Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sangre de dragón: la última de los dragones blancos - Capítulo 21

  1. Inicio
  2. Sangre de dragón: la última de los dragones blancos
  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

21: Capítulo 21 21: Capítulo 21 Zabina.

Me sumerjo en la bañera caliente hasta que el agua me cubre los hombros.

Cierro los ojos y las últimas palabras de mi padre se repiten en mi cabeza como un mantra interminable.

«Debemos irnos.

Ahora».

«Nunca confíes en un dragón negro».

«Huye, Zabina».

La gema en mi pecho brilla con una luz plateada tenue, como si respondiera a mi agitación.

No sé cómo apagar las voces.

No sé cómo silenciar el miedo que me ha acompañado toda la vida.

Salgo de la bañera con el agua chorreando por mi cuerpo.

Me paro frente al espejo y miro mi reflejo: el cabello mojado pegado a la piel, los ojos llenos de dudas, la gema brillando entre mis pechos como una acusación.

Tomo una decisión.

Hablaré con Higmer.

En la mañana me acerco al eunuco que él amenazó el día anterior.

El hombre mantiene la mirada baja, nervioso.

—Necesito hablar con Higmer —digo en voz baja pero firme—.

Dile que le espero en el jardín exterior a las dos en punto.

El eunuco asiente sin levantar la vista.

—Sí, señora.

Entro a mis aposentos y doy vueltas por el salón con las manos a la espalda y el corazón latiéndome con fuerza.

Stema entra con el desayuno y otra dama de compañía.

Me acerco a ellas con una sonrisa que no siento y nos sentamos a la mesa.

Hablan de telas, de perfumes, de los preparativos para la coronación.

Yo apenas las escucho.

Llego al jardín exterior a la hora acordada.

El lugar está quieto a esta hora.

El eunuco se queda atrás cuando Higmer aparece entre las columnas con ese paso tranquilo y calculado que recuerdo demasiado bien.

Se detiene frente a mí.

Sus ojos me recorren despacio, como si estuviera evaluando cuánto he cambiado.

—Me sorprende que me hayas mandado a llamar —dice indiferente.

—Me sorprende que pensaras que no lo haría —respondo.

Una sonrisa breve cruza su cara.

Se cruza de brazos.

—¿Qué quieres saber?

—Todo.

Empezando por quién es ella.

—Directa.

Me gusta —da un paso hacia mí, bajando la voz—.

Averígualo tú misma.

Pregúntale a él.

—Si te lo pregunto a ti es porque no confío en que él me diga la verdad.

Higmer inclina la cabeza levemente, como si eso le pareciera interesante.

—Bien.

Entonces hazle las preguntas correctas y observa si duda antes de responder.

Los hombres como Abisaí no mienten con las palabras.

Mienten con el silencio.

Aprieto los dientes.

—¿Qué quieres de mí, Higmer?

Porque tú no me dices nada por generosidad.

—No —admite sin inmutarse—.

Pero tampoco te miento.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te habló sin mentirte?

No respondo porque no tengo una respuesta buena.

Él lo nota.

—Llevas toda tu vida escondiéndote, Zabina.

Huyendo.

Fingiendo ser lo que no eres para no llamar la atención de los que te cazarían si supieran lo que eres —hace una pausa—.

Y ahora estás dentro del palacio de los que exterminaron a los tuyos, en la cama del hombre que pronto se casará con otra.

Y tú seguirás con una tiara prestada en la cabeza que no te pertenece y sin poder decirle a nadie tu verdadera identidad sin que te cueste la vida.

—¿Tú que sabes?

—mascullo—.

Tal vez debería decirle a Abisaí que te conozco.

No me harás desconfiar de él.

—Qué tonta eres —gruñe y retrocedo un paso—.

Dile, anda.

Verás como todo se te complica.

Cómo su amigo Vacul exigirá tu gema y cómo él terminará cortándote el cuello con la corte de testigo.

Solo porque se divierte contigo no significa que le importas.

—¿Y tú?

—susurro sin apartarle los ojos.

—Yo te ofrezco la posibilidad —da otro paso hacia mí—.

Cuando estés cansada de vivir así.

Cuando te hartes de ser el secreto del futuro emperador.

Cuando quieras existir sin que nadie te lo impida.

Búscame.

—¿A cambio de qué?

—De nada que no quieras dar.

—Eso no te lo creo.

Sonríe, y esta vez la sonrisa no parece falsa.

—Bien.

No me lo creas.

Pero guarda mi nombre de todas formas —se aparta un paso, dándome espacio—.

Solo te pido una cosa antes de que te vayas.

Lo miro sin responder.

—Pregúntale a Abisaí qué pasó con la última dragona blanca que entró a Anwar hace trece años.

El aire se me va de los pulmones.

—Y cuando te responda —añade en voz baja—, o cuando no te responda, acuérdate de esta conversación.

Se da la vuelta y camina entre las columnas sin prisa, sin mirar atrás.

Me quedo sola en el jardín con el corazón desbocado y las manos frías.

No me ofreció libertad.

Me ofreció algo peor.

Una pregunta que no puedo dejar de hacerme.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Náyade Zabina deja de huir… y empieza a buscar respuestas, aunque eso signifique acercarse al peligro.

Higmer no solo siembra dudas, siembra verdad… o algo mucho peor.

Y esa pregunta final lo destruye todo: ¿qué pasó con la última dragona blanca?

Porque ahora el amor ya no es suficiente… y la verdad puede ser mucho más peligrosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo