Secreto de alumna - Capítulo 10
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10: Capítulo 10 10: Capítulo 10 [las escenas que se detallan en este capítulo están hechas por mayores de edad con consentimiento] Sev’s pov: Su perfume dulce había quedado en mi levita luego de haber estado tan cerca de ella.
Cerraba los ojos y la imaginaba a un paso de mí, a punto de probar su boca y deleitarme con sus besos.
Recordé sus palabras estando en el despacho y mi entrepierna comenzó a doler al repetirlas en mi cabeza.
Ella era perfecta para mí, entonces ¿Por qué tenía que verla tan cerca de ese insulso bueno para nada de Diggory?
Ni siquiera notó que yo estaba allí, sólo le importaba mantener su intrascendente charla con ese niño, pero ¿Qué habría de interesante al escucharlo?
Simplemente era banal y poco profundo.
Me tragué mi veneno en soledad esperando que nuestras miradas se cruzaran, aunque mi esfuerzo fue en vano luego de que el reloj marcara la hora de clase.
En el corredor que daba al jardín la multitud de alumnos de diferentes años salía y entraba de los salones mientras yo ansiaba un encuentro con ella.
Sabía que la vería después de clases, pero si me daba la oportunidad de adelantar nuestro ida y vuelta de miradas, toleraría con gratificación las horas en su ausencia.
La ví apresurada junto a otra alumna y preparé mi voz para interceptarla.
Caminé en su dirección, sin embargo, un cuerpo conocido salió del aula por la puerta de madera.
—Severus, al fin nos cruzamos —fingió alegrarse Remus cuando me chocó.
—Profesor Lupin, créame que no lo planeaba—conjuré con desagrado mientras veía a Seraphine alejarse y entrar en el salón de “Defensa contra las artes oscuras”.
—Vamos, no es necesario seguir con malentendidos pasados ¿No lo crees?
—El hecho de que lleves el honor de dar la materia que yo estuve esperando tener por años no te ayuda, Remus.
Así que no me vengas con palabrerías —acomodé mi capa y me fuí por el pasillo.
Apreté los dientes recordando a ese mediocre y sus amigos creyéndose amos de la escuela y me enfureció aún más.
Me lamentaba no haber hablado con ella, todavía faltaban cinco horas para nuestra clase de tesis y mi día ya había arrancado mal.
Últimamente no podía distraerme con nada, sólo Seraphine me cambiaba el humor.
Y en los momentos en los que no estaba con ella, sucumbía a recordarla e imaginarla arriba mío o de mi escritorio.
<Mierda> Ya lo había hecho otra vez.
Mi entrepierna se endureció y tuve que dirigirme a mi despacho para desahogarme en soledad.
Cerré con rapidez y me senté en la silla del escritorio que enfrentaba la puerta.
Suspiré como un adolecente cuando noté lo duro que estaba debajo de mi pantalón.
Creía que esa tortura no terminaría hasta que decidiera hacerme cargo de la situación: comerle la boca y cogerla de una buena vez.
Pero no podía hacerlo, eso era un delirio.
<Estoy solo y, aún así, no hay silencio.
He pasado mi vida controlando impulsos.
Esto no debería significar un problema para mí, aunque tantear lo duro que estoy por una alumna, tocarme y dejarme disfrutar, contradice con el trabajo arduo que llevo haciendo por años.
Hay pensamientos que no obedecen.
Que simplemente surgen y ahora me veo pensándote.
Como si mi mente no me perteneciera, o fuera ahora más mía que nunca.
No es tu cuerpo lo que me atormenta, Seraphine.
Es la forma en la que desarmaste mis certezas.
Lo que creía absoluto ya no me parece verdadero.
Si estuvieras frente a mí ahora, Blackwood ¿Podría mantener la distancia?
¿Te vería con ojos de profesor o de… cazador?
Te hablo en silencio como si pudieras oírme, como si mi voz pudiera alcanzar tu oído.
Ese al que quiero hablarle de cerca.
Ver cómo doblas tu cuello cuando sientas el calor de mi respiración.
No me mires así.
No me provoques más, Seraphine.
No me obligues a desear lo que no puedo tocar.
Me torturo imaginando que me respondes, que inclinas la cabeza.
Que no retrocedes a mis impulsos de cazador peligroso.
Y odio esa parte de mí que se aferra a la idea de que no huirás.
Crucemos la línea.
Aunque me rehuse a hacerlo.
Porque sé exactamente qué ocurriría si lo hiciera.
No habría vuelta atrás.
No habría control.
Y yo soy el control.
Digo eso y te quiero cerca.
No como una fantasía ni como un error pasajero.
Te quiero real, consciente… eligiendo quedarte conmigo.
Porque si cruzo esa línea, ya no será por impulso, será mi rendición.
No te acerques si no estás dispuesta a sostener lo que despiertas en mí.
Blackwood ¿Acaso entiendes la gravedad del asunto?
Deja de suplicar por mi toque ¿No ves que una vez que empiezo no puedo detenerme?
Tu boca me llama para que entre en ella, para que la recorra con mi lengua y la deje pidiendo más de mí.
Voy a quitarte las ganas de provocarme, al igual que quité tu ropa interior ni bien te subiste a mi escritorio.
Quiero que te abras bien para mí y no quiero escuchar ni un sonido cuando te esté cogiendo.> Mi puerta sonó y abrí los ojos.
Mi corazón desbocado me empezó a doler en el pecho porque ahora estaba tocándome y apretando mi verga como un loco desquiciado.
—¿Profesor?
¿Se encuentra ahí?
—su voz se escuchó del otro lado, dejándome en shock por completo—.
¿Puedo pasar?
Seraphine abrió la puerta y se disculpó cuando me vió en el escritorio, creyendo que yo estaba preparando alguna lección y no lo que de verdad estaba haciendo: tocándome por ella.
—¿Ya es hora de nuestra tesis?
—le pregunté confundido y de la manera que pude, rogando que ella no se acercara y descubriera mi acto depravado.
—Todavía no, profesor.
Estoy en el medio de otra clase, pero me escapé para decirle algo.
—¿Qué está diciendo, Blackwood?
—cuestioné enojado pero sorprendido.
Ella se aproximó a mi escritorio y se apoyó suavemente en él acabando con mi cordura.
—No me rete, por favor— Me estaba perdiendo en sus ojos verdes, me hacía hervir la sangre más de lo que ya hervía.
—Blackwood —llegué a decir entre dientes y apretando mi verga por debajo de mi capa.
—Profesor, la verdad es que no puedo dejar de pensar en usted —me confesó.
—¿Qué?—expresé confundido, aturdido por su impulsiva revelación.
—Ayer… mientras estábamos en la clase… me moría de ganas de que Ud me tocara.
Apreté mi falo por debajo de la tela que me estaba protegiendo, pero ya sentía mis ojos pesados y no quería revelarme.
Esto era una locura.
Ella apoyó sus manos en mi escritorio para sostenerse, espió mi movimiento con disimulo y sonrió de costado cuando se dió cuenta de lo que yo hacía.
—Veo que usted tampoco puede dejar de pensar en mí —Su mirada sensual me dejó sin aliento—.
¿Se está tocando, profesor?
—no pude evitarlo: incliné mi cabeza hacia atrás y gemí de manera liberadora—No se detenga—me rogó, entonces seguí bombeando mi verga y le supliqué con mis ojos cerrados.
—Seraphine, por favor.
—Se ve muy bien tocándose, profesor —Volví a largar otro gemido, ahora estaba perdido en el placer mientras escuchaba evocar cada palabra lasciva que emitía su boca.
Ya no me importó mantener las formalidades porque, a este punto, oí sus pasos rodeando mi escritorio en búsqueda de mi cercanía.
Abrí los ojos para encontrarla parada a mi lado, apoyada sobre la madera y regalándome su media sonrisa.
—¿No me dejará ver?
—Basta… S-Seraphine… —Acabe para mí, profesor.
No pude pensar más, no había manera de salir de la situación en la que me había metido.
Mi respiración se volvió loca como mis ganas de acabar y dejé que mi pene explotara de lujuria sacando todo el semen con el movimiento de mi mano.
—Por Merlín —exclamé sin energía alguna.
Abarrotado por la lujuriosa Seraphine.
—Muy bien—concedió suavemente y cerró mis ojos con sus dedos—.
Ahora descanse, profesor Snape.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!
espero que hayan disfrutado el cap.
Quise agregarle algunos pensamientos a Snape.
Cada vez que me releo pienso en lo mucho que cambió mi escritura con el tiempo.
Gracias por leerme!
las amo
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