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Saga Elementos - Capítulo 98

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Capítulo 98: Es Oficial

Al llegar al hotel, todos fueron directamente a sus cuartos. Lo primero que muchos querían hacer era darse un baño placentero y descansar. Bueno, es lo que Ras hizo. Al salir del baño se vistió solo con un par de pantalones cortos y una camiseta sin mangas, pero se aseguró de colocarse una bata para tapar sus brazos.

A pesar de que acababa de salir de la ducha, Ras no conseguía deshacerse de esa inquietud que golpeaba el fondo de su mente. Nuevamente, y usando toda su fuerza mental, encajonó su preocupación en el fondo de su consciencia y se fue a dormir. No volvió a soñar con ese lugar apestoso y sombrío. Todo lo contrario, tuvo un sueño reparador y tranquilo.

Al despertarse, ordenó servicio a la habitación y esperó a que su desayuno llegara. No ordenó nada en especial, solo un desayuno sencillo, y el personal del hotel llevó a su cuarto un plato con huevos revueltos, tocino y jugo de naranja.

Tras desayunar, se vistió con un elegante traje y una corbata de color azul. Salió de su habitación y se dirigió al vestíbulo con expresión serena. Al llegar, saludó a su equipo de escoltas y comenzaron a caminar al Palacio de las Naciones, lugar donde Ras se reuniría con los líderes de los países afectados. El camino fue bastante tranquilo y sin contratiempos.

Cualquier persona que los veía pasar solo podía ver la imponente presencia que eran Ras y compañía. Exudaban tanto poder y autoridad que muchos volteaban al verlos caminar en la calle. Casi todas las personas, independientemente de sus preferencias, concordaban con que esas cuatro personas eran realmente atractivas.

Haciendo caso omiso a las miradas que la gente les dedicaba, llegaron a su destino. Entraron con total naturalidad y Ras se dirigió a un salón de conferencias. Mucho más pequeño que el enorme auditorio redondo y abovedado que se usa cuando se reúnen los mandatarios de todo el mundo, pero funcional para lo que necesitaban.

Ras tomó asiento y sus tres escoltas permanecieron de pie detrás de él. Debieron pasar unos diez minutos hasta que comenzaron a llegar los representantes de los países que solicitaron esta reunión: Italia, Alemania, Francia, Canadá y Haití, pero no había rastro del representante venezolano por ningún sitio.

—Buenas tardes —habló el representante italiano. El acento típico de su gente se dejaba ver mientras hablaba.

—Buenas tardes, señores —Ras se levantó y les estrechó la mano a cada uno de ellos—. Tenía entendido que Venezuela también enviaría un representante a esta reunión.

—Desafortunadamente, Venezuela se retiró a último momento —aclaró el representante canadiense. Ras suspiró en señal de comprensión.

—¿Una nueva disputa con los Estados Unidos? —preguntó con curiosidad, pero había un sarcasmo evidente detrás de su interés.

Para nadie era un secreto que Venezuela y Estados Unidos tenían una relación bastante tensa. Entre la narcodictadura que gobernaba el país y la presión constante de los Estados Unidos y la ONU por un cambio de régimen, la nación caribeña no se llevaba bien con casi nadie. Ante la pregunta de Ras, el representante canadiense se encogió de hombros.

—Quién sabe —dijo con indiferencia, buscando salir del tema. El representante haitiano se aclaró la garganta.

—¿Podemos volver al asunto que nos concierne hoy, por favor? —preguntó con un tono un poco exigente. Ras lo notó y supo que el más conflictivo sería él—. Señor, usted y su… gente nos han prometido seguridad de personas con habilidades especiales. Sin embargo, estos… Oscuros no solo roban y saquean nuestros países a sus anchas, también han matado a cientos de los nuestros. Lo cual hace que nos preguntemos, que al menos el presidente de Haití se pregunte, si acaso se han dormido en sus laureles.

El representante haitiano era como una víbora venenosa que analizaba a su presa antes de atacar, pero también la tentaba para acercarse. Su forma de hablar era directa, claro, pero también se notaba que escogía sus palabras con cuidado. Ras tenía muy en claro que, si el hombre estuviera frente al representante de Colombia, por ejemplo, su actitud sería mucho más altanera, pues el gobierno colombiano difícilmente podría mandarlo a matar a su casa sin causar un incidente internacional, pero frente a Ras tenía mucho más cuidado porque sabía que los Iluminados sí podían hacerlo y su presidente no tomaría represalias en contra de la Orden.

—Debo admitir que eso es cierto —habló el representante francés. Su tono era neutro—. Últimamente, los casos de civiles asesinados por usuarios han ido en aumento y pareciera que la Orden no hace nada para solucionar la situación.

—Solo el mes pasado, registramos más de ciento diez homicidios cometidos por usuarios. Es verdaderamente preocupante —habló el representante de Alemania, el país natal de Ras.

El líder de los Iluminados se aclaró la garganta antes de hablar.

—Entiendo bien sus preocupaciones, caballeros —comenzó a decir mientras solicitaba a uno de sus escoltas un vaso de agua. La reunión apuntaba a ser larga—. Sin embargo, deben entender que, a pesar de todas nuestras habilidades, no podemos estar en todos lados. No somos dioses —continuó para luego beber un sorbo de agua—. Hacemos lo que podemos para investigar cada caso, pero la verdad es que nosotros también desconocemos la razón de por qué los Oscuros han estado más activos ahora.

—Si me permite —el representante francés pidió la palabra—. Esto parece una operación organizada. Muchos de los cuerpos parecen haber sido manipulados para despojarlos de su identidad, deshumanizados y, por supuesto, eliminar cualquier evidencia —el representante alemán asintió.

—He visto los informes de los casos y son escalofriantes. No habíamos visto algo así desde la Segunda Guerra Mundial —la sola mención de aquel conflicto hizo que el vello en la nuca de Ras se erizara.

—De nuevo, entiendo sus preocupaciones, pero les repito: la Orden está trabajando para averiguar quién está detrás de todo esto. Solo les pedimos un poco más de tiempo —el haitiano se rio en su sitio.

—“Tiempo”. Claro. Mientras ustedes se toman su “tiempo” para investigar, nuestra gente es la que sufre y muere por su culpa —soltó el hombre. El francés entrecerró los ojos.

—Honestamente, ¿ustedes pueden decir con total certeza qué asesinatos son obra de usuarios? Digo, Haití es uno de los países más inseguros del mundo. Muchos de sus crímenes, los cuales son bastante atroces, quedan totalmente impunes por “fallas administrativas”. Entonces, ¿cómo saben qué asesinatos son cometidos por usuarios si ni siquiera pueden mantener a raya a sus propios criminales? —el haitiano sintió su ojo contraerse en un tic nervioso.

Un silencio sepulcral inundó la habitación al escuchar esas palabras. El francés no solo le había cerrado la boca al haitiano, sino que además se burló de la situación de su país y, de paso, insinuó que el gobierno haitiano era incompetente. Poniendo en duda la integridad de sus palabras, haciéndolo quedar mal frente a Ras y sugiriendo, muy sutilmente, que el representante de Haití era un idiota por hacer esas exigencias ante el líder de los Iluminados.

No fue accidental, por supuesto, pues el francés tenía motivos ocultos. Para nadie era un secreto que la Orden de la Luz era bastante poderosa e influyente en el mundo. Un solo Iluminado tenía la fuerza para derrotar batallones completos y la Orden albergaba a millones de ellos en su ciudad principal, la cual estaba escondida en el Himalaya. Sin contar, claro, a los otros millones que estaban repartidos por todo el mundo en misiones. Por lo tanto, a ningún país le convenía tener a los Iluminados como enemigos, así que siempre buscaban mantener una relación amistosa con ellos.

Ras contuvo un suspiro. Este tipo de discusiones era algo a lo que estaba más acostumbrado de lo que le gustaría.

—Siendo completamente transparente con ustedes, nos ha tomado por sorpresa la repentina organización de los Oscuros. Antes no actuaban de forma tan coordinada, pero últimamente hemos visto grupos grandes trabajar en sincronía. Pareciera como si alguien los hubiese unificado bajo un mismo mando —esto preocupó mucho a los representantes.

La reunión continuó sin mayores complicaciones y no terminó hasta bien entrada la tarde. Salieron de ahí sintiéndose cansados, hambrientos y preocupados. Desde luego, Ras era quien peor la estaba pasando. Sabía bien que esos representantes irían directamente con los líderes de cada uno de sus países y que estos podrían tomar acciones drásticas que podrían tensar las relaciones de la Orden con ellos. Sin embargo, Ras no podía hacer nada al respecto.

Se levantó con un suspiro, luego de cinco minutos en completo silencio, y salió de la habitación en compañía de sus escoltas. A diferencia de lo sucedido en la mañana, ahora todos estaban un poco más animados. Cada vez que alguna de las Estrellas asistía a una reunión de este estilo, no solían quedarse lejos más de dos o tres días como mucho, esto para evitar llamar la atención y dejar la ciudad desprotegida. Por lo tanto, ahora que la reunión había terminado, regresarían al Himalaya a primera hora del día siguiente.

—Disculpe, señor —Ras volteó a ver a la joven mujer que era parte de su escolta.

De cuerpo esbelto y atlético, con una altura de 167 centímetros. Joven y atractiva, cabello ligeramente corto, sujeto en un moño detrás de su cabeza. Su piel era blanca y suave. Por su forma de hablar y apariencia, Ras la identificó como una joven europea, tal vez de descendencia francesa. En su dedo anular izquierdo, había una sortija de matrimonio y la joven vestía un traje y corbata muy elegantes que resaltaban su esbelta figura.

Al notar la mirada de Ras sobre ella, la mujer continuó hablando.

—¿Le importa si me separo de ustedes un rato? —la pregunta era algo tímida, pero la voz de la joven era dulce y amable.

—¿Ocurre algo?

—Oh, no. No es nada —se apresuró a decir la chica—. Lo que sucede es que le prometí a mi esposa que le llevaría algunos recuerdos de Ginebra —el hombre mayor frunció el ceño con sospecha.

—Sí, claro, solo quieres ir a pasear —increpó el tercer escolta.

—Este no es un viaje de placer, niña —el mayor de los escoltas la reprendió.

—No hay problema —las palabras de Ras hicieron que todos se volvieran a verlo—. Sabes dónde está el hotel. No te demores demasiado —los ojos de la joven se iluminaron al escuchar las palabras de Ras.

—¡Muchas gracias!

La joven se separó del grupo, el cual regresó al hotel para almorzar. Eran las seis de la tarde, hora local, cuando la joven finalmente regresó al hotel cargada con varias bolsas llenas de cosas, entre ellas ropa, zapatos, joyería, recuerdos locales, varios juguetes infantiles y un surtido completo de bombones de chocolate, diez cajas para ser exactos.

Al llegar al hotel, el tercer escolta no pudo evitar silbar al verla.

—Diablos, chica —dijo mientras la ayudaba con algunas cosas—. ¿Querías traerte toda la tienda o qué? —la joven rio.

—Sí, bueno. Quise consentirme un poco. Además, no todo es para mí —el hombre levantó una ceja—. Lo digo en serio, ¿o qué? ¿Crees que juego con trencitos y animales de felpa? —el hombre se encogió de hombros.

—Cada quien tiene sus mañas —el tipo se estaba riendo, a lo que la mujer rodó los ojos.

—Mira, mi esposa está embarazada, esperamos a un niño y no veo nada de malo sorprenderla con algunos regalos —el escolta sonrió.

—Ya, vale —se detuvieron frente a la habitación de la mujer—. Por cierto, pagaste esto con tu sueldo, ¿verdad? —la joven mantuvo su silencio y una sonrisa nerviosa—. Como el viejo se entere de que usaste la tarjeta de la Orden para esto…

—Y por eso tú no le dirás nada —la mujer le ofreció una caja llena de deliciosos bombones de chocolate.

—¿Decirle qué?

Con descaro y complicidad, el escolta aceptó el soborno y se fue a su propia habitación a descansar. La joven, por su lado, entró a su propio dormitorio y descargó todas sus compras en un rincón. Puso los bombones en el mini refrigerador que había en el cuarto y procedió a quitarse su traje para darse un baño. Estaba por entrar a la ducha cuando de pronto escuchó algo: una notificación en su teléfono.

Levantó el dispositivo pensando que sería su esposa llamándola, pero en cambio se encontró con un mensaje de texto sencillo. Lo único que este mensaje contenía era un enlace directo al Foro. La mujer se puso muy nerviosa. Solo había una razón para que ella recibiera ese texto: un anuncio de emergencia de la Orden a todos sus miembros. Lo que significaba que, si ella lo recibió, todos los Iluminados con un teléfono celular también.

Sin pensarlo, abrió el enlace y revisó el anuncio. Su sangre se congeló al leerlo.

«Comunicado Oficial de Carácter Inmediato»

«Dirigido a todos los Iluminados, integrantes de la Orden de la Luz, en cualquier lugar del mundo:

Se informa que el miembro del Consejo de las 5 Estrellas, Iván Sara Horowitz Landau, ha sido formalmente declarado traidor a la Orden de la Luz. En consecuencia, y con efecto inmediato, queda destituido de su cargo como Estrella del Aire.

Su último paradero confirmado corresponde a la ciudad de Hong Kong, República Popular China.

Se instruye a todos los Iluminados presentes en dicha ciudad, así como a aquellos dispersos en otras regiones, que en caso de avistar al mencionado individuo no procedan a confrontarlo. El sujeto debe ser considerado armado y altamente peligroso.»

«Nivel de Amenaza: Estrella.»

Nada más terminar de leer este mensaje, se escuchó un pequeño estruendo en la habitación contigua a la suya, la habitación de Ras. La joven se vistió con lo primero que encontró, una camisa sin mangas y unos shorts, y salió corriendo del cuarto. El resto de los escoltas estaba ahí y, por sus caras, estaba claro que también habían leído el mensaje. Se miraron antes de ingresar al cuarto con cautela, solo para ser recibidos con la vista de una habitación que fue azotada por múltiples relámpagos al mismo tiempo y un televisor cuya pantalla tenía un agujero, como si alguien le hubiera dado un puñetazo furioso.

En medio de la habitación estaba Ras, quien sostenía lo que quedaba de su teléfono. También había leído el mensaje.

El día de Tobías Rogers no podría haber sido más agitado. Primero, tuvo que pasar toda la mañana frente a su computadora y con el teléfono pegado al oído, coordinando a todos los guardias que tenía disponibles bajo su cargo con el propósito de reforzar las defensas de la Orden en caso de algún ataque sorpresa. Ahora que Iván se había marchado, el riesgo de un ataque era algo bastante real.

De hecho, Tobías había escuchado de su propio padre que estaba pensando en la posibilidad de ordenar a los Cometas volver a la ciudad para protegerla. La idea de ordenarles a Maxwell, Evelyn y Amelia no volver también estaba en el aire. Si Bruno todavía no daba la orden, es porque Amelia ya estaba en camino, por lo que quería esperar y ver si los otros dos regresaban. En caso de no tener noticias de ellos en una semana, les ordenaría permanecer en su lugar y no volver.

Desde luego, al hombre no le hacía ninguna gracia tener a su hija, su princesa guerrera, lejos de casa por tanto tiempo. Ya muchas angustias se habían llevado él y su esposa, Estefany, por la ausencia de su hija. La casa se sentía extrañamente vacía sin ella.

Apartando esos pensamientos de su mente, Tobías continuó con su día. Pasó la mayor parte de la tarde en su oficina, revisando un mapa de los territorios de la Orden y sus fronteras dentro de la zona del Himalaya. Ordenó a varios de sus hombres vigilar los pasos fronterizos y reforzó la seguridad en los pueblos cercanos a la ciudad principal. Además, se aseguró de enviar patrullas regulares a las ruinas de Bái lǎohǔ, el pueblo natal de Amelia. No había nada que cuidar en esa zona, solo eran ruinas. De hecho, ya habían cerrado el túnel que conectaba el pueblo con la ciudad.

La razón de enviar patrullas a la zona era, precisamente, esa soledad. Si alguien quisiera atacarlos, iría por la zona más deshabitada y menos vigilada para pasar desapercibido.

Mientras revisaba el mapa y sus notas por tercera vez esa tarde, alguien tocó a su puerta. Tobías se volteó, agradecido por poder sacar su mente del trabajo por un rato.

—Adelante.

—Con permiso, jefe Rogers —uno de los guardias entró e hizo un saludo para Tobías.

—¿Sucedió algo? —el guardia se aclaró la garganta.

—La elemental de aire aterrizará en una hora, señor. Los pilotos llamaron y solicitaron su presencia —Tobías suspiró, algo más en su lista de tareas.

—De acuerdo, voy para allá.

Tomó su abrigo y salió de su oficina mientras se lo colocaba en el cuerpo. Al salir del edificio donde estaba trabajando, el guardia caminó hacia uno de los transportes que solían usarse para trasladar a los guardias de un lado a otro por la Orden. Sin embargo, Tobías fue a otro lado.

—¿No vendrá en el transporte? —preguntó confundido. Tobías sonrió.

—Ustedes quédense con su transporte, yo iré en esta belleza —sacó las llaves de su auto y tocó el botón.

Al instante, las luces de un poderoso Mustang Shelby GT500 rojo del año 2019 se iluminaron y las puertas se desbloquearon. El automóvil era precioso, robusto, con un poderoso V8 modificado para darle aún más potencia y ruedas especiales para conducirlo en la nieve. Subió al vehículo y lo encendió, generando un poderoso rugido que maravilló los oídos de todo aquel que pasaba cerca. Estefany decía que el auto era un lujo innecesario, pero Tobías era la representación perfecta del dicho “Los hombres son criaturas simples”. No hacían falta muchas cosas para hacerlo feliz y su auto era una de ellas.

El soldado no tuvo otra opción más que seguir a Tobías en el transporte a medida que avanzaban por las calles de la ciudad. Les llevó media hora salir de ahí y otros veinte minutos de camino cuesta arriba para llegar a la pista de aterrizaje.

Estacionaron los vehículos y Tobías sacó su encendedor. El viento era bastante fuerte ese día y podía sentir cómo sus huesos se congelaban. Tuvo que crear una bola de fuego para poder calentarse apropiadamente. Se acercó al encargado del lugar: el supervisor de los controladores de tránsito aéreo. El hombre se encontraba dentro de un pequeño edificio, que a su vez estaba dentro de una enorme caverna artificial, la cual había sido creada por usuarios del elemento tierra. En cuanto al pequeño edificio, este era en realidad el centro de control aéreo. Como la Orden no podía tener una torre de control porque sería vista por cualquiera a kilómetros de distancia, optaron por crear una cabina dentro de la caverna, donde también guardaban los aviones usados para transportar a sus miembros.

Naturalmente, tampoco contaban con un radar o ayudas electrónicas para los pilotos, esto debido a que las señales serían captadas por cualquier avión comercial que vuele por la cordillera del Himalaya. Lo único que podían hacer para ayudar en los aterrizajes era dar la ubicación geográfica exacta de la pista, iluminar la zona con luces muy potentes y crear un túnel de viento con usuarios del elemento aire para que los pilotos pudieran aterrizar sin problemas. No era sencillo aterrizar en ese lugar. Solo los pilotos mejor entrenados podían lograr dicha hazaña.

—Buenas tardes, jefe Rogers —saludó el supervisor cuando Tobías entró—. ¿Chocolate caliente?

—Gracias —Tobías entró a la enorme caverna artificial y aceptó la taza—. ¿Cuál es el estado del vuelo? —preguntó mientras tomaba un sorbo.

—La última comunicación fue hace media hora, estamos esperando la última llamada para abrir el camino —el supervisor le pasó unos cascos para que Tobías pudiera oír la comunicación.

No tardaron mucho en oír lo que estaban esperando.

—Control, aquí Tornado de Fuego. Llegando a las coordenadas de pista. Abran el túnel de viento, por favor —habló el comandante del avión.

—Recibido, Tornado de Fuego, abriendo túnel de viento —respondió el controlador.

—Solicitamos servicios de asistencia en tierra. Tenemos tres pasajeros con fracturas a bordo —al escuchar esto, Tobías empezó a preocuparse.

—Entendido, servicios de rescate informados y preparados para su llegada, Tornado de Fuego. ¿Me informa el tiempo estimado para su aterrizaje?

—Aproximadamente diez minutos.

—Entendido, procedan.

Tobías se quitó los cascos y esperó. Para abrir el túnel de viento se necesitaba a varios usuarios de este elemento, más de doscientos para ser exactos. Los cuales se ubicaban en las cumbres de las montañas cercanas a la pista y, usando sus poderes, creaban una zona de calma en el viento. Un túnel por el cual el avión podía pasar sin temor a ser golpeado por una ráfaga inesperada. Por supuesto, esto era algo extremo y difícil de mantener. Es por eso que los usuarios de este equipo, en vez de mantener el túnel abierto hasta que el avión tocara tierra, iban cerrando el túnel conforme el avión avanzaba. Lo que les permitía ahorrar energía.

¿Por qué era necesario el túnel de viento? Simple, por los inclementes vientos de la cordillera del Himalaya. Ningún avión comercial se atrevía a volar bajo por esa zona por el riesgo que implica ser golpeado por una de estas ráfagas. Sería una muerte segura. De ahí que fuera tan importante.

Los diez minutos pasaron más rápido de lo que muchos esperaban y pronto se escuchó el rugido de los potentes motores del avión, seguido del inconfundible sonido de las ruedas tocando la pista.

Al salir de la caverna, Tobías vio al imponente avión dar un giro para regresar y poder entrar a la caverna que funcionaba como hangar. Fueron otros veinte minutos de espera hasta que finalmente el sonido de los motores cesó. El avión estaba apagado. Las puertas se abrieron con un ruido metálico y la líder del equipo de extracción apareció en el umbral de la puerta. Una gran escalera se conectó a la puerta y Tatiana empezó a descender junto a Gregor, Brandon, Robert y Cecilia.

Al llegar al final, Tatiana se volvió hacia Tobías.

—Buenas tardes, señor Rogers —saludó la mujer con una sonrisa y un apretón de manos.

—Señora Bertineli —Tobías correspondió el gesto y estrechó su mano con la de la mujer—. Espero que el viaje haya sido placentero.

—Hemos tenido mejores —habló Robert desde el costado.

—Fue un viaje interesante, eso es seguro —agregó Brandon para luego tomar una gran bocanada de aire y dejar que el viento helado se alojara en sus pulmones—. Es bueno volver a casa —Tobías optó por cambiar el tema.

—¿En dónde está Amelia?

—Ella necesita atención médica —anunció Tatiana. Sus palabras dejaron confundido al hombre—. Ella y la elemental de fuego pelearon contra Cerbero. Está bien, pero tiene quemaduras en todo su cuerpo. Además de una pierna rota.

—Entiendo —Tobías se volteó hacia el supervisor del lugar.

—¿Qué están esperando? Suban al avión y saquen a la chica —ordenó el supervisor a los paramédicos.

Tres hombres subieron las escaleras con una camilla, dispuestos a sacar a Amelia de la aeronave. Por su lado, Gregor comenzó a alejarse del grupo.

—¿Te vas tan pronto? —preguntó Robert con cierto tono burlón.

—Claire está esperándome en casa —anunció Gregor—. Tengo que ir a verla.

Gregor no dijo nada más y comenzó a caminar en dirección al despacho para recoger las llaves de su camioneta y regresar a la ciudad lo antes posible. Su misión ya había terminado y no tenía razones para quedarse más tiempo del necesario junto a su equipo cuando podría estar en su hogar, abrazando a su esposa embarazada y a sus hijos. Tatiana suspiró al verlo irse. Se compadecía de Amelia y desde luego que odiaba cómo Gregor la trataba, pero no podía hacer nada, no le correspondía meterse en el asunto. Además, ella sabía que Claire, la esposa de Gregor, estaba muy cerca de dar a luz al tercer hijo del matrimonio. Por lo que no detuvo al hombre de irse.

Tobías pensaba lo mismo, pero dejó esos pensamientos a un lado cuando sintió una conexión especialmente intensa descender del avión. Al levantar la mirada, se encontró con alguien a quien no creyó volver a ver en toda su vida.

—No es cierto —dijo mientras se acercaba a las escaleras.

El hombre estaba más viejo y no era tan atlético como antaño, pero el parecido era innegable.

—Matthew, ¿eres tú? —el señor Simons frunció el ceño.

—¿Lo conozco? —preguntó confundido. Todavía sentía su cuerpo pesado y tenía heridas que necesitaban atención médica, pero en general estaba bien.

—¡Soy Tobías, pedazo de idiota! —Matthew ladeó la cabeza y finalmente el recuerdo vino a él.

—¿Tobías? ¿Cómo Tobías Rogers? ¡¿Ese Tobías?! —el hijo de Bruno asintió con la cabeza—. ¡No puedo creerlo! —Matthew no se lo pensó dos veces para estrecharle la mano y luego abrazarlo.

Tobías y Matthew eran amigos y rivales. Crecieron juntos y ambos eran considerados los prodigios más grandes de su generación. Ambos nacieron con talento, pero mientras que Matthew pulió su poder a base de disciplina y constancia, Tobías prefirió un enfoque más relajado y tranquilo. Sin embargo, los dos eran realmente fuertes y todos creían que ambos serían parte de los Cometas algún día. Claro, hasta que Matthew fue expulsado y Tobías decidió trabajar dentro de la Orden para no alejarse de su familia.

Amy, por supuesto, no entendía nada de lo que estaba pasando, pero tampoco protestó. No cuando tenía dos costillas rotas. Por otro lado, Tobías volteó a ver y se encontró con Laura. Nada más verla, sonrió y también le dio un fuerte abrazo a la mujer. Normalmente, incluso tratándose de un viejo amigo, Tobías los hubiera expulsado, pero Bruno ya le había informado de toda la situación y él mismo había leído los informes de Amelia, así que entendía perfectamente qué hacía su viejo amigo en ese lugar.

—Maldita sea. Cuando escuché que estaban con Amelia, no podía creerlo —dijo entre risas.

—Sí, bueno. Digamos que nuestra hija sabe meterse en problemas —Tobías volteó a ver a Amy. Lo primero que pensó es que era una joven muy bonita y con un estilo particular.

—Amy, él es Tobías Rogers, hijo de la Estrella de Fuego —Amy por poco se va de espaldas al escuchar las palabras de su madre.

—Tranquila, Laura, vas a intimidarla —Tobías rio y le extendió la mano—. Un gusto conocerte, Amy.

—Igualmente —la joven correspondió al apretón.

—Bien, ahora, ¿en dónde está la protagonista de esta misión? —Tobías volteó hacia arriba y pudo ver a Amelia bajando en una camilla con la pierna izquierda entablillada—. Mierda, ¿qué le pasó? —Matthew suspiró.

—Se enfrentó a Cerbero, ella y la elemental de fuego —volvió a informar Robert—. Consiguieron derrotarlo, pero el imbécil logró romperle la pierna a la chica —Tobías no pudo evitar silbar al verla.

—Encontraste a la elemental de fuego, te aliaste con la Lanza Relámpago, ayudaste a desenmascarar a una Estrella Caída y derrotaste a Cerbero. Nada mal para tu primera misión en solitario, niña —Amelia sonrió al ver a Tobías. Era bueno ver un rostro familiar al llegar a casa.

—Hola, Tobías —el tono de Amelia se oía cansado y apagado.

—Bienvenida a casa, Amelia —Jessica y Jordan no tardaron en unirse al grupo—. A ustedes también les doy la bienvenida, chicos.

—Gracias por recibirnos, señor —Jordan saludó con educación. Sin embargo, Jessica parecía algo nerviosa.

Esto no pasó desapercibido para Tobías, pero antes de que pudiera preguntarle si estaba bien, vio una imagen que le congeló la sangre. Rápidamente, colocó a Jessica y Jordan detrás de él y se puso en medio de ellos y las escaleras del avión. Jessica supo que la situación era seria cuando sintió la conexión del hombre intensificarse y sus ojos, antes marrones, ahora brillaban en un rojo intenso. Tobías había liberado su conexión y era mucho más fuerte que Matthew.

Todos los presentes en el lugar sintieron esto y, al voltear a las escaleras, se prepararon para ayudar en la pelea. Nadie quería siquiera pensarlo, no sabían la razón, pero ahí estaban. Arriba en las escaleras, en la puerta del avión estaban Lucía y Martha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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