Secreto de alumna - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 [los hechos que se narran en este fanfic están realizados por mayores de edad con consentimiento] Seraphine’s pov: Ni bien crucé la puerta para irme de la clase, exhalé todo el aire que tenía en mi pecho.
El profesor Snape cada vez me interesaba un poco más.
Quería confesarle que todo lo que le había dicho la noche anterior era verdad.
Quería saber qué haría conmigo si yo me entregaba a él sin rodeos, pero antes de que eso pudiera ocurrir eligió amenazarme con un castigo.
Sabía que iba a ser todo un desafío lograr que Severus se abriera a mí.
Él era un hombre reservado en cuanto se tratara de sus sentimientos y huía ante mi provocación.
Aunque una parte de él me había dejado entrever que le molestaba mi relación con el chico de Hufflepuff, o por lo menos, lo que había visto entre nosotros.
Algo de eso me daba una cierta esperanza de que Snape quizá sí podría sentir una atracción hacia mí, lo que me hizo sonreír antes de retirarme por el corredor.
—¿Dónde estuviste toda la tarde?—me interceptó Saultie cuando entré a la sala común de Slytherin—Te perdiste el partido.
—Ni me lo digas—bufé aparentando enojo, sin embargo, mi confinamiento con Snape no me había disgustado en lo más mínimo—Debo hacer una tesis de pociones.
—¿Una tesis?—preguntó confundida —¿Pero encima de que eres una nerd te hacen hacer trabajo extra?—la fulminé con la mirada mientras caminábamos hacia nuestra habitación.
—Supongo que elegirán al mejor de cada clase para hacerlo, de todas formas ya estoy cansada de hablar de eso ¿Cómo fue el partido?—dejé mi capa en la silla de mi escritorio y mi amiga se sentó en mi cama.
—Mal, Slytherin perdió 150 a 250—la miré sorprendida, hacía bastante que nuestra casa no quedaba abajo.
—Diggory debe estar regodeándose—Saultie revoleó los ojos.
—¿Sólo te importa ese niño?
¿Qué hay de mí?
Maldita serpiente—me tiró con una almohada.
—¿No me dijiste justamente hoy que debía aventurarme en la cama con él?—me burlé, recordando sus palabras y ella se molestó más, entonces expliqué—.
Claro que me importas, Brigadier—ella me observó con cansancio, una mueca burlona salió de sus labios—.
Siempre pareces tan fuerte que me olvido que tienes sentimientos.
—¡Cállate!
—me gritó y volvió a tirarme con otra almohada—.¿Entonces?
—¿Entonces, qué?
—¿Cómo estuvo la tarde con tu novio?—Me di vuelta y la miré.
—¿Hablas del profesor Snape?
—No, de Lupin.
¡Claro que de Snape, no te hagas la tonta!
—sonreí—.
No puedo creer que todavía te guste ese murciélago.
—Lo sé, es ilógico ¿verdad?
—Claro que es ilógico.
Deberías buscar a alguien de tu edad.
—¿Quién lo dice?—me burlé y ella cerró sus ojos.
—Hazme el favor de que no te echen de la escuela en tu último año.
Las palabras de mi amiga me quedaron resonando en la cabeza cuando me acosté en la cama.
Sabía que interesarme en un profesor no me convenía en absoluto, sabía que estaba jugando con fuego si este interés llegaba a oídos de Dumbledore.
Pero no podía evitar lo que me pasaba con Snape.
Era una atracción silenciosa, como una herida que no sangra pero arde.
No tenía nombre, o quizá tenía demasiados.
Admiración, obsesión, un error esperando suceder.
Cerré los ojos y aun así lo vi: la línea de su perfil, la sombra perpetua que lo colmaba cuando recorría los pasillos, esa forma suya de habitar el mundo como si le pesara existir.
Me pregunté en qué momento había comenzado todo.
Tal vez fue la primera vez que me miró como si yo no fuera una estudiante más, sino una variable peligrosa en una ecuación que prefería no resolver.
No fue un gesto amable.
Fue peor.
Fue frío, calculado y atento.
“Esto no está bien”, me repetí, como si la razón tuviera alguna autoridad sobre el cuerpo.
Como si el corazón entendiera de normas escolares o de jerarquías morales.
Snape no sonreía.
Nunca.
Y aun así, había algo en su silencio que me llamaba con más fuerza que cualquier promesa.
Cuando entraba al aula, el aire se volvía denso, cargado de una expectativa oscura.
Yo no bajaba la mirada, lo sentía.
Siempre lo sentía.
Me odié por ello.
Por esperar su elogio siempre, por desear su aprobación más que los elogios de cualquier otro.
Por tensarme cuando se detenía a mi lado, no por miedo, sino por esa cercanía que no tocaba la piel y aun así quemaba.
“Él es peligro”, pensé.
No en el sentido romántico que narran los libros, más bien en uno más real, más cruel.
El tipo de peligro que no promete salvación, sino ruina compartida.
Y aun así, si me preguntaban qué era lo que sentía, no podía llamarlo arrepentimiento.
Era algo más parecido a la certeza.
A saber que, incluso si nunca ocurría nada, ya había cruzado una frontera invisible dentro de mí.
Me giré en la cama, mirando la oscuridad del dormitorio.
Hogwarts dormía, pero mi mente no.
Porque desear a Snape no era sólo quererlo a él.
Era desear lo prohibido, lo imposible, lo que no debía ser nombrado.
___________ Durante el desayuno me concentré en repasar algunas lecciones antes de la clase de DCAO, ya que ese día habría exámen.
Tomé mi café junto a Luna que me contaba acerca de las ventajas de tener una piedra de Turmalina para la protección, aunque nuestra charla se veía interrumpida por los gritos de la mesa de Hufflepuff en donde festejaban su triunfo del día anterior.
Ví a Cedric que reía con algunos de sus compañeros y cruzamos miradas.
La verdad es que no pretendía llamar su atención, pero igualmente le sonreí desde lejos.
Eso no bastó para que terminara nuestra interacción, así que caminó hacia nuestra mesa.
—Felicidades, Diggory—le dije cuando rodeó la madera y se acercó para pararse a mi lado.
—Veo que aceptas la derrota con altura—se burló dibujando una sonrisa y eso me hizo fruncir el ceño.
—Tampoco te creas invencible, sólo te dejamos ganar esta vez.
—Ahí está la Slytherin que me agrada—conjuró divertido y Luna observó.
—Sera tiene muchas cualidades que no son propiamente de Slytherin—dijo mientras guardaba sus piedras en la mochila—No todas las etiquetas que nos ponen son buenas—agregó.
Cedric asintió con la cabeza sin mucho que agregar ante las sabias palabras de mi amiga y luego se agachó para hablarme más de cerca.
—Creí que irías a verme —me dijo, mirando mi boca así que tuve que pararme y enfrentarme a su provocación.
—Me mandaron a hacer trabajo extra.
—Creí que a los Slytherin no los mandaba nadie.
—Pues, claramente no lo hará un Hufflepuff si a eso te refieres —Cedric sonrió.
—Debo irme, ya empieza mi clase.
—Igual la mía.
—¿Qué tienes?
—Defensa contra las artes oscuras.
—Igual yo—dijo y se lamió el labio y lo mordió rápidamente—Te veré allí entonces.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!!
espero que les haya gustado el cap, le estuve agregando unas cosillas para aquellas que ya lo habían leído.
Los primeros caps son cortitos pero ya se vendrán más largos!!
las amo!
Gracias por leerme
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