Saga Elementos - Capítulo 105
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 105: ¡Choque!
—¡¿Es una maldita broma?! —Tara golpeó la mesa con furia.
Fue tanta la fuerza en su puño que su lado se hizo pedazos. Tara Suko era una mujer de la que se podían decir muchas cosas. Entre ellas, que valoraba mucho la lealtad y siempre trataba de respetar las reglas con la severidad de un robot. Por eso es que la habían puesto a cargo de la administración de los reclutas de la Guardia de la Orden y aspirantes a Ases, término que se le daba a aquellas personas que hacían misiones alrededor del mundo. Sin embargo, cuando alguien rompía las reglas por un motivo como el nepotismo, Tara era la primera en molestarse.
—Permitiste que un traidor se infiltrara al consejo y ahora está…
—Tara, basta.
Marcee comenzó a preocuparse cuando el suelo bajo sus pies comenzó a temblar. La conexión de Tara se intensificó y todo apuntaba a que atacaría a Ras si este decía o hacía algo que pudiera provocarla.
—Net, Marcee! Ne smey yego zashchishchat’! —Tara habló en su idioma natal, el ruso. Pese a que nadie entendió ni una sola palabra, sabían que estaba realmente molesta.
—Tara, comprendo que estés enojada. Todos lo estamos, pero debes tranquilizarte —Tara dedicó una expresión asesina a Bruno.
—¡¿Disculpa?! —parecía que, lejos de tranquilizarla, las palabras de Bruno tuvieron el efecto contrario y la enfurecieron más.
—Lo que Bruno intenta decir es que debes calmarte porque cuando te alteras hablas en ruso y no podemos entenderte —Marcee tuvo que intervenir para evitar una pelea entre sus compañeros.
Tara escuchó a Marcee y, aunque seguía molesta, pudo calmarse a los pocos segundos. Volteó su cabeza en dirección a Ras, como si pudiera verlo a pesar de tener los ojos cerrados, cosa que provocó un escalofrío en la Estrella del Rayo.
—Neschastnaya sobaka —murmuró para sí misma y, aunque nadie la entendió, todos sabían que aquello era un insulto hacia Ras—. Imagino que Ras será expulsado del consejo y puesto bajo custodia, ¿verdad, Bruno? —por su tono y lenguaje corporal, todos podían decir que aquello era más una orden que una pregunta.
—Lamento decepcionarte, Tara, pero me temo que eso no pasará —Bruno pudo ver cómo las manos de Tara temblaban mientras sujetaba su bastón. Sus nudillos, blancos por la fuerza que estaba ejerciendo sobre el instrumento, delataban su furia.
—Las reglas dicen que…
—Sé lo que dicen las reglas, Tara. Sin embargo, ya perdimos a una Estrella. No podemos darnos el lujo de perder a otra —explicó Bruno.
—Cierto, y Ras, no solo es la Estrella Líder, también es quien se encarga de todas nuestras relaciones con los políticos. Sacarlo a él solo traería más problemas que beneficios —Marcee adivinó justo lo que Bruno iba a decir.
—Exactamente —Bruno suspiró antes de continuar—. Además, Ras podría ser una ventaja para luchar contra Iván —Tara levantó una ceja.
—¿En serio? No te ofendas, Bruno, pero Iván era una persona demasiado distante y fría. ¿Cómo podría Ras representar una ventaja? —Bruno miró a Ras, buscando su permiso para continuar.
—Iván es mi hermano menor —soltó Ras, golpeando a las dos mujeres con la noticia.
—Existe la posibilidad de que intente contactar a Ras y esa podría ser nuestra oportunidad para rastrearlo —Bruno explicó su idea.
A pesar de tener lógica y sentido, tanto Marcee como Tara tenían sus reservas al respecto.
—¿Y qué haremos si no lo llama? —preguntó Tara antes de reírse y negar con la cabeza—. Por favor, al menos dime que lo mantendrás vigilado.
—Por supuesto. Ya asigné a varios miembros de la Guardia para vigilar a Ras de forma encubierta. Nos informarán si hace algo sospechoso.
—Bien, porque lo último que necesitamos es…
Un estruendo se escuchó a la distancia. Se encontraban en el mes de junio, por lo que las tormentas eléctricas eran algo regular en la zona. Sin embargo, normalmente no se daban en Ciudad Iluminada. Debido a la altitud a la que se encontraba la ciudad, usualmente el clima consistía en tormentas de nieve y granizo. Solo en altitudes menores había lluvia y eso era lo extraño.
Ciudad Iluminada era secreta precisamente por su enorme altitud, de 5700 metros sobre el nivel del mar. Además del terreno montañoso y accidentado, garantizaban total discreción para todos sus habitantes. El problema era que las tormentas eléctricas, donde mayormente se escuchaban los rayos y truenos, solo se daban a 4000 metros de altura, máximo, y siempre lejos de la ciudad. Tanto que los truenos a veces ni se oían.
Todos sentían que algo andaba terriblemente mal.
—¡Señor! ¡Señor! —un guardia irrumpió en la sala de reuniones. Su rostro estaba pálido como un fantasma.
—¿Qué sucede? —preguntó Ras.
—Un avión que se dirigía a la pista por el sureste ha sido derribado —todos voltearon a ver al hombre con incredulidad, pensando que tal vez habían escuchado mal.
—¿Esto es alguna clase de broma? —preguntó Tara.
—Le juro por mi vida y la vida de mis hijos que no lo es, señora —el tono del hombre sonaba decidido.
—Tara, Ras, lleven un equipo al lugar del choque y averigüen qué pasó —ordenó Bruno y, aunque Tara quería protestar, sabía que no tendría objeto.
Con su habilidad de percepción y la velocidad de Ras podrían rastrear la zona fácilmente. Además, necesitaban apresurarse al lugar antes que los países cercanos respondieran.
—Marcee, llama a Jackie y dile que prepare todo para recibir a los heridos —continuó Bruno.
—Señor, todavía hay más —Bruno volteó a ver al hombre—. El nombre clave del avión era Relámpago Naciente —la Estrella de Fuego tuvo un mal presentimiento—. Venía desde Toronto, Canadá.
Bruno sintió que la sangre en su cuerpo se congelaba al escuchar aquellas palabras.
—Todavía no está confirmado, pero…
—Ras, Tara… —Bruno se apoyó en la mesa, visiblemente afectado—. Vayan al sitio del choque, ahora, por favor —el hombre se llevó una mano a la cabeza y se frotó las sienes—. Creo que Evelyn iba en ese avión.
No fue necesario decir nada más. Solo diez minutos después había un equipo de veinte personas, todos listos para acompañar a Tara y Ras.
Subieron a uno de los vehículos todo terreno y aceleraron a fondo. Los habitantes de Ciudad Iluminada que vieron a todo el pelotón cruzar las calles a toda velocidad supieron que algo estaba terriblemente mal. Algunos pocos reconocieron la conexión de las dos Estrellas que viajaban ahí, lo que solo acrecentó la preocupación en sus corazones.
Tardaron una hora en llegar al lugar del choque y se llevaron dos sorpresas mayúsculas. La primera fue encontrar a Jessica y Amelia peleando contra un montón de Oscuros que buscaban matarlas a ellas y a un chico rubio que yacía inconsciente en la nieve en medio del campo de escombros. Y la segunda fue, precisamente, la presencia de los Oscuros en la zona.
—¿Qué pasa aquí? —se preguntó Ras al observar la situación.
*****
Más temprano ese día, Amelia y Jessica disfrutaban de una mañana agradable y tranquila, descansando luego de tan intensa travesía por Estados Unidos. No habían tenido oportunidad de salir con Jordan y Amy, ni tampoco ganas de salir en general. Solo querían quedarse en casa ese día haciendo tareas domésticas y resolviendo sus asuntos sin que nadie las molestara.
Para algunos podría parecer aburrido, pero para las chicas era un merecido respiro luego de todo lo que vivieron. Además, para Jessica era todo un deleite ver a Amelia vestida con ropa casual, de aspecto descuidado y desaliñado. Esa mañana utilizaba la camisa de su pijama. Un conjunto sin mangas y solo dos tiras en los hombros que bajaban por su espalda y dejaban su cuello, hombros y nuca al descubierto. La camisa también era algo corta y, cada vez que Amelia levantaba los brazos para estirarse, la prenda se levantaba y dejaba al descubierto su estómago y ombligo. Lo que, sumado al hecho de que solo tenía puestos unos shorts cortos que dejaban ver sus esbeltas y delgadas piernas y su costumbre de caminar descalza por toda la casa, le daba un aspecto bastante lindo para Jessica.
Jessica, por su lado, utilizaba un pantalón de pijama cuyos pies se arrastraban por el suelo a medida que caminaba. Su camisa tenía mangas cortas que bajaban por sus hombros y exponían sus brazos. Sin embargo, la joven también utilizaba calcetines amarillos que no combinaban en nada con su ropa y, para colmo, utilizaba unas pantuflas de pingüino que Amelia tenía en su armario. A la chica peliblanca se le hizo gracioso y tierno ver los ojos de su novia brillar con adoración cuando se puso el suave y afelpado calzado.
Esa mañana, Amelia se levantó muy tarde, casi a las 10:00 AM, hora local. Cuando lo hizo, su desayuno ya estaba listo y Jessica estaba rascándose la cabeza frente a un par de papeles con un bolígrafo en la mano.
—Buenos días, Brisita —Jessica volteó a mirar a Amelia con una sonrisa y, al verla toda despeinada, no pudo evitar reír un poco—. ¿Dormiste bien? —preguntó con cierto sarcasmo mientras se reía.
—Sí —respondió la joven de cabello blanco despeinado mientras iba al baño a lavarse los dientes.
—Espero que no te importe, pero quise ayudarte y preparé el desayuno —explicó Jessica una vez Amelia volvió.
—Está bien, no hay problema —Amelia se sentó a comer sus hotcakes con mantequilla—. Gracias —acercó su plato a Jessica y se sentó a su lado, no sin antes darle un beso en la cabeza—. ¿Qué haces? —preguntó mientras comía.
—Pues estoy tratando de llenar este formulario escolar, pero me perdí luego de poner mi cumpleaños.
Amelia volteó a ver qué estaba haciendo su chica y, efectivamente, era un formulario de inscripción a la escuela. Ahí descubrió una curiosidad de su novia. Su nombre completo era: Jessica Christina Anderson Slone. Miró a la pelirroja con una expresión divertida.
—¿Qué?
—Nada… Christina —Jessica empujó con el hombro a Amelia y ambas rieron—. Bueno, necesitas colocar tu dirección aquí —señaló el apartado correspondiente.
—Ya lo pensé, pero ni siquiera sé en dónde me estoy quedando.
—Luego, tu identificación de la Orden, pero todavía no tienes una, así que podemos omitir eso por ahora. Realmente no hay nada más que puedas poner en este momento. Podemos dejarlo para después.
—¿Segura?
—Sí, el año escolar termina en unas semanas. Tendrás que hacer una prueba de nivel y, cuando apruebes, podremos estudiar juntas —un nudo se formó en la garganta de Jessica al escuchar eso.
—¿Y si no consigo aprobarla?
—Te pondrán en una clase acorde a tu nivel —Amelia notó los nervios en la mirada de su novia—. Tranquila, Roja. Si pude enseñarle al chimpancé de Max a resolver ecuaciones, puedo ayudarte a estudiar.
Jessica sonrió y dejó los papeles a un lado.
Luego del desayuno, las dos estuvieron sentadas en el sillón de la sala durante varias horas, viendo películas mientras se abrazaban. Disfrutando de la tranquilidad y la compañía de la otra. Era relajante no tener que hacer nada en todo el día y poder disfrutar un momento de las cosas más mundanas que la vida doméstica podía ofrecerles.
Todo iba bien, veían una película romántica mientras Jessica mimaba a su chica cuando escucharon un estruendo venir de la distancia. Esto alarmó a Amelia y la hizo levantar su cabeza. Se había escuchado como un trueno, pero esos no solían oírse tan cerca de la ciudad. Su teléfono empezó a sonar dos minutos después.
—¿Sí? —contestó Amelia con cierta alarma en su voz.
—Amelia, gracias a Allah que contestaste.
—¿Ravi? ¿Qué sucede? —preguntó la peliblanca.
—Estoy visitando a mi abuela en Sunaulō bihānī cuando vimos un avión caer del cielo —Amelia parpadeó dos veces al escuchar esto.
—¿Qué? ¿Cómo que un avión? —la joven no podía creerlo.
—Estaba con mis primos cuando escuchamos un estruendo y al mirar al cielo vimos un avión envuelto en llamas cayendo sin control. Mi padre fue a avisarle a la Guardia, pero ya que tú estás más cerca…
—Les avisaré, gracias por llamarme.
Amelia colgó la llamada e inició otra. Sobran las palabras para decir que Jessica no entendía nada.
—¿Qué sucede? —Amelia le pidió un momento cuando la línea finalmente se abrió.
—¿Hola?
—Soy Amelia Green, me acaban de informar que uno de nuestros aviones fue derribado en las cercanías del pueblo Sunaulō bihānī. Por favor, informen cuanto antes a las Estrellas —Amelia colgó la llamada y se levantó rápidamente del sillón.
—¿Amelia, qué sucede? —Jessica no entendía absolutamente nada.
—Un avión se acaba de estrellar cerca de la pista. Creo que lo derribaron los Oscuros —explicó rápidamente mientras se desvestía y buscaba ropa que ponerse. No le importaba si Jessica la veía desnuda, no es como si fuera la primera vez—. Iré a ayudar con el rescate.
—Pues voy contigo —Jessica se apresuró a vestirse también.
Amelia quería protestar, pero no había tiempo para esas cosas. Se vistieron rápido y salieron de casa. La peliblanca las dirigió a un túnel que parecía haber sido excavado en la montaña. Su interior tenía luces y estaba bien pavimentado. Se acercaron a un hombre que manejaba un taxi con ruedas gruesas que no coincidían con el modelo del auto, un Toyota Corolla del año 2015.
—Buenas tardes, chicas —saludó el hombre con amabilidad—. ¿A dónde quieren ir?
—A Sunaulō bihānī, por favor —Amelia no dudó pronunciar esas palabras—. Y necesitamos llegar rápido.
—Claro, suban.
La forma más rápida y eficiente de moverse entre Ciudad Iluminada y los pueblos cercanos a la misma era a través de los cientos de túneles que había entre las montañas. Pues, a diferencia de los caminos que atravesaban los escarpados picos del Himalaya, los túneles, en su mayoría, eran rectos y sin curvas, lo que permitía llegar rápido de un lugar a otro. Además, casi nunca había tránsito.
Tardaron solo veinte minutos en llegar al pueblo y, luego de pagarle al taxista, las chicas se dirigieron a un vehículo de la Guardia que estaba por partir al lugar del choque.
—¡Señor! —Amelia llamó al líder—. Amelia Green y ella es Jessica Anderson, vinimos a ayudar.
—Perfecto, suban.
Abordaron el vehículo y, tras otros diez minutos de viaje, llegaron al lugar de un auténtico infierno. Un infierno de relámpagos, fuego, sangre y vísceras.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com