Re:Zero / Elden Lord: Empezando la vida de nuevo en otro mundo - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Especial - Tierras Intermedias - 1
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8: Especial – Tierras Intermedias – 1 8: Especial – Tierras Intermedias – 1 Especial — Tierras Intermedias — 1 Forge of the Giants — Pasado —Subaru… debo hacer esto.
Melina estaba parada frente a él, con el brillo dorado del Erdtree a su espalda.
Su mirada era resignada, pero también quebrada, como si estuviera despidiéndose de algo más que su vida.
Subaru la miró con el corazón en un puño.
¿Qué podía hacer?
¿Suprimir su libertad de elección?
¿Obligarla a vivir cuando ella misma elegía arder?
El árbol aureo ardía majestuoso detrás de ella.
En cualquier otra circunstancia habría sido una pintura hermosa; ahora solo le causaba dolor.
Extendió la mano derecha hacia ella.
—Melina… Su voz se ahogó en la garganta.
Quería gritarle que no lo hiciera, que se quedara con él, que olvidaran el maldito destino.
—Para esto nací, Subaru —dijo ella, pero su voz carecía de convicción.
Era más una obligación que un deber divino.
—¡Pero…!
—¡Para esto nací!
—gritó Melina, desesperada.
No era para convencerlo a él; era para convencerse a sí misma.
Subaru ya no pudo contenerlo.
No podía dejar que la mujer a la que amaba se quemara por un propósito que ya no sentía suyo.
—No.
Melina lo miró sorprendida.
Era la primera vez que Subaru le negaba algo de forma tan tajante.
—¡No te dejaré hacer esto, Melina!
Ella sintió un alivio profundo… y al mismo tiempo una furia impotente.
Alivio porque él la amaba de verdad.
Furia porque estaba siendo débil ante su propósito divino.
—Pero tengo que hacerlo, Subaru.
De otra forma no podrás obtener el Elden Ring.
—¡Olvida el Elden Ring!
—su voz se quebró, desgarradora.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas—.
¡Yo te quiero a ti!
¡Solo a ti!
Melina se quebró también.
No podía negarlo más.
Lo amaba.
Lo amaba con todo su corazón, más que a su propósito mismo.
Pero… —Subaru, no podemos dejar que el mundo siga así —intentó razonar, con voz temblorosa—.
Tiene que haber un Elden Lord… y debes ser tú.
Nadie más es digno.
—¡No te atrevas a usar eso contra mí!
¡El deber, el honor… no significan nada si no te tengo a ti!
El silencio cayó entre ellos, pesado como ceniza.
Estaban agotados.
Subaru acababa de pelear contra el último Gigante de Fuego.
Melina llevaba siglos cargando con su destino.
Subaru la miró: su rostro, su cabello rojizo, su ojo único, sus labios temblorosos, sus mejillas húmedas por lágrimas contenidas.
La mujer que lo había salvado en este mundo podrido.
¿Cómo podía dejarla morir ahora?
¿Después de todo lo que habían vivido juntos?
Maldijo en silencio a Marika por haberle impuesto este destino.
—Si debo ser el Elden Lord… —comenzó Subaru, con voz fría y decidida—, usaré la Llama Frenética para quemar el árbol.
Melina se quedó helada.
—¡No!
—gritó a todo pulmón, dando un paso adelante—.
¡Es mejor que yo muera a que uses ese poder maldito!
¡El último Sinluz que lo intentó terminó destruido!
¡No pudo controlarlo!
—¡Yo no soy él!
¡Soy Natsuki Subaru!
¡Soy más fuerte!
—¡Subaru, detén esta estupidez!
¡No puedes usar la Llama Frenética!
—¡Lo haré si con eso salvo tu vida!
No puedo dejarte morir.
—¡No, Subaru!
¡Prefiero quemarme ahora mismo que verte corrompido por esa llama!
Subaru dio un paso adelante, bloqueando su camino.
—Debo usarlo.
No dejaré que mueras.
—¡Si lo haces, me iré!
¡No soportaría verte así!
Subaru sintió un nudo en la garganta.
El mundo se volvió borroso por un instante.
¿Ella se iría?
Apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.
—Aun así lo haré, Melina.
No te dejaré morir.
Melina lo miró desafiante, con lágrimas cayendo por ambas mejillas, incluso del ojo cerrado.
El ambiente llegó a su punto máximo de tensión.
Melina sacó sus dagas con manos temblorosas.
—Prefiero verte muerto antes que mancillado por la Llama Frenética.
Subaru apretó el agarre en su espada y la deslizó lentamente de la vaina.
—Y yo prefiero quemarme antes que verte morir.
Esto, Melina… es una contradicción de deseos.
—¡Quiero que vivas!
¡Serás el Elden Lord!
—¡Y yo no quiero que mueras, idiota!
¡No seré Elden Lord sobre tu cadáver!
—¡Convertirte con la Llama Frenética tampoco es la solución, imbécil!
—¡Lo es si con eso puedes vivir!
Ambos se pusieron en guardia.
Melina sabía que, incluso agotado tras la batalla contra el Gigante de Fuego, Subaru era mucho más poderoso que ella.
Pero lo amaba.
Lo amaba tanto como para matarlo antes que verlo corrompido.
Y Subaru… prefería morir antes que dejarla quemarse por el Erdtree.
Melina fue la primera en avanzar.
Sus dagas destellaron bajo el brillo del Erdtree mientras se lanzaba hacia adelante con un grito ahogado.
No era un ataque preciso; era desesperación pura.
Subaru apenas tuvo tiempo de levantar su espada para bloquear.
El choque de metal resonó como un trueno roto sobre la orilla de piedra.
Él retrocedió un paso, el borde del caldero crujiendo bajo su bota.
El calor subía en oleadas desde el abismo, quemando el aire entre ellos.
—¡Detente, Melina!
—gritó, pero su voz se quebró al ver las lágrimas que seguían cayendo por el rostro de ella.
Melina no respondió con palabras.
Giró el cuerpo y atacó de nuevo, más rápido, más desesperada.
Una daga rozó el brazo de Subaru, dejando un corte superficial que ni siquiera sintió.
Él no contraatacó; solo bloqueaba, desviaba, retrocedía.
Cada paso lo acercaba más al borde.
Subaru levantó la mano izquierda, intentando alcanzarla.
—No te haré daño… —murmuró, casi para sí mismo.
Melina lo miró con ojos llenos de dolor y furia.
—¡Entonces déjame morir!
—gritó, y lanzó ambas dagas en un arco cruzado.
Subaru giró el cuerpo para protegerse, pero una daga le rozó el hombro y la otra se clavó en su costado.
El dolor fue inmediato, ardiente.
Cayó de rodillas sobre la piedra negra, sangre goteando hacia el vacío.
Melina se detuvo, jadeando, las manos temblando.
Subaru levantó la vista.
Su espada seguía en la mano derecha, pero no la había alzado contra ella ni una sola vez.
—Melina… —susurró, con voz rota—.
Ven aquí… Ella dio un paso atrás, negando con la cabeza.
—No puedo… no puedo verte así… El viento caliente levantó ceniza entre ellos.
Subaru se puso de pie lentamente, tambaleante, con la daga aún clavada en el costado.
Entonces, sin más palabras, Melina corrió hacia él una última vez.
No fue un ataque.
Fue un abrazo desesperado.
Sus brazos rodearon el cuello de Subaru mientras el impulso los arrastraba a ambos hacia el borde.
Él la envolvió con fuerza, protegiéndola con su cuerpo.
El mundo se inclinó.
Cayeron juntos desde la orilla del caldero, el brillo del Erdtree alejándose en la oscuridad.
Mientras caían, se miraron fijamente a los ojos.
Subaru tenía las dagas de Melina clavadas en su cuerpo.
Ella… ni un rasguño.
Subaru nunca le haría daño.
—Me iré… —alcanzó a escuchar antes de estrellarse contra las rocas del fondo.
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