Emilia lo imitó sin vergüenza alguna, esta vez con total naturalidad.

—¡Victory!

Flugel miró de reojo a Rem.

—Vamos, Rem.

Hazlo tú también.

Ella dudó visiblemente, con los labios apretados en una línea fina.

Tras un pequeño suspiro de resignación, elevó los brazos en alto, tomó aire y gritó.

—¡Victory!

Su pecho subía y bajaba con rapidez.

Sintió las mejillas arder un poco.

Cuando miró de nuevo a Flugel, este tenía una sonrisa enorme.

Emilia, que había dado un paso al frente para verla mejor, también le sonreía con calidez.

—¿Qué tal, Rem?

—preguntó Emilia con entusiasmo.

—Eso fue… Rem lo encuentra tolerable.

—Jaja, eso quiere decir que le gustó, Emilia —tradujo Flugel con una risa suave.

—¿Crees que podamos traer a Ram también?

—preguntó Emilia con inocencia.

Rem y Flugel intercambiaron una mirada táctica casi instantánea.

—Rem duda que nee-sama se preste para esto —dijo Rem con seriedad.

—Ram preferiría golpearme antes que hacer esto —agregó Flugel al mismo tiempo.

Emilia los miró impresionada por esa sincronía perfecta.

Incluso ella notaba que siempre había un aire extraño entre Rem y Flugel.

Cierta tensión que no sabía cómo deshacer.

Solo esperaba que, con el tiempo, ambos se llevaran mejor.

—Ya veo —concluyó Emilia, un poco desanimada.

Ella también dudaba de que Ram quisiera unirse a los ejercicios de radio calistenia.

>>>>> | Biblioteca Prohibida | Frente a Beatriz y Subaru se encontraba Elsa, manifestada en una forma translúcida y blanquecina.

—¿Qué opinas, Beako?

—Betty ve que realmente se volvió una clase de espíritu… —sujetó su barbilla, impresionada.

—Vamos, Subaru —se quejó Elsa, cruzando los brazos con un gesto de fastidio—.

Verme como un experimento es desagradable.

—Es inevitable, Elsa.

Es tu segundo día como Ceniza Espiritual.

No sé cómo afectarán las leyes de mi mundo con este mundo.

—Betty ve que la manifestación de la asesina es bastante independiente, de hecho —comentó Beatriz, inclinando la cabeza.

—Lo es.

Aunque tiene cierto rango de acción —agregó Subaru.

—¿Qué tanto, supongo?

—preguntó Beatriz, intrigada.

—Bueno, antes eran unos 2,5 kilómetros.

Pero con el Elden Ring en mi poder… supongo que la medida se duplicó o triplicó.

—Suena bien, pero no puedo vivir lejos de ti, Subaru —canturreó Elsa, acercándose con un paso lento y juguetón.

—Estás muerta, Elsa.

Ella se quedó un poco aturdida por la respuesta directa.

Parpadeó varias veces.

Beatriz, en cambio, seguía registrando lo que veía en un nuevo libro con gran concentración.

—Es… Eso es verdad —habló Elsa en voz alta, con un aire de fastidio—.

Es extraño.

En esta forma es fácil olvidar que ya estoy muerta.

—Bueno, no por mucho tiempo —dijo Subaru.

—¿De qué hablas, supongo?

—levantó una ceja Beatriz.

—Yggdrasil —sentenció Subaru.

Beatriz lo entendió al instante, pero Elsa seguía perdida.

Se aclaró la garganta con un gesto teatral.

—Si alguien pudiera aclararlo para los que no estuvimos en clase… —canturreó Elsa, con voz burlona.

—Bueno, de donde vengo he plantado un árbol.

Dejemos los detalles técnicos.

El punto es que podría resucitarte completamente una vez que el árbol crezca un poco.

—¿Insinúas que tienes el poder de controlar la vida y la muerte?

—Elsa se tensó visiblemente, levantando una ceja.

—Heh, lo tengo, Elsa.

Quizás morir cerca de mí ha sido lo mejor que te ha pasado en la vida.

Eso y tener un espíritu lo bastante poderoso para que el Elden Ring creara tu ceniza.

—¿Debería sentirme halagada?

—bromeó Elsa, sentándose en una silla cercana al escritorio con un resoplido juguetón.

—Tómalo como gustes —Subaru se acercó a Beatriz—.

Por ahora puedes mantenerte hasta 3 horas en forma física.

—Eso y que todas sus aptitudes físicas son las mismas que en vida, supongo —agregó Beatriz, sin dejar de escribir con gran velocidad.

—Y puedo volverte más fuerte, Elsa.

Esta vez ella se vio tentada.

Resopló un poco, pero sus ojos brillaron.

—Deberías empezar por eso, Suba-ru ~ —dijo, con una sonrisa más amplia y juguetona.

—Bueno, no tengo los materiales a mano.

Al menos durante un mes.

—Y yo creía que serías el primer hombre en no decepcionarme —jugueteó Elsa.

Su arma se materializó por un instante y quedó clavada en el escritorio.

—Es solo un mes, Elsa.

Además, cumpliré mi parte del trato.

Elsa dejó que su arma se desvaneciera en humo.

La mecánica de invocarla con solo pensarlo aún le resultaba sorprendente.

—Meili —habló ella con los ojos entrecerrados.

—La tomaré bajo mi cuidado.

Después le daré tu ceniza espiritual a ella.

—Bueno, cuidarla incluso muerta suena como un gran plan —Elsa se recargó en el asiento y cruzó las piernas—.

No es que tenga más planes.

—En cuanto a Madre.

Capella.

—Madre… —Elsa se amargó.

Su expresión se agitó por un instante.

—Le daré caza.

Según Beako, puedo almacenar los Factores de Brujas.

—Oh ~ el monstruo se hará más poderoso —Elsa rodó los ojos con ironía.

¿Cómo sería un ser que ya maneja la vida y la muerte con los poderes de las Brujas?

Elsa no podía imaginarlo del todo.

—(Quizás Subaru tenga razón) —sonrió en su mente—.

(Morir cerca de él es quizás lo mejor que me ha pasado.) —Betty necesitaba ver esa flama enferma de nuevo, supongo —la voz de Beatriz tembló ligeramente, sin pasar desapercibida.

Tanto Elsa como Subaru lo notaron.

Ahora que era una Ceniza Espiritual, Elsa sentía un miedo irracional ante la flama de Subaru.

—(¿Cómo la llamo?

“Llama Frenética”) La primera vez, anoche, que la vio, Elsa, la Cazadora de Entrañas, sintió que su cordura se desvanecía con tan solo mirarla.

La reacción de Beatriz no fue menos escandalosa.

Retrocedió como un gatito asustado hasta el otro lado de la biblioteca.

Si no fuera por la advertencia previa de Subaru y el hecho de que fuera él, Beatriz habría atacado a matar.

—¿Estás segura, Beako?

Esa… No es necesario que te acostumbres tan rápido.

—Betty está segura, supongo —tomó una larga respiración para calmarse—.

Betty necesita estar lista si alguna vez piensa pelear a tu lado.

—¡Hermosa Beako!

¡Tan linda Beako!

—¡Cállate, supongo!

—se quejó Betty, con las mejillas ligeramente sonrojadas.

Para Elsa fue una imagen cálida.

—(No puedo creer que este hombre… tan irracional, sea tan poderoso.) La actitud despreocupada de Subaru la dejaba fuera de su elemento.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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