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Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 22

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22: Arc2 – 9 22: Arc2 – 9 Capítulo 9 – Una pequeña en problemas | Mansión Roswaal — Día 3 Tarde | —Rem, me enteré que irás al pueblo.

¿Puedo ir contigo?

Subaru se plantó al lado derecho de ella.

Tenía una ligera sonrisa y había juntado las manos en un gesto suplicante.

—Rem irá de compras, no a jugar.

—Lo sé, puedo ayudarte.

—Flugel es un invitado, no debería… —¡Descuida!

—aclaró Subaru antes de que pudiera seguir hablando—.

Lo hago por voluntad propia.

Si te incomoda tanto… Le dio una sonrisa nerviosa, con un leve temblor en la comisura de los labios.

Temía que lo rechazara.

Rem, al ver su actitud, se quedó un poco perdida.

No sabía cómo sentirse con él.

Siempre tan… animado, directo, entusiasta.

No se parecía a nadie que alguna vez hubiera conocido.

Sin saberlo, la hermosa Rem dejó escapar un ligero suspiro, con los hombros cayendo sutilmente.

—Rem está de acuerdo con que vayas.

Solo no le estorbes a Rem.

—Nunca —respondió Subaru con rapidez, su sonrisa ampliándose aliviado.

Rem se dio media vuelta y regresó a lo que hacía antes de prepararse para ir al pueblo de Arlam.

Por su parte, Subaru fue a despedirse de Beatriz.

Al poco tiempo… Rem y Subaru caminaban con un paso moderado por el sendero de tierra hacia el pueblo.

Rem iba detrás de Subaru.

Este solo se resignó, creyendo que Rem lo estaba vigilando.

—(Era de esperarse.

Solo la conozco hace 3 días…) Bueno, no es que Rem representara el ser más hostil que se hubiera topado antes.

Todos los soldados de las Tierras Intermedias, ni bien lo veían, querían matarlo.

Ni hablar de los aldeanos de pie, quienes estaban podridos por no poder morir.

—(Heh, ese ya es un chiste rayado.

Todo quería matarme en las Tierras Intermedias.) —Flugel, no te distraigas.

Rem piensa que podrías tropezar.

—E-está bien, Rem.

(¿Notó que estaba perdido en mis pensamientos?) Subaru tenía que admitirlo: quizás Rem lo estaba viendo de cerca.

Muy de cerca.

Es por eso que sentía que tenía esta vibra de matar o amar.

A veces, Rem le miraba con curiosidad.

Otras veces, con frialdad.

Entender a esta pequeña sirvienta representaba un problema.

—(O debería decir, todas las mujeres son un enigma.) Por alguna razón, sintió escozor en la nuca.

Donde solían darle un golpe ya sea Melina o Ranni.

—(Ewh, mejor no pensemos en eso.) —se sacudió de repente, como si espantara un insecto invisible.

Rem levantó una ceja al verlo moverse así.

—(De verdad va en su mundo…) —analizó Rem detrás de él.

El camino fue un silencio incómodo.

Por su parte, Subaru se había relajado mucho en este mundo.

Estudiar junto a Beatriz le había llevado a un estado de gran alegría.

Le recordó cuando Ranni y él estudiaban en su torre.

En aquel entonces, eran poco más que amigos.

Ranni era curiosa, pero Subaru sabía leerla bien.

Ella quería algo de él.

¿Por qué?

Para esas alturas, Subaru ya había conquistado la Academia de Raya Lucaria y acabado con el propio hechizo espejo que había lanzado la propia Ranni para cuidar de su madre.

Un reflejo de la mismísima Rennala, Reina de la Luna Llena.

Recordar a Rennala y su estado catatónico… Subaru no pudo matarla.

Verla así, sufrir por amor… Un amor que más tarde se enteró que fue… No quería pensar en eso.

Radagon y Marika eran dos seres, no, un ser despreciable para Subaru.

Al final, había guiado a algunos Sinluz que lo seguían a proteger la Academia y tomar posesión de ella.

No podía dejarla caer en malas manos.

Cuidar a Rennala se volvió parte de sus tareas.

Nadie podía molestarla en la Gran Biblioteca.

Así, el joven Subaru controlaba el Castillo de Velo Tormentoso y la Academia de Raya Lucaria.

Pasarían bastante tiempo consolidando su poder para poder someter a Limgrave y Liurna.

Por aquel entonces, Subaru aún era inconsciente… Inconsciente de su propio carisma.

Estaba atrayendo a los Sinluz como polillas.

Todos veían en él al próximo Señor del Círculo de Elden.

Con 2 Grandes Runas en su poder, muchos Sinluz apostaban por él.

Sin embargo, Subaru lidiaba con un extremo complejo de inferioridad y muy baja autoestima.

Los primeros años en las Tierras Intermedias lo habían dejado aún más dañado que cuando llegó.

Solo Melina había sido su luz.

Conocer más tarde a Ranni fue como seguir una estrella fugaz.

Sin embargo, Melina le había dado un propósito al cual aferrarse: debía llevarla hasta el Erdtree.

Así, como un marinero desesperado en medio del mar, había bebido agua salada.

Hizo lo necesario.

Morir se volvió común.

Normal.

La muerte nunca debería ser común ni una rutina.

Pero aquel joven Subaru Natsuki bebió agua salada sin pudor.

Así, a pesar de sentarse en el Castillo de Velo Tormentoso, Subaru era poco más que… un cadáver viviente.

Viviendo con un solo propósito: llevar a Melina a su destino.

Nada más importaba.

Todo era secundario.

Su cuerpo.

Su mente.

Sus deseos.

Nada… ¡Absolutamente nada importaba!

Solo llevar a Melina al Árbol.

Ni siquiera las Grandes Runas o el Elden Ring importaban.

Para Subaru no podían importar menos.

Melina.

Melina.

Melina.

Importaba Melina.

Solo ella.

Y pese a eso, pese a su obsesión, es curioso, ¿no?

Tenía seguidores.

Amigos.

Personas que lo alentaban.

Sus partidarios crecían continuamente.

La mayoría veía a Subaru como el hombre a seguir.

Incluso si él mismo Subaru era ciego… Ciego a todo lo que no fuera el objetivo.

Bajo todo este contexto: llegó a la Mansión de Caria.

La conquistó.

Derrotó al dragón frente a la Torre Mágica de Ranni y la encontró.

Aquella mujer de color azul que había visto hace tanto tiempo.

Sin embargo, esta vez Subaru iba como conquistador.

Algunos incluso lo compararon con el mismísimo Hoarah Loux.

Subaru lo vio, como en tantos otros antes que la propia Ranni, esos ojos llenos de interés.

Era obvio, casi doloroso, que Ranni jugaba algo.

Algo grande detrás.

Y veía en Subaru una pieza clave, quizás.

Así, Subaru, resignado y enfocado en su propósito, tomó la ayuda de Ranni, sabiendo que solo era más agua salada.

Pero si la Princesa Lunar podía acercarlo al Trono de Elden, al pie del Árbol a donde debía llevar a Melina.

Lo haría.

>>>>> | Pueblo Arlam | —¿Flugel?

Rem notó que él se veía un poco perdido al haber llegado al pueblo.

Parecía salir lentamente de su distracción.

Le dio una pequeña sonrisa, con un leve brillo de disculpa en los ojos.

—Lo siento, Rem.

Estaba recordando algo… ¡Entonces!

Avanzó con pasos más animados, sacudiendo ligeramente los hombros como para despabilarse.

Habían llegado a una plaza sencilla en medio del pequeño pueblo.

—Esto es Arlam —declaró Subaru, abriendo los brazos con un gesto amplio.

—Lo es.

Iré a hacer mis deberes.

Rem le pide a Flugel que le espere aquí en la plaza.

—¿No querrías que…?

—No.

Rem puede sola —interrumpió ella con firmeza, aunque su voz bajó un poco al final—.

Puede que… —se mostró dudosa por un instante, antes de continuar—.

Rem podría necesitar tu ayuda de regreso.

—Bien, lo entiendo —la despidió Subaru con un gesto amistoso de la mano.

Rem asintió con un movimiento breve de cabeza y se apartó de él, caminando con paso decidido hacia las calles laterales.

Subaru quedó en medio de la plaza, junto al pozo de agua.

Se acercó curioso al borde del pozo y apoyó una mano en la piedra fría.

—Bueno, viendo la distribución, parece lo ideal —sujetó su barbilla con los dedos, pensativo.

De manera casi inocente, comenzó a observar todo a su alrededor.

Pensando en cómo mejorarlo.

—(Mejores casas… quizás construcciones mágicas aquí y allá.

Sería divertido ver cómo cambiaría este pueblo en un año.) Si de verdad se lo propusiera, Subaru podría convertir este pequeño pueblo en la ciudad más avanzada de este mundo.

—(Lo que inevitablemente me lleva a…) Se amargó ante el pensamiento.

Su expresión se ensombreció por un instante.

¿Cómo iría la reconstrucción de la Capital?

¿De la Nueva Orden Dorada?

¿Y Melina y Ranni?

No estaba preocupado por ellas.

Por ejemplo, Nepheli Loux era de su guardia personal.

Moriría antes de dejar que Melina o Ranni resultaran heridas.

En las Tierras Sombrías tenía a Messmer como Protector después de haberlo convencido de unirse a él.

—(Ese cabeza dura y terco como mula…) Recordaba a Messmer con cariño y fastidio por igual.

Con la Llama Frenética había logrado liberarlo de su maldición.

No pudo evitar recordar a Rykard, Lord of Blasphemy y su “ transformación ”.

—(Los hijos de Marika parecen tener fetiches por las escamas.) Recordando a Godwyn, el Dorado, y su amistad con los dragones.

Entonces sintió un ligero toque en su cintura.

—¿…?

—Subaru bajó la mirada.

Una tierna niña le había tocado la cintura con delicadeza.

—H-hola, señor —su voz era baja pero firme, con un leve temblor de nervios.

—(Impresionante) —Subaru reconoció de inmediato la valentía cuando la veía—.

Hola, pequeña.

—¿Vino con la sirvienta de la mansión, verdad?

¿Es nuevo por aquí?

—lo miró de manera inocente y curiosa, aunque sus ojos brillaban con astucia.

Pero Subaru no se dejó engañar.

—(Esta niña usa su encanto natural… Jeh, le agradaría mucho a Ranni) —pese a sus pensamientos, respondió con honestidad—.

¡Vine con la maravillosa Rem!

Soy un humilde invitado en la mansión.

Estaré por aquí un tiempo.

Petra asintió lentamente.

Parecía que su joven mente estaba pensando algunas cosas, con la cabeza ligeramente ladeada.

—Mi nombre es Flugel —Subaru llamó su atención con una sonrisa amable—.

¿Cuál es el tuyo, pequeña?

—¡Me llamo Petra!

—respondió con entusiasmo, enderezándose un poco.

—Lindo nombre, Petra.

—El suyo es peculiar, señor —asintió con cierta inocencia, aunque sus ojos seguían evaluándolo.

—Uh, puede que sí.

¿Y bien?

Petra ladeó la cabeza confundida.

No “sabía” a qué se refería.

Subaru se permitió reír un poco, con una risa suave y genuina.

—(Niña lista.

¿Jugando la carta de no saber?) Lo siento —se aclaró la garganta—.

Pero pequeña, ¿tus padres no te han advertido sobre no hablar con extraños?

—Pero… —lo miró con cierta confusión, parpadeando—.

Usted me parece una buena persona, señor.

Subaru se permitió una pequeña sonrisa, pero no agregó nada más.

Dejaría a la niña seguir su acto, le seguiría el juego.

—Vale, pero deberías tener cuidado, joven Petra.

—¡Lo tendré!

—asintió confiada, con los puños cerrados a los lados.

—(Sí, te creo, pequeña) —Subaru se permitió ese pequeño pensamiento—.

Perfecto, entonces.

Pero… —se agachó a su altura, poniéndose a sus ojos—.

Ya que estás aquí, ¿qué tal ser mi guía por el pueblo?

Te daré un poco de dinero también.

—Mmh —ella adoptó una pose pensativa, cruzando los brazos y frunciendo el ceño ligeramente.

—Vamos, joven Petra, ¿no ayudarías al despistado visitante?

—¡Bien, puedo ayudarle, señor!

Pero no espero dinero a cambio.

—Ya veo, eres una joven bastante honesta.

Puedo respetar eso —le dio un pequeño golpecito juguetón en la frente—.

Pero no desperdicies las oportunidades.

A pesar del golpe, Petra se veía sonriendo ampliamente.

Eso fue más juguetón que serio.

Entonces extendió la mano derecha con decisión.

—¡Entonces, el pago primero!

Subaru abrió los ojos de impresión, divertido.

—Pequeña demonio… Aprendes rápido —medio en una risa risueña, dejó caer una moneda de plata en su mano—.

Debería ser suficiente.

Petra abrió bien los ojos.

No esperaba más que unas monedas de cobre, como mucho.

—Señor, esto es… —¡Aprovechar la oportunidad, joven Petra!

—le aclaró Subaru sin aceptar el rechazo, con una sonrisa traviesa.

Petra solo pudo sonreír resignada.

El señor era mucho más amable y generoso de lo que supuso.

Incluso si su ropa era un poco extraña, se veía bien confeccionada.

Petra se había acercado por curiosidad para ver mejor la tela.

Después de todo, su sueño era ser costurera en la Capital.

Mientras guiaba a Subaru, también notó que tenía gran grado de educación.

Caminaba recto y firme.

Tenía un porte digno y su voz siempre era controlada y mesurada.

Amable pero no servicial del todo.

Siempre accesible.

—(Flugel-sama es… peculiar) —pensó Petra mientras veía cómo él comenzaba a jugar con los demás niños.

>>>>> | Pueblo Arlam | Más tarde… Subaru se había sentado en una banca de la pequeña plaza.

Los niños jugaban a lo lejos, saltando y riendo bajo el sol de la tarde.

Les había enseñado el juego de rayuela, dibujando con un palo un diagrama en el suelo donde tenían que lanzar una roca y saltar con un solo pie por los cuadros, o dos según la casilla, hasta llegar a ella.

Y saltar la cuerda.

Una vieja soga que compró por unas monedas de cobre.

Se divertían bastante.

Incluso la joven Petra lo hacía.

Era muy hábil saltando la cuerda, solo perdía cuando iba demasiado rápido.

Y en rayuela tenía una gran coordinación.

Lo hacía todo a la primera en ese juego.

—(Niños.

Solo deberían jugar, comer, dormir y estudiar.

No pensar en nada más…) Subaru recargó las manos detrás de él en la banca.

Dejó caer la cabeza hacia atrás y observó el cielo azul que comenzaba a teñirse de naranja suave.

—(Pero claro, este es un mundo medieval.

La mayoría tendría suerte de llegar a la vejez.

Ni hablar sobre cruzarse con algún noble que haga algo o morir de hambre en tiempos difíciles.) Subaru no pudo evitar pensar en los barrios bajos de la Capital.

—(Felt viene de ahí… Estoy seguro de que hará algo.

No sé si apoyar a Emilia es la decisión correcta.) La decisión de quedarse con ella había sido un impulso del momento.

Pero sobre todo, por Beatriz.

Ella… merecía un amigo después de tanto tiempo.

Subaru no tenía el corazón para dejarla después de haberla encontrado y que incluso supiera de él.

Quizás Beatriz fuera ahora lo más cercano que tenía a casa.

Sacudió la cabeza con un gesto breve.

—(Este mal hábito de sobrepensar…) Cerró los ojos y susurró para sí mismo.

—Si ya estoy aquí bien podría ayudar a Emilia… Es una pizarra en blanco, pero es gentil y amable.

Temo que la política puede destrozarla.

Y Puck… Él de seguro haría algo estúpido y cortaría cualquier ventaja que pudiera ganar Emilia.

Roswaal por otro lado… Conocía a un conspirador solo por sus ojos.

Ese payaso era uno.

Beatriz ya se lo había confirmado: poseía un libro igual que ella.

Otro Evangelio.

Sin embargo, Beatriz especuló que el suyo, el de Roswaal, parecía no contener nada sobre su vida como Elden Lord.

En pocas palabras, Subaru tenía la ventaja en la información mientras que Roswaal tenía una grave brecha de la misma.

—(¿A qué jugará Echidna?) La Bruja de la Avaricia sabía sobre él y habló con Beatriz.

¿Por qué ocultar la información a Roswaal?

Y es que Subaru, con su ojo izquierdo, se había dado cuenta del secreto del payaso.

«Es un ser transferido».

Su alma era vieja.

Muy vieja comparada con su cuerpo actual.

No sería difícil atar cabos: debía usar alguna magia para mudar de cuerpo.

No había querido hablar con Beatriz sobre eso aún.

Sabía la historia general por ella misma.

El primer Roswaal era un estudiante de Echidna.

Murió hace mucho tiempo… Claro que eso no era así, pero Beatriz no lo sabía.

—(¿Cómo afectaría a Beatriz saberlo?… Saber que… él ES Roswaal.) Subaru suspiró de manera pesada, con los hombros cayendo ligeramente.

—(Vaya bagaje emocional en el que estoy metido.

Típico de Subaru Natsuki, me temo.) Ciertamente, parecía que este mundo no carecía de misterios que resolver.

—[Subaru] —la dulce y letal voz de Elsa en su mente lo distrajo de murmurar y pensar.

—[¿Elsa?

¿Ocurre algo?] —Subaru se recompuso en el asiento, adoptando una pose más firme, con la espalda recta.

—[Es Meili.] Entonces observó a los niños.

Una nueva niña había llegado.

Lo que sea que llevara entre las manos era obvio que no era un cachorrito.

—[Vale.

¿Y por qué Meili lleva a una mabestia?] —preguntó curioso, con una ceja ligeramente arqueada.

Aunque lamentó no haber traído su espada.

Era llamativa de llevar a un pueblo pequeño.

Un pensamiento ingenuo que ahora debía pagar.

Ranni lo molestaría con eso por semanas si se enterara.

—[Ella tiene una Bendición Divina para domar mabestias.] —[Oh, creo que entiendo.

Una misión, ¿no?] —[Me temo que sí.

Sin mí…] —la voz de Elsa bajó un tono, con un matiz de preocupación.

Como siempre solía suceder cuando el tema incluía a Meili.

—[Debe de estar perdida y a merced de Madre.] —[Y de seguro, con sed de sangre.

Lo notaste] —Subaru miró “inocente” a los niños jugar, manteniendo la expresión calmada.

—[Sí.

Te está viendo de manera discreta.

Como le enseñé] —Elsa tenía cierto grado de orgullo en su voz—.

[Debió enterarse de tu participación en mi muerte.] —[Y como pensar en derrotar a Adel es como pensar que puedes tocar el sol…] Subaru no terminó.

No hacía falta.

Elsa lo entendió a la perfección.

Como no podía tocar a la Santa Espadachín, debía ir por el siguiente objetivo que sí podría tocar.

Ya sea Subaru, Emilia o Felt.

Los involucrados en la última misión de su hermana, Elsa.

—[Bien, vamos por tu hermana.

Te dije que la pondría bajo mi cuidado] —Subaru se levantó de la banca y se estiró un poco, con un crujido leve en los hombros.

—[¿Así sin más?] —Elsa se escuchó divertida.

—[La filosofía es simple: Golpea primero.

Golpea rápido.

Si eso no funciona, usa la cabeza] —bromeó Subaru mientras comenzó a caminar directo hacia Meili.

—[Pensé que…] —empezó Elsa con un tono coqueto—.

[Un hombre de tu sabiduría pensaría primero y golpearía después.] —[Elsa, Elsa] —repitió él un tanto sarcástico—.

[Mi sabiduría es tal que veo golpear primero como la máxima expresión de: Yo soy el ganador.] —[Un tanto arrogante, querido] —cantó ella aunque no menos singular y animada.

Le gustaban los fuertes.

Y Subaru era, no, sería el Más Fuerte, tarde o temprano.

Al menos, en su mundo, ya lo era.

¿Aquí?

Era cuestión de tiempo, pensó Elsa.

—(Además, controla la vida y la muerte) —suspiró Elsa para sí misma en sus pensamientos—.

(No estaría mal tener una relación con alguien así.) Claro que era consciente de las mujeres de Subaru.

¿Le importaba?

Ni un poco.

Elsa no era una doncella.

Era una asesina.

Mientras tuviera una noche en su cama de vez en cuando, sería quizás la mujer más feliz de dos mundos.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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