Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Arc1 - 3
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4: Arc1 – 3 4: Arc1 – 3 Capítulo 3 — Eres un 7, Parte 2 — Subaru despidió a Emilia con una mano en alto.
—¡Buena suerte, My Lady!
Emilia se alejó con pasos apresurados, un leve sonrojo tiñéndole las mejillas.
Puck solo suspiró rendido, flotando a su lado con las orejas bajas.
¿Su hija de verdad había caído tan rápido en los brazos de ese chico?
Quizá fuera su culpa por mantenerla ignorante de la mayoría de las cosas… Subaru salió del callejón.
El bullicio de la calle principal lo envolvió de nuevo: voces de vendedores, el traqueteo de carretas sobre adoquines y el olor a pan recién horneado que se mezclaba con el polvo levantado por el viento.
—Bien, aún necesito buscar conocimiento.
Caminó de manera despreocupada, esquivando a un grupo de niños que corrían entre las piernas de los transeúntes.
Su mirada se detuvo en un curioso puesto de frutas.
—Esa forma… ¿es una manzana?
—¡Oye tú, compra o lárgate!
Espantas a los clientes.
El vendedor, un hombre grande de cabello verde, lo miró con el ceño fruncido.
Cuando sus ojos se cruzaron con los de Subaru, el hombre sintió un instante de presión inexplicable, como si el aire se hubiera espesado por un segundo.
—Emh… quiero decir, estimado cliente, ¿qué le parece comprar una Appa?
—¿Appa?
—Subaru observó la fruta con atención, inclinándose ligeramente sobre el mostrador de madera astillada.
Definitivamente era una manzana… Oh, cierto, es otro mundo.
—Tal vez la próxima vez, señor.
Estoy en la ruina.
—¿De verdad?
El hombre lo evaluó de arriba abajo.
La ropa extraña, la bolsa de plástico colgando de la mano… pero esa espada en la cintura.
¡Wow!
La hoja estaba llena de patrones intrincados y huecos elegantes.
Parecía demasiado delicada para ser práctica.
¿Ornamentación, quizás?
Razona en silencio.
Claro, si supiera que podía invocar llamas y un rayo Cometa Azur, no la vería a la ligera.
—La próxima vez será.
Dime, ¿hay un lugar de reunión para mercenarios?
—Mmm, creo que la Compañía Hoshin tiene su propia unidad de mercenarios.
Colmillo de Hierro, al servicio de la Candidata al Trono, Anastasia Hoshin.
—¿Candidata al Trono?
—Subaru se vio genuinamente interesado.
—Mocoso, de verdad no eres de por aquí, ¿cierto?
—Dio en el punto, señor.
—Bien, escucha.
No me interesa mucho la Selección Real, pero algo sé porque soy comerciante.
La Familia Real de Lugunica murió hace poco de una extraña enfermedad.
—Wow, ¿qué?
¿Toda la familia real?
—Sí, también fue mi reacción.
Al punto: el Consejo de Sabios siguió los designios de la tabla profética del Dragón Guardián de Lugunica, Volcanica.
—(Oh, vaya, qué buen lore tiene este mundo, eh) —pensó Subaru con diversión.
—Hasta ahora hay cuatro candidatas.
Falta una antes de empezar la carrera de Selección Real.
—¡Eso ha sido muy esclarecedor, señor!
Le agradezco su información.
La próxima vez que tenga dinero, vendré a comprar muchas Appas.
—Tch, lo que digas, niño.
Ya vete.
Espantas a los clientes.
—¡Sí!
Subaru se retiró bastante contento del puesto.
El vendedor sacudió la cabeza mientras acomodaba las frutas, murmurando algo sobre “locos forasteros”.
Ciertamente, los comerciantes son los mejores para saber los chismes y la información de todo.
—(Eso no cambia en ningún mundo.) Los Nomads, los Comerciantes Nómadas, siempre tenían notas con información que ayudaba a Subaru.
Y desde que despertó la Llama Frenética, lo siguieron como a un líder.
Posteriormente, desterró la influencia del Dios Exterior de la Llama Frenética.
—Van a ser los comerciantes de mi nuevo reino… Se lo merecían, después de tanto sufrimiento.
Además, con su propia Llama Frenética, Subaru quemó cualquier rastro de aquella Enfermedad Enloquecedora que los condenó a no tener la Gracia de Oro.
La Orden Dorada sí que era supremacista en algunos aspectos.
Subaru vagó un par de horas por la ciudad.
Obtuvo más información dispersa de otros comerciantes, chismes sueltos y pláticas informales en puestos y esquinas.
No tardó mucho en memorizar la distribución: calles principales, atajos angostos, plazas ocultas.
Su mente trazó un mapa preciso y exacto, como había hecho en incontables ocasiones antes.
—Estoy en la capital de Lugunica, eh.
Este país la había pasado mal: perder a la familia real, una guerra hace años contra los semihumanos… Espera, esta mierda no es ni la mitad de las Tierras Intermedias.
No le impresionaba en absoluto.
Sí, le gustaba el lore, pero era bastante flojo en su opinión.
Y eso de vivir en una pecera… Este mundo no le entusiasmaba mucho.
—Como sea, ¿no es un típico mundo de fantasía medieval de bajo nivel?
Subaru se sentó en aquella fuente que había visto horas antes.
El agua fría salpicaba suavemente sus dedos cada vez que una gota caía del borde.
El sol del atardecer teñía los adoquines de naranja y alargaba las sombras de los transeúntes que pasaban a su alrededor.
Observó el cielo sin muchas ganas de moverse.
Ya había recabado suficiente información; ahora debía trazar un plan.
Con la runa de Godrick tenía un nivel decente: ser mercenario no debería ser problema.
Debía entrenar su cuerpo de manera constante para aumentar el poder de su contenedor actual y usar múltiples runas al mismo tiempo.
O más bien, poder usar el Elden Ring al máximo.
—Puedo usar el maná del ambiente para mis hechizos… Eso no debería tener que ver con su físico.
Pero desde hacía poco notaba un fenómeno peculiar en su cuerpo.
No había tenido tiempo de verificarlo.
—Vale, otro misterio más.
No tenía planeado quedarse en alguna posada; usaría toda la noche para terminar de mapear la ciudad.
Una pequeña obsesión que lo había acompañado desde hacía siglos.
—¡Bien!
Veamos si hay rutas ocultas.
Se levantó animado y se estiró, sintiendo cómo los músculos protestaban ligeramente por el esfuerzo del día.
El aire vespertino empezaba a enfriarse.
Este mundo parecía pacífico por ahora en la superficie.
—Podría cambiar una vez que… Sus palabras murieron en su boca.
El cielo pasó de despejado a nublado en cuestión de segundos.
Copos de nieve comenzaron a caer a un ritmo alarmante, cubriendo los adoquines con una fina capa blanca que crujía bajo sus botas.
—¿Eh?
¿Este mundo tiene fenómenos climáticos tan extremos?
Entonces, escuchó una explosión lejana, un estruendo sordo que hizo vibrar el aire.
Dio media vuelta hacia el origen y comenzó a correr.
—Si ayuda, podría ganar un poco de moneda moral, ¿no?
Cuanto más se acercaba —saltando y corriendo por tejados—, más intensa se volvía la nevada.
Observó una enorme figura recortada contra el cielo gris.
—¡Wow, gatito grande!
No estaba muy impresionado.
Había visto el colosal dragón en medio de la Capital Real de Leyndell.
Esto era, a lo mucho, un dragón estándar o un Gigante.
De hecho, ni siquiera se acercaba al Último Gigante de Fuego contra el que luchó antes del Horno donde debía inmolarse Melina.
—(Qué recuerdos…) Saliendo de su estupor melancólico, analizó la situación.
El maná en el aire… —Ese pequeño se lo está comiendo, carajo.
Su propio poder mágico ahora era un chiste, así que no podía usar la gran mayoría de su amplio arsenal.
Se sentía miserable.
Se detuvo en un tejado para observar desde lejos a la bestia gigante.
El viento helado le azotaba la cara, llevando consigo cristales de hielo que picaban como agujas.
—¿Es una bestia que controla el hielo?
Supuso por la nevada.
—Pero, ¿de dónde saliste?
Subaru aún no tenía suficiente información para suponer qué era esa cosa.
Y aún más extraño: ¿por qué nadie la combatía?
Afiló su visión al frente… Lo que vio le dejó una fuerte impresión.
Los caballeros —si eso es lo que eran— que se acercaron fueron inmediatamente congelados en posturas de ataque, sus armaduras cubiertas de escarcha que brillaba bajo la luz mortecina.
—¡Vaya poder!
Me retracto, este gatito tiene garras.
Usando el Elden Ring como catalizador, Subaru se lanzó a sí mismo “Fortificación mágica”.
—Lástima que con mi poder actual solo pueda lanzar una… Desearía poder lanzar también “Llama, protégeme” para este frío del infierno.
Se aventuró para ver si al menos podía entrar al escenario del boss.
Una vez en el suelo, estiró su mano hacia la zona congelada.
El frío le mordió los dedos como dientes afilados.
—Joder, esto es bastante extraño.
Por suerte, Fortificación Mágica logró ayudar.
Al ver que no se congelaba, siguió corriendo al frente.
—(Bien, mi punto de respawn debería ser la fuente.
Si no puedo ayudar, al menos intentaré sacar a los ciudadanos cercanos.) Después de todo: morir era como respirar para Natsuki Subaru.
No tendría ningún miedo a la muerte, sin importar lo dolorosa que fuera.
Al llegar más adentro, notó que la zona se veía decadente: casas derruidas, calles estrechas llenas de basura cubierta ahora por nieve.
—(¿Zona de pobres?) Ya más cerca, el frío se hacía más pronunciado.
Su aliento se convertía en nubes blancas que se congelaban casi al instante.
—(Tch, esto de verdad me matará solo con el encantamiento básico de protección mágica.
Como sea, al menos veré quién es el alborotador.) Subaru por fin llegó.
La bestia enorme estaba cubierta por nubes extrañas.
Más bien, niebla.
Subaru, ya con su espada en mano, pensó en hacer la postura de la llama al menos.
Usando todo su patético poder mágico restante para ver si podía hacerle algo de daño a la bestia frente a él.
Pero no se esperaba que esa bestia hablara.
—Natsuki Subaru.
Subaru se detuvo a media postura.
Esa voz, aunque monstruosa, la reconoció al instante.
—¿Puck?
Su postura no se relajó, pero adoptó un enfoque diferente.
—¡Carajo!
¡Puck, ¿qué ocurrió?!
—Lia… Lia murió, Natsuki Subaru.
—¿Esa hermosa jovencita murió?
Eso le supo a ceniza a Subaru.
No la conocía bien, pero al menos la había visto.
Tan pura e inocente.
¿Por qué tendría que morir alguien así?
—Natsuki Subaru, podrías haberla ayudado más antes, ¿no?
—¿Eh?
—Eres fuerte y obviamente amable.
¿Por qué no la ayudaste más?
Silencio.
Subaru se le quedó mirando de manera extraña.
—(¿De qué habla este gato de mierda?
¿Me quiere culpar a mí?) Subaru pronto razonó que hablaba desde el dolor de haber perdido a Lia, su noble chica.
Podría entender eso… —Puck, no soy su niñera.
Ni siquiera su amigo.
¿Por qué ayudaría a una extraña más allá de la cortesía?
Puck guardó silencio.
Podía notar la confusión en las palabras de Subaru.
Ciertamente, él no tuvo la culpa de nada.
Incluso fue muy amable con su hija.
—Ya veo, Natsuki Subaru.
Tienes razón… Aún así… Subaru podía sentirlo.
Puck sentía que debía hacer más, ¿no?
No solo que Subaru ayudara a Lia, no.
El mismo Puck se sentía devastado por ser tan ingenuo y estúpido.
—Según mi contrato —continuó Puck—, ahora que Lia murió, voy a destruir el mundo.
—¿Destruir el mundo?
—susurró Subaru.
No podía creer lo que escuchaba.
Sí, Lia murió, ¿pero qué tenía que ver el mundo con eso?
¿De verdad sería tan hipócrita como para esparcir su dolor a todo el mundo?
—No puedo dejarte hacer eso, Puck.
—¿Me detendrás, Natsuki Subaru?
Vas a morir.
Tus pies se han empezado a congelar, así como tus dedos… Ciertamente, la resistencia a la energía mágica básica no era suficiente ahora que estaba frente a la Bestia Puck.
Subaru mismo empezaba a perder la sensibilidad en dedos y piernas.
—No importa —habló alto y claro—.
¡Sin importar los intentos, mientras pueda hacerte sangrar, vas a morir!
—Je, Natsuki Subaru, realmente eres una criatura extraña.
La batalla que siguió fue corta, pero memorable, al menos.
Subaru decidió quemar toda su energía vital para lanzar Cometa Azur y abrirle un agujero a Puck.
Quien a su vez atravesó el pecho de Subaru con múltiples lanzas de hielo.
Ahora, tirado en el suelo, Subaru observó el cielo nublado.
—Sigue vivo… Bueno, será en el próximo intento.
Quemaré mi vitalidad para el Cometa Azur, debería poder matarlo en unos 5 o 6 disparos más… Tosió sangre mientras sentía cómo el frío invadía todo su cuerpo.
Cómo odiaba las muertes lentas.
—Ah, si pudiera sostenerlo más de 2 segundos seguidos… Me bastaría solo 2 disparos más… Subaru no logró cerrar los ojos mientras todo su cuerpo se congelaba hasta convertirse en una estatua de hielo.
Aunque eso sí, le pareció ver un destello rojo acercándose a Puck.
—(Mierda amigo, vienes tarde…) —bromeó en su mente al ver los refuerzos llegar.
Natsuki Subaru murió por primera vez en este mundo contra la Bestia del Fin, Puck.
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