Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sangre de dragón: la última de los dragones blancos - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Sangre de dragón: la última de los dragones blancos
  3. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 Zabina.

La tarde cae y el cielo parece una pintura antigua, teñido de naranja y un púrpura profundo.

Saber que él conoce mi secreto me da una extraña tranquilidad… y al mismo tiempo me aterra.

Porque ahora ya no hay mentiras entre nosotros.

Solo hay peligro.

Durante todo el camino Abisaí me lleva de la mano.

Cada vez que alguien nos ve, se inclina con respeto.

No sabía que un futuro emperador pudiera pasearse de esta manera tan abierta con una simple…

“concubina”.

El título todavía me molesta, me quema en la lengua cada vez que lo pienso.

No hablamos.

El silencio entre nosotros es denso, eléctrico.

Cada paso hace que mi piel sea dolorosamente consciente de la suya: el calor de su palma, la fuerza de sus dedos, la forma en que su pulgar roza de vez en cuando el dorso de mi mano como si ya estuviera imaginando otras caricias.

Llegamos a un patio interior rodeado de altos muros de piedra negra.

El lugar está lleno de flores blancas y plateadas que desprenden un aroma dulce y embriagador.

Nos adentramos entre ellas.

Al final del sendero empedrado hay un invernadero de cristal y hierro forjado.

Entramos.

Es alucinante.

Otro mundo.

La sonrisa se me escapa sola ante tanta belleza.

—¿Te gusta?

—pregunta Abisaí, observándome.

Asiento, todavía admirando las plantas exóticas que brillan bajo la luz dorada del atardecer.

—Este era el lugar preferido de mi madre —dice en voz baja, con una sonrisa suave que le veo por primera vez.

Lo miro de reojo.

Está contemplando las flores como si recordara algo bonito y doloroso al mismo tiempo.

—¿Cómo será?

—pregunto al fin, rompiendo el silencio.

—¿Qué cosa?

—Esto… —hago un gesto vago con la mano libre—.

No me tendrás encerrada en tus aposentos todo el tiempo, ¿verdad?

Una sonrisa arrogante y peligrosamente seductora curva sus labios.

—Entonces te quedas.

Lo miro con incredulidad.

—¿Me dejarás irme?

Se gira hacia mí, todavía sujetando mi mano.

Su pulgar acaricia el dorso de la mía enviando cosquillas traicioneras por mi vientre.

—No —responde sin dudar—.

No te dejaré ir.

Hago una mueca y retomo la marcha, aunque él no suelta mi mano.

—¿Viviré en un harén junto a todas tus concubinas?

—pregunto con sarcasmo.

Abisaí suelta una risa grave que me recorre la espalda como una caricia.

—No.

Por ahora te quiero solo en mis aposentos —se acerca un paso más, hasta que su pecho casi roza mi espalda—.

Donde pueda tenerte para mí solo… cuando quiera.

Donde pueda desnudarte despacio, y recordarte exactamente a quién perteneces.

Siento cómo se me calientan las mejillas.

El tono posesivo de su voz me hace apretar los muslos sin darme cuenta y no tengo palabras para ripostarle.

—No sabía que salvar la vida del futuro emperador daba tales… privilegios —suelto, intentando sonar sarcástica, pero mi voz sale más temblorosa de lo que pretendía.

Él sonríe con esa arrogancia que me fascina y me enfurece al mismo tiempo.

—Mañana viene un sacerdote amigo de mi madre.

Hablaremos con él a puertas cerradas.

—¿Sobre qué?

—Sobre los dragones blancos.

Mi corazón da un vuelco violento.

—No te preocupes —añade rápidamente—.

Confío en él.

—Pero yo no —respondo de inmediato.

Abisaí se detiene y me obliga a mirarlo sujetándome suavemente por la barbilla.

Su pulgar roza mi labio inferior.

—Entonces confía en mí.

Y si yo confío en él, eso debe bastarte.

Frunzo el ceño, a punto de protestar, cuando una voz nos interrumpe desde atrás.

—Sobrino.

Ese olor.

Ese maldito olor me golpea como un puñetazo.

Retrocedo un paso instintivamente.

Abisaí se tensa, pero su voz sale fría y controlada.

—Thymá.

El hombre se acerca con paso tranquilo.

Sus ojos se posan primero en Abisaí y luego en mí.

La forma en que me mira hace que la gema en mi pecho quiera brillar.

La reprimo con todas mis fuerzas.

—De pronto pensé que estarías con tu futura emperatriz —dice Thymá con una sonrisa fingida—.

Pero ya veo que tienes… otras preferencias.

La voz es venenosa, cargada de burla mal disimulada.

Abisaí no se inmuta.

Al contrario, me atrae hacia él con un movimiento posesivo, rodeándome la cintura con un brazo.

—Mis preferencias no las oculto —responde—.

Menos ahora que seré el emperador de Anwar.

Por cierto… ¿dónde está Higmer?

—En Padras —contesta Thymá, sin perder la sonrisa.

El aire entre ellos se hace irrespirable.

Ninguno de los dos aparta la mirada.

—Bien —dice Thymá al fin—.

No les molesto más en su paseo.

Hace una reverencia exagerada y se marcha.

Solo cuando sus pasos se alejan consigo volver a respirar con normalidad.

Abisaí me mira y nota la tensión en mis hombros.

Su mano sube por mi espalda en una caricia tranquilizadora.

—¿Todo bien?

—pregunta.

Asiento, aunque ambos sabemos que miento.

Me acerca más a su cuerpo, hasta que mi espalda queda pegada a su pecho.

Baja la cabeza y roza con los labios la curva sensible de mi cuello, enviando un escalofrío caliente por todo mi cuerpo.

—Nadie va a tocarte —murmura contra mi piel—.

Ni Thymá, ni la futura emperatriz, ni nadie en este reino.

Eres mía, Zabina.

Y yo protejo lo que es mío.

Cierro los ojos y me permito, solo por un segundo, apoyarme contra él.

Porque aunque todo me grite que huya, mi cuerpo y mi corazón parecen haber decidido quedarse exactamente donde están.

Me vuelvo hacia él y lo beso.

Estoy perdida.

Este deseo que Abisaí me provoca es crudo y nuevo y no sé cómo reprimirlo y lo peor es que no quiero hacerlo.

Cuando nos separamos su frente cae sobre la mía.

—Esta noche —murmura— voy a hacerte mía.

Voy a besarte hasta que olvides tu propio nombre.

Voy a tocarte hasta que tiembles y me supliques que no pare.

Y cuando estés lista… voy a hundirme en ti tan despacio que vas a sentir cada centímetro de lo que me perteneces.

Tiemblo visiblemente.

Él lo siente y su sonrisa se hace amplia y satisfecha.

—No tengas miedo —susurra, rozando mi boca con la suya otra vez—.

Te voy a cuidar.

Te voy a hacer sentir tan bien que mañana no querrás salir de mi cama.

—¿Un dragón negro y uno blanco?

—susurro, intentando resistirme aunque mi cuerpo ya quiere que llegue la noche—.

Es imposible.

—Un hombre y una mujer —Sus ojos sostienen los míos con intensidad—.

Eso sí es posible.

Y esta noche vas a comprobarlo.

—Apenas nos conocemos…

si se enteran que su concubina tiene una gema en el pecho.

—Nadie tiene que saberlo.

Y si se enteran de que eres un dragona blanca, que se enteren.

Anwar puede ser tu hogar.

—¿Tanto quieres que me quede?

—Creo que he sido bastante obvio.

Te quedas conmigo.

—Príncipe.

Nos separamos de golpe.

Levin está en la entrada del invernadero con una reverencia y una expresión que no augura nada bueno.

—Han intentado asesinar a la futura emperatriz.

Abisaí se tensa a mi lado.

—¿Cómo?

—Tu padre manda por ti.

Es urgente.

Abisaí se vuelve hacia mí.

En su cara hay una decisión que ya tomó antes de que yo pueda decir nada.

—Vamos, te dejo en mis aposentos.

—Quiero quedarme un poco más —pido.

—No.

No quiero dejarte sola.

—Por favor —insisto.

Me estudia un momento.

—Quédate aquí —dice al fin—.

Enviaré a Stema por ti.

No te muevas de este lugar.

Asiento.

Lo veo irse con Levin y el invernadero se queda en silencio.

Me adentro entre las plantas, rozando las flores blancas con las yemas de los dedos, dejando que el aroma dulce me calme los nervios.

Por un momento casi me olvido de dónde estoy.

Entonces ese olor me golpea.

Denso, oscuro, familiar de una manera que me retuerce las entrañas.

Me volteo.

Thymá está en el camino empedrado, con las manos detrás de la espalda.

—Mi sobrino te dejó sola —dice.

Sus ojos suben lentamente hasta la tiara en mi cabeza.

Doy un paso hacia atrás.

No quiero parecer débil.

Él no tiene forma de saber lo que soy.

No puede saberlo.

—Estoy esperando a la señora Stema —respondo, manteniendo la voz firme.

Da un paso hacia mí.

Olfatea el aire.

—Ya entiendo por qué mi sobrino te prefiere —su voz baja un tono—.

Qué olor tan…

particular.

El estómago se me revuelve.

—¿Me pareces conocida?

—Da otro paso.

Sus ojos me recorren con una calma que es peor que cualquier amenaza directa—.

Me pregunto si Abisaí no estará escondiendo algo.

—No sé a qué se refiere.

Todos mis instintos me gritan que corra.

La gema en mi pecho pulsa con fuerza y la reprimo con todo lo que tengo.

—Señorita Zabina.

Stema aparece en la entrada justo a tiempo con su sonrisa habitual.

Hace una reverencia hacia Thymá.

—Señor.

Thymá no se inmuta.

Sonríe apenas y da un paso atrás.

—Nos veremos luego —dice.

Se marcha sin prisa, como alguien que sabe que el tiempo está de su lado.

Espero hasta que sus pasos desaparecen.

Entonces suelto el aire que llevaba aguantando sin darme cuenta.

Stema se acerca y me toca el brazo con suavidad.

—¿Está bien, señorita?

No respondo de inmediato.

Ese olor.

Esa manera de olfatear el aire.

La forma en que me miró como si estuviera calculando algo que ya sabe pero todavía no quiere revelar.

Estoy segura.

Thymá ya sabe lo que soy.

Ese dragón es el mismo de aquella noche.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Náyade Ya es demasiado tarde para huir… Thymá sabe.

Abisaí la reclama.

Y Zabina está sola en territorio enemigo.

Cuando te conviertes en la presa… cada paso puede ser el último.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo