Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Secreto de alumna - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Secreto de alumna
  3. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 Seraphine’s pov: —¿Me pasas la 3?—me susurró Cedric desde atrás de mi pupitre.

—Boggart—le respondí cuando Lupin volvió a mirar sus pergaminos.

Logré pasar desapercibida, pero me estremecí al sentir su aliento caliente en mi nuca.

—Gracias, hermosa.

—Basta Diggory, nos van a matar.

—¿Blackwood?

¿Diggory?

¿Algo para compartir con la clase?— La voz del profesor retumbó en el salón.

Negué con mi cabeza y continué escribiendo en silencio—.

Creo que fui claro, no quiero a nadie hablando.

Si escucho algún murmullo más, les quitaré los pergaminos.

Tuve suerte de que Lupin me dejara continuar el examen, aunque mi promedio tampoco se vería afectado por esa situación.

Me había enterado de que Malfoy sería el representante de la tesis de DCAO y agradecí internamente por ganarme el puesto con la compañía de Snape.

Tenía tantas ganas de verlo, lo único que me interesaba era tener mi momento especial con él.

Estar a su lado era mi regalo por haberlo deseado por tantos años y finalmente sentía que los planetas se habían alineado a mi favor.

Al finalizar el exámen, el castaño se disculpó conmigo mientras yo tomaba mis libros para encaminarme a la clase de tesis.

Aunque antes de hacerlo, Lupin me llamó a su despacho.

—Profesor, fue mi culpa —interceptó mi acompañante.

—No estoy hablando con usted, Diggory —constató con seriedad, entonces dejé mis libros en el pupitre para no enfadarlo, me despedí de Cedric rápidamente y subí las escaleras hacia la oficina.

—Cierre por favor, Blackwood —me pidió el mayor.

—Sí, profesor.

La oficina de Lupin olía a jazmín recién cortado, una suerte de frescura invadía el recinto.

Sus ojos celestes y su corporalidad me transmitían paz, aunque debía admitir que ahora la invitación no pretendía ser algo muy amistoso.

—¿Sabe por qué la llamé?

—Exhalé y me quedé parada frente a su escritorio.

Me había metido en problemas otra vez.

—Porque le pasé una respuesta a Cedric —Lupin me observó desde su asiento con una media sonrisa.

No sabía si era sarcástica, pero si había algo que a mi profesor le salía muy bien era generar empatía en los demás.

—Yo ya no soy un jovencito, pero me atrevería a decir que la templanza y la inteligencia nunca pasan de moda ¿O sí?

—lamí mis labios y me uní a su expresión—.

Si debe pasarle las respuestas, no creo que sea un buen partido ¿Verdad?— No pude evitar sonreír.

Lupin siempre tenía una contestación asertiva.

Era un profesor jovial o eso le gustaba aparentar.

Entendí en ese momento que por más que pareciera relajado, a este hombre no se le pasaba nada por alto.

—Es bueno en Quidditch —agregué y lo hice reír.

—Puede retirarse Blackwood y, por favor, cuídese ¿Sí?

—Asentí con la cabeza y me despedí.

Tomé mis libros que habían quedado en el pupitre y me fijé en el reloj del salón que marcaban las 2:10 de la tarde.

Diez minutos tarde para mi clase con Snape.

Me apresuré a salir, pero no medité cruzarme con Cedric en el corredor.

—¿Te castigó?

—me preguntó preocupado y negué—.

Lo siento, hermosa.

No quise meterte en problemas.

—Entonces me debes una, Diggory.

—Tienes razón.

Amagué a caminar, pero antes, el castaño me detuvo y me habló pausado.

—Espera, ¿te vas tan rápido?

—se acercó a mí, me miró la boca y yo imité su voz calma.

—Debo ir con Snape.

Estoy llegando tarde.

—Sólo te tomará un minuto —Agarró mi rostro con una mano y empezó a besarme.

Debo decir que, al principio, me preocupó estar tan expuesta ya que la llegada de cualquier profesor era inminente y estaríamos en problemas si continuábamos con nuestra atrevida acción dentro de la escuela y a plena luz del día.

Además, visualizarme en un futuro cercano en el que el pelinegro me reprimiera por no llegar a horario también era una opción.

Pero los besos dulces de Cedric me hacían flaquear.

Me acorraló contra la pared de ladrillos y tomó mi rostro con una mano para quitarme un par de quejidos bajos.

Todavía sus labios sabían a caramelo caliente.

Su lengua buscó la mía mientras me apoyaba la pelvis e iba comiéndome de a poco.

—Cedric, nos van a matar si nos ven —me alarmé.

—Valdría totalmente la pena —me dijo entre besos y volvió a apretarme.

Espié de reojo por si alguien deambulaba por el pasillo aunque sólo podía escuchar un murmullo lejano que venía del patio.

Esto se estaba saliendo de control.

Me afirmé en su brazo e intenté apartarme, pero él siguió jugando con su lengua dentro de mi boca.

Mordió mi labio y soltó mi rostro una vez que ralentizó su ataque.

Nos vimos a los ojos un par de segundos en los que mi corazón palpitó agitadamente.

—Basta de meterme en problemas, Hufflepuff —dije seria, lo quité del medio y me fui con prisa hacia el salón de pociones.

Quería hacerle caso a Lupin y aceptar que Cedric no era un buen partido para mí.

Desde el momento en el que nos conocimos todo había sido para problemas, entonces me puse a pensar: ¿Acaso las únicas relaciones que me interesaban eran las problemáticas?

Claro, pensar en Diggory encerrándose conmigo en un pequeño desván, tomando alcohol dentro del colegio y hablando durante el examen ni se equiparaba al remolino de problemas que sería si descubrieran mis verdaderas intenciones hacia mi profesor favorito.

Yo era un imán para este tipo de dinámicas, tenía que aceptarlo.

Es que simplemente no podía evitarlo, lo prohibido tenía otro sabor.

Uno que me atraía a un nivel carnal y pasional, uno que me retaba a continuar con mis intrépidos impulsos.

Por algo, estaba empecinada a intimar con Snape.

Ahora mi pecho empeoró su ritmo recordando lo tarde que se me había hecho y llegué corriendo a la entrada de madera caoba.

Golpeé la puerta y escuché su permiso, así que entré rogando que no se enojara conmigo.

—Buenas tardes, profesor.

El aula oscura contrastaba con la que había estado antes.

Una luz fría provenía de la ventana detrás del hombre vestido de negro.

—La estaba esperando Blackwood, llegó tarde —me explicó serio desde su silla.

Caminé en silencio hasta enfrentarlo, no llegaba a distinguir sus ojos todavía, pero sabía que me miraban con enojo.

—Lo sé, lo siento —dije una vez que me acerqué hasta él y me apoyé en su escritorio con una mano.

—Veinte minutos fuera de hora para ser precisos.

Sabe muy bien cómo desprecio la tardanza.

—movió la silla que tenía a su lado y la señaló—.

Tome asiento así decido cómo va a compensarme el tiempo perdido.

Sev’s pov: <Voy a castigarte tanto que te olvidarás hasta de tu nombre.

¿Crees que puedes hacer lo que quieras y pasar desapercibida?

No en mi clase, Blackwood.

No mientras tu figura se pasee provocativa frente a mí sin medir las consecuencias.> —¿Y bien?

—le pregunté más enojado que de costumbre.

Ya había sido tortuoso esperarla por tantas horas y mi cabeza deliraba tratando de confirmar si las imágenes de ella en mi despacho habían sido reales.

Seraphine se sentó en la silla de al lado mío, en donde acordamos tener nuestra lección juntos.

—El profesor Lupin me llamó después de clase —me explicó con voz suave, pero enloquecí aún más.

—¿Lupin?

¿Qué quería ese gaznápiro contigo?

—Apreté mis dientes y me removí un poco en mi silla.

—Nada, hablé durante el examen y me llamó la atención.

—¿Por veinte minutos te llamó la atención?

—Empecé a tutearla a causa de mi enojo.

No entendía nada ¿Por qué el maldito de Lupin me había robado mis maravillosos minutos con Seraphine?

¿Qué demonios había pasado entre ellos?

Creía que estaba enloqueciendo de repente.

Ella abrió apenas su boca, haciendo una pausa antes de contestarme —No quiero mentiras, Seraphine —Me acerqué a su rostro colmado de un sentimiento sanguinario—.

Recuerda que soy un legeremante nato, si mientes me voy a enterar y voy a encargarme de castigarte tanto que no te acordarás ni de tu nombre.

Ella respiró con más fuerza y su pecho se movió.

—No pensaba mentirle, profesor —me dijo suave viéndome a los ojos.

—Bien.

Me complace que estemos en la misma página —Respiré en su rostro—.

¿Con quién hablaste en el examen?

Seguramente con ese niño de Hufflepuff ¿No es así?

—Sí —no tardó en responder.

Me hervía la sangre visualizando en mi cabeza su interacción sensual con otro que no fuera yo.

<¡Ay, Blackwood cómo te haría gritar malditamente sobre mi escritorio!

La única lección que quiero que aprendas es la que une la tierna piel de tus glúteos a la palma de mi mano.> —Va a clasificar todas mis pociones por orden letal y alfabético.

Eso le tomará todo el fin de semana sin usar magia, así que tendrá tiempo para pensar en lo que hizo— Ella me miró en una súplica que me hizo derretir de ternura, aún así, yo debía imponer respeto como acostumbraba.

No podía dejarme vencer por ella.

—Lo siento, profesor, en serio.

Se veía tan hermosa con su rostro confundido, rogándome para que la perdonara.

Esa tarde su perfume estaba deliciosamente dulce y entraba en mi respiración envolviéndome completamente en un campo con flores de vainilla.

—Shh, Blackwood.

No me haga enojar más de lo que estoy.

Me molestaba ser cruel con ella, todo lo que quería era comerle la boca.

¿Cómo sabría?

Seguramente tan exquisita como su perfume.

<¡Qué malditas ganas de abalanzarme sobre ella, sostener su rostro y arrebatarle un beso!> No podía controlar mis pensamientos.

Tanto había luchado para domarlos, que ahora me parecía increíble doblegar todo ese esfuerzo por una mujer.

Hacían ya varios años que mi cabeza no daba tantas vueltas alrededor de alguien.

Creí que había domesticado mis impulsos y los había racionalizado al máximo, pero en esta oportunidad mi pulsión más animal me brotaba de los poros convirtiéndome en una bestia primitiva y sedienta de su toque.

La clase continuó con cierta tensión entre ambos.

Yo le pedí que anotara un par de cosas y ella acató en silencio, casi sin verme.

No quería que nuestro tiempo juntos se transformara en eso, pero no podía controlar mis celos cuando se trataba de lidiar con esos malditos ineptos queriéndose ganar la compañía de Seraphine.

¿Sería posible que el idiota de Lupin sintiera algo por ella?

En este punto ya no pensaba con claridad.

Suponía que mi juicio estaba nublado imaginando que a todos les pasaba lo mismo que a mí.

No era descabellado que yo pensara aquello, después de todo, ella era malditamente cautivadora.

Por un momento recordé nuestro encuentro de aquella mañana ¿Acaso estaba jugando conmigo?

¿Por qué no me daba ningún indicio de que había sido real?

Recordé su ojos verdes observándome mientras yo me masturbaba por debajo de mi capa.

Su delicadeza al apoyarse sobre mi escritorio, su voz como ronroneo acercándose lentamente y sus palabras lascivas rompiendo mi estructura de profesor decente.

Tenía que enfrentarla, sino, temía volverme loco por completo.

—¿No va a explicarme lo que sucedió en mi despacho esta mañana?

—me atreví a verbalizar en un repentino cuestionamiento.

Ella levantó su cabeza pero se mostró confundida.

—Yo no estuve en su despacho por la mañana —aseguró tranquila, sin rastro de esa lujuriosa adolescente que me había hecho acabar de forma tan pornográfica.

<¿Me lo dirá en serio?

No parece mentirme y yo cada vez entiendo menos.>  Su respuesta me revelaba que todo había sido producto de mi imaginación, pero me rehusaba a creerlo ¿Todo lo que había visto habría sido un sueño?

¿Cómo era posible haberlo sentido tan real?

—¿Está segura?

—ella vió mis ojos uno por vez y pude notar una leve sonrisa que se formó en su boca.

—¿Acaso está imaginando cosas, profesor?

—Lamí mis labios con enojo por su impertinente incriminación.

Me acerqué a ella otra vez apoyándome en el respaldo de su silla, acorralándola con mi brazo y, para intimidarla, le hablé lo más pausado que pude.

—No está en posición de poder burlarse de mí, Blackwood.

Ella no bajó su mirada aunque yo la estuviera aniquilando con la mía.

De verdad tenía agallas para no acobardarse ante mi seriedad y eso me ponía a tal punto que sentía cómo me endurecía de sólo verla.

<Eres fuerte, Seraphine.

¿Serás así de valiente cuando me apodere de tu cuerpo?

Quisiera verte luchando por salir de mis garras.

Aunque no vas a querer hacerlo.

Después de todo, una niña tan valiente como tú disfrutaría de mis embestidas sin queja alguna.

Tu rostro me dice que le gusta duro.

Eso es todo lo que soy, Seraphine.

Yo te enseñaría lo que es que te dejen sin poder caminar.

Yo te dejaría temblando bajo mis dedos ¿No crees que sería capaz?> —Siga escribiendo —conjuré molesto notando de reojo cómo sus dedos apretaban la tela de su pollera.

Ese gesto me recordó nuestra charla aquella noche en mi despacho, ella estaba tan decidida a que yo la hiciera mía.

Pero sólo Merlín sabe lo que habría pasado si yo le hubiera seguido el juego.

No sabía de dónde había sacado tanta fuerza de voluntad esa vez porque ahora mismo me veía sometido a su magnetismo.

No me sentí igual luego de que ella me dijera que quería romper las reglas conmigo.

Luego de que me mirara la boca y me rogara para que me quedara con ella.

Si bien eso había quedado en el pasado, no había concluido para mí.

Creí que había sido lo suficientemente intimidante al encerrarla con mi brazo, más no pude evitar observar su pequeña sonrisa que se transparentaba en su rostro.

Ella estaba disfrutando de mi confusión, no paraba de provocarme a pesar de que yo le impusiera cualquier tipo de castigo.

Seraphine me iba a volver loco.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Luisinasebert hola amis!

espero que hayan disfrutado el cap de hoy!

las amo!!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo