Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Arc2 - 11
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24: Arc2 – 11 24: Arc2 – 11 Anteriormente…
Subaru Natsuki intentó acercarse a Meili… y el miedo primitivo de la niña y su cachorro le recordó que la Llama Frenética que lleva dentro asusta incluso cuando duerme.
Una mano destrozada, sangre en el rostro de Petra y una curación inesperada lo llevaron hasta Rem.
Bajo el atardecer naranja, confesó su verdadero nombre.
Ella sonrió.
Ella rio.
Y por primera vez, Rem sintió que alguien la veía como suficiente.
Ahora Roswaal se ha marchado.
La mansión queda en manos del Elden Lord.
Y Ram, contra la pared, sintió en su propia piel lo que realmente significa tener a Subaru Natsuki como “aliado”.
Los errores ya están hechos.
Y algo en el aire dice que esta vez… no habrá vuelta atrás.
>>>>> >>>>> >>>>> Capítulo 11 — Cae el Telón | Mansión Roswaal — Pasillo | —Si hace algo estúpido… voy a matarlo, Ram.
La voz de Subaru salió baja, cargada de una calma peligrosa.
Ram contuvo el aliento.
El pasillo pareció estrecharse a su alrededor, el silencio se volvió denso y opresivo.
—Voy a matarlo —repitió él, esta vez más despacio.
Ram permaneció callada.
En su mente, sin embargo, las palabras resonaban con fuerza.
—(Pedirle a Barusu que me salve… ¿sería tan patética?) Se criticó internamente, pero en el fondo sabía la respuesta.
Quizás sí lo sería.
Nunca había pedido ayuda de verdad.
No como una persona normal.
Y por eso Rem estaba como estaba: hundida en un agujero profundo, viendo solo a su hermana mayor como una luz lejana en la superficie.
Si tan solo supiera que Ram también estaba atrapada en un pozo similar… solo un poco más alto.
Un sabor metálico llenó su boca.
Se había mordido el labio con demasiada fuerza.
Una gota de sangre tibia resbaló por su mentón.
Subaru lo notó.
Soltó su hombro derecho con suavidad y cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió de nuevo, el azul profundo del izquierdo y el amarillo enfermizo del derecho habían desaparecido, reemplazados por un marrón oscuro y común.
El color que tenía desde su llegada a este mundo.
—Ram… —dijo, mirándola directamente a los ojos carmesí—.
Puedes contar con mi ayuda.
Si eso te resulta demasiado insultante, solo piensa en Rem.
¿De verdad no darías tu vida por tu hermana?
Algo se removió en el pecho de Ram.
El instinto protector de hermana mayor, enterrado bajo capas de deber y un amor retorcido, afloró de golpe.
—¡Claro que daría mi vida por Rem!
—exclamó, la voz quebrándose ligeramente—.
¡Es mi hermana!
Daría todo por ella… Subaru guardó silencio.
La observó con atención.
Había fuego en aquellas palabras, sí… pero también una grieta que ella misma se negaba a ver.
—¿Incluso la vida de tu señor, Roswaal?
—preguntó con suavidad.
Ram se mordió el labio de nuevo.
La sangre volvió a brotar.
El silencio se alargó entre ellos.
Subaru sacudió la cabeza lentamente, decepcionado, y se dio media vuelta.
Sus pasos resonaron con fuerza en el pasillo vacío.
Solo entonces, cuando creyó que ya no podía oírla, Ram susurró.
—Rem lo es todo para mí… Subaru se detuvo a medio paso.
Escuchó perfectamente.
—Ya veo… —murmuró sin volverse.
Eso era suficiente.
Mientras Rem estuviera por encima de Roswaal en su escala de prioridades, tenía lo que necesitaba saber.
Siguió caminando.
Detrás de él, Ram apretó los puños hasta que los nudillos se pusieron blancos.
—Sí… si puedo salvar al señor Roswaal, igual lo haré —se prometió a sí misma en un hilo de voz apenas audible.
>>>>> | Biblioteca Prohibida | Subaru abrió la puerta con cuidado.
Allí estaba Beatrice, sentada frente a un nuevo escritorio, escribiendo con una velocidad sorprendente.
Cerró la puerta lentamente tras de sí.
Avanzó con pasos medidos, sin querer interrumpirla, y se sentó en la silla paralela a la de ella.
Tomó un libro al azar de la mesa cercana y lo abrió.
Solo eran cuentos de estas tierras.
—Mmh… podría ser peor —murmuró.
Durante un rato, el único sonido en la biblioteca fue el susurro de las páginas y el rasgueo constante de la pluma de Beatrice.
El aire olía a papel viejo y tinta fresca, y la luz cálida de las lámparas flotantes proyectaba sombras suaves sobre los estantes.
Finalmente, Subaru cerró el libro con lentitud.
Se suponía que estaba a cargo de la mansión durante los próximos dos días.
Debería revisar la propiedad.
Sin embargo, antes de levantarse, miró hacia la pequeña espíritu.
—Beatriz… ¿escuchaste mi conversación con Ram?
—Sí, supongo —respondió ella sin levantar la vista de inmediato.
Después de todo, controlaba cada rincón del espacio en la mansión.
Era fácil para ella saber dónde estaba cada persona y escuchar lo que decían.
—¿Qué opinas?
—Roswaal planea algo, pero no sé qué.
—Ya veo… —Subaru dejó la mano derecha sobre la tapa del libro.
Su voz cargaba un cansancio profundo, casi imperceptible—.
¿Por qué todo tiene que complicarse en mi vida?
Beatriz detuvo la pluma.
Aquel peso en sus palabras fue algo que ella comprendió bien.
Después de cuatrocientos años de soledad, reconocía el agotamiento cuando lo oía.
—Los humanos siempre buscan y encuentran problemas, de hecho.
Sus vidas, por cortas que sean, siempre están llenas de hechos, ya sea normales o extraordinarios, supongo.
Entonces dejó la pluma y la tinta a un lado, y se acomodó en su asiento para mirarlo de frente.
Subaru también se giró hacia ella.
—Y Betty ve que tú, Subaru Natsuki, señor de las Tierras Intermedias, tienes demasiados hechos extraordinarios en tu haber.
Independiente de que los quisieras o no.
—No sabes cuánta razón tienes, Beako.
—Otra vez ese nombre irritante, supongo —replicó ella, aunque el tono carecía de verdadera molestia.
—Acostúmbrate, Beako.
Soy prácticamente inmortal, igual que tú.
Estaremos juntos hasta que las estrellas exploten, el universo se consuma en agujeros negros y finalmente muera por entropía térmica.
¿Quién sabe?
Tal vez veamos un nuevo Big Bang y tú y yo seamos los nuevos dioses de un universo distinto.
Beatriz no pudo contener una sonrisa, seguida de una risa suave y breve ante lo absurdo de la imagen.
—Betty ve que su humor sigue tan retorcido como siempre, además… —bajó un poco la voz, con un deje tímido—.
Betty no ve mal pasar la eternidad con Subaru, supongo.
Él notó el leve rubor en sus mejillas, pero decidió no comentarlo.
No era el momento para bromas.
—A Subaru también le gustaría pasar todo ese tiempo con Betty —respondió, imitando ligeramente su forma de hablar, con una sonrisa sincera.
Beatriz desvió la mirada, alzando la nariz con fingida altivez, aunque la felicidad se filtraba claramente en su voz.
—Huh, como debería ser, de hecho.
—Bueno, puede que Melina y Ranni también estén con nosotros.
—¿Tus prometidas?
Bueno, Betty hará una excepción con ellas.
—¿De verdad?
Pensé que pelearías más.
—Betty sabe que han pasado contigo siglos.
¿Cómo podría Betty despreciar lo que significan para ti?
Solo espero obtener, con el tiempo, ese mismo nivel de aprecio en tu vida, de hecho.
—Estoy seguro de que así será, Beako.
¡Serás la Espíritu de la Familia Natsuki!
Jugarás con mis hijos y con los hijos de sus hijos.
—Betty está más que complicada con esa visión del futuro —murmuró ella, aunque una pequeña sonrisa traicionaba sus palabras.
Hubo un silencio cómodo entre ambos.
Los ojos de mariposa de Beatrice se alzaron hacia los de él, ahora oscuros y tranquilos.
—Subaru… Fue un momento raro de vulnerabilidad, sobre todo considerando el poco tiempo que llevaban conociéndose.
Pero para seres que habían vivido tanto, el tiempo transcurría de forma distinta.
Para Beatrice, que había pasado cuatrocientos años esperando a “esa persona” que al final resultó no existir, Subaru se había convertido en un salvavidas.
Más que eso: en su salvación.
—Dime, Beatriz —respondió él con seriedad al notar el cambio en su tono.
—¿Estás realmente seguro de que Betty te acompañe?
Bajó la cabeza la chica del vestido de volantes.
Esa duda la carcomía por dentro.
Estos últimos tres días habían sido, sin lugar a dudas, los mejores de su larga existencia.
Desde que él llegó, la soledad y el gris habían desaparecido.
Por eso tenía miedo.
Miedo de no ser suficiente.
Miedo de que, al final, la dejara de lado como Echidna había hecho.
Entonces sintió una mano cálida posarse con gentileza sobre su cabeza.
Levantó la vista.
Subaru le sonreía de esa forma serena que parecía decir “todo está bien porque estoy aquí”.
—Beatriz, no solo estoy seguro… es un hecho.
No me gusta creer en el destino ni en la determinación del futuro, pero… creo que puedes sentirlo igual que yo.
Es como un eco, no de esta vida, sino de casi todas las posibilidades.
Su mano izquierda tomó con cuidado la derecha de ella, mientras la derecha seguía descansando suavemente sobre su cabello.
—Beatriz de la Gran Biblioteca y Subaru Natsuki… siempre están destinados a estar juntos.
¿Crees en mis palabras?
Beatriz no respondió con palabras.
Las lágrimas lo hicieron por ella.
Impulsada por un sentimiento que ya no pudo contener, se lanzó hacia adelante y lo abrazó con fuerza, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento.
Sollozó contra su pecho, las lágrimas cayendo como lluvia en un día nublado pero cálido.
—¡Subaru!
—Beatriz.
—¡Subaru!
—Beatriz, aquí estoy.
Ya llegué.
No me iré.
—Betty… Betty ha estado tan sola… —Ya no más.
Subaru hará feliz a Betty.
—¡Subaru!
—susurró ella, hundiendo el rostro en su pecho mientras se aferraba con desesperación a su ropa.
Él correspondió el abrazo con la misma fuerza y calidez, rodeándola protectoramente.
—Estaremos bien, Beatriz.
Aunque si que estoy un poco cansado.
—su voz bajo varios tonos y un dejo de melancolía se colo—.
Aún quedan cosas por hacer.
Vamos a trabajar juntos.
>>>>> >>>>> >>>>> REFLEXIONES DE LOS CREADORES Inhumano_Desk Autor: Lo sé, capítulo corto.
Fue solo para calentar de nuevo.
Releí toda la historia de nuevo y ya tomé el rumbo una vez más.
¡He regresado!
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