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Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 3

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3: Arc1 – 2 3: Arc1 – 2 Capítulo 2 — Eres un 7 — Natsuki Subaru, aún en el callejón, pensaba seriamente sobre qué hacer.

Dejando de lado todas las implicaciones más engorrosas, podría tomar esto como vacaciones… —No… No quiero ser Pereza.

¡Tiene que regresar!

Tenía mucho que hacer en las Tierras Intermedias y, aunque Ranni y Melina sabían todo sobre su plan con Yggdrasil, él debía estar ahí para ellas.

—Bien, plan número 1 del brillante Natsuki Subaru: encontrar a quien me trajo aquí.

Para ello necesitaba contactos.

Quizá dinero, pero sobre todo: conocimiento.

Gracias a que su stat de Inteligencia de 99 seguía intacto —eso no pudo ser rebobinado—, aprender el idioma local escrito debería ser pan comido.

—Sí, después de todo, yo mismo fusioné la ciencia de mi mundo con la magia de las Tierras Intermedias.

Eso lo llevó a crear muchas cosas impresionantes.

No negaría que parte de eso fue lo que atrajo a Ranni a su lado.

¡Ventajas, ventajas!

Subaru sacudió la cabeza para despejar los recuerdos.

—Hora de dejar de soñar.

Debería buscar una biblioteca… Espera, si es la edad media, el conocimiento no será de fácil acceso para los plebeyos… Se levantó del cajón de madera con un leve crujido, recogió su bolsa y la sostuvo contra el pecho.

Siendo sincero, se veía tentador ir a buscar agua, calentarla y comer el ramen dejando de lado cualquier cosa.

—Tch, de verdad tengo mucho que hacer.

Antes de que pudiera dar un paso hacia la salida, tres figuras bloquearon la luz del callejón.

El olor a sudor y cuero viejo llegó con ellos.

—¡Oye tú, niño, danos todo lo que tengas!

Subaru se dio media vuelta y los encaró.

—(¿Eh?

¿Un evento forzado?

¿En serio?) El rostro de Subaru no podría reflejar otra cosa que… aburrimiento.

Por dios, al menos las Tierras Intermedias no tenían este cliché.

Solo te apuñalan amablemente y tenga buen día, señor.

Como sea… —Sí, estoy en la ruina, niño.

—¿Niño?

¡Soy mayor que tú!

—Pff, lo dudo.

Me veo así pero tengo más de 500 años.

Al menos, la última vez que conté.

Silencio.

Una corriente de aire helada recorrió el callejón, levantando polvo y una hoja seca que rozó la mejilla de Subaru.

El trío de asaltantes se le quedó viendo como si estuviera loco.

Uno de ellos, el más delgado, notó la espada en su cintura.

Dejando de lado su escandalosa declaración de edad, el flaco se aventuró al frente.

—¡Dijiste que estabas en la ruina y aún así veo una bonita espada en tu cintura!

De la nada, una niña pequeña de cabello rubio le pisó la cabeza al flaco con un golpe seco.

—¡Hey, hola, lo siento, adiós, tengan buena vida!

Saltó con acrobacias rápidas hasta llegar al tejado detrás de Subaru.

El sonido de sus botas contra las tejas resonó breve y ligero.

A pesar de su velocidad, para Subaru parecía ir a cámara lenta.

—(Una mocosa ladrona… Espera, tiene unos 15 años.

Bueno, no es mi problema.

Parece llevar algo en la mano y, aparte de sus ojos rojizos, no parece muy interesante.) ¡Adiós a ti también, niña!

Le gritó Subaru cuando ella ya se iba.

Si lo escuchó o no, Subaru no le prestó atención.

Regresó a los tres chiflados de enfrente.

—Vale, interrumpieron el evento forzado de asalto con un encuentro de NPC aleatorio… ¿Quieren seguir?

Por alguna razón, los tres encontraron sus palabras sumamente insultantes.

—¡Danos tu espada!

—gritó el más alto y gordo.

—Amigo, ¿eres idiota?

—cuestionó Subaru—.

Si tengo una espada, ¿eso no te dice que sé usarla?

Sin esperar respuesta, dejó la bolsa de comida a un lado y sacó su espada en un solo movimiento limpio y fluido.

La hoja brilló brevemente al captar un rayo de luz que se filtraba entre los tejados.

—(¡Gracias a Malenia por sus lecciones de espada!) Los tres idiotas se pusieron nerviosos.

La postura de Subaru era dominante y seria.

Dejó de lado cualquier juego.

—Ahora.

Váyanse o tendrán que unirse con el dios de estas tierras.

Tragaron saliva y apretaron sus puños.

No querían admitirlo, pero… el chico frente a ellos les dio miedo.

Sin más que hacer ni cómo resistir, comenzaron a retroceder.

Uno tropezó con una caja rota, cayó al suelo pero fue levantado rápidamente por los otros.

En cuestión de segundos, Subaru volvió a quedarse solo en el callejón.

El eco de sus pasos apresurados se perdió en la calle principal.

—Ah, como siempre digo: la fuerza habla y la inteligencia estudia.

¿O cómo era?

—¡Oye, tú!

Una voz suave aunque con tonos de urgencia llegó desde la entrada del callejón.

—¡Guarda tu espada!

¿Qué les hiciste a esos tres?

Subaru elevó su mirada hacia ella.

Una semi-elfa de cabello plateado y ojos púrpuras.

Bonita, sin duda.

Sin embargo, Subaru encontró algo más.

Su corazón latió más rápido por una fracción de segundo antes de estabilizarse.

No era por la belleza de la chica, sino por una extraña similitud con alguien más.

—(¿Pero con quién?

¿Por qué mi corazón late por alguien más que no sea Ranni o Melina?

Es extraño… Junto con el “Te amo” que escuché al ser transportado…) Subaru guardó su arma de nuevo en la cintura y levantó las manos en gesto pacífico.

—My Lady, creo que hay un pequeño malentendido.

Ella alzó una ceja en confusión.

Quizá no esperaba tantos modales de alguien que vestía extraño, o quizá fue su tono de voz amable que no dejaba hueco para segundas intenciones.

Ciertamente, Emilia estaba cansada de que todos la juzgaran por supuestamente parecerse a la Bruja de la Envidia, Satella.

—Ellos fueron quienes intentaron asaltarme —aclaró Subaru, pero sin moverse de su lugar.

No quería alertarla a hacer algo estúpido.

Para ella.

—Solo me defendí.

Ella bajó la mano, aunque parecía lista para lanzar magia si era necesario.

—Me disculpo, entonces —dio una pequeña reverencia—.

¡Ah!

—gritó en un sonido tierno—.

¡Busco a una ladrona!

¿No la has visto?

—¿Una ladrona?

—bajó los brazos y sostuvo su mentón con la mano derecha—.

(Podría ser esa niña de antes… Tenía prisa, llevaba algo en la mano…) Subaru dio unos pasos al frente para estar más cerca y no tener que gritar desde el otro lado del callejón.

Le dio una pequeña sonrisa.

—No, no la he visto —respondió cortés.

Al lado de Emilia se manifestó un espíritu.

Subaru ladeó la cabeza.

Fue bastante tierno este espíritu.

Está más acostumbrado a verlos como guerreros feroces.

Ah, se acordó de sus lobos.

Deberían estar bien cuidados por Ranni, ¿no?

—Oye tú —el tono del gato fue acusador—.

Sé que mientes.

—( Eh, tiene esa habilidad al parecer.

Bien, me agrada.) ¿Mentir?

Bueno, “sé” de una ladrona que pasó a mi lado pero no “sé” de su ladrona.

Puck se quedó mirándolo fijamente.

A pesar de su juego de palabras… lo que decía era verdad.

Puck se puso alerta.

Este individuo rápidamente se puso a la defensiva con su habilidad de detectar mentiras e incluso comenzó a soltar medias verdades convenientes.

—Vamos, Lia, debemos buscar a la ladrona.

Puck no tenía tiempo que perder con este chico de aspecto extraño y medias verdades.

Subaru notó el tono subyacente del espíritu, ese filo protector que apenas disimulaba.

—Oh, me temo que causé una mala primera impresión.

Me disculpo.

Eso sonó sincero, razonó incluso Puck.

—Me llamo Natsuki Subaru y no soy de estas tierras.

Podrán notarlo por mi ropa y mi dialecto.

—¿No eres de estas tierras?

—Emilia ladeó la cabeza.

El cabello negro azabache de Subaru destacaba bajo la luz tenue que se filtraba entre los tejados del callejón, un color inusual que parecía absorber las sombras en lugar de reflejarlas.

—Sí, me temo que mis circunstancias son extraordinarias.

—Qué mal por ti, Subaru… Se quedó mirándola.

Parecía genuinamente preocupada por un desconocido.

—(Es una chica pura, eh.) Como sea —hizo un gesto suave con la mano izquierda para dejar pasar el tema—.

No te quito más tiempo.

Debes buscar a esa chica, ¿no?

—¡Ah, cierto!

Lamento no poder ayudarte más, Subaru.

—Tranquila, sé cuidarme solo.

Puedo darte una descripción detallada de la chica si eso te ayuda.

—¡Me ayudarías mucho, gracias!

Mientras Subaru hablaba con Emilia, Puck se mantuvo al margen, flotando a la altura de su hombro.

El espíritu observaba con los ojos entrecerrados, el pelaje blanco brillando ligeramente con un resplandor etéreo que contrastaba con la penumbra húmeda del callejón.

Las vibras que le daba Subaru eran variadas, pero destacaba una: chico bueno.

Sí, parecía astuto y obviamente tenía fuerza, pero sus intenciones eran tontamente puras y honestas.

No albergaba ninguna aversión contra Emilia a pesar de los rumores que flotaban por la ciudad.

O Subaru no sabía por qué la juzgaban, o no le importaba.

Y Puck tenía la sospecha de que incluso si lo sabía, no le importaría.

—(Natsuki Subaru, eres una existencia extraña.) >>>>>

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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