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Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 5

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5: Arc1 – 4 5: Arc1 – 4 Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Subaru no sabía dónde estaba.

Solo sabía que había oscuridad.

No basta, no: infinita oscuridad.

¿Podía ver?

No.

¿Podía sentir?

Tampoco.

Pero aun así sabía que existía.

—(¿Dónde estoy?) —Pensó en su mente sin poder asimilar su situación.

Solo había una voz, repitiendo lo mismo una y otra vez… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… ¿Por qué se disculpaba esa voz?

Ahora que la escuchaba con más atención… sonaba femenina.

¿Una mujer aquí?

¿Dónde?

¿Por qué?

¿Qué hace aquí Natsuki Subaru?

Entonces, a pesar de no poder sentir ni ver, supo que algo lo tocaba.

Fue extraño.

No debería haberlo percibido y, aun así, ocurrió.

Manos suaves, lentas.

Subían por sus hombros.

Ahí, Subaru lo supo.

Quería que lo tocara.

Quería fundirse en uno con esta mujer desconocida.

Quería besarla.

Quería abrazarla.

Quería hacerla suya.

Ser suyo.

Tener sexo hasta morir.

Amanecer viendo su rostro.

Escuchar su voz.

Leer su letra.

Saber sus gestos.

Quería todo de ella.

Deseaba todo de ella.

Anhelaba todo de ella.

Sus manos se detuvieron cuando sujetaron sus mejillas.

Podía sentirla detrás de él.

Incluso creyó percibir su aliento cálido en su nuca, un susurro que contrastaba con la oscuridad helada.

Pero ella seguía igual.

Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Lo siento… Sus manos cubrieron sus ojos.

Como si quisiera ocultar algo… Su voz, íntima ahí detrás de su nuca, seguía y seguía.

Subaru quería darse la vuelta.

Abrazarla y decirle que todo estaba bien.

Que no pasaba nada.

Que estaban bien.

Ahora estaban juntos.

¿No era eso lo que importaba?

Darle un tierno beso, acariciar su mejilla y dejar su frente contra la suya.

Entonces, en un repentino silencio, él seguía sintiendo sus manos sobre sus párpados.

Ella habló, pero esta vez dijo algo diferente.

—Subaru… Perdóname… Esto, por alguna razón, desgarró el corazón de Natsuki Subaru.

Le dolía escucharla decir eso.

Su alma se sentía en agonía.

Si tuviera corazón, este podría morir de dolor.

Entonces, como si siempre hubiera estado ahí, Subaru recordó un nombre.

Su nombre.

—S-Satella… N-no llores… R-regresé… No sabía qué decía ni por qué lo decía.

¿Quién era realmente Natsuki Subaru?

Ella dejó de sollozar en su nuca.

Su agarre sobre sus párpados se aflojó.

Esta vez, su voz —mucho más animada pero con un tono subyacente de locura— habló.

Su tono contenía amor.

Amor de siglos.

De recuerdos.

De deseos.

Ella se sentía dichosa.

Sentía su aliento cerca de su oído derecho.

Ahí estaba ella ahora y le susurró, solo para él.

—Te amo.

>>>>> >>>>> >>>>> >>>>> >>>>> >>>>> >>>>> >>>>> Capítulo 4 – Eres un 7, parte 3 Subaru abrió los ojos.

Analizó su entorno en segundos.

—¿Estoy en la fuente?

Se sentía confundido.

Debería ser de noche, no de día.

¿Qué ocurrió?

¿Su checkpoint, la Gracia Divina ahora suya, le hizo saltar al día siguiente?

Subaru se levantó de la fuente, pues seguía sentado.

Revisó su alrededor.

Era extraño… —Esto ya lo vi.

Los niños, los comerciantes… Incluso esa mujer con su camisa verde y ese peinado de dos trenzas… Se confundió.

¿Por qué estaba viendo exactamente lo mismo que ayer?

Sentía peso en su mano izquierda.

—Incluso la bolsa de comida sigue aquí… Se sentía como un déjà vu.

¿Pero por qué?

¿Cómo?

¿Para qué?

Decidió caminar, así se despejaría un poco.

Como ironía, llegó al mismo callejón de ayer.

¿O de hoy?

Seguía confundido.

Observó la misma caja de madera donde antes se había sentado.

¿O se sentaría?

Igual lo hizo.

Se sentía un poco reconfortado por la familiaridad de seguir lo establecido.

Así, guardó silencio y dejó la bolsa de comida a su izquierda.

—De nuevo… ¿Ya viví esto?

Su mente se sentía nublada.

¿Había olvidado algo?

Sujetó su mentón con su mano derecha mientras su brazo izquierdo descansaba sobre su pierna izquierda.

—Recapitulemos… Yo morí peleando con Puck, ¿no?

Dijo en voz alta, como si alguien más pudiera responder.

Claro que nadie lo haría.

—Sí.

Eso pasó.

Pasó de verdad.

Entonces… Su mirada se desvió al cielo.

—¿Regresé al mismo día?

¿Quién me trajo de nuevo?

Ahora, su mente un tanto más relajada, procesó lo que ocurrió ayer.

O lo que ocurriría hoy.

—Tch, viajes temporales… Un dolor de cabeza.

Bien, primero los asaltantes.

Después, la chica de cabello rubio y ojos rojos.

Amenaza al trío de idiotas.

Llega la chica de cabello blanco y ojos púrpuras y su gato parlante que debe destruir el mundo si ella muere.

Le dice sobre la chica dorada y se despiden.

Vaga por la ciudad el resto del día.

Al anochecer, Puck se vuelve un jefe final de golpe y… Bueno, lo que seguía.

—Vaya mundo —dijo con ironía.

¡Y era solo el primer día aquí!

No estaba al nivel de dificultad de las Tierras Intermedias, pero tampoco le faltaba esfuerzo.

Entonces, llegó una voz a su derecha.

—¡Oye tú, niño, danos todo lo que tengas!

—(¿Eh?

¿Tan pronto?) Subaru razonó que se había quedado mucho tiempo en su mente al intentar resumir y razonar lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, debajo de su piel, por decirlo de alguna manera, había incomodidad.

Algo le picaba en su cerebro.

—(¿Olvidé algo más?) Natsuki Subaru no recordaba su tiempo con Satella, claro está.

—¡Oye, mocoso, te hablamos a ti!

Dejando escapar un largo suspiro, Subaru se levantó lentamente de la caja de madera.

La bolsa de comida seguía a su lado, intacta, como un recordatorio mudo del bucle que acababa de comenzar.

—Mira, no quiero problemas…

—¡Nosotros sí!

—interrumpió el más bajo del trío, con voz chillona.

—(Esto podría ser más irritante de lo esperado) —pensó Subaru, manteniendo una postura aparentemente relajada.

No había amenaza real en su lenguaje corporal; solo cansancio acumulado de siglos.

De pronto, una jovencita de cabello rubio aterrizó con un pisotón seco sobre la cabeza del flaco.

—¡Hey, hola, lo siento, adiós, tengan buena vida!

Esta vez, Subaru reaccionó casi de inmediato.

—¡Buena vida para ti también!

—le gritó con una media sonrisa.

La chica titubeó un instante, como si el saludo la hubiera descolocado, pero recuperó el ritmo y saltó ágilmente al tejado con un eco de tejas.

—Oh —Subaru se dio una palmada en la frente—.

Debí detenerla…

Así evitaría el final malo A con Puck.

—¿¡Qué tanto balbuceas, niño?!

—el flaco se acercó más, con el rostro enrojecido de indignación.

—Nada que te interese.

Ahora, en serio…

Sin más preámbulos, Subaru desenvainó su espada en un movimiento fluido.

Adoptó una postura que parecía relajada a simple vista, pero que exudaba una presencia opresiva, como si el aire mismo se hubiera espesado a su alrededor.

—Váyanse de aquí antes de que los envíe con el dios de estas tierras.

En secreto, sintió un leve tirón de vergüenza por repetir la misma frase amenazante.

Pero, como antes, funcionó a la perfección.

El trío retrocedió torpemente; uno incluso tropezó con la misma caja rota.

—Esto no se siente bien…

—murmuró Subaru para sí.

Era como actuar en una obra de teatro ensayada hasta el hartazgo.

Le revolvió el estómago.

—(Está clase de poder insidioso…

¿Me odia quien me lo dio?) —¡Oye, tú!

Una voz suave, pero con un matiz de urgencia, llegó desde la entrada del callejón.

—¡Guarda tu espada!

¿Qué les hiciste a esos tres?

—(El timing es de celebrar.

Mis felicitaciones al director…) — pensó Subaru con una diversión amarga.

—¡Es un malentendido, My Lady!

Emilia se quedó confundida; no esperaba tanta cortesía de un desconocido armado.

Estaba más acostumbrada al odio o a la frialdad cortante.

—Esos tres intentaron asaltarme.

Solo me defendí.

Subaru apretó el agarre de la espada un instante antes de guardarla con calma deliberada.

—(¿Por qué mi corazón late más rápido cuando veo a Lia?

¿Por qué?) Otra vez esa sensación extraña, como si estuviera mirando a alguien de un pasado borroso que se le escapaba entre los dedos.

Ella bajó la mano, aunque su postura seguía alerta, lista para invocar magia si era necesario.

—Me disculpo, entonces —dijo con una pequeña reverencia—.

¡Ah!

—exclamó en un gritito tierno—.

¡Busco a una ladrona!

¿No la has visto?

—De hecho, una jovencita acaba de pasar corriendo por este callejón.

¿Viste cómo era tu ladrón?

—Emh, sí.

Creo…

—Emilia pareció dudar un segundo.

Entonces Puck emergió de su colgante y flotó a la altura de su hombro derecho.

—Lia, la niña que te robó la insignia era rubia.

—¡Bien, lo que dijo Puck!

—confirmó ella, triunfante, como si la idea hubiera sido suya desde el principio.

—¡Entonces estás de suerte!

—Subaru avanzó tres pasos, manteniendo una distancia respetuosa de cuatro—.

La jovencita que vi era rubia, ojos rojos, vestía de manera pobre y sujetaba algo en su mano izquierda.

—¡Debe ser ella!

—Emilia se iluminó—.

¿Sabes a dónde fue?

Subaru se giró y señaló el tejado con un gesto casual.

—Subió por ahí.

—¡Gracias, eh…!

—Natsuki Subaru, Lord de las Tierras Intermedias.

Emilia ladeó la cabeza, genuinamente desconcertada.

—¿Tierras Intermedias?

Puck alzó una ceja con interés renovado.

Desde que este joven había abierto la boca, sus intenciones habían sido puras y sin rastro de mentira detectable.

—Son tierras muy lejanas, me temo.

Dudo que las conozcas…

—Subaru la invitó con la mirada a presentarse.

Emilia dudó un instante, miró de reojo a Puck y luego habló con un tono más serio de lo habitual.

—Satella.

Ese nombre golpeó la mente de Subaru como un relámpago lejano.

—(Se de quién es ese nombre…) Notó de inmediato que Lia había mentido.

¿Por qué?

No le importaba lo suficiente como para indagar ahora.

La jovencita parecía cargar con suficiente peso.

Emilia, por su parte, esperaba la reacción habitual: rechazo, miedo, desprecio.

Lo que había visto cientos de veces.

Pero Subaru la traicionó por completo.

—¡Es un placer conocerla, Lady Satella!

—hizo una reverencia elegante y sincera.

Emilia se quedó congelada, con una expresión extraña.

Su garganta se cerró en un nudo; casi quiso corregirse de inmediato y borrar la mentira.

Después de todo, este extraño no le había dado más que una buena impresión y una mirada libre de prejuicios.

Lástima que la vergüenza interna la dejó muda.

Subaru se enderezó con una sonrisa ligera.

—¡Bien!

Perdemos tiempo, Lady Satella.

Busquemos a tu ladrón.

Emilia dio dos pasos adelante, reduciendo la distancia a solo dos pasos.

Parecía atónita.

—¿Quieres ayudarme?

¿Por qué?

Su tono mezclaba inocencia y sospecha.

Subaru soltó una risa suave.

—Como dije, soy un Lord.

El Elden Lord.

Si el señor de todas las Tierras Intermedias no puede permitirse ayudar a una jovencita, bien podría incitar una rebelión y abdicar de mi puesto, ¿no?

—¿De verdad eres un Lord?

—Emilia buscó confirmación en Puck.

—Dice la verdad, Lia —respondió el espíritu—.

Lo cual ya es impresionante.

¿Cómo puedes ser un Lord siendo tan joven, Subaru?

La pregunta llevaba un subtexto de cautela.

—Ja, Gran Espíritu —Subaru se encogió de hombros con naturalidad—.

¿Acaso un niño no puede ser rey?

Aunque, claro…

tomé mi título por puro esfuerzo.

—¿Un noble hecho a base de hazañas, quieres decir?

—Puck se acercó un poco más, casi como si quisiera mirarlo directamente a los ojos.

—¡Hazañas legendarias, Gran Espíritu!

Pero perdemos el tiempo.

La ladrona podría irse lejos y debemos ayudar primero a Lady Satella a recuperar su objeto robado.

—¡Podemos confiar en Subaru, Lia!

Solo me da buenas vibras.

Subaru le dedicó una sonrisa complacida al espíritu.

—Gracias por su amable opinión, Gran Espíritu.

Tanto el gato como el “humano” parecían estar en su propio mundo por un instante.

Emilia, en cambio, murmuró confundida.

—¿Por qué parece que se hicieron amigos tan rápido…?

No entendía a los hombres.

Mientras tanto, en secreto, Subaru evaluaba opciones.

—(Puck viene del cristal en el cuello de Lia, ¿no?

¿Como un catalizador?

Se parece a las campanas de invocación…

Si lo destruyo, ¿acabo con Puck antes de su fase de final boss?

Nunca me han gustado los jefes puzzle, pero si con eso puedo evitar la manifestación de Puck después de la muerte de Lia…

¿debería destruirlo aquí mismo?) Calculó su velocidad actual y sus posibilidades.

Estaban cerca.

Dos pasos.

Su espada podría alcanzarlo en menos de dos segundos.

Quizá menos.

Y a pesar de la aparente amabilidad del espíritu, Puck estaba en guardia.

Después de todo, Subaru había mencionado “hazañas legendarias”.

—(Si hay próxima vez, no diré nada.

Dejaré que el gato baje más la guardia, si es posible.

Por ahora…) —hablo después de pensar en su próximo plan.

—¡Vamos, Lady Satella!

Creo tener una idea de a dónde puede ir una ladrona.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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