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Saga Elementos - Capítulo 101

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Capítulo 101: Aceptadas

Bruno, Marcee y Tara estaban reunidos en la sala principal junto a Robert Fajuri, quien ahora estaba al mando de la unidad de inteligencia. La reunión había sido convocada para informar de tres puntos muy importantes. El primero era la eliminación permanente del acceso de Iván al Foro. Luego de su traición, sería estúpido permitir que ese hombre tuviera acceso a la base de datos de la Orden.

El segundo punto a tratar era la búsqueda de Iván. Tras recibir la noticia de que era un traidor, la Orden envió a tres Cometas, el tercero, segundo y primero, a Hong Kong con la intención de averiguar el paradero de la ex Estrella del Aire y mantenerlo vigilado. Sin embargo, al llegar al lugar donde se suponía que debían estar los pilotos, quienes a su vez conocían la ubicación de Iván, se encontraron con un par de cadáveres fríos. Iván se había anticipado a sus movimientos y ordenó matar a aquellos hombres. Claramente, no quería que nadie lo encontrara.

Y el tercer punto que estaban discutiendo era la revisión de cada expulsión hecha por Iván en los últimos veinte años. Ellos sabían, gracias a la información que Steve y Amelia les habían transmitido, que Iván había expulsado a Matthew y Laura veinte años atrás, lo cual los llevó a hacerse la siguiente pregunta: ¿A cuántos más expulsó de la Orden sin que ellos supieran los verdaderos motivos?

Las leyes de la Orden dictaban que una Estrella podía expulsar a un Iluminado siempre y cuando fuera un asunto verdaderamente serio y cuyas acciones representaran una amenaza a la seguridad de la ciudad. Sin embargo, si no había pruebas de peso o no había un peligro inmediato, por lo general se debía convocar a todo el consejo a una reunión para determinar qué acciones tomar en este tipo de casos. Si Iván había expulsado a más de un miembro de la Orden sin motivos válidos y sin consultar con el resto del consejo, entonces no podían confiar en la veracidad o legitimidad de estas expulsiones. Por no mencionar la tragedia que supone la expulsión injustificada de Iluminados con familias dentro de la ciudad o la tremenda pérdida de poder que esto significa. Es decir, si Iván fue capaz de expulsar a Matthew, un candidato a Cometa, ¿a quién más obligó a irse?

—Por último, es de mi agrado informarles que todas las Luces Fantasmas en los Estados Unidos han recibido la orden de volver a Ciudad Iluminada de inmediato. Además, Amelia Green y su grupo aterrizaron hace dos horas y, como Steve nos lo informó, La Tigresa del Rayo y Yunque vienen con ellos —Fajuri no pudo evitar reírse por lo bajo—. Muchos en el hangar estuvieron a punto de desmayarse del susto.

—Era de esperarse —Marcee se encogió de hombros al escuchar esto—. Lo bueno es que Amelia ya está aquí.

—Así es. No obstante, la señorita Green sufrió graves heridas en su combate contra Cerbero. Ahora mismo, se encuentra en el hospital —todos voltearon a ver a Fajuri—. Me tomé el atrevimiento de pedirle a la doctora Césaire que atendiera personalmente las heridas del grupo —se volteó a ver a Marcee e inclinó la cabeza a modo de disculpa—. Le pido perdón por eso, señora Césaire —Marcee hizo un ademán con la mano, restándole importancia.

—No te disculpes, hiciste lo correcto —dijo con su clásica sonrisa.

—Lo que sí me preocupa son las dos Renegadas que llegaron con Amelia —habló Tara antes de enderezar su postura para dirigirse a Bruno—. ¿Crees que debamos dejarlas entrar al programa de rehabilitación, Bruno? —el hombre bebió un sorbo de café para después suspirar.

—Díganme ustedes —dijo refiriéndose a sus compañeras—. ¿Creen que merecen una segunda oportunidad?

La habitación quedó en un silencio sepulcral al escuchar la pregunta de Bruno. Tara y Marcee no sabían qué responder. Pasaron dos minutos pensando su respuesta cuando la Estrella del Agua levantó la voz.

—Yo opino que deberíamos permitir que ingresen —Bruno la observó con interés, invitándola a desarrollar su idea.

—Por favor, dime que no tiene nada que ver con el hecho de que son lesbianas —pidió Tara a modo de broma. Sí, incluso Tara podía bromear de vez en cuando.

—Por supuesto que no, podría tratarse de mis padres y mi opinión no cambiaría —aclaró Marcee sintiéndose ligeramente ofendida—. La razón por la que creo que deben ingresar al programa es porque su historia no es diferente a la de muchos usuarios. Quiero decir, ¿cuántos no se unieron a los Oscuros simplemente para vivir un día más? —Tara asintió, parecía satisfecha con su respuesta—. Además, si yo hubiera sufrido los abusos de ese hombre, solo Dios sabe si estaría sentada con ustedes hoy —Bruno asintió, sopesando la opinión de Marcee.

—¿Qué hay de ti, Tara? —la mujer bajó la cabeza mientras pensaba en qué decir.

—Sinceramente, creo que también merecen una segunda oportunidad. Sin embargo, no puedo evitar sentirme preocupada por lo que pensarán los miembros de la Orden. Por no mencionar que apenas acabamos de dar la noticia sobre la traición de Iván. No creo que la gente se tome de buena manera que aceptemos a dos ex Oscuras en este momento. Podríamos tener protestas por toda la ciudad y ganarnos la desconfianza de la gente.

—¿Dices que debemos ejecutarlas solo para evitar el descontento social? —preguntó Marcee con molestia en su voz.

—La verdad, no sé qué hacer, Marcee. Por un lado, es cierto que las dos, sobre todo Lucía Johnson, merecen una oportunidad. Y por otro lado, el momento actual no es el mejor para aceptarlas —Bruno terminó de beber su café y puso la taza en la mesa.

—Ambas tienen puntos válidos —dijo mientras juntaba sus manos—. Es cierto que el momento no es el mejor, pero también es verdad que esas mujeres son víctimas totales de la sociedad y… —Bruno no pudo evitar reír—. Por historias como la suya es que casi me dan ganas de cometer una locura. Sin embargo, mientras tú, Marcee, miras esto con el corazón, y tú, Tara, hablas con la cabeza. Creo que yo debo ser el que hable con hechos —el hombre se aclaró la garganta antes de continuar—. No importa si sus historias son las más trágicas. Nada de eso vale si no se arrepienten de sus actos. Así que, lo que yo creo es que debemos escuchar qué tienen que decir ellas en su defensa. Si veo una verdadera voluntad de cambio, entonces podemos aceptarlas. De no ser así. Bueno, no tendremos más opción que ejecutarlas. ¿Están de acuerdo con esa decisión? —Marcee asintió. Era un punto válido el que estaba planteando Bruno.

—Para mí, es la mejor forma de proceder. Estoy de acuerdo.

—Yo igual, pero creo que Bruno no hablaba con nosotras —Tara ladeó la cabeza en dirección a la puerta—. ¿Escucharon eso, verdad?

Del otro lado de la puerta, Tobías, Lucía y Martha sintieron un leve escalofrío bajar por sus espaldas. Bien pudo ser el frío del lugar o el hecho de que Tara los descubriera tan fácilmente. Desde luego, esto era gracias a la técnica Radar, la cual la mujer había perfeccionado. Fue tanta la sorpresa de Tobías por ser descubierto escuchando la conversación de su padre que un pequeño recuerdo se asomó en su mente. Cuando era niño, Tara solía ir a ver a Bruno a su casa para reunirse y hablar sobre temas relacionados con sus misiones alrededor del mundo. Por supuesto, al ser un niño curioso, Tobías solía acercarse sigilosamente al cuarto donde los dos estaban hablando para espiar su conversación y siempre que lo hacía, Tara lo delataba para después reírse por su inocencia, además de ponerlo nervioso cada vez que eso pasaba.

Tobías apartó ese pensamiento de su mente y procedió a tocar la puerta dos veces.

—Buenas tardes, con permiso —Bruno no pudo evitar sonreír al ver a su hijo.

—Imagino que escucharon todo lo que dije, ¿verdad? —Lucía y Martha agacharon la cabeza—. ¿Y bien, señoritas? ¿Tienen algo que decir en su defensa? —la pregunta de Bruno vino acompañada de una mirada seria y fuerte, dejando claro que debían escoger sus palabras cuidadosamente.

Martha y Lucía permanecieron en silencio durante un rato. Ninguna sabía qué decir, pero sabían que debían hacer algo rápido. Sintiendo una punzada en su pecho que jamás pensó volver a sentir, Martha fue la primera en hablar.

—Lo que he hecho no tiene perdón —empezó a decir—. No espero que mis crímenes sean olvidados, a pesar de cuánto me arrepiento. Asesiné a mucha gente. Algunos lo merecían y otros solo se metieron en mi camino. No me enorgullece lo que hice, pero en verdad lo lamento y no quiero volver a hacerlo. Quiero una vida y… quisiera poder enmendar todo el daño. Por lo menos intentarlo.

Bruno escuchó las palabras de Martha con mucho cuidado, siempre manteniendo una expresión indescifrable en su cara. Era imposible decir en qué estaba pensando este hombre. Sin embargo, Martha estaba en paz. Si debía morir, lo aceptaría.

—¿Qué hay de usted, señorita Johnson? —preguntó Tara con un tono severo—. ¿Hay alguna razón por la que debamos perdonarla y aceptarla en el programa?

—No, no la hay —Lucía ni siquiera dudó en su respuesta—. No hay excusa para lo que hice y no espero su perdón. Solo les pido que, por favor, cuiden de Jessica. Esa niña ya sufrió demasiado.

Bruno levantó una ceja al escucharla. No estaba suplicando por su vida, ni siquiera estaba negando los cargos en su contra. En cambio, estaba velando por el bienestar de alguien más. Al sentir sus conexiones, pudo notar la gran calidez que emanaban. No había un solo rastro de la frialdad extrema que todos los que sobrevivieron a un encuentro con ellas describían. Bruno suspiró.

—Señorita Johnson y señorita Martha —la Estrella del Fuego finalmente habló—. Se las acusa por múltiples cargos de asesinato a miembros de la Orden de la Luz, así como de conspiración y complicidad con la Orden de las Sombras. Normalmente, no dudaría en sentenciarlas a morir y ejecutarlas mañana mismo —ambas mujeres se tomaron de las manos, aceptando su destino—. Sin embargo, estoy al tanto de lo que tuvo que sufrir en su pasado, señorita Johnson, así como también sé que ambas cuidaron de la elemental de fuego. Por lo tanto, las aceptaremos en el programa de rehabilitación.

—Tendrán derecho a visitas y salidas supervisadas, pero no podrán abandonar el territorio de la Orden hasta que nosotros lo autoricemos —continuó Tara con voz firme.

—Además, tendrán que trabajar para poder sustentar sus propios gastos y cualquier sesión de entrenamiento deberá ser supervisada —finalizó Marcee.

—¿Aceptan estas condiciones, señoritas? —la pregunta de Bruno tomó por sorpresa a ambas mujeres.

¿En serio iban a aceptarlas? ¿Les darían una oportunidad? Antes de siquiera poder responder, Lucía empezó a llorar y cayó al suelo con las piernas flácidas y hechas fideo. Martha se agachó a su lado y la abrazó. La antigua maestra de la secundaria Maple Grove levantó la cabeza.

—¡Muchas gracias! —fue todo lo que pudo decir entre lágrimas.

Ahora, finalmente, Lucía y Martha podrían enderezar su camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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